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sábado, 12 de marzo de 2016

Memorias de de un mártir Cristero o “Entre las patas de los caballos”

“NO HUBO NI UNA SOLA DEFECCION


Esas mujeres, constitutivas de las Brigadas Femeninas, "formaban, dice un Cristero, en su apasionante relato, aquel cuerpo de mujeres que, exponiendo la vida, nos abastecían y conectaban con el mundo". Las Brigadas Femeninas fueron criadas de modo especial para suministrar municiones, pertrechos y víveres a los malparados y denodados Cristeros, en momentos extremamente críticos de lucha contra las fuerzas perseguidoras del Gobierno. Entonces, el espíritu inventivo y la audacia de aquellas jóvenes fueron tales que hasta llegaron a abastecerse directamente en las fábricas militares de la Capital, por los auxilios y facilidades de algunos operarios católicos y la simpatía y seducción de ciertas autoridades. Esta actitud y hasta connivencia de "operarios católicos y de algunas autoridades" se comprende fácilmente: la mayoría del pueblo mexicano es católico, y sólo el terror, la ignorancia de muchos y la confusión criada por el Gobierno con muchos medios de difusión, mantenían aquella maraña persecutoria del catolicismo, de la cual se esquivaban, inclusive en las fuerzas armadas, los que podían. Acontecía que entre los que eran enviados para incendiar o destruir sagradas imágenes muchos aún "llevaban escapularios, o su medalla de la Virgen de Guadalupe debajo de la ropa".

En las ejecuciones de Cristeros era frecuente que los pelotones de ejecución se negasen a disparar, y era preciso recurrir al repugnante expediente de fusilar a un soldado, para que los otros, despavoridos, por miedo de la muerte cumpliesen la orden. NO SIN HABER PEDIDO ANTES PERDON AL SACERDOTE. En la inmolación del Líder, muy querido de todos, Anacleto González Flores -de cuya muerte ya hemos hablado- cuando el General Ferreira ordenó el cuadro de su ejecución, "Anacleto habló en tales términos a los soldados que éstos se rehusaron a disparar, y el General los sustituyó por otro pelotón". Fue entonces, cuando Anacleto gritó: «Yo muero, pero Dios no muere». ¡Viva Cristo Rey! Y una descarga cerrada de catorce balas ahogó sus últimas palabras.

Las jóvenes imaginaban mil formas para hacer llegar los pertrechos a los combatientes. "Eran a modo de camisas fruncidas para hacer multitud de pliegues formando cañones en los que se metían los cartuchos. Cada joven podía así llevar de 500 a 700 o sea el triple de la dotación militar en campaña (984). La carga era pesada y el peligro de la vigilancia militar grande, pero no disuadía a aquellas mujeres corajosas y sin temor de enfrentar, y con éxito, su peligrosa tarea.

Tratábase simplemente de una Organización que durante dos años puso en circulación, noche y día, millares de muchachas que iban de las ciudades a los campos de batalla, desafiando toda suerte de peligros, con frecuencia mortales. Su actividad, sin embargo, era tan vital para los Cristeros y tan peligrosa para el Gobierno, que éste respondió con terribles represalias militares y policiales. La ferocidad y las atrocidades cometidas por las fuerzas CALLISTAS, durante aquella persecución religiosa son algo inaudito y monstruoso, o diríamos, SATANICO, que en los tiempos modernos sólo encuentran semejantes en la URSS y en el bando «rojo» de la Cruzada española de 1936-1939. Para ilustración de los lectores comunes que con frecuencia y tal vez con sorpresa habrán tropezado en estas páginas con el calificativo de «satánico» o de «diabólico» aplicado en diversas actuaciones, digo que no es livianamente que atribuimos a la acción del Maligno, al satánico, mucho de lo que ocurre. Hoyes reconocido por las mayores autoridades religiosas en el mundo la acción frecuente y muy activa de Satanás, corno aparece claramente en algunas sectas actuales que actúan a la luz del día, y que están causando serias preocupaciones a los observadores de esos movimientos y hasta a las autoridades públicas. Vea el lector estas señales y conociendo los hechos juzgará por sí mismo: En confirmación de los actos heroicos de los miembros de la Cristiada y para que se vea mejor y se comprenda a dónde puede llevar la pérdida de la fe católica y el odio anticristiano de aquel contubernio masónico y de algunas sectas bastante difundidas en la actualidad, y, también, para salir al paso de alguna sospecha de que estoy aumentando o agravando las persecuciones a los Cristeros, que dejamos referidas en páginas anteriores, voy alegar algunos párrafos del benemérito universitario francés [ean Meyer, ya varias veces citado, el cual para preparar una tesis de Doctorado en Letras, en la Sorbona, escogió el tema de la Cristiada. Con diligencia ejemplar y muy extraordinaria, investigó todo, durante cuatro años en México, trabajando en archivos, llevando a cabo pesquisas e interrogando a sobrevivientes de la lucha, nos ofrece una amplia visión del proceso y vicisitudes de la epopeya cristera y de sus protagonistas de una y otra parte de los contendientes. "Todos los cristeros a quienes se hacía prisioneros eran pasados por las armas. La pena de muerte era también el castigo de quienes ayudaban a los rebeldes, de los que propalaban falsas noticias, y hasta de los que hacían bautizar a sus hijos, asistían a las misas clandestinas o se casaban por la Iglesia. Los civiles sucumbieron en más de una ocasión, víctimas de matanzas colectivas. En Tenanzingo todos los lunes había fusilamientos y muertes en la horca, en público. Como los turistas norteamericanos denunciaran en la prensa la presencia de ahorcados en los postes telegráficos a lo largo de la vía férrea, entre Guadalajara y La Barca, el Secretario de Guerra ordenó que cuando se ahorcara fuese en lugar apartado de las vías férreas y de las carreteras". "La tortura se practicaba sistemáticamente, no sólo para obtener informes, sino también para hacer que durara el suplicio, PARA OBLIGAR A LOS CATOLICOS A RENEGAR DE SU FE Y para castigarlos eficazmente, YA QUE LA MUERTE NO BASTABA PARA ASUSTARLOS. Caminar con las plantas de los pies en carne viva, SER DESOLLADO, QUEMADO, DESHUESADO, DESCUARTIZADO VIVO, COLGADO DE LOS PULGARES, ESTRANGULADO, ELECTROCUTADO, QUEMADO POR PARTES CON SOPLETE, SOMETIDO A LA TORTURA DEL POTRO, DE LOS borceguíes, DEL EMBUDO, DE LA CUERDA, SER ARRASTRADO POR CABALLOS ... Todo esto era lo que esperaba a quienes caían en manos de los federales".

"A nadie se perdonaba: el General Pablo Rodríguez hizo ahorcar a varios civiles en La Tinaja, para conseguir al catequista Cecilio Gómez, el cual se entregó a fin de obtener perdón de otros rehenes. Fue ahorcado delante de sus hijos, a los que se obligó después a servir de comer al general. En pleno día, en Colima, en el jardín Independencia, Francisco Santillán de 14 años, y Manuel Hernández de 17, fueron fusilados después de haber sido torturados. Cuando las tropas federales tomaron Zapotitlán, entraron en la ciudad a saco, violando a las mujeres, profanando la iglesia y llevándoselo todo. Cuando sorprendieron al campamento de Telcruz, violaron a las mujeres en presencia de sus maridos y de sus hijos, tras de lo cual mataron a los hombres y estrellaron a los niños contra las rocas. El General Eulogio Ortiz hizo fusilar a uno de sus soldados a quien había visto en el baño con una medalla al cuello. (Ibidem). Exponer todas las atrocidades sería tarea de nunca acabar". Blanco Gil y Rivero del Val relatan también muchas y terribles atrocidades de los callistas. "En Huejuquilla, el General Vargas, con otros callistas invadieron, se fueron al Oratorio a casa de Carmelita de Robles donde se encontraban como refugiadas varias señoritas". A Carmelita la echaron al suelo después le pusieron una soga al cuello y tirando la llevaron con otras hasta San Antonio. Sábese que fue TORTURADA Y MARTIRIZADA, POR LO CUAL, ENTRE EL PUEBLO LE VALlO EL APELATIVO DE SANTA (988). Rivero del Val testifica que muchas jóvenes de las Brigadas Femeninas "fueron presas y sometidas a tratamientos brutales: martirizaron varias y a otras las enviaron prisioneras a las Islas Marías. Profunda pena causó la muerte de una jovencita que, algunas veces, nos abastecía de comestibles, medicamentos y pertrechos. Cayó en una emboscada; la llevaron a Colima y la internaron en la cárcel. Su juventud y belleza provocaron desde el primer momento los bajos instintos de sus carceleros, que rasgaron sus vestidos y la sometieron a interrogatorio s interminables. Querían que los informase sobre el mecanismo de las Brigadas Femeninas, los nombres de sus jefes, sus lugares de reunión. Ella, sin embargo, fiel a su juramento, guardó obstinado silencio. La jovencita cerraba estrechamente sus labios y solamente el color de su rostro, y el brillo de sus ojos demostraban sus sentimientos de indignación de vergüenza y de terror. "Tu orgullo, le dice el General, está en que eres virgen; sin embargo, si insistes en tu silencio, te entregaré a los soldados en este mismo instante". Los hombres aplaudieron la proposición con soeces carcajadas. La jovencita murmuró en silencio una plegaria levantando los ojos al Cielo, y con la cabeza dijo: No, a las reiteradas preguntas sobre si estaba dispuesta a delatar a los suyos. Entonces, aquel jefe desalmado, lleno de cólera, gritó para sus soldados: ¡Violenla! Es de ustedes. La triste muerte de la muchachita encolerizó a los hombres del campamento cristero, que se reunieron y planearon el castigo de los enemigos.


Para gloria de aquellas Brigadas Femeninas, "se puede asegurar que entre sus miembros NO HUBO NI UNA SOLA DEFECCION. "¿Qué organización de resistencia política - comenta Kéraly- podría decir otro tanto?".