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viernes, 5 de febrero de 2016

EFECTOS DE LA PASION DE CRISTO - Santo Tomas de Aquino


EFECTOS DE LA PASION DE CRISTO

Mirando a concretar cada vez más los frutos de la pasión de Jesucristo, el Angélico nos propone en esta cuestión el estudio detallado de los efectos de la pasión. Conviene, ante todo, que tengamos ¡presente el fin de la encarnación y de Ia venida del Hijo de Dios al mundo. El Símbolo de la fe dice: «Propter nos hornines et propter nostran salutem descendit de caelis» : Por amor nuestro y por nuestra salvación eterna, bajó del cielo el Hijo de Dios y se hizo Hijo del hombre, San Pablo, escribiendo a los romanos (S,12S5), contrapone la obra de Cristo a la de Adán. Pues ¿cuál fue la obra de Adán? Ante todo introdujo el pecado, en el mundo, por el que perdió los dones de gracia que había recibido; quedo esclavo del pecado y del demonio, sometido a le muerte, reo, de justicia divina, enemigo de Dios y excluido de su eterna gloria... En estos cinco puntos resume Santo Tomás la obra desastrosa del primer, Adán, y a la reparación de ellos reduce la obra salvadera del Adán segundo. En el comienzo de la Epístola a los Efesios resume el Apóstol el plan divino de la redención, trazado por Dios Padre y ejecutado pe! el Hijo de Dios 'Por la virtud de su sangre (1,3-14) . 



l. La liberación del pecado

La Primera causa de todos los males que Adán acarreó a sus hijos fue el pecado mismo, de donde todos los otros males se derivan. Pues ése fue el primer efecto saludable de la pasión del Salvador y que los apóstoles recuerdan con frecuencia: la destrucción del pecado. Es expresiva la forma en que San Pablo declara este misterio, escribiendo a los romanos: Pues sabemos que nuestro hombre viejo ha sido crucificado para, que, fuera destruido el cuerpo del pecado y que no sirvamos al pecado, pues, el que muere queda absuelto del pecado (6,6s). San Juan dice que, si andamos en la luz, estamos en comunión unos con otros y La sangre de Jesucristo nos purifica de todo pecado (1 lo. 1,7-). La sangre que fue derramada por el pecado, esa misma es la que luego nos purifica del pecado (Appo. l,5) De lo santos dice el mismo que lavaron sus túnicas en Ia sangre del Cordero inmaculado. ¿De qué manchas las pudieron levar sino de las manchas del pecado, que los excluía del cielo? (Apoc. 7,14; '22;'14) Y el pecado lo echa de nosotros la gracia de Dios y su justicia. Por esto dice él Apóstol que somos justificados gratuitamente con la gracia de Dios: por, la redención de Jesucristo (Rom. 3,24): y añade que por la obediencia de Jesucristo hasta la muerte de cruz, la muchedumbre de los hijos de Adán son hechos justos (5,19). Y, con una expresión muy fuerte, dice también que, a quien no conoció pecado, Dios Padre le hizo pecado, (por nosotros para que en EL fuéramos justicia de Dios (z Cor. 5,21) y tan grabada tenía esta idea el Apóstol, que dice a los que confiaban en la ley para alcanzar da justicia: Si por la Ley se obtiene la justicia, en 'Vano murió Cristo (Gal. 2,21). En Cristo y solo en Cristo tenemos la redención y la remisión de los pecados {Gal , 1,14). Esta ha sido Ia función principal del sacerdocio de Cristo, que en la Epístola a los Hebreos se nos describe con las imágenes tomadas de la liturgia mosaica, de las ceremonias con que el sumo sacerdote hacia la expiación de sus pecados y de los pecados del pueblo (1,3; 9,II-15 23-28). Purificados del pecado, quedamos libres de la servidumbre del mismo y de los vicios, pare servir a Dios como hijos.


II. El rescate del poder del diablo

También nos libró Jesús de la servidumbre del diablo. Esto necesita alguna aclaración. El Señor creó las substancias espirituales que llamamos ángeles, dotados de Libertad, para que con el ejercicio de ella se hicieran acreedores a su final destino. Algunos de esos ángeles hicieron mal uso de esa libertad y fueron condenados. Pero tanto éstos, como los que siguieron la conducta contraria, en atención a su naturaleza, ocupan el, Jugar superior en el conjunto de la creación y en su gobierno, y así mismo ejercen su influencia en los seres de naturaleza inferior a ellos, que son los hombres, seres asimismo libres y con un destino semejante al de las substancias espirituales. Pues, si los ángeles influyen en nosotros ayudándonos en la consecución del último fin, que es la bienaventuranza, de que ellos ya gozan, los diablos trabajan por dificultamos la consecución de ese fin y arrastrarnos a la condenación a que ellos mismos están sujetos. Diríamos que es esto como un desquite que Dios concede a los demonios mientras no llega el día de aquella inexorable sentencia: Apartaos de mí, malditos, al fuego perdurable que está preparado para Satanás y para sus ángeles (Mt. Z$,41). Esto nos explica la libertad de que goza el diablo en tentar a los hombres, libertad que Dios para probar a los hombres y para darles ocasión de ejercitar la virtud. Esto vemos bien claro en las vidas de los santos, sobre