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viernes, 27 de noviembre de 2015

"¡LAS BIENAVENTURANZAS!"





"Bienaventurados los Misericordiosos, porque ellos alcanzarán Misericordia" 

En esta vida como en la otra, la justicia se debe unir a la misericordia. No es posible ser perfecto sin obrar como el buen Samaritano...

Se cuenta que en Viena, cierto hombre honrado tenía una casa de venta de curiosidades, a la que concurría otro hombre pálido que cada semana compraba una tontera y se entretenía jugando con los hijos del tendero. Cierta mañana oye al dueño pedir silencio en la casa porque acababa de nacer su duodécimo hijo. Le pregunta si tiene padrino, y el padre de familia dice que no porque es pobre, y si los padrinos no faltan a los ricos, él no sabe a quien pedir tal favor. Yo seré su padrino, y le pondremos por nombre Gabriela", le dice el visitante y le entrega una suma importante de dinero para que se ocupe de organizar todo.Ante el gesto, el dueño de casa le pregunta como pagarle, respondiendo el visitante que le permita tocar el piano unos instantes. "Hay una idea que me está dando vueltas en la cabeza para componer una pieza , y si no la ensayo, tengo miedo de olvidarla". Se sienta y comienza a desarrollar una melodía extraordinaria que entusiasma a los que pasaban por la calle que se detienen a escuchar. El ejecutante no se distrae y terminado el ensayo, toma una hoja donde vuelca las inspiradas notas. Cuando concluye, se levanta y se despide.

El músico era Mozart.A los tres días, el tendero va a la dirección que le había dado su visitante y se encuentra con un féretro. Era Mozart. Al volver a su casa, había pasado en limpio su inspiración con gran suspiro porque hacia dos meses que luchaba inútilmente por sacar adelante esa obra, la misa de Requiem. Al acabar, se había puesto a rezar su rosario, lo que acostumbraba a hacer en acción de gracias y para lograr la aceptación de sus obras por el publico, como escribía a su madre. Haciéndolo, se había sentido mal y mandó llamar a un médico y un sacerdote...A los tres días era cadáver, muriendo con la muerte del justo. La niña fue bautizada con el nombre de Gabriela y el piano, vendido, fue la dote de la niña...

"Haz, enseña San Agustín, y se hará. Haz con otros y se hará contigo...Lo que tu haces en favor de otro, te aprovecha a  ti más que a él. Las obras de misericordia son semilla de mies futura...¿Cómo pretendes recibir lo que eres remiso en dar? Por consiguiente tu ahora siembra, después recogerás". Hay en las obras de misericordia  una estricta aplicación de ley del talión: "ojo por ojo, diente por diente..."; se promete misericordia al misericordioso... Pero aún para el cristiano encontramos aquellas palabras que San Pablo pone en labios del mismo Cristo: "Mayor felicidad es dar que recibir" (Act.20,35).Y si tuviéramos en poco la misericordia, deberíamos recordar lo que nos enseña el apóstol Santiago: "un juicio sin misericordia espera al que no usó de misericordia" (Jac. 2, 13). En cambio Cristo nos enseña: "perdonad y se os perdonará; dad y se os dará" (Lc. 6, 37).

Santo Tomás observa que el evangelista añade la misericordia a continuación de la justicia "porque la justicia sin misericordia es cruel, mientras que la misericordia sin justicia es madre de la disolución moral".Cuando nuestra alma actúa inspirada en estas dos virtudes de justicia y misericordia, encuentra ya aquí abajo una santa alegría y se dispone plenamente a entrar en la intimidad de Dios. Por eso San Agustín, termina su exposición de esta bienaventuranza así: "a Vos daré todo lo que tengo, porque Vos me lo disteis para que yo dé...Ayudadme, Señor, a obrar el bien en este lugar del mal, para que merezca llegar hasta Vos en el lugar del bien". 

Y un teólogo comentando la misma bienaventuranza afirmaba: "Dios siempre devuelve más de lo que se le debe, pues el que da al pobre, El le dará recompensa. Dios come en el cielo el pan que el pobre recibe en la tierra. Dale pues pan, dale bebida, si quieres que Dios sea tu deudor y no tu juez". Y eso que decimos del pobre lo podemos y debemos decir y hacer con todo nuestros prójimos,  practicando las obras de misericordia corporales y espirituales que nos enseña nuestro catecismo: a) visitar y cuidar a los enfermos, dar de comer al hambriento, dar de beber al sediento, dar alojamiento al peregrino, vestir al desnudo, visitar presos, enterrar a los muertos; b) enseñar al que no sabe, dar consejo al que necesita, corregir al que yerra, perdonar la injurias, consolar al triste, sufrir con paciencia los defectos del prójimo, rogar a Dios por los vivos y difuntos.

Se suele hoy sustituir el término misericordia por ternura, amor, como si fueran equivalentes, y nada más erróneo. Para que la misericordia triunfe, exige en nosotros un esfuerzo que va más allá del simple sentimiento. Importa una amistad de modo tal que nos lleva a sentir como nuestro el mal que le aqueja, y provoca de nuestra parte un real esfuerzo para aliviarlo hasta tal punto que, si es posible, ya no tenga más necesidad de nuestra ayuda... Por eso es fuerte, y su manera principal es el perdón "haced el bien a quienes os odian, amad a vuestros enemigos... sed misericordiosos como vuestro Padre lo es (Lc. 6,27,36).

CONTINUA...