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jueves, 28 de abril de 2016

TRATADO DEL PURGATORIO SANTA CATALINA DE GENOVA (1447-1510)

CAPITULO II
Purificación y purgatorio en San Juan de la Cruz

Busquemos ahora brevemente en San Juan de la Cruz (1542-1591) posibles confirmaciones o aclaraciones de la doctrina de Santa Catalina. Aunque el Doctor carmelita no trató directamente del purgatorio, sin embargo, como veremos, hizo sobre él algunas consideraciones breves del más alto interés.

Purificación y plena unión con Dios

Pocos maestros espirituales cristianos han mostrado con tanta claridad como San Juan de la Cruz la necesidad de la purificación del hombre, y los modos en que la gracia la produce, hasta hacer posible la perfecta unión amorosa con Dios. Es éste el esquema fundamental que inspira todos sus escritos «Todas las afecciones [desordenadas] que tiene [la persona] en la criatura son delante de Dios puras tinieblas, de las cuales estando el alma vestida no tiene capacidad para ser ilustrada y poseída de la pura y sencilla luz de Dios, si primero [con la gracia de Cristo] no las desecha de sí» (1 Subida 4,1). Por eso, «es una suma ignorancia del alma pensar que podrá pasar a este alto estado de unión con Dios si primero no vacía el apetito de todas las cosas naturales y sobrenaturales que le pueden impedir» (5,2). En efecto, estas malas afecciones no solamente crean en el cuerpo deformidades e indisposiciones para la plena unión con Dios, sino también y más aún en el alma, pues son apetitos que «cansan el alma y la atormentan y oscurecen y la ensucian y enflaquecen» (6,5). ¿Cómo en tales condiciones de alma y cuerpo podrá el hombre ser deificado por Dios?... Ésta será la obra sanante y elevante de la gracia de Cristo, que tan maravillosamente describe San Juan de la Cruz en sus Noches oscuras, primero activas, después pasivas.

Purificaciones activas

La gracia de Cristo, en la ascética, al modo humano, va transformando la persona por el ejercicio de las virtudes (purificaciones activas). Las tres virtudes teologales son las que, activadas por el Espíritu de Jesús, realizan esta maravilla con el concurso del hombre: «Las cuales tres virtudes todas hacen vacío en las potencias: la fe en el entendimiento, vacío y oscuridad de entender; la esperanza hace en la memoria vacío de toda posesión; y la caridad vacío en la voluntad y desnudez de todo afecto y gozo de todo lo que no es Dios» (2 Subida 6,2). Y no es que las almas con esto queden aleladas, desmemoriadas o volitivamente inertes, en absoluto, «porque el espíritu de Dios las hace saber lo que han de saber, e ignorar lo que conviene ignorar, y acordarse de lo que se han de acordar, y olvidar lo que es de olvidar, y las hace amar lo que han de amar y no amar lo que no es en Dios. Y así, todos los primeros movimientos de la potencias de las tales almas son divinos; y no hay que maravillarse de que los movimientos y operaciones de estas potencias sean divinos, pues están transformadas en ser divino» (3 Subida 2,9).

Purificaciones pasivas

Esta transformación, sin embargo, no podrá darse plenamente hasta que el cristiano, llevado por el Espíritu, se adentre en la vida mística. En efecto, la gracia de Cristo, en la mística, al modo divino, va deificando la persona por los dones del Espíritu Santo (purificaciones pasivas). Quedan todavía en los cristianos, también en los más adelantados, no pocas miserias (1 Noche 2-7). Como nos ha dicho Santa Catalina, hasta las obras de éstos que parecen más perfectas, «todas ellas están manchadas. Y para que esas obras sean completamente perfectas, es necesario que dichas operaciones sean realizadas en nosotros sin nosotros ( in noi sensa noi), y que la operación divina sea en Dios sin el hombre ( in Dio sensa homo)» (20). Es la mística pasiva, cuya necesidad encarece tan vivamente San Juan de la Cruz: «Por más que el alma se ayude, no puede ella activamente [al modo humano, en ejercicio de virtudes] purificarse de manera que esté dispuesta en la menor parte para la divina unión de perfección de amor, si Dios no toma la mano y la purifica en aquel fuego oscuro para ella» (1 Noche 3,3). «Por más que el principiante en mortificar en sí ejercite todas estas sus acciones y pasiones, nunca del todo ni con mucho puede [llegar a la unión], hasta que Dios lo hace en él, habiéndose él pasivamente» (7,5).

Purificación perfecta en esta vida


La purificación activa y pasiva del hombre, obrada por la gracia de Cristo, puede producir en esta vida una plena deificación, de tal modo que lleve directamente tras la muerte al cielo. Es el caso de un San Juan de la Cruz, que poco antes de morir dice, en seguida «estaré yo delante de Dios Nuestro Señor diciendo maitines»... Es la obra consumada, perfecta, de la gracia sanante y elevante. Aquéllos en los que se ha cumplido, « esos pocos que son, por cuanto ya por el amor están purgadísimos, no entran en el Purgatorio» (2 Noche 20,5). Es ésta, como hemos visto, la deificación plena obrada por Dios en el hombre ya en esta vida, la cual «no es otra cosa sino alumbrarle el entendimiento con la lumbre sobrenatural, de manera que de entendimiento humano se haga divino unido con el divino; y, ni más ni menos, informarle la voluntad de amor divino, de manera que no sea voluntad menos que divina, no amando menos que divinamente, hecha y unida en uno con la divina voluntad y amor; y la memoria, ni más ni menos; y también las afecciones y apetitos todos mudados y vueltos según Dios, divinamente. Y así esta alma será ya alma del cielo celestial y más divina que humana» (2 Noche 13,11).

"Léeme o laméntalo"

CAPITULO CINCO:
COMO PODEMOS AYUDAR A LAS BENDITAS ANIMAS DEL PURGATORIO:

1. La primera medida es unirse a la Asociación de las Santas Almas. Las condiciones son simples.

a) Tener tu nombre registrado en el Libro de la Asociación.

b) Oír Misa una vez a la semana (basta con la Misa del domingo) por las Santas Almas.

c) Rezar y promover la devoción a las Animas Benditas.

d) Contribuir una vez al año con un donativo a la Asociación, lo cual permite a la Asociación tener Misas perpetuas cada mes. (Si se desean Misas espaciales por las Animas Benditas, es importante mencionar cuántas Misas se quieren). Aquellos que desean unirse y no tienen la Asociación en sus Parroquias, pueden enviar sus nombres, direcciones y limosnas anuales a la Asociación de las Santas Almas, Hermanas Dominicas del Perpetuo Rosario, Monasterio Pio XII, Rua do Rosario 1, 2495, Fatima, Portugal. Esta Asociación está aprobada por el Cardenal Arzobispo de Lisboa.

2. La segunda medida para ayudar a las Animas Benditas, es pidiendo Misas ofrecidas por ellas. Esta es ciertamente la más eficaz de las medidas para liberarlas.

3. Aquellos que no puedan ofrecer Misas, deberían asistir a cuanta Misa fuera posible por su intención. Un hombre joven que ganaba un salario muy modesto le contó al autor de este libro: " Mi esposa murió unos años antes. Tengo 10 misas ofrecidas por ella. No puedo hacer más por ella, pero oí 1000 misas por su querida alma.

4. La recitación del Santo Rosario (con sus grandes indulgencias) y hacer el Vía Crucis (el cual es ricamente dador de indulgencias), son excelentes vías de ayuda a las almas. San Juan Masias, como vimos, liberó del Purgatorio más de un millón de almas, principalmente recitando el Santo Rosario y ofreciendo sus indulgencias por ellas.

5. Otra fácil y eficaz forma de ayuda es la recitación constante de oraciones breves que contengan indulgencias (aplicando dichas indulgencias en favor de las almas del Purgatorio) Mucha gente tiene la costumbre de decir 500, ó 1000 veces cada día la pequeña jaculatoria "Sagrado Corazón de Jesús, en Vos confío", o la sola palabra "Jesús". Estas son las más consoladoras devociones; ellas traen océanos de gracias a quien las practican y dan inmenso alivio a las Santas Almas. Aquellos que digan las jaculatorias 500, ó 1000 veces, ganan 300.000 días de indulgencias(ochocientos veintiun años de indulgencias)!!! Qué multitud de almas podemos liberar!!! Cuánto no será la cantidad de almas liberadas al cabo de un mes, de un año, de cincuenta años? Y a los que no dicen las jaculatorias... que inmenso número de gracias y favores habrán perdido! Es bastante posible-aunque no fácil- decir esas jaculatorias 1000 veces al día. Pero si no puedes decir 1000, por lo menos dilas 500, o 200 veces diarias.

6. Todavía otra poderosa oración es:

"Padre Eterno, te ofrezco la Preciosísima Sangre de Jesús, con todas las Misas dichas en el mundo en este día, por las Almas del Purgatorio".


Nuestro Señor mostró a Santa Gertrudis un vasto número de almas dejando el Purgatorio (cerca de 1000 cada vez que se la recitaba!)y yendo al Cielo como resultado de esta oración, la cual la Santa acostumbraba decir frecuentemente durante el día.

7. El acto heroico: consiste en ofrecer a Dios en favor de las Almas del Purgatorio todos los trabajos de satisfacción que practicamos en nuestra vida y todos los sufragios que serán ofrecidos para nosotros después de nuestra muerte. Si Dios premia tan abundantemente la más insignificante limosna dadas por un pobre hombre en Su nombre, que inmensa recompensa Él no dará a aquellos que ofrecen sus trabajos de satisfacción en vida y muerte por las Almas que Él ama tanto. Este acto no evita que los sacerdotes ofrezcan Misas por las intenciones que ellos deseen, o que los laicos no recen por algunas personas u otras intenciones. Aconsejamos a todos realizar este acto.


LAS LIMOSNAS AYUDAN A LAS SANTAS ALMAS:

San Martin dio la mitad de su manto a un pobre mendigo, sólo para darse cuenta después que se lo había dado a cristo. Nuestro Señor apareció al Santo y le agradeció. El Beato Jordán de la Orden Dominica, nunca podía rehusar dar limosnas cuando se lo pedían en el nombre de Dios. Un día el se había olvidado su monedero. Un pobre hombre imploraba una limosna por el amor de Dios. En vez de descartarlo, Jordán, por entonces un estudiante, le dio su mas preciado cinturón, el cual el apreciaba mucho. Poco tiempo después, el entró a una Iglesia y encontró su cinturón circundando la cintura de una imagen de Cristo Crucificado. El también, había dado sus limosnas a Cristo. Todos damos limosnas a Cristo.

CONCLUSION:

Dar todas las limosnas que podamos.

Pedir todas las Misas que estén en nuestro poder.

Escuchar todas las Misas, cuantas más, mejor.

Ofrecer todas nuestras penas y sufrimientos por la liberación de las Almas del Purgatorio.


Liberaremos incontable cantidad de Almas del Purgatorio, las cuales nos pagarán 10000 veces más.

ESCRITOS SUELTOS DEL LIC. Y MARTIR ANACLETO GONZALES FLORES, “EL MAISTRO”

LAS ALFORJAS VACIAS


Es preciso poner el alma de rodillas hasta para escribir la palabra caridad. Porque se trata de un vocablo que por antecedentes históricos, que por su significado y su contenido nada tiene de humano.

Si las estrellas son la señal inequívoca de que Dios ha pasado por encima del caos para encender con su dedo luminoso los ojos serenos y transparentes de la noche, la caridad es una huella de lumbre que ha eclipsado todas las rutas de la historia y que jamás podrá ser borrada por nada ni por nadie.

Pascal con sus largas y penetrantes miradas de solitario asomado a las honduras y repliegues del cristianismo y del corazón humano, al encontrarse delante de la caridad, con la intuición misma con que descifraba los problemas de física y de matemáticas, comprendió que la caridad no es, no puede ser más que de origen directamente divino.

Ante todo, la caridad es un rapto de superelevación vital. Solamente así se explica la inmensa e incontrastable superioridad de la obra del Cristianismo sobre la obra de todas las filosofías, de todas las religiones de todos los estadistas y de todos los arquitectos de individualidades y de pueblos. Sócrates y Marco Aurelio[1] son la expresión de los valores más altos fundidos en la hornaza del paganismo. En su gesto, en su actividad, hay indiscutiblemente rasgos de altura iluminada y ganada con el pie ensangrentado y con la sandalia rota en las asperezas del camino. Y cuando uno toma y apura la copa de la cicuta y el otro invoca a Epicteto y aprieta reciamente el puño para ser más fuerte que el dolor, se siente la tentación de pensar que de allí nadie pasará.

Sin embargo, han hecho su aparición los valores humanos salidos del crisol encendido del Cristianismo y antes que nadie, Jesús, el valor histórico más fuerte, más vivo, más pujante de todos, como lo reconoció apenas hace unos cuantos meses el mismo Herbert Wells[2] y la historia, aparte de haber cambiado de ruta, con una desviación estrepitosa e innegable, ha venido, en fuerza de una síntesis inesperada y luminosa, a enseñar que la figura del maestro es el nudo central de la vida humana.

Todo lo pasado, el presente, el porvenir, se le han incorporado y El aparece ya en estos instantes en que aún no han sido escritas las páginas de todas las vidas ni de todos los pueblos, la clave inmensa y luminosa que lo aclara todo. El milagro supremo de Cristo no es el de los ciegos, ni el de los paralíticos, ni el de los mares allanados y sometidos: su milagro supremo, inconfundible y fundamental es la caridad. Y la señal más clara, más innegable; la vitalidad portentosa, insuperable de todo y de todos, lleva la infiltración honda y fuerte del cristianismo.

Más aún, el milagro soberano, el milagro por excelencia, el que sobrepuja en alcance y significación al desentumecimiento de los párpados de los ciegos, de las piernas alargadas y muertas de los paralíticos y aun al despertar de Lázaro, es la resurrección de la certidumbre acerca de los destinos de hombres, de pueblos y de espíritus.

Nuestra época en este punto es la más alta y la más firme comprobación de este milagro. Juan Papini,[3] como los leprosos que pasan por las páginas del Evangelio, era un desahuciado. Todas las filosofías lo habían dejado cansado, roído, con los ojos ansiosamente abiertos delante de la sombra y con la inquietud devoradora del espíritu hecha garfio y hundida hasta la médula del espíritu. Pero vio pasar a lo largo del camino al Cristo, y hoy vive la vida, la más alta, la más honda, han caído de sus ojos de ciego las vendas de la noche, de su lengua las ligaduras que lo tenían enmudecido y sus piernas marchan rápidamente por la ruta por donde se hace, en plena luz y victoria, el viaje verdadero y definitivo. Como este desahuciado había muchos: Chesterton, Jorgensen,[4]Gheon[5] y otros, todos han visto, todos han sanado, todos cantan la vida.

Nuestra época está enferma: celebró en un instante de locura y de odio, sus nupcias con la sombra a la mitad de la noche que es la hora misteriosa del error y del mal. y hoy, al sentir que las garras afiladas de todas las crisis se clavan para despedazar carne y espíritu, vuelve en vano sus ojos angustiados a todos los oráculos que le dieron a beber el brebaje maldito. Y ha encontrado por todas partes charlatanes que disecan cuerpos y desarticulan pensamientos y almas, pero nadie ha podido entre sus maestros, decir el conjuro salvador.

Más aún, el contagio, la epidemia penetra hasta en la carne y los huesos de los que se atreven a acercarse al enfermo y de allí se levantan tocados de la misma enfermedad y con el alma rota por el pesimismo y el desaliento.

Tocar una pierna entumecida de paralítico, el párpado echado definitivamente hacia debajo de un ciego, el nervio muerto de un sordo y encender la luz y la vida, es un milagro, cuando esto se hace en las páginas del Evangelio.

Y la filosofía y la ciencia no harán más que discutir el caso e intentar explicarlo, pero realizar lo nunca. Abrir los ojos, desatar la lengua y las piernas de los paralíticos, de los ciegos y de los mudos del espíritu, es algo que ni siquiera comenzará a entender ni la filosofía ni la ciencia, que no supieron hacer más que ciegos, paralíticos, y muchos de alma. Y hoy, a despecho de todo y de todos, se repite a la letra, sobre todo en el orden de los espíritus, página a página, el Evangelio. Los ojos del espíritu ven, los paralíticos del pensamiento se levantan y andan, los sordos de la vida interior, la única verdadera vida del hombre, oyen. Y, sobre todo, son evangelizados los pobres, los más pobres de todos, los pordioseros, los mendigos de la verdad, los desposeídos de certidumbre y de luz, todos los que vieron apagarse y caer la última antorcha que señala infaliblemente la ruta a lo largo de la peregrinación. El milagro supremo de la caridad es evangelizar. Y este milagro hoy como ayer se realiza bajo la presencia real de Cristo en la historia y en nuestra vida. Y solo El podrá sanar a nuestra época, como solamente El ha podido sanar la pobreza de Papini, de Chesterton y de los grandes convertidos.

Nuestra época, al parecer, vivamente preocupados por los hombres, no tiene ni siquiera un harapo para disimular su propia inmensa pobreza, que es la pobreza de vitalidad interior. La vitalidad interior es perpetuo índice que señala con su luz el rumbo y el puerto y es inacabable aliento que se renueva y robustece todos los días en la sangre de los viajeros. Ya se escuchan gritos penetrantes en que se llama angustiosamente al Maestro, las camillas de los paralíticos comienzan a aparecer en el borde de todos los caminos, el cuerpo ennegrecido de los leprosos se destaca a lo lejos. Ojalá que pronto nuestra época se tienda al paso de Jesús y le pida que le toque con su mano ¿sanará?...

Es indispensable poner en la obra inmensa de evangelizar a nuestra época, la particular, la levadura, que movida y fermentada por el dedo de Dios llene las alforjas vacías de nuestro siglo con el pan fuerte, vivo y salvador de la palabra eterna.

Marzo de 1926.



[1] MARCO AURELIO (121-180). Emperador (161-180) y filósofo estoico romano, gobernó el imperio conjuntamente con su hermano adoptivo Vero.
[2] WELLS, Herbert George (1886-1946). Novelista y ensayista británico de ideas socialistas; fue también precursor del género de ciencia ficción. Autor de La guerra de los mundos.
[3] PAPINI, Giovanni (1881-1956). Escritor italiano; convertido al catolicismo, escribió con ese motivo una intensa Historia de Cristo. En general, su estilo es mordaz, incisivo y hasta crudo.
[4] JORGENSEN, Jens Johannes (1866–1956). Poeta y escritor religioso danés. Su obra lírica está cargada de simbolismo y emoción. Su conversión al catolicismo en 1896 la describe él mismo en su Autobiografía. Es autor de San Francisco de Asís (1907) y Santa Catarina de Siena (1915).
[5] GEON, Henri (1875-1944). Dramaturgo francés, cofundador de la Nouvelle Revue française (1909), sus obras se inspiran en el teatro popular medieval. Obras: Le Pauvre sous l'escalier, 1921; les Trois Miracles de sainte Cécile, 1922.

"Ite Missa Est"

28 DE ABRIL

SAN PABLO DE LA CRUZ, CONFESOR

Epístola – I Cor. I, 17-25
Evangelio – San Lucas; X, 1-9



APÓSTOL DE LA CRUZ. — Radiante con el signo sagrado de la Pasión, Pablo de la Cruz hace hoy el cortejo al vencedor de la muerte. "Era necesario que Cristo padeciese y que de ese modo entrara en su gloria'". Es también necesario que el cristiano, miembro de Cristo, siga a su Jefe por el sufrimiento para acompañarle en el triunfo. Pablo desde su infancia, ha profundizado en el misterio de los sufrimientos de Dios: se enamoró de la Cruz con inmenso amor, corrió con paso de gigante por este camino real; y así siguiendo a su Jefe traspasó el torrente, y sepultado con El en la muerte llegó a participar de las glorias de su Resurrección. La disminución de las verdades entre los hijos de los hombres pareció haber cegado la fuente de los santos cuando Italia, siempre fecunda en su fe inmarcesible, dió a luz al héroe cristiano que proyectaría sobre el siglo XVIII los rayos de santidad de edades pasadas. Dios nunca falta a su Iglesia. Al siglo de revolución y de sensualismo, que cubre con el nombre de filosofía sus tristes aberraciones, opone la Cruz de su Hijo. Recordando por su nombre y sus obras al Apóstol de los gentiles, surgirá un nuevo Pablo en esta generación llena de mentira y orgullo, para la cual la Cruz ha vuelto a ser escándalo y locura. Débil, pobre, mucho tiempo desconocido, sólo contra todos, pero con el corazón henchido de abnegación, sumisión y amor, irá este Apóstol con la pretensión de confundir la sabiduría de los sabios y la prudencia de los prudentes; vestido con un burdo hábito, extraño a la molicie del siglo, los pies descalzos, la cabeza coronada de espinas y una pesada cruz a la espalda, recorrerá las ciudades, se presentará ante los poderosos y los débiles, deseando no saber sino a Jesús y a Jesús crucificado. Y en sus manos la Cruz, fecundando su celo, aparecerá como la fuerza y la sabiduría de Dios Que triunfen aquellos que pretenden haber desterrado el milagro de la historia y lo sobrenatural de la vida de los pueblos; no saben que precisamente en ese momento, admirables prodigios y milagros sin cuento, someten pueblos enteros a la voz de este hombre, que por la destrucción completa del pecado en su persona, recuperó el primitivo imperio de Adán sobre la naturaleza, y parece gozar ya, en carne mortal de las dotes de los cuerpos resucitados.


EL FUNDADOR. — Pero el apostolado de la Cruz no debe terminar con Pablo. En el atardecer de un mundo decrépito, no bastan los recursos antiguos. Estamos muy lejos de los tiempos en que la delicadeza del sentimiento cristiano, se conmovía por el espectáculo de la Cruz bajo las flores, como la pintaba en las Catacumbas un delicado y respetuoso amor. La humanidad tiene necesidad de que a sus sentidos embotados por tantas emociones malsanas, alguien le ofrezca como reactivo supremo, las lágrimas, la sangre y las llagas abiertas del Redentor. Pablo de la Cruz recibió de lo alto la misión de responder a esta necesidad de los últimos tiempos. A costa de indecibles sufrimientos llega a ser padre de una nueva familia religiosa, que a los tres votos ordinarios añade el de propagar la devoción a la Pasión del Salvador, y cuyos miembros ostentan sobre el pecho el signo sagrado de la redención. No olvidemos, que la Pasión del Salvador no es para el alma cristiana, más que la preparación al gran misterio de Pascua, término radiante de las manifestaciones del Verbo, fin supremo de los escogidos, sin cuya inteligencia y amor la piedad queda incompleta. El Espíritu Santo que guía a la Iglesia en la admirable progresión del Año Litúrgico, no tiene otra dirección para las almas que se abandonan sin reserva a la libertad de su acción santificadora. De la cumbre sangrante del Calvario, donde quisiera clavar todo su ser, Pablo de la Cruz es transportado muchas veces a las alturas divinas y allí escucha aquellas palabras misteriosas que la boca del hombre no puede pronunciar Asiste al triunfo del Hijo del Hombre, que después de haber vivido la vida mortal y pasado por la muerte, vive hoy eternamente. Ve sobre el trono de Dios al Cordero inmolado, hecho el foco de los esplendores del cielo y de esta visión de las realidades celestiales trae a la tierra un entusiasmo divino, la locura de amor, que en medio de las más espantosas penitencias, da a toda su persona un encanto incomparable. "No temáis, dice a sus hijos, asustados por los furiosos ataques de los demonios, no tengáis miedo, y gritad bien alto: Alleluia. El diablo tiene miedo al Alleluia; es una palabra venida del Paraíso." Ante el espectáculo de la naturaleza que renace con su Señor en estos días de primavera, ante el canto armonioso de los páj aros celebrando su victoria, a la vista de las flores que brotan bajo los pies del divino resucitado, no se puede contener. Henchido de poesía y amor, y sin poder dominar sus ímpetus, reprende a las flores, las toca con su bastón, diciendo: "Callaos, callaos." "¿De quién son estos campos? Dice un día a su compañero de viaje. "¿De quién son estos campos? te digo. Ah, ¿no me comprendes? Son de nuestro Dios." Y cuenta su biógrafo, que trasportado de amor, vuela por el aire hasta cierta distancia. "Hermanos míos solía repetir a cuantos encontraba; amad a Dios, amad a Dios que tanto merece ser amado. ¿No oís a las hojas de los árboles que os dicen que améis a Dios? Oh amor de Dios, oh amor de Dios."


Vida. — Nació S. Pablo de la Cruz en Ovada, Liguria, en el año 1694. Desde niño estuvo abrasado por un gran amor a Jesús Crucificado, y un ardiente deseo de ser mártir le hizo alistarse en un ejército que iba a luchar contra los turcos. Dios le mostró que le había de servir de otra manera, y aun antes de ser sacerdote, le encargó su obispo predicar la palabra de Dios. Le gustaba sobre todo hablar de la Pasión, y lo hacía de una manera tan conmovedora, que convertía a los pecadores más endurecidos. Estudió Teología en Roma, y fué ordenado de sacerdote por el Papa Benedicto XIII, quien le permitió reunir compañeros con los que fundó una Orden destinada a honrar y predicar la Pasión del Señor y los Dolores de María. Favorecido con oración extática, con el don de lenguas, y de profecía, murió en Roma el 18 de Octubre de 1775, y Pío IX le concedió los honores de la beatificación y canonización.


PLEGARIA POR LA IGLESIA. — No has tenido, oh Pablo, más que un pensamiento: retirado en los agujeros de la piedra ', que son las sagradas llagas del Salvador, hubieras querido llevar a todos los hombres a estas fuentes divinas, en las cuales calma su sed en el desierto de la vida el verdadero pueblo escogido. Dichosos aquellos que pudieron oír tu voz siempre victoriosa y aprovechándose de ella salvarse por la Cruz, de en medio de una generación perversa. Pero a pesar de tu celo de Apóstol, tu voz no podía resonar a la vez en todos los confines; y donde no llegabas, el mal se desbordaba sobre el mundo. Preparado desde muy atrás por la falsa ciencia y la falsa piedad, la desconfianza contra Roma y la corrupción de los grandes, el siglo en que había de hundirse la antigua sociedad cristiana, se abandonaba a los doctores de la mentira y cada día avanzaba hacia su término fatal. Tu ojo, iluminado desde lo alto, penetraba el futuro, y veía el abismo en que cegados por el vértigo, reyes y pueblos se hundían juntamente. Azotado por la tempestad, el sucesor de Pedro, el piloto del mundo, impotente para dominarla, buscaba con qué ayuda y con qué sacrificio podría, al menos por algún tiempo contener las olas desencadenadas. Oh tú, amigo de los Pontífices, y apoyo en los días tristes, testigo y confidente de las amarguras de Cristo y su Vicario, ¿de qué angustias supremas no tuvo el mortal secreto tu corazón? ¿y cuáles eran tus pensamientos al legar, poco antes de morir, la imagen venerada de la Virgen de los Dolores a aquel Pontífice que había de beber hasta las heces del cáliz de la amargura y morir cautivo en tierra extranjera? Prometiste entonces tener para con la Iglesia, desde el cielo, aquella compasión tierna y afectuosa que te identificaba en la tierra con su Esposo doliente. Cumple tu promesa, oh Pablo de la Cruz. En este siglo de disgregación social que no ha sabido reparar los crímenes de los anteriores y ni aprender con las lecciones de la desgracia, mira tú a la Iglesia oprimida por todas partes y el poder en manos de los perseguidores. La Esposa no tiene otro lecho que la Cruz de su Esposo. Vive del recuerdo de sus dolores. El Espíritu Santo que la guarda y la prepara para la suprema llamada, te ha suscitado a ti, oh Pablo, para reavivar sin cesar este recuerdo que la ha de fortalecer en las angustias de los últimos días.


PLEGARIA POR SU ORDEN. — Tus hijos continúan tu obra en el mundo. Extendidos por todo él, conservan fielmente el espíritu de su Padre. Han entrado en el suelo de Inglaterra, donde ya los había visto tu espíritu profético, y este reino por el que tanto oraste, se desliga poco a poco de los lazos del cisma y de la herejía con el dulce influjo de su influencia. Bendice su apostolado, que crezcan y se multipliquen en la proporción cada día creciente de las necesidades de estos desdichados tiempos. Que nunca falte su celo a la Iglesia ni la santidad de su vida a la gloria de su Padre.



PLEGARIA POR TODOS. — Tú, oh Pablo, fuiste fiel al divino Crucificado en sus humillaciones, y así también le hallaste fiel en su Resurrección triunfante Escondido en los agujeros de la roca misteriosa en el tiempo de su voluntaria oscuridad, ¡qué gloria tan grande la tuya, hoy que desde la cumbre de las colinas eternas, esta piedra divina que es Cristo, ilumina con sus rayos vencedores toda la tierra y la inmensidad del cielo!' Ilumínanos y protégenos, desde el seno de esa gloria. Nosotros damos gracias a Dios por tus triunfos. Haz, en cambio, que también nosotros seamos fieles al estandarte de la Cruz, para que podamos brillar contigo con su luz, cuando aparezca en el cielo, esa señal del Hijo del Hombre, el día en que venga a juzgar a las naciones. Apóstol de la Cruz, inícianos en estos días en el misterio de Pascua tan íntimamente unido al misterio sangriento del Calvario: sólo comprende la victoria quien luchó en la batalla, sólo él tiene parte en el triunfo.

miércoles, 27 de abril de 2016

LA EXISTENCIA DE DIOS - ROYO MARÍN

Tercera vía:
la contingencia de los seres.

16. El argumento fundamental de la tercera vía para demostrar la existencia de Dios puede formularse sinteticamente del modo siguiente: La contingencia de las cosas del mundo nos lleva con toda certeza al conocimiento de la existencia de un Ser Necesario que existe por sí mismo, al que llamamos Dios.

Ante todo precisemos los conceptos de ser contingente y necesario.

      SER CONTINGENTE

Es aquel que existe, pero podría no existir. O también, aquel que comenzó  a existir y dejará de existir algún día. Tales son todos los seres corruptibles del universo.
     

      SER NECESARIO

Es aquel que existe y no puede dejar de existir; o también, aquel que, teniendo la existencia de sí por sí mismo, ha existido siempre y no dejará jamás de existir.

Escuchemos ahora el razonamiento de Santo Tomás:

"La tercera vía considera el ser posible o contingente y el necesario, y puede formularse así: Hallamos en la naturaleza cosas que pueden existir o no existir, pues vemos seres que se engendran o producen y seres que mueren o se destruyen y, por tanto, tienen posibilidad de existir o de  no existir. Ahora bien: es imposible que los seres de tal condición hayan existido siempre, ya que lo que tiene posibilidad de no ser hubo un tiempo en que de hecho no existió. Si, pues, todas las cosas existentes tuvieran la posibilidad de no ser, hubo un tiempo en que ninguna existió de hecho. Pero, si esto fuera verdad, tampoco ahora existiría cosa alguna, porque lo que no existe no empieza a existir más que en virtud de lo que ya existe, y, por tanto, si nada existía, fue imposible que empezase a existir alguna cosa, y, en consecuencia, ahora no existiría nada, cosa evidentemente falsa. Por consiguiente, no todos los seres son meramente posibles o contingentes, sino que forzosamente ha de haber entre los seres alguno que sea necesario. Pero una de dos: este ser necesario o tiene la razón de su necesidad en sí mismo o no la tiene. Si su necesidad depende de otro, como no es posible admitir una serie indefinida de cosas necesarias cuya necesidad dependa de otras -según hemos visto al tratar de las causas eficientes, es forzoso llegar a un Ser que exista necesariamente por mismo, o sea, que no tenga fuera de sí la causa de su existencia necesaria, sino que sea causa de la necesidad de los demás. Ya este Ser absolutamente necesario le llamamos Dios. Se trata, como se ve, de un razonamiento absolutamente demostrativo en todo el rigor científico de la palabra. La existencia de Dios aparece a través de él con tanta fuerza como la que lleva consigo la demostración de un teorema de geometría. No es posible substraerse a su evidencia ni hay peligro alguno de que el progreso de las ciencias encuentre algún día la manera de desvirtuarla, porque estos principios metafísicos trascienden la experiencia de los sentidos y están por encima y más allá de los progresos de la ciencia.

Escuchemos a Balmes exponiendo con toda claridad y nitidez este mismo argumento:

"Existe algo, cuando menos nosotros. Aunque el mundo corpóreo fuera una ilusión, nuestra propia existencia sería una realidad. Si existe algo, es preciso que algo haya existido siempre; porque, si fingimos que no haya nada absolutamente, no podrá haber nunca nada; pues lo que comenzase a ser no podría salir de sí mismo ni de otro, por suponerse que no hay nada; y de la pura nada, nada puede salir. Luego hay algún ser que ha existido siempre. Este ser no tiene en otro la razón de su existencia; es absolutamente necesario, porque, si no lo fuese, sería contingente, esto es, podría haber existido o no existido; así, pues, no habría más razón para su existencia que para su no existencia. Esta existencia no ha podido menos de haberla, luego la no existencia es imposible. Luego hay un ser cuya no existencia implica contradicción, y que, por consiguiente, tiene en su esencia la razón de su existencia. Este ser necesario no somos nosotros, pues sabemos por experiencia que hace poco no existíamos: nuestra memoria no extiende más allá de unos cortos años. No son nuestros semejantes, por la misma razón. No es tampoco el mundo corpóreo, en el cual no hallamos ningún carácter de necesidad, antes, por el contrario, le vemos sujeto de continuo a mudanzas de todas clases. Luego hay un ser necesario que no es ni nosotros ni el mundo corpóreo; y cómo éstos, por lo mismo que son contingentes, han de tener en otro la razón de su existencia, y esta razón no puede hallarse en otro ser contingente, puesto que él, a su vez, la tiene en otro, resulta que así el mundo corpóreo como el alma humana tienen la razón de su existencia en un ser necesario distinto de ellos. Un ser necesario, causa del mundo, es Dios; luego Dios existe".

Que el ser necesario se identifica con Dios es cosa clara y evidente, teniendo en cuenta algunas de las características que la simple razón natural puede descubrir con toda certeza en él. He aquí las principales:

 I. EL SER NECESARIO ES, INFINITAMENTE PERFECTO.
Consta por el mero hecho de existir en virtud de su propia esencia o naturaleza, lo cual supone el conjunto de todas las perfecciones posibles y en grado supremo. Porque posee la plenitud del ser y el ser comprende todas las perfecciones: es, pues, infinitamente perfecto.

II. NO HAY MÁS QUE UN SER NECESARIO.
El Ser necesario es infinito; y dos infinitos no pueden existir al mismo tiempo. Si son distintos, no son ni infinitos ni perfectos, porque ninguno de los dos posee lo que pertenece al otro. Si no son distintos, no forman más que un solo ser.


III. EL SER NECESARIO ES ETERNO.
Si no hubiera existido siempre, o si tuviera que dejar de existir, evidentemente no existiría en virtud de su propia naturaleza. Puesto que existe por sí mismo, no puede tener ni principio, ni fin, ni sucesión.

IV. EL SER NECESARIO ES ABSOLUTAMENTE INMUTABLE.
Mudarse es adquirir o perder algo. Pero el Ser necesario no puede adquirir nada, porque posee todas las perfecciones; y no puede perder nada, porque la simple posibilidad de perder algo es incompatible con su suprema perfección. Luego es inmutable.

V. EL SER NECESARIO ES ABSOLUTAMENTE INDEPENDIENTE.
Porque no necesita de nadie, se basta perfectamente a sí mismo, ya que es el Ser que existe por sí mismo, infinito, eterno, perfectísimo.

VI. EL SER NECESARIO ES UN ESPIRITU.
Un espíritu es un ser inteligente, capaz de pensar, de entender y de querer;
un ser que no puede ser visto ni tocado con los sentidos corporales. A diferencia de la materia, que tiene las características opuestas. El Ser necesario tiene que ser forzosamente espíritu, no cuerpo o materia. Porque, si fuera corporal, sería limitado en su ser, como todos los cuerpos. Si fuera material sería divisible y no sería infinito. Tampoco sería infinitamente perfecto, porque la materia no puede ser el principio de la inteligencia y de la vida, que están mil veces por encima de ella. Luego el Ser necesario es un Ser espiritual, infinitamente perfecto y trascendente.


Ahora bien: estos y otros caracteres que la simple razón natural descubre sin esfuerzo y con toda certeza en el ser necesario coinciden en absoluto con los atributos divinos. Luego el ser necesario es Dios. Luego la existencia de Dios está fuera de toda duda a la luz de la simple razón natural. 

NUESTRA SEÑORA DE MONTSERRAT

27 de Abril
NUESTRA SEÑORA DE MONTSERRAT

En muchas iglesias de España se celebra hoy la fiesta de Nuestra Señora de Montserrat, patrona de Cataluña. No sólo en España, sino en muchas otras partes del orbe católico, también la "Moreneta" tiene grandiosos y hasta espléndidos santuarios dedicados a su nombre, tal ha sido desde muchos siglos el encanto ejercido por la dulce Reina de Montserrat en el ánimo de los cristianos, y ella desde el majestuoso trono que se escogió en las encumbradas montañas de Cataluña que le dan su nombre, ejerce su dulce imperio de amor y misericordia y atracción sobre todos los devotos y menesterosos. El culto de la Virgen de Montserrat es antiquísimo, pues se remonta hasta más allá de la invasión de España por los árabes. Al acercarse los ejércitos agarenos, la Sagrada Imagen fue ocultada, no llegando a descubrirse de nuevo hasta el siglo IX. Para darle culto se edificó entonces una capillita, a la cual el conde Wifrido el Velloso, agregó más tarde un monasterio de monjes benedictinos, procedentes de San Pedro de las Puellas. Este monasterio más tarde se convirtió en el actual de monjes benedictinos, uno de los más famosos con que cuenta la Orden Benedictina. El alma y la vida del monasterio ha sido siempre la Virgen Morena en quien toda Cataluña tiene puestos todos sus amores y entusiasmos. Durante la Edad Media los reyes y magnates se disputaron la preferencia de dotar el monasterio y el santuario de la Virgen con toda clase de privilegios y donaciones. Esta prodigalidad no ha cesado todavía, siendo Montserrat uno de los centros marianos más concurridos por los fieles, no sólo en Cataluña sino en toda España y varios países de lengua española. Vivo y perenne permanece el recuerdo de personajes célebres que se llegaron a Montserrat para honrar a la celestial Reina de aquellos fantásticos picachos, que semejan gigantescos chapiteles de catedral, o descomunales tubos de órgano. Allí veló una noche las armas del noble Ignacio de Loyola, en loor de Nuestra Señora, al ensayar un nuevo género de milicia, "a lo divino" bajo la tutela de Nuestra Señora de Montserrat. Célebres santuarios de la Virgen hay en el mundo católico; muchos confiados a religiosos de diversas órdenes y congregaciones, aun a la orden de San Benito, como por ejemplo los milenarios de Einsielden en Suiza, y Valvanera en Logroño, pero ninguno puede rivalizar en esplendidez del culto como el de Montserrat. Una escolanía de niños cantores de la Virgen Morena se perpetúa en el monasterio y los niños llegan, por regla general, a ser monjes capellanes benitos de la Virgen en el santuario donde se ensayaron a ser "trovadores" de la Reina de los cielos. Quiera la divina Madre de Dios multiplicar tan simpáticos cantores, que al cambiar de voz, perseveren en su servicio bajo el suave yugo de la disciplina monástica y sean maestros experimentados de reclutas infantiles.

NOVENA A NUESTRA SEÑORA DE MONTSERRAT

En el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.

ORACIÓN A NUESTRA SENORA DE MONTSERRAT
Oh Madre Santa, Corazón de amor, Corazón de misericordia, que siempre nos escuchas y consuelas, atiende a nuestras súplicas. Como hijos tuyos, imploramos tu intercesión ante tu Hijo Jesús. Recibe con comprensión y compasión las peticiones que hoy te presentamos, especialmente [se hace la petición) ¡Qué consuelo saber que tu Corazón está siempre abierto para quienes recurren a ti!. Confiamos a tu tierno cuidado e intercesión a nuestros seres queridos y a todos los que se sienten enfermos, solos o heridos. Ayúdanos, Santa Madre, a llevar nuestras cargas en esta vida hasta que lleguemos a participar de la gloria eterna y la paz con Dios. Amén.
¡Nuestra Señora de Monserrat, Ruega por nosotros!

ACTO DE CONTRICCIÓN (Hacerlo cada día)
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero. Creador, Padre y Redentor mío: por ser vos quien sois y porque os amo sobre todas las cosas: a mí me pesa de todo corazón haberte ofendido porque eres infinitamente bueno y digno de ser amado. Firmemente resuelvo con la ayuda de tu gracia, confesar mis pecados: hacer penitencia y enmendar mi vida. AMÉN

ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
¡Oh, María, Madre mía amabilísima! Yo me ofrezco hoy a Tí y te consagro para siempre todo lo que me resta de vida; mi cuerpo con todas mis miserias; mi alma con todas sus flaquezas, mi corazón con todos sus afectos y deseos; todas mis oraciones, trabajos, amores, sufrimientos y combates; en especial mi muerte con todo lo que la acompaña, mis últimos dolores y mi última agonía. Y todo esto ¡Oh María! Y cada una de estas cosas en particular las uno para siempre y irrevocablemente a tu amor, a tus lágrimas, a tus sufrimientos. ¡Dulcísima Madre de Monserrat! Acuérdate de mí y de la consagración que de mi persona te hago. Y si yo, vencido por el desaliento o la tristeza, por la perturbación o el desvarío, llegara alguna vez a olvidarme de Tí… Entonces ¡Madre Mía! Te pido y te suplico insistentemente por el amor que tienes a Jesús, que me protejas como Madre, que me vuelvas a convertir en fiel discípulo de tu Hijo y que a ejemplo tuyo le sirva y adore a Él que es nuestro único Salvador y Redentor. ASÍ SEA.
(Ahora se rezan las oraciones del día correspondiente)

ORACIÓN PARA EL DÍA PRIMERO
Os alabo, bendigo y glorifico, soberana Reina de Monserrate por ser la Madre de Dios, ya que por obra y gracia del Espíritu Santo se encarnó el Verbo Divino en vuestras purísimas entrañas. Os pido para mi alma, fidelidad y constancia en el servicio a mi Dios y Señor Jesucristo.

Se repite al terminar la oración correspondiente de cada día:
"Escucha benignamente mi petición e intercede por mí ante el trono de tu Hijo,si es que lo que pido conviene a mi eterna salvación. ASÍ SEA."
(Hágase en silencio la petición que desee alcanzar)

Jaculatoria: “Favoréceme Divina Señora de la Monserrat”

(Se rezan 3 Ave Marías, luego la Oración Final)


ORACIÓN FINAL PARA TODOS LOS DÍAS
Acordaos, Oh Piadosa Virgen María, que jamás se ha oído decir que ninguno de los que han recurrido a vuestra protección, implorado vuestro auxilio, reclamado vuestro socorro, haya sido desamparado de vos. Animado en esta confianza, a vos acudo oh Madre, Virgen de las vírgenes; a vos vengo; en vuestra presencia me pongo arrepentido pecador. No desprecies mis súplicas, ¡Oh Madre del Verbo Divino!, antes bien escuchadlas, propicia y atendedlas. ASÍ SEA.





ORACIÓN PARA EL DÍA SEGUNDO
Os alabo, bendigo y glorifico, soberana Reina de los Ángeles por haber sido redimida de modo eminente, en previsión de los méritos de tu Hijo, y unida a Él con un vínculo estrecho e indisoluble. Os pido para mi alma la gracia de nunca más pecar ni abandonar a mi Dios y Señor Jesucristo.

ORACIÓN PARA EL DÍA TERCERO
Os alabo, bendigo y glorifico, soberana Reina de los Patriarcas, pues estas enriquecida con la suma prerrogativa y dignidad de ser Madre de Dios Hijo, y por eso, eres hija predilecta del Padre y Sagrario del Espíritu Santo. Os pido para mi alma ser siempre hijo fiel de la Iglesia Católica que predica el único Evangelio de Cristo y te venera como Madre de Dios.

ORACIÓN PARA EL DÍA CUARTO
Os alabo, bendigo y glorifico, soberana Reina de los Profetas, que aunque hija de Adán, fuiste hallada llena de gracia ante los ojos del Padre Celestial y eres verdaderamente madre de todos nosotros los hermanos de Cristo. Os pido para mi alma amar siempre a mi prójimo como a mí mismo, según nos enseñó mi Dios y Señor Jesucristo.

ORACIÓN PARA EL DÍA QUINTO
Os alabo, bendigo y glorifico, soberana Reina de los Apóstoles, porque así como la desobediencia e incredulidad de Eva nos encadenaron al pecado y a la muerte, tu obediencia y tu fe se ofrecieron al Padre para que Jesucristo nos liberara de las cadenas de pecado y de la muerte. Os pido para mi alma que en la gloriosa mañana de la resurrección final pueda estar junto a ti gozando de la eterna visión de la Santísima Trinidad.

ORACIÓN PARA EL DÍA SEXTO
Os alabo, bendigo y glorifico, soberana Reina de los Mártires por los siete dolores que atravesaron tu inmaculado corazón y que aceptaste humildemente por amor a Dios y a los hombres. Os pido para mi alma aceptar con resignación cristiana las pruebas y sufrimientos que el Señor permita que reciba y así unirme a su dolorosísima pasión y muerte.

ORACIÓN PARA EL DÍA SÉPTIMO
Os alabo, bendigo y glorifico, soberana Reina de los Confesores por el ejemplo tan perfecto de entrega total a Cristo que nos habéis dado, siguiendo siempre sus pasos desde Belén hasta el Calvario. Os pido para mi alma las gracias de ser siempre fiel imitador de mi Dios y Señor Jesucristo.

ORACIÓN PARA EL DÍA OCTAVO
Os alabo, bendigo y glorifico, soberana Reina de la Vírgenes porque el Padre Celestial os creó llena de gracia desde el primer instante y por eso os llamarán bienaventurada todas las generaciones. Os pido para mi alma, ya que perdí la inocencia por el pecado, recuperar la gracia que Cristo nos mereció con Su Sacrificio de la Cruz.

ORACIÓN PARA EL DÍA NOVENO
Os alabo, bendigo y glorifico, soberana Reina de la Paz porque fuiste madre de la única fuente de paz y amor que hay en el universo y en cuyas aguas que manan hasta la eternidad, bebiste Tú, Madre y Señora Nuestra. Os pido para mi alma ser un ser de verdadero hijo de la paz y para que también reine en mí como reina en Tí, mi Dios y Señor Jesucristo.


Himno a la Virgen de Montserrat

Rosa de abril, morena de la sierra
Virgen de Monserrat;
Ilumina acuesta vuestra tierra,
al cielo nos guiad.
Alba feliz de estrellas coronada,
ciudad de Dios en que David soñó;
A vuestros pies la luna colocada,
la luz del sol vestido ofreció.
De Puerto Rico sois la princesa
de Borinquén luz que ampara la nación;
Del alma fiel pilar sed de firmeza,
del pecador puerto de salvación.
Consuelo sed de quien la patria añora
Sin ver jamás el bello Monserrat;
En tierra y mar oíd al que os implora
Y el corazón del malo a Dios tornad.
Tu nombre de principio a nuestra historia,
Que Monserrat es nuestro Sinaí:
Seamos pues, las gradas de la gloria
Ese peñón creado para ti.