utfidelesinveniatur

miércoles, 5 de octubre de 2016

TRATADO DEL AMOR A DIOS - San Francisco de Sales

LIBRO TERCERO

Del progreso y de la perfección del amor


Que el amor sagrado puede aumentar más y más en cada uno de nosotros

El sagrado concilio de Trento afirma que los amigos de Dios, andando de virtud en virtud, son cada día renovados, es decir, progresan, por sus buenas obras, en la justicia que han recibido por la divina gracia; y quedan más y más justificados, según estas celestiales enseñanzas: El justo justifíquese más y más, y el santo más y más se santifique combate por la justicia hasta la muerte  En esta escalera el que no sube, baja; en este combate, el que no vence es vencido. Los que corren el estadio, si bien todos corren, uno solo se lleva el premio. Corred, pues, de tal manera que lo ganéis ¿Cuál es el premio,  Jesucristo, y cómo podréis lograrlo, si no le seguís? Si le seguís, andaréis y correréis siempre, pues Él nunca se detiene, sino Que continúa en su carrera de amor y de obediencia, hasta la muerte, y muerte de cruz  Ve, pues, mi querido Teótimo, y no tengas otra meta que la de tu vida, y mientras dure tu vida, corre en pos del Salvador, pero ardorosa y velozmente, porque ¿de qué te servirá el seguirle, si no logras la dicha, de alcanzarle? Oigamos al profeta: Incliné, mi corazón a la práctica perpetua de tus justísimos mandamientos. No dice que los cumplirá durante algún tiempo, sino siempre, y, porque quiere obrar bien eternamente, obtendrá un eterno galardón. Bienaventurados los que proceden sin mancilla, los que caminan según la ley del Señor».

La verdadera virtud no tiene límites; siempre va más allá, de un modo particular la caridad, que es la virtud de las virtudes, la cual, teniendo un objeto infinito, sería capaz de llegar a serlo, si encontrase un corazón en el cual ab infinito tuviese cabida; pues nada impide que este amor sea infinito sino la condición de la voluntad que lo recibe, condición debida a la cual, así como jamás nadie verá a Dios en la medida que es visible, así nadie podrá amarle en la medida que es amable. El corazón que pudiese amar a Dios con un amor adecuado a la divina bondad, tendría una sola voluntad infinitamente buena, lo cual solamente es propio de Dios. De donde se sigue que la caridad puede, entre nosotros, perfeccionarse indefinidamente, es decir, puede hacerse cada día más excelente, pero nunca puede llegar a ser infinita. La misma caridad de nuestro Redentor, en cuanto Hombre, aunque es muy grande, y está por encima de cuanto los ángeles y los hombres pueden llegar a comprender, no es, empero, infinita en su ser y en sí misma, sino tan sólo en la estimación de su dignidad y de su mérito, porque es la caridad de una persona de excelencia infinita, es decir, de una persona divina, que es el Hijo eterno del Padre omnipotente. Es, por lo tanto, un favor extremado hecho a nuestras almas, el que puedan crecer indefinidamente y cada día más en el amor de Dios, mientras están en esta vida caduca.

Cómo nuestro Señor ha hecho fácil el crecimiento en el amor.

¿Ves, Teótimo, este vaso de agua o este pedazo de pan que un alma santa da a un pobre por amor a Dios? Pues bien, esta acción, ciertamente insignificante y casi indigna de consideración, según el juicio humano, es recompensada por Dios, que al instante concede por ella un aumento de caridad. Digo que es Dios quien hace esto, porque la caridad no crece por sí misma, como el árbol que produce sus ramas y hace, por su propia virtud, que las unas salgan de las otras; al contrario, como quiera que la fe, la esperanza y la caridad son virtudes que tiene su origen en la bondad divina, debemos tener siempre nuestros corazones vueltos e inclinados hacia, ella, para impetrar la conservación y el aumento de estas virtudes. Oh Señor nos hace decir la santa Iglesia dándonos aumento de fe, de esperanza y de caridad a imitación de aquellos que decían al Salvador. Señor, aumenta nuestra fe  y, según la advertencia de San Pablo, el cual asegura que poderoso es Dios para colmarnos de todo bien Las abejas fabrican la deliciosa miel, que es su obra más preciada; más no por esto la cera fabricada también por ellas, deja de tener su valor y de hacer que su trabajo sea muy recomendable. El corazón amante, se ha de esforzar en hacer las obras con gran fervor, y ha de procurar que sean de un precio muy subido: pero, a pesar de ello, SI las hace más pequeñas, no perderá del todo su recompensa, porque Dios se lo agradecerá, es decir, le amará cada vez un poco más, y nunca Dios comienza a amar más a un alma que vive en caridad, sin que, a la vez, se le aumente, pues nuestro amor a Él es el propio y peculiar efecto de su amor a nosotros.

Tal es el amor que Dios tiene a nuestras almas tal el deseo de hacernos crecer en el amor que debemos profesarle. Su divina dulzura hace que todas nuestras cosas sean útiles; todo lo convierte en bien; hace que redunden en provecho nuestro todos nuestros quehaceres, por humildes y sencillos que sean. En la esfera de las virtudes morales, las obras pequeñas no acrecientan la virtud de la cual proceden, sino que más bien la disminuyen; porque una gran generosidad perece, cuando comienza a dar cosas de poca monta, y de generosidad se convierta en tacañería. Pero en la economía de las virtudes que estriban en la misericordia divina, sobre todo en la caridad, todas las obras redundan en aumento de las mismas; lo cual no es de maravillar, porque el amor sagrado, como rey de las virtudes, nada tiene, pequeño o grande, que no sea amable, pues el bálsamo, príncipe de los árboles aromáticos, nada posee ni corteza ni hojas, que no exhale olor. ¿Y qué puede producir el amor que no sea amor y que no tienda al amor?

Cómo el alma, que vive en caridad, progresa en ella

Aunque, merced a la caridad derramada en nuestros corazones, podamos andar en la presencia de Dios y progresar en el camino de la salvación, siempre la divina bondad asiste al alma a la cual ha dado su amor, y la sostiene continuamente con su mano. Porque, de esta manera, 1°, da a conocer mejor la dulzura de su amor para con ella; 2.°, la va animando siempre más y más; 3.°, la alivia contra las inclinaciones depravadas y contra los malos hábitos contraídos por los pecados pasados; 4.°, y finalmente, la sostiene y defiende contra las tentaciones. ¿Acaso no vemos, oh Teótimo, que, con frecuencia, los hombres sanos y robustos tienen necesidad de que se les excite, para que empleen su fuerza y su vigor, y, por decirlo así, que se les acompañe de la mano hasta la obra? Así, habiéndonos dado Días su caridad, y, por ella, la fuerza y los medios para adelantar en el camino de la perfección, con todo, su amor no le permite dejarnos solos, sino que le impele a ponerse en camino con nosotros, le insta a que nos inste, mueve su corazón a que mueva e impulse al nuestro a emplear bien la caridad que nos ha dado, mediante la frecuente repetición, con sus inspiraciones, de las advertencias que nos hace San Pablo: Os exhortamos a no recibir en vano la gracia de Dios". Mientras tenemos tiempo hagamos bien a todos  Corred de tal manera que ganéis el premio. Debemos pues hacer cuenta, con frecuencia, que Dios repite a los oídos de nuestro corazón las palabras que decía el santo padre Abraham: Camina delante de Mí y sé perfecta  Sobre todo es necesaria una asistencia especial de Dios al alma que tiene puesto el amor santo en empresas señaladas y extraordinarias porque, si bien la caridad, por pequeña que Sea nos da la suficiente inclinación, y, como creo, la fuerza bastante para aspirar y para, acometer empresas excelentes y de gran importancia, nuestros corazones tienen necesidad de ser impelidos y levantados por la mano y por el movimiento de este gran Señor. Así S. Antonio y S. Simeón Estilita estaban en caridad y en gracia de Dios, cuando se resolvieron a emprender un género de vida tan levantado, y también la bienaventurada madre Teresa, cuando hizo el voto especial de obediencia; S. Francisco y S. Luis, cuando emprendieron el viaje a ultramar para la gloria de Dios; el bienaventurado Francisco Javier, cuando consagró su vida a la conversión de los indios; S. Carlos, cuando se puso al servicio de los apestados; S. Paulino, cuando se vendió para rescatar el hijo de la pobre viuda: jamás, empero, hubieran tenido arranques tan audaces y generosos, si a la caridad, que estaba en sus corazones, no hubiera añadido Dios las inspiraciones, las advertencias, las luces y las fuerzas especiales, por las cuales les animaba y lanzaba hacia estas proezas de valor espiritual.

¿No veis al joven del Evangelio, al cual nuestro Señor amaba, de lo que se desprende que vivía en caridad? ". En manera alguna pensaba en vender todo cuanto tenía para darlo a los pobres y seguir a nuestro Señor. Al contrario, cuando el Salvador le invitó a que hiciese esto, ni siquiera entonces tuvo el valor de realizarlo. Para estas grandes empresas, tenemos necesidad no sólo de ser inspirados, sino también robustecidos para poner en práctica lo que la inspiración exige de nosotros. Como también, en las grandes acometidas de las tentaciones extraordinarias, nos es absolutamente necesaria una presencia particular del celestial auxilio. Por esta causa, la santa Iglesia nos hace decir con frecuencia: ¡Moved, oh Señor, nuestros corazones! Te suplicamos, Señor, que prevengas nuestros actos con santas inspiraciones y que con tu auxilio las continúes. ¡Oh Señor, acude presto en nuestra ayuda!; para que, con tales preces, alcancemos la gracia de poder hacer obras excelentes y extraordinarias y de hacer con más frecuencia y con mayor fervor las ordinarias, como también para que podamos resistir con más ardor a las pequeñas tentaciones y combatir valientemente las más fuertes.

De la santa perseverancia en el sagrado amor

Así como una tierna madre que lleva consigo a su hijito, le ayuda y le sostiene según lo necesite, unas veces dejándole dar algunos pasos en los lugares llanos y menos peligrosos; otras dándole la mano y aguantándole; otras tomándole en brazos y llevándole de la misma manera, nuestro Señor tiene un cuidado continuo de la dirección de sus hijos, es decir, de los hombres que viven en caridad, haciéndoles andar delante de Él, dándoles la mano en las dificultades, sosteniéndolos Él mismo en sus penas, pues ve que de otra manera, se les harían insoportables. Lo cual declara por Isaías, cuando dice: Yo soy el Señor tu Dios, que te tomo por la mano y te estoy diciendo: No temas, que Yo soy el que te socorro. Debemos, pues, con gran ánimo, tener una firmísima confianza en Dios y en sus auxilios, porque, si correspondemos a su gracia, llevará al cabo la buena obra de nuestra salvación, tal como la ha Comenzado obrando en nosotros no sólo el querer sino el ejecuta " como lo advierte también el santo concilio de Trento.

En esta dirección que la dulzura de Dios imprime en nuestras almas, desde que son introducidas en la caridad hasta la final consumación de ésta, que no se produce sino en la hora de la muerte, consiste el gran don de la perseverancia, al cual nuestro Señor vincula el gran don de la gloria eterna, según nos ha dicho: Quien perseverare hasta el fin, éste se salvará" porque este don no es más que el conjunto, de los diversos favores, consuelos y auxilios, merced a los cuales nos conservamos en el amor de Dios hasta el fin, como la crianza, la educación y la instrucción de un niño no son otra cosa que una multitud de cuidados, ayudas y socorros, y de varios oficios ejercitados y continuados con él hasta la edad en que ya no los necesita. Pero esta serie de socorros y favores no es igual en todos los que perseveran, porque en unos es mucho más breve, como en los que se convierten a Dios poco antes de su muerte, tal como le ocurrió al buen ladrón; al dichoso portero que vigilaba a los cuarenta mártires de Sebaste, quien, al ver que uno de ellos perdía el ánimo y dejaba la palma del martirio, se puso en su lugar, y en un momento fue hecho, de una vez, cristiano, mártir y bienaventurado; y a otros mil, de quienes hemos visto o sabido que han tenido la dicha de morir bien, después de haber vivido mal. No tienen estos necesidad de una gran variedad de auxilios; al contrario, si no les sobreviene alguna grave tentación, pueden obtener una perseverancia muy breve, con la sola caridad que han recibido y los auxilios, gracias a los cuales se han convertido; porque estos tales llegan al puerto sin navegación y hacen toda su peregrinación de un solo salto, que la omnipotente misericordia de Dios les hace dar tan a propósito, que sus enemigos les ven triunfar, antes de verles combatir, y así su conversión y su perseverancia son casi una misma, cosa. En otros, al contrario, la perseverancia es muy prolongada, como en Santa Ana la profetisa, en San Juan Evangelista, en San Pablo primer ermitaño, en San Hilarión, en San Romualdo, en San Francisco de Paula; para éstos han sido menester mil diversos auxilios, según la variedad de contingencias de su peregrinación y según la duración de ésta. Siempre, empero, la perseverancia es el don más deseable que podemos esperar en esta vida, el cual, como dice el santo concilio, no es posible recibir sino de Dios, que es el único que puede derribar al que está en pie, y levantar al caído.


Por esta causa, hemos de pedirlo continuamente, empleando, a la vez, los medios que Dios nos ha enseñado para conseguirlo, como la oración, el ayuno, la limosna, el uso de los sacramentos, el trato con los buenos, el oír y leer cosas santas. y podemos decir con verdad, juntamente con el Apóstol, que ni la vida, ni la muerte, ni los ángeles, ni lo que hay de más alto ni de más profundo, podrá jamás separamos del amor de Dios que está en Jesucristo nuestro Señor "Si, porque ninguna criatura puede arrancarnos de este santo amor; únicamente nosotros podemos dejarlo y abandonarlo, por nuestra propia voluntad, fuera de la cual nada, en este punto, hemos de temer.

Ite Missa Est

5 DE OCTUBRE

SAN PLACIDO

Epístola – Hebr; X, 32-38
Evangelio – San Lucas; XII, 1-8


EL OBLATORIO BENEDICTINO ANTIGUO. — A la orden benedictina se asocia toda la Iglesia para festejar hoy a San Plácido, uno de los primeros discípulos del Patriarca de los Monjes de Occidente. San Gregorio Magno nos refiere cómo de Roma y de otras partes venían a confiar niños a San Benito para que él se encargase de su educación y de su instrucción, y que el Santo "los mantuvo en el servicio de Dios". Estos niños eran ordinariamente, no sólo confiados para unos años, sino en realidad ofrecidos y donados a Dios de un modo definitivo, de suerte que ya no podían en adelante volverse al mundo. En la actualidad nos choca esta costumbre y nuestra mentalidad del siglo ex la califica, desde luego, de abusiva y hasta de exhorbitante. Y Propiedad de los benedictinos del monte Subaso, q u e cedieron a San Francisco para ser la cuna de su Orden. Es que ya no tenemos nosotros la misma noción de la patria potestas, del poder paternal, tal como existió durante largos siglos. No hace tanto tiempo que los padres decidían el porvenir de sus hijos sin consultarlos y hasta sin permitirles el menor reparo.

NUESTRA DEPENDENCIA DE DIOS. — "Los usos antiguos hay que apreciarlos con un alma antigua, y las disposiciones cristianas se necesita apreciarlas con una alma cristiana. Para rebelarse contra la donación hecha a Dios de los niños de pocos años, sería necesario demostrar que el hombre tan sólo está sometido a las leyes cuya obligación y carga él aceptó libremente. "Somos criaturas sin haberlo querido; hemos sido hechos cristianos y hemos sido comprometidos en el orden divino sin contar con nuestro parecer. El hombre que reflexiona, tiene que reconocer inmediatamente que es un ser de quien Dios dispone como quiere, o por sí mismo y directamente o por intermediarios, pero siempre como amo.

LA LIBERTAD. — "En el fondo, la inquietud retrospectiva causada por el oblatorio ¿no procede de un error demasiado extendido sobre el verdadero carácter de la libertad? La facultad de escoger el mal o un bien menor, la independencia de la persona frente al bien o al mal, el individualismo mezquino o envidioso, todo esto no es más que la disminución de la libertad. La verdadera libertad consiste en la dependencia profunda, en la adhesión consciente y voluntaria al bien y a Dios. A no ser así, no se comprende la educación que tiene por fin precisamente el crear en nosotros el prejuicio del bien aun antes de saber lo que es. Y los que quieren que los individuos pertenezcan al Estado más que a la familia, y que se los entregue para su formación a la Universidad so pena de pérdida de derechos, no hacen más que usar ellos del procedimiento que reprochan a la Iglesia. "Al ofrecer el senador Tertulo a su hijo Plácido a San Benito, no pensaba que practicaba un acto de tiranía; creía que así aseguraba la tranquilidad y la vida eterna de su hijo; estaba convencido de que ni el niño ni Dios le echarían en cara algún día su decisión. De hecho, la mayor parte de los niños ofrecidos de esta manera, se adherían de buen grado más tarde a la profesión que había sido emitida en su nombre. Y los que de buena gana habrían tomado el camino del mundo, ¿tanta lástima merecen por habérselos obligado a quedarse en la casa de Dios? Y en vez de dejarse hipnotizar por los abusos y las defecciones inevitables que ocasionó el oblatorio, ¿no se debe más bien bendecir a una institución que dió tales frutos como San Mauro y San Plácido, San Beda el Venerable, Santa Gertrudis y tantos otros? Si nosotros hubiésemos sido ofrecidos, sólo habríamos conocido a Dios y no tendríamos otros recuerdos distintos de El, ni tendríamos tampoco que olvidar nada: ¿en qué consistiría la desgracia"?

VIDA. — Plácido nació en Roma de la noble familia de los Anicios. Muy niño aún, su padre Tertulo le confió a San Benito en el monasterio de Monte Casino. Fué el discípulo predilecto del Santo, juntamente con San Mauro. San Gregorio ha referido un milagro de que el santo salió beneficiado: un día fué plácido a por agua al lago, cayó en él y le arrastró la corriente. San Benito mandó a Mauro que fuese en su ayuda; éste obedeció tan puntualmente, que anduvo sobre las aguas sin advertirlo y sacó al joven Plácido. Las Actas de su vida nos manifiestan su dulzura, su humildad, su contemplación, su austeridad. A San Plácido se le consideró como Confesor hasta fines del siglo xi. Entonces apareció la leyenda de que San Benito le había enviado a Sicilia. El martirologio casinense la anotó, pero, por la lógica de las cosas, pronto se tuvo que ver en el Plácido enviado a Sicilia, al mártir de este nombre honrado el 5 de octubre. Pedro diácono, monje casinense del siglo xn, introdujo la Leyenda en su Vita Placidi, vida inventada desde el principio hasta el fin que se extendió sólo en un círculo restringido. Sicilia la aceptó, pero haciendo constar en los martirologios de los siglos x n y XIII que esta tradición se habría sobrepuesto a otra más antigua. Actualmente la Orden benedictina celebra la fiesta de San Plácido utilizando el Común de Mártires sin ninguna oración ni lección propia, hasta Que llegue el día de juntar en una sola fiesta a los dos primeros discípulos de San Benito, Mauro y Plácido. que una tradición secular había ya unido en la Alta Edad Media en el grupo de los Confesores. Será conveniente no olvidar en nuestra oración de hoy al grupo notable de mártires de que hace memoria la Iglesia en este día y que sufrieron por ya fe en el siglo v.


ORACIÓN POR LOS NOVICIADOS. —De lo alto del cielo dónde estás recibiendo la recompensa de tu docilidad y de tu fidelidad, dígnate, oh San Plácido, no dejar de interesarte por la extensión del reino de Jesucristo en el mundo, por los progresos de la vida perfecta en la Iglesia, por la difusión de la familia monástica cuya gloria eres. En diversos lugares te están confiados los noviciados: en recuerdo de la formación privilegiada cuya insigne ventaja tuviste, vela por los que aspiran a la mejor parte. A ellos sobre todo se aplica la palabra del Evangelio: Si no os hacéis como niños, no entraréis en el reino de los cielosel reino de los cielos que consiste en la participación anticipada de Dios en este mundo por la vida de unión y a la cual lleva el camino de los consejos. ¡Ojalá hagan ellos recordar a los Angeles tu humildad y dulce sencillez y reconozcan la solicitud de madre de la Sagrada Religión para con ellos, por la docilidad filial que en ti fué correspondencia al afecto especial del legislador de los monjes! ¡Ojalá que a pesar del descrédito del mundo, crezcan para gloria de Dios, en número y en mérito!

martes, 4 de octubre de 2016

LA MISA NUEVA - Mons.Marcel Lefebvre

LA IGLESIA DESPUES DEL CONCILIO
(6-7-77)

Discurso de su Excia. Rvma. Monseñor Marcel Lefebvre, Arzobispo, Superior General de la Hermandad Sacerdotal San Pío X, pronunciado en Roma, el 6 de julio de 1977. 

(continuación)


¿Qué representan los cardenales de la Curia Romana? Son la Iglesia de Roma, son los párrocos de Roma, son el clero romano. Son los que ayudan al Papa, que es obispo de Roma y es Papa porque es Obispo de Roma. Son ellos que ayudan al Papa en el gobierno de la Iglesia Universal y en la atención de los asuntos tanto de su diócesis como los de la Iglesia Universal. Pues Roma es maestra, "magistral et mater omnium ecclesiarum, magistra veritatis" . Si siempre se dijo que, todo el clero de Roma no puede caer en la herejía, es porque Roma representa realmente el corazón mismo de la Iglesia, el corazón de la Cristiandad. Hacer callar oficialmente a los cardenales romanos, diciéndoles: "no habléis más, no repliquéis más, dejad hablar a las personas que vienen de afuera, del extranjero, que vienen de lejos" representó un desastre considerable para el Concilio.

Cambio de la definición de la Iglesia

En definitiva ¿cuál fue uno de los resultados más graves del Concilio? A mi parecer, haber cambiado la definición de la Iglesia; fue modificada la definición de la Iglesia. La Iglesia no es más una sociedad divina, visible, jerárquica, fundada por Nuestro Señor Jesucristo para la salvación de las almas. No, desde ahora la Iglesia es una comunión. ¿Qué significa esto? ¿Qué quiere decir Iglesia-comunión? ¿Comunión con todas las religiones? Comunión que acogerá en el seno de la Iglesia diversos grupos religiosos totalmente distintos a la Iglesia Católica. Y se llegará no sólo a aceptar a las religiones cristianas no católicas sino también a las religiones no cristianas y aun a los no creyentes. Habrá una comisión para las religiones no cristianas y una comisión para los no creyentes, para los ateos, en el seno de la Iglesia Católica. Esto está claro en un acta del Secretariado para los no cristianos, con fecha 14 de abril de 1972: "El fin de esta sesión: Las religiones tradicionales no cristianas, caracterizándose en su objeto, entran en la finalidad general de este Secretariado, que son el desarrollo, en el interior de la Iglesia, de los puntos de vista objetivos del diálogo y encuentro de las diversas religiones, el descubrimiento de recíproco conocimiento y estima para trabajar juntos". ¿Trabajar juntos en qué cosa? ¿Cómo se puede trabajar junto con los ateos? "En la liberación histórica del hombre y en su auténtica inserción en el sentido último de la vida y de la historia humana". ¿Qué quiere decir? ¿Dónde está la salvación, dónde la gracia, dónde Nuestro Señor Jesucristo? Nada de esté hay allí. Y agrega: "estas religiones pueden formar parte del patrimonio de la humanidad, pueden contribuir a la construcción del hombre, a la unidad entre los hombres, en definitiva, a un encuentro total con Cristo". ¡Un encuentro total con Cristo en las religiones, "por los no cristianos"! Y esto es un documento auténtico del Vaticano. Para llegar a esta unión, a esta comunión con las religiones no católicas, no cristianas, con los no creyentes, hace falta, como lo he escrito, "satelizar" la Iglesia. No debe existir más esta unión centralizada de la Iglesia, deben crearse satélites que serán las conferencias episcopales nacionales. Son los satélites que gravitan alrededor de la Iglesia y podrá haber otros satélites: los anglicanos, los ortodoxos, también algunas secciones musulmanas, secciones budistas, todas secciones de la Iglesia, una comunión. Por esto se cambió la definición de la Iglesia con todas sus consecuencias. La reforma se hizo en el sentido de la comunión, toda la reforma litúrgica tiene este sentido.

Cambio de la Misa

En la Santa Misa se sustituyó el sacrificio por la cena. Así, en vez del sacrificio de la Cruz se insistirá sobre la cena, sobre la comunión y la participación de los fieles. También esta orientación es completamente contraria a la Tradición de la Iglesia, a la Fe de la Iglesia. Lo que es importante en nuestra Misa es el sacrificio. El sacrificio de la Misa no es sólo una cena, no es la cena evangélica, es un verdadero sacrificio. Porque también si el sacerdote ofrece, él solo, el Sacrificio de la Misa, este sacrificio vale igual como si mil personas estuviesen con él, como si una multitud estuviera en la Iglesia. Ahora, en vez, parece que la Misa es sobre todo una asamblea, y el sacerdote es el presidente de la asamblea. Presidente y no sacrificador: es una noción nueva de la misa. Como veis, es un cambio radical muy grave. No digo que la nueva Misa sea herética, no lo dije jamás; no he dicho tampoco que esta Misa no sea válida de suyo, pero remarco que cada vez hay más misas inválidas, porque se cambian las bases mismas de la Misa. Pienso realmente que esta misa es una misa equívoca, porque puede ser dicha tanto por los protestantes como por los católicos. Los protestantes aceptan decir esta misa. Tengo aquí un documento que lo prueba, es un documento de los protestantes de Alsacia que se han reunido, documento de la confesión de Augsburgo, de Alsacia y Lorena. El documento dice: "Vistas las formas actuales de la celebración eucarística en la Iglesia Católica, vistas las convergencias teológicas actuales, muchos obstáculos que podían impedir a un protestante participar en la celebración eucarística católica están desapareciendo; parece, en consecuencia, que hoy puede ser posible a un protestante reconocer en la celebración eucarística católica la cena instituida por el Señor". Luego ellos no tienen más dificultad en aceptar la nueva Misa porque se ase meja cada vez más a una cena eucarística protestante. Un hecho más extremadamente grave y enseñado claramente por la nueva catequesis.

Debería poder leer numerosos pasajes de esta catequesis oficial en Francia, del centro "Jean Bart", que es el centro oficial de la catequesis en Francia. He aquí lo que dice: "¿La Misa no es acaso la cena de Nuestro Señor?". Del mismo modo: “... en el corazón de la Misa que es un relato" y también esto es muy grave, porque ahora no se habla más de la acción que se realiza durante el Sacrificio de la Misa, "infra actionem". Se dice en nuestro canon: "infra actionem", durante la acción; indica que la acción se hace, la acción del Sacrificio que se realiza en la consagración, una verdadera acción, no solamente un relato, como desafortunadamente ahora es presentada la idea en la mayor parte de los documentos oficiales. He aquí un documento oficial de los Obispos suizos a propósito de la Misa. Siempre es la misma manera de expresarse: "el relato de la institución, la anamnesis y la epiclesis son el centro de la plegaria eucarística". Luego, disminuyendo siempre la idea del sacrificio, lentamente se desnaturaliza la Misa, se termina por alterar la Misa y dar a los fieles un espíritu protestante.

Por otra parte, podéis notar que es con este espíritu que se hicieron todas las reformas, como la comunión en la mano. Si es un sacrificio, la presencia real de Nuestro Señor Jesucristo es necesaria, porque en un sacrificio tiene que existir una víctima. ¿Quién es la víctima? Nuestro Señor Jesucristo mismo que, en consecuencia, debe estar realmente presente. Si es una cena no es necesaria la presencia real, basta una presencia espiritual; el pan partido, el pan de la amistad, el pan de la unión a Nuestro Señor Jesucristo con el relato de la institución de la cena. Ved ahora que si la Misa se volvió una simple cena se comprende muy bien la comunión en la mano. Igualmente, si se trata de una comida, la actitud del sacerdote, de frente a los fieles, es normal. . El 'presidente de un banquete no da la espalda a sus convidados. Si, en vez, se trata de un sacrificio, entonces el sacrificio es ofrecido a Dios, y el sacerdote se vuelve hacia Dios, hacia la Cruz, que es el signo del sacrificio que realiza en el altar, y no hacia los fieles. Así, es todo el significado del Sacrificio de la Misa que cambia, y todo esto es de una importancia capital, porque es también todo el significado de la espiritualidad católica que desaparece; la espiritualidad católica es el signo de la Cruz, es el sacrificio. Vivimos bajo el signo de la Cruz, vivimos del Sacrificio, de la sangre de Nuestro Señor, estamos bautizados en la sangre de Nuestro Señor. Somos pecadores, tenemos necesidad de la cruz, tenemos necesidad del sacrificio, de la sangre de Nuestro Señor, de unirnos a Nuestro Señor en su sacrificio.

Si no hay más sacrificio, si no hay más cruz, si no hay más presencia real, no existe más la espiritualidad católica. Nuestra vida no tiene más sentido si no existe la Cruz, si no existe la sangre de Nuestro Señor. Si no estamos unidos a Nuestro Señor Jesucristo por su sangre que es la gracia, la gracia sobrenatural, nuestras acciones no son meritorias no merecemos el cielo, no merecemos la salvación eterna. Naturalmente puede haber buenas acciones en las otras religiones, en la  naturaleza humana. Podemos hacer buenas acciones pero no meritorias, no salvíficas, si no tienen la impronta de la sangre de Nuestro Señor Jesucristo.

El mismo Señor dijo: "Yo soy la vid y vosotros sois los sarmientos". Es necesario estar unido a la vida, a la raíz de la vida, si queremos llevar frutos. Nuestro Señor es la puerta del redil, si no se entra por la puerta del redil, a través de Nuestro Señor, no entraremos al reino de los cielos. "No podéis hacer nada sin mí" dijo Nuestro Señor. Nihil, nada. Es muy grave. Se sigue que tenemos necesidad de estar unidos a Nuestro Señor, al, Sacrificio de la Misa, a la cruz, a su Sangre. Indudablemente esta conferencia de Mons. Lefebvre es muy esclarecedora y, a la vez, precisa no hay equívocos en ella ni un lenguaje ambiguo tan en boga hoy día. Las ideas principales que cambian y ponen en una clara contradicción a la Iglesia de Siempre con esta nueva religión, son las nociones de Iglesia, Sacrificio de la Misa y sacerdocio.

Al hablar de estas nociones confirma que hay un cambio radical, como lo explica, y considero que al haber un cambio radical también lo habrá en sus efectos sin lugar a duda. Tales afirmaciones de Mons. Lefebvre sobre esta grave situación coinciden perfectamente con el estudio titulado “Es válida o invalida la nueva Misa”, ahí como aquí tímidamente se afirma no directa sino indirectamente su invalides aunque haya quienes defiendan la posición contraria, la cual, a estas alturas me parece insostenible la opinión de su VALIDEZ.


Como dije si bien no se afirma dicha INVALIDEZ de la Misa Nueva sin embargo no solo Mons. Lefebvre sino también el Padre Joaquín Sáenz y Arriaga llegan a la misma conclusión. Monseñor afirma en este escrito que CADA VEZ HAY MAS MISAS INVALIDAS, pero no da las razones teológicas de dicha afirmación, pero las dará más tarde más concretamente en el sermón de las ordenaciones en la Reja Argentina en el año 1986, ahí no deja lugar a dudas sobre la INVALIDEZ de la nueva Misa, de exponer sus puntos teológicos lo haremos más adelante.

EL TERCER SECRETO AL DESCUBIERTO (CONTINUACION)

"AL FIN MI CORAZÓN INMACULADO TRIUNFARA,  EL SANTO PADRE ME CONSAGRARA A RUSIA, QUE  SE CON VER TIRA, y SE DARÁ AL MUNDO UN TIEMPO  DE PAZ”.

EL TERCER SECRETO AL DESCUBIERTO (CONTINUACION)


II

Segundo hecho importante: Si las circunstancias en las cuales fue revelado nos prueban su unidad profunda, las circunstancias dramáticas de su redacción nos descubren ellas solas su gravedad trágica.

III

Tercer hecho muy esclarecedor: es a causa de su contenido y solamente por este motivo, es por el cual desde 1960 los Papas sucesivos han rehusado divulgarlo, Juan XXIII en primer lugar, como lo hemos visto, a pesar de la espera ansiosa, verdaderamente sobrenatural, de las muchedumbres católicas.

Fue él el primero que decide "enterrar el Secreto". Él lo deposita, contaba el cardenal Ottaviani, "en uno de esos archivos que son como un profundo pozo negro, negro, al fondo del cual los papeles caen, y nadie ve ya nada". De hecho, se sabe muy bien que el manuscrito de Sor Lucía fue colocado por el Papa en el escritorio de su mesa de trabajo y que allí permaneció hasta su muerte.

Pablo VI adopta de golpe la misma actitud. Elegido el 21 de junio de 1963, algún tiempo después reclama el texto del Secreto. Prueba de su viva preocupación a este respecto. Como no sabía lo que Juan XXIII había hecho de ello, hizo interrogar a Monseñor Capovilla, quien indica el lugar donde el manuscrito había sido colocado. El Papa Pablo VI seguramente  lo ha leído en ese momento, pero no habla de ello. Sabéis sin embargo que el 11 de febrero de 1967, al aproximarse el jubileo de las apariciones de Fátima, el cardenal Ottaviani hizo, a nombre del Papa, una larga declaración sobre el tercer Secreto, para explicar que no sería aún divulgado.  Analizando este texto, siguiendo a los expertos portugueses, estoy obligado a constatar que, para justificar a toda costa la no divulgación del Secreto, el prefecto del Santo Oficio, defensor supremo de la verdad en la Iglesia, es obligado a acumular inexactitudes graves, distinciones sin fundamento, afirmaciones contradictorias?  

El Papa Juan Pablo I era muy devoto de Nuestra Señora de Fátima. Había ido en peregrinación a la Cova de Iría en julio de 1977. Y, hecho muy curioso, Sor Lucía misma pide encontrarse con él. El cardenal Luciani fue, pues, al Carmelo de Coímbra y tuvo una larga entrevista con la vidente.  Estoy en condiciones de afirmar que Sor Lucía le habló del tercer Secreto.  Quedó muy impresionado e hizo partícipes de su emoción y de la gravedad del mensaje a los que le rodeaban, después de su vuelta a Italia. Entonces habló y escribió sobre Fátima en términos vigorosos, expresando su admiración y su confianza total en Sor Lucía, que él consideraba visiblemente como una santa. Llegado a ser Papa, sin duda quiso preparar a la opinión pública antes de hacer algo. Desgraciadamente, nos fue trágicamente arrebatado antes de haber podido hablar.

El Papa Juan Pablo II, después del atentado del 13 de mayo de 1981 y antes de su peregrinación de acción de gracias del 13 de mayo siguiente, ha pedido la ayuda de un traductor portugués de la Curia para tener el sentido de "ciertas expresiones del Secreto propias de la lengua portuguesa".  El ha leído también el tercer Secreto. Pero no ha querido divulgarlo. En fin, sabemos que el cardenal Ratzinger ha tenido conocimiento del mismo; Lo ha declarado al periodista italiano Vittorio Messori. Habló de él dos veces más, en octubre de 1984 y en junio de 1985, evocando su contenido en términos muy diferentes de una a otra vez, lo que es para nosotros muy significativos. Pero siempre para esforzarse, -muy vanamente- en justificar su no divulgación.  En pocas palabras, después de veinticinco años, de Juan XXIII a Juan Pablo II, es siempre el mismo rechazo implacable; Roma permanece sorda, obstinadamente, a todas las demandas, vengan de donde vengan de la Jerarquía Portuguesa o de los responsables del Ejército azul, del P. Alonso o del Reverendo Laurentin. Nuestro Padre, el abate de Nantes, ha multiplicado las súplicas, en nombre de todos los miembros de la "Liga de Contrarreforma Católica» abril de 1973, en noviembre de 1974, el13 de mayo de 1975, el 25 de noviembre de 1978, el 13 de mayo de 1983, en enero de 1985... ¡Todas estas demandas han quedado sin respuesta! Un silencio tan obstinado debe tener sus razones. Ahora bien, se encuentra que todas las que han sido adelantadas en 1960 no eran más que argumentos inconsistentes. Todo justo para formar una espesa cortina de humo para ocultar una verdad demasiado molesta". Las razones del cardenal Ottaviani en 1967 no eran más serias. Y pasa lo mismo hoy con las que adelanta su sucesor, el cardenal Ratzinger.

El verdadero motivo del silencio de Roma, la verdadera razón que todos los otros intentan disimular vanamente, es evidentemente el contenido del famoso Secreto. También es éste un nuevo dato muy esclarecedor para progresar en el descubrimiento del último mensaje de Nuestra Señora.

IV

Cuarto hecho capital: la profecía del tercer Secreto se realiza actualmente, bajo nuestros ojos, desde 1960. Hay en efecto un calendario, una referencia es posible en la realización de las profecías de de Fátima.  De una parte, es seguro que nosotros no hemos aún llegado al tiempo anunciado por la conclusión del secreto. ¿Por qué? Porque Rusia no ha sido aún consagrada al Inmaculado Corazón de María, como debe serio, y como lo será un día. Sor Lucía lo ha hecho saber claramente, aun después del acto del 25 de marzo de 1984. Rusia no se ha convertido aún y el mundo no está en paz, ¡lejos de esto! Por tanto no estamos al término de la profecía.

Por otra parte, los sucesos anunciados en el tercer Secreto no conciernen solamente a nuestro porvenir. Pues nosotros tenemos otra señal: 1960.  La Virgen había pedido que el Secreto fuera divulgado en 1960, porque, decía Lucía al cardenal Ottaviani, "en 1960, el mensaje aparecerá más claro", Ahora bien, la sola razón que puede hacer una profecía más clara a partir de una fecha determinada es sin ninguna duda el principio de su realización. Y nosotros tenemos otras declaraciones de Lucía diciendo que "el castigo predicho por Nuestra Señora en el tercer Secreto había ya comenzado".  Podemos estar seguros de que actualmente estamos en los límites extremos de la época relacionada en la profecía. Vivimos pues el tercer Secreto y asistimos a los sucesos que anuncia.

Falsos secretos y falsas hipótesis.

Falsos secretos que han sido publicados sucesivamente desde hace veinticinco años. EI más famoso de todos ha sido difundido en 1963 por la revista alemana "Neues Europa", y vuelto a publicar en diversas revistas.  Hay en ese texto varios errores monstruosos que prueban suficientemente que se trata de una falsedad. Y, además, aun cuando nos afirman que el texto publicado está formado de "extractos" del Secreto verdadero, esos "extractos" son al menos cuatro veces más largos que para estar contenidos en la hoja de papel sobre la cual Lucía ha redactado el conjunto del auténtico tercer Secreto Se pueden descartar también un buen número de falsas hipótesis. Por supuesto, no se trata -como osa pretenderlo el P. Caprile -de una simple invitación a la oración y a la penitencia. iLa Virgen María no hubiera pedido a Lucía esperar a 1944 ó 1960 para divulgar un mensaje que repetiría palabra por palabra su mensaje público del 13 de octubre de 1917! Tampoco se trata de profecías de felicidad: el tercer Secreto de Fátima no reúne seguramente las miras llenas de optimismo del Papa Juan XXIII anunciando que el Concilio sería "un nuevo Pentecostés", "una nueva primavera de la Iglesia". Si esto fuera así, El mismo o sus sucesores nos lo habrían revelado. ¡"Si era alegre, decía muy justamente el cardenal Cerejeira, nos lo dirían. Puesto que no nos dicen nada, es que es triste"! Sí, es evidentemente grave y trágico. No es tampoco el anuncio del fin del mundo, puesto que la profecía de Fátima termina con una promesa maravillosa e incondicional, que se la debería predicar a tiempo y a destiempo, porque es la fuente de una inconfundible esperanza:
"AL FIN MI CORAZON INMACULADO TRIUNFARA,  EL SANTO PADRE ME CONSAGRARA A RUSIA, QUE  SE CON VER TIRA, y SE DARA AL MUNDO UN TIEMPO  DE PAZ”.

¿Sería éste el anuncio de una tercera guerra mundial? ¿De una guerra atómica? Sería juicioso pensarlo, pues aquí la profecía no haría más que confirmar los más lúcidos análisis políticos... ¿La Virgen María no hubiera predicho esta guerra futura, horrible, que nos amenaza tan trágicamente? Siguiendo al P. Alonso, se puede demostrar que esto no es sin duda lo esencial del tercer Secreto. Por una sólida razón: y es que este anuncio de castigos materiales, de nuevas guerras y de persecuciones contra la Iglesia, constituye el contenido específico del segundo Secreto. ¿Hemos reflexionado sobre el alcance terrible de esas simples palabras: "los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas"? "La Santa Virgen, nos ha dicho, confiaba Sor Lucía al P. Fuente, que muchas naciones desaparecerían de la superficie de la tierra, que Rusia será instrumento del castigo del Cielo para el mundo si no obtenemos antes la conversión de esta pobre nación". Es por esto que es de temer que la palabra ''aniquiladas'' se deba tomar al pie de la letra, en su sentido obvio: aniquiladas, destruidas a fondo, enteramente.  Inverosímil en 1917, esta trágica amenaza no lo es para nosotros hoy, en la era atómica. Es pues claro: todos los castigos materiales que aún nos amenazan, inclusive los más espantosos, como la guerra nuclear, o la expansión del comunismo sobre todo el planeta, estaban ya anunciados por Nuestra Señora en su segundo Secreto, y conocíamos también los medios sobrenaturales para conjurarlos, antes de que sea demasiado tarde. Podemos estar seguros que nada de todo esto vendrá en la tercera parte del Secreto, afirma el P. Alonso. O al menos, añadiría yo, si allí se hace de él nueva alusión -como es del todo posible- éste no será el tema esencial de este tercer Secreto. En efecto, puesto que el Secreto está compuesto de tres partes coherentes, pero distintas, y cuyas fechas de divulgación fijadas por el Cielo no eran las mismas, se puede estar seguro que la tercera parte del Secreto no va a repetir la misma cosa que el segundo, a algunas líneas de intervalo.


P. D. Es una realidad irrefutable el desarrollo de los acontecimientos en la actualidad nada agradables por cierto. Rusia la principal protagonista de este tercer secreto, está actuando de tal manera que nos hace volver los ojos asia lo que se insinúa en el tercer secreto. Pero no es ella sola a ella debemos unir a los E. U. A., de Norteamérica porque su obstinación nos está arrastrando cada vez más a una guerra de proporciones inimaginables. No pienso hacer un estudio sobre este tema porque ya lo hice, pero si decir al menos dos o tres cosas sobre este tema: Actualmente Rusia renuncio al tratado de la no proliferación de las armas nucleares subscripto en los tiempos de Nikita Sergéyevich Jrushchov, también traducido como Nikita Kruschev y John Fitzgerald Kennedy, esta separación de Rusia del tratado mencionado lo lleva necesariamente a enriquecer el plutonio que es utilizado en las bombas nucleares. El rompimiento no oficial de las relaciones entre estos dos países y, finalmente el apoyo incondicional de Estados Unidos de Norteamérica a la facción terrorista rodeada por el ejército sirio en Alepo Siria, la guerra ya ha comenzado. Estamos listos? He aquí un extracto de la advertencia rusa contra Estados Unidos “Si hay una agresión directa de Estados Unidos contra Damasco y el Ejército sirio, llevará a peligrosos cambios tectónicos no solo en el territorio de este país, sino en la región”, advirtió el sábado la portavoz de la Cancillería rusa, María Zajárova.

Ite Missa Est


4 DE OCTUBRE
SAN FRANCISCO DE ASIS, CONFESOR

Epístola – Gal; VI,14-18
Evangelio – San Mateo; XI, 25-30


HACERNOS SEMEJANTES A JESUCRISTO. — El Apóstol San Pablo, en su Epístola a los Romanos, nos dejó trazada la ley de toda santidad con estas palabras: "Quos praescivit et praedestinavit conformes fieri imaginis Filii sui..." Hacerse semejantes al ejemplar divino que se llama Jesús. Lo que hace a los santos es la conformidad con el Hijo de Dios que adquieren por medio de las virtudes. Hoy celebramos a un santo que fué una copia admirable de Cristo Jesús; el Sumo Pontífice León XIII le llama el más bello ejemplar de los santos; y el Papa Pío XI nos le presenta como el santo que, al parecer, mejor comprendió el Evangelio y conformó también mejor su vida con el modelo divino. San Francisco, en efecto, es otro Cristo. Buscó a Cristo, siguió a Cristo, amó a Cristo y se entregó a Cristo. Toda su vida es Jesucristo. Sin detenernos en las deliciosas tradiciones que cuentan de San Francisco que, a semejanza de Jesús, nació en un establo sobre un poco de paja, le vemos en los días de la juventud, en medio de sus ensueños de placeres y de fiestas, y cuando piensa en calaveradas caballerescas, quedarse de repente sobrecogido; es que el Cristo de San Damián le habla: "Francisco, ¿qué vale más: Servir al amo o al criado"? Y Francisco, fascinado al instante por esta palabra, comienza su nueva vida y, abriendo el Evangelio, busca en él a Jesucristo, a quien Sé entrega por completo.

EL AMOR AL EVANGELIO. — El Evangelio constituye su alimento; en él encuentra una suavidad celestial y exclama: "Esto es lo que yo buscaba hace ya mucho tiempo." El Evangelio es su sostén y su consuelo, el remedio a todos sus padecimientos; en sus pruebas no quiere otro consuelo, y un día dirá a sus hermanos: "Estoy saturado del Evangelio, estoy repleto del Evangelio." El Evangelio se convierte en su vida y, cuando quiere dar a sus discípulos una regla, escribe desde la primera página: "La Regla y la vida de los frailes menores es ésta: Observar el Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo."

POBREZA. — Pero el Evangelio es la historia de las humillaciones del Hijo de Dios por nosotros y de su amor en favor de nuestras almas. Es Jesucristo pobre, humilde y pequeño, que sabe compadecerse y ser misericordioso. Es Jesucristo Apóstol, es Jesucristo, que nos ama y muere por nosotros. San Francisco le escogió como regla de vida y lo vivió literalmente. A imitación dé Jesús, abrazó la pobreza. Se despoja de sus vestidos ante el obispo de Asís, se los entrega a su padre y exclama: "Ahora podré decir con toda verdad: Padre nuestro, que estás en IIS cielos", y comienza su vida de pobreza, pobreza alegre y bien soleada, no esa pobreza envidiosa y tristona, que con tanta frecuencia vemos desgraciadamente en el mundo, sino la pobreza voluntaria y amada. Va por las calles de Asís a pedir limosna extendiendo sus finas manos, pero le desprecian como a un loco. Continúa siendo siempre el amante de la pobreza, y su mayor consuelo al morir, será el haber guardado fidelidad a su "Dama Pobreza."

HUMILDAD. —El Evangelio es Jesucristo humilde y pequeño: "parvus Domínus", el Grande i y humilde Jesús, como le llama San Francisco. Meditando esta lección, él se va a hacer "el humilde Francisco", como le llama el autor de la' Imitación. Se considera el último de los hombres y el más vil de los pecadores. En sufrir y ser despreciado consiste para él la alegría perfecta, y da a sus hijos el nombre de menores, es decir, pequeños.

MISERICORDIA. — El Evangelio es Jesucristo compasivo y misericordioso y, a ejemplo suyo, el corazón de Francisco está repleto de misericordia. San Buenaventura, escribiendo su vida, nos dice: "La benignidad, la bondad de nuestro Salvador Jesucristo, se manifestó en su servidor Francisco." Al principio de su testamento, escribió el mismo santo: "El Señor me concedió la gracia de comenzar de esa manera a hacer penitencia, porque, cuando vivía en el pecado, me parecía excesivamente duro ver a los leprosos; pero ejercitaba la misericordia con ellos'y, lo que me había parecido amargo, se convirtió para' mí en dulzura del alma y del cuerpo." Francisco fué misericordioso con todas las miserias. En la tribuna del Parlamento italiano se hizo de él este elogio: Aunque Francisco de Asís no fundó obra alguna de misericordia, él hizo cruzar por el mundo tal corriente de misericordia, que desde hace siete siglos no se ha fundado ni una obra siquiera de misericordia que no haya recibido impulso de Francisco de Asís.

APOSTOLADO. — El Evangelio es Jesucristo apóstol. Vino a hacer oír a los hombres palabras de vida: ¡con qué amor deja caer de sus labios sus divinas lecciones! Francisco se hace apóstol siguiendo los pasos de Cristo, forma la señal de la Cruz en los aires y envía a sus discípulos por los cuatro costados del mundo. Ha comprendido de modo perfecto la palabra Jesús: "Id y enseñad a todas las naciones." Es el primero entre todos los fundadores de órdenes modernas que envía a sus hijos hasta las regiones de infieles y cuando, unos meses después, sabe que cinco de ellos han recogido en Marruecos la palma del martirio, exclama alborozado: ¡"Por fin tengo obispos"! sus obispos eran sus mártires. En cuanto a él, una vez fundada su obra, sólo piensa en dar a Jesús el testimonio de su sangre. Atraviesa tres veces los mares, va a predicar a Jesucristo hasta el Sudán pagano, pero Dios le tenía reservado otro martirio enviándole un Ángel un día para imprimir en su carne las llagas del divino Crucificado.

LA ENTREGA DE SÍ MISMO. — El Evangelio es Jesucristo entregándose o inmolándose; imitando a Jesucristo, también Francisco se entregó. "Este hombrecillo pobre, dice San Buenaventura, no tenía más que dos óbolos: su cuerpo y su alma." Su cuerpo se le entregaba a Dios por la penitencia. Sabemos cómo le trataba: dividía el año en nueve cuaresmas seguidas y se contentaba con un trozo de pan duro, ni siquiera bebía el agua necesaria para apagar la sed, a fin de no ceder a la sensualidad. De cama le servía la desnuda tierra, de almohada un tronco de encina y, si la enfermedad le visitaba, lo que era frecuente, daba gracias a Dios porque no le.¡ perdonaba. Le pedía sufrir cien veces más si esa era su voluntad. De su alma hacía entrega a Dios por la oración y su celo. pero San Francisco no es sólo el fiel discípulo de Jesucristo que se emplea en copiar la vida y virtudes de su Maestro; San Francisco es, ante todo, el Santo del amor seráfico. Penetró en el Corazón de Jesús, le comprendió y le devolvió amor por amor.

AMOR A LA EUCARISTÍA. — Con el Evangelio, en efecto, hay otro amor que tenía que consumir el corazón de Francisco, es el amor a la Eucaristía. ¡Qué bien ideado estaba este misterio para atraer a su alma seráfica! Que un Dios que bajó del cielo para salvarnos, que tomó forma humana encarnándose y, al morir en el Calvario, la de los criminales, se humille más todavía hasta revestir la forma de una hostia pequeña para unirse a nosotros y convertirse en nuestro alimento; que, después de la locura de la cruz, haya llegado a la locura de la Eucaristía y se quede prisionero en el tabernáculo para esperarnos y recibirnos, eso es un misterio inefable harto capaz de causar admiración en las almas amantes. San Francisco, el gran amador del Evangelio, donde él encontraba la palabra viva y eterna de Jesucristo; él, el gran amante de la cruz, donde veía el amor sacrificado,  cómo amaba la hostia donde se encuentra el amor vivo, el amor que se entrega, el amor que atrae y transforma las almas generosas y puras! Por amor a la hostia va a reparar los tabernáculos; por la hostia, marcha a través de los campos a barrer y adornar las iglesias abandonadas; por la hostia, olvida la pobreza y ordena a sus hermanos que preparen en los altares vasos de oro y plata; por la hostia se postra a lo largo del camino en cuanto ve apuntar la cruz de un campanario, y pasa horas enteras ante el tabernáculo. en adoración y en amor, tiritando de frío. Manda celebrar la Santa Misa todos los días y todos los días, con fervor, recibe la Sagrada Comunión. En aquella época en que el sacerdocio con frecuencia era despreciado, Francisco recuerda su grandeza a los sacerdotes: "Veo en ellos al Hijo de Dios"; se pone de rodillas ante el sacerdote y le besa las manos. El, el humilde diácono que se juzga indigno de subir al altar, escribe a los Cardenales, a los Obispos y a los Príncipes: "Les ruego, señores míos, besándoles las manos: Procuren que el Cuerpo de Jesucristo sea tratado dignamente y reverenciado por todos del modo debido." Y para la hostia busca y prepara Francisco almas adoradoras: rodea el tabernáculo de almas virginales, las clarisas, y el sagrado copón es parte, con los lirios y la corona de espinas, del escudo de San Damián. El Evangelio, la Cruz, la Eucaristía, estos son los grandes amores que formaron el alma De ella se habló y a el 17 de septiembre. de Francisco y que fueron el secreto de su acción en la Iglesia. Después de haber buscado con tanto ardor a Jesús, después de haber vivido de Jesús, después de haber amado tanto a Jesús, Francisco podía sin miedo ver llegar a la muerte. La gran Teresa de Avila exclamaba al morir: "Oh Jesús mío, ya es hora de vernos." También Francisco, al expirar, se pone a cantar: "Voce mea ad Dominum clamavi, ad Domínum deprecatus sum." "Con toda mi voz clamé al Señor; he rogado al Señor." "Me exspectant iusti..." "Me esperan los justos, quieren ser testigos de la recompensa que Dios me va a dar" ¡Qué encuentro, efectivamente, el del alma de Francisco con Nuestro Señor! Conocemos el cuadro de Murillo que representa a Jesucristo desprendiendo su brazo de la cruz y cogiendo al humilde Francisco para estrecharle contra su Corazón. Así fué, ni más ni menos, la muerte de San Francisco. En un movimiento sublime, su alma se arroja en los brazos de Dios y va a gozar del amor que no tiene fin.

VIDA. — Francisco nació en Asís en 1182. Ya desde su juventud, se mostraba muy caritativo con los pobres; una grave enfermedad señaló el comienzo de una vida perfecta como él deseaba; determinó dar todo lo que poseía. Su padre le exigió la renuncia de su herencia y Francisco lo hizo con gusto y al momento se despojó hasta de sus vestidos. Con algunos compañeros fundó la orden de los frailes menores, que el Papa Inocencio III aprobó. Francisco envió pronto a sus discípulos a predicar por todas partes; él mismo, deseoso del martirio, marchó para Siria, pero, al no recibir más que honores, se volvió a Italia. Fundó también una orden de vírgenes que se reunieron en San Damián debajo de la dirección de Santa Clara, y una tercera Orden u Orden Tercera para dar a las personas del mundo un medio eficaz de santificarse practicando las virtudes religiosas. En 1224, mientras oraba en el monte Alvernia, se le apareció un Serafín, el cual le imprimió en el cuerpo las llagas del Crucificado, señales del amor que el Santo tenía al Señor. Dos años más tarde, Francisco, muy enfermo ya, se hizo trasladar a la iglesia de Santa María de los Ángeles y allí murió después de haber exhortado a sus hermanos a amar la pobreza y la paciencia y a guardar la fe de la Iglesia Romana. Gregorio IX, que también le conoció, le inscribió poco después en el número de los Santos.

PLEGARIA DE SAN FRANCISCO. — "¡Grande y magnífico Dios y Señor Jesucristo! Te suplico que me ilumines y disipes las tinieblas de mi alma. Dame una fe recta, una esperanza firme. y una caridad perfecta. Y concédeme, Señor,  que te conozca lo mejor posible para poder obrar ; en todo conforme a tu luz y de acuerdo con tu.; santa voluntad."

LA IGLESIA EN RUINAS. — De esta manera rezaba larga y frecuentemente ante el crucifijo de la vieja iglesia de San Damián. Y un día, de este crucifijo salió una voz que sólo su corazón pudo apreciar: "Anda, Francisco, y reconstruye tú casa porque está para derrumbarse." Y tú, temblando y gozoso a la vez, respondiste: "Señor, con alegría voy a cumplir lo que deseas." La casa que amenazaba ruina, era sin duda aquella vetusta y solitaria capilla, pero el Señor ponía la mira principalmente en las ruinas que en los últimos siglos se habían acumulado en la Iglesia.


LA ORDEN DE LOS MENORES. — El Papa lo comprendió bien y por eso aprobó la Orden de los frailes menores: por su fervor, su amor a la pobreza y su celo apostólico, no sólo repararía las ruinas de la Iglesia de Jesucristo, sino que iría también hasta las tierras de infieles a fundar nuevas cristiandades con la sangre de sus mejores hijos. Desde la gloria del cielo donde el Señor te otorga ahora una recompensa tan gloriosa y tan amplia, dígnate, oh San Francisco, no olvidar a la Iglesia en pro de la cual no escatimaste trabajos ni penas. Ayuda a tus hijos, que prosiguen tu obra por todo el mundo. Crezcan en número y en santidad y se ocupen siempre en enseñar con la palabra y con el ejemplo. Suscítalos en nuestro País, que en otro tiempo fué objeto de tu predilección, a causa de su culto por la Sagrada Eucaristía. Ruega por todo el Estado religioso que en ti aclama a uno de sus Patriarcas más ilustres. Amigo de Santo Domingo, conserva siempre entre las dos familias vuestras la fraternidad que no faltó nunca. Mantén con la Orden benedictina los sentimientos que hoy constituyen su alegría; con tus favores estrecha los lazos que anudó para siempre la donación de la Porciúncula.

lunes, 3 de octubre de 2016

La Misa de Siempre - Mons.Marcel Lefebvre

La misa,
fuente de salvación.

El sacrificio de Nuestro Señor está en el corazón de la historia de la humanidad para santificada toda entera, llevada a Dios y hacerle cantar sus alabanzas y su gloria." El sacerdote está hecho ante todo para ofrecer el sacrificio de la Redención y para que desciendan las gracias del Corazón de Nuestro Señor Jesucristo atravesado por la lanza. La Sangre brotó de su Corazón y fue derramada por muchos. ¿Por qué "por muchos"? Porque muchos la rechazan. No es que Nuestro Señor no quiso derramar su Sangre por todos, pues se dice en el ofertorío: "Te ofrecemos el cáliz por la salvación de todo el mundo". 2ll Pero, por desgracia, en la realidad, icuántas almas rechazan esta Sangre de Nuestro Señor Jesucristo! Y este es el papel esencial del sacerdote: ofrecer esta Sangre y difundir sus gracias por medio de todos los sacramentos"

La Santa Iglesia ve siempre a su Esposo místico en el Huerto de los Olivos: Jesús postrado, orando y sufriendo! i Sufriendo hasta derramar sangre por el dolor que siente! Pero, lo cuál es, pues, este dolor? ¿No tiene Jesús la visión beatífica? Incluso en este mundo, sobre esta tierra, sí, Jesús, en su alma Santa, tiene la visión beatífica. Entonces, ¿por qué sufría así? Un ángel tuvo que venir a ayudado de tanto que sufría... A causa de nuestros pecados y a causa de este mundo que no quiere recibirlo. "Vino a los suyos -dice San Juan- y los suyos no lo recibieron?" (jn 1, 11) Dios ha creado el mundo y a los hombres, y los hombres se han apartado de Él. Ya nuestros primeros padres se apartaron de Nuestro Señor y Él los rescató con su Cruz y con su Sangre. Vino en medio de ellos y ellos renegaron de Él, no lo quisieron y lo crucificaron. Y aún hoy, ¡que situación! ¡Cómo sufrió Jesús viendo esto! ¡Cómo fue martirizada la misma Santísima Virgen ante el pensamiento de que la Sangre de su divino Hijo no sería recibida por toda la humanidad! Ese fue su martirio. Pues bien, es también el martirio de la Iglesia. Tiene que ser también vuestro martirio. Si no entendéis esto y no sois martirizado s viendo a estas almas que rechazan a Nuestro Señor, no sois realmente hijos de la Iglesia. Y vosotros tenéis que ser hijos privilegiados de la Iglesia. De este modo, al igual que lo tuvo Nuestro Señor Jesucristo, tenéis que tener este deseo de rezar y de ofreceros, de sufrir y de daros enteramente a Dios para que las almas abran sus corazones y reciban este Nombre de Jesús, fuera del cual no hay salvación. Seréis almas de oración, almas sufrientes y aceptaréis este martirio. De este modo, seréis misioneros. Viendo la situación del mundo, seréis misioneros pero como lo son en primer lugar las almas contemplativas que se encierran en los monasterios. Seréis misioneros, por medio de la oración y de la penitencia: éste es el ejemplo que nos dio Nuestro Señor y lo que la Iglesia ha deseado siempre!”

2. La misa, fuente de civilización

Las virtudes que provienen del sacrificio de la misa y de la Cruz se difunden poco a poco en las almas. Así se restablece poco a poco el orden en ellas, en los individuos, en las familias, en las ciudades y en toda la sociedad. (...) Así es como tuvo lugar la civilización cristiana" La historia de la civilización cristiana encuentra su fundamento, su desarrollo y su vitalidad en la gran oración pública de la Iglesia que infunde el espíritu de caridad y el espíritu de justicia a los que viven de ella. Todas las iniciativas caritativas y Santas tienen su origen en el espíritu que se nos da a través de los sacramentos y del sacrificio del altar" Yo vi lo que podía la gracia de la santa misa y lo vi en esas almas Santas que eran algunos de nuestros catequistas. Esas almas paganas transformadas por la gracia del bautismo, por la asistencia a la misa y por la sagrada eucaristía, comprendían el misterio del sacrificio de la Cruz y se unían a Nuestro Señor Jesucristo en los sufrimientos de su Cruz, ofrecían sus sacrificios y sus sufrimientos con Nuestro Señor Jesucristo y vivían cristianamente. (...) Yo pude ver las aldeas paganas que se habían convertido en cristianas transformarse no solamente, diría yo, espiritual y sobrenaturalmente, sino física, social, económica y políticamente, transformarse, pues, porque esas personas, de paganos que eran, se volvían conscientes de la necesidad de cumplir su deber, a pesar de las pruebas, y en particular sus compromisos del matrimonio. La aldea se transformaba poco a poco bajo la influencia de la gracia del santo sacrificio de la misa, y todas esas aldeas querían tener su capilla y la visita del sacerdote. La visita del misionero la esperaban con impaciencia para poder confesarse y luego comulgar?"

3. La capilla, signo de cristiandad

En país de misiones, nos quedamos sorprendidos al ver hasta qué punto los catecúmenos, los cristianos y las comunidades cristianas están apegados a su capilla y a su lugar de culto. Todos quieren tener su capilla. Desde que se reúnen, al estar atraídos por la Cruz, sienten esta necesidad, atraídos realmente por Nuestro Señor y por esta ofrenda de sí mismos. Es un punto fundamental en la vida del cristiano. Esta reacción está realmente aspirada por el Espíritu Santo. Ese es el signo directo de la extensión de una cristiandad. Si en una aldea se ve la capilla, el lugar de oración con el altar y encima de él la Cruz, que significa el Calvario de Nuestro Señor y el sacrificio, se puede decir: "¡Ah, en esta aldea hay cristianos!" Claro que, evidentemente, eso ha sido motivo de martirios, porque los paganos vieron que su culto disminuía y que sus discípulos se convertían. Algunos jefes paganos estaban tan furiosos que exterminaron a los misioneros. Es la reacción normal del demonio contra la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo.

4. La civilización cristiana vale para todos los pueblos

Es totalmente contrario a la fe de la Iglesia decir que la civilización cristiana es sencillamente una civilización occidental y europea, y decir igualmente que, por consiguiente, del mismo modo que hace falta adaptarse a todas las culturas, nuestra fe tiene que adaptarse a las demás civilizaciones. Es lo que dice Bugnini en su libro sobre la reforma litúrgica. Dice que el apostolado sólo tendrá efecto cuando la liturgia se haya adaptado a todas las civilizaciones y a todas las culturas, cosa que él llama inculturación. ( ... ) En realidad, como dice muy bien San Pío X en su carta sobre Le Sillon, la civilización cristiana no está por inventarse, sino que existe y existirá siempre, y no se puede cambiar, porque la civilización cristiana tiene por fuente todas las virtudes de Nuestro Señor Jesucristo, que provienen de su Pasión y de su Divinidad por medio de su Humanidad.219 Tiene por origen el ejemplo de Nuestro Señor así como todas las virtudes cristianas que representa y la gracia que infunde en nosotros. Esta es la civilización cristiana y esto vale para todos los hombres. En efecto, en la medida en que todas las sociedades están repletas de vicios por causa del pecado original, hay que purificadas y santificadas por medio de la Pasión de Nuestro Señor para hacerlas cristianas".

Las heridas del pecado original permanecen incluso después del bautismo: herida de ignorancia (privación de la virtud de prudencia) que nos ciega; herida de malicia (privación de la virtud de justicia) que nos impide dar a cada uno, es decir, a Dios y al prójimo, lo que se le debe, y que lleva al hombre a pensar sólo en sí; herida de debilidad (pérdida de la virtud de fortaleza) caracterizada por la inconstancia; y herida de concupiscencia (pérdida de la virtud de templanza) que desordena la medida y la templanza que tenemos que tener en el uso de los bienes de este mundo. Estas heridas profundas sólo se pueden cerrar por medio del sacrificio y de la renuncia. Para volver al orden hace falta el sacrificio. Por eso Nuestro Señor venció al demonio, destruyó el pecado y restableció el orden por medio de su Cruz. Y la Cruz es la santa misa. La misa recuerda todos los días a los cristianos que tienen que vivir una vida de sacrificio".

En un espíritu de humildad: In spiritu humilitatis
In spiritu humilitatis et in animo
contricto suscipiamur a te, Domine:
et sic fiq.t sacrificium nostrum in
conspectu tuo hodie, ut placeat tibi,
Domine Deus.
Recíbenos, Señor, al presentamos a
Ti con espíritu humillado y corazón
contrito; y el sacrificio que hoy te
ofrecemos, oh Señor Dios, llegue a
tu presencia, de manera que te sea
grato.

Esta oración está tomada de la fórmula con la que los tres jóvenes cautivos en Babilonia, viendo el horno ardiente en donde iban a ser arrojados por no haber querido adorar el ídolo, se ofrecían valientemente en holocausto a la gloria del verdadero Dios. Es una invitación a ofrecemos a nosotros mismos y a aceptar cristianamente las pruebas de esta vida.


219- Carta sobre Le Sillon, 25 de agosto de 19l0: "La civilización no está por inventar, ni la ciudad nueva por constituir en las nubes. Ha existido y existe; es la civilización cristiana, es la ciudad católica. No se trata más que de instaurada Y restaurada sin cesar sobre sus fundamentos naturales y divinos contra los ataques siempre nuevos de la utopía malsana, de la revolución y de la impiedad: Omnia instaurare in Christo".