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jueves, 3 de junio de 2021

EL SERCRETO ADMIRABLE DEL SANTÍSIMO ROSARIO. POR SAN LUIS MARIA GRIGNION DE MONTFORT


 49a Rosa

151) A fin de que, al rezar el Rosario, ganéis las indulgencias concedidas a los cofrades del Santo Rosario, es conveniente hacer algunas observaciones sobre las indulgencias.

La indulgencia, en general, es una remisión o moderación de las penas temporales debidas por los pecados actuales, por la aplicación de las satisfacciones sobreabundantes de Jesucristo, de la Santísima Virgen y de todos los santos, que están encerradas en los tesoros de la Iglesia.

La indulgencia plenaria es una remisión de todas las penas debidas por el pecado; la no plenaria, como de cien, mil años, más o menos, es la remisión de tantas penas como hubiéramos podido expiar durante cien o mil años si hubiéramos hecho durante ese tiempo, proporcionalmente, las penitencias enumeradas en los antiguos cánones de la Iglesia. Ahora bien, estos cánones ordenaban, para un solo pecado mortal, siete y algunas veces diez y hasta quince años de penitencia, de suerte que una persona que hubiera cometido veinte pecados mortales debía hacer, por lo menos, siete veces veinte años de penitencia, y así sucesivamente.

152) Para que los cofrades del Rosario ganen las indulgencias, es preciso: 1) Que estén verdaderamente arrepentidos y que hayan confesado y comulgado, como dicen las bulas de las indulgencias. 2) Que no tengan afecto alguno al pecado venial, porque subsistiendo el afecto al pecado subsiste la culpa, y subsistiendo la culpa no se perdona la pena. 3) Es preciso que hagan las oraciones y buenas obras que señalan las bulas. Cuando, según la intención de los Papas, se puede ganar una indulgencia parcial, por ejemplo, de cien años, sin ganar la plenaria, no siempre es necesario -para ganar la parcial- haber confesado y comulgado. Es lo que sucede con las indulgencias otorgadas al rezo del Santo Rosario, a las procesiones, a los Rosarios benditos, etc. No despreciéis estas indulgencias.

153) Flammin y un gran número de autores refieren que una distinguida señorita llamada Alejandra, milagrosamente convertida, e inscrita en la Cofradía del Rosario por Santo Domingo, se le apareció después de muerta y le dijo que estaba condenada a setecientos años de purgatorio por varios pecados que había cometido y hecho cometer a varios con sus vanidades mundanas, y le rogó que la aliviase e hiciese que la aliviasen con sus oraciones los cofrades del Rosario; así lo hizo el Santo. Quince días después se reapareció a Santo Domingo más brillante que un sol, pues en tan corto tiempo había sido libertada por las oraciones que los cofrades del Rosario hicieron por ella. Advirtió también al Santo que venía de parte de las almas del purgatorio para exhortarle a continuar predicando el Rosario y hacer de modo que sus parientes las hicieran partícipes de sus Rosarios, por lo cual ellas les recompensarían

abundantemente cuando llegaran a la gloria.

50a Rosa

154) A fin de facilitar el ejercicio del Santo Rosario, he aquí varios métodos para rezarlo santamente, con la meditación de los misterios gozosos, dolorosos y gloriosos de Jesús y María.

Os detendréis en el que más os agrade, y aun podéis vosotros mismos formar particularmente otro, como han hecho muchos santos personajes.

Métodos devotos de recitar el Santo Rosario y atraer la gracia de los misterios de la vida, pasión y gloria de Jesús y María.

Primer Método Veni, Sancte Spiritus, etc.

Ofrecimiento del Rosario.

155) Yo me uno a los santos del cielo y a los justos de la tierra, oh Jesús mío, para alabar dignamente a vuestra Santísima Madre y a Vos en Ella y por Ella. Y renuncio a cuantas distracciones sufra durante este Rosario.

Os ofrecemos, Señora, el Credo para honrar vuestra fe mientras vivisteis en la tierra y pediros que nos hagáis partícipes de esa misma fe.

Os ofrecemos el padrenuestro, Señor, para adoraros en vuestra unidad y reconoceros como principio y fin de todas las cosas.

Os ofrecemos, Trinidad Santísima, tres avemarías, para agradeceros todas las mercedes que habéis hecho a María y las que nos habéis hecho a nosotros por su mediación.

Un padrenuestro, tres avemarías, gloria.

Ofrecimiento particular de las decenas.

Misterios Gozosos.

156) Primera Decena. Os ofrecemos esta primera decena, Señor nuestro Jesucristo, en honor de vuestra Encarnación. Y os pedimos, por este misterio y por la intercesión de vuestra santa

Madre, una profunda humildad de corazón.

Un padrenuestro, diez avemarías, gloria.

Gracias del misterio de la Encarnación, descended a mi alma y hacedla verdaderamente humilde.

Segunda Decena. Os ofrecemos, Señor nuestro Jesucristo, esta segunda decena en honor de la Visitación de vuestra santísima Madre a su prima Santa Isabel. Y os pedimos, por este misterio

y por la intercesión de María, una perfecta caridad con nuestro prójimo.

Un padrenuestro, diez avemarías, gloria.

Gracias del misterio de la Visitación, descended a mi alma y hacedla verdaderamente caritativa.

Tercera Decena. Os ofrecemos esta tercera decena, oh Jesús niño, en honor de vuestro santo nacimiento. Y os pedimos, por este misterio y por intercesión de vuestra santa Madre, el desasimiento de los bienes de la tierra y el amor a la pobreza y a los pobres.

Un padrenuestro, diez avemarías, gloria.

Gracias del misterio de la Natividad, descended a mi alma y hacedla pobre de espíritu.

Cuarta Decena. Os ofrecemos, Señor nuestro Jesucristo, esta cuarta decena en honor de vuestra Presentación en el templo por manos de María, y por este misterio y por la intercesión de vuestra santa Madre, os pedimos el don de sabiduría y la pureza de corazón y de cuerpo.

Un padrenuestro, diez avemarías, gloria.

Gracias del misterio de la Purificación, descended a mi alma y hacedla verdaderamente sabia y pura.

Quinta Decena. Os ofrecemos, Señor nuestro Jesucristo, esta quinta decena en honor de haberos recobrado María en medio de los doctores cuando os había perdido. Y os pedimos, por este misterio y por intercesión de Ella, nuestra conversión y la de los herejes, cismáticos e idólatras.

Un padrenuestro, diez avemarías, gloria.

Gracias del misterio de Jesús hallado en el templo, descended a mi alma y convertidla.

Misterios Dolorosos.

157) Sexta Decena. Os ofrecemos, Señor nuestro Jesucristo, esta sexta decena en honor de vuestra Agonía mortal en el Huerto de los Olivos. Y os pedimos, por este misterio y por la intercesión de vuestra santa Madre, una perfecta contrición de nuestros pecados y entera conformidad a vuestra santa voluntad.

Un padrenuestro, diez avemarías, gloria.

Gracias de la Agonía de Jesús, descended a mi alma y hacedla verdaderamente contrita y conforme con la voluntad de Dios.

Séptima Decena. Os ofrecemos, Señor nuestro Jesucristo, esta séptima decena en honor de vuestra santa Flagelación. Y os pedimos, por este misterio y por la intercesión de vuestra santísima Madre, perfecta mortificación de nuestros sentidos.

Un padrenuestro, diez avemarías, gloria.

Gracias de la Flagelación de Jesús, descended a mi alma y hacedla verdaderamente mortificada.

Octava Decena. Os ofrecemos, Señor nuestro Jesucristo, esta octava decena en honor de vuestra dolorosa Coronación de espinas. Y os pedimos, por este misterio y por la intercesión de vuestra santa Madre, un gran desprecio del mundo.

Un padrenuestro, diez avemarías, gloria.

Gracias del misterio de la Coronación de espinas de Jesús, descended a mi alma y hacedla verdaderamente opuesta al mundo.

Novena Decena. Os ofrecemos, Señor nuestro Jesucristo, esta novena decena en honor de vuestra Cruz a cuestas. Y os pedimos, por este misterio y por la intercesión de vuestra santísima Madre, paciencia para llevar la cruz detrás de Vos todos los días de nuestra vida.

Un padrenuestro, diez avemarías, gloria.

Gracias del misterio de la Cruz a cuestas, descended a mi alma y hacedla verdaderamente paciente.

Décima Decima. Os ofrecemos, Señor nuestro Jesucristo, esta décima decena, en honor de vuestra Crucifixión en el Calvario. Y os pedimos, por este misterio y por la intercesión de vuestra santísima Madre, gran horror al pecado, amor a la Cruz y buena muerte para nosotros y para cuantos están ahora en la agonía.

Un padrenuestro, diez avemarías, gloria.

Gracias del misterio de la pasión y muerte de Jesucristo, descended a mi alma y hacedla verdaderamente santa.

Misterios Gloriosos.

158) Undécima Decena. Os ofrecemos, Señor nuestro Jesucristo, esta undécima decena en honor de vuestra triunfante Resurrección. Y os pedimos, por este misterio y por intercesión de vuestra santísima Madre, una fe viva.

Un padrenuestro, diez avemarías, gloria.

Gracias de la Resurrección, descended a mi alma y hacedla verdaderamente fiel.

Duodécima Decena. Os ofrecemos, Señor nuestro Jesucristo, esta duodécima decena en honor de vuestra gloriosa Ascensión. Y os pedimos, por este misterio y por la intercesión de vuestra

santísima Madre, una firme esperanza y un gran deseo del cielo.

Un padrenuestro, diez avemarías, gloria.

Gracias del misterio de la Ascensión de Jesucristo, descended a mi alma y hacedla verdaderamente celeste.

Decimotercera Decena. Os ofrecemos, Espíritu Santo, esta decimotercera decena, en honor del misterio de Pentecostés. Y os pedimos, por este misterio y por intercesión de María, vuestra fiel esposa, la divina sabiduría para conocer, gustar y practicar la verdad y hacer partícipe de ella a todo el género humano.

Un padrenuestro, diez avemarías, gloria.

Gracias de Pentecostés, descended a mi alma y hacedla verdaderamente sabia según Dios.

Decimocuarta Decena. Os ofrecemos, Señor nuestro Jesucristo, esta decimocuarta decena en honor de la Inmaculada Concepción y de la Asunción de vuestra santísima Madre, en cuerpo y alma a los cielos. Y os pedimos, por estos misterios y por su intercesión, una verdadera devoción a Ella, para bien vivir y morir.

Un padrenuestro, diez avemarías, gloria.

Gracias de la Inmaculada Concepción y de la Asunción de María, descended a mi alma y hacedla verdaderamente devota de María.

Decimoquinta Decena. Os ofrecemos, Señor nuestro Jesucristo, esta decimoquinta y última decena en honor de la Coronación de vuestra santísima Madre en los cielos. Y os pedimos por este misterio y por la intercesión suya, el progreso y la perseverancia en la virtud hasta la muerte y la corona eterna que nos está preparada. Os pedimos la misma gracia para todos

nuestros bienhechores.

Un padrenuestro, diez avemarías, gloria.

159) Os pedimos, oh buen Jesús, por los quince misterios de vuestra vida, pasión, muerte y gloria y los méritos de vuestra santísima Madre, que convirtáis a los pecadores, auxiliéis a los

agonizantes, libertéis a las almas del purgatorio y nos deis a todos vuestra gracia para bien vivir y morir y vuestra gloria para veros cara a cara y amaros durante la eternidad. Amén.

Segundo y más breve método para celebrar la vida, muerte y gloria de Jesús y María rezando el Santo Rosario y para disminuir las distracciones de la imaginación.

160) A cada avemaría de cada diez, hay que añadir una palabrita que nos traiga a la memoria el misterio que se celebra en la decena; añadir esta palabra a la mitad del avemaría, después del nombre de "Jesús".

1a Decena Y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús encarnado.

2a Decena Jesús santificador.

3a Decena Jesús pobre niño.

4a Decena Jesús sacrificado.

5a Decena Jesús santo de los santos.

6a Decena Jesús agonizante.

7a Decena Jesús azotado.

8a Decena Jesús coronado de espinas.

9a Decena Jesús cargado con la cruz.

10a Decena Jesús crucificado.

11a Decena Jesús resucitado.

12a Decena Jesús que sube a los cielos.

13a Decena Jesús que te llena del Espíritu Santo.

14a Decena Jesús que te resucita.

15a Decena Jesús que te corona.

Al fin de la primera corona, se dice: Gracias de los misterios gozosos, descended a nuestras almas y volvedlas verdaderamente santas.

Al fin de la segunda: Gracias de los misterios dolorosos, descended a nuestras almas y hacedlas verdaderamente pacientes.

Al fin de la tercera: Gracias de los misterios gloriosos, descended a nuestras almas y hacedlas eternamente bienaventuradas.

 

FIN DEL TRATADO A.M.D

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