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viernes, 3 de marzo de 2017

UT NOS CREDIDIMUS CARITATI



LA VOCACIÓN (1914-1923)
LAS DESGRACIAS DE LA GRAN GUERRA

Llego la gran guerra que marco la infancia de Marcel Lefebvre, quien la describió tal como la vivió: “De la noche a la mañana, todos los hombres fueron movilizados y las mujeres y sus hijos se quedaron solos en sus casa. En los colegios solo quedaron los profesores enfermos o mayores de edad. En las parroquias también tuvieron que ir los vicarios, donde había cinco o seis sacerdotes solo quedaron uno o dos. Luego, con rapidez, empezaron los combates. Las noticias llegaban del frente, confirmadas posteriormente por los heridos que volvían a la retaguardia, había muchos muertos y prisioneros”.
René y Gabrielle Lefevbre dos patriotas combatientes.
René Lefebvre, padre de seis hijos, no podía ser movilizado, pero ofreció su ayuda a la Sociedad de Auxilio a los Heridos Militares (SAHM) DE Turcoing. Iba en coche a través de los puestos alemanes en busca de heridos franceses. Muy pronto los ejércitos enemigos avanzaron mas allá de Lille, el 2 de septiembre de 1914, pero los alrededores de Lille no fueron ocupados sino hasta octubre. La entrada de las tropas bávaras en Lille, el 13 de octubre, estuvo precedida de un intenso bombardeo. Desde Turcoing, Marcel Lefebvre veía las llamas y asistía al desfile de húsares y ulanos (lanceros a caballo).
Una vez ocupada turcoing, René Lefevbre opto por cuidar a los heridos franceses y aprovecho la oportunidad para facilitar la huida de prisioneros ingleses. En enero de 1915, sintiéndose vigilado, oculto las provisiones de lana detrás de los falsos muros y viajo a Holanda con documento belga, luego viajo a Inglaterra, desde donde realizo misiones para la inteligencia belga. De regreso a Francia, se convirtió en escolta de los servicios radiológicos de la SAHM en el frente y luego en administrador del Hospital 60 de Paris.
La Sra. Lefevbre se quedo a cargo de la familia y de la fábrica, su entereza de ánimo sorprendió más de una vez a Marcel. La población se encontraba a un paso de una gran hambruna, Marcel recordaba las sopas populares que iban a comer en los salones municipales, los pollos americanos que llegaban podridos, el pan negro y viscoso bajo la corteza.
Los alemanes requisaron las reservas de las fábricas en 1915, descubrieron las que habían sido ocultadas y luego se llevaron o destruyeron las maquinas con el fin de causar un daño grande y prolongado a la temida competencia; finalmente, exigieron que colaboraran a la guerra del Reich. Los patrones, como era de esperar, se opusieron rotundamente por lo cual los encarcelaron ese mismo día y deportaron inmediatamente a 131 habitantes de Roubaix a Gustom, en Meclemburgo, entre los que se encontraba Felix Watine, hermano de la Sra. Lefebvre. La valiente y patriota cristiana realizo el agere contra o el contraataque: le dedico más tiempo al dispensario donde contrajo la sarna. La religiosa que la curaba, les decía con admiración a sus hijos: “Su madre es una santa”. En la ambulancia del colegio no se negaba a cuidar a los soldados heridos alemanes, pero cuando las diaconisas alemanas de alojaron en su casa, les cerró la puerta de los salones de la planta baja donde ellos mismos estaban, y a las tropas de paso solo les ofreció las habitaciones vacías del segundo piso. Esa fue la gota que derramo el vaso; la encerraron varios días en los sótanos del ayuntamiento de Turcoing.
Pruebas impresionantes. Vocación de René        
El frente estaba muy cerca, en Bélgica, Ypres y el famoso Mont-Kemmel. Marcel recordaba esas tardes y las noches donde el horizonte resplandecía constantemente por el estallido de los obuses; todo el cielo se encendía y se oía un continuo fragor. Al día siguiente llegaban los cortejos de vehículos con heridos alemanes al hospital improvisado frente a su casa. El viernes Santo de 1916 los alemanes anunciaron la movilización de todas las chicas de más de diecisiete años capaces de trabajar en los centros de armamento. Dieron la orden que todas las personas esperaran en la vereda. Detrás de las cortinas, los niños Lefebvre asistieron a la redada. Las continuas inquietudes, y ahora esos reclutamientos crueles, se grabaron en su alma.
“Aquello marco nuestra infancia, decía Monseñor Lefebvre, aunque solo se tuvieran nueve, diez u once, las imágenes quedaban grabadas en la memoria, ¡La guerra es realmente espantosa! Es evidente que eso hizo mella en nosotros los hermanos mayores; los cinco quedamos marcados por aquellos acontecimientos, y pienso que nuestra vocación de debió en parte a ello, porque vimos que la vida humana era poca cosa y que había que saber sufrir”.
En 1917 la guerra le trajo a la Sra. Lefebvre otra separación, que tendría un papel providencial en el futuro de Marcel. René, hijo mayor, había cumplido catorce años, para escapar del trabajo obligatorio al servicio de Alemania logro reunirse con su padre en Versalles en abril de 1917, gracias a un tren de la cruz roja que pasaba por Suiza. Allí se quedo dos años para concluir sus estudios en el seminario menor de Gradchamp, le abrieron las puertas fácilmente no porque vieron en él una vocación misionera que se manifestaba en su interior, sino porque procedía de una región ocupada.
Finalmente el armisticio llego el 11 de noviembre de 1918, que trajo la paz sobre la ruina. El Sr. Lefebvre ya podía regresar. El 2 de diciembre toda la familia fue a Lourdes para dar gracias a la Santísima Virgen; luego se quedaron un tiempo en Versalles, junto a Rene. El R.P Henrri Collin, su profesor de filosofía, preparo al pequeño Joseph para su primera comunión a la edad de cinco años y casi diario le daba clases a Marcel. El Padre Collin, cuando se entero de la vocación de René, le aconsejo al Sr. Lefebvre que lo enviara a Roma puesto que el mismo Padre había estudiado en el seminario francés de Roma allá por los años de 1910 a 1914. En Pascua de 1919, Rene, recibió la sotana, contaba entonces con dieciséis años, volvió a su casa para pasar el verano con su familia y salió para Roma el 24 de octubre.

2. En el colegio del Sagrado Corazón La preguerra: 1912-1924

Marcel permaneció con las Ursulinas hasta el 19 de de noviembre  de 1912, y en el invierno entro como alumno externo de la institución del Sagrado Corazón, fundado en 1666 por los Padres Recoletos, el colegio San Buenaventura tuvo que cerrar en 1790 y en 1802 el ayuntamiento de Turcoing abrió en su lugar una escuela secundaria cuya dirección encomendó al clero secular de la diócesis, que era la de Cambrai. En 1853 el colegio se estableció en la calle de Lille, en una fabrica vacía, en 1871, el superior del Padre Lecomte, lo consagro al Sagrado Corazón.
La amplia capilla era el centro de la vida del colegio, donde orientados asía el altar, se reunían los cientos de alumnos para la  Misa matutina, que a diario se celebraba y también en este lugar se celebraban; el inicio de cursos, las confirmaciones y la comunión solemne. El rosetón que coronaba el altar llamaba la atención de Marcel y lo atraía cada vez que lo veía, es decir, cada mañana. Este rosetón representaba la presentación, donde la Virgen María niña subía con gesto decidido los peldaños del santuario para entregarse al Señor. Esta visión generosa quedo grabada en su alma
Marcel entro al noveno grado, en la sección del Padre Beaudier, y tenía como amigo al que, al pasar del tiempo, llegaría a ser su gran amigo, Robert Lepoutre. El Padre Achile Leleu era el superior  por aquel tiempo. El colegio quedaba a cinco minutos de su casa. Cada mañana, después de oír Misa o recibir la sagrada comunión en su defecto, en Notre-Dame los dos chicos salían rumbo al colegio para la primera clase de las ocho, se dictaban clases hasta las diez, luego venia un tiempo de estudio hasta el mediodía, momento de la comida la cual se podía hacer en el colegio o en la casa para los que Vivian cerca. Continuaban las clases a la una y media con treinta minutos de estudio y después seguían hasta las cuatro, seguidas de un corto recreo. Luego había estudio hasta las seis y media y conferencia espiritual, salían a las siete.
A Marcel le tocaba soportar en las calles las burlas de los compañeros de su hermano mayor, dueño de sí mismo el no respondía sabiendo que tarde o temprano se enfadarían de ese juego. Sin embargo otros que no tenían su temple fueron víctimas de las bromas de sus compañeros y los agredían fuera de la vigilancia del colegio, Marcel acudió siempre al socorro de estos infortunados jóvenes y dispersaba a los provocadores para su mayor confusión. Al inicio del curso de 1913 paso al octavo grado, en la sección del Padre Patoor; mantuvo un buen promedio y obtuvo cinco menciones de honor.
Los años de la guerra, 1914-1918. Vocación de Marcel

 Al dar inicio el curso de 1914 el colegio no contaba con muchos profesores pues muchos de ellos (y a menudo los mejores) fueron movilizados como capellanes. Para colmo de males, un sacerdote sustituto estaba desequilibrado. Había un gran desorden en la clase y Marcel se sintió tan indignado por todo esto que la madre se quejo ante los superiores. “decididamente la injusticia, tanto en los juegos como en la dirección siempre lo enojaba, decía Cristiane que relataba todo esto”
Marcel entro a sexto grado en octubre de 1915, tenía un excelente nivel: obtuvo doce menciones en las calificaciones de julio de 1915. Ese año entro en la Congregación de los Santos Ángeles, grupo de piedad organizado por los estudiantes de su edad y pronuncio un acto de consagración a los santos ángeles con su amigo Jacques Dumortier, Christian Laurent y George Donze. El curso de 1916-1917 se interrumpido por la ocupación total del colegio por el ejército alemán, a excepción de la capilla. Unos alumnos patriotas fueron detenidos por faltas contra el ejército alemán, pero fueron liberados gracias a la intervención de Padre Maurice Lehembre, profesor de alemán, quien, en su alegato en buen alemán admiro a los jueces y logro rescatar a los inculpados.