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viernes, 19 de agosto de 2016

TRATADO DE LOS ANGELES - SANTO TOMAS DE AQUINO



Q. LIII

Del movimiento local de los Ángeles

Tratando de la inmutabilidad divina (L.p., q.9, a.2), ha enseñado ya el Angélico que el ser, absolutamente inmutable es privativo, de Dios. En todos los demás seres se da en mayor o menor grado alguna mutación o cambio, bien sea substancial o bien accidental, o bien ambos.

Los seres creados materiales son mudables, lo mismo en cuanto a su ser substancial... que en cuanto a su ser accidental. En cambio los seres creados incorpóreos son inmutables e invariables en cuanto al ser... Pero aun les quedan dos clases de mutabilidad: una, debida a que están en potencia para algún acto, y otra, en cuanto al lugar, ya que pueden extender su poder limitado a lugares a que antes no alcanzaban".

No se trata, pues, en esta cuestión del movimiento en su sentido lato, en cuanto que todo paso de potencia al acto puede llamarse movimiento. Tal movimiento decimos que se da, en todos los seres creados, incluso en los ángeles, en quienes se da composición de acto y potencia, como veremos en la cuestión siguiente. Tratase aquí única y exclusivamente del movimiento local, que es una de las especies de mutación accidental, consistente en el cambio de lugar, en cuanto que lo que primero está en un lugar después está en otro.

Ahora bien, siendo el movimiento local cambio 'de lugar, habrá de tenerse en cuenta, cuando nos referimos a los ángeles, el modo como las substancias espiritualmente están en el lugar, y la doctrina que aquí expone Santo Tomás es simple corolario de la expuesta en las dos cuestiones anteriores.

Mas, siendo el movimiento local un cambio, supone sucesión, que tiene por medida el tiempo, del que consecuentemente trata aquí también el Angélico, con relación a los ángeles. Por eso, sobre esta materia estudia el Santo los puntos siguientes: la posibilidad y existencia en absoluto del movimiento local en los ángeles (a.1); su relación 'con el espacio intermedio comprendido entre dos lugares (a. 2) y con el tiempo en el cual se verifica el movimiento (a. 3).Conviene advertir desde un principio que hay dos clases de movimiento local: uno llamado tal por sí mismo y otro que se dice accidental, en cuanto que no se da por sí mismo, sino en razón del movimiento de otra cosa.

Que en el ángel se dé movimiento accidental, consta de todo lo dicho en las dos cuestiones precedentes, pues tornando cuerpo y estando presentes en él, movidos los cuerpos, accidentalmente habrá de moverse también el ángel, cambiando de lugar, como el alma humana se mueve accidentalmente con el movimiento del cuerpo que informa. Así, el demonio en los cuerpos de los posesos, cuando éstos se mueven por sí mismos y no es el ángel el que los mueve, estando allí el demonio, se moverá también. La presente cuestión se refiere más concretamente a si el ángel se mueve localmente por sí, en cuanto que voluntariamente aplica su poder operativo primero a un lugar y después a otro.

l. ERRORES

Dada la conexión que liga esta cuestión con la anterior, los que negaron que el ángel esté de modo alguno en el lugar niegan también, consecuentemente, todo movimiento local en ellos. Asimismo, los que con Durando afirmaban que los ángeles están de hecho en todas partes, deben afirmar que no se da en ellos movimiento ideal al de ninguna clase, ya que, al no haber lugar en el cual no estén, no podrán dejar un lugar      ni ocupar otro nuevo.

II
EXPOSICION TEOLOGICA DE SANTO
TOMAS



De modo análogo a lo hecho en la cuestión precedente, puede, también aquí compendiarse la doctrina del Angélico en las siguientes proposiciones: Los 'ángeles pueden; moverse localmente, aunque, así como el estar en el lugar conviene al cuerpo y al ángel de modo equívoco (es decir, análogo), lo mismo sucede cuando se trata del movimiento local" (a.1).El moverse localmente es consecuencia de la presencia en el lugar, y por eso, no estando el ángel en el lugar circunscritiva o localmente, no le convendrá en sentido estricto el movimiento local, sino sólo en el mismo sentido y forma en que está en el lugar, es decir, por el contacto de su poder operativo. Y no siendo cuantitativo este contacto, no está sujeto a las leyes de la cantidad dimensiva, como el de los cuerpos. Así que el movimiento local del ángel no se mide por el lugar mismo, ni depende de las exigencia del lugar, sino que, estando en el lugar por el contacto de su virtud, es necesario que el movimiento del ángel en el lugar no consista más qué en la aplicación sucesiva y no simultánea de su poder operativo a diversos lugares, es decir, en diversos contactos virtuales sucesivos y no simultáneos, ya que no puede estar a la vez en varios lugares adecuados 'de modo completo. 

He ahí por qué cuanto más se eleva la presencia del ángel en el lugar del modo circunscriptivo propio de los cuerpos, tanto más se sublima el concepto que tenemos del modo como el ángel se mueve en el lugar. Y he ahí también por qué, consistiendo ese movimiento de los ángeles en el lugar en la aplicación de su poder operativo a diversos lugares, no se sigue Imperfección alguna ni se supone indigencia en los ángeles por ese movimiento, sino más bien es en ellos una perfección que fluye naturalmente de la perfección de su ser (ad 2 y ad 3). Téngase además presente que, aunque Santo Tomás nos dice aquí que el movimiento local no conviene al ángel y al cuerpo de modo unívoco, sino analógicamente, no quiere con ello decir que el ángel no se mueva propia y verdaderamente. Porque, aunque el estar en el lugar localmente no conviene al ángel en sentido propio y estricto, sí le conviene estricta y propiamente poder obrar por sí en el lugar. De ahí que afirme en otra parte el Santo que "el estar en el lugar como el que obra está en lo que obra, conviene al ángel también por sí, en cuanto que por si obra en el lugar" (1 Sent., dist. 37, q. 3, a. 1 ad 2). Y por eso, aplicando esta doctrina al movimiento, distingue muy bien ambas cosas, diciendo que "el movimiento local, tal como se da en los cuerpos, no conviene al ángel sino metafóricamente; mas hablando del movimiento en sentido equívoco (es decir, análogo), le conviene por sí"
(1. C., q. 4, a. 1 ad 5).

3. Cuando el movimiento del ángel "es continuo, no puede el ángel moverse de un.' lugar a, otro sin pasar por el medio... Pero cuando el movimiento del ángel es discontinuo, es posible que cruce de un extremo a otro sin pasar por el medio" (u. 2, IC. y ad 3).

De esto y de lo anteriormente afirmado según Santo Tomás: que, estando el ángel en el lugar por la operación, cuando no obra en algún lugar no está en lugar ninguno, siguese que, cuando el ángel deja de obrar en un lugar y no aplica su virtud a ningún otro, o viceversa, cuando no la está aplicando a ninguno y luego la aplica a uno, no se da propiamente movimiento, ni continuo ni discontinuo. La referencia principal de donde se explico lo siguiente sigue siendo el doctor Angélico que se expresa de esta manera:El ángel bienaventurado (Como más abajo diremos, aquí Santo Tomas solo se vale de los ángeles en gracia no de los caídos o también llamados demonios que ya han perdido la gracia) [24] puede moverse localmente. Pero así como estar en un lugar conviene al cuerpo y al ángel de modo equivoco, esto mismo sucede cuando se trata del movimiento local. En efecto, el cuerpo ocupa un lugar por cuanto está contenido en el lugar y yuxtapone a él sus dimensiones, (La tasa es el continente y lo que tiene dentro es lo contenido) por lo cual es preciso que el movimiento local del cuerpo sea medido por el lugar y se acomode a sus exigencias; y de aquí que la continuidad del movimiento dependa de la continuidad de la magnitud o espacio, y al después del espacio corresponda el antes y el después del movimiento local del cuerpo, como dice el Filósofo. (El antes y después también supone el tiempo) Pero el ángel no está en un lugar en cuanto medido y contenido, es decir, como el cuerpo sino más bien en cuanto continente. (Apliquemos d modo inverso lo de la taza y comprenderemos mejor lo que Santo Tomas dice) De ahí que el movimiento local del ángel no se mide por el lugar mismo o por sus exigencias de continuidad, sino que es un movimiento discontinuo. En efecto, puesto que, según hemos dicho, la única manera de estar el ángel en un lugar es por el contacto de su virtud, es necesario que el movimiento del ángel en el lugar no consista más que en diversos contactos, sucesivos y no simultáneos, con los distintos lugares, ya que, como hemos dicho, el ángel no puede estar simultáneamente en muchos lugares, como es el caso de Dios nuestro Señor, y este género de contactos no son necesariamente continuos. Puede, sin embargo, encontrarse en estos contactos cierta continuidad. Según hemos visto, no hay inconveniente en asignar al ángel, por razón del contacto de su virtud; un lugar divisible, como se asigna un lugar divisible al cuerpo por razón del contacto de sus dimensiones. Por tanto, así como el cuerpo abandona sucesivamente, y no todo a la vez, el lugar donde antes estaba, de donde proviene la continuidad de su movimiento local, así también el ángel puede abandonar paulatinamente el lugar donde primero estaba, y de este modo su movimiento sería continuo. Mas puede también abandonarlo de repente y ocupar súbitamente la totalidad, de otro, y en este caso su movimiento no sería continuo sino discontinuo [25],


Al hablar aquí Santo Tomás del ángel bienaventurado, no ha de entenderse la doctrina restringida a él con exclusión de los ángeles malos. Tanto en el prólogo de: la cuestión como en el desarrollo del artículo, habla del ángel en general, sin distinción alguna. El mencionar especialmente a Ios ángeles buenos es debido a que considerando las objeciones 2 y 3 el movimiento como algo imperfecto, respecto a los ángeles buenos parece ofrecer especial dificultad por el estado de felicidad y perfección consumada en que se encuentran, La doctrina aquí expuesta es, pues, común a todos los ángeles, buenos y majos, si bien en los malos el movimiento local y sus demás operaciones en el lugar, con su poder natural, están coartadas por Dios en castigo de su pecado.