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viernes, 1 de julio de 2016

TRATADO DE LOS ANGELES - SANTO TOMAS DE AQUINO

DE LAS JERARQUIAS y COROS ANGELICOS.


En los artículos anteriores hemos tratado sobre el número de los ángeles y su diferencia entre sí, es decir, que un ángel no es igual que el otro, esto en virtud de la perfección divina y dl universo, pues cuanto más diferentes sean entre si mas se resalta la omnipotencia del creador y su perfección divina. Pero no se ha comentado de las jerarquías que Dios ha establecido entre ellos lo cual cada jerarquía cuenta con miríadas y miríadas de ángeles lo que hace aun más complejo conocer su número por parte de nuestra inteligencia.

Nos apresuramos a advertir al lector que la doctrina que vamos a exponer en este artículo no es de fe, ni ha sido enseñada expresa o formalmente por la Iglesia. Tiene, sin embargo, un sólido fundamento en la Sagrada Escritura y en la tradición católica y ha sido aceptada comúnmente por los teólogos. Rechazada no sería, pues, una herejía formal, pero sí una manifiesta e insensata temeridad. Sin embargo, en su exposición tendremos mucho cuidado en distinguir lo cierto de lo dudoso y la doctrina común de las simples opiniones particulares de los teólogos o tratadistas.

Empezaremos con unas sencillas nociones previas en torno a la terminología.

a) La palabra jerarquía (de! griego lspóc, sagrado, y ápX1Í, poder) significa potestad sagrada. Se refiere, por consiguiente, a todos aquellos que tienen mando o autoridad sagrada sobre sus subordinados. Por extensión, un tanto abusiva, se aplica también a los que ejercen mando o autoridad política, militar, etc.

b) Se entiende por órdenes o coros angélicos los distintos grados que pueden distinguirse dentro de las jerarquías angélicas, en la forma que explicaremos más abajo.

A continuación exponemos en forma de conclusiones la doctrina comúnmente admitida entre los teólogos católicos.

Conclusión la Los ángeles se distribuyen convenientemente en tres jerarquías: suprema, media e ínfima. Para probar esta conclusión no puede invocarse la Sagrada Escritura ni e! magisterio oficial de la Iglesia, ya que nada nos dicen acerca de ella. El primero en hablar de jerarquías angélicas fue e! Pseudo-Dionisio Areopagita en su clásica obra De caelesti hierarchia. Su clasificación fue aceptada, en general, por los Padres y teólogos posteriores, dado e! enorme prestigio del falso Dionisio, al que identificaban con e! discípulo de San Pablo, del que nos hablan los Hechos de los apóstoles (cf. Act 17,34), que fue el primer obispo de Atenas y murió mártir, siendo canonizado por la Iglesia. La crítica posterior ha demostrado que las obras atribuidas a San Dionisio Areopagita no son suyas, sino de un autor neoplatónico de fines del siglo IV.


Para justificar de alguna manera la triple jerarquía angélica descrita por el Pseudo-Dionisio, el Doctor Angélico razona del siguiente modo:

P. DIOS CREADOR Y GOBERNADOR

«Han de distinguirse en los ángeles tres jerarquías. Hemos dicho que los ángeles superiores conocen la verdad de modo más universal que los inferiores 2. Esta acepción universal del conocimiento admite tres grados en los ángeles, puesto que pueden considerarse bajo tres aspectos las razones de las cosas sobre que son iluminados los ángeles.

a) El primer aspecto es en cuanto que tales iluminaciones proceden del primer principio universal, que es Dios; y este modo compete a la primera jerarquía, que se extiende inmediatamente hasta Dios y que está situada como «en la antecámara de Dios, según la expresión de Dionisio.

b) El segundo aspecto es en cuanto que tales razones dependen de las 'causas universales creadas, que en alguna manera ya son múltiples; y este modo de iluminación corresponde a la segunda jerarquía.

c) Por último, según que estas razones son aplicadas a las cosas singulares en cuanto dependen de sus propias causas; y este modo es propio de la ínfima jerarquía. Esto se aclarará plenamente cuando tratemos en particular de cada uno de los órdenes o coros angélicos.

Conclusión 2. Existen nueve órdenes o coros angélicos, que reciben los nombres de serafines, querubines, tronos, dominaciones, virtudes, potestades, principados, arcángeles y ángeles. Esta conclusión es mucho más firme y segura que la anterior, puesto que los nombres de esos nueve coros angélicos constan expresamente en la Sagrada Escritura; aunque no puede decirse que sea una verdad de fe, puesto que la Sagrada Escritura no declara que cada uno de esos nombres corresponda a un orden de ángeles distinto de todos los demás órdenes, ni niega la existencia de algún otro orden además de los nueve enunciados. Es, pues, una doctrina seria y probable, pero de ningún modo un dogma de fe expresamente revelado. He aquí algunos textos bíblicos en los que van apareciendo los distintos coros angélicos que hemos enumerado: «Había ante El serafines, cada uno con seis alas (ls 6,2). «Expulsó al hombre y puso delante del jardín de Edén un querubín, que blandía flamante espada (Gen 3,24). «Porque en Él fueron creadas todas las cosas del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles, los tronos, las dominaciones, los principados, las potestades; todo fue creado por El y para El» (Col 1,16). «Por encima de todo principado, potestad, virtud y dominación, y de todo cuanto tiene nombre, no sólo en este siglo, sino también en el venidero» (Eph 1,21).

El arcángel Miguel, cuando altercaba con el diablo..., dijo: Que el Señor te reprenda (ludae 9). «Una vez sometidos a Él los ángeles, las potestades y las virtudes, subió al cielo y está sentado a la diestra de Dios» (1 Petr 3,22). En cuanto a las diversas funciones y oficios que corresponden y desempeñan cada uno de estos nueve órdenes o coros angélicos, nuestro desconocimiento es casi total, ya que nada puede afirmarse con fundamento en la Sagrada Escritura. La tradición cristiana está muy dividida en este asunto y, por lo mismo, no puede esta hacerse tampoco un argumento firme a base de ella. El gran San Agustín reconoce paladinamente su ignorancia sobre esta cuestión. He aquí sus propias palabras  «Que hay en el cielo tronos, dominaciones, principados y potestades, lo creo firmemente; que se distinguen entre sí, no me cabe la menor duda; pero en cuanto a decir qué son y en qué se diferencian entre sí..., confieso que lo ignoro totalmente.

Sin embargo, a título de curiosidad, recogemos a continuación la opinión de San Gregorio Magno y la del Pseudo-Dionisio Areopagita, que fue el verdadero creador de esta teoría sobre las jerarquías angélicas.

SAN GREGORIO MAGNO.
Para San Gregorio Magno, la diferencia de los nombres con que se designan los nueve coros angélicos no se refiere a la naturaleza de los ángeles, sino a sus diversos oficios o funciones. Estas funciones son las siguientes:

1. Los ángeles anuncian las cosas de menos importancia.

2. Los arcángeles, las de gran importancia o trascendencia.

3.  Las virtudes realizan los milagros.

4. Las potestades mantienen a distancia a los espíritus perversos y les impiden tentar a los hombres a medida de sus deseos.

5. Los principados presiden a los ángeles buenos, disponen lo que éstos han de hacer y dirigen los ministerios divinos que han de cumplir.

6. Las dominaciones dominan de una manera trascendente el poder de los principados.

7. Los tronos asisten a los juicios divinos, sirven de asiento a Dios y son los ejecutores de sus decretos.

8. Los querubines contemplan más de cerca la claridad de Dios y poseen la plenitud de la ciencia.

9. Los serafines, más cerca todavía de su Creador, son como un fuego incomparablemente ardoroso e incandescente de amor.

Todas estas funciones de los ángeles, desde la más pequeña hasta la más alta, son para el hombre un ejemplo que debe procurar reproducir en su vida. Esta es la conclusión práctica que saca San Gregorio de la exposición que acabamos de citar.

EL PSEUDO-DIONISIO AREOPAGlTA. Como ya hemos dicho, se debe a este autor desconocido la teoría completa sobre la jerarquía celestial. Con gran ingenio y agudeza mental imaginó una organización del mundo angélico armoniosamente coordinada según una escala descendente, que va desde los serafines hasta los simples ángeles. Según él, todos los espíritus angélicos son de la misma naturaleza y no difieren más que por el lugar que ocupan. Pero este lugar les ha sido designado por Dios en razón del orden sagrado de que han sido revestidos, de la ciencia que poseen y de la acción que ejercen. La finalidad de la jerarquía angélica no es otra que "la mayor semejanza y unión con Dios posible. Por lo mismo, cada orden o coro angélico debe, según su .capacidad, imitar a Dios, hacerse su colaborador y poner de manifiesto en sí mismo la eficacia de la acción divina. En cuanto a la pureza, la iluminación y la perfección recibida de Dios, cada orden o coro se aprovecha en primer lugar personalmente, y después las comunica al orden o coro inferior, y éste al siguiente, y así sucesivamente hasta llegar al último.

Sin explicar la razón de ser de cada uno de los nueve coros, el Pseudo-Dionisio, según la enseñanza que pretende sacar de San Pablo, se contenta con una simple descripción. Divide los nueve coros en las tres jerarquías superpuestas de las que hemos hablado en la conclusión anterior, distribuyendo tres coros angélicos a cada una de ellas en la siguiente forma:


PRIMERA JERARQUIA. Es la más cercana a Dios, la más inherente y la más unida al Ser divino. La componen los siguientes coros:

Los serafines, espíritus incandescentes de fuego y amor, con el que inflaman a los demás.

Los querubines, llenos de ciencia divina, que reflejan y con la que iluminan a los demás.

Los tronos, cuyo nombre designa un estado eminente.


SEGUNDA JERARQUIA. Ocupa un lugar intermedio y sirve de enlace entre la primera, que está en contacto con Dios, y la tercera, en contacto con las criaturas humanas. Está formada por los siguientes coros:

Las dominaciones, espíritus libres de toda opresión que, sin el menor temor servil permanecen solícitos ante Dios están continuamente a su servicio y dominan a los espíritus angélicos inferiores.

Las virtudes, que, dotadas de una fuerte e invencible virilidad. que manifiestan en todos sus actos deiformes, impiden cualquier disminución de la luz divina infusa y prestan a los ángeles inferiores la fortaleza que necesitan.

Las potestades, que incapaces de abusar tiránicamente de su poder y siempre invenciblemente dirigidos hacia las cosas de Dios, prestan a los demás ángeles un concurso bienhechor,


TERCERA JERARQUÍA. Es la más alejada de Dios y la más próxima al hombre, sobre el que ejercen de continuo su benéfica influencia. Está compuesta por los siguientes coros:

Los principados que dirigen las obras ministeriales que han de ejecutarse por orden de Dios.

Los arcángeles, encargados de anunciar a los hombres las cosas más importantes y trascendentales.

  Los ángeles, que anuncian las cosas de menor importancia.


Estas tres jerarquías están unidas las unas a las otras por un punto de contacto entre el último coro de cada una de ellas y el primero de la siguiente, y, dentro de cada una, el coro intermedio sirve de enlace entre el primero y el tercero, como el eslabón de una cadena de la resurrección serán iguales a los ángeles en el cielo (cf. Le 20,36). Tratándose, en efecto, del orden angélico, lo que se refiere a la simple naturaleza es algo puramente material; lo que constituye aquel orden de una manera completiva y perfecta son los dones de la gracia, que dependen de la liberalidad de Dios y no de la naturaleza. Pueden, por tanto, los hombres merecer, mediante los dones de la gracia, tanta gloria que vengan a igualarse con los ángeles en cualquiera de los grados angélicos. Y esto es lo que queremos decir cuando afirmamos que los hombres bienaventurados son elevados a los órdenes o coros de los ángeles. Comentando esta sublime doctrina, el cardenal Cayetano aclara que no todos los hombres serán elevados a los coros de los ángeles, sino que algunos ascenderán sobre los mismos ángeles, como la Virgen María; otros se mezclarán con ellos, como los apóstoles y los grandes santos; y otros, en fin, quedarán bajo todos los ángeles, como puede racionalmente creerse de los niños que vuelan al cielo inmediatamente después del bautismo (o sea, sin haber contraído todavía ningún mérito personal) y de otros muchos que no alcanzaron en este mundo el grado de gracia de los ángeles inferiores.