utfidelesinveniatur

viernes, 10 de junio de 2016

TRATADO DE LOS ANGELES - SANTO TOMAS DE AQUINO

Exposición teológica de Santo Tomás acerca de
la existencia de los ángeles (a. 1)


N. B: Estimados lectores, en virtud del tema que tratamos en cuanto a su profundidad y complejidad y en razón de que muchos no tienen el habito de la filosofía y la teología puede haber palabras o pasajes que no entiendan. Por favor pregunten lo que no entiendan a quien esto escribe por medio de nuestro correo electrónico, nos dará gusto responder a sus preguntas.

Atte. Padre Arturo Vargas

Como indicado queda, la cuestión que el Angélico se propone en él articulo no es propiamente la que figura en el título que al mismo pusieron los primeros editores, en el que se pregunta "sí el ángel es del todo incorpóreo", sino más bien el sentido y alcance del problema está planteado por Santo Tomás en el prólogo de la cuestión, según el cual lo primero que se propone considerar "sí existe alguna criatura del todo espiritual y absolutamente íncorpórea", Es decir, una substancia de tal forma elevada sobre la naturaleza del cuerpo y la materia, que ni ella ni su operación sean corpóreas o ejercida, como un mero instrumento, mediante órgano corpóreo, propuesta así la cuestión, la solución que en el artículo se da cuadra perfectamente, con el enunciado del mismo, es decir, trata de la existencia de los ángeles, reservando el tratar plenamente de la perfecta espiritualidad de ellos para el artículo siguiente, al cual nos remitimos.

Limitado así el problema a la sola existencia de seres puramente espirituales, la conclusión del Aquinatense es afirmativa, y su argumentación, vigorosa, a la vez que clara y sencilla. La base para la solución está en otros principios que anteriormente ha expuesto el santo Doctor y de los cuales es consecuencia lógica, Veámoslo. Después de la bondad divina-dice en el cuerpo del artículo 4 de la cuestión 22 de la primera parte-, que: es un fin independiente de las cosas, el principal bien que en ellas existe es la perfección del universo, que no existiría si en el mundo no se encontrasen todos, los grados del ser. Por tanto, corresponde a la Providencia divina producir el ser en todos sus grados". Y siendo uno de los grados del ser el entender, que no puede ser acto del cuerpo ni de nada corpóreo, siguese que deberán existir seres intelectuales perfectamente espirituales e incorpóreos, a los que llamamos ángeles.
Además, la perfección de las cosas creadas consiste en asemejarse a Dios, que la causa, y la perfecta semejanza se dará formalmente cuando el efecto se asemeje a la causa no sólo en razón de efecto, sino precisa y formalmente según aquella misma forma por la cual el efecto es producido.

Dios causa las cosas por el entendimiento y la voluntad (l." p',q. 14, a. 8; q. 19, a. 4). Mas el acto entender trascienden la naturaleza corpórea. Por consiguiente, dándose entre las cosas creadas una naturaleza intelectiva incompleta y en estado imperfecto, y en su operación propia dependiente extrínsecamente del cuerpo, como forma substancial de él tal es el alma humana, es lógico que se dé también entre las cosas existentes una naturaleza intelectiva creada más perfecta, que sea substancia completa aun específicamente y perfectamente espiritual y a estos se les llama ángeles.

Santo Tomás nos dice en otro lugar a este propósito: "Si conviene que antes de lo imperfecto en algún género exista lo perfecto en él, es conveniente que antes de las almas humanas, que entienden mediante las especies, existan algunas substancias intelectuales que entiendan las cosas que son en sí inteligibles, y que no reciban su conocimiento de los sentidos y, por consiguiente, totalmente separadas de los cuerpos" y eso solo se da en los angeles que no tienen materia. (suma, Gent. cap. 91).

Es ésta la única manera de que no haya solución de continuidad en la escala de los seres, en los cuales vemos una hermosa graduación desde la materia inorgánica hasta el hombre, que por su perfecta organización y por la perfección de sus operaciones es el microcosmos en el cual se hallan reunidos todos los grados de perfecciones esenciales de los otros seres. En el universo se dan el simple ser, la vida vegetativa, la sensitiva y la intelectiva, ¿No habrá, pues, en el mundo un ser creado en el que se dé el ser intelectivo separado de todos los demás, como hay seres en los quedan solos algunos de los otros grados? (cf. Oonvpend:Theol., cap. 75). Además, se da cuerpo sin espíritu y cuerpo unido al espíritu; es decir, se da un extremo y un medio. Lógico es que se dé también el otro extremo, o sea, espíritu separado de todo cuerpo.

Con razón concluye Santo Tomás que "es necesario poner alguna criatura incorpórea para que el universo sea perfecto". Aunque no ha de exagerarse la conclusión llevándola más allá de los límites de mera posibilidad y conveniencia, poniendo una estricta necesidad del hecho, que solo la revelación divina puede darnos a conocer, ya que el que se den objetivamente todos los grados del ser en la escala de las cosas depende única y exclusivamente de la libérrima voluntad de Dios, que a nada extrínseco se ve necesitado.


Que tal sea el sentir del Angélico en este punto, lo dice bien claramente el final del artículo, donde, refriéndose a la argumentación que acaba de exponer, dice que "razonablemente muestra que existen algunas cosas incorpóreas que sólo el entendimiento puede comprender". Si aun nos es conveniente para entender lo dicho en esta introducción al artículo 1, q, 50. Oigamos lo que el Aquinate nos dice: “Es necesario admitir la existencia de algunas criaturas incorpóreas. Lo que principalmente se propone Dios en las criaturas es el bien, consistente en que se asemejen a Él (Bien supremo por excelencia). Pero la semejanza del efecto a la causa se considera perfecta cuando el efecto la imita según aquello por lo cual la causa produce su efecto, v. gr., el calor, que produce un cuerpo caliente; y Dios, según hemos visto, produce a la criatura por su entendimiento y por su voluntad. Luego para la perfección del universo se requiere la existencia de algunas criaturas intelectuales (cuyos sean puramente espirituales; inteligencia y voluntad) (es decir los ángeles, en virtud de que ellos, como efecto de la causa se asemejan a Dios en lo puramente espiritual). Mas el entender no puede ser acto del cuerpo ni de facultad alguna corpórea, porque todo cuerpo está sometido al tiempo y al espacio. Por consiguiente, para que el universo sea perfecto, es necesario que exista alguna criatura Incorpórea (los ángeles no están sometidos a la materia dígase cuerpo ni al tiempo ni al espacio o ubi, como los hombres compuestos de alma y cuerpo) (2.) Sin embargo, los antiguos, que ignoraron la existencia de la facultad intelectual y tampoco distinguieron entre el entendimiento y el sentido (hace referencia a los cinco sentidos del hombre), pensaron que en el mundo no existe sino lo que perciben los sentidos y la imaginación; y como al alcance de la imaginación no están más que los cuerpos, juzgaron, como dice el Filósofo, que en el mundo no hay ser alguno que no sea cuerpo; y de aquí procedió el error de los saduceos, quienes decían que el espíritu no existe.  Pero el solo hecho de que el entendimiento sea superior al sentido prueba razonablemente la existencia de seres incorpóreos, que sólo el entendimiento puede conocer”.