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sábado, 2 de abril de 2016

LA EXISTENCIA DE DIOS - ROYO MARÍN


 La EXISTENCIA DE DIOS



1.- El P. SertilIanges comienza el prefacio de su magnífica obra Las fuentes de la creencia en Dios con estas palabras: "¡Cómo escribir sin tristeza el título de este libro! ¿No denuncia acaso, por sí solo, nuestra miseria de espíritu frente a pensamientos que deberían ser vida de la humanidad entera? Difícil le es a un creyente confesarse que se ha hecho necesario ahora demostrar la existencia de Dios, como si ésta no resplandeciese en el múltiple espejo que a nuestros ojos presentan así la naturaleza como el hombre. Triste honor de nuestro tiempo es haber rehabilitado el ateísmo. Este era antes tenido como una monstruosidad intelectual; hoy pasa por heroísmo y liberación generosa. ¿No salta a los ojos que el libertar de esta suerte el espíritu humano equivale a librarle de sus alas? Siendo esclavo de todo, ¿convendrá todavía cerrar Ie la ventana por la cual hallaban camino abierto sus esperanzas?

El ateísmo, en efecto, además de una monstruosa aberración intelectual, representa una odiosa y cruel esclavitud para el corazón humano. ¡Pobre hombre aquel a quien arrancan de raíz la  esperanza en otra vida mejor, bajo el signo amoroso de un Dios que ha querido poner por encima de sus derechos de Creador su inmensa ternura de  Padre!. Con todo, se impone en nuestros días una demostración de la existencia de Dios con una doble finalidad: la de confortar la fe vacilante de los indecisos y dejar en ridículo las absurdas pre- tensiones del ateísmo a ultranza. Siguiendo las huellas del príncipe de la teología católica Santo Tomás de Aquino en su maravillosa Suma Teológica, vamos a plantear, en torno a la existencia de Dios, estas tres cuestiones fundamentales: Para justificar este orden téngase en cuenta que  una verdad puede ser evidente con una evidencia  tan clara e inmediata que no necesite demostración alguna: V.g., el todo es mayor que cualquiera de sus partes, el círculo es redondo, etc.; pero puede tratarse de una verdad que no sea de evidencia inmediata (v.gr., la suma de los ángulos de  un triángulo es igual a dos rectos), y entonces  cabe preguntar dos cosas: si puede llegarse a ella  por vía de demostración y, en caso afirmativo,  cómo se demuestra.


CAPITULO I

Si la existencia de Dios es una verdad de evidencia inmediata


2.- 1. Estado de la cuestión.

Nos preguntamos aquí si la existencia de Dios es una verdad tan clara y evidente que no necesita demostración alguna, o si, aunque sea cierta y evidente en sí misma, no lo es con relación a nosotros y necesita, por consiguiente, ser demostrada por el raciocinio o creída por la fe. Para mayor claridad y precisión hay que tener en cuenta que pueden distinguirse dos clases de evidencia con relación a una verdad. Y así:


EVIDENTE EN SI MISMA Y CON RELACIÓN A NOSOTROS
Es aquella en la que todos advertimos, sin necesidad de ninguna reflexión, que el predicado está contenido en el sujeto, v.gr., "el todo es mayor que cualquiera de sus partes", "el círculo es redondo", "yo que hablo estoy vivo", etc. Cabe subdividir esta evidencia en dos categorías o grados:

a) Evidente en sí misma y con relación a todos los  hombres; V.gr., "cuando sale el sol es de día".

b) Evidente en sí misma y con relación a algunos hombres, pero no con relación a todos; v.gr., "los seres incorpóreos no ocupan lugar", cuya evidencia intrínseca sólo advierten, sin necesidad de demostración, los que  sepan que únicamente ocupan lugar los seres cuantitativos, no los que carecen de cantidad como los seres incorpóreos.

EVIDENTE EN SÍ MISMA, PERO NO CON RELACIÓN A NOSOTROS.

Es aquella cuyo predicado está objetivamente contenido en el sujeto, pero cuya evidencia no aparece ante nosotros sino después de  una laboriosa demostración, como ocurre, por ejemplo, con la mayor parte de los teoremas matemáticos.


3.-2. Opiniones. Las diferentes opiniones en torno a esta cuestión pueden reducirse a las cuatro siguientes:

a) La existencia de Dios es una verdad inmediata y evidente, en sí misma y con relación a nosotros, ya que nuestro entendimiento conoce y ve intuitivamente a Dios y en El y por El todas las demás cosas. Tal es el error de los ontologistas (Malebranche, Gioberti, Rosmini, etc.).

b) La existencia de Dios es evidente en sí misma y con relación a nosotros, no porque contemplemos la esencia divina (error ontologista), sino porque la simple aprehensión de los términos nos hace ver claramente y sin ningún esfuerzo que el predicado está contenido en el sujeto. Asi opinaron San Anselmo, San Alberto Magno, Egidio Romano, Dionisio Cartujano, Tomás de Argentina, etc ..

e) La existencia de Dios no es evidente en sí misma ni con relación a nosotros, sino que necesita ser demostrada. Así opinan Enrique de Gante, Escoto, Ockam, Biel, Arriaga, etc.

d) Es evidente en sí misma, pero no con relación a nosotros y, por lo mismo, necesita ser demostrada. Tal es la sentencia de Santo Tomás y de la inmensa mayoría de los teólogos, que vamos a exponer a continuación.

3. Doctrina católica. Para mayor claridad y precisión la expondremos en forma de conclusiones:

Conclusión la. La existencia de Dios no se conoce inmediatamente y por intuición, como afirman los ontologistas. (Completamente cierta).

4.- He aquí las pruebas:

1.-LA SAGRADA ESCRITURA. Enseña claramente que ningún mortal puede ver naturalmente a Dios en sí mismo, sino tan sólo su huella o vestigio a través de las criaturas:

"No me verá hombre alguno sin morir" (Ex. 33,20).  
"A Dios nadie le ha visto jamás" (10 1,18).

"Al presente no vemos a Dios sino como en un espejo y bajo imágenes oscuras; pero entonces le veremos cara a cara" (1 Cor 13,12).

"El solo es inmortal por esencia y habita en una luz inaccesible: a quien ninguno de los hombres ha visto ni tampoco puede ver" (1 Tim 6,16).

No cabe hablar de manera más clara y categórica.


2.- EL MAGISTERIO DE LA IGLESIA.
La Iglesia, por medio del Santo Oficio, ha rechazado toda clase de ontologismo, tanto el rígido (D 1659- 1663) como el mitigado (D 1891-1897).

3.- LA RAZÓN TEOLÓGICA.

Demuestra claramente la falsedad del ontologismo con argumentos decisivos. He aquí algunos:

a). Nuestro entendimiento depende en esta vida de tal modo de las operaciones de los sentidos que no puede naturalmente discurrir de las cosas divinas sino partiendo de las cosas sensibles, de manera mediata y por conceptos análogos. No es posible naturalmente la visión intuitiva de Dios (cf. D 475).

b). Conocer inmediata e intuitivamente al Ser Subsistente sólo es connatural al entendimiento divino y está fuera del alcance de la capacidad  natural de todo entendimiento creado, ya que el conocimiento intuitivo e inmediato de Dios supera infinitamente la capacidad natural del hombre y sólo es posible por elevación sobrenatural de su entendimiento a base del lumen gloriae, como explicaremos en su lugar. De donde se sigue que ni el mismo Dios con su potencia absoluta podría crear un espíritu al que fuera natural la inmediata visión de Dios.

Conclusión 2". La existencia de Dios es evidente en sí misma, pero no con relación a nosotros y, por lo mismo, necesita ser demostrada. (Doctrina cierta y común).

5.- Escuchemos a Santo Tomás explicando esta doctrina:

"La proposición "Dios existe" es evidente en sí misma, porque en ella el predicado existe se identifica con el sujeto (Dios), ya que, como más adelante veremos, Dios es su misma existencia. Pero con respecto a nosotros, que desconocemos la naturaleza divina, no es evidente, sino que necesita ser demostrada por medio de cosas más conocidas de nosotros, aunque por su naturaleza sean menos evidentes, es decir, por sus efectos"


4. Con esto se rectifica el error de los que dicen que la proposición "Dios existe" no es evidente ni siquiera en sí misma, y el de los que afirman que es evidente incluso con relación a nosotros por el simple examen de sus términos. Volveremos sobre este último error en el artículo siguiente al demostrar la invalidez del llamado "argumento ontológico" propuesto por San Anselmo.