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jueves, 3 de marzo de 2016

LA MUERTE DE CRISTO Según Santo Tomás de Aquino

Se pregunta el santo si fue conveniente que Cristo muriese.

Lo que por gracia una vez se concede, nunca se quita si no es por culpa, pues dice San Pablo que "los dones de Dios y la vocación son sin arrepentimiento". Ahora bien, mucho mayor es la gracia de unión, por la cual se une a la carne de Cristo la divinidad en unidad de persona, que la gracia de adopción, por la que somos santificados; y es también de suyo más permanente, porque esta gracia se ordena a la unión personal, y la gracia de adopción, a cierta unión afectiva. Y, sin embargo, vemos que la gracia de adopción jamás se pierde si no es por la culpa. Pues, como en Cristo no haya habido ningún pecado, fue imposible que se rompiera la unión de la divinidad con la carne. Y así como antes de la muerte la carne de Cristo estaba unida personal e hipostáticamente al Verbo de Dios, así permaneció unida después de la muerte, de suerte que no fuese distinta la hipóstasis del Verbo de Dios y la hipóstasis de la carne de Cristo después de la muerte, como dice San Juan Damasceno”.

En el artículo primero Santo Tomas da la explicación de porque Cristo debía morir. Fue conveniente que Cristo muriese. Primero, para satisfacer por el género humano, condenado a muerte por el pecado, según la sentencia que se lee en el Génesis: “Cuando quiera que comieres de el moriréis”. Y es, sin duda, buen modo d satisfacer por otro el someterse a la misma pena  que este tenía merecida. Por eso Cristo quiso morir, para que, muriendo, satisficiese por nosotros, según lo que dice San Pedro: “Cristo murió una vez por nuestros pecados.



Segundo, para demostrarnos la verdad de la naturaleza que había tomado. Pues, como dice Eusebio, “si después de haber vivido con los hombres, súbitamente hubiera desaparecido, rehuyendo la muerte, todos le hubieran comparado con un fantasma”.

Tercero, para que, muriendo, nos librase del temor a la muerte. Por esto se dice en la Epístola a los Hebreos "que comunicó en la carne y en la sangre para qua con la muerte destruyese al diablo, que tenía el imperio de la muerte, y libertase a aquellos que con el temor de la muerte estaban por toda la vida sujetos a la servidumbre".

Cuarto, para que, muriendo en el cuerpo, "según la semejanza del hombre pecador", esto es, sufriendo las penas, nos diera ejemplo de morir espiritualmente al pecado. Por esto se dice en la Epístola a los Romanos:
"Porque, muriendo, .murió al pecado una vez para siempre; pero, viviendo, vive para Dios. Así, pues, haced cuenta de que estáis muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús".

Quinto, para que, 'resucitando de entre los muertos, demostrara el poder con que venció la muerte, y nos diera esperanza de resucitar de entre los muertos. Por esto dice el Apóstol: "Pues si de Cristo se predica que ha resucitado de los muertos, ¿cómo entre vosotros dicen algunos que no hay resurrección de los muertos?"

En artículo 3: Si después de la muerte se separo el alma de la divinidad. Contesta el angélico doctor; “Por otra parte, está la autoridad de San Juan Damasceno, que dice': "Aunque murió en cuanto hombre y su santa alma se separó de su incontaminado cuerpo, la divinidad permaneció inseparable de una y de otro, es decir, del alma y del cuerpo"

Respuesta. El alma se unió al Verbo de Dios más inmediatamente y primero, que el cuerpo. Puesto que el cuerpo se unió al Verbo de Dios mediante el alma, según queda dicho. Pues como el Verbo de Dios no se haya separado del cuerpo en la muerte, mucho menos se separó del alma. De manera que, como se dice del Hijo de Dios lo que es propio del cuerpo separado del alma, a saber, que “fue sepultado", asimismo se dice en el Símbolo que "descendió a los infiernos", porque su alma, separada del cuerpo, descendió a los infiernos.

En articulo 4 se pregunta: “Si Cristo fue hombre en los tres días de su muerte” Por otra parte, tenemos que, suprimido lo superior, queda suprimido lo inferior; ahora bien, lo vivo o animado es superior a lo animal y al hombre, pues animal significa substancia animada sensible; pero en aquellos tres días el cuerpo de Cristo no fue vivo ni animado; luego no fue hombre. Cristo murió de verdad decir lo contrario es ir en contra del artículo de la fe, y, por lo tanto sería contrario a la fe. Por esto se dice en la epístola sinodal de San Cirilo: “Si alguno confiesa que el Verbo de Dios padeció en la carne y que no experimento la muerte, sea anatema.” Ahora bien, la verdadera muerte del hombre o del animal lleva consigo que deje de ser hombre o animal, pues la muerte del hombre y del animal proviene de la separación del alma que completa la noción de animal o de hombre. Por esto, decir que Cristo en los tres días de su muerte fue hombre, es un error. Puede, sin embargo, decirse que en esos tres días Cristo fue “hombre muerto.”

Algunos han confesado que en esos tres días Cristo fue hombre, profiriendo palabras erróneas, pero sin sentir erróneamente en la fe, como Hugo de San Víctor, el cual aseguraba que en esos tres días Cristo había sido hombre, porque decía que el hombre es el alma, cosa falsa, según en la Primera Parte queda probaba. También el Maestro de las Sentencias afirmó que en los tres días de la muerte Cristo fue hombre, porque creía que la unión del alma con el cuerpo no era esencial al concepto de hombre, bastando hombre, bastando para que uno sea hombre que tenga alma y cuerpo unidos o separados; lo cual es también falso, según queda demostrado en la Primera Parte y lo dicho en esta acerca del modo de la unión.

Artículo 6. Si la muerte de Cristo obro algo para nuestra salud. Potra parte, dice San Agustín: "La muerte única de nuestro Salvador, a saber, la corporal, fue saludable para nuestras dos muertes", la del alma y la del cuerpo.

Respuesta. De dos maneras podemos hablar de la muerte de Cristo: la una, si se considera la muerte "infieri"; la otra, si se le considera "in facto esse". Se dice la muerte "in fieri" cuando por padecimientos naturales o violentes tiende uno a la muerte, y entonces lo mismo es hablar de la muerte de Cristo que hablar de su pasión. Así considerada, la muerte de Cristo es causa de nuestra salud, según lo que de la pasión queda dicho atrás. Pero la muerte "in facto esse" es la muerte ya consumada por la separación del alma y del cuerpo, y así hablamos aquí de la muerte de Cristo. De este modo la muerte de Cristo no puede ser causa de nuestra salud por vía de merecimiento, sino sólo por vía de eficiencia, en cuanto que por  muerte la divinidad no se separó de la carne de Cristo" y así cuanto se realizó en ella, aun separada el alma, fue saludable por virtud de la divinidad que le estaba unida.


Ahora bien, el efecto de una causa se considera según la semejanza de la causa, y porque la muerte es cierta privación de la propia vida, el efecto de la muerte de Cristo se considera, como una remoción de lo que contraría a nuestra salud, a saber, la muerte del alma y la muerte del cuerpo. Por esto se dice que por la muerte de Cristo fue destruida en nosotros la muerte del alma, que viene de nuestro pecado" según lo que dice San Pablo a los Romanos: “Se entrego a la muerte por nuestros delitos”, y la muerte del cuerpo, que consiste en la separación del alma, según lo que se lee en la carta a los Corintios: “La muerte queda absorbida por la victoria”