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miércoles, 24 de febrero de 2016

Memorias de de un mártir Cristero o “Entre las patas de los caballos”

Liga Nacional de Defensa Religiosa

Desde mi Sótano…



El pueblo permaneció en vela durante aquella noche y se organizaron guardias permanentes en previsión de un posible ataque de los callistas. En otra ocasión nuestro servicio de contraespionaje informó que la Inspección de Policía estaba en condiciones de asestar tremendo golpe a las imprentas donde se hacía la propaganda de la Liga Defensora de la Libertad, lo cual se confirmó rápidamente, pues en unas cuantas horas los agentes de las Comisiones de Seguridad clausuraron numerosas imprentas comerciales, acusadas de hacer trabajos considerados sediciosos. Al grupo de Pichón le pidieron con urgencia pusiera a todos sus miembros en actividad para salvar la costosa presa donde se hacía el periódico Desde mi Sótano. Corriendo un riesgo inminente, pues se tenía la seguridad de que la policía llegaría de un momento a otro, los ex-socios del grupo Pro Erosión, desarmaron con increíble rapidez la moderna' prensa plana, silenciosa y rápida, que era el orgullo y la esperanza de la oficina de propaganda del movimiento de resistencia. Pieza tras pieza fue llevada a los coches que se las llevaban y volvían por otras más. Así fue posible sacar también cajas de tipo, prensas de mano, y en un alarde de valor y entusiasmo, hasta el papel que tan difícil era conseguir, pues el gobierno vigilaba estrechamente sus fuentes de abastecimiento.

Días después reapareció Desde mi Sótano bajo la dirección del Licenciado Verdad, quien en su primer número elijo: "Al Pueblo Católico. Mexicano: Con motivo de las inundaciones recientes, las clausuras de imprenta, de los ciclones y ventoleras y de otros fenómenos meteorológicos, a Sil vio Pellica, nuestro primer director, se lo ha llevado la trampa. Recojo con gusto la herencia que nos dejó, y de hoy en adelante, tras de breve interrupción de nuestro periódico, el periódico de primera necesidad, tendré la honra ele cargar con su peliaguda dirección".

El artículo de fondo revelaba profunda amargura por lo ocurrido. Se titula ¡Judas!, y dice: Hay un tipo, entre los tipos criminales, el más abominable odioso de todos. Es la deshonra de la especie humana: Judas Iscariote. Hay traidores de todas clases, la beata fingida, aparentemente una señora de la aristocracia, que se constituye por unos cuantos pesos espía de la Secretaría de Gobernación, y se hace invitar a las reuniones de católicos, para ir luego con el chisme a quien le paga. El agente confidencial, que se insinúa en alguna familia, y aun se finge cura, para delatar un supuesto complot. El amigo de antaño, que come en la misma mesa, y recibe las atenciones de una caritativa señora y sus buenas hijas, y por quinientos pesos denuncia, agrandándolas, unas palabras inconsideradas, dichas en la intimidad de la familia. El General que se dice revolucionario y enemigo del gobierno, y ostenta bajo su dolman medallas,  escapularios y reliquias, y lleva a la tragedia final a dos jóvenes que se confían de él. El alto prócer de las más altas de las mas esferas, que ayer era un joven piadoso, educado en colegio católico por sacerdotes, miembro de la Congregación de San Luis, etc., etc., ¡hoy consigna y hoy consigna obispos, curas y fieles; el plato de lentejas de una curul en la Cámara, o de un puesto alto en el Gobierno o en la .Magistratura, le han hecho renegado contra su conciencia, y más aún: ¡traidor, Judas! Vender al enemigo, vengarse, ajustar sus actos a la ley del Talión: ojo por ojo, diente por diente, es malo, es perverso, es profundamente anticristiano. Pero vender al amigo, traicionar con un beso, pagar con males los bienes, fingirse partidario para sorprender secretos cotizables en OTO por el perseguidor... ¿Hay cosa más asquerosa que esto? Al leerlo sentimos indignación, pero estábamos satisfechos porque en alguna parte trabajaba ya la imprenta salvada por nosotros de las garras de la policía del régimen opresor.

EL SECRETARIO DE EDUCACIÓN PÚBLICA no quiso pasar por moderado en aquel maratón de radicalismo y declaró ilegal la imagen de Jesús Crucificado, sancionando con la clausura y confiscación a las escuelas particulares que la tuvieran. La Confederación Nacional de Estudiantes Católicos, nacida al calor de la lucha y profusamente extendida, se opuso a tal determinación; pero como los directores de los colegios se vieron obligados a ceder, los estudiantes acordamos sustituir las imágenes suprimidas con cruces pintadas por nosotros en los muros o grabadas en la madera de nuestros pupitres. Decidimos publicar una protesta y por varios días nos reunimos para redactarIa. En parte dice: Los Colegios católicos subsisten prodigiosamente; mas lo que ahora se exige es, dentro de lo excesivo, demasiado: i quitar los Cristos de las escuelas! No es posible una escuela sin un crucifijo, pues los que en ella enseñan han menester de llevarlo alto en las manos. Porque esa imagen es luz; y el maestro es guía, porque esa imagen es virtud, y el maestro es sembrador. Esa imagen es vida J' el maestro es padre. Una escuela católica no se concibe sin un Cristo; y en ninguna aula, lugar donde se investiga la verdad y donde debe predicarse el bien, está por demás un Crucifijo, porque nuestra civilización no se explica sin Cristo, quien ha guiado los pasos del hombre a través de los caminos del bien, como de la cultura.

Orígenes y Tertuliano; Ambrosio y Jerónimo y Agustín, maestros imperecederas de la filosofía y de la elocuencia... Monasterios de Saint Gall, de Corbie y de Cluny; escuelas de París y de Orleans. Universidades que los Papas fundaron desde el siglo duodécimo, que escucharon las frases de Aquinos, Buenaventuras y Scotos. .. Sobre vosotros, como sobre los Bacón y los Guttemberg, Kepplers y Copérnicos, vascos de Gama y Magallanes, se extiende la sombra de la Cruz. El Secretario de Educación explica semejante decisión diciendo que el Crucifijo es lábaro de cierta rebeldía. Un Cristo no puede ser divisa de rebeldía, puesto que lo es de paz y de redención. Fuera absurdo pretenderlo, y, además, en un pueblo consciente, no se suprime la inconformidad a que hace referencia el señor ministro suprimiendo símbolos y emblemas.  Si no se quiere dañar a la niñez y a la juventud mexicana, futura guía de los destinos nacionales; si no se les quiere enfermar cerebros y corazones, de mal incurable quizás, no se les quite esa cátedra de verdad; ese ejemplo único de generosidad, esa imagen inagotable de redención .. , ¡No se les quite el Cristo! Orgullosos firmamos nuestra protesta y nombramos comisiones para llevarla a los periódicos


solicitando su publicación, pero sólo conseguimos comprobar que éstos no querían contravenir la ley Calles que les impone la prohibición, bajo pena de clausura, de publicar toda noticia "de tendencia marcada en favor de alguna determinada creencia religiosa". Ante esto decidimos publicarla por nuestra cuenta. i Con qué gusto la vimos impresa y al pie de ella nuestros nombres! Tan sólo nos decepcionó que transcurrieran los días y no fuéramos buscados y aprehendidos por haberlo hecho.

Mientras tanto, se aproximaba el día de Cristo Rey, que para los católicos mexicanos tiene significado muy especial. La Liga Defensora de la Libertad proclamó su realeza e invitó al pueblo a rendirle homenaje en una peregrinación a pie, a la Basílica de Guadalupe. Los de los grupos Daniel O'Connell, considerablemente reforzados por contingentes de la Confederación de Estudiantes Católicos, recibimos la consigna de organizar el paso de los peregrinos a través de la Basílica y cuidar el orden desde el atrio hasta el interior. A las seis de la mañana salimos de Peralvillo y nos dirigimos por la Calzada de Guadalupe hacia la Basílica. De diez en fondo se extendía la multitud a través de las calles. El fervor era contagioso. La mayor parte de los fieles desfilaban descalzos, rezando en coro el Rosario y entonando cantos religiosos, entre los que ininterrumpidamente se escuchaba:

¡Que viva mi Cristo!
¡Que viva mi Rey!
¡Viva Cristo Rey!

Llegaba la cabeza de la peregrinación a la mitad del largo trayecto, cuando por una calle lateral apareció un escuadrón de la policía montada que cerró el paso y, cargando con sus caballos, trató de dispersamos; no logró sino hacemos salir de la Calzada de Guadalupe, pues la marcha continuó por el terraplén de la vía de ferrocarril que corre paralela, y hacer bastante más penoso el recorrido para los que descalzos hallaban el balasto de la vía. También allí pretendieron ahuyentamos, pero la multitud no se desperdigó y el río humano prosiguió incontenible, hasta que al avanzar la mañana, aumentando la afluencia de creyentes, la policía optó por desplegarse a lo largo del terraplén en actitud vigilante. La Basílica organizamos la entrada por las puertas del frente y la salida por las laterales, sin permitir a nadie detenerse, porque el contingente humano llegaba sin interrupción. Fue necesario redoblar varias veces el número de quienes recibían las ofrendas florales, que formaron cerro ante el altar. Los cirios que los peregrinos llevaban encendidos a través de las naves del templo, daban al recinto sagrado el aspecto de un río de fuego.

-¡Viva Cristo Rey! -gritaba el pueblo conmovido, y se desbordaba el entusiasmo en aplausos y vivas a la Virgen de Guadalupe, al Papa, al Arzobispo. Frecuentemente el Himno Nacional dominaba el vocerío entonado con la más viva emoción. Después de ver por unos momentos a la Reina de México, congregábase la gente en las afueras de la Basílica, pues quería permanecer disfrutando de aquella fiesta de libertad; la policía uniformada se abstuvo de aproximarse al atrio y los agentes de la reservada, que pronto fueron identificados por nosotros, resultaron impotentes para impedir que el pueblo rezara y cantara a su antojo en la vía pública y optaron por dejar en paz a los peregrinos.

Cuando por la noche regresaba a casa, fatigado pero feliz, daba gracias a Dios por haberme permitido disfrutar de la emoción del triunfo que habrá de venir. En esos días la Liga organizó una campaña para intensificar el boycot, la cual se inició con la fijación de carteles murales con la siguiente leyenda: 12 de noviembre de 1926 Intensificación del ¡BOYCOT! fijación que se hizo en toda la ciudad, por estudiantes, acejotaemeros y miembros de la Liga. Yo salí de noche con el Centavo por las calles de Santa María la Ribera, que por su iluminación y por estar ubicada en ellas la Séptima Demarcación de Policía ofrecían mayores dificultades. En casa, mi madre nos había preparado un bote de engrudo y facilitado una brocha de pintor, con lo que cargó el Centavo, quien iba una cuadra adelante de mí embadurnando de engrudo espacios de pared propicios para pegar carteles, que yo llevaba cuidadosamente doblados en las bolsas de mi traje; rápidamente los extendía sobre la superficie embadurnada, los presionaba con las manos, y adelante. La tarea se desarrolló sin más contratiempos que el tener que escondernos en ocasiones, en otras disimular o salir a calles menos alumbradas, cuando algún coche o persona nos parecía sospechoso.

Al llegar a mi domicilio tuve la desagradable sorpresa de enterarse de que mi padre había sido aprehendido por un gendarme que lo sorprendió fijando un cartel, por lo que fui a la comisaría, que dormitaba como aletargada por su propia pestilencia. Estuvo mi padre detenido varias horas, pero al fin fue puesto en libertad, pues afortunadamente sólo había llevado consigo un cartel previamente engomado, por lo que no pudieron constituir "el cuerpo del delito" al levantar el acta, ya que no llevaba brocha, ni engrudo, ni la propaganda de que se le acusaba. Su entusiasmo por la causa le había impelido a cooperar y después platicaba con detalles su prisión, él, que hasta entonces nunca había pisado una comisaría. Con la intensificación del boycot aparecieron profusamente en las calles carteles murales pegados por el Sindicato Único de Fijadores, creado por la CROM para controlar legalmente toda la publicidad que por este medio se hiciera, y el cual, ignorante del significado de la propaganda, anunció la aparición de Los Cuarenta Engomados, los que inmediatamente después inundaron  la ciudad, en postes, en tranvías y camiones, en los centros de espectáculos, en todos los lugares y hasta en las oficinas de gobierno.

Eran estos engomados pequeños impresos y venían en planillas de cuarenta, debidamente perforadas para facilitar su corte; resultaba extremadamente fácil ocultarlos en la palma de la mano y pegarlos en cualquier lugar por vigilado que estuviera. En ellos aparecía el escudo de La Liga Defensora de la Libertad y una leyenda, a cual más expresiva. Recuerdo las siguientes: ¡CALLES! i Repasa la historia y fin de los tiranos! ¡Mujer Mejicana: Estás escribiendo una epopeya sublime! concluye tu obra! iDerrumba al tirano! LA LEY DEBE PROTEGER EL DERECHO. Cuando lo ataca es preciso reformar la ley. En las luchas decisivas el que no ayuda ¡traiciona! ¡CALLES: tú podrás arrancar 400,000 engomados semanarios pero no podrás arrancar el odio de quienes los pegaron sino cuando lo merezcas Los católicos mexicanos peleamos por la Libertad, el Decoro, la Civilización Mundial. Este tipo de propaganda entusiasmó al elemento estudiantil que los pedía incesantemente para colocarlos en los lugares más difíciles, desplegando en ello su ingenio. Así fue posible ver policías técnicos con engomados pegados en el cinto y aun en las fundas de sus pistolas, encontrarlos en los escritorios de las comisarías, en los coches de los funcionarios, en los pasillos de las Cámaras, en los buzones del correo y en todo lugar imaginable.

Desesperados los callistas pusieron gente a desprenderlos y agentes a perseguirlos, pero fueron relativamente pocos los aprehendidos por este motivo. En una ocasión salimos de la escuela un grupo de treinta y así, en montón, pegamos descaradamente los cuarenta engomados en postes, vehículos y puertas, sin que nadie se atreviera a molestarnos y sí muchos reían y nos aplaudían. El Gato fue sorprendido en fragante delito, según dijo el gendarme, y conducido a la demarcación de policía, pero en el trayecto pudo deshacerse hábilmente de los engomados que llevaba. El agente investigador le preguntó por qué lo habían detenido.

-Por el delito de tocar madera -contestó.

-¡Cómo! ¿Qué delito es ése? -preguntó el agente.

-Pues no sé -respondió el Gato-. Pensé que podían tronarme en los próximos exámenes. Asustado busqué madera y tenté un zaguán, diciendo ¡Lagarto! Toco madera, y... ¡ Zas! me agarra el señor y me trae para acá.

El gendarme informó que el Gato estaba en el zaguán, presionando el lugar donde había un engomado; pero éste, firme en que "tocaba madera", fue dejado en libertad. En la misma forma que a los engomados, anunció la CROM profusamente por toda la ciudad El Espectáculo del Año, otra bien planeada publicidad de la Liga, que proyectaba lanzar simultáneamente al espacio mil aeróstatos de vastas dimensiones, en cuyas caras se veía en grandes caracteres la palabra boycot y el escudo de la Liga; cada uno llevaría tres gruesos fajas de hojas impresas en fino papel de china, en colores verde, blanco y rojo, que soltarían a cierta altura, y desparramarían en los momentos en que miles de empleados salieran de sus trabajos y llenaran calles y plazas.



Bono de cooperación de 10 centavos para la delegación de Nuevo León. 1926