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sábado, 9 de enero de 2016

"EL MISTERIO DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO"

CAPITULO XXIII:
EL PADRE QUE MORA EN MI HACE SUS OBRAS.

No sólo existe esta unidad del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, esta comunicación entre ellos, sino que se puede decir también que el Padre y el Espíritu Santo obraban también en el Hijo y que la acción del Padre y del Espíritu Santo se manifestó en Nuestro Señor. El Padre es el Principio de todas las operaciones del Hijo. En esto no hay que minimizar el sentido de las palabras. El Padre Bonsirven explica, como observa san Cirilo de Alejandría: «Las operaciones que el Hijo recibe del Padre, son operaciones divinas, que no podría llevar a cabo una naturaleza humana. No han sido, pues, confiadas a un hombre ni es un hombre quien las reclama: el Verbo recibe otra vez sus prerrogativas eternas, no recibe algo como si aún no lo tuviese; si parece que pide como si no poseyese es para manifestar que el Padre es el único principio por quien el Hijo recibe todo lo que es. Esta acción especial del Padre sobre las operaciones del Hijo se halla definida en dos textos que hay que unir: “El que me ha visto a mí ha visto al Padre: ¿Cómo me dices tú: Muéstranos al Padre? No crees que Yo estoy en el Padre y el Padre en mí? Las palabras que Yo os digo no las hablo de mí mismo; el Padre, que mora en mí, hace sus obras» (S. Juan 14, 9-10). Cuando se justificaba porque hacía milagros en el día de sábado, decía reivindicando el poder creador: «Mi Padre sigue obrando todavía y por eso obro Yo también» (S. Juan 5, 17). Se trata de la misma acción. Y cuando los judíos le reprocharon que se hacía igual a Dios, les dijo de nuevo: «En verdad, en verdad os digo que no puede el Hijo hacer nada por sí mismo, sino lo que ve hacer al Padre; porque lo que éste hace, lo hace igualmente el Hijo. Porque el Padre ama al Hijo, y le muestra todo lo que El hace, y le mostrará aún mayores obras que éstas, de suerte que vosotros quedéis maravillados. Como el Padre resucita a los muertos y les da vida, así también el Hijo a los que quiere les da la vida» (S. Juan 5, 19-21).

Esta comunicación de la vida del Padre se le da completamente al Hijo, se pone a su disposición, pero el Hijo no hace nada sin el Padre, puesto que todo lo recibe del Padre. Todas las acciones de Nuestro Señor son, pues, verdaderamente divinas. Comentando las frases de Nuestro Señor, el Padre Bonsirven explica:

«Estas frases sólo alcanzan su pleno significado cuando se entienden del Hijo inmanente al Padre. Encontramos dos ideas: En primer lugar, Dios le muestra a su Hijo todo lo que hace: sus operaciones divinas, lo cual no puede entenderse de la humanidad de Cristo. Como explica san Cirilo, “mostrar” no significa hacer ver como en un dibujo, sino imprimirse enteramente en el Hijo por la comunicación de su naturaleza divina y sus operaciones; el Hijo ejerce estas operaciones divinas porque las posee por naturaleza, juntamente con el Padre, pero recibiendo de El esta actividad; además, el Hijo encarnado en el tiempo las ejerce sucesivamente: de ahí las determinaciones temporales y el empleo del futuro, que provienen de la Encarnación. En segundo lugar, en virtud de la inmanencia del Padre en el Hijo, del Padre primer principio, El es el que lleva a cabo estas operaciones divinas en Jesucristo; y no se contenta con darle unos poderes que ejercería como a solas, como una causa separada».

Así pues, el Hijo ve en el Padre todas sus acciones y el Padre lleva a cabo sus acciones en el Hijo, y el mismo Hijo las lleva a cabo consubstancialmente unido al Padre. Las cosas no se pueden decir de otra manera, ya que no se trata de una orden que el Padre le da a su inferior ni de una impulsión que se le da a un agente secundario. No. La operación se lleva a cabo en la unidad del Padre y del Hijo. Evidentemente, nos cuesta mucho comprender estas cosas porque no encontramos ningún ejemplo semejante de esta unidad y de esta consustancialidad de naturaleza del Padre y del Hijo en las naturalezas creadas ni en la creación. El Padre Bonsirven concluye:


«Todas las acciones del Hijo: milagros, parábolas, juicios y vivificación, son ante todo la obra del Padre. El que sabe comprender y mirar, reconocerá esta acción como proveniente del Padre, porque es el producto de la naturaleza divina; descubrirá, pues, a Dios Padre presente en el Hijo, no de un modo local, sino como el arquetipo consubstancial al Hijo y obrando en El»