utfidelesinveniatur

viernes, 13 de noviembre de 2020

Dos minutos para entender el sufrimiento de Monseñor Lefebvre

La Parusía. Padre Juan Rovira. Mártir de la Guerra civil Española.

 


LA PARUSIA (PRIMERS PARTE)

Es este nombre griego derivado del verbo pareimi, “estar presente”, y significa presencia, advenimiento, y con él se designa en los Libros Sagrados del Nuevo Testamento el Segundo Advenimiento de Cristo Señor Nuestro para juzgar a los hombres. De la Parusía no sabemos otra cosa sino lo que se nos dice en los Libros Santos.

Realidad de la Parusía

Cristo, el Mesías y Redentor prometido al género humano al principio de los tiempos (Gn. 3, 15) es el Verbo de Dios que se hizo carne (Jn. 1, 14) y habitó entre los hombres y padeció y murió por la salud de los hombres en la plenitud de los tiempos, y el mismo Cristo que subió a los cielos y está sentado a la diestra del Padre, vendrá desde allí a juzgar a los hombres en el fin de los tiempos.

Dos son, pues, las Venidas de Cristo; la una en la plenitud de los tiempos; la otra al fin de los tiempos; la primera para enseñar al hombre con sus palabras y con su ejemplo, para padecer y morir por el hombre, para salvar a los hombres; la segunda para juzgar a los hombres y dar a cada uno según sus obras, a los buenos premio eterno porque guardaron sus santos mandamientos y a los malos pena eterna porque no los guardaron. Esta Segunda Venida de Cristo es un artículo de nuestra santa fe, que se contiene en aquel artículo del Credo: “Desde allí ha de venir a juzgar a los vivos y a los muertos”, y se predice en muchos textos de la Sagrada Escritura, de los cuales bastará traer algunos.

Así, San Pablo habla de las dos venidas (Heb. 9, 28). Cristo se ofreció una vez para quitar los pecados de muchos; la segunda vez fuera del pecado, esto es, sin ser expiación por el pecado, aparecerá a los que esperan en Él, para su salvación; y el mismo Cristo dice en San Mateo (16, 27): el Hijo del hombre ha de venir en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces dará a cada uno según sus obras. Y después de la Ascensión de Cristo, según se refiere en el libro de los Hechos de los apóstoles (1, 10-11),

mientras estaban los discípulos mirando al cielo, entre tanto que Él se iba, he aquí que dos varones con vestidos blancos se pusieron junto a ellos y les dijeron: “Varones de Galilea, ¿qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá, así como le habéis visto subir al cielo.” Así, pues, como Cristo subió al cielo el día de la Ascensión, así ha de volver a venir, y este es el Segundo Advenimiento, la Parusía.

Hora de la Parusía

Cuanto, al tiempo y hora de la Parusía, cuatro cosas se nos dicen en las Sagradas páginas: a) Lo primero, que será pronto. b) Lo segundo, que no es inminente. c) Lo tercero, que su hora es desconocida. d) Lo cuarto, que será súbita e inesperada.

1º) Que será pronto, se nos dice en la epístola de Santiago (5, 8): “Tened también vosotros paciencia, confirmad vuestros corazones porque la venida del Señor se acerca.” Y más claro en el Apocalipsis (22, 20). Así dice el que da testimonio de estas cosas: “Ciertamente vengo en breve.” Mas estas palabras: se acerca, pronto, en breve, han de entenderse relativamente, parece indicarlo San Pedro en su segunda carta (3, 8): “No se os esconda esto, carísimos, que un día delante del Señor, es como mil años y mil años como un día”.

2º) De aquí, pues, se deduce ya que la Parusía, aunque hubiera de ser pronto o en breve, no por eso era inminente. Y esto es lo que dice el Apóstol San Pablo en su segunda carta a los fieles de Tesalónica. Por lo visto algunos habían alborotado a los Tesalonicenses o por medio de falsas revelaciones, o tal vez por medio de cartas, anunciándoles y persuadiéndoles la proximidad inminente de la Parusía o Segundo Advenimiento del Señor, y turbándoles con estos prenuncios y predicciones.

San Pablo les escribió una carta en la que les dice (2 Tes. 2, 1-2): “Os rogamos, hermanos, que cuanto, a la venida de Nuestro Señor Jesucristo, y nuestra reunión con Él, no os mováis fácilmente de vuestro sentir ni os conturbéis, ni por espíritu, ni por palabras, ni por cartas enviadas a nombre nuestro; como si el día del Señor estuviese cerca.” Y luego, en los versos siguientes, les prueba que esta venida no es inminente, porque antes de ella han de suceder otras cosas que allí pone: la apostasía y la rebelión, y la manifestación del hombre del pecado, y se remite a las enseñanzas que sobre esto les habrá dado de palabra.

Y el mismo Cristo dice expresamente que antes de su Advenimiento y de la consumación se ha de predicar su Evangelio en todo el mundo (Mt. 24, 14). “Y será predicado este Evangelio del reino en todo el mundo en testimonio a todas las gentes, y entonces vendrá la consumación.” Así, pues, los Apóstoles no miraban como inminente la venida del Señor. En realidad, ellos ignoraban el tiempo de la Parusía, puesto que:

3º) La hora de la Parusía es ignorada de todos, como dice el mismo Cristo (Mt. 24, 36): “Aquel día y aquella hora nadie la sabe, ni siquiera los ángeles del cielo, sino sólo el Padre.” Claro está que Cristo, Hijo de Dios, y un solo Dios con el Padre, que recibe del Padre toda la naturaleza divina y el entendimiento y la ciencia divina y, en fin, todo lo que tiene el Padre (Jn. 16, 15), sabe y conoce también el tiempo y la hora de la Parusía. Y si se dice que no lo sabe, como en San Marcos (13, 32), ha de entenderse que no lo sabe para comunicarlo y revelarlo a los hombres, según lo declaró ya San Gregorio Magno (590-604) contra los agnoetas. Porque siendo Él, como es, Cabeza de la Iglesia, que es su Cuerpo Místico, Él comunica a este Cuerpo Místico la potestad, la doctrina y la gracia.

Mas este conocimiento del tiempo de la Parusía no lo comunica ni lo revela y, por lo tanto, este conocimiento no pertenece en modo alguno al depósito de la revelación. De donde se sigue que los Apóstoles que, como tales, no predicaban sino lo contenido en el depósito de la revelación, la doctrina que habían recibido de Cristo, no pudieron en modo alguno, ni en sus enseñanzas apostólicas, ni en sus escritos inspirados señalar o precisar el tiempo y hora de la Parusía.

Recientemente con este motivo se suscitaron algunas opiniones erróneas o inexactas que motivaron algunas decisiones de la Santa Sede. Porque unos, fundándose quizá en el texto citado de San Marcos (13, 32) o, más bien, en las sentencias u opiniones de algunos Santos Padres, pretendieron limitar la extensión de la ciencia humana de Cristo.

 

Contra los cuales la Suprema Congregación del Santo Oficio dio el decreto del 5 de junio de 1918, en el cual, entre otras, prohíbe enseñar esta proposición: “No es cierta la sentencia que afirma que el alma de Cristo no ignoró nada, sino que desde el principio conoció en el Verbo todas las cosas presentes, pasadas y futuras, o sea todo lo que Dios conoce por la ciencia de visión.” Luego, al contrario, podemos afirmar con certeza que el alma de Cristo no ignoró nada, sino que desde el principio conoció en el Verbo todas las cosas presentes, pasadas y futuras.

El otro error se refiere a las afirmaciones de los Apóstoles y, en especial, de San Pablo acerca de la Parusía. Dijeron, pues, algunos, que los Apóstoles y, en particular San Pablo, en sus escritos inspirados, aunque sin enseñar ningún error, expresaban o podían expresar su propio sentir acerca de la proximidad de la Parusía. Mas la Comisión Bíblica Pontificia, en sus respuestas del 18 de junio de 1915, dio las siguientes decisiones:

 

1ª) Que a ningún exégeta católico le es permitido afirmar que los Apóstoles, si bien bajo la inspiración del Espíritu Santo no enseñan error alguno, expresan no obstante sus propios sentimientos humanos, en los que puede deslizarse error o engaño.

 

2ª) Que, considerada de una parte la verdadera noción del ministerio apostólico y la fidelidad de San Pablo en su misión apostólica, y de otra parte, el dogma de la inspiración, según el cual todo lo que afirma, enuncia o insinúa el escritor sagrado, lo afirma, enuncia e insinúa el Espíritu Santo; examinados, además, los textos de las cartas de San Pablo y su modo de hablar, que concuerda con el de Cristo Señor Nuestro, debe afirmarse que San Pablo en sus escritos no dijo nada que no esté conforme con aquella ignorancia del tiempo de la Parusía, que, según dijo Cristo, es propia de los hombres.

 

3ª) Que en ningún modo hay que rechazar como rebuscada o destituida de todo fundamento la interpretación tradicional fundada en la recta inteligencia del texto griego y en la interpretación de los Santos Padres, y en especial de San Juan Crisóstomo, sobre el capítulo cuarto de la primera carta a los Tesalonicenses, en los versículos 15-17. Es de advertir que en este texto se fundaban principalmente los de la opinión contraria que rechaza la Comisión Bíblica. Describe este texto la Parusía, y dice así: “El mismo Señor, con imperio y con voz de Arcángel y con trompeta de Dios, bajará del cielo, y los muertos en Cristo resucitarán primero. Después nosotros, los que vivimos, los que quedamos, juntamente con ellos seremos arrebatados en las nubes a recibir al Señor en el aire” (1 Tes. 4, 16-17).

 

De este texto pretendían deducir que San Pablo pensaba que la Parusía había de ser muy pronto viviendo todavía él o viviendo los Tesalonicenses, a quienes escribía la carta. Mas el texto griego no dice: “Nosotros, los que vivimos”, los que quedamos, sino que lo dice en participio: “Nosotros, los vivientes”, esto es, los que vivieren, los que quedaren. No dice, pues, ni insinúa que la Parusía había de ser pronto o que él o los Tesalonicenses habían de verla.

 

4ª) Por último, la hora de la Parusía será también súbita e inesperada. El día del Señor vendrá como el ladrón. Así lo dicen San Pedro, 2 Pe. 3, 10, y San Pablo, 1 Tes. 5, 2, y San Juan en su Apocalipsis, 16, 15, y el mismo Cristo, en su Evangelio, compara el tiempo de la Parusía con los días de Noé y con los días de Lot, Lc. 16, 26-30: “Y como sucedió en los días de Noé, así será en los días del Hijo del hombre. Comían y bebían, tomaban esposas y se casaban, hasta el día que entró Noé en el arca: y vino el diluvio, y los hizo perecer a todos. Y asimismo, como sucedió en los días de Lot; comían y bebían, compraban y vendían, plantaban y edificaban. Mas el día que salió Lot de Sodoma llovió fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos. Así, pues, será el día en que apareciere el Hijo del hombre” (Mt. 24, 38-39). Será su venida inesperada como un lazo que vendrá sobre todos los que habitan en la tierra (Lc. 21, 35); será súbita como el rayo que sale del Oriente y se muestra hasta el Occidente (Mt. 24, 27; Lc. 17, 24).

 

Podría sí preguntarse cómo es que la venida de Cristo podrá ser inesperada, siendo así que han de precederle tantas señales como veremos luego. A esto se responde que será inesperada, según dice el mismo Cristo, como fue inesperado el diluvio en los tiempos de Noé. Porque no faltaban ciertamente entonces señales y predicciones del diluvio. Y el mismo Noé que se lo anunciaba y que por orden de Dios construía aquella gran arca, para salvarse en ella con su familia y los animales, qué otra cosa era sino una predicción viviente y continua del castigo de Dios.

Pero los hombres no hicieron caso de aquellas predicciones (2 Pe. 3, 20) y se fueron acostumbrando a ellas, y así cuando vino el diluvio les cogió desprevenidos. Y esto mismo sucederá con el advenimiento de Cristo que, al ver las señales próximas de su venida, la mayor parte de los hombres, acostumbrados a juzgar de las cosas con criterio meramente natural, mirarán aquellas señales como fenómenos de la naturaleza, como efectos de la corrupción y perversidad humana, y así la venida de Cristo les cogerá de improviso y desprevenidos.

Señales de la Parusía

Aunque Cristo Señor Nuestro dijo que la hora de su Venida era desconocida, dio, con todo, a sus discípulos, y en ellos a nosotros, algunas señales por las que pudiese de algún modo vislumbrarse la proximidad de su Venida. Estas señales son de diversas clases; las unas remotas, las otras próximas; unas en el cielo, otras en la tierra; unas en la naturaleza, otras en la sociedad humana. Hablaremos primero de las remotas y generales, luego de las próximas y más especiales y determinadas.

Señales remotas

Señales remotas de la venida de Cristo son:

 

1ª) Las guerras, hambres, pestes, terremotos, de las cuales, dice: “Oiréis guerras y rumores de guerras: mirad que no os turbéis, porque es menester que todo esto acontezca, más aún no es el fin. Porque se levantará gente contra gente y reino contra reino, y habrá pestilencias y hambres y terremotos. Y todas estas cosas son los comienzos de los dolores.” (Mt. 24, 6-7; Mc. 13, 7-8; Lc. 21, 9-11).

 

2ª) Las persecuciones y martirios de los Apóstoles y de los Siervos de Dios, de que dice: “Entonces os entregarán para ser afligidos y os matarán; y seréis aborrecidos de todas las gentes por causa de mi nombre.” (Mt. 24, 9; Mc. 13, 13; Lc. 21, 12).

 

3ª) Los escándalos y persecuciones y martirios, los odios y discordias: “Y muchos entonces serán escandalizados, y se entregarán unos a otros, y unos a otros se aborrecerán.” (Mt. 24, 10; Mc. 13, 12; Lc. 21, 16-19).

 

4ª) La seducción de los falsos profetas, como fue, por ejemplo, Mahoma: “Y muchos falsos profetas se levantarán y engañarán a muchos.” (Mt. 24, 11).

 

5ª) “Consecuencia de todo esto será el acrecentarse la maldad y el enfriarse la caridad: Y por haberse acrecentado la maldad se enfriará la caridad de muchos. Mas el que perseverare hasta el fin, este será salvo.” (Mt. 24, 12, 13).

 

6ª) “Jerusalén será destruida y será hollada y conculcada por las gentes hasta que se cumplan los tiempos de las naciones.” (Lc. 21, 20-24).

 

7ª) La predicación del Evangelio por todo el mundo: “Y será predicado este Evangelio en todo el mundo, en testimonio a todas las gentes; y entonces vendrá la consumación.” (Mt. 24, 14).

P. Juan Rovira S.J.

 

Juan Rovira nació en Palma de Mallorca el 4 de octubre de 1877. Entró en la Compañía de Jesús el 25 de noviembre de 1895. Cursó Filosofía en Veruela (Zaragoza), Tortosa y Granada, obteniendo el grado académico en 1904. Estudió Teología en Tortosa, donde fue ordenado sacerdote el 26 de julio de 1909. Entre 1912 y 1914 se formó en el Instituto Bíblico de Roma. En 1916 enseñó Antiguo Testamento en el Colegio Máximo de Sarriá, Barcelona, además de hebreo y Arqueología bíblica. Entre 1916 y 1920 tuvo a su cargo las lecciones sacras en la iglesia del Sagrado Corazón. En 1928 fue enviado a Tortosa teniendo como Superior al P. Audí, su compañero en el martirio, sucedido el 5 de septiembre de 1936.

 

 

 

martes, 3 de noviembre de 2020

EL SERCRETO ADMIRABLE DEL SANTÍSIMO ROSARIO. SAN LUIS MARIA GRIGNION DE MONTFORT

 


32a Rosa

100) Santo Domingo tenía un primo, llamado Don Pero o Pedro, que llevaba una vida muy disoluta. Habiendo oído que el Santo predicaba las maravillas del Rosario y que muchos se convertían y cambiaban de vida por este medio, dijo: "Había perdido la esperanza de mi salvación, pero comienzo a tomar confianza, es preciso que yo oiga a ese hombre de Dios."

Asistió, pues, un día al sermón de Santo Domingo. El Santo, al verle, redobló su ardor en atacar los vicios y rogó a Dios, desde lo íntimo de su corazón, que abriese los ojos de su primo para que conociera el estado miserable de su alma.

Don Pero se asustó desde luego, pero no se resolvió a convertirse; volvió, sin embargo, a la predicación del santo, y éste, viendo que este corazón endurecido no se convertiría sin algo extraordinario, gritó en alta voz: "Señor Jesús, haced ver a todo este auditorio el estado en que se encuentra el que acaba de entrar en vuestra casa."

Entonces todo el pueblo vio a Don Pero rodeado de una multitud de diablos en forma de bestias horribles que le tenían atado con cadenas de hierro; huyeron todos, unos por aquí, otros por allá, y fue para él espantoso verse objeto del horror de todos. Santo Domingo hizo que todos se detuvieran, y dijo a Don Pero: "Conoced, desgraciado, el deplorable estado en que os encontráis; arrojaos a los pies de la Santísima Virgen. Tomad este Rosario, rezadlo con devoción y arrepentimiento de vuestros pecados y resolveos a cambiar de vida."

Se puso de rodillas, rezó el Rosario y se sintió movido a confesarse, lo que hizo con una gran contrición. El Santo le ordenó que rezase todos los días el Santo Rosario, y él prometió hacerlo y se inscribió en la Cofradía; su cara, que antes había asustado a todos, al salir de la iglesia aparecía brillante como la de un ángel. Perseveró en la devoción al Santo Rosario, llevó una vida arreglada y murió dichosamente.

33a Rosa

101) Predicando Santo Domingo el Rosario cerca de Carcasona, le llevaron un hereje albigense poseso; el Santo le exorcizó en presencia de una gran muchedumbre; se cree que le escuchaban más de doce mil hombres. Los demonios que poseían a este miserable estaban obligados a responder, a su pesar, a las preguntas del Santo, que les hizo decir:

1) Que eran quince mil los que había en el cuerpo de aquel miserable, porque había atacado los quince misterios del Rosario.

2) Que, con el Rosario, que él predicaba, llevaba el terror y el espanto a todo el infierno, y que era el hombre que más odiaban en todo el mundo a causa de las almas que les quitaba con la

devoción del Rosario.

3) Revelaron otra porción de particularidades.

Santo Domingo arrojó su Rosario al cuello del poseso y les preguntó a cuál de los santos del cielo temían más y cuál debía ser más amado y honrado por los hombres.

A esta pregunta prorrumpieron en gritos tan espantosos que la mayor parte del auditorio cayó en tierra sobrecogida de espanto. Entonces los espíritus malignos, para no responder, lloraban y se lamentaban de un modo tan lastimero y conmovedor que muchos de los asistentes, movidos por natural piedad, lloraban también. Los demonios decían por boca del poseso con voz lastimera: "¡Domingo! ¡Domingo! ¡Ten piedad de nosotros! ¡Te prometemos no hacerte daño!

Tú que tienes compasión de los pecadores y miserables, ¡ten piedad de nosotros! ¡Mira cuánto padecemos! ¿Por qué te complaces en aumentar nuestras penas? ¡Conténtate con las que ya padecemos! ¡Misericordia! ¡Misericordia! ¡Misericordia!"

102) El Santo, sin inmutarse por las dolientes palabras de estos desgraciados espíritus, les respondió que no cesaría de atormentarles hasta que hubieran respondido a la pregunta.

Dijeron los demonios que contestarían, pero en secreto y al oído y no delante de todos.

Insistió el Santo, ordenándoles que hablasen muy alto. Los diablos no quisieron decir palabra a pesar de la orden que les había dado.

Entonces el Santo, puesto de rodillas, hizo a la Santísima Virgen esta oración: "O excellentissima Virgo Maria, per virtutem psalterii et rosarii tui, compelle hos humani generis hostes questioni meae satisfacere." "Oh excelentísima Virgen María, por la virtud de tu salterio y Rosario, ordena a estos enemigos del género humano que contesten a mi pregunta."

Hecha esta oración, una llama ardiente sale de las orejas, la nariz y la boca del poseso y hace temblar a todos, pero a nadie hace mal. Entonces los diablos exclamaron: "Domingo, te rogamos, por la pasión de Jesucristo y por los méritos de su santa Madre y los de todos los santos, que nos permitas salir de este cuerpo sin decir nada, porque los ángeles cuando tú quieras te lo revelarán. Nosotros somos embusteros. ¿Por qué quieres creernos? No nos atormentes más, ten piedad de nosotros."

"Desgraciados sois" dice Santo Domingo, y, arrodillándose, dirigió esta oración a la Santísima Virgen: "O Mater sapientiae dignissima et de cujus salutatione quomodo illa fieri debeat jam

edoctus est populus; pro salute populi circumstantis rogo: Coge hosce tuos adversarios, ut plenam et sinceram veritatem palam hic profiteantur" (1). Apenas había terminado esta oración,

cuando vio cerca de él a la Santísima Virgen, rodeada de una multitud de ángeles, que con una varilla de oro que tenía en la mano golpeaba al endemoniado, diciéndole: "Contesta a la pregunta de mi servidor Domingo." Hay que advertir que el pueblo no veía ni oía a la Santísima Virgen, sino solamente Santo Domingo.

103) Entonces los demonios comenzaron a gritar, diciendo: "O inimica nostra, o nostra damnatrix, o nostra inimica, o nostra damnatrix, o confusio nostra, quare de coelo descendisti, ut nos hic ita torqueres? Per te quae infernum evacuas et pro peccatoribus tanquam potens advocata exoras; o Via coeli certissima et securissima, cogimur sine mora et intermissione ulla, nobis quamvis invitis, et contra nitentibus, totam rei proferre veritatem. Nunc declarandum nobis est simulque publicandum ipsum medium et modus quo ipsimet confundamur, unde vae et maledictio in aeternum nostris tenebrarum principibus.

Audite igitur vos, christiani. Haec christi Mater potentissima est in preservandis suis servis quominus precipites ruant in baratrum nostrum inferni. Illa est quae dissipat et enervat, ut sol, tenebras omnium machinarum et astutiarum nostrarum, detegit omnes fallacias nostras et ad nihilum redegit omnes nostras tentationes. Coactique fatemur neminem nobiscum damnari qui ejus sancto cultui et pio obsequio devotus perseverat. Unicum ipsius suspirum, ab ipsa et per ipsam sanctissimae Trinitati oblatum, superat et excedit omnium sanctorum preces, atque pium et sanctum eorum votum et desiderium, magisque eum formidamus quam omnes paradisi

sanctos; nec contra fideles ejus famulos quidquam praevalere possumus.

Notum sit etiam vobis plurimos christianos in hora mortis ipsam invocantes contra nostra jura salvari, et nisi Marietta illa obstitisset nostrosque conatus repressisset, a longo jam tempore totam Ecclesiam exterminassemus, nam saepissime universos Ecclesiae status et ordines a fide deficere fecissemus. Imo planius et plenius vi et necessitate compulsi, adhuc vobis dicimus, nullum in exercitio Rosarii sive psalterii ejus perseverantem aeternos inferni subire cruciatus.

Ipsa enim devotis servis suis veram impetrat contritionem qua fit ut peccata sua confiteantur, et eorum indulgentiam a Deo consequantur."

104) "¡Oh enemiga nuestra! ¡Oh ruina y confusión nuestra! ¿Por qué viniste del cielo a atormentarnos en forma tan cruel? ¿Será preciso que, por ti, ¡oh abogada de los pecadores, a quienes sacas del infierno; oh camino seguro del cielo!, ¿seamos obligados -a pesar nuestro- a confesar delante de todos lo que es causa de nuestra confusión y ruina? ¡Ay de nosotros! ¡Maldición a nuestros príncipes de las tinieblas! ¡Oíd, pues, cristianos! Esta Madre de Cristo es omnipotente, y puede impedir que sus siervos caigan en el infierno. Ella, como un sol, disipa las tinieblas de nuestras astutas maquinaciones. Descubre nuestras intrigas, rompe nuestras redes y reduce a la inutilidad todas nuestras tentaciones. Nos vemos obligados a confesar que ninguno que persevere en su servicio se condena con nosotros. Un solo suspiro que Ella presente a la Santísima Trinidad vale más que todas las oraciones, votos y deseos de todos los santos. La tememos más que a todos los bienaventurados juntos y nada podemos contra sus fieles servidores.

Tened también en cuenta que muchos cristianos que la invocan al morir y que deberían condenarse, según las leyes ordinarias, se salvan gracias a su intercesión. ¡Ah! Si esta Marieta - así la llamaban en su furia- no se hubiera opuesto a nuestros designios y esfuerzos, ¡hace tiempo habríamos derribado y destruido a la Iglesia y precipitado en el error y la infidelidad a

todas sus jerarquías! Tenemos que añadir, con mayor claridad y precisión -obligados por la violencia que nos hacen- que nadie que persevere en el rezo del Rosario se condenará. Porque Ella obtiene para sus fieles devotos la verdadera contrición de los pecados, para que los confiesen y alcancen el perdón e indulgencia de ellos."

Entonces Santo Domingo hizo rezar el Rosario a todo el pueblo muy lenta y devotamente, y a cada avemaría que el santo y el pueblo rezaban -¡cosa sorprendente!- salían del cuerpo de este

desgraciado una gran multitud de demonios en forma de carbones encendidos. Y cuando salieron todos los demonios y el hereje se vio completamente libre, la Santísima Virgen dio,

aunque invisiblemente, su bendición a todo el pueblo, que con ello experimentó sensiblemente gran alegría. Este milagro fue causa de la conversión de gran número de herejes, que incluso se inscribieron en la Cofradía del Santo Rosario.

34a Rosa

105) ¿Quién podrá contar las victorias que Simón, conde de Montfort, ganó a los albigenses bajo la protección de Nuestra Señora del Rosario?: fueron tan notables que jamás ha visto el

mundo cosa parecida. Con quinientos hombres desbarató un ejército de diez mil herejes. Otra vez con treinta venció a tres mil. Después, con mil infantes y ochocientos de caballería, hizo

pedazos el ejército del rey de Aragón, compuesto de cien mil hombres, perdiendo solamente ocho soldados de infantería y uno de caballería.

106) ¡De cuántos peligros libró la Santísima Virgen a Alano de Lanvallay, caballero bretón que combatía por la fe contra los albigenses! Un día que se hallaba rodeado por todas partes de

enemigos, la Santísima Virgen lanzó contra ellos ciento cincuenta piedras y le libró de sus manos.

Otro día en que había naufragado su navío y estaba ya próximo a sumergirse, esta bonísima Madre hizo emerger ciento cincuenta colinas, por encima de las cuales llegó a Bretaña; y en memoria de los milagros que había hecho en su favor la Santísima Virgen, como recompensa del Rosario que diariamente le rezaba, fundó en Dinan un convento para religiosos de Santo Domingo y, después de hacerse él mismo religioso, murió santamente en Orleans.

107) Otero, soldado bretón de Vaucouleurs, hizo huir compañías enteras de herejes y de ladrones con su Rosario y con la espada al brazo. Sus enemigos, después de vencidos, le

aseguraron haber visto resplandecer su espada, y una vez en su brazo un escudo que tenía pintadas las imágenes de Jesucristo, la Santísima Virgen y los santos, que le hacían invencible y le daban fuerza para atacar.

En cierta ocasión, con diez compañías venció a veinte mil herejes sin perder ninguno de sus soldados, lo que impresionó de tal modo al general del ejército enemigo, que fue a ver a Otero, abjuró de sus herejías y declaró que le había visto cubierto de armas de fuego durante el combate.

viernes, 23 de octubre de 2020

Derrumbe del modelo occidental


 La Revolución Francesa no fue resultado de un deseo consciente de acabar con la monarquía. ‎La población de París, convencida de que su ciudad iba a ser atacada por ejércitos extranjeros ‎sin que el rey tratara de defenderla, simplemente decidió apoderarse de las armas ‎almacenadas en la prisión de la Bastilla.


El modelo occidental, basado en el capitalismo y en cierta forma de democracia, ya ‎no logra defender el interés general ni garantizar la soberanía popular, dos fracasos ‎que constituyen los ingredientes de una revolución generalizada. ‎

 La crisis del capitalismo

Históricamente, la crisis de Occidente comenzó con la crisis del capitalismo estadounidense, ‎en 1929. En aquella época, la mayoría de los libros y los diarios afirmaban que la concentración ‎del capital esterilizaba la economía al impedir en muchos sectores la competencia entre las ‎empresas. En aquel momento, mientras el hambre asolaba Estados Unidos, la prensa ‎proponía tres modelos políticos como posibles salidas del estancamiento económico:
 el leninismo, con la nacionalización de todos los bienes de producción y corriendo el riesgo ‎de acabar con la iniciativa individual;‎
 el fascismo del ex representante de Lenin en Italia, Benito Mussolini, quien proponía ‎no luchar contra la concentración del capital sino organizarla en el seno de corporaciones, ‎corriendo el riesgo de hacer perder a los asalariados toda posibilidad de oponerse a los abusos de ‎sus patrones;
 el progresismo de Franklin Roosevelt, quien estimaba que la tecnología debía permitir la ‎recuperación económica y garantizar la solución en la medida en que se restableciera la ‎competencia desmantelando las grandes empresas –según la doctrina de Simon Patten.‎

El propio Lenin percibió el fracaso de su teoría económica en tiempos de guerra civil. Así que ‎liberalizó el comercio exterior e incluso autorizó algunas empresas privadas en la Unión Soviética, ‎en el marco de su Nueva Política Económica (NEP). El fascismo sólo logró desarrollarse ‎imponiendo una terrible represión y fue barrido durante la Segunda Guerra Mundial. El llamado ‎progresismo se mantuvo en vigor hasta los años 1980, cuando fue cuestionado por la ‎‎desregulación (también llamada liberalización o desreglamentación) impulsada por ‎el presidente estadounidense Ronald Reagan y por la primer ministro británica Margaret ‎Thatcher. ‎

En el momento actual, ese cuarto modelo –la desregulación– se ve cuestionado a su vez por la ‎destrucción de la clase media, consecuencia de la globalización. Después de la desaparición de ‎la URSS, el presidente estadounidense George Bush padre estimó que la rivalidad militar entre ‎Washington y Moscú debía dejar paso a la búsqueda de la prosperidad económica y autorizó ‎ciertas grandes empresas estadounidenses a establecer alianzas con el Partido Comunista Chino y ‎a trasladar a China sus fábricas y medios de producción. A pesar de su pobre formación, ‎el costo de la fuerza trabajo china era 20 veces inferior al de la fuerza de trabajo estadounidense ‎y aquellas empresas amasaron beneficios colosales, que les permitieron imponer en ciertos ‎sectores una concentración del capital muy superior a la que se había registrado en 1929. ‎Además, la parte fundamental de las ganancias de esas empresas ya no venía de la producción de ‎bienes y servicios sino de la acumulación de sus propios fondos. De esa manera, el capitalismo ‎cambió nuevamente de naturaleza, dejando de ser capitalismo productivo para convertirse en ‎capitalismo financiero. ‎

La fuerza de trabajo china, con trabajadores formados en pleno proceso de producción, ‎ha pasado a ser tan costosa como la fuerza de trabajo estadounidense, lo cual implica que las ‎instalaciones productivas están comenzando a “emigrar” desde China, cuyas empresas ‎deslocalizan la producción en Vietnam y en la India. Volvemos así al punto de partida. ‎

Las empresas estadounidenses que se llevaron a China los puestos de trabajo de Estados Unidos, ‎financiarizando así sus actividades, lograron amalgamar su ideología de la «globalización ‎económica» con la mundialización del uso de nuevas técnicas, dos cosas no vinculadas entre sí. ‎Las nuevas técnicas pueden ser utilizadas en cualquier lugar del mundo, pero no pueden ser ‎utilizadas en todas partes a la vez ya que requieren grandes volúmenes de energía y de materias ‎primas. ‎

Debido a ello, esas empresas convencieron a Donald Rumsfeld, el secretario de Defensa del ‎presidente George Bush hijo, para dividir el mundo en dos partes, creando una zona de consumo ‎global –alrededor de Estados Unidos, Rusia y China– y una segunda zona encargada de alimentar ‎a la primera sirviéndole de simple “reserva” o “depósito” de recursos. El Pentágono decidió ‎entonces destruir los Estados en los países del «Medio Oriente ampliado» (o «Gran Medio ‎Oriente») para que los pueblos de esos países tuviesen menos posibilidades de organizarse para ‎oponerse a tal proyecto y a la explotación de sus recursos –es lo que George Bush hijo llamó la ‎‎«guerra sin fin». Así comenzaron guerras que se eternizan en Afganistán, Irak, Libia, Siria ‎y Yemen, conflictos que tienen todos causas supuestamente diferentes… pero donde siempre ‎aparecen los mismos agresores: los yihadistas. ‎

En 2017, el presidente estadounidense Donald Trump y el presidente chino Xi Jinping decidieron –‎en el mismo momento– luchar contra la fuga de las empresas productoras de bienes. Trump ‎decidió hacerlo a través del nacionalismo proteccionista mientras que Xi Jinping optaba por el ‎‎nacionalismo económico. ‎

En Estados Unidos, el Congreso rechazó la reforma fiscal que Trump proponía: la Border ‎Ajustment Act, que preveía liberalizar las exportaciones e imponer gravámenes de un 20% a todas ‎las importaciones. ‎

En China, en ocasión del 19º Congreso del Partido Comunista, el presidente Xi Jinping creó el ‎Frente Unido, un órgano encargado de verificar que los objetivos de las empresas corresponden a ‎los objetivos de la nación, e introdujo un representante del Estado en el consejo de administración ‎de todas las grandes empresas. ‎

El fracaso de su intento de lograr que se adoptara su proyecto fiscal ha llevado a Trump a tratar ‎de obtener los mismos resultados con una guerra de derechos de aduana contra China. El Partido ‎Comunista de China respondió desarrollando el mercado interno chino y orientando hacia Europa ‎el excedente de la producción china. ‎

Resultado: Europa está viéndose afectada por las políticas económicas de Washington y de Pekín. Y, ‎como siempre, cuando los gobernantes no tienen en cuenta los problemas de sus pueblos, ‎el problema económico genera una crisis política. ‎

La crisis de la democracia

Contrariamente a una idea preconcebida basada sólo en las apariencias, lo que provoca ‎revoluciones no es tanto una decisión premeditada de crear un nuevo régimen sino más bien la ‎defensa de los intereses colectivos. En el mundo moderno, se trata siempre de un patriotismo. ‎Quienes se rebelan siempre piensan, con razón o no, que sus gobernantes están al servicio de ‎intereses externos y que han dejado de ser sus aliados para convertirse en enemigos. ‎

El orden internacional que se instauró después de la Segunda Guerra Mundial supuestamente ‎debía estar al servicio del interés general, a través de una forma de democracia o de una forma ‎de dictadura del proletariado. Pero ese sistema no podía funcionar de forma duradera ‎en Estados sin soberanía, como los de los países miembros de la OTAN o los del desaparecido ‎Pacto de Varsovia. Los dirigentes de esos Estados acabaron viéndose llevados a traicionar a sus ‎pueblos para servir al Estado líder de su bloque militar: Estados Unidos o la URSS. Aquel sistema ‎fue aceptado por el tiempo durante el cual las partes creían, con razón o sin ella, que era lo ‎indispensable para vivir en paz. Hoy en día, esa justificación ya no existe… pero la OTAN sigue ‎existiendo, aunque ha perdido aquella apariencia de legitimidad. ‎

La OTAN, que constituye una especie de Legión Extranjera al servicio de Estados Unidos y del ‎Reino Unido, concibió e instauró lo que hoy es la Unión Europea. Al principio, el objetivo era ‎anclar el oeste de Europa en el campo occidental. Hoy en día, en virtud de los tratados, la Unión ‎Europea subordina su defensa a la OTAN. En la práctica, para los pueblos de la UE, la OTAN es ‎la rama militar de un todo cuya rama civil es la Unión Europea. La OTAN impone sus normas a ‎la UE, ordena construir la infraestructura que necesita para la actividad militar y se hace financiar ‎por la Unión Europea a través de mecanismos opacos. Todo esto sucede a espaldas de ‎los pueblos de la Unión Europea, a quienes se les explica –por ejemplo– que el Parlamento ‎Europeo vota las normas, cuando en realidad ese Parlamento sólo ratifica los textos de la OTAN ‎que le son presentados a través de la Comisión Europea. ‎

No cabe duda de que, aunque sufren su actuación sin rebelarse, la ciudadanía de los Estados ‎miembros de la Unión Europea no acepta esa organización, lo cual queda demostrado por ‎el hecho que los pueblos europeos siempre han rechazado la idea de adoptar una Constitución ‎europea. ‎

De forma paralela, el concepto mismo de democracia ha sido sometido a una profunda ‎transformación. Ya no se trata de garantizar el «poder del pueblo» sino de someterse al ‎‎«estado de derecho», dos conceptos incompatibles entre sí. Ahora los magistrados deciden, ‎en lugar del pueblo, quiénes tendrán derecho a representarlo y quiénes no. Ese traspaso de la ‎soberanía, de las manos del pueblo a los sistemas judiciales, resulta indispensable para mantener ‎el predominio de los anglosajones sobre los miembros de la Unión Europea. Eso explica el ‎empeño de Bruselas en imponer el «estado de derecho» a Polonia y Hungría. ‎

La revuelta

La caída del nivel de vida de los estadounidenses modestos que se registró bajo la administración ‎Obama dio lugar a la elección de Donald Trump. La aceleración de las deslocalizaciones de Europa ‎como consecuencia de la guerra aduanera entre Estados Unidos y China dio lugar al surgimiento ‎del movimiento de los Chalecos Amarillos en Francia. ‎

Esta revuelta popular se materializó en las primeras semanas de ese movimiento –con el reclamo ‎de la instauración del Referéndum de Iniciativa Ciudadana (RIC), propuesto por Etienne Chouard. ‎En el caso de Francia, esta revuelta se inscribe en la tendencia iniciada –en 1981– con la ‎candidatura del humorista Coluche, que tuvo como lema «Todos juntos para darles por el culo», ‎y más recientemente –en 2007– por las manifestaciones alrededor del humorista italiano Beppe ‎Grillo, con una consigna muy similar: «Vaffanculo», o sea «Que les den». La burla viene ‎cada vez más a menudo acompañada de una cólera que se hace más y más fuerte y obscena. ‎

Es muy importante entender que la cuestión del rechazo de la dominación militar estadounidense ‎llegó antes que el tema de la globalización económica, pero que ha sido este último el que dio ‎inicio a la revuelta.

Al mismo tiempo, hay que distinguir los reclamos patrióticos de los Chalecos ‎Amarillos, quienes suelen enarbolar la bandera francesa, de las consignas de los trotskistas, que ‎rápidamente se apoderaron del movimiento y lo desviaron arremetiendo contra símbolos de ‎la Nación y cometiendo actos vandálicos contra el Arco del Triunfo. ‎

En resumen, la revuelta actual es a la vez el fruto de 75 años de dominación anglosajona sobre ‎los miembros de la Unión Europea y de la híper concentración del capital globalizado. Esas ‎dos crisis conjugadas constituyen una bomba de tiempo que, de no ser desactivada, estallará ‎en detrimento de todos. Esta revuelta ha alcanzado ahora el estatus de una verdadera toma de ‎conciencia del problema, pero no tiene aún la madurez que necesitaría para evitar que los ‎gobernantes europeos lleguen a subvertirla. ‎

Al evitar ocuparse de resolver los problemas planteados, los gobernantes europeos sólo esperan ‎seguir gozando de sus privilegios por el mayor tiempo posible, sin tener que asumir las ‎responsabilidades que les corresponden. Al adoptar esa actitud, no les queda otra opción que ‎empujar los pueblos a la guerra o exponerse ellos mismos al peligro de ser derrocados en medio de un estallido de violencia. ‎

Thierry Meyssan

 

Declive de la influencia y el imperialismo de EEUU en el mundo

 


EE.UU., debido a sus actuales políticas, está perdiendo su “resto” de influencia en el mundo y el imperialismo que practica muestra un acelerado declive.

 

El Dr. Gerald Horn, profesor de historia en la Universidad de Houston y autor de varios libros sobre historia estadounidense y esclavitud, en una entrevista con la agencia de noticias iraní Mehr, abordó el controvertido debate presidencial de la semana pasada en Estados Unidos.

El primer debate entre los candidatos republicano y demócrata a las presidenciales 2020, Donald Trump y Joseph Biden, respectivamente, que tuvo lugar el pasado 30 de septiembre, provoco una ola de reacciones de todo tipo en Estados Unidos.

Los medios de comunicación estadounidenses, tras calificar el debate de una hora y media de duración de “vergüenza nacional”, señalaron que el verdadero “perdedor” del debate había sido el pueblo norteamericano.

El debate de 90 minutos, que estuvo marcado por ataques feroces, insultos y continuas interrupciones, ha sido tachado de “vergonzoso”, “desagradable” y “doloroso” para el país norteamericano por parte de los medios, pues, en momentos en que EE.UU. necesita seriedad para solucionar sus graves crisis como la de la pandemia del nuevo coronavirus, causante de la COVID-19, los candidatos a la Presidencia, en vez de abordar temas importantes para disipar las inquietudes de la población, se pelean como dos niños.

·         “Debate entre Trump y Biden avergonzó a Estados Unidos”

Ambos aspirantes a la Casa Blanca se interrumpieron en repetidas ocasiones y se impuso el lenguaje insultante, al punto de que los organizadores del debate decidieron establecer nuevas reglas para los siguientes debates a fin de evitar lo ocurrido en la sala de conferencias de la universidad Case Western Reserve en Cleveland, estado de Ohio.

·         “¡Cállate, hombre!”, camisetas tras debate presidencial en EEUU

“Con conversaciones cruzadas, mentiras y burlas, Trump pisotea el decoro en el debate con Biden”, así describió el diario The New York Times la discusión, mientras que el portal Politico resumió lo ocurrido de este modo: “El presidente (Trump) interrumpió e intimidó. Biden llamó al presidente ‘payaso’. Chris Wallace, el moderador, se desesperó”.

Este debate mostró un imperio en declive en el que los dos principales candidatos presidenciales se expresaron con rudeza, ira y grosería, y estuvieron muy cerca de sobrepasar la frontera de la violencia, un rasgo que es una de las características más importantes de un imperio”, explica Gerald Horn al medio iraní.

·         ¿Por qué va en declive la hegemonía de EEUU bajo mandato de Trump?

Uno de los momentos más controvertidos del debate fue cuando Trump evitó condenar a los grupos supremacistas blancos de EE.UU., movimientos que incluso han lanzado ataques armados contra participantes en las manifestaciones habidas a lo largo y ancho del país en los últimos meses contra la brutalidad policial y el racismo endémico dirigidos hacia las minorías étnicas de Estados Unidos.

El líder republicano, usando su turno de palabra para abordar este tema tan polémico, recurrió de nuevo a su diatriba habitual contra los movimientos de izquierda, entre ellos Antifa (abreviatura de antifascistas), que secundaron las multitudinarias protestas desatadas por el asesinato del afroestadounidense George Floyd a manos de un policía estadounidense a finales del mes de mayo en la ciudad de Mineápolis, en el estado de Minnesota (norte). Trump inclusó llegó a incluir a estos grupos en la lista de organizaciones terroristas de EE.UU. y los culpó de los incidentes que se desencadenaron a raíz de la violenta represión policial de las protestas. 

Tras calificar al grupo de Antifa de organización violenta, se dirigió a los miembros del grupo de extrema derecha “Proud Boys” diciéndoles que “se aparten y se mantengan al margen”. Unos comentarios que de inmediato se interpretaron como un mensaje de aprobación y aliento a este movimiento de corte racista en EE.UU., ya que sus militantes adoptaron el nuevo eslogan y logo para su grupo con las mismas palabras usadas por el inquilino de la Casa Blanca, a saber: “Stand down and stand by”. No obstante, los demócratas tampoco tienen un historial brillante en la defensa de los derechos civiles de las comunidades minoritarias que conforman la población de Estados Unidos.

Sobre el desempeño de estos dos partidos mayoritarios de EE.UU. en lo que respecta a la lucha contra el racismo en los últimos tiempos, el historiador estadounidense sostuvo que los republicanos, hasta la fecha, han actuado peor que los demócratas, porque, explicó, necesitan los votos de los grupos ultraextremistas de corte racista para ganar las elecciones del primer martes del próximo noviembre.

Sin embrago, Horn enfatiza que no hay que olvidar que una parte de la base del electorado demócrata es simpatizante o pertenece a movimientos que defienden la supremacía blanca en Estados Unidos. De hecho, insiste, no se debe omitir esta realidad, pues permite comprender mejor la trayectoria de Biden como senador del estado de Delaware (1973-2009) en una época en la que la detención y el posterior encarcelamiento de personas de rasgos negros era habitual y y respalda por quienes votan a este político del Partido Demócrata.

Durante el debate, Biden llegó a reconocer que había una “desigualdad sistémica” en el sistema policial del país norteamericano, no obstante, culpó de los problemas únicamente a unas pocas “manzanas podridas” del sistema estadounidense.

Según Horn, el exvicepresidente de EE.UU. en la época de Barack Obama, con este tipo de declaraciones contradictorias, pretende atraer la atención de los votantes de diferentes bloques hacia su candidatura presidencial.

Una de las reacciones más destacables sobre el debate presidencial fueron las declaraciones de Richard Haas, director del laboratorio de ideas estadounidense Council of Foreign Relations. Este, en un mensaje publicado en su cuenta de la red social Twitter, escribió que albergaba la esperanza de que, “como dijo Herbert Marshall McLuhan (filósofo canadiense), el mundo entero no haya estado mirando este debate, porque de lo contrario el resto de influencia estadounidense en el mundo se verá afectado y el ideal de democracia comprometido”.

Para el director del Think Tank estadounidense, los 90 minutos que duró el citado espacio televisivo fue el intervalo de tiempo más triste de su vida, por ser “el más frustrante, el más perturbador y el más desolador” de los debates vistos hasta el momento. “Si no estuvieras preocupado por el futuro de este país, no lo estarías viendo”, zanjó en otro tuit.

Horn también lo dicho por Haas: “Tiene razón, podría agregar que el imperialismo desesperado y en decadencia de EE.UU. puede estar avanzando cada vez más hacia la guerra”.

Es muy posible que EE.UU., en sus esfuerzos para evitar el declive en el contexto del dominio mundial, haga lo que mejor sabe hacer, es decir, desencadenar una guerra para reafirmar su influencia global, puesto que el imperialismo se define, entre otras cosas, como la actitud y doctrina de quienes propugnan o practican el dominio de un país sobre otro u otros por medio de la fuerza militar, económica o política, tal como recoge la RAE.

A nadie le debería sorprender a estas alturas de que Washington esté tramando una intervención militar contra una nación que no cede ni un ápice de su soberanía e independencia ante las exigencias y designios de Estados Unidos o que la Casa Blanca instigue y respalde levantamientos militares que conduzcan a un golpe de Estado en toda regla en algún país que cuestiona sin titubeos su políticas imperialistas y hegemónicas.

Todo vale para Washington con tal de mantener su posición de superpotencia, y si eso significa valerse de su maquinaria punitiva, pues impondrá sanciones asfixiantes y draconianas a todos aquellos países que no comparten su visión de dominio global sin importarle si sus medidas restrictivas gozan del apoyo de los demás actores internacionales de peso.

Y es aquí donde las políticas imperiales de EE.UU. podrían producir un resultado contrario al planeado, haciendo que tales estrategias de dominación mundial dejen de funcionar. Pues es impensable que aquellos países a los que afecta el imperialismo estadounidense no hagan nada para contrarrestar las hostilidades de la Casa Blanca.

En otras palabras, la férrea resistencia mostrada por aquellas naciones soberanas e independientes es el talón de Aquiles de un Estados Unidos que no puede asimilar esta realidad.

Viendo que unos pocos países le plantan cara en la esfera internacional y en un intento para revertir esta situación e imponer su voluntad, no le queda más remedio que recurrir al uso de la fuerza militar, que, como ya se sabe, nunca le ha aportado muchos beneficios a Washington, más bien todo contrario: ha sido una fuente de gastos ingentes difíciles de soportar por sus arcas públicas. En consecuencia, con la pandemia haciendo verdaderos estragos entre la población estadounidense y una recesión económica galopante, la Casa Blanca, ya incapaz de poner en práctica sus planes imperialistas y hegemónicos, perdería su posición de superioridad e influencia en el mundo, tal y como pronostica el Dr. Gerald Horn.

 

 

LOS DEFECTOS DE LOS SANTOS. SOLEMNIDAD DE TODOS LOS SANTOS

 


 Hoy la Santa Madre Iglesia celebra esta bella solemnidad de todos los santos, sus canticos se elevan a aquella mansión celestial en donde viven eternamente la bienaventurada visión beatifica asiento de la Iglesia triunfante. Sobre esto lo certifica el mismo San Juan apóstol en su sublime y elevado apocalipsis, en donde nos dice, después de terminar de contar a las tribus de los judíos: “después de esto vi miríadas y miríadas de almas vestidas con las vestiduras blancas cerca del trono”

Cuando nuestra pobre alma escucha algo sublime y elevado como lo es la bienaventuranza eterna considerándose a sí misma y mira su gran miseria, puede desalentarse o desanimarse en el camino asía su salvación eterna porque considera que tal doctrina contenida en las bienaventuranzas solo la pueden practicar los que son llamados a tal vocación sin saber que todos somos llamados a ella mientras estemos en este valle de lágrimas, nada más alejado de la realidad que esta conclusión nuestro Señor nos las dijo a todos; pecadores y justos. Pues esto se lee en el evangelio de San Mateo: “Y viendo Jesús a las turbas subió a un monte, y después de haberse sentado, se llegaron a Él sus discípulos y la multitud de las gentes que le seguían...” Y si aun persistimos el desaliento pensemos que también los santos alcanzaron su galardón a pesar de sus miserias y, aunque suene un poco raro, A PESAR DE SUS DEFECTOS. Pero si bien lo meditamos estos defectos son parte de la miseria humana. Quizá esto último nos pueda escandalizar a lo sumo o nos resulte extraño pero interesante a lo menos y no pasa desapercibido.

     Ahora bien, ¿es posible hablar de los defectos de los santos? Puede ser que para algunas almas de criterio estrecho y tímido les sea escandaloso, pero debemos verlo por el lado positivo o en otras palabras pienso que no hay nada más edificante; porque si se comprueba que los santos tuvieron los mismos o mayores defectos como los nuestros por ejemplo santa María Magdalena entre otros, podemos concluir con lógica rigurosa que nosotros podemos tener las mismas virtudes que ellos. Pero quiero recalcar de nuevo por esta razón nos es necesario tener esto en claro y bajo este aspecto es posible que los santos tuvieron defectos. Si se lee las vidas de los santos escritas con poca o ninguna crítica histórica, contestaremos negativamente. Según ellas, sus héroes desde su nacimiento aparecieron sobre la tierra con una aureola de santidad jamás desmentida, como santos de nicho o rinconera; de niños no jugaban; de jóvenes, no reían; jamás una alteración en su carácter, ni un momento de debilidad en su ánimo, ni una expansión en su corazón, ni una sombra de imperfección en su conciencia... si así fueran los santos, harto motivo habría para desanimarnos, teniendo por imposible su imitación.

    A Dios gracias no es así, cierto tampoco negamos que han aparecido sobre la tierra, como una visión celestial, almas que más parecen ángeles que hombres, pero no es lo común y ordinario pues lo común y ordinario es que un santo “no nace se hace”, y luchando a brazo partido con sus miserias y defectos y hasta con hábitos pecaminosos, y que aun llegados a las cumbres de la santidad, conservan alguna huella de la región tenebrosa de donde partieron; como Cristo, en los esplendores de la gloria, conserva las cicatrices de su muerte ignominiosa.

    Pero quizá podríamos decir que canónicamente la santidad exige que se hayan ejercitado en grado heroico todas las virtudes o por lo menos alguna. Y para este grado heroico no basta algún acto aislado, sino que se requiere algo permanente y habitual.

    Por otra parte, teológicamente la santidad consiste “en la transformación del alma en Dios”, o sea en su perfecta divinización: de la naturaleza del alma, por la plenitud de la gracia; de las facultades del alma, por las virtudes infusas y sobre todo por los dones del Espíritu Santo en pleno ejercicio; de la actividad del alma, por la moción constante, o casi constante, del Espíritu Santo.

    Ahora bien, ¿cómo puede haber miserias en un alma que posee todas las virtudes en grado heroico, en un alma movida habitualmente por el Espíritu Santo? Para resolver esta dificultad debemos considerar a los santos en tres etapas sucesivas:

   1º Antes de empezar a trabajar en la perfección, y en esta etapa por gracia especial iluminativa, el alma alcanza un conocimiento de si misma, pero sobre todo de sus miserias como la parte tenebrosa que no le agrada a Dios y, en consecuencia, a ella misma y comienza la lucha.

   2º Durante el periodo largo y laborioso de su santificación, y es el tiempo propio de la ascesis, de la lucha tenaz para arrancar defectos y plantar virtudes.

   3º Llegados al termino, en esa época de madurez más o menos larga que precede a la muerte ya se encuentran depuradas de y desapegadas de todo defecto voluntario, de todo pecado venial y de todas las cosas del mundo.

Así pues, cuando hablamos de defectos en los santos, me refiero especialmente a esta segunda etapa, pero aun cuando han llegado a la tercera etapa o a la madurez de la santidad, es en rigor compatible con no pocas miserias humanas; y no solo de aquellas que no suponen imperfección en el orden sobrenatural, sino aun de las que implican imperfección moral y aun pecado venial semi deliberado, no habitual, sino accidental y de pura flaqueza.

    Y esto es lógico porque para poseer las virtudes en grado heroico no es necesario que todos y cada uno de los actos de los santos sean heroicos tengan la suma perfección. Tal perfección es sobrehumana, no es de los hombres aquello que solo en la Sma. Virgen puede concebirse.

    Ni tampoco es necesario que el alma del santo sea movida por el Espíritu Santo en todo y cada uno de sus actos, aun los más insignificantes, ni que la correspondencia del santo sea tal que no flaquee ni un segundo. Esto más que heroico sería extraordinario y milagroso con relación a esto y para confirmarlo el concilio de Trento dice: “Si alguno dijere que el hombre, una vez justificado, no puede volver a pecar... o que puede evitar durante toda la vida todos los pecados, aun veniales, sin un privilegio especial de Dios, como la Iglesia lo afirma de la Bienaventurada Virgen María, que sea anatema.”