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lunes, 31 de octubre de 2016

Ite Missa Est

31 DE OCTUBRE
LA VIGILIA DE TODOS LOS SANTOS


Preparemos nuestras almas a las gracias que el cielo va a derramar sobre el mundo a cambio, de sus homenajes. Será tal mañana la alegría de la Iglesia, que se creerá vivir ya en la eternidad. Pero hoy se presenta ante nosotros con libreas de penitencia, reconociendo que no pasa de ser una desterrada. Ayunemos y oremos con ella. ¿Qué somos nosotros también sino caminantes de un mundo en que todo pasa y marcha rápidamente a la muerte? La solemnidad que va a empezar, cuenta de año en año, entre nuestros compañeros de otros tiempos, nuevos elegidos que bendicen nuestro llanto y sonríen a nuestros cantos de esperanza. Cada año nos acercamos al término y también nosotros, admitidos en la fiesta del cielo, recibiremos el homenaje de los que vienen detrás y les tenderemos la mano para ayudarlos a unirse con nosotros en el país de la felicidad que no tiene fin. Sepamos desde ahora libertar nuestras almas, y en medio de los vanos cuidados conservemos nuestros corazones libres de los falsos placeres de una tierra que no es la nuestra: un desterrado no tiene más inquietud que su aislamiento ni otra alegría que la que le procura el gusto anticipado de la patria. Imbuidos en estos pensamientos, digamos con la Iglesia en este día de vigilia:

ORACIÓN

Señor, Dios nuestro, multiplica sobre nosotros tu gracia; y haz que consigamos en nuestra santa profesión la alegría de aquellos cuya gloriosa solemnidad prevenimos. Por Nuestro Señor Jesucristo.

SECUENCIA

Y terminamos este mes con un homenaje a María, Reina del Santísimo Rosario y Reina de los Santos, que tomamos de un misal dominicano:

He aquí que en el jardín virginal echan brotones
los nuevos vastagos y se forman las flores; apunta la
fertilidad de la primavera. '
Han terminado las heladas; se ha ido el invierno
y las lluvias y la nieve han desaparecido con él; se
han mostrado las rosas en la tierra, como sembradas
por los cielos.
La rosa ha producido al lirio; y luego del jardín de
su hijo, mientras duró su destierro, ella ha recogido
y cosechado.
Para los justos la alegría, para los pecadores una
nueva inocencia, para los elegidos la gloria, para todos
la salvación:
Dones que Cristo trajo de los cielos, que aseguró
con sus padecimientos a la tierra, salvando al mundo
que había venido a vencer. .
Descansa entre las hojas del rosal, se hiere en sus
espinas, se corona con sus flores: y de ese modo nos
llama, nos justifica, nos recompensa.
Gracias, pues, a la vara bendita, a sus hojas, a sus
espinas, a sus rosas, tenemos patria; donde mora el
augusto jardinero, allí nos esperan sus delicias.
La emperatriz que se complace en la compañía de
nuestra milicia santa, preside a la triple jerarquía dé
los nueve coros.
Nueva triunfadora que reparas el antiguo desastre,
para ti nuestros cantos.
Pero otra vez amenaza y ruge el enemigo; si tú
no le detienes, acaba con los cristianos.
Te saludamos, morada del Verbo, santuario del Espíritu
Santo, hija del Padre soberano.
Esté siempre tu ayuda con nosotros en los peligros
múltiples de esta vida, en las asechanzas del enemigo-
Y después del combate, sea nuestra corona de rosas
y de lirios cogidos en los jardines de los cielos^

Amén,

domingo, 30 de octubre de 2016

Ite Missa Est

EL ÚLTIMO DOMINGO DE OCTUBRE
FIESTA DE 
CRISTO REY


DOS FIESTAS DEL REINADO DE CRISTO. Al principio del Año litúrgico encontramos ya una fiesta del reinado de Cristo: la Epifanía. Jesús acababa de nacer y se manifestaba a los reyes de Oriente y al pueblo de Israel como "el Señor que tiene en su mano el reino, el poder y el imperio Acogimos a este "Salvador, que venía a reinar sobre nosotros", y con los Magos le ofrecimos nuestros presentes, nuestra fe y nuestro amor. Y ¿por qué quiere la Iglesia que, al fin del año, celebremos una nueva fiesta del reinado de Cristo, de su reinado social y universal? No padecimos engaño en tiempo de la Epifanía sobre la naturaleza de este reinado, como tampoco lo padecimos sobre la dignidad de Dios que poseía el Niño recién nacido. Pero tal vez nos dejamos fascinar por aquella estrella que, al brillar en el cielo de Belén, nos alumbraba con la luz de la fe y nos hacía esperar mayores claridades para la eternidad. Entonces cantamos el acercamiento de la gentilidad a la fe en la persona de los Magos que vinieron allá del Oriente a adorar al Rey de los Judíos

EL LAICISMO. — La Iglesia quiere que pensemos hoy en las consecuencias de este llamamiento Universal a la fe de Cristo. Las naciones, en conjunto, se han convertido al Señor, que las trajo, con los acontecimientos sobrenaturales, los beneficios de una civilización completamente desconocida del mundo antiguo. Pero, desgraciadamente, hace ya dos siglos que un error sumamente pernicioso destroza a todas las naciones, a Francia particularmente: el laicismo. Consiste éste en la negación de los derechos de Dios y de Nuestro Señor Jesucristo sobre toda la sociedad humana, tanto en la vida privada y familiar, como en la vida social y política. Los propagadores de esta herejía han repetido el grito de los Judíos deicidas: No queremos que reine sobre nosotros. Y con toda la habilidad, tenacidad y audacia de los hijos de las tinieblas, se han esforzado por echar a Cristo de todas partes. Han declarado inmoral a la vida religiosa y expulsado a los religiosos; han intentado imponer a la Iglesia, aunque inútilmente, una constitución cismática; han decretado la separación de la Iglesia y del Estado y han negado a la sociedad civil la obligación de ayudar a los hombres a conquistar los bienes eternos; han introducido el desorden en la familia con la ley del divorcio, han suprimido los crucifijos en los tribunales, hospitales y escuelas. Y, finalmente, han declarado intangibles sus leyes y han hecho del Estado un Dios.


RAZÓN DE ESTA FIESTA. — Frente "a esta peste de nuestros días" los Papas no han cesado de levantar su voz. Pero, como la plaga iba en aumento, Pío XI quiso aprovechar el año jubilar para recordar solemnemente al mundo por la Encíclica Quas primas del 11 de diciembre de 1925, el completo y absoluto poder de Cristo, Hijo de Dios", Rey inmortal de los siglos, sobre todos los hombres y sobre todos los pueblos de todos los tiempos. Además, para que esta doctrina tan necesaria no se olvidase demasiado pronto, instituyó en honor de su reinado universal una fiesta litúrgica que fuese a la vez memorial solemne y reparación de esa apostasía de las naciones y de los individuos, que se afana por manifestarse en la doctrina y en los hechos en nombre del laicismo contemporáneo. Finalmente, el Sumo Pontífice prescribió para esta misma solemnidad la renovación de la consagración del género humano al Sagrado Corazón. Los fieles encontrarán en el Breviario o simplemente en el Misal, la doctrina de la Iglesia sobre el reinado social de Cristo y fórmulas incomparables de oraciones de alabanza, de reparación y de petición que pueden dirigirle en esta fiesta. Pero esta enseñanza en toda su amplitud se halla expuesta en la Encíclica del Papa. Nos contentaremos con dar un resumen, invitando a los lectores que acudan al texto original para que, reconociendo los derechos del Señor, arrojen el veneno del laicismo y se lleguen con confianza al Corazón de Jesús, cuyo reinado es de amor y de misericordia.

TRIPLE REINADO. — En la Encíclica verán en qué sentido Cristo es Rey de las inteligencias, de los corazones y de las voluntades; quiénes son los súbditos de este Rey, el triple poder incluido en su dignidad regia y la naturaleza espiritual de su reinado. "Ya está en uso desde hace mucho tiempo el atribuir a Cristo en un sentido metafórico el título de Rey, por razón de la excelencia y eminencia singulares de sus perfecciones, por las cuales sobrepuja a toda criatura. Y nos expresamos de ese modo para afirmar que es el Rey de las inteligencias humanas, no tanto por la penetración de su inteligencia humana y la extensión de su ciencia, cuanto porque es la misma Verdad y los mortales necesitan buscar en él la verdad y aceptarla con obediencia. Se le llama Rey de las voluntades, no sólo porque a la santidad absoluta de su voluntad divina corresponden la integridad y la sumisión perfecta de su voluntad humana, sino también porque, mediante el impulso y la inspiración de su gracia, somete a Sí nuestra libre voluntad, con lo que viene nuestro ardor a inflamarse para acciones nobilísimas. A Cristo se le reconoce finalmente como Rey de los corazones, a causa de su caridad, que excede a todo conocimiento y de su mansedumbre y bondad, que atraen a las almas; y en efecto, no h a habido hombre alguno hasta hoy que haya sido amado como Jesucristo por todo el género humano, ni tampoco se verá en lo porvenir.

LA DIGNIDAD REGIA, UNA CONSECUENCIA DE LA UNIÓN HIPOSTÁTICA. — "Pero, avanzando un poco más en nuestro tema, cada cual puede echar de ver que el nombre y poder de Rey convienen a Cristo en el sentido propio de la palabra; se dice de Cristo que recibió de su Padre el poder, el honor y la dignidad regia en cuanto hombre, pues el Verbo de Dios, que con el Padre posee una misma sustancia, no puede menos de poseer todo en común con su Padre y, por consiguiente, el imperio supremo y absoluto sobre todo lo creado. La dignidad regia de Cristo se funda en la unión admirable que llamamos unión hipostática. Por consiguiente: los ángeles y los hombres tienen que adorar a Cristo en cuanto es Dios, pero tienen que obedecer y exteriorizar su sumisión también a sus mandatos en cuanto hombre, es decir que, por el solo título de la unión hipostática, a Jesucristo se le dio poder sobre todas las criaturas...

LA TRIPLE POTESTAD. — "La dignidad regia de Cristo lleva consigo un triple poder: legislativo, judicial y ejecutivo y sin él no se puede concebir aquélla. Los Evangelios no se contentan con afirmarnos que Cristo ratificó algunas leyes, nos le presentan también dictando otras nuevas... Jesús declara además que el Padre le otorgó el poder judicial... Este poder judicial implica el derecho de decretar para los hombres, penas y recompensas, aun en esta vida. Y, por fin, también tenemos que atribuir a Cristo el poder ejecutivo, dado que es de necesidad para todos la obligación de obedecer a sus órdenes, y que ha establecido algunas penas de las que no se librará ningún culpable.

CARÁCTER DEL REINADO DE CRISTO. — " Que el reinado de Cristo ha de ser en cierto sentido principalmente espiritual y referirse a las cosas espirituales... Nuestro Señor Jesucristo lo confirmó con su modo de obrar... Ante Pilatos de clara que su reino no es de este mundo. En el Evangelio se nos muestra su reino como reino en el que nos preparamos a entrar por la fe y el bautismo... El Salvador no opone su reino más que al reino de Satanás y al poder de las tinieblas. Exige a sus discípulos desasirse de las riquezas y de todos los bienes terrenos, practicar la mansedumbre, tener hambre y sed de la justicia, pero también renunciarse y llevar cada cual su cruz. Como Jesucristo en cuanto Redentor compró a la Iglesia con el precio de su sangre y, en cuanto Sacerdote, se ofrece a sí mismo perpetuamente en sacrificio por los pecados del mundo, ¿quién no echará de ver que su dignidad regia tiene que participar del carácter espiritual de estas dos funciones de Sacerdote y de Redentor? "Con todo, no se podría negar, sin cometer un grave error, que el reinado de Cristo-hombre se extiende también a las cosas civiles, puesto que recibió de su Padre un dominio absoluto, de tal modo que abarca todas las cosas creadas y todas están sometidas a su imperio..."

MISA
Mientras en el cielo adoran al Cordero inmolado los Ángeles y los Santos proclamándole Rey, nos reunimos nosotros en la casa de Dios para renovar el misterio de la inmolación de este Cordero y proclamar también nosotros su reinado universal, en la vida individual y familiar, en la vida social y política, aquí y en la eternidad.

INTROITO
Digno es el Cordero que fué inmolado, de recibir el poder, la divinidad, la, sabiduría, la fortaleza y el honor. A Él la gloria y el imperio por los siglos de los siglos. —Salmo: Oh Dios, da tu juicio al Rey: y tu justicia al Hijo del Rey. J. Gloria al Padre.

La Colecta pide para la gran familia humana dividida por el pecado, la restauración de la unidad. El único medio de conseguirla, es acatar el reinado de Cristo.

COLECTA
Omnipotente y sempiterno Dios, que quisiste restaurarlo todo en tu amado Hijo, Rey de todos: haz propicio que todas las familias de las gentes, disgregadas por la herida del pecado, se sometan a su suavísimo imperio. El cual vive y reina contigo.

CRISTO. —La Epístola es un verdadero cántico en el que el apóstol San Pablo proclama arrobado lo que es Cristo para Dios, para la creación, para la Iglesia. El Padre es invisible, habita en una luz, en una región inaccesible, pero he aquí que el que es imagen suya, nacido de El, Dios como El, se deja ver entre nosotros, se hace hombre como nosotros, y derrama su sangre por nosotros. Dios: obra suya es la creación; por El subsiste todo; en El tenemos la vida, el movimiento y el ser y todo lo que existe para El es. Cabeza de la creación, lo es también de la Iglesia que es su cuerpo, su Esposa. Hay entre ambos unidad de vida. Esta vida la posee El en su plenitud y esta plenitud se comunica sin padecer mengua jamás; toda belleza, toda santidad proviene de El como de su fuente. Así lo quiso el Padre con el propósito de reducir todas las cosas a la unidad primitiva y de pacificar en la sangre de su Hijo todo lo que hay en el cielo y en la tierra.

EPISTOLA
Lección de la Epístola del Ap. S. Pablo a los Colosenses
(Col., I, 12-20).
Hermanos: Damos gracias a Dios Padre, que nos hizo dignos de participar de la suerte de los Santos en la luz, que nos arrancó de la potestad de las tinieblas y nos trasladó al reino del Hijo de su amor, en el cual tenemos la redención por su sangre, el perdón de los pecados. El es la imagen del Dios invisible, el primogénito de toda criatura: porque en El fueron creadas todas las cosas del cielo y de la tierra, las visibles y las invisibles, sean los Tronos, sean las Dominaciones, sean los Principados, sean las Potestades: todo fué creado por El y en El, y El es antes que todo, y todo existe en El. Y El es la cabeza del cuerpo de la Iglesia, el principio, el primogénito de los muertos, para que sea quien tenga el principado en todo: porque plúgole al Padre hacer que habitara en El toda la plenitud, y conciliario todo en El, pacificando por la sangre de su cruz tanto lo que hay en la tierra como lo que hay en el cielo, en Jesucristo, nuestro Señor.

El Gradual y el Aleluya cantan la universalidad y la eternidad del reino de Cristo.

GRADUAL
Dominará de un mar a otro mar, y desde el río hasta los confines del orbe de las tierras. V. Y le adorarán todos los reyes de la tierra: todas las gentes le servirán. Aleluya, aleluya. J. Su poder es un poder eterno, que no será quitado: y su reino, un reino que no será destruido. Aleluya.

EVANGELIO
Continuación del santo Evangelio según S. Juan (Jn„ VIII, 33-37).
En aquel tiempo dijo Pilatos a Jesús: ¿Eres tú el Rey de los judíos? Respondió Jesús: ¿Dices esto por ti mismo, o te lo dijeron de mí otros? Respondió Pilatos: ¿Acaso soy yo judío? Tu gente y los pontífices te han entregado a mí: ¿qué has hecho? Respondió Jesús: Mi reino no es de este mundo. Si mi reino fuese de este mundo, lucharían ciertamente mis ministros, para que no fuera entregado a los judíos: pero ahora mi reino no es de aquí. Dijóle entonces Pilatos: ¿Luego tú eres Rey? Respondió Jesús: Tú dices que yo soy Rey. Yo para esto nací y para esto vine al mundo: Para dar testimonio de la verdad: todo el que es de la verdad oye mi voz.

Este diálogo entre Jesús y Pilatos nos hace conocer el carácter espiritual y universal de la dignidad regia del Mesías, su origen divino y su fin: "Nací y vine al mundo para dar testimonio de la verdad: todo el que es de la verdad, oye mi voz." San Agustín, comentando este texto, nos habla también del desprendimiento y de la bondad de nuestro Rey: "¿De qué le servía al Señor ser rey de Israel? ¿Era por ventura algo grande para el Rey de los siglos, ser rey de los hombres? Cristo no es rey de Israel para exigir tributos, armar de la espada a los batallones y dominar visiblemente a sus enemigos, sino que es rey de Israel para gobernar las almas, velar por ellas para la eternidad y llevar al reino de los cielos a los que creen, esperan y aman." Probemos, pues, que somos súbditos suyos de verdad tributándole el homenaje de nuestra fe,de nuestra confianza y de nuestro amor.

El Ofertorio recuerda la promesa, que el Padre hizo al mismo Cristo, de darle como herencia las naciones.

OFERTORIO
Pídemelo y te daré las gentes por herencia tuya, y por posesión tuya hasta los confines de la tierra.

En la Secreta consideramos el reino del Señor en cuanto trae a nuestras almas el don divino de la unidad y de la paz.

SECRETA
Ofrecemoste, Señor, esta hostia de la reconciliación humana: haz, te suplicamos, que Jesucristo, tu Hijo, nuestro Señor, a quien inmolamos en el presente sacrificio, conceda El mismo a todas las gentes los dones de la unidad y de la paz. El cual vive y reina contigo.

En el Prefacio, más aún que en las otras oraciones del Santo Sacrificio, se propone explícitamente a la fe y a la piedad de los creyentes la exacta noción teológica del reinado universal de Cristo. Como Hijo único del Padre, con quien es coeterno y consustancial, el Verbo encarnado comunica a su santa Humanidad, en virtud de la unión hipostática, la doble unción divina del sacerdocio y de la majestad real. En virtud de su Sacrificio Redentor sobre el altar de la cruz, como también por su nacimiento eterno, somete a su imperio indestructible a todas las criaturas, en un reino de verdad y de vida, de santidad y de gracia, de justicia, de amor y de paz.

PREFACIO
Es verdaderamente digno y justo, equitativo y saludable que siempre y en todas partes te demos gracias a ti, Señor santo, Padre omnipotente, eterno Dios: Que ungiste con óleo de alegría a tu unigénito Hijo, nuestro Señor Jesucristo, Sacerdote eterno y Rey universal: para que, ofreciéndose a sí mismo, en el ara de la cruz, como hostia inmaculada y pacífica, obrase el misterio de la redención humana: y, sometiendo a su imperio todas las criaturas, entregase a tu inmensa Majestad un reino eterno y universal: un reino de verdad y de vida; un reino de santidad y de gracia; un reino de justicia, de amor y de paz. Y, por eso, con los Ángeles y los Arcángeles, con los Tronos y las Dominaciones, y con toda la milicia del ejército celestial, cantamos el himno de tu gloria, diciendo sin cesar:
Santo, Santo, Santo, etc.

El Señor concede la paz a los que le reciben:

COMUNION
Se sentará el Señor Rey para siempre: el Señor bendecirá a su pueblo con la paz.

El fruto de la Comunión consistirá en preparar nuestras almas para entrar en el reino celestial.

POSCOMUNION
Habiendo conseguido el alimento de la inmortalidad, suplicamoste, Señor, hagas que, los que nos gloriamos de militar bajo las banderas de Cristo Rey, podamos reinar eternamente con El en el trono celestial. El cual vive y reina contigo.

CONSAGRACION AL
SAGRADO CORAZON DE JESUS



No debemos terminar el día sin hacer nuestra la fórmula de Consagración que compuso León XIII, cuya recitación pública está prescrita por Pío XI para todos los años en esta fiesta.


"Dulcísimo Jesús, Redentor del género humano, miradnos humildemente postrados delante de vuestro altar: vuestros somos y vuestros queremos ser; y a fin de poder vivir más estrechamente unidos con Vos, todos y cada uno espontáneamente nos consagramos en este día a vuestro Sacratísimo Corazón. Muchos, por desgracia, jamás os han conocido; muchos, despreciando vuestros mandamientos, os han deshechado. ¡Oh Jesús benignísimo, compadeceos de los unos y de los otros, y atraedlos a todos a vuestro Corazón Santísimo! ¡Oh Señor! Sed Rey, no sólo de los hijos fieles que jamás se han alejado de Vos, sino también de los pródigos que os h a n abandonado, haced que vuelvan pronto a la casa paterna para que no perezcan de hambre y de miseria. Sed Rey de aquellos que por seducción del error o por espíritu de discordia, viven separados de Vos; devolvedlos al puerto de la verdad y a la unidad de la fe, para que en breve se forme un solo rebaño bajo de un solo Pastor. Sed Rey de los que permanecen aún envueltos en las tinieblas de la idolatría o del islamismo; dignaos atraerles a todos a la luz de vuestro reino. Mirad finalmente con ojos de misericordia a los hijos de aquel pueblo que en otro tiempo fué vuestro predilecto; descienda también sobre ellos, como bautismo de redención y de vida, la sangre que un día contra sí reclamaron. Conceded, oh Señor, incolumidad y libertad segura a vuestra Iglesia; otorgad a todos la tranquilidad en el orden; haced que del uno al otro confín de la tierra no resuene sino esta voz: "Alabado sea el Corazón divino, causa de nuestra salud; a El se entonen cánticos de honor y de gloria por los siglos de los siglos. Así sea."

sábado, 29 de octubre de 2016

TRATADO DEL AMOR A DIOS - San Francisco de Sales

Que la caridad de los santos, en esta vida mortal, iguala y, aún excede, a veces, a la de los bienaventurados

Cuando, después de los trabajos y de los azares de esta vida mortal, las almas buenas llegan al puerto de la eterna, son elevadas hasta el más alto grado de amor a que pueden llegar, y este final acrecentamiento de amor que se les concede en recompensa de sus méritos, se les reparte, no según una buena medida, sino según una medida apretada y bien colmada, hasta derramarse, como lo dijo nuestro Señor; de suerte que el amor que se da como premio es, en cada uno, mayor que el que se re dio para merecer. Ahora bien, no sólo cada uno en particular tendrá en el cielo un amor que jamás tuvo en la tierra, sino que, además, el ejercicio del más pequeño grado de caridad, en la vida celestial, será mucho más excelente y dichoso, generalmente hablando, que el de la mayor caridad que se haya tenido, se tenga o se pueda tener en esta vida caduca. Porque en el cielo los santos practican el amor incesantemente, sin interrupción alguna, mientras que, en este mundo, los más grandes siervos de Dios, obligados y  tiranizados, por las necesidades de esta vida de muerte, se ven en el trance de tener que padecer mil y mil distracciones, que, con frecuencia, los desvían del ejercicio del santo amor. En el cielo, Teótimo; la atención amorosa de los bienaventurados es firme, constante e inviolable, de manera que no puede perecer ni disminuir. Su intención es siempre pura y está exenta de toda confusión con cualquiera otra intención inferior. En una palabra, la felicidad de ver a Dios claramente y de amarle sin variación es incomparable. ¿Y quién podrá jamás igualar el bien, si es que hay alguno, de vivir entre los peligros, las continuas tormentas, los vaivenes y las perpetuas mudanzas que se padecen en el mar, con el contento de estar en un palacio real, donde se encuentran todas las cosas que se pueden desear y donde las delicias sobrepujan todos los deseos? Hay, pues, mayor contento, mayor suavidad y mayor perfección en el ejercicio del santo amor entre los habitantes del cielo, que entre los peregrinos de esta miserable tierra. Pero también ha habido personas tan dichosas en esta peregrinación, que su caridad ha sido mayor que la de muchos santos que gozan ya en la eterna patria. No es, ciertamente, verosímil que la caridad de San Juan, de los Apóstoles y de los varones apostólicos no fuese mayor, aun mientras vivían en este mundo, que la de los niños que, habiendo muerto con sólo la gracia bautismal, gozan de la gloria de la inmortalidad. No es cosa ordinaria el que los pastores sean más valientes que los soldados, y, sin embargo, David, pequeño pastor, que, al llegar al ejército de Israel, vio que todos eran más diestros que él en el ejercicio de las armas, fue el más valiente de todos. Tampoco es cosa ordinaria el que los hombres mortales tengan más caridad que los inmortales; mas a pesar de ello, ha habido mortales que, siendo inferiores en el ejercicio del amor a los inmortales, los aventajan en la caridad y en el hábito amoroso. Y, así como al comparar un hierro candente con una lámpara encendida, decimos que el hierro tiene más fuego y más calor, y que la lámpara tiene más llama y despide más luz; también, al comparar un niño glorioso con San Juan todavía preso, o con San Pablo todavía cautivo, diremos que el niño, en el cielo, tiene más claridad y más luz en el entendimiento, más llama y mayor ejercicio del amor en la voluntad, pero que San Juan y San Pablo tuvieron en la tierra más fuego de caridad y más calor de dilección.

 Del incomparable amor de la Madre de Dios
Nuestra Señora

En todo y siempre, cuando trazo comparaciones, no es mi intento hablar de la Santísima Virgen madre, Nuestra Señora, porque Ella es la hija de un amor incomparable; es la única paloma, la toda perfecta  Esposa escogida, como el sol entre los astros. Y pasando más adelante, creo también que, así como la caridad de esta Madre de amor sobrepuja a la de todos los santos del cielo en perfección, asimismo la ejercitó de una manera mucho más excelente que ellos en esta vida mortal. Jamás pecó venialmente, según lo estima la Iglesia; nunca hubo mudanzas ni retrasos en el progreso de su amor, antes al contrario, subió de amor en amor con un perpetuo avance; no sintió ninguna contradicción del apetito sensual, por lo que su amor reinó apaciblemente en su alma y produjo todos sus efectos en la medida de sus deseos. La virginidad de su corazón y la de su cuerpo fueron más dignas y más honorables que la de los ángeles. Por esta causa, su espíritu, si se me permite emplear una expresión de San Pablo, no estuvo dividido  ni repartido, sino que anduvo solicito en las cosas del Señor y por lo que había de agradar a Dios Finalmente, ¿qué no hubo de hacer en el corazón de una tal Madre y para el corazón de un tal Hijo, el amor maternal, el más apremiante, el más activo, el más ardiente de todos, amor infatigable y jamás saciado? No alegues que esta Virgen estuvo sujeta al sueño, Teótimo. Porque no ves que su sueño es un sueño de amor, de suerte que su mismo Esposo la deja que duerma cuanto le plazca. Atiende bien a estas palabras: Os conjuro -dice-, que no despertéis a mi amada, hasta que ella quiera Esta reina celestial jamás dormía sino de amor, pues no concedía ningún reposo a su cuerpo más que para vigorizarlo y hacerlo más apto para mejor servir, después, a su Dios; acto, ciertamente, muy excelente de caridad. Porque, como dice el gran San Agustín, esta virtud nos obliga a amar convenientemente a nuestros cuerpos, en cuanto son necesarios para la práctica de las buenas obras; forman parte de nuestra persona y han de ser partícipes de la felicidad eterna, Un cristiano ha de amar a Su cuerpo como a la Imagen viviente del cuerpo del Salvador encarnado, como nacido, con Él, del mismo tronco, y, por consiguiente; como algo que está unido con Él por lazos de parentesco y consanguineidad, sobre todo después de haber renovado la alianza por la recepción real de este divino cuerpo del Redentor, en el adorable sacramento de la Eucaristía, y de habernos dedicado y consagrado a su soberana bondad, por el bautismo, la confirmación y los demás sacramentos.

Mas, la Santísima Virgen,  ¡debía amar a su cuerpo virginal, no sólo porque era un cuerpo manso, humilde, puro, obediente al amor santo, y estaba todo perfumado de miel sagrada dulzuras, sino también porque era la fuente viva del cuerpo del El Salvador y le pertenecía íntimamente por un derecho incomparable! Por esto, cuando entregaba su cuerpo angelical al reposo del sueño, le decía: Descansa, trono de la Divinidad; reposa un poco de tus fatigas y repara tus fuerzas con esta dulce tranquilidad. ¡Qué consuelo oír a San Juan Crisóstomo contar a su pueblo el amor que le tenía! "Cuando la necesidad del sueño -dice-, cierra mis párpados, la tiranía de mi amor a vosotros abre los ojos de mi espíritu: y muchas veces, entre sueños, me ha parecido que os hablaba, porque el alma acostumbra a ver, en sueños, por la imaginación, lo que ha pensado durante el día. Así, cuando no os veo con los ojos de la carne, os veo con los ojos de la caridad," ¡Ah, dulce Jesús! ¿Qué debía soñar vuestra santísima Madre, mientras dormía y su corazón velaba? Tal vez soñaba, algunas veces, que, así como nuestro Señor había dormido sobre su pecho, como un corderito sobre el blando seno de su madre, de la misma manera dormía Ella en su costado abierto, como blanca paloma en los agujeros de las peñas  De suerte que su sueño en cuanto a la actividad del espíritu, era parecido al éxtasis, aunque, en cuanto al cuerpo, fuese un dulce y agradable alivio y descanso, Y, si alguna vez soñó, los progresos y el fruto de la redención obraría por su Hijo, en favor de los ángeles y de los hombres, quién podrá jamás imaginar la inmensidad de tan grandes delicias? ¡Qué coloquios con su querido Hijo! ¡Qué suavidad por todas partes! El corazón de la Virgen madre permaneció perpetuamente abrasado en el amor que recibió de su Hijo, hasta llegar al cielo, lugar de su origen; tan cierto es que esta madre es la Madre del amor hermoso, es decir, la más amable, la más amante y la más amada, Madre de este único Hijo, que es también el más amable el más amante y el más amado de esta única Madre.

 Preparación para el discurso acerca de la unión de los
bienaventurados con Dios

El amor triunfante de los bienaventurados en el cielo consiste en la final, invariable y eterna unión del alma, con Dios. La verdad es el objeto de nuestro entendimiento, el cual, por lo mismo, tiene todo su contento en descubrir y, conocer la verdad de las cosas, y, según que las verdades sean más excelentes, con más gusto y más atención se aplica a ellas, Mas, cuando nuestro espíritu, levantado por encima de la luz natural, comienza a ver las sagradas verdades de la fe, el alma se derrite, al oír la palabra de su celestial Esposo, que le parece más dulce y más suave que la miel de todas las ciencias humanas  ¿No es verdad que sentíamos abrasarse nuestro corazón, mientras nos hablaba por el camino?  Decían los dichosos peregrinos de Emaús, hablando de las amorosas llamas de que se sentían tocados por la palabra de la fe? Pues, si las verdades divinas son tan suaves, propuestas a la sola luz obscura de la fe, ¿qué ocurrirá, cuando las contemplemos a la luz meridiana de la gloria? Cuando al llegar a la celestial Jerusalén, veremos al gran rey de la gloria, sentado en el trono de su sabiduría, manifestando, con incomprensible claridad, las maravillas y los secretos eternos de su verdad soberana, con tanta luz, que nuestro entendimiento verá presentes las cosas que creyó en este mundo, entonces, mi querido Teótimo, qué éxtasis, qué admiración, qué dulzura! Jamás -diremos en un exceso de suavidad-jamás hubiéramos creído poder contemplar verdades tan deleitables.

 Que el deseo precedente acrecentará en gran manera,
la unión de los bienaveturados con Dios

El deseo que precede el gozo hace que el sentimiento de éste sea más agudo y refinado y, cuanto más apremiante y más fuerte, es el deseo, más agradable y deliciosa es la cosa deseada. ¡Oh Jesús mío: ¡Qué gozo para el corazón humano ver la faz de la Divinidad, faz tan deseada, faz que es el único deseo de nuestras almas! Nuestros corazones tienen una sed que no puede ser extinguida por los goces de la vida mortal, No tengas jamás reposo ni tranquilidad en esta tierra, alma, mía, hasta que hayas encontrado las frescas aguas de la vida inmortal y de la Divinidad santísima, que son las únicas que pueden extinguir tu sed y calmar tus deseos. Imagínate, Teótimo, con el Salmista, aquel ciervo que, acosado por la jauría, siente que le faltan el aliento y los pies, y se arroja con avidez al agua que anda buscando, ¡Con qué ardor se sumerge en este elemento! Parece que gustosamente se derretiría y se convertiría en agua, para gozar más a sus anchas de su frescura. ¡Qué unión la de nuestro corazón allá en el cielo, donde, después de estos deseos infinitos del verdadero bien, jamás saciados en este mundo, encontraremos su verdadero y abundante manantial!

TRATADO DE LOS ANGELES - SANTO TOMAS DE AQUINO

CUESTION 55
ART. II.
ALGUNAS NOCIONES
PREVIAS
(continuación)
 Naturaleza y origen de las especies inteligibles
Angélicas


Hay en el entendimiento humano, en orden al conocimiento natural actual de las cosas, doble potencialidad, pues necesita primero tomar de los objetos, mediante los sentí dos la representación de las cosas, y después, mediante la actividad del entendimiento agente, formar del fantasma de la imaginación las especies inteligibles, que hemos dicho son principio del conocimiento o medio determinante que informa y actúa la .facultad intelectiva para producir el acto de entender.

También en el entendimiento angélico es una potencia que para conocer a las demás necesita de las imágenes o especies ininteligibles (a, 1), Mas ¿seguirá el ángel en la producción del acto de entender el mismo proceso que el entendimiento humano, teniendo que adquirir de las cosas por si mismo las especies que lo representen, o será actuado de otro modo, sin adquirir por si esas representaciones, que, sin embargo, ha de tener? ¿Cuál es, pues, el origen y naturaleza de esas especies? En otro lugar, hablando el Angélico de cómo el ángel conoce las cosas materiales, se expresa de este modo refiriendo las opiniones entonces existentes: "Supuesto que los ángeles no conozcan las cosas materiales por su propia esencia, sino por algunas representaciones, hay tres opiniones acerca de esas representaciones, Pues algunos dicen que tales representaciones, por las que conocen los ángeles, están tomadas de las mismas cosas materiales…Otros dicen que el ángel no adquiere las especies por las que conoce tomándolas de las cosas, pero que tampoco entiende por especies innatas, sino que está en su poder conformar la propia esencia a cada cosa en presencia de la misma, y que de tal captación se sigue el conocimiento de la cosa ... Parece que hay que afirmar lo que la tercera opinión afirma, la cual es más, común y más verdadera, y es que los ángeles conocen las cosas materiales por representaciones innatas" (De veritate, q. 8, a. 9).      . .

La respuesta del Doctor Angélico en este artículo de la SUMA es categórica, y es que "las especies por las cuales entienden los ángeles no están tomadas de las cosas, sino que les son connaturales..., que las reciben de Dios junto con su naturaleza intelectual" (a. 2). Como en este punto nada dice tampoco la divina revelación, la cual, como ya hemos visto, se limita a afirmar de modo equivalente que los ángeles conocen las cosas, Santo Tomás, además de apoyarse en las dos autoridades patrísticas por él preferidas, el Seudo-Dionisio (Sed contra) y San Agustín (cuerpo del artículo y ad 1), busca el fundamento racional de esta doctrina, primero en la comparación de la perfección natural de los ángeles en el orden intelectual con la perfección natural de los cuerpos celestes, argumento que en aquellos tiempos tenía cierto valor, dadas las teorías entonces corrientemente admitidas; y en segundo lugar prueba lo mismo por la comparación con el hombre. Dios, acto purísimo, en quien no se da potencialidad alguna, tiene el grado supremo - en la escala de las inteligencias, y respecto al conocimiento de las cosas está siempre en acto segundo, no dependiendo en nada de ellas su ciencia perfectísima. Mas el hombre ocupa el ínfimo lugar en la escala de las inteligencias, pues su alma,  aunque inmaterial en sí misma y, por ende, intelectiva, se une naturalmente al cuerpo, del cual depende tanto para constituir la naturaleza humana como para ejercer ciertas funciones, debiendo por ello tomar su conocimiento de las cosas sensibles y encontrándose de suyo en estado de pura potencialidad no sólo para el acto segundo, sino también para el acto primero de la intelección, para el que tiene que adquirir sucesivamente de los objetos las especies inteligibles mediante los sentidos y la actividad del entendimiento agente.

Pide, pues, la gradación y armonía que hay en los seres del universo que los ángeles, inteligencias intermedias entre Dios y el hombre, aunque estén en potencia en orden al acto de la intelección actual de las cosas, no lo estén en orden a la adquisición de sus representaciones, debiendo tenerlas infusas desde el primer instante de su existencia, sin tener que abstraerlas de los objetos. Así lo pide necesariamente la naturaleza angélica, en cuanto inteligencias perfecta, aunque limitadas. Por lo que se refiere a los objetos materiales, juzgando por lo que conocemos de la perfección de la naturaleza en los ángeles y por lo que sabemos del entendimiento humano, deducimos que, siendo la esencia de los ángeles perfectamente espiritual y completamente inmaterial, independiente intrínseca y extrínsecamente de todo cuerpo, no pueden ellos en su operación propia, que es el entender, tener dependencia alguna de lo que supondría necesariamente en los mismos, unión natural a un cuerpo si tomasen las especies de Ias cosas sensibles.


Para tomar en el conocimiento las representaciones de los objetos extrínsecos al que conoce, tiene éste que tener cuerpo; "por donde, para que el entendimiento angélico recibiese alguna representación de las cosas materiales, debería el ángel tener potencias sensitivas y estar naturalmente unido a un cuerpo" (De veritate, q. 8, a. 9). En cuanto a los objetos inmateriales, tampoco pueden los ángeles para conocerlos tomar de ellos alguna representación, obteniéndola como fruto de su abstracción, ni causada en su entendimiento por los otros seres inmateriales. La razón es obvia. No puede formar en sí el ángel que conoce la representación tomándola del ser inmaterial conocida, porque para ello necesitaría previamente conocer el objeto sobre el que habría de ejercer su operación abstractiva, ya que el ángel no puede obrar en aquello que no conoce, y antes que formase la especie no estaría el otro ser inmaterial presente en él. Ni éste puede producirla en el entendimiento del ángel que realiza el acto de conocer, porque nada puede obrar donde no esté presente; y por eso, para poder un ángel producir una representación inteligible suya en el entendimiento del otro, tendría que estar dentro de dicho entendimiento con su misma substancia.

Mas ninguna criatura puede estar con su substancia en otro entendimiento ni ejercer allí intrínsecamente alguna operación, sino sólo extrínsecamente, ya que sólo aquel qué da el ser, es decir, Dios creador, que tiene poder intrínseco sobre el ser" (II Sent., .8,q. uníca., a. 5 ad 3; 1 p., q.56, a. 2, dif. 3; 3." p., q. 8, a. 8 ad 1; q. 64; a. 1; cont. gent., lib. II, cap. 98; De veritate, q. 8, a. 7), puede penetrar en el entendimiento y en la voluntad de las criaturas. Po eso Santo Tomás, tratando de la iluminación de los ángeles, dirá más adelante (l." p., q. 106, a. 1 ad 2) que no consiste en la infusión de una nueva luz ni de nuevas especies (De veritate , q. 9, a. 1 ad 10). Se llama aquí tres veces a esas especies inteligibles angélicas connaturales (a. y ad 2), Y en la cuestión siguiente (a. 2) se dice que en cada uno de los ángeles fueron impresas por Dios, en cuanto al ser inteligible, las semejanzas de todas las cosas creadas. Infusas las llama también Santo Tomás en la cuestión 57 (a. 2). Y en otros lugares de sus obras afirma que son infusas (Quodlibet. VII, q. 1, a. 3;. De veritate, q. 8, a. 9), impresas (TI sent., disto 3, q. 3, a. 1 ad 2 yad 4; De veritate, 1. c., a. 7), i11/l1,(1,ta,s (De veritate, q. cit., aa. 7 y 9), recibidas (Quodlibet. 7, q. 1,a. 3; Como al ,liibro "De causis", lect. 10), oonorecdas (Quodlibet. VII, q. 1, a.3), o que son como un efluvio inteligible de Dios (1." p., q. 55, a, 2), derivadas de la esencia divina (L" p., q. 57, a. 2 ad 2), que dimanan inmediatamente de las razones eternas ejemplares de Dios (De veriate, q. 8, a.      9; TI Sent., dist, q. 3, a. 3).


El modo lo expone el Angélico de esta forma: "Así como de las ideas eternas existentes en la mente divina proceden las formas materiales para 'dar su ser a las cosas, así también de Dios se derivan a la mente angélica las representaciones de todas las cosas para el conocimiento de las mismas: de modo que así el entendimiento del ángel excede al nuestro como una cosa formada excede a la materia informe; por donde nuestro entendimiento se compara a un lienzo en blanco, mas el entendimiento angélico se parece a un lienzo pintado o a un espejo, en el cual están las imágenes de las cosas" (De veritat,e, q. 8, a. 9). Son, pues, estas representaciones de las cosas que Dios ha impreso en los entendimientos angélicos cualidades como las que el entendimiento agente humano forma de las de imágenes de los objetos exteriores, suministradas por los sentidos externos y la fantasía, diferenciándose de ellas, en cuanto al origen, ya que las angélicas fueron impresas directamente por Dios en los ángeles al crearlos, mientras las nuestras son producto de la abstracción de nuestro entendimiento agente.  Así que las especies inteligibles angélicas ni son causadas por las cosas ni son causa de las cosas, sino que son causadas por las ideas divinas" que son a su vez causa ejemplar y eficiente de todo (a. 2 ad 1). Difieren también de las nuestras esas representaciones por su universalidad y perfección, ya que quien las causa inmediatamente es Dios, en quien las, cosas tienen más verdad que en sí mismas, puesto que "los seres naturales son verdaderos por cuanto alcanzan a tener semejanza con las especies que hay en la mente divina" (1.0 p., q. 16, a. 1), de la que, como se ha dicho, dimanan las 'especies inteligibles angélicas.

Ite Missa Est

29 de octubre

San Narciso,
Obispo de Jerusalén.
(†212.)


San Narciso, obispo de Jerusalén, nació a fines del siglo I, a lo que se cree en la misma ciudad de Jerusalén, y qué uno de los más santos y admirables prelados de los primitivos tiempos de la cristiandad. Habiendo vacado la silla de aquella metrópoli de Judea por muerte del patriarca Dulciano, fué elegido por voz común de todos los fíeles san Narciso, que era uno de los más ejemplares y sabios sacerdotes, y aunque a la sazón tenía ya ochenta años, hizo grandes cosas en bien del rebaño de Cristo, y lo defendió valerosamente de los herejes. Presidió en el concilio que se reunió en Palestina para decidir la cuestión sobre el día en que debía celebrarse la Pascua: y refiere Eusebio que una víspera de dicha festividad, faltando el aceite de las lámparas al tiempo que los sagrados ministros iban a celebrar la solemnidad de la vigilia, mandó san Narciso que sacasen agua de un pozo y se la trajesen. Hirieron lo así, y el santo, animado de viva fe hizo oración, y habiendo bendecido aquella agua la convirtió en aceite, con que se llenaron las lámparas: y de la parte que sobró se proveyeron muchos fieles para curar sus enfermedades. En otra ocasión calumniaron al venerable prelado tres hombres malignos confirmando su acusación con juramento. El primero dijo: «quemado muera yo si no es verdad lo que digo»; el segundo: «sea yo cubierto de lepra»; el tercero: «quede yo ciego». Mas no tardó el Señor en volver por la honra de su siervo, castigando a los tres perjuros con los males que habían significado en sus maldiciones, y el tercero confesó delante de todos la conspiración que los tres juntamente habían tramado contra su santo obispo. Habíase san Narciso retirado con aquella ocasión de su iglesia y enterrándose vivo en un espantoso desierto, donde por espacio de algunos años llevó vida más de ángel que de hombre; mas sabiendo que estaba tan probada y reconocida su inocencia, juzgó que debía volver a su iglesia. Así que llegó a Jerusalén fué recibido con tanto alborozo y tanto tropel de gente, como si fuera un santo venido del otro mundo: y apenas llegó cuando murió en aquella ciudad el obispo Gordio, que había ocupado en su ausencia la silla episcopal. Gobernó pues el santo algunos años más aquella cristiandad, hasta que por divina revelación tomó por coadjutor a san Alejandro, obispo de Flaviada en la Capodocia, que había venido a visitar los santos lugares de Jerusalén, con el cual repartió el cargo pastoral, por causa de su edad tan avanzada: y así escribiendo san Alejandro a los antinoítas de Egipto, les dice: Saludóos de parte de Narciso, que gobernó esta iglesia antes de mí, y ahora la gobierna juntamente conmigo, siendo al presente de edad de ciento diez y seis años ya cumplidos. Luego descansó en el Señor, y recibió el premio de sus trabajos.

Reflexión:

Pocos son los hombres que llegan a una edad tan avanzada, y por ventura ni uno solo de los que leen esta vida, alcanzará los años que sirvió a Dios san Narciso. Démonos pues prisa en llevar adelante nuestro único negocio y hacer las prevenciones necesarias para toda la eternidad, procurando que los días que pasan, no sean días inútiles y perdidos, sino días aprovechados y llenos de méritos y virtudes; pues como nos dice el Espíritu Santo, la edad de la senectud, no está en los muchos años que se viven, sino en la vida inmaculada g virtuosa.

Oración:

Concédenos ¡oh Dios omnipotente! que la venerable solemnidad del bienaventurado Narciso, tu confesor y pontífice, acreciente en nosotros la gracia de la devoción y el deseo de nuestra eterna salud. Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.


viernes, 28 de octubre de 2016

La Misa de Siempre - Mons.Marcel Lefebvre

Ven, Dios Santificador, omnipotente


Veni santificator omnipotens seteme
Ven, Santificador todopoderoso,
Deus: et benedic hoc sacrificium tuo
Dios eterno; y bendice este sacrificio,
sancto nomini preparatum.
preparado para gloria de tu santo nombre .

El Espíritu Santo, que obra el gran milagro de la transubstanciación, santifica a las almas durante la misa.

Nuestro Señor quiso entregarse a nosotros para comunicarnos esa llama de amor y ese fuego de caridad que había en El, bajando en cierto modo de la Cruz, viene a nosotros y se nos entrega como comida para comunicamos ese fuego de la caridad que hay en Él, el Espíritu Santo que, en cierto modo, lo devora y lo consume de amor a su Padre y al prójimo y este fuego se nos comunica en la sagrada Eucaristía que está llena del Espíritu Santo.  Y, eso mis queridos fieles, es lo que se nos comunica por la sagrada Eucaristía y por el sacerdote. ¡Qué cosa admirable! ¡Cosas tan hermosas ha hecho Dios! ¡Cómo deberíamos apreciar estos dones extraordinarios que Dios nos ha dado.

El Padre Froget, en la conclusión de su libro sobre el Espíritu Santo, dice: "¡Cuántos cristianos que poseen habitualmente la gracia y las energías divinas que la acompañan, permanecen, no obstante, tan débiles y flojos en el servicio de Dios, tan poco celosos por su perfección, tan inclinados a la tierra, tan olvidados de las cosas del cielo y tan fáciles de arrastrarse al mal! Por eso nos exhorta el Apóstol a no contristar al Espíritu Santo (Efe 4, 30) con nuestra infidelidad:”la gracia y, sobre todo, a no apagarlo en nuestros corazones". (1 Tes 5, 19) "Hay una causa que termina explicando por qué una semilla tan abundante de gracia muchas veces no produce sino una cosecha raquítica. Es que, conociendo sólo muy imperfectamente el tesoro que poseen, muchas veces sólo le tienen una débil estima y se esfuerzan poco por hacerlo fructificar. Con todo, i qué fuerza, qué generosidad, qué respeto de sí mismos, qué vigilancia, y también qué consuelo y qué alegría no les inspiraría este pensamiento constantemente considerado y piadosamente meditado: el Espíritu Santo habita en mi corazón! Ahí está, protector poderoso, siempre dispuesto a defenderme contra mis enemigos, a sostenerme en mis combates y a asegurarme la victoria. Amigo fiel, está siempre dispuesto a darme una audiencia y, lejos de ser una fuente de amargura y de molestia, su conversación da alegría y gozo. (Sab 8, 16) Ahí está, testigo siempre atento a mis esfuerzos y a mis sacrificios, contando, cada uno de mis pasos para recompensarlos un día, siguiendo todos mis movimientos, no olvidando nada de lo que hago por su amor y su gloria. “Qué palabras tan hermosas y tan alentadoras."

La incensación

La liturgia es una escuela de respeto. Se inciensa a los demás, a las almas, que son los templos del Espíritu Santo. Es una señal de respeto que debería ser una actitud habitual. No se debe pensar en que los demás tienen un alma hecha a la imagen de Dios y que es el templo del Espíritu Santo sólo al incensarlos, sino que es algo que tendría que transparentarse en nuestras actitudes y en nuestras relaciones habituales con los demás. No debería ocurrir que tengamos respeto por los demás únicamente en la liturgia. Todo esto tiene que empapar nuestra vida y llevamos a tener ese mismo respeto y humildad con los demás. Lo sagrado y lo divino inspiran respeto. Una de las características de la Fraternidad será el respeto a las almas bautizadas y tratar con respeto las cosas sagradas, en particular todo lo que se refiere a la acción sagrada por excelencia, el santo sacrificio de la misa. Por eso, no nos dejaremos llevar por esa corriente de vulgaridad y tosquedad, fruto de la desacralización. El respeto de sí mismo y de los demás será una característica particular del auténtico espíritu de la Iglesia. Los fieles e incluso los infieles son muy sensibles a esta manifestación del espíritu de la Iglesia y de Nuestro Señor. Es la verdadera manifestación del espíritu cristiano y de la civilización cristiana, civilización de respeto, fundada en la fe en lo sagrado y en lo divino, es decir, en Nuestro Señor, en todo lo que representa y en todo lo que emana de Él mismo.

El salmo 25: Lavabo

Lavabo inter innocentes manus meas:
et circumdabo altare tuum, Domine.
Ut audiam vocem laudis: et enarrem
universa mirabilia tua ..
dilexi decorem domus tue: et
locum habitationis gloriae tue.
Ne perdas cum impiis, Deus animam
meam: et cum viris
sanguinum vitam
meam. In quorum manibus iniquitates sunt:
dextera eorum repleta est muneribus.
Ego autem in innocentia mea ingressus
sum: redime me, et miserere mei.
Pes meus stetit in directo: in ecclesiis
benedicam te, Domine.
Gloria Patri ...
Sicut erat ...

Lavaré mis manos entre los inocentes
y rodearé, Señor, tu altar.
Para oír la voz de tu alabanza, y
pregonar todas tus maravillas.
Señor, he amado el decoro de tu
casa, Y el lugar donde reside tu
gloria No pierdas, Dios mío, mi alma con
los impíos, ni la vida mía con los
hombres sanguinarios:
En cuyas manos no se ve más que
iniquidad, Y cuya diestra está
colmada de sobornos.
Mas yo he procedido según mi
inocencia; sálvame, Señor, y apiádate
de mí.
Mi pie ha permanecido en el camino
recto; en las asambleas de los fieles
te bendeciré, Señor.
Gloria al Padre ...
Como era ...

Tenéis que amar cada vez más la casa de Dios; la casa del sacerdote es la Iglesia y de esa casa, lo que tiene que amarse antes que nada es: el altar. "Yo he amado, oh Señor, el decoro de tu casa, y la mansión de tu gloria" (Sal 25, 8): es lo que el sacerdote reza cada vez que se lava las manos. Por esto tenemos que procurar que esos lugares sean lugares que los fieles puedan amar y veneran para que, cuando entran en ellos, tengan el sentido de la grandeza de Dios. Esmerémonos en adornar la casa de Dios y hacerla digna del que vive en ella. Todo tiene que ser noble, grande, hermoso y ordenado, a imagen de Dios que está en el santuario, el templo no es primero la casa del pueblo de Dios, sino antes que nada: es la casa de Dios, domus Dei (Gen 18, 17)241, en donde el pueblo tiene que encontrar y hallar a Dios, y comunicarse con El. Profundamente convencidos de que la fuente de vida está en Cristo crucificado y, por lo tanto, en el sacrificio que nos ha legado, los miembros de la Fraternidad descubrirán con una alegría cada vez mayor que la Esposa mística de Nuestro Señor, nacida del corazón atravesado de Jesús, no toma nada tan a pecho como transmitir, con una magnificencia inspirada por el Espíritu Santo, este precioso testamento. De ahí los esplendores de la liturgia que canta a Jesús crucificado y resucitado. La Iglesia ha sabido presentamos y hacemos vivir de estos misterios de un modo realmente divino, que cautiva a los corazones y eleva a las almas. Todo ha sido preparado con un amor de esposa fiel y de madre misericordiosa. Todo es motivo de edificación en los lugares sagrados, las ceremonias, los ornamentos, los cantos, la elección de las oraciones del misal, del breviario, del pontifical y del ritual.  ¿Cómo podría pretender la desacralización el alma que vive  de su fe y que la modela con la de la Iglesia?

Antes de empezar la oración Suscipe, Sancta Trínítas, el sacerdote eleva su mirada a la Cruz del altar. El sacerdote hace este gesto nueve veces en la misa para manifestar el vínculo entre el sacrificio de la misa y el sacrificio de la Cruz.

Hay una Cruz mucho más hermosa que esas cruces de piedra, que en realidad no son vivas, sino sólo imágenes y esculturas. ¿Dónde está la Cruz viva? ¿Dónde está? ( ... ) Está ahí, en el altar, en cada misa después de la consagración, puesto que Nuestro Señor Jesucristo presente en el altar es el mismo que el que fue crucificado. Todos los católicos han tenido siempre amor por la misa y han sentido la necesidad de esta misa, algunas veces sin comprenderla bien, pero diciéndose: "Tengo necesidad de ir a misa". ¿Por qué? Porque tenemos necesidad de la Cruz de Nuestro Señor Jesucristo, de unimos con ella en este valle de dolores y en esta tierra de exilio. Tenemos que sentimos sostenidos por esta Cruz de Nuestro Señor."¡Salve, oh Cruz, esperanza nuestra!" La Cruz es nuestra esperanza porque no es más que un camino, el camino a la vida «terna y a la gloria. Pero hay que pasar por la Cruz, hay que tomarla y llevada en pos de Nuestro Señor para llegar a la vida «terna. Este vía crucis tiene que ser el nuestro durante nuestra vida, para poder llegar así a la vida eterna."



Suscipe, Sancta Trinitas

Suscipe sancta Trinitas, hanc liblationem,
quam tibi offerimus ob memoriam passionis,
resurrectionis, et acensionis ]esu Christi Domini nostri:
et in honorem beatae Marie Semper virginis, et beati Joannis Baptistae, et sanctorum Apostolorum Petri et Pauli,
et istorum, per omnium Sanctorum: ut illis proficiat ad honorem,
nobis autem ad salutem, et illi pro nobis intercederé
dignentur in caelis, quorum memoriam agimus in terris.
Per eumdem Christum Dominum nostrum. Amén


 Recibe esta ofrenda:
Recibe, Trinidad santa, esta oblación
que te ofrecemos en memoria de la
Pasión, Resurrección y Ascensión de
Jesucristo, nuestro Señor; y en honor
de la bienaventurada siempre. Virgen
María, y de san Juan Bautista, y de los
santos apóstoles Pedro y Pablo, y de
estos Santos cuyas reliquias están en
esta ara, y de todos los Santos; para
que a ellos les sirva de honra, y a
nosotros nos aproveche para la
salvación; y se dignen interceder por
nosotros en el cielo aquéllos cuya
memoria veneramos en la tierra. Por el
mismo Cristo nuestro Señor. Amén.

Es la oblación de Nuestro Señor que glorifica a la Santísima Trinidad, y el alma unida a esta oblación participa a esta glorificación, siguiendo a los Apóstoles y a los mártires,

El sacrificio de la misa es una oblación, y esta oblación tiene que ser el modelo de la nuestra. Nuestra vida tiene que ser una oblación a Dios a través de Nuestro Señor Jesucristo, per Dominum nostrum Iesum Christum, siempre a través de Nuestro Señor Jesucristo y en unión con la oblación de Nuestro Señor Jesucristo. No hay otro camino para alcanzar la visión beatifica, la bienaventuranza, ni para alcanzar nuestro fin, que es Nuestro Señor Jesucristo. De ahí la importancia del sacrificio de la misa y la importancia del verdadero sacrificio. Los Apóstoles, después de Pentecostés, se reunían para celebrar los sagrados misterios, es decir la santa misa: "Para la fracción del pan." (Hech 2, 42) Todos los mártires han recibido la gracia y la perseverancia en la fe, y el valor de sufrir el martirio en estos Santos misterios que celebraban en lugares secretos, donde se escondían para que no los encontraran sus perseguidores. Las catacumbas son un testimonio de ello. En las catacumbas se ve por todas partes el recuerdo de este sacrificio celebrado por los primeros cristianos. La oblación del sacrificio de la misa continuará en el Cielo.  Seremos siempre víctimas ofrecidas a la gloria de Dios. Siempre estaremos bajo la influencia de la Pasión de Jesús y de su Cruz, y a Nuestro Señor le atribuiremos la gracia de la visión beatífica. Nuestro Señor Jesucristo seguirá ofreciéndose durante la eternidad en su Cuerpo Místico glorificado, en alabanza y acción de gracias a la Santísima Trinidad. Nosotros seremos pequeñas células vivas de Nuestro Señor Jesucristo, que cantaremos sus alabanzas por toda la eternidad.