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jueves, 29 de septiembre de 2016

TRATADO DE LOS ANGELES - SANTO TOMAS DE AQUINO

Continuación punto 3°, del art. 3 (para entender esto ir primero a art. 3 expuesta en la entrega anterior del 23 de Septiembre)


La doctrina de Santo Tomás, aquí sencilla y claramente expuesta, es consecuencia del principio general de que las substancias no son inmediatamente operativas, sino que obran mediante accidentes, que en este caso son las facultades. Consecuentemente a esto, afirma aquí el Angélico que la facultad o potencia intelectiva y la esencia del ángel se distinguen realmente, es decir, que el ángel no entiende inmediatamente por la esencia, sino por una facultad realmente distinta de ella, que se llama entendimiento. En la prueba de esta proposición, que supone la distinción real entre la facultad y el ejercicio de la misma, y que es corolario de la distinción real entre el acto de entender y el ser del que entiende, se limita Santo Tomás a aplicar la doctrina general de la especificación intrínseca de las potencias por los actos adecuados de las mismas formalmente distintos entre sí. La esencia y la potencia o facultad tienen actos adecuados formalmente distintos: el acto de la esencia es la existencia; el acto de la facultad intelectiva es el entender, que, como se ha dicho, difiere realmente del ser o existencia actual en el ángel y en toda cosa creada (a. 2).

La esencia no es, por lo tanto, principio inmediato electivo de la intelección, sino solamente principio fundamental, mediato remoto o radical. "La esencia del que obra es principio inmediato de la operación cuando la operación se identifica con el ser de la cosa. Pues así como la potencia se ordena a la operación como a su acto propio, así también la esencia se ordena a la existencia. Pero solamente en Dios es una misma cosa el acto de entender y el de existir. Por consiguiente, solamente en Dios la facultad intelectiva es su misma esencia. En cambio, en todas las criaturas intelectuales el entendimiento es una facultad del que entiende" (1." p., q. 79, a. 1).

Tratando el Doctor Angélico de esta misma cuestión con respecto al alma humana, propone este argumento en otros términos: La potencia y el acto a que aquélla se ordena esencialmente deben estar en el mismo orden. La facultad se ordena a la operación, que es accidente: luego la facultad lo será también. En cambio, la esencia y la existencia han de estar por esto mismo en el orden o género substancial. y así como se distinguen realmente la substancia y el accidente, así se han de distinguir también la facultad y la esencia (1.° p., q. 77, a. 1). Véase así que mientras "en Dios el entendimiento, lo que entiende, la especie inteligible y el acto de entender son una y la misma cosa" (1." p., q. 14, a. 4), idéntica con su esencia, en el ángel, en cambio, y en toda criatura intelectual, hay que distinguir realmente entre sí estas cinco cosas: la esencia, la existencia, la operación de entender, la facultad intelectiva (entendimiento) y, además, la especie inteligible, de la que se tratará en la cuestión siguiente.              

Es tal la fuerza de la argumentación empleada por el Doctor Angélico en este articulo 3, que casi todos los escolásticos, incluso aquellos que no admiten la distinción real de la esencia y existencia actual en las cosas creadas, tienen en este punto la misma doctrina, El propio Suárez, S. L, nada propenso a admitir la doctrina de Santo Tomás comúnmente, sostiene aquí la real distinción entitativa entre la esencia y la operación de entender en el ángel y asimismo entre la esencia y la facultad intelectiva, afirmando con los tomistas, contra Valencia, S. 1. (In I P. dísp. 4, q. 5, p. 2), la imposibilidad absoluta de que Dios pueda crear un ángel en el que se identifiquen la facultad intelectiva y la operación de entender can su esencia (De ángelis) lib. II, cap. 1, n. 2; Disput. Metaphys., dísp, 18, sect. 4, n. 10).

Con la doctrina expuesta en éstos tres primeros artículos queda patente cuánto dista la simplicidad y perfección angélicas de la divina y cómo "no hay que creer que, por no ser los ángeles corpóreos, ni compuestos de materia y forma, ni estar unidos a la materia, como formas inmateriales que son igualen por esto a la simplicidad divina" (Cont. gent., lib. II, cap. 52). El ángel es ciertamente substancia espiritual completa subsistente, pero no es el mismo ser subsistente. Esto es privativo de Dios. En el ángel, aun siendo perfectamente espiritual, y excluida de él toda composición de materia y forma (1." p., q. 50, a. 1 y 2), se da, según Santo Tomás, una múltiple composición real, a saber: 1°, de género y diferencia (1.p., q. 50, a. 2 ad 1); 2° de esencia y existencia (Contr, Gent, lib. II, cap. 52, y 1." p., q. 54, a. 1, Sed contra); 3. °, de naturaleza y persona (1." p., q. 50, a. 2 ad3); 4. °, de substancia y accidente (1." p., .q. 54, aa. 1, 2 y3); Y 5. °, de potencia y de acto (ibíd. y Cont."Gent.,lib. n, II, cap. 53).

La Sagrada Congregación de Estudios ha compendiado así esta doctrina en la 7. De las 24 tesis tomistas: “La criatura espiritual es totalmente simple en su esencia. Pero queda en ella una doble composición; la de la esencia con la existencia y la de la substancia con los accidentes” (Acta Apost. Sedis, VI. 383)

En los ángeles "no puede haber entendimiento agente
ni posible como no sea en sentido metafórico" (a. 4).

Está basada esta proposición en la superioridad de la naturaleza angélica sobre la humana por razón de su más perfecta inmaterialidad y por ser los ángeles substancias completas en razón de especie, así como también en la naturaleza del entendimiento agente y posible y en la carencia del motivo por el cual se ponen en el hombre… Llámase entendimiento agente la facultad que en el hombre produce las especies inteligibles que informan el entendimiento posible, siendo éste a su vez la facultad receptiva y cognoscitiva de esas mismas especies inteligibles y el que produce el acto de entender (un árbol, una montaña etc). Para Santo Tomás son estas dos facultades realmente distintas: "El entendimiento agente y posible-dice en la 1." p., q, 79, .a, 10-son dos potencias distintas, corno en todas las cosas una es la potencia activa y otra la pasiva”…

Supuesta esta doctrina, que el Doctor Angélico desarrollará ampliamente en la citada cuestión del tratado del hombre, se plantea el problema en el ángel, resolviéndolo de una manera sencillísima. La razón de ser de estas dos facultades en el hombre está en que nuestra alma intelectiva es forma substancial del cuerpo y que, por consiguiente, en el estado de unión no puede estar siempre en acto de conocer su propio objeto, y en que esos objetos materiales, el conocimiento de cuya esencia constituya el objeto propio del entendimiento humano, ni en su ser físico ni en su ser intencional o representativo, tal como lo proporcionan los sentidos externos e internos, son actualmente inteligibles, y necesitan ser despojados de su materialidad y elevados al orden de inteligibles. . . El ángel no recibe las especies de las cosas materiales, ya que el objeto propio de su entendimiento es lo inmaterial actualmente cognoscible, y además nunca está en pura potencia para entender lo que naturalmente entiende. Luego no hay en él propiamente entendimiento agente y posible.

Sin embargo, dándose en el ángel, como se ha dicho, composición de acto y potencia en su ser y en sus operaciones, sólo de una manera muy impropia; metafórica, y equívoca puede decirse que se den en él estás dos facultades, pero nunca como dos cosas distintas o también puede tomarse como fundamento para usar este lenguaje, aplicado a los ángeles impropiamente, el hecho de Ia iluminación angélica (a.4 ad 2).


P. D. La respuesta de Santo Tomas a este articulo no la incluí aquí por considerar que ya es demasiado lo que debe entenderse sobre el este escrito. En la próxima entrega terminare con la cuestión 54. Por favor si no entienden algo, a quien tenga la bondad de leer sobre los Ángeles, pregunte por medio de nuestros comentarios, hoy más que nunca nos es necesario conocerlos cuanto podamos por su gran actuación en el mundo me refiero sobre todo a los ángeles malos. Esto no quita que a los  buenos, Dios les tenga prohibido actuar lejos de nosotros de afirmar esa barbaridad.

R.P. Arturo Vargas

MONSEÑOR DE SÉGUR - EL INFIERNO, SI LO HAY, QUÉ ES, MODO DE EVITARLO.

SI ES VERDAD QUE DIOS SEA INJUSTO
CASTIGANDO CON PENAS ETERNAS
LAS FALTAS DE UN MOMENTO

Es ésta una antigua objeción arrancada por el miedo a las conciencias incompletas. Ya en el siglo cuarto el ilustre arzobispo de Constantinopla, San Juan Crisóstomo, la tuvo en consideración en estos términos: "Algunos dicen: he empleado no más que algunos instantes en matar a un hombre, en cometer un adulterio, y ¿por un pecado de un momento tendré que sufrir penas eternas? Sí, ciertamente; lo que Dios juzga en vuestro pecado no es el tiempo que habéis empleado en cometerlo, sino la voluntad que os lo hizo cometer”. Lo que más arriba hemos dicho bastaría para desvanecer la menor sombra de dificultad. Siendo imposibles en el infierno la conversión y la mudanza por falta de tiempo, de gracia y de libertad, subsiste eternamente y por entero la causa del castigo, y debe en rigurosa justicia producir eternamente su efecto. Nada hay que objetar a esto: es de pura justicia. ¿Encontráis injusto que castigue Dios con una pena eterna crímenes de un instante? Ved, pues, lo que pasa todos los días en la sociedad humana. Todos los días castiga con la muerte a parricidas, asesinos, incendiarios, etc., que han perpetrado su crimen en algunos minutos. ¿Es injusta por eso? ¿Quién se atreverá a decirlo? Pues bien, ¿qué es la pena de muerte en la sociedad humana? ¿No es pena perpetua, irreparable, sin mitigación posible? Esta pena de muerte priva para siempre de la sociedad de los hombres, cómo el infierno priva para siempre de la sociedad de Dios. ¿Por qué habría de ser de otra manera tocante a los crímenes de lesa majestad divina, es decir, tocante a los pecados mortales? Mas el tiempo no entra para nada en el peso moral del pecado.


Como decía San Juan Crisóstomo, no es la duración del acto culpable la que se castiga en el infierno con una pena eterna, sino la perversidad de la voluntad, que hace obrar al pecador y que la muerte ha venido a inmovilizar. Permaneciendo siempre esa perversidad, el castigo que la acompaña eternamente, lejos de ser injusto, es lo que tiene de más justo y es también necesario. La infinita santidad de Dios, ¿no se debe a sí misma el rechazar eternamente a un ser que está en un eterno estado de pecado? Pues tal es el condenado en el infierno. Además, cualquiera que reflexione seriamente, notará en todo pecado mortal un doble carácter: el primero, que es esencialmente finito, o sea, el acto libre de la voluntad que viola la ley de Dios y que peca; el segundo, que es infinito, es el ultraje hecho a la santidad, a la majestad infinita de Dios.

En este punto el pecado encierra una malicia en cierto modo infinita, quamdam infinitatem, dice Santo Tomás. La pena eterna responde, pues, exactamente a ese carácter finito e infinito del pecado. Es también finita e infinita: finita en intensidad; infinita y eterna en duración. Finita en cuanto a la duración del acto y a la malicia de la voluntad del que peca, el pecado es castigado con una pena más o menos considerable, pero siempre finita en intensidad: infinito con respecto a la santidad de Aquél a quien se ofende, es castigado con una pena infinita en duración, esto es, eterna.

Por otra parte, nada más lógico, nada más justo que las penas eternas que castigan en el infierno al pecado y al pecador. Lo que no sería justo sería que todos los condenados tuviesen que sufrir la misma pena. En efecto, es evidente que no son todos igualmente culpables. Todos se hallan en estado de pecado mortal; iguales en esto, merecen todos igualmente una pena eterna; pero no siendo todos en igual grado culpables, la intensidad de la pena eterna es exactamente proporcionada al número y a la gravedad de las faltas de cada uno. Luego, también en este punto hay justicia perfecta, justicia infinita. Finalmente, hay que hacer otra observación muy importante: si tuviesen fin las penas del pecador impenitente condenado al infierno, sería él y no el Señor quien pronunciase la última palabra en su sacrílega lucha contra Dios. Podría decir a Dios: "Yo tomo mi tiempo, tomad Vos el vuestro. Pero, sea el vuestro corto, sea largo, acabaré siempre por aventajaros; seré dueño de la situación, y un día, bien sea que lo queráis o no, iré a participar de vuestra gloria y de vuestra eterna bienaventuranza en los cielos”.


¿Es esto posible, pregunto? Bajo este punto de vista, pues, e independientemente de las razones concluyentes que acabamos de exponer, la justicia, la santidad divina, exigen de toda necesidad que los castigos de los condenados sean eternos. “Mas ¿y la bondad dé Dios?” se preguntará tal vez. Nada tiene que ver aquí la bondad de Dios: el infierno es el reinado de su justicia, infinita como su bondad. La bondad de Dios se ejerce en la tierra, donde lo perdona todo siempre e inmediatamente, mediante el arrepentimiento. En la eternidad no se ejerce la bondad, sino coronando las delicias del cielo su obra efectuada en la tierra por el perdón. ¿Quisierais, acaso, que en la eternidad ejerciese Dios su bondad para con aquéllos que han abusado indignamente de ella en la tierra, que no la han invocado al morir, y que ahora no quieren ni pueden querer? Esto sería completamente absurdo: por parte de Dios, sobre todo, la bondad no puede ejercerse a expensas de la justicia. Castigando, pues, con penas eternas faltas pasajeras, Dios, lejos de ser injusto, es justo y muy justo.

Ite Missa Est

29 DE SEPTIEMBRE

DEDICACION DE SAN MIGUEL, ARCANGEL

I Clase – Ornamentos blancos
(con Gloria y Credo)
Epístola – Apoc; I, 1-5
Evangelio – San Mateo; XVIII, 1-10


OBJETO DE LA FIESTA. — La dedicación de San Miguel, aunque es la más solemne de las fiestas que la Iglesia celebra cada año en honor del Arcángel, le es menos personal, porque en ella se celebra a la vez a todos los coros de la jerarquía angélica. En efecto, la Iglesia, por boca de Rabano Mauro, abad de Fulda, propone a nuestra meditación el objeto de la fiesta de este día en el himno de las primeras Vísperas: En nuestras alabanzas celebramos A todos los guerreros del cielo; Pero ante todo al jefe supremo De la milicia celestial: A Miguel que, lleno de valentía, Derribó al demonio

ORÍGENES DE LA FIESTA. — La fiesta del 8 de mayo nos trae a la memoria la aparición en el monte Gargano. En la Edad Media, sólo la ceiebraba la Italia meridional. La fiesta del 29 de septiembre es propia de Roma, pues recuerda el aniversario de la Dedicación de una basílica hoy desaparecida, situada en la Via Salaria, al Noreste de la Ciudad. La dedicación de esta iglesia nos da la razón del título que hasta hoy conserva el Misal Romano para la fiesta de San Miguel: Dedicatio sancti Michaelis. El carácter primitivamente local de este título se fué atenuando poco a poco en los libros litúrgicos de las Iglesias de Francia o de Alemania, que en la Edad Media seguían la Liturgia romana: la fiesta llevaba entonces el título In Natale o In Veneratione sancti michaelis y, del título antiguo no quedaba ya más que el nombre del Arcángel.

EL OFICIO DE SAN MIGUEL. — El oficio tampoco podía conservar recuerdo de la dedicación: los oficios antiguos de las dedicaciones celebraban, en efecto, al santo en cuyo honor se consagraba una iglesia y no el edificio material en que era honrado. No tenían, pues, nada de impersonal, sino que, al contrario, revestían un carácter muy especificado. El oficio de San Miguel puede contarse entre las más bellas composiciones de nuestra Liturgia. Nos hace contemplar unas veces al príncipe de la milicia celestial y jefe de todos los ángeles buenos, otras al ministro de Dios que asiste al juicio particular de cada alma finada, y otras al intermediario que lleva al altar de la liturgia celeste las oraciones del pueblo fiel.

EL ÁNGEL TURIFERARIO. — Las primeras Vísperas empiezan con la antífona Stetit Angelus, cuyo texto se repite en el Ofertorio de la Misa del día: "El ángel se puso de pie junto al ara del templo, teniendo en su mano un incensario de oro, y le dieron muchos perfumes: y subió el humo de los perfumes a la presencia de Dios." La Oración de la bendición del incienso en la Misa solemne nos da el nombre de este ángel turiferario: es "el bienaventurado Arcángel Miguel". El libro del Apocalipsis, de donde están tomados estos textos litúrgicos, nos enseña que los perfumes que suben a la presencia de Dios, son la oración de los justos: "el humo de los perfumes encendidos de las oraciones de los santos subió de mano del ángel a la presencia de Dios"



EL MEDIADOR DE LA ORACIÓN EUCARÍSTICA. — Es también San Miguel quien presenta al Padre la oblación del Justo por excelencia, pues a Miguel se nombra en la misteriosa oración del Canon de la Misa, en la que la santa Iglesia pide a Dios que lleve la oblación sagrada, por manos del Angel santo, al altar sublime, a la presencia de la divina Majestad. Y, en efecto, llama poderosamente la atención el poderlo comprobar en los antiguos textos litúrgicos romanos: A San Miguel se le llama con frecuencia el "Santo Angel": el Angel por excelencia. Ahora bien, es muy probable que la revisión del texto del Canon, en el que el singular Angelí tui reemplazó al plural Angelorum tuorum, se terminase siendo pontífice el Papa Gelasio. Y, precisamente por el mismo tiempo, a fines del siglo v, fué cuando "el Angel" se apareció al Obispo de Siponto junto al monte Gargano.


VOCACIÓN CONTEMPLATIVA DE LOS ANGELES. — De manera que la Iglesia considera a San Miguel como el mediador de su oración litúrgica: está entre Dios y los hombres. Dios, que distribuyó con un orden admirable las jerarquías invisibles, emplea por opulencia en la alabanza de su gloria el ministerio de estos espíritus celestes, que están mirando continuamente la cara adorable del Padre  y que saben, mejor que los hombres, adorar y contemplar la belleza de sus perfecciones infinitas. Mi-Ka-El: "¿Quién como Dios?" Expresa este nombre por sí solo, en su brevedad, la más completa alabanza, la adoración más perfecta, el agradecimiento más acabado de la superioridad divina, y la confesión más humilde de la nada de la criatura. La Iglesia de la tierra invita también a los espíritus celestiales a bendecir al Señor, a cantarle, a alabarle, y a ensalzarle sin cesar Esta vocación contemplativa de los ángeles es el modelo de la nuestra, como nos lo recuerda un bellísimo prefacio del sacramentario de San León: "Es verdaderamente digno... darte gracias, a ti, que nos enseñas por tu Apóstol que nuestra vida es trasladada al cielo; que con amor nos ordenas transportarnos en espíritu allá donde sirven los que nosotros veneramos, y dirigirnos a las cumbres que en la fiesta del bienaventurado Arcángel Miguel contemplamos con amor, por Jesucristo Nuestro Señor."

AUXILIAR DEL GÉNERO HUMANO. — Pero la Iglesia sabe también que a estos divinos espíritus, entregados al servicio de Dios, les ha sido a la vez confiado un ministerio cerca de aquellos que tienen que recoger la herencia de la salvación, y así, sin esperar a la fiesta del 2 de octubre, consagrada de modo más especial a los Angeles custodios, desde hoy pide ya a San Miguel y a sus ángeles que nos defiendan en el combate. Y pide, finalmente, a San Miguel que se acuerde de nosotros y ruegue al Hijo de Dios para que no perezcamos en el día terrible del juicio. El día temible del juicio, el gran Arcángel, abanderado de la milicia celestial, introducirá nuestra causa ante el Altísimo y nos hará entraren la luz santa .


PLEGARIA. — En la lucha contra los poderes del mal, podemos dirigir ya desde ahora al Arcángel, la oración de exorcismo que León XIII insertó en el Ritual de la Iglesia Romana: "Gloriosísimo príncipe de la milicia celestial, San Miguel Arcángel, defiéndenos en la lucha contra los principados, potestades, jefes de este mundo de tinieblas, y contra los espíritus malignos. Ven en auxilio de los hombres, que Dios hizo a imagen y semejanza suya y rescató a alto precio de la tiranía del demonio. "La Santa Iglesia te venera como custodio y patrón; Dios te confió las almas de los rescatados para colocarlas en la felicidad del cielo. Pide al Dios de la paz que aplaste al diablo debajo de nuestros pies para quitarle el poder de retener a los hombres cautivos y hacer daño a la Iglesia. Ofrece nuestras oraciones en la presencia del Altísimo para que lleguen cuanto antes las misericordias del Señor y para que el dragón, la antigua serpiente que se llama Diablo y Satanás, sea precipitado y encadenado en el infierno, y no seduzca ya jamás a las naciones. Amén."

miércoles, 28 de septiembre de 2016

NOVENA A SAN PEREGRINO, (PATRÓN DE LOS ENFERMOS DE CÁNCER)

NOVENA A
SAN PEREGRINO,
(PATRÓN DE LOS ENFERMOS DE CÁNCER)



ORACIONES INICIALES

Invocación al Espíritu Santo. Ven oh Santo Espíritu, llena los corazones de tus fieles y enciende en ellos el fuego de tu divino amor. Envía vuestro Espíritu y serán creadas todas las cosas. Y se renovará la faz de la tierra.

Oración.

Oh Dios que os habéis dignado instruir los corazones de vuestros fieles con las luces del Espíritu Santo, os pedimos que por este mismo Espíritu sepamos obrar rectamente, y nos alegremos con su celestial consuelo, por Jesucristo Nuestro Señor, Amén.

Oración preparatoria.
Señor mío Jesucristo que deseas que San Peregrino sea invocado como Patrón de aquellos que sufren de cáncer y úlceras y a quienes prometes curar por su intercesión. Os doy gracias Señor, por vuestra compasión para la humanidad doliente y por concedernos vuestra misericordia por intercesión de vuestro siervo San Peregrino. Concédenos que sus ruegos ayuden a tantas almas que sufren afligidas en sus cuerpos el terrible mal del cáncer o de úlceras y os encomiendo en especial (aquí se nombra por quien o quienes se reza en particular esta novena).Benignamente dígnate Señor escuchar las súplicas de San Peregrino, así como las de Vuestra Santísima Madre, Salud de los enfermos, en favor de aquellos que encomendamos a la compasión y amor de vuestro Sacratísimo Corazón. Dadles paciencia para sufrir su aflicción y resignación a vuestra divina voluntad. Dadles el consuelo que necesitan, especialmente la curación que tanto anhelan, si es vuestra santa voluntad. Concedednos que todos adoremos e imitemos tus sagrados dolores con verdadero amor para que podarnos merecer un día la recompensa eterna de estar con Vos en la gloria que vives y reinas con el Padre en unidad del Espíritu Santo por los siglos de los siglos, Amén.


DÍA PRIMERO
Oh glorioso San Peregrino, perfecto modelo de virtud, tú que tan prontamente respondiste al divino llamamiento dejando honores, comodidades y riquezas de este mundo, cuando postrado ante una imagen de María Santísima en la Catedral de Forlí implorabas su poderosa intercesión y fuiste llamado por Ella para que fueras su Siervo, obtenme, te lo suplico, que corresponda prontamente a todas las inspiraciones divinas, que desprendido de todos los bienes y placeres de este mundo, esté siempre listo a cumplir su divina voluntad. Amén. 
*Concluir con las oraciones finales.

DÍA SEGUNDO
Oh venturoso San Peregrino que por vuestra prontitud y fervor en responder el divino llamamiento mereciste recibir un ángel como guía en vuestro camino a Siena cuando ibais a rogar ser admitido entre los Siervos de María; obtenme, te lo suplico, que yo sea asistido por mi buen ángel en todos mis trabajos y sea iluminado, guiado y dirigido por él en mi camino a la vida eterna. Amén. 
*Concluir con las oraciones finales.

DÍA TERCERO
Que acepto al cielo, ¡oh glorioso San Peregrino! fue el sacrificio que hicisteis de vuestra alma y cuerpo a Dios, abrazando la pobreza evangélica en la vida religiosa, renunciando vuestra propia voluntad y los placeres sensibles. Dios se dignó demostraros cuán aceptado había sido este renunciamiento vuestro cuando recibiendo la sagrada librea de Siervo de María milagrosamente se vio sobre vuestra cabeza una bola de fuego, emblema de eminente santidad con que brillaríais en la Iglesia de Jesucristo. Obtenme, os lo ruego, ¡oh gran santo! participar de este santo fuego, que consuma en mí todo afecto terrenal para que yo pueda desear y buscar sólo el amor de mi Dios. Amén.
*Concluir con las oraciones finales.

DÍA CUARTO
¡Oh San Peregrino! fiel Siervo de María, cuán generosamente perseveraste en el verdadero camino de la virtud y de la santidad. Constante en la oración, rígido en el ayuno y abstinencia, austero para domeñar tu cuerpo, fuiste para tus hermanos ejemplo viviente de penitencia. Arrepentido una vez por todas de los pecados de tu juventud, aborreciste el pecado mereciendo vivir siempre puro hasta el fin de tus días en la tierra. Pueda yo imitarte, ¡oh glorioso santo! y sinceramente arrepentido de mis graves pecados, obtenme por tu intercesión, de mi Dios misericordia y perdón y la gracia de no perecer al imperio de mis bajas pasiones; que, constante en mis resoluciones, sirva siempre a mi Dios para continuar fiel hasta la muerte y merecer la corona de la vida eterna. Amén. *Concluir con las oraciones finales.

DÍA QUINTO
Humilde San Peregrino, grande en verdad fueron tus méritos cumpliendo rigurosamente los más serviles deberes para con tus hermanos. No habríais llegado a la dignidad sacerdotal si no hubierais tenido que cumplir, por el voto de obediencia, la orden de tus superiores. Obtenme, te lo suplico, verdadera humildad de corazón para que libre de los honores y placeres del mundo, mi vida pueda esconderse con Cristo en Dios y sea así digna de su gracia y gloria en el Cielo. Amén.
 *Concluir con las oraciones finales

DÍA SEXTO
¡Oh San Peregrino! cuya paciencia fue tan admirable que sufriste, sin murmurar jamás, las contradicciones e insultos de los hombres, y no contento con tus rigurosas penitencias, pedíais al Señor mayores sufrimientos que soportaste en silencio: el agudo dolor de una úlcera incurable dada por Dios como respuesta a tus muchas oraciones y peticiones por sufrimientos. ¡Cuán amorosamente nuestro Creador recompensó tu fe y largos sufrimientos, cuando en milagro, como jamás se había oído, el curó esa cruel úlcera tocándola con su divina mano! Otórgamelo te lo suplico, que yo también practique la paciencia y mortifique mis sentidos como expiación por mis pecados y así pueda participar de aquellos consuelos que vos ya gozáis en el paraíso eterno. Amén. *Concluir con las oraciones finales.

DÍA SÉPTIMO
Oh bendito apóstol San Peregrino, lleno de celo por la conversión de los pecadores e incansable predicador de la palabra divina, vos que llevasteis tantas almas al camino de la penitencia promoviendo la gloria y honor de Dios en todo el mundo y que el Señor se dignó confirmar con estupendos milagros. Obtenme, te lo suplico, que no contento con trabajar para mi propia salvación, pueda también hacerlo para la santificación de otras almas por medio del buen ejemplo, constante oración, buenos consejos y apostolado incansable. Qué feliz fuera si yo pudiera extender la gloria de Dios en la tierra y así tener mi parte con vos y todos los santos en la eterna gloria. Amén. *Concluir con las oraciones finales.

DÍA OCTAVO
Oh Dios que diste a San Peregrino un ángel por compañero, a María Santísima por Maestra y a Jesús por médico de su terrible enfermedad, otórganos, te lo pedimos, por los méritos de San Peregrino, que amemos ardientemente aquí en la tierra a nuestro ángel custodio, a nuestra Madre Inmaculada y a nuestro Divino Salvador para en el Cielo bendecirlos por toda la eternidad. Te lo suplicamos por los méritos de Jesucristo Señor nuestro. Amén. *Concluir con las oraciones finales.


DÍA NOVENO
Oh Dios Todopoderoso, benigno escucha las plegarias que te elevamos en honor de San Peregrino, vuestro amante siervo y patrón de los que padecen de cáncer, para que nosotros, que no podemos confiar en nuestros propios méritos, podamos recibir tu misericordioso auxilio en nuestras necesidades por la intercesión de tu Siervo cuya vida fue tan entregada a Vos. Te pedimos esta gracia por Jesucristo Nuestro Señor. Amén. *Concluir con las oraciones finales.

             
*ORACIONES FINALES
Oración a Nuestra Madre Dolorosa. Oh mi muy amada Madre María, Madre de los Dolores, miradme, soy vuestro hijo, postrado en oración a vuestros pies. He venido a suplicarte este favor especial por intercesión de vuestro fiel Siervo San Peregrino. (Se hace la petición). Oh Madre Dolorosa, te ruego presentes mi petición a vuestro Divino Hijo. Si vos intercedéis por mí no la rechazará. Yo sé, mi buena Madre, que Vos deseáis que yo acepte en todo la voluntad de Dios. Por esto con confidencia de hijo me abandono a la santa voluntad de Dios. Si lo que pido no conviene me sea concedido, hazme digno de recibir aquello que sea de mayor beneficio a mi alma. Dulce Madre Dolorosa, yo os amo, yo pongo toda mi confianza en Vos, pues vuestros ruegos ante Dios son muy poderosos. Por la mayor gloria de Dios, en nombre de Cristo y por intercesión de San Peregrino, a quien Vos llevasteis a la santidad, oídme y concededme lo que os pido. Amén.



Oración a San Peregrino.

Oh San Peregrino, a quien la Santa Madre Iglesia ha declarado Patrón de aquellos que sufren de cáncer y úlceras, vengo con gran confianza para que me ayudes en la presente enfermedad (se nombra). Mira que afligido en el cuerpo y en el alma ya mi valor comienza a decaer y la impaciencia y la tristeza me oprimen, por eso te ruego intercedas por mí Buen San Peregrino, pídele a Dios me alivie de esta enfermedad si es su Santa Voluntad. Aboga ante la Santísima Virgen de los Dolores, a quien vos amasteis tan tiernamente y en unión de quien sufristeis los dolores del cáncer, para que ella me ayude con su poderosa súplica y dulce consuelo. Mas, si es la voluntad de Dios que yo sufra esta enfermedad, obtenme valor y fortaleza para aceptar con resignación y paciencia todas estas pruebas de la amorosa mano de Dios. Puedan estos sufrimientos llevarme a una vida mejor y me permitan expian mis pecados y los pecados del mundo. San Peregrino, ayudame a imitante en tu sufrimiento, a unirme a Jesús Crucificado y a su Madre Dolorosa y a ofrecer mis penas y dolores a Dios con todo el amor de mi corazón para su gloria y la salvación de las almas, especialmente de la mía. Amén.

NOVENA A SAN CAYETANO DE THIENE (Patrono del trabajo)

NOVENA A
SAN CAYETANO DE THIENE
(Patrono del trabajo)


ORACIÓN PREPARATORIA PARA TODOS LOS DÍAS
Omnipotente y sempiterno Dios, que hiciste que San Cayetano confiando en vuestra Providencia despreciara las cosas de la tierra y se viera enriquecido con abundantes bienes celestiales; concedednos que los que imploramos los efectos de vuestra admirable Providencia seamos socorridos en nuestras necesidades por su intercesión. Os lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo. Amén.


 *ORACIONES FINALES
Para alcanzar esta gracia y las demás que deseamos obtener por intercesión de San Cayetano, rezaremos tres Padrenuestros a la Santísima Trinidad. Después se dirá la oración final, compuesta por San Cayetano.



Oración compuesta por San Cayetano.
"Mirad, oh Señor y Padre Santo, desde vuestro Santuario y lugar excelso donde habitáis en el cielo y fijad vuestra mirada en esta Hostia Santa que os ofrece nuestro gran Pontífice vuestro Hijo Santísimo y Señor nuestro Jesús por los pecados de sus hermanos, y perdonadnos nuestras muchas culpas. He aquí la voz de la sangre de nuestro Hermano Jesús que clame a Vos desde la Cruz. Escuchad, ¡oh Señor!, aplacaos, atended y enviad vuestro socorro; no lo retardéis, Dios mío, por vuestra gran bondad ya que vuestro nombre ha sido invocado sobre nosotros, sobre esta ciudad y sobre todo este pueblo y obrad con nosotros según vuestra misericordia".Oh Dios!, Protector de los que en Vos confían sin cuyo poder y gracia nada existe de bueno y santo; derramad copiosamente sobre nosotros vuestra misericordia para que, a ejemplo de San Cayetano, usemos de tal modo de los bienes temporales que no perdamos los eternos de la gloria. Os lo pedimos por nuestro Señor Jesucristo Amén.





DÍA PRIMERO

Glorioso San Cayetano, que tanto apreciasteis la práctica saludable de la oración, que vuestra vida fue una oración continua, y a este provechoso ejercicio dedicabais particularmente hasta ocho horas diarias; haced que estemos plenamente convencidos que todo se alcanza mediante la oración y nada se puede esperar sin ella y que todas nuestras oraciones vayan acompañadas de viva, fe, reverente atención, profunda humildad, filial confianza e inagotable perseverancia. Amén.
*Concluir con las oraciones finales.

DÍA SEGUNDO
Glorioso Protector mío San Cayetano, cuyo amor a Jesús Sacramentado animó vuestro celo a levantarle suntuosos templos, adornándolos con magnificencia, y a exhortar a los fieles a que recibieran frecuentemente y con piedad la Divina Eucaristía; alcanzadnos que por reverencie al Santísimo Sacramento estemos en el templo con piedad y modestia, y recibamos la Sagrada Comunión con mérito pera la vida eterna. Amén. *Concluir con las oraciones finales.

DÍA TERCERO
Glorioso protector mío San Cayetano, cuya singular devoción a María os mereció su protección, particularmente en la hora de la muerte, en la que os dijo llena de dulzura: Cayetano, vente conmigo que mi hijo te espera; alcanzadnos de esta bondadosa Madre que la invoquemos en todos los instantes de nuestra vida y de este modo Ella nos asista ahora y en la hora de nuestra muerte. Amén. *Concluir con las oraciones finales.

DÍA CUARTO
Glorioso Protector mío San Cayetano que fuisteis acérrimo defensor de la Fe contra todos los embates de la herejía descubriendo con destreza el virus, emponzoñado del error; haced que apreciemos el don inestimable de la fe, sin la cual es imposible agradar a Dios, y rechacemos con prontitud y firmeza todas las sutilezas del error. Amén.
*Concluir con las oraciones finales.

DÍA QUINTO
Glorioso Protector mío San Cayetano, que tanto os distinguisteis en la virtud de la esperanza, que rechazaste los medios humanos que os ofrecían los poderosos de la tierra para el sustento de vuestras comunidades, esperándolo todo de la Providencia; alcanzadnos que vivamos con la inquebrantable esperanza de que Dios nos concederá por los méritos de su divino Hijo la vida eterna junto con los medios para conseguirla, y que nuestra confianza de alcanzar los bienes temporales no se vea jamás confundida Amén.
*Concluir con las oraciones finales.


DÍA SEXTO
Glorioso Protector mío San Cayetano cuya ardiente caridad dilató tanto vuestro pecho que de él salió vuestro corazón, agitando dos alas maravillosas, hacia el cielo y perseguisteis siempre a su enemigo mortal, el pecado; alcanzadnos que amemos a Dios de todo corazón y por Dios a nuestros prójimos. Amén.
*Concluir con las oraciones finales.

DÍA SÉPTIMO
Glorioso Protector, mío San Cayetano cuya profundísima humildad os hizo renunciar las dignidades pontificias y os reprochaba como un gran atrevimiento el haber recibido la dignidad sacerdotal; concedednos que no merezcamos por nuestra soberbia que Dios aparte su rostro de nosotros, sino que con nuestra sincera humildad atraigamos sobre nosotros sus misericordiosas miradas. Amén.
*Concluir con las oraciones finales.

DÍA OCTAVO
Glorioso Protector mío San Cayetano, que sufristeis con tanta paciencia toda vuestra vida, particularmente cuando el saqueo de Roma y fuisteis azotado y encarcelado por soldados inhumanos; alcanzadnos la gracia de sufrir pacientemente las adversidades de esta vida, para así labrarnos una gloriosa corona en el cielo. Amén.
*Concluir con las oraciones finales.

DÍA NOVENO
Glorioso Protector mío San Cayetano, cuya perfecta castidad mereció que la Virgen Madre depositara en vuestros brazos a su Divino Hijo y que vuestro cuerpo exhalara cierto aroma celestial; alcanzadnos que no manchemos nuestro corazón con el pecado impuro y que guardemos nuestra castidad con la mortificación cristiana. Amén.

*Concluir con las oraciones finales.

Los Martires Cristeros

BEATO MIGUEL GOMEZ LOSA
Laico, casado, abogado de profesión


Nacimiento e infancia

Al lado de la figura luminosa de Anacleto González Flores, aparece otra, humilde, abnegada, solícita, la de Miguel Gómez Loza. Si no fueron hermanos en la carne lo fueron en el espíritu y en el martirio. Muchas cosas los unían y los hacían inseparables: nacieron el mismo año y en la misma región, militaron en organizaciones católicas, compartieron ideales y profesión, pero, sobre todo, los unió su fidelidad inquebrantable y pura a la causa católica. Miguel nació en Paredones, Jalisco, hoy El Refugio, el 11 de agosto de 1888; fue el menor de los dos hijos del matrimonio formado por Petronilo Loza y Victoriana Gómez. Perdió a su padre siendo niño, haciéndose cargo del hogar la madre; a la que profesaron, él y su hermano, verdadera devoción, tanto es así que tras el ingreso de Elías, el hermano mayor, al Seminario Conciliar de Guadalajara, decidieron los hermanos, invertir sus apellidos, de Loza Gómez en Gómez Loza, como homenaje y reconocimiento a la autora de sus días. Su infancia transcurrió en su lugar de origen, dedicado a la atención de la modesta hacienda familiar: la parcela y el ganado. Al ingresar su hermano mayor al seminario, Miguel hizo cabeza de familia. Hizo sus primeros estudios en su aldea. No tardó en ser conocido entre sus vecinos por su diligencia y solicitud, por su piedad eucarística y su apego a la religión. Fue acólito, sacristán y, en cuanto pudo, catequista; más tarde, realizó actividades cívico-sociales en beneficio de la comunidad, como fue el establecer Cajas de Ahorros. Pronto se relacionó con la efervescente primavera del catolicismo social. Entró en contacto con el licenciado Miguel Palomar y Vizcarra, de cuyo trato surgió una caja rural Raiffeisen, en Paredones. En 1912, inició su trato personal conAnacleto González Flores. Todo esto sirvió de preámbulo a una decisión largamente acariciada: realizar estudios académicos. La principal causa de esta dilación consistía en no abandonar a su madre, pero planteado el asunto, resolvió inscribirse en la preparatoria del Seminario de Guadalajara.

La cuestión social

Miguel no tardó en descubrir que su vocación no era el sacerdocio y que las aulas del plantel resultaban estrechas para sus anhelos político-sociales. Se afilió al Partido Católico Nacional y se matriculó en el instituto del Sagrado Corazón de Jesús, en la capital de Jalisco. En 1913, se integró al grupo estudiantil de La Gironda, asumiendo, por elección y gusto, la condición de asistente de González Flores. Si a Anacleto le adjudicaron un cierto quijotismo filosófico, a Gómez Loza también le acomodó, a su manera, la imagen del manchego: Anacleto será la autoridad, Gómez Loza el ministro; uno, idea y verbo; otro, realidad y acción; uno el estratega, otro el responsable; uno es flemático, otro sanguíneo. Mutuamente se complementan. En ese año, uno y otro fueron admitidos como socios de la Congregación Mariana del Santuario de San José de Gracia. Para mantener la representación de los valores sociales en la política, se hicieron cargo de la Unión Latinoamericana, corporación cívico-política de reciente creación. Meses más tarde, ya para terminar 1913 representarán al terruño, Tepatitlán, en la convención del Partido Católico Nacional, celebrada en Guadalajara. El carácter sanguíneo de Gómez Loza se manifestó en tempranas muestras de ardor y celo, iniciando por este tiempo los arrestos que pulirán al hombre íntegro: pasó una semana en las celdas de la Inspección de Policía, acusado de cometer delitos de orden común retirar libelos contra la religión de lugares públicos, sustituyéndolos por otros que expresaban lo contrario.

El de 1914 fue un año de muchas actividades para Miguel Gómez Loza. Se inscribió en la Universidad Morelos, donde recibió el apodo el Chinaco por interrumpir en las aulas la disertación de un señor que ponderaba la trayectoria política del presidente Benito Juárez. En los primeros meses de este año, hizo su aparición en Guadalajara una excéntrica española, Belén de Zárraga, atea hasta la médula; sus prédicas y alborotos estimulan a Miguel a impulsar la prensa católica, de la que será adalid; al efecto, funda y preside la sociedad de Propagación de la Buena Prensa. Por otra parte, definió el que sería su campo de acción: el sindicalismo cristiano. Asesorado por el padre José Toral Moreno y, más tarde, por el R.P. Arnulfo Castro, S.I., creó una bolsa de trabajo, cajas de ahorro, cooperativas de consumo y el círculo de estudios para obreros, León XIII. A mediados de 1914, los enfrentamientos bélicos entre carrancistas y villistas lo devolvió a Paredones, donde permaneció hasta 1915, año en el que pudo retornar a Guadalajara para proseguir sus actividades. En 1916, terminó la preparatoria y se inscribió en la Escuela Católica de Derecho, posteriormente Escuela Libre de Leyes. El 14 de julio, participó como socio fundador de la Asociación Católica de la Juventud Mexicana, en cuyo seno fundó y presidió, poco después, el círculo obrero Gabriel García Moreno, del que surgió la publicación mensual El Cruzado. En el año de 1917, fundó los círculos obreros José de Jesús Ortiz, para jóvenes operarios; Niños Héroes, para aprendices de artesanos; y Don Bosco, para tipógrafos. También hizo su aparición la Sociedad Mutualis­ta Obrera, que él promovió. Al disolverse en ese año La Gironda, se estableció con su madre, doña Victoriana Gómez, en una vivienda en la misma barriada del Santuario. La prensa católica auspiciaba por Miguel emprendió la publicación de la obra La Cuestión Religiosa en México, de Regis Planchet. El año siguiente, 1918 estará marcado por las labores de defensa del Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, y por el activísimo boicot puesto en marcha en el mes de julio y que conseguiría meses más tarde la derogación de dos decretos anticlericales sancionados por el gobierno del Estado, bajo los números 1913 y 1927. En el mes de enero de 1919, fue elegido presidente de una sociedad cooperativa de consumo, La Popular. En abril, participó activamente en la organización del Congreso Regional Católico Obrero, realizado con mucho éxito en Guadalajara. Al término de la asamblea, entre otras responsabilidades se le confió una diputación. En 1920, fundó un nuevo círculo dentro de la A.C.J.M., el Trinidad Sánchez Santos, y coordinó la reimpresión de La Cuestión Religiosa en México, en una versión autorizada por la diócesis de Guadalajara y aumentada por el apéndice La cuestión religiosa en Jalisco, de Anacleto González Flores.

Fortaleza de ánimo

En noviembre de ese año, mientras los católicos se organizaban, llegaron a Guadalajara algunos líderes bolcheviques, portadores de un mensaje ateo y agresivo. Fueron éstos quienes, el 1º de mayo del año siguiente, 1921, colocaron en el asta de la Catedral tapatía la bandera rojiginegra. En cuanto la noticia se supo entre los acejotaemeros, Miguel Gómez Loza fue el primero en acudir al lugar, y sin medir los riesgos, se abrió paso entre la turba y ascendió la prolongada escalinata que conduce a las bóvedas de la Catedral, retiró la bandera del asta y la hizo pedazos, todo en la presencia de decenas de adversarios, quienes fueron incapaces de resistir el empuje y brío de Miguel que fue molido a golpes después de su hazaña. En las elecciones para elegir autoridades locales del Estado, en julio de 1921,contendió como candidato independiente a uno de los puestos de elección popular. Su contrincante fue un caricaturista anticlerical, José Guadalupe Zuno, quien tuvo que recurrir a la fuerza para arrebatar los votos que el pueblo emitía en favor de Gómez Loza. En las primeras semanas de 1922 se dispuso a ser examinado para obtener el título de abogado. Después de vencer mil obstáculos pudo, meses después, el 24 de junio, presentar el examen final en la escuela de jurisprudencia del Estado, obteniendo la aprobación de los jueces sinodales. Poco después abrió su despacho profesional.

Poco antes, en la cuaresma de ese año, se verificó un penoso incidente en el que se vio involucrado. La mañana del 26 de marzo, en el templo de San Francisco de Asís, un nutrido grupo de obreros católicos concluían una tanda de ejercicios espirituales con una Misa de acción de gracias. Al salir de la celebración, se toparon en el atrio de la iglesia con un contingente humano nutrido, dirigidos por una agrupación de choque que ostentaba el paradójico título de Sindicato Liberatorio de Inquilinos, capitaneados por dos bolcheviques a ultranza, Genaro Laurito y Justo González. Frente a frente católicos y socialistas, no tardaron en surgir las agresiones. Los primeros regresaron a la espaciosa nave de la Iglesia, mientras sus dirigentes, el padre José Garibi Rivera, Anacleto González Flores y Miguel Gómez Loza, deliberaban. El padre Garibi y González Flores fueron del parecer que los ejercitantes permanecieran en la iglesia en tanto se disolvía la manifestación de los socialistas, no así Gómez Loza, quien optó por manifestar su postura públicamente. En el jardín de San Francisco, trepado en una banca, arengó a los presentes a legitimar su causa. Por desgracia, los ánimos caldeados no permitieron el diálogo entre las partes. A las palabras se contestó con golpes y a éstos, sucedieron disparos en contra de los indefensos obreros católicos, muriendo en el acto seis de ellos y resultando lesionados muchos más. Este triste suceso lecostó una fuerte reprensión del padre Garibi, que aceptó con humildad. Un mes más tarde, del 23 al 29 de abril, bajo su dirección, se verificó en Guadalajara el Primer Congreso Nacional Católico Obrero, en el que participaron 800 delegados venidos de todo el país. De este congreso resultó la Confederación Nacional Católica del Trabajo, de la que Miguel fue nombra­do diputado; se fundó el Banco de Crédito Popular. Asimismo, el Semanario El Obrero, fundado por Miguel Gómez Loza, fue adoptado como órgano oficial de la confederación. 

Matrimonio
A finales de 1922, siguiendo los pasos de Anacleto, contrajo nupcias, en el oratorio de la A.C.J.M., con su primer y única novia, Mª Guadalupe Sánchez Barragán, hija de un respetable contador, Celestino Sánchez, y de su esposa la señora Sara Barragán. Celebró la Misa el padre Elías Gómez Loza y asistió canónicamente a los contrayentes su director espiri­tual, el padre Vicente Mª Camacho.Quienes han escrito de Miguel señalan con insistencia la limpieza de su corazón. Vivió la virtud de la pureza sin transigir, ni de palabra ni de obra, en algún acto que pudiera reportarle mancha a su conciencia.

Los nuevos esposos determinaron radicarse en una población de Los Altos de Jalisco, Arandas, donde Gómez Loza montó su despacho como abogado. No tarda en ser conocido y respetado por sus nuevos vecinos. Especialmente valiosa resultó su colaboración en la parroquia, a cargo del insigne señor presbítero don Amando J. de Alba, celoso promotor de la cuestión social. Lejos de perder su relación con sus amigos y compañeros de Guadalajara, Gómez Loza la mantuvo en la misma línea: fomentar el desarrollo del hombre aún en lo relativo a la distribución de los bienes. Tales empeños le granjearon la simpatía de los más yla animadversión de los menos. Por otra parte, realizó, sin fruto, las gestiones necesarias para que el Gobernador del Estado le expidiera su título como abogado.

El 11 de enero de 1923, se sumó a la nutrida concurrencia 80 mil personas-, que presenciaron la bendición de la primera piedra del monumento a Cristo Rey, que se planeaba construir en el cerro del Cubile­te, Guanajuato. Esta ceremonia sirvió de pretexto al gobierno de México para expulsar al Delegado Apostólico, Mons. Ernesto E. Filippi. El 1º de marzo de ese año, José Guadalupe Zuno, su adversario político, fue investido como Gobernador del Estado de Jalisco, lo que dificultó hasta lo imposible la obtención del título profesional solicitado por Gómez Loza. Aprovechando esta circunstancia, el alcalde de Arandas, Manuel B. Ascencio, enemigo acérrimo de la labor social promovida por Gómez Loza, consiguió la violenta y arbitraria expulsión de Miguel de ese municipio, sin que mediara orden judicial alguna. El desterrado se refugió por espacio de tres meses, en Jalpa de Cánovas, Gto, donde trabajó con el entusiasmo de siempre, difundiendo la doctrina social de la Iglesia. Pasado este tiempo, consiguió retornar a Guadalajara, donde se reunió con su familia.

En este período de su vida, ingresó a la Adoración Nocturna del Santísimo Sacramento. El 16 de septiembre de 1923 nació su primer hija, María de Jesús. En la contienda electoral para elegir diputados locales, en 1924, apoyó incondicionalmente al candidato independiente Ángel Flores, apoyo que tuvo que lamentar. Por este motivo, sus amigos le acomodaron el dicho de Miguelito Buenafé. Aun en estas circunstancias, la honestidad de Gómez Loza quedó manifiesta, pues prefería padecer la desilusión antes que desconfiar de las personas Cuando en diciembre de 1924, J. Guadalupe Zuno, Gobernador de Jalisco, decretó la clausura del Seminario Diocesano y los católicos, apoyados por Anacleto González Flores, organizaron una asociación de apoyo de la que derivó a principios de 1925, la Unión Popular, para conducir este organismo se estableció un directorio de cinco miembros, uno de ellos era Miguel Gómez Loza.

La Santa Sede, accediendo a la petición del Arzobispo de Guadalajara, Francisco Orozco y Jiménez, reconoció la destacada participación de Miguel Gómez Loza en la promoción social y en el apoyo a la causa católica, otorgándole la cruz Pro Ecclesia et Pontifice. Junto con él fueron igualmente condecorados Anacleto González Flores, Ignacio Orozco y Maximino Reyes. El 1º de junio de 1925, fue clausurado el Instituto de Ciencias, regenteado por los religiosos de la Compañía de Jesús. Las protestas de los estudiantes del extinto plantel quisieron sofocarse mediante arrestos masivos; a la defensa de los presos opuso Gómez Loza numerosas solicitudes de amparo ante la autoridad federal que mucho atenuaron la rigurosa actitud de los mandatarios locales.

El 25 de julio, se alegró con el nacimiento de la segunda de sus hijas, María Guadalupe. Conforme transcurrían las semanas, la actitud del Gobierno Mexicano recrudecía su postura en torno al problema religioso. Dispuestos a atacar de frente, el 23 de febrero de 1926 clausuraron el centro de la A.C.J.M. de Guadalajara, encarcelando en la Penitenciaría del Estado, entre otros, a Miguel. Será en la cárcel donde luzca su carácter de apóstol. Los numerosos arrestos, lejos de amilanarlo, le sirven de estímulo. Entre los presos gana adeptos para la causa, predica la Palabra, reza el rosario. No habiendo delito que perseguir, el 1º de abril es puesto en libertad, pero en las puertas mismas de la prisión, ante algunos correligionarios que esperaban su salida, es capturado por agentes de la Policía Secreta. Enterados de manera providencial de su paradero, algunos amigos, venciendo todos los obstáculos, intervinieron para librarlo de la privación injusta de su libertad y del riesgo de la vida.

La fecha señalada por la autoridad federal para entrar en vigor la Ley Reglamentaria del artículo 130 de la Constitución y la Ley que reforma el Código Penal Federal en materia de culto religioso y disciplina extrema, fue elegida por la Unión Popular para aplicar un boicot por tiempo indefinido. Comenzó antes de ese día el adiestramiento de promotores de la Unión y del boicot en Jalisco y Estados circunvecinos. Miguel, tesorero de la Unión, impulsó a muchos jóvenes acejotaemeros a fundar en el interior del Estado, filiales de la Unión Popular y realizar una campaña de proselitismo en favor del boicot. Hacia todos los rumbos partieron los entusiastas misioneros llevando en los bolsillos el dinero apenas suficiente para llegar a su destino, dejando a la Providencia el resto de la empresa. Dispuesto a llevar a sus últimas consecuencias el boicot económico, en su calidad de autoridad moral entre los católicos, Miguel cumplió con rigurosa exactitud las medidas adoptadas por la Unión y las compartió con su familia. Esta actitud lejos de mermar su alegría y su humor, pareció acrecentarlo. Algunas anécdotas refieren hasta qué punto le era imposible aceptar de sus correligionarios la mentira y el engaño, y también hasta qué punto sabía olvidar las ofensas.

En noviembre, en tanto las agresiones en contra de los católicos aumentaban, nació su última hija, María del Rosario. Mientras la discordia aumentaba, empeorando la situación de los creyentes, muchos esperaron la señal para iniciar la resistencia bélica. Miguel, por su parte, enterado de que su hermano sacerdote se moría, voló a El Refugio, sólo para presenciar el tránsito del padre Elías Gómez Loza, su único hermano, el 20 de diciembre. Después del sepelio, regresó a Guadalajara donde se enteró de las novedades: Anacleto González Flores, reacio hasta el último momento a elegir la resistencia armada como vía de solución al conflicto, accedió como mal menor a retirar la prohibición a tomar las armas que pesaba sobre los socios de la Unión Popular. Gómez Loza advirtió el costo de la empresa y sus casi seguras consecuen­cias. La Liga había nombrado delegado suyo al jefe de la Unión Popular, Anacleto González Flores. A él correspondería coordinar la adminis­tración de los recursos y las estrategias de los católicos alzados en armas, mientras que a Miguel corresponderían semejantes funciones, las de jefe civil, pero en la zona de Los Altos.

Salió de Guadalajara el 5 de enero con rumbo a El Refugio, donde evitó un atraco. Poco después recibió la pequeña imprenta en la que se editaba Gladium, cuya edición y entrega corrió desde entonces por su cuenta. Días más tarde, luego del encuen­tro bélico de Troneras, en el que los cristeros, capitaneados por Lauro Rocha y el presbítero Reyes Vega, obtuvieron una sonada victoria sobre las fuerzas federales, Gómez Loza actuó como abogado defen­sor de los prisioneros, solicitando infructuosamente el indulto para los reos. Se estableció en dos campamentos, uno en Cerro Gordo y otro en un lugar denominado Picachos, perteneciente al municipio de Tepatitlán, lugar estratégico para desplazarse a todos los puntos de la región que requirieran su presencia. A través de un propio, Isaac Fernández, mantuvo contacto permanente con su familia y con Anacleto. Entre otros encargos pedía siempre escapularios, medallas y crucifijos para repartirlos entre la tropa y no dejó de enviar a su familia la exigua contribución que su honradez acrisolada tolera como salario, apenas lo suficiente para atender las necesidades elementales de su madre, esposa e hijas. Después de la muerte de Anacleto, ocurrida el 1º de abril de 1927, la Liga Nacional Defensora de la Libertad Religiosa, autoridad máxima entre los católicos de la resistencia, expidió un nombramiento a favor de Miguel Gómez Loza, confiriéndole la gubernatura provisional del Estado de Jalisco para los municipios adeptos a dicha resistencia.

Días más tarde, un penoso incidente vino a empañar la causa cristera, el asalto a un tren de pasajeros proveniente de la ciudad de México, que costó la vida a muchos civiles inocentes. Dicho atraco, planeado y dirigido por el presbítero Reyes Vega, le desconcertó en grado sumo. Apenas supo lo ocurrido, reprobó resueltamente el acto. Poco después, encontrándose próximo a San Juan de los Lagos, solicitó a la autoridad eclesiástica el apoyo espiritual de capellanes castrenses para las tropas, petición atendida en parte. A mediados de junio, se estableció en La Presa de los López, del municipio de Arandas; por su parte, la infatigable prensa en la que se imprimía “Gladium”, fue instalada cerca de allí, en el cerro de La Culebra.

Al finalizar agosto, pudo encontrarse con su esposa e hijas en Los Salados, Guanajuato. Poco después, el 3 de septiembre, la Liga aumentó su responsabilidad al conferirle la administración conjunta de la parte occidental del Estado de Guanajuato Con el transcurrir de los días, afinó las atribuciones ordinarias de su cargo político: giras de inspección, comunicados, emisión de decretos y circulares, así como el arbitraje de las controversias. Esto último le originó ciertas fricciones con el general Enrique Gorostieta, nombrado Jefe de las Operaciones Militares en Jalisco y Zacatecas. Más que gobernador, Miguel ejercía las funciones de procurador o comisario castrense entre los participantes de la resistencia católica.

A pesar del tiempo transcurrido entre los católicos de la resistencia, su actuación durante los enfrentamientos entre cristeros y las tropas de la federación es clara: no le correspondía a él, como autoridad civil, participar en el fuego cruzado de los combatientes, y aunque poseía pistolas una que fue de su hermano el sacerdote, y otra, obsequio personal de un colaborador jamás las usó en contra de nadie, ni siquiera para repeler alguna agresión. En octubre de 1927, al grito de ¡Viva Cristo Rey!, organizó entre los cristeros la celebración solemne de la fiesta de Cristo Rey. También se adoptó para los campamentos cristeros el lema de la Unión Popular, por Dios y por la Patria.

Miguel buscó nueva dirección, encontrándola en Palmitos. Las primeras semanas de 1928 transcurrieron sin incidentes notorios. La resistencia de los católicos se había consolidado; las acciones beligerantes se planeaban de acuerdo a estrategias oportunas; los recursos, siempre escasos, se administran con tino, y el adiestramiento de las tropas había mejorado notable­mente.

En el mes de marzo, se estableció en una ranchería próxima a Atotonilco, El Lindero. El miércoles de Lázaro, 21 de marzo -irónicamente memoria civil por el natalicio de Benito Juárez-, una avanzada militar, aprovechando el descuido o la complicidad del centinela, se apostó en torno a la finca ocupada por Gómez Loza y su secretario, el señor Dionisio Vázquez. Cuando se advirtió la presencia de los adversarios era demasiado tarde para escapar. Gómez Loza y Dionisio Vázquez emprendieron la huída; el primero, portador de documentos relativos a la resistencia activa de los católicos, intentó destruirlos antes de recibir por el pecho y por la espalda los disparos de sendos francotiradores apostados en lugares estratégicos.

Consumada la muerte, el cadáver fue trasladado a Atotonilco, de donde fue conducido a Guadalajara. Parecía éste un golpe rotundo a la organización cristera, pero el pueblo católico lo interpretó como un triunfo, manifestando su congoja y su esperanza. A la capilla ardiente donde fueron velados sus restos, acudieron decenas de católicos a honrar al fallecido, tocando con veneración sus restos. Al sepelio, verificado en el panteón de Mezquitán, acudió una muchedumbre inmensa.


La joven viuda y las pequeñas huérfanas debían recibir una prueba más, la demencia de la madre del caído, doña Victoriana, incapaz de soportar la muerte de sus dos hijos. El 1º de abril de 1947, sus restos fueron colocados en el muro norte del crucero poniente del Santuario de Guadalupe, en Guadalajara, sirviendo de pedestal, como lo hizo en vida, a su entrañable amigo Anacleto González Flores.