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martes, 12 de junio de 2018

EL SANTO ABANDONO. DOM VITAL LEHODEY



Por encima de los hombres buenos y malos, y hasta más allá de los satélites del infierno, está el Arbitro supremo, la Causa primera que los mueve quizá sin ellos saberlo, y sin la cual nada puede hacerse. La política de los príncipes, las órdenes de los jefes, la obediencia de los soldados, los proyectos tenebrosos de los perseguidores, su ejecución por los subalternos, las ruinas y el sufrimiento que de esto ha de resultar, todo ha sido previsto hasta el menor detalle; todo ha sido combinado y decretado en los consejos de la Providencia, formándose de esta suerte una extraña colaboración de la malicia del hombre y de la santidad de Dios. El, infinitamente santo, no puede dejar de odiar el mal, y si lo tolera, es por no quitar a los hombres el libre uso de su libertad. Mas su justicia pedirá cuenta a cada uno a su tiempo: a las naciones y a las familias aquí abajo, porque no cuentan como tales en la eternidad; a los individuos, en este mundo o en el otro. Entre tanto, Dios quiere utilizar para conseguir sus intentos, la malicia de los hombres y sus faltas, no menos que sus buenas disposiciones y santas obras, de suerte que aun el desorden del hombre entra bajo el orden de la Providencia.
Por parte de los hombres puede haber en ello no poco que reprender, y Dios los juzgará. Por parte de la Providencia, «todo es justo, todo sabio, todo es bueno, todo recto, todo dirigido a un fin laudable, todo llega a un resultado final, absoluto e infinitamente amable. Nerón es un monstruo, pero hace mártires. Diocleciano lleva hasta los últimos límites los furores de la persecución, más prepara la reacción y el advenimiento de Constantino. Arrío es un demonio encarnado, que quisiera arrebatar a Jesucristo su divinidad, pero da ocasión a las definiciones de la Iglesia sobre esta misma divinidad. Los bárbaros, precipitándose sobre el viejo mundo, le inundan de sangre, mas preparan al Evangelio una raza capaz de ser cristiana. Las Cruzadas parecen fracasar porque no salvan a Jerusalén, mas salvan a Europa. La revolución francesa lo trastorna todo, mas, con esta ocasión, el vigor y la vida renace en la sociedad cristiana obligada a la resistencia».
En nuestra época de persecución es evidente que Satanás está suelto, y que ha recibido el poder de cribar al justo. Y ¿por qué es este triunfo de los malos?, ¿por qué esta aparente derrota de la Iglesia?, ¿por qué esta prevención de las muchedumbres?, ¿por qué estos gobiernos impíos que pierden a los pueblos?, ¿por qué este oscurecimiento y tibieza de los que se llaman buenos?, ¿por qué, en una palabra, el imperio del mal sobre el bien? ¿Por qué? Por respeto a la libertad que es la condición del mérito y del demérito. Dios deja obrar, pero cuando juzgare llegado el tiempo, para confundir a los malos, para despertar a los dormidos, para reanimar a los tibios, para defender a los justos, dejará desencadenarse sobre el mundo culpable una guerra universal. Preséntase el azote, se hace un silencio inquietante, cállase la política, despiértese la fe, las Iglesias se llenan. Dejábase a Dios en el olvido, pero ahora se recuerda que El es el dueño de los acontecimientos. Y ¿cómo no verlo? Los hombres que han desencadenado la tempestad no saben ni dirigirla ni ponerse a cubierto de ella, mas Dios, reservándose el hacer justicia a su tiempo, utilizará la previsión de unos y la imprevisión de otros, las máquinas perfeccionadas y los planes hábilmente concebidos, el valor y las acciones brillantes, las faltas, la malicia y aun el crimen.
Todo le sirve para pasear su azote sobre las naciones, las familias y los individuos. Pero no lo hará sino en la medida útil a sus fines. Caiga el hombre de rodillas, que El gustoso se apaciguará; mas si las buenas impresiones de los primeros días se disipan, si los ojos se obstinan en permanecer cerrados y los corazones sin arrepentirse, ¿habrá derecho a extrañar que la guerra se prolongue y surjan quizá otros nuevos azotes? ¿Sería preferible que, siguiendo un funesto olvido de las leyes divinas, las naciones continúen descendiendo al abismo y las almas al infierno? Y ¿cómo explicar semejante severidad en un Dios tan bueno? Para extrañarse, preciso es no haber comprendido los desconocidos derechos de Dios, su amor despreciado, la multitud de sus gracias y los excesos de nuestra malicia, las alegrías de la eternidad feliz o los tormentos de un infierno sin fin. Precisamente porque es infinitamente bueno, es por lo que Nuestro Padre celestial nos ama sin debilidades y tal como lo exige nuestra eternidad. Todas las prosperidades del mundo serán el peor de los azotes, si adormecen a las almas en el descuido y en el olvido, y su despertar se verificará en el fondo del abismo. Por el contrario, las más espantosas calamidades, aun cuando durasen años enteros, nada son al lado de un infierno eterno, pues hasta son gran misericordia de parte de Dios, y para nosotros dichosa fortuna si podemos a este precio desarmar la justicia divina, evitar el infierno y recobrar nuestros derechos al Cielo. Tal es el designio de Nuestro Padre celestial. No le gusta castigar, pero si a ello le constreñimos por el olvido de nuestros deberes y de nuestros verdaderos intereses, nuestra es la falta. Si manifestamos insubordinación cuando nos corrige, nuestra falta es mucho mayor. Después de todo, Dios no se apresura a castigar, y para no verse precisado a hacerlo, amenaza largo tiempo, hasta usa de tanta paciencia que los débiles se maravillan y los malos blasfeman. Vendrá empero un día en que Dios se verá obligado a obrar como Soberano y justo Juez para restablecer el orden, y como Padre Salvador de las almas para volverlas al camino de salvación por los medios del rigor, ya que se obstinan en hacer inútiles los medios de dulzura.
Los azotes de Dios traen a unos la prueba, a otros, el castigo, y a todos los de buena voluntad gracias de renovación. ¡Dichoso el que sabe reconocerlas y aprovecharse de ellas! «Estas desgracias -dice el P. Caussade- son para muchos otras tantas gracias de Predestinación. Mas es necesario declarar que pueden ser al mismo tiempo para otros motivos de reprobación, bien que esto no sucederá sino por culpa suya, y por no pequeña culpa, pues ¿qué más razonable y fácil, en cierto sentido, que hacer de la necesidad virtud? ¿Por qué levantarse inútil y criminalmente contra la mano paternal de Dios, que no nos castiga, sino para despegarnos de los miserables bienes de acá abajo? Como su misma ira nace de su misericordia, no nos hiere sino para apartarnos del pecado y salvarnos. A manera de un sabio cirujano que corta hasta lo vivo las carnes podridas, a fin de conservar la vida y de preservar el resto del cuerpo.»
¿Cómo portarnos en medio de las calamidades?
1º «Humillarnos bajo la poderosa mano de Dios», y abandonarnos a su Providencia con sumisión filial, en la íntima convicción de que es Dios quien lo ha dirigido todo, de que sus designios impenetrables tienen por principio el amor de las almas, y de que sabrá poner al servicio del bien los acontecimientos más desconcertantes. Por lo que personalmente nos concierne, nos conviene recordar que estamos en manos de Nuestro Padre celestial, y si quiere salvarnos, le es tan fácil hacerlo en medio de los peligros, como llamarnos a Sí cuando ningún peligro pareciera amenazarnos, y si es que quiere probarnos, ¡bendito sea su santo nombre para siempre!
2º Cumplir nuestros deberes del mejor modo posible y sacrificarnos por el bien común, según el tiempo y las circunstancias, y como nuestra situación lo permita. «La tempestad es tempestad. A ella se resigna el marinero y trabaja.» Hagamos nosotros lo mismo. No entremos en la agitación de las olas que nos sacuden, y adhierámonos a la roca de la Providencia, diciendo: «¡Dios mío, os adoro, os alabo, acepto la prueba, soporto estos malos días y me mantengo en paz!»
3º En consecuencia, es preciso orar, ante todo orar y siempre orar. Pidamos, busquemos, llamemos, importunemos a Dios, ya para que abrevie la calamidad si tal es su beneplácito, ya también, y esto de un modo absoluto, para que perezcan las menos almas posibles en la tormenta, para que los pueblos vuelvan a Dios con corazón contrito y humillado, los santos se multipliquen, la Iglesia sea más fielmente escuchada y Dios menos ofendido. Y como «la oración unida al ayuno es especialmente buena y la limosna hace hallar misericordia», la época de las calamidades es el tiempo oportuno cual ningún otro, para renovarnos en la fidelidad a nuestros deberes, y de añadir a nuestros sacrificios obligatorios algunas mortificaciones que las sobrepasan, a fin de aplacar mejor el justo enojo de Dios. Porque las calamidades son, en general, el castigo del pecado, y cuando son más universales y terribles, es señal que fue mayor la ola de iniquidad que provocó la cólera divina. Nada mejor puede hacerse que enmendar nuestra propia vida y ofrecer al Dueño irritado, al Padre no reconocido, un acrecentamiento de amor y de fidelidad por lo referente a nosotros, un abundante tributo de desagravio y reparación por nuestras culpas y por las del mundo pecador.
II. Casi idéntica ha de ser nuestra manera de conducirnos cuando la calamidad venga a descargar sobre nosotros, sobre nuestras familias o sobre nuestra Comunidad. Trataremos de no ver a ella sino a Dios, y a Dios paternalmente ocupado en el bien de las almas. «La muerte de una persona querida me parece una calamidad, y si hubiera vivido algunos años más, quizá hubiera muerto en estado de pecado. Yo debo treinta o cuarenta años de vida a esa enfermedad que he sufrido con tan poca paciencia. Mi salud eterna pendía de esta confusión que me ha costado tantas lágrimas. No había remedio para mi alma, si yo no hubiera perdido ese dinero. ¿De qué nos quejamos? ¡Dios se encarga de conducirnos y nosotros nos inquietamos!» ¡Oh! si penetráramos mejor sus amorosos designios sobre nosotros, le bendeciríamos hasta en sus aparentes rigores. Este filial abandono multiplicaría nuestros méritos, nos traería la paz, movería el corazón de Dios y sería frecuentemente el mejor medio de acertar.
Dos meses después de la fundación de la Orden de la Visitación, enfermó tan gravemente Santa Juana de Chantal, que la muerte parecía inevitable. Fue esta una dura prueba para el piadoso Obispo de Ginebra, porque teniendo la seguridad de que aquella obra era de Dios y destinada a producir mucho bien, veía con toda claridad que, caído el pastor, se dispersaría el rebaño. Sin embargo, tuvo el ánimo de decir: «Dios quiere quizá contentarse con nuestros primeros pasos, sabiendo que no somos bastante fuertes para realizar el viaje entero.» Dios, que no esperaba sino este acto de abandono, inmediatamente devolvió a la Santa Fundadora la salud para largos años. Los principios más penosos, las dificultades de reclutar gente, los muertos, las decepciones, un cisma, una insurrección, la pobreza rayana en miseria, la persecución de fuera y las importunidades de la autoridad, nada le faltó a San Alfonso de Ligorio en el establecimiento de su Congregación. Pero en medio de las tempestades oraba, y hacia todo cuanto humanamente era posible, «no quería sino sólo la voluntad de Dios». Era, pues, designio del cielo que el piadoso fundador llegase a ser un perfecto modelo, y su Instituto un plantel de santos, y para esto, ¿no convenía que el Padre de este ilustre linaje se asemejase al divino Redentor, pobre y humilde y perseguido?

viernes, 8 de junio de 2018

Libia según la ONU y la dura realidad


A pesar de la buena voluntad de algunos participantes, la conferencia de París sobre Libia no tuvo los efectos esperados en ese país. Eso es consecuencia del doble discurso de la OTAN y de la ONU, que dicen querer estabilizar Libia cuando en realidad las acciones de las dos organizaciones siguen el plan del almirante estadounidense Cebrowski para la destrucción de los Estados de los países atacados. La farsa de París estaba marcada por un profundo desconocimiento de las particularidades de la sociedad libia



El 29 de mayo de 2018 tiene lugar la conferencia de prensa final de la cumbre de París sobre Libia. De izquierda a derecha, el presidente del Gobierno Libio de Unión Nacional (designado por la ONU) Fayez al-Sarraj, el presidente de Francia Emmanuel Macron y el libanés Ghassan Salamé, funcionario de la ONU. Estos tres personajes, carentes legitimidad electiva en Libia, pretenden decidir el futuro del pueblo libio.
Desde que la OTAN destruyó la Yamahiriya Árabe Libia, en 2011, la situación en Libia se ha deteriorado gravemente: el PIB ha caído a la mitad y sectores enteros de la población están viviendo en la miseria, es imposible circular en el país y reina una inseguridad generalizada. Durante los últimos años, dos terceras partes de la población ha huido al extranjero, al menos temporalmente.
Aceptando implícitamente la intervención ilegal de la OTAN como un hecho consumado, las Naciones Unidas tratan ahora de estabilizar Libia.

Intentos de pacificación
La ONU está présente en el país a traves de la MANUL (Misión de Apoyo las Naciones Unidas en Libia), un órgano exclusivamente político. El verdadero carácter de esa instancia se vio claramente desde que se creó. Su primer director, Ian Martin, ex director de Amnistía Internacional, organizó el traslado de 1 500 yihadistas de al-Qaeda, como «refugiados», de Libia hacia Turquía para formar el denominado «Ejército Sirio Libre». Aunque la MANUL está supuestamente bajo la dirección de Ghassan Salamé [1], en realidad depende directamente del director de Asuntos Políticos de la ONU, que no es otro que el estadounidense Jeffrey Feltman. Este último, ex asistente de Hillary Clinton en el Departamento de Estado estadounidense, es uno de los principales ejecutores del plan Cebrowski-Barnett para la destrucción de los Estados y sociedades en los países del «Medio Oriente ampliado» [2]. Fue precisamente Jeffrey Feltman quien supervisó en el plano diplomático las agresiones contra Libia y Siria [3].
La ONU parte de la idea que el desorden actual en Libia es consecuencia de la «guerra civil» de 2011 entre el régimen de Muammar el-Kadhafi y su oposición. Pero, en el momento de la intervención de la OTAN, esa oposición se componía solamente de los yihadistas de al-Qaeda y la tribu de los misurata. Como ex miembro del último gobierno de la Yamahiriya Árabe Libia, yo mismo soy testigo de que la agresión de la OTAN no respondía a la existencia de un conflicto entre libios sino a una estrategia regional a largo plazo para todo el conjunto del Medio Oriente ampliado o Gran Medio Oriente.
Ante los magros resultados que obtuvieron en las elecciones legislativas de 2014, los islamistas que habían librado los combates terrestres por cuenta de la OTAN decidieron no reconocer la «Cámara de Representantes» basada en Tobruk y constituir, en Trípoli, su propia asamblea, que ahora llaman «Alto Consejo de Estado». Considerando que esas dos asambles rivales podían formar un sistema bicameral, Feltman puso a los dos grupos en condiciones de igualdad. Hubo contactos organizados en los Países Bajos y después se firmaron los acuerdos de Skhirat (Marruecos) pero sin aprobación de ninguna de las dos asambleas. Esos «acuerdos» instituyeron un «gobierno de unión nacional», designado por la ONU e inicialmente con sede en Túnez.
Para preparar la elaboración de una nueva Constitución y elecciones presidencial y legislativas, Francia –suplantando los esfuerzos de los Países Bajos y Egipto– organizó a fines de mayo una cumbre entre las personas que la ONU presenta como los cuatro principales líderes del país, encuentro que se realizó en presencia de representantes de los principales países implicados en el terreno. Esa iniciativa fue duramente criticada en Italia [4]. Públicamente, se habló de política, pero discretamente se trazaron los contornos de un Banco Central Libio único que se encargará de borrar el robo de los fondos soberanos por los miembros de la OTAN [5] y centralizará el dinero del petróleo. En todo caso, después de la firma de una declaración común y de los abrazos de rigor en tales circunstancias… la situación en el terreno empeoró bruscamente.
El presidente francés Emmanuel Macron actuó en función de su experiencia como banquero de negocios: reunió a los principales líderes libios seleccionados por la ONU, analizó con ellos cómo proteger sus intereses respectivos con vistas a crear un gobierno que todos reconozcan, verificó que las potencias extranjeras no sabotearan ese proceso y creyó que los libios aplaudirían esa solución. Pero no resolvió nada porque Libia es totalmente diferente a las sociedades occidentales.

Es evidente que Francia, que fue –con el Reino Unido– la punta de lanza de la OTAN contra Libia, está tratando de recuperar los dividendos de su intervención militar, que hasta ahora le han sido negados por sus aliados anglosajones.
Para entender lo que está sucediendo es necesario ver un poco de historia y analizar cómo viven los libios en función de su propia experiencia personal.
Muammar Al- Kadafhi 

La Historia de Libia
Libia existe desde hace sólo 67 años. En el momento de la caída del fascismo y del fin de la Segunda Guerra Mundial, los británicos ocuparon parte de aquella colonia italiana (las regiones de Tripolitania y Cirenaica) mientras que los franceses ocupaban otra parte (la región de Fezzan) dividiéndola y vinculándola administrativamente a sus colonias de Argelia y Túnez.
Londres favoreció la aparición de una monarquía controlada desde Arabia Saudita, la dinastía de los Senussi, que reinó sobre el país al proclamarse la «independencia», en 1951. Esa dinastía wahabita mantuvo el nuevo Estado en un oscurantismo total mientras favorecía los intereses económicos y militares anglosajones.
La dinastía de los Senussi fue derrocada en 1969 por un grupo de oficiales que proclamó la verdadera independencia y sacó del país las fuerzas extranjeras. En el plano de la política interna, Muammar el-Kadhafi redactó, en 1975, el Libro Verde, un programa donde garantizaba a la población del desierto la realización de sus principales sueños. Por ejemplo, cada beduino soñaba tener su propia tienda para vivir y su camello (un medio de transporte). Kadhafi garantizó a cada familia un apartamento gratis y un automóvil. La Yamahiriya Árabe Libia también garantizó gratuitamente a los libios el agua [6], la educación y los servicios de salud [7]. La población nómada del desierto se sedentarizó progresivamente en la costa, pero los vínculos de cada familia con su tribu de origen siguieron siendo más importantes que las relaciones de vecindad. Se crearon instituciones nacionales inspiradas en las experiencias de los falansterios de los socialistas utópicos del siglo XIX. Esas instituciones instauraron una democracia directa que coexistía con las estructuras tribales antiguas. En ese marco, las decisiones importantes se presentaban primeramente en la Asamblea de Consulta de las tribus antes de someterse a deliberación en el Congreso General del Pueblo (Asamblea Nacional).
En el plano internacional, Muammar el-Kadhafi se dedicó a la solución del conflicto secular entre africanos árabes y africanos negros. Erradicó la esclavitud y utilizó gran parte de los ingresos provenientes del petróleo para contribuir al desarrollo de los países subsaharianos, principalmente de Mali. Su actividad incluso despertó a los países occidentales, que iniciaron entonces políticas de ayuda al desarrollo del continente africano.
Sin embargo, a pesar de los progresos alcanzados, 30 años de Yamahiriya no lograron convertir aquella Arabia Saudita africana en una sociedad laica moderna.




El funcionario libanés de la ONU Ghassan Salamé y su jefe, el estadounidense Jeffrey Feltman.
El problema actual
Al destruir la Yamahiriya y desplegar nuevamente en Libia la bandera de la dinastía Senussi, la OTAN hizo retroceder el país a lo que había sido antes de 1969, un conjunto de tribus que vivían en el desierto sin relación con el resto del mundo. Ante la desaparición del Estado, la población se replegó hacia las estructuras societales tribales, sin jefe supremo. Volvieron a Libia la sharia, el racismo y el esclavismo. En esas condiciones, es inútil tratar de restablecer el orden desde arriba y se hace indispensable pacificar primero las relaciones entre las tribus. Sólo después de eso será posible plantearse la creación de instituciones democráticas. Hasta ese momento, la seguridad de cada cual dependerá de su pertenencia a una tribu. Para poder sobrevivir, los libios renunciarán hasta entonces a pensar de manera autónoma y actuarán siempre tomando como referencia su grupo tribal.
Resulta emblemática la represión que los habitantes de Misurata desataron contra los pobladores de Tawerga. Los misuratas (habitantes de Misurata) son los descendientes de los soldados turcos del ejército otomano mientras que los pobladores de Tawerga son descendientes de ex esclavos negros. En relación con Turquía, los misuratas participaron en el derrocamiento de la Yamahiriya y, en cuanto se impuso el estandarte de los Senussi, arremetieron con furor racista contra los libios negros atribuyéndoles todo tipo de crímenes. Se estima que al menos 30 000 pobladores de Tawerga se vieron obligados a huir de esa localidad libia.
Será evidentemente muy difícil que surja una personalidad comparable al asesinado Muammar el-Kadhafi y que obtenga, primeramente, el reconocimiento de las tribus y después la aceptación del Pueblo. Pero no es ese el objetivo de Jeffrey Feltman. Contrariamente a las declaraciones oficiales sobre una solución «inclusiva», o sea que integre todos los componentes de la sociedad libia, Feltman impuso, a través de los islamistas con quienes colaboró contra Kadhafi desde el Departamento de Estado estadounidense, una ley que prohíbe que las personas que sirvieron a la Yamahiriya puedan ejercer cargos públicos. La Cámara de Representantes se ha negado a aplicar ese texto, que sigue en vigor en Trípoli. Se trata de un dispositivo comparable al proceso de “desbaasificación” que el propio Feltman impuso en Irak, cuando participaba en la dirección de la «Autoridad Provisional de la Coalición». En ambos casos, las leyes de Feltman privan a esos países de la mayoría de sus élites, empujando estas últimas a la violencia o al exilio. Es evidente que, mientras dice trabajar por la paz, Feltman sigue adelante con los objetivos del plan Cebrowski.
A pesar de las apariencias, el problema de Libia no es la rivalidad entre líderes sino la ausencia de pacificación entre las tribus y la exclusión de los antiguos seguidores de Kadhafi. La solución no puede negociarse entre los cuatro líderes reunidos en París sino únicamente en el seno de la Cámara de Representantes de Tobruk y alrededor de esa estructura, cuya autoridad abarca ahora el 80% del territorio libio.


La muerte de Muammar El-Kadafhi ha sido una de mas mas varvaras amen lo que el haya sido, aqui nos importa la forma barbara y brutal de como lo mataron los milicianos al serrvicio de la OTAN. y LOS Estados Unidos, porque lo permitieron Estados Unidos y sus lacayos de la OTAN? ESTA BARBARIE NO TIENE NOMBRE. 




Thierry Meyssan



[1] Ghassan Salamé es un político y universitario libanés, padre de la periodista francesa Lea Salamé y de la directora de la Fundación Boghossian de Bélgica, Louma Salamé. Ghassan Salamé ha trabajado con el estadounidense Jeffrey Feltman en Irak pero no en Líbano.
[2] «El proyecto militar de Estados Unidos para el mundo», por Thierry Meyssan, Haïti Liberté (Haití), Red Voltaire, 22 de agosto de 2017.
[3] «Alemania y la ONU contra Siria», por Thierry Meyssan, Al-Watan(Siria), Red Voltaire, 28 de enero de 2016.
[4] En 2011, el primer ministro italiano Silvio Berlusconi protestó contra la intervención de la OTAN en Libia. Pero su propio parlamento se encargó rápidamente de traerlo de regreso al orden atlantista.
[5] «La rapiña del siglo: el asalto de los voluntarios a los fondos soberanos libios», por Manlio Dinucci, Il Manifesto (Italia), Red Voltaire, 22 de abril de 2011.
[6] A partir de 1991, Libia construyó el «Gran Río Artificial», una enorme red de explotación del manto acuífero de la Cuenca de Nubia, situado a gran profundidad. No existe en ningún lugar del mundo nada comparable a las proporciones gigantescas de ese sistema de explotación de la riqueza hídrica de Libia.
[7] A falta de numerosos hospitales en el país, la Yamahiriya Árabe Libia a menudo enviaba al extranjero los pacientes que necesitaban intervenciones quirúrgicas y corría con todos los gastos (viaje, alojamiento en el país receptor y costo de la atención médica recibida en el exterior).

jueves, 7 de junio de 2018

¿Provocación y ultimátum imperial o cumbre Kim-Trump?


El analista internacional panameño Julio Yao aborda nuevamente los acontecimientos alrededor de la anunciada cumbre entre los presidentes de Corea del Norte, Kim Jong-un, y de Estados Unidos, Donald Trump, encuentro que hoy parece peligrar debido a las declaraciones intolerables de John Bolton, el consejero de seguridad nacional del presidente Trump.



El consejero del presidente estadounidense Donald Trump para los temas de seguridad nacional, John Bolton.

Hace varios días consignamos como un gran logro histórico para la península de Corea la cumbre entre el presidente de la República Popular Democrática de Corea, Kim Jong-un, y el presidente de la República de Corea, Moon Jae-in. Desnuclearización, desarme, acuerdo de paz, reunificación, son algunas de las palabras claves [1].

La Cumbre Kim-Moon del 27 de abril debió continuar el pasado 15 de mayo, pero el presidente Kim la canceló en protesta por la realización de maniobras militares conjuntas por parte de Estados Unidos y Sudcorea y ante las declaraciones impertinentes y provocadoras del consejero de Donald Trump para la Seguridad Nacional, John Bolton, quien manifestó que la desnuclearización de Corea del Norta debía seguir el esquema aplicado en Libia en 2011.

Como todos sabemos, Libia se deshizo de sus armas nucleares… y acabó siendo invadida y destruida por Estados Unidos y la OTAN. Además, el Guía libio, Muamar el-Kadhafi, fue atrozmente asesinado. Para Corea del Norte, que tenía pactada una alianza militar con Libia, resultó imposible intervenir, motivo por el cual Kim Yong-un tiene fresca y muy presente esa tragedia. También alimenta su desconfianza el retiro insólito, aunque no sorpresivo, de Estados Unidos del llamado Acuerdo 5+1 (JCPOA) sobre el programa nuclear de Irán.

La respuesta del presidente Kim a las declaraciones de Bolton no se hizo esperar: la República Popular Democrática de Corea no se desnuclearizará unilateralmente sin concesiones de la otra parte. Después de todo, es Corea del Norte la que ha dado muchos pasos y realizado numerosos gestos de buena voluntad, incluida la liberación de tres ciudadanos estadounidenses, sin que Washington haya concretado ningún gesto de buena voluntad hacia Pyongyang.

Al parecer, Bolton ve la Cumbre Kim-Trump como una simple capitulación de Corea del Norte ante Estados Unidos, como si Pyongyang hubiese perdido una guerra, y no como una forma civilizada de explorar las posibilidades de acuerdos entre las partes.

Esta actitud arrogante y analfabeta de Bolton demuestra la peligrosa fase por la que atraviesa Estados Unidos de querer someter por la fuerza a todo el que no se rinda ante el Imperio.

Donald Trump ha declarado que, de no producirse la desnuclearización de Corea del Norte, según la receta de Bolton; de no aceptar Kim su virtual ultimátum, Estados Unidos «ejercerá la máxima presión para obligarla a negociar». «Tendremos que ver si sigue la cumbre», afirmó el presidente estadounidense.

Tal pareciera como si el presidente Trump ignorara que ninguna potencia, ningún Estado, puede dar un ultimátum u obligar otro Estado a negociar, salvo que se trate de un Estado que se haya rendido o haya sido previamente destruido en una guerra.

El viceministro de Relaciones Exteriores de la República Popular Democrática de Corea, Kim Kye-gwan, lo ha aclarado:

«Si Estados Unidos nos acorrala y nos exige que renunciemos unilateralmente a nuestro programa nuclear, dejaremos de tener interés en las conversaciones y tendremos que reconsiderar si aceptamos la próxima cumbre estadounidense-norcoreana.»

Esto no se puede interpretar como una amenaza de cancelación de la anunciada cumbre Kim-Trump del 12 de junio en Singapur, sino como una simple advertencia.

El presidente de la República de Corea, Moon Jae-in, fue defensor de los derechos humanos y continuador de la política de reunificación pacífica de Corea promovida por los ex presidentes Kim Dae-jung y Roh Moo-hyun. El presidente Moon, también ex asesor presidencial del presidente Roh en política exterior, deberá acordar su propia cumbre con Trump para decidir que pasará con los 28 500 soldados estadounidenses que hoy permanecen en el sur de la península de Corea.

Este objetivo debió ser una precondición al menos consultada con el ocupante estadounidense por el presidente Moon antes de su reunión del 27 de abril con el presidente Kim pues, a falta de esa condición, cualquier acercamiento entre las dos partes coreanas que no cuente con la anuencia de Estados Unidos puede resultar quimérica.

La actitud imperialista de Bolton, que marca pautas a la política del secretario de Estado, Mike Pompeo, constituye un tajante rechazo de la diplomacia y el Derecho Internacional y conduce a la ley del más fuerte [2].

La respuesta de Bolton a la posible desnuclearización de Corea revela que Estados Unidos persigue una rendición incondicional de la República Popular Democrática de Corea y no una conciliación de intereses que favorezca la paz y la seguridad internacionales.

No obstante, debido a que esa conciliación abonaría el camino de la reunificación pacífica de Corea; reduciendo los gastos militares tanto de Corea del Sur como de Corea del Norte, además de los propios de Estados Unidos; visto que también contribuiría a eliminar las bases militares en Guam, Okinawa y Diego García, en torno a China, y fortalecería la cooperación internacional, al presidente Moon Jae-in sólo le resta mirar de frente al presidente Trump y plantearle, haciendo valer la soberanía de la República de Corea, que Washington retire sus fuerzas del sur de la península.

De no hacerlo, continuarán la retórica arrogante, las amenazas y los insultos. Pero ya no se podrá culpar a la República Popular Democrática de Corea, sino a Estados Unidos y John Bolton, ¡de patear la mesa!

Julio Yao Villalaz

miércoles, 6 de junio de 2018

PRECISIONES NECESARIAS A LOS QUE RESISTEN A LA FURIA CONCILIAR Y SUS ERRORES




Por el Padre Hugo Ruiz Vallejo
(4 de febrero 2017)


Los sacerdotes que tratamos de conservar la herencia autentica de la Iglesia Católica, es decir, de su Tradición bimilenaria, y que intentamos de ser fieles a las enseñanzas y a las directivas que Monseñor Lefebvre nos dejó con este preciso objeto, nos vemos cada día en la necesidad de hacer nuevas alertas y precisiones.
Vivimos una época de desorientación diabólica, de crisis profunda en la Iglesia, una crisis de sus miembros. Pero no basta de ninguna manera de solo saber esto. No debemos olvidar que el mal es también seductor, y que es capaz de adoptar nuevas apariencias para mejor lograr sus fines, de ahí la necesidad en los verdaderos católicos de ser precavidos (“Velad y orad para que no caigáis en la tentación” Mc. XIV, 38). Dada la desorientación cada vez mayor en razón de la crisis de autoridad en la Iglesia (“Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas” Mc. XIV, 27) sucede que aún en los que tienen la intención sincera de salvar la Tradición de la Iglesia haya lagunas sobre la actitud a tomar respecto a ciertos temas y particularmente respecto a ciertas situaciones.
El mundo moderno, de naturaleza liberal, no tiene reparo en que haya mesclas, es más, él ama las mesclas. Nuestra Santa Religión nos pide, al contrario, de huir del mal, del pecado y de las ocasiones de pecado, las cuales pueden ser muy variadas.
En lo que a mí me concierne, trato como decía antes, de conformarme a las directivas que nos dejó nuestro obispo católico y santo que fue Mons. Marcel Lefebvre, así como a las directivas de la Fraternidad San Pio X, fundada por él, es decir las enseñanzas y actitudes auténticamente católicas que ésta tubo mientras no comenzó gradualmente a separarse del espíritu de su fundador.
En algunos medios de la hoy llamada “resistencia” se comienza ya a dar consejos a los fieles que no corresponden más a las directivas del obispo fiel. Por ello quisiera tocar varios puntos particulares, pero de todos modos de importancia mayor, y que hoy parecen ser menos claros para algunos. Y finalmente añado un comentario al anuncio reciente dado por Mons. Fellay sobre la inminencia de un acuerdo oficial de la FSSPX con la Roma conciliar:


1er punto: sobre la moralidad de la Nueva Misa y de la asistencia a ella




Todos sabemos que el Papa Paulo VI siguió en la elaboración de la Nueva Misa unos criterios tan ecuménicos que llego hasta el colmo de llamar a participar en ésta elaboración a 6 pastores protestantes. Por esta y otras razones se fabricó artificialmente una “Nueva Misa”, calcada en la misa protestante y sin embargo lo suficientemente ambigua como para no ser ni formalmente herética ni formalmente católica. Se creó un rito ambiguo pero no por ello menos irremediablemente envenenado de espíritu protestante.
La conclusión es que: la Nueva Misa en razón de su ambigüedad no es formalmente herética, pero sin embargo en razón de sus equívocos sí es favorable a la herejía. Es por ésta razón que no se la puede llamar un rito católico, ni tampoco bueno en sí mismo, características que le son intrínsecas.

De todo esto se deduce que:
-La asistencia a la Nueva Misa no es lícita (los que estamos al corriente de lo que es la Nueva Misa ya no podemos asistir moralmente a ella).
-No se puede aconsejar nunca directamente a nadie de ir a ésta misa. Aunque por razones graves de prudencia se pueda simplemente dejar a alguien en su ignorancia o buena voluntad.
-La comunión es la forma más perfecta de participar a la Misa. Por ello no se debe comulgar de hostias consagradas en la Nueva Misa.

Esto es en resumen el pensamiento y la actitud que nos enseñó a tener Mons. Lefebvre respecto a la Nueva Misa.


2º punto: Sobre la asistencia a las Misas del indulto


La Roma conciliar ha siempre tratado de recuperar a los católicos que por defender su Fe se han alejado (sin intención de cisma) de los ambientes eclesiásticos infectados por el modernismo y por los errores del Concilio Vaticano II. Pero en su afán de ponerlos bajo su control, la iglesia conciliar les ha propuesto nuevas “soluciones” e “indultos” que darían la aparente oportunidad de seguir conservando sus convicciones pero dentro de la estructura oficial. Aquellos que han caído en estas redes se han visto cruelmente desengañados por las presiones e incluso por las medidas drásticas que vienen a limitar siempre más y más la Tradición y la práctica de ésta. En efecto, es una terrible contradicción el hecho de querer poner la Tradición bajo la tutela y la “protección” de aquellos que son los mismos enemigos de la Tradición…
En su tiempo Mons. Lefebvre nos hizo comprender que la Misa Tradicional no es toda la Tradición sino que también existe la enseñanza de la Fe y la práctica de ésta. No es suficiente tener la Santa Misa Tradicional cuando a lado de ella la predicación y la práctica de la Fe no son coherentes. Cuando a lado de la Misa Tradicional ya no se enseña toda la Fe y además se trata, directamente o indirectamente, de hacer aceptar el Concilio Vat. II (por ejemplo al omitir la denunciación clara y firme de los errores del concilio). En este caso el alma de los fieles está ya en peligro y es mejor renunciar a estas Misas en razón del peligro de contagio más o menos camuflado que está alrededor de ellas. El Santo Cura de Ars en su juventud prefería quedarse sin Santa Misa antes que de asistir a las Misas dichas por sacerdotes juramentados con el gobierno liberal de la época.

La actitud que antes se pedía a los fieles en la FSSPX respecto a las Misas del “indulto” era:
-No asistir nunca a estas Misas (mejor recitar el rosario en casa e ir, cuando se pueda, a Misas de sacerdotes no comprometidos con la iglesia conciliar).
-No frecuentar ninguno de los medios pastorales de la Misa del indulto (ni conferencias, peregrinaciones, etc.). En efecto, es mejor quedarse sin Misa que verse expuestos al peligro de dejarse influenciar gradualmente por esta mentalidad de compromiso con la iglesia conciliar.


3er punto: Sobre la asistencia hoy a las Misas de la nueva FSSPX


¿Acaso los hoy superiores de la FSSPX, en su afán de acercarse a la Roma conciliar, han puesto ya, a ésta misma FSSPX en una situación semejante o igual a la que antes reprochábamos a los grupos acuerdistas como la Fraternidad San Pedro? Y en éste caso, ¿las antiguas consignas que se nos dieron respecto a los acuerdistas valdrían ya también respecto a la FSSPX?
El espíritu que hoy reina dentro de la FSSPX es el del acercamiento y el de hacer un acuerdo con Roma, es innegable, Mons. Fellay ya lo afirma abierta y públicamente. Además, no es necesario siempre, para que haya un verdadero acuerdo, que éste sea escrito y oficial, pues pueden también existir los acuerdos tácitos… basados en “coloquios amistosos” y “hechos” significativos.
¿El que el Papa Francisco haya dado recientemente la jurisdicción para confesar a los sacerdotes de la FSSPX no es acaso un hecho real? De hecho, en la Iglesia no se puede tener jurisdicción si no se está precedentemente incardinado (aunque fuera directamente al Papa). Es cierto, como lo ha dicho sin pudor Mons. Fellay en una entrevista acordada este 29 de enero “solo falta el sello”…
¿Las presiones y persecuciones que se han hecho desde ya hace tiempo, no solo a los sacerdotes sino también a los fieles, para plegarlos a esta nueva política entreguista no son suficientes para afirmar que ya la FSSPX está en una actitud francamente acuerdista? ¿Y la timidez cada vez más marcada en el no querer denunciar abiertamente los errores del concilio y concretamente los escándalos ruidosos del Papa Francisco, no son un signo inquietante?
Es evidente que todo ese ambiente peligroso que nosotros denunciábamos en las sociedades “Ecclesia Dei” (y contra el cual los mismos superiores antes nos ponían insistentemente en guardia), ahora ya está presente dentro de la FSSPX.
Es por todo lo esto que de hecho se han vuelto peligrosos actualmente los ambientes de la nueva FSSPX. Esta insistencia constante a la obediencia ciega, aún cuando existen motivos más que legítimos para inquietarse. La Fe pasa a un segundo plano respecto a la obediencia, cuando debería ser lo contrario.
En lo que concierne a mi experiencia personal tanto los sacerdotes como los fieles que no han querido desligarse de la nueva FSSPX han ido doblado las manos uno tras otro, y no solo han abandonado la lucha sino que por esas presiones morales intolerables que ellos sufren han ido también cambiando su pensamiento…

Es por todo esto, que yo aconsejo tanto a sacerdotes como a fieles, el alejarse definitivamente de todos los medios de la nueva FSSPX. Esto conformemente al espíritu de la actitud prudencial que Mons. Lefebvre nos había aconsejado antes respecto a las sociedades “Ecclesia Dei” y que hoy se aplica ya, perfectamente, a la nueva FSSPX.


4º punto: Sobre la asistencia a las Misas sedevacante

En cuanto a los que hoy afirman la vacancia de la Sede Apostólica no dudo que muchos de ellos tengan un sincero apego y gran veneración por la persona de Mons. Lefebvre, sin embargo, no quieren aceptar siempre todas las recomendaciones y directivas que él nos dejó. De hecho, él mismo hablo claramente de la posibilidad de proponerse ésta interrogante. Lo que sí, y siempre rotundamente, él se negó hacer es de zanjar definitivamente esta cuestión.
No se puede hacer de un hecho histórico una doctrina, un punto estrictamente doctrinal… las verdades de la Fe son necesarias para la salvación, un hecho histórico puede ser controvertido. El peligro está en que si un día Dios quiere suscitar un Papa verdaderamente católico que entonces ya no se quiera reconocer la legitimidad de su sucesión apostólica.

En un artículo de la revista tradicionalista “Roma” (no. 67 del año 1981) Mons. Lefebvre escribía: "Nuestra Fraternidad rechaza absolutamente compartir estos razonamientos. Queremos permanecer adheridos a Roma, al sucesor de Pedro, pero rechazamos su liberalismo por fidelidad a sus Antecesores. No tenemos miedo de decirlo respetuosa pero firmemente, como San Pablo frente a San Pedro.
Por eso, lejos de rechazar las oraciones por el Papa, aumentamos nuestros rezos y suplicamos para que el Espíritu Santo lo ilumine y lo fortalezca en el sostén y defensa de la fe".
“En consecuencia, no se puede tolerar en los miembros, sacerdotes, hermanos, hermanas, oblatas de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X que rehúsen rezar por el Papa y que afirmen que todas las Misas del Novus Ordo Missae son inválidas.”
Y en otra ocasión, comentando este artículo, añadía:
"Quise escribir este artículo para que todos sepan, incluso los fieles, cuál es la posición de la Fraternidad. Que los fieles sepan que si alguno de nuestros sacerdotes predica que no hay Papa, no predica en conformidad con lo que piensa la Fraternidad".
En la revista “Fideliter” (no.79, Enero-febrero 1991) decía:
“Yo siempre he puesto en guardia a los feligreses, por ejemplo respecto a los sedevacantistas, Entonces ellos dicen: si la Misa está bien entonces nosotros podemos asistir a ella.
Sí claro, está la Misa. Esta es una cosa buena, sin embargo hay que tomar en cuenta que está también el sermón; está también el ambiente, las conversaciones, los contactos antes y después, todo lo cual hace que uno suavemente cambie de pensamiento. Esto constituye entonces un peligro y es por ello que de una manera general yo estimo que todo esto hace una sola cosa. Uno no va solo a una Misa, en realidad lo que se frecuenta es un ambiente”.

En un blog muy conocido de la “resistencia” últimamente (éste 12 de enero) se publicó un artículo en el cual se dice: “Es lícito para los fieles ir a toda Misa tradicional (celebrada también “non una cum”) porque es el Ministro que responde a Dios de sus decisiones, mientras que el fiel debe sólo responder de si ha observado el 3º Mandamiento: “Santificarás las fiestas”. ” (La expresión “Non una cum” quiere decir que se trata de una Misa donde no se reconoce la legitimidad del Papa actual)
Según este principio se justificaría entonces asistir no solo a las Misas sedevacante sino también a aquellas del indulto y sin lugar a dudas a las de la nueva FSSPX!


5º punto: La “OPERACIÓN SUICIDIO” o los “acuerdos” de la FSSPX


Numerosas son las veces que Mons Fellay afirmo con vehemencia, y no hace mucho tiempo, que no quería hacer acuerdos. Y ahora este 29 de enero en una entrevista televisiva comento tan despreocupadamente que “solo falta el sello” para que el acuerdo con Roma esté consumado. Reconociendo entonces él mismo la existencia de todo ese trabajo de preparación y de coqueteo con Roma (del cual él es responsable) que era de hecho ya un acuerdo practico al cual solo le faltaba esta “pequeña” formalidad: “el sello”.
Con su lenguaje sinuoso lleno de sugestiones inverificadas e inverificables Mons Fellay ha venido tejiendo su telaraña alrededor de los incautos, preparando desde hace ya años los espíritus de sacerdotes y de los feligreses a éste acuerdo. Siempre, en sus “conferencias” y sermones ha sugerido “bellos horizontes” y la “seria probabilidad” de que Roma “ya” se está convirtiendo. Él está arrastrando de hecho el rebaño que le había sido confiado por Mons Lefebre (sacerdotes, feligreses, seminarios, prioratos, escuelas, etc. etc.) a la marmita conciliar... ¡Sí!, ¡toda la gran obra de rescate de la Tradición hecha por Mons. Lefebvre está hoy cayendo en la marmita conciliar!
¿Acaso todas las declaraciones y gestos indecentes del Papa Francisco no son una declaración de su intención?, ¿Acaso el ponerse bajo su jurisdicción no implica el obedecerlo?, ¿Acaso “Francisco”, como hoy le llaman, no intenta gobernar a la Iglesia según la intención que él mismo ha manifestado precedentemente? Y si esa es su intención, ¿no están cayendo los que ahora dirigen la FSSPX en una trampa colosal que ellos mismos se han buscado!? Poco importa el lenguaje rebuscado, afectado y falsamente docto de Mons. Fellay, de hecho él está tratando de justificar no solo una gran impostura sino también un error de dimensiones históricas.


En su sermón de las consagraciones episcopales Mons. Lefebvre declaraba en 1988 que si él hubiera proseguido los acuerdos con Roma se hubiera tratado de una “operación suicidio”. Pero los hechos terminaron convenciendo al obispo fiel que estos acuerdos eran una quimera dada la falta de honestidad de los conciliares. Es por ello que él mismo, después del acercamiento fallido con Roma, dejo claro el nuevo perfil de la que sería en el futuro la posición de la Fraternidad respecto a la Roma ocupada por los modernistas:
“Si yo fui a discutir a Roma, fue porque yo quería probar si podíamos hacer un acuerdo con las autoridades eclesiásticas, tratando al mismo tiempo de ponernos al abrigo de su liberalismo y de proteger la Tradición. Pero la fuerza de los hechos me ha obligado a constatar que ningún acuerdo podía ser realizado el cual nos pudiera dar a la vez toda garantía y al mismo tiempo la convicción de que Roma quisiera concurrir sinceramente a la conservación de la Tradición” Mons. Lefebvre, revista “Fideliter” no. 68 1988.
“Nuestros verdaderos feligreses, aquellos que de verdad han comprendido el problema y que nos han ayudado a continuar la línea recta y firme de la Tradición y de la Fe, temían antes las gestiones que yo hacía en Roma. Ellos me decían que era algo peligroso y que yo perdía mi tiempo en ello. Sí, claro, yo espere hasta el último momento que en Roma mostraran un poco de honestidad. No se me podrá reprochar de no haber hecho todo lo posible. Pero ahora sin embargo, a aquellos que vienen a decirme: usted debe entenderse con Roma, yo creo poder decir con seguridad que fui más lejos de lo que debería haber ido.” “Fideliter, no.79 1991
Y refiriéndose a los romanos decía en otra ocasión: “Si ustedes no aceptan la doctrina de vuestros predecesores, es inútil de hablar. Mientras ustedes no hayan aceptado de reformar el concilio tomando en cuenta la doctrina de los Papas que os han precedido, no hay dialogo posible. Es inútil.” “Fideliter” no.66 nov. 1988. Y en la misma ocasión hablando a propósito de los “tradicionalistas” que ya habían hecho acuerdos con Roma decía: “Cuando ellos afirman que no han cedido en nada, es falso. Ellos han cedido en la posibilidad de contradecir a Roma. Ellos ya no pueden ahora decir nada. Deben callarse en razón de los favores que han recibido. Les es ahora ya imposible el denunciar los errores de la iglesia conciliar. Muy lentamente ellos aceptan, aunque solo fuera por la sola profesión de fe que les es exigida por el cardenal Ratzinger... De punto de vista de las ideas. Ellos giran muy suavemente y terminan admitiendo las ideas falsas del concilio, esto porque Roma les ha acordado algunos favores para la Tradición. Se trata de una situación muy peligrosa”
Y en el libro “Itinerario espiritual” el cual Mons. Lefebvre consideraba como su testamento espiritual dirigido a sus propios sacerdotes decía: “Es luego un deber estricto para todo sacerdote que quiera permanecer católico el separarse de ésta iglesia conciliar, mientras ésta no haya vuelto a encontrar la Tradición del Magisterio de la Iglesia y de la Fe católica.

Hay un “olvido” supino en la nueva FSSPX de las ultimas enseñanzas de Mons. Lefebvre sobre el tema de los acuerdos…
El “apostolado de penetración”, o sea, la táctica de tratar de convertir “desde adentro” a los ambientes errados es un error activista que siempre ha llevado a muchos desastres (es una mala táctica la de entrar al partido comunista para convertir al partido comunista; la de entrar a la cueva de Alibabá y los 40 ladrones para convertir a Alibabá y los 40 ladrones, etc.). De lo en que en realidad tienen necesidad los católicos conciliares es ante todo del ejemplo que la Tradición les puede brindar. Las mezclas desvirtúan la naturaleza de las cosas.
El proceso de silenciamiento (de las críticas a Roma, al concilio y a sus errores, a las actitudes y palabras escandalosas del Papa Francisco, etc. etc.) desde hace tiempo ya había comenzado dentro de la FSSPX, desde que se comenzó a intentar el agradar a la Roma conciliar, era un gesto inevitable... ¿Pues acaso se puede agradar a los destructores de la Iglesia de otra manera?
En cuestiones de Fe para aquellos que como pastores tienen una función pública, es necesaria una profesión publica, no bastan los sobreentendidos (que de hecho no todos los entienden…) en una sociedad pública como lo es la Iglesia, lo no dicho públicamente generalmente no tiene vigencia práctica. Al silencio sigue la pusilanimidad, el temor, el compromiso, y el compromiso en las cosas de Fe es pecado…



Conclusión:

Este año que se cumple el 100o aniversario de las apariciones de Nuestra Señora en Fátima. La crisis de la Fe de la que hablaba el tercer secreto dado por Nuestra Señora no ha querido ser tomada en cuenta por los hombres de Iglesia. Y considerando esta corrupción cada vez más profunda de la Fe no tenemos más que confiarnos a la protección fiel del Corazón Inmaculado de María, para que nos conserve, siempre, igualmente fieles a la Fe de la verdadera Iglesia de Cristo.

OAMDG