utfidelesinveniatur

miércoles, 6 de septiembre de 2017

DEL ORGANISMO ESPIRITUAL. R. GARRIGOU-LAGRANGE, O. P.

MARTIRIO DE SANTA INES

ARTÍCULO SEGUNDO
L A S V I R T U D E S T E O L O G A L ES
Las virtudes teologales son virtudes infusas que tienen por objeto a Dios mismo, último fin nuestro sobrenatural. Por esta razón se las llama teologales. En cambio, las virtudes morales infusas tienen por objeto los medios sobrenaturales, proporcionados a nuestro último fin. Así la prudencia dirige nuestros actos a su consecución; la religión hace que rindamos a Dios el culto que le es debido; la justicia nos hace dar a cada uno lo que le debemos; la templanza regula nuestra sensibilidad, impidiéndole extraviarse, y la hace concurrir a su manera a que nos encaminemos a Dios (*).
Entre las virtudes teologales, la fe i?ifusa, que hace que creamos todo lo que Dios ha revelado por ser la misma verdad, es como una especie de sentido espiritual superior que nos permite percibir una armonía divina, inaccesible a los demás medios que tenemos de conocimiento. La fe infusa es a modo de un sentido espiritual del oído, destinado a escuchar una sinfonía espiritual que tiene a Dios por autor. De manera que hay una diferencia inmensa entre el estudio simplemente histórico del Evangelio y de los milagros que lo confirman, y el acto sobrenatural de fe por el que creemos en el Evangelio, como palabra de Dios. Un hombre muy instruido y que busca sinteramente la verdad, puede hacer un estudio histórico y crítico del Evangelio y de los milagros que lo confirman, sin llegar todavía a creer; sólo creerá sobrenaturalmente después de haber recibido la gracia de la 1 fe, que le introducirá en un mundo superior, más alto aún que la vida del ángel. "La fe es un don de Dios", dice San Pablo (Efes., 11, 8); ella es el fundamento de la justificación, porque nos conduce a conocer el fin sobrenatural hacia el que estamos obligados a caminar (2). La Iglesia ha definido contra los semipelagianos que aun el initium fidei, el principio de la fe es un don de la gracia (8). Y todos los grandes teólogos han demostrado que la fe infusa es esencialmente sobrenatural, de una sobrenaturalidad muy superior a la del milagro sensible, y aun a la de la profecía que anuncia un futuro contingente, de orden natural, como el fin de una guerra (4). La fe, en efecto, hace que nos adhiramos sobrenaturalmente a aquello que Dios nos revela sobre su vida intima, según las enseñanzas de la Iglesia, encargada de conservar el depósito de la revelación.
La fe infusa es por consiguiente de un orden inmensamente superior al estudio histórico y crítico del Evangelio. Como muy acertadamente lo dice el P. Lacordaíre: "Ved a ese sabio que estudia la doctrina católica, que no la rechaza con amargura y que aun dice sin cesar: felices vosotros los que tenéis fe; yo quisiera tenerla como vosotros, pero no puedo.
SANTA INES
Y dice una gran verdad: quiere y no puede (todavía); porque el estudio y la buena fe no siempre llegan a la conquista de la verdad, para que se vea claro que la certeza racional no es la certeza fundamental sobre la que se apoya la doctrina católica. Ese sabio conoce la doctrina católica, admite sus hechos, percibe su fuerza; está cierto de que existió un hombre que se llamaba Jesucristo, que vivió y murió de una manera prodigiosa; se emociona con la sangre de los mártires
y con la constitución de la Iglesia; y aun estará dispuesto a afirmar que es el mayor prodigio que se haya visto en el mundo; casi afirmará que es verdadera. Y sin embargo no acaba de confesarlo; se siente aplastado por la verdad, como cuando se sueña o se ve sin acabar de ver. Pero un buen día, ese sabio se postra de rodillas; ve la miseria del hombre, levanta sus ojos al cielo y exclama: ¡Desde el abismo de mi miseria, oh Dios mío, levanto hacia ti mi voz! Al acabar de decir estas palabras, acontece en él una cosa extraña; caen las escamas de sus ojos y un gran misterio se cumple en su interior: ¡ese hombre es otro! Es desde ahora manso y humilde de corazón; ya puede morir, pues ha conquistado la verdad" .
Si para llegar al motivo formal de la fe cristiana bastase la fe adquirida, fundada en el examen histórico del Evangelio y de los milagros que lo confirman, la fe infusa sería inútil, como asimismo la esperanza y la caridad infusas: bastaría la buena voluntad natural de que hablaban los pelagianos.
Para éstos la gracia y las virtudes infusas no eran de necesidad absoluta para la salvación, sino sólo para realizar más fácilmente los actos de la vida cristiana (1).
La fe infusa es a modo de una facultad auditiva sobrenatural, como un sentido musical superior que nos permite percibir las armonías espirituales del reino de los cielos, y oír, en cierto modo, la voz de Dios en la de los profetas y en la de su Hijo, antes de haber sido admitidos a verle cara a cara. Entre el incrédulo que estudia el Evangelio y el creyente, hay una diferencia semejante a la que existe entre dos oyentes de una sinfonía de Beethoven, de los que el uno tiene sentido musical y el otro no. Ambos oyen todas las notas, pero uno solo capta el sentido y el alma de la sinfonía.
De manera semejante, el creyente acepta sobrenaturalmente el Evangelio, y se adhiere a él, aunque sea iletrado; mientras que el sabio, con todos los instrumentos de la crítica, no puede, careciendo de la fe infusa, prestarle adhesión. "Qui credit in Filium Dei, habet testimonium Dei in se." (I Joan., v. 10.)
Por eso dice el mismo P. Lacordaire (2): "Lo que acontece en nosotros, cuando creemos, es un hecho de iluminación íntima y sobrehumana. No digo que las cosas exteriores no obren en nosotros como motivos racionales de certeza; pero el acto preciso de esta certeza suprema de que hablo ahora, nos afecta directamente como un fenómeno luminoso; digo más, como un fenómeno supraluminoso... Si fuera de otro modo, ¿cómo querríais que hubiera proporción entre nuestra adhesión, que sería natural, racional, y un objeto que sobrepasa a la naturaleza y a la razón?... (3). De esta manera una intuición simpática consigue, entre dos hombres, lo que la lógica no hubiera conseguido en muchos años. De esta manera, a veces, una súbita iluminación enciende el genio.
                                                          

"Un convertido os dirá: leí, razoné, lo pretendí, pero nada pude conseguir. Un día, sin que pueda explicar cómo, en la esquina de una calle, en el rincón de mi hogar, me he sentido otro hombre, he creído... Lo que ha pasado en mí, en el momento en que eso ha sucedido, es totalmente distinto de lo que a ese momento precedió. Acordaos de los discípulos de Emaús."
Hace cincuenta años, quien no hubiera conocido aún la telegrafía sin hilos, hubiera quedado no poco sorprendido al escuchar que un día se podría oír en Roma una sinfonía ejecutada en Viena. Mediante la fe infusa oímos una sinfonía espiritual que tiene su origen en el cielo. Los perfectos acordes de tal sinfonía se llaman los misterios de la Trinidad, de la Encarnación, de la Redención, de la misa, de la vida eterna.
Por esta audición superior es conducido el hombre hacia la eternidad; y deber suyo es aspirar con más alma cada día hacia las alturas de donde procede esta armonía.
Para tender efectivamente hacia ese fin sobrenatural y llegar a él, el hombre ha recibido como dos alas; la de la esperanza y la de la caridad. Sin ellas, no le sería dado sino caminar en el sentido que le marca la razón; con ellas vuela en la dirección señalada por la fe.
Igualmente nuestra inteligencia, sin la luz infusa de la fe, no puede conocer nuestro fin sobrenatural; como tampoco puede nuestra voluntad aspirar a él si sus fuerzas no han sido aumentadas, centuplicadas, elevadas a un orden superior.
Para esto le es preciso un amor sobrenatural y nuevo impulso.
Por la esperanza deseamos poseer a Dios, y para conseguirlo, nos apoyamos, no en nuestra fuerza sino en el auxilio que Él nos ha prometido. Nos apoyamos en Dios mismo, que siempre escucha a los que le invocan.
La caridad es un amor de Dios superior, más desinteresado; hace que amemos a Dios, no sólo para poseerlo un día, sino por él mismo; y amarlo más que a nosotros mismos, en razón de su infinita bondad, más amable en sí que todos los beneficios que nos vienen de su mano i1). Esta virtud nos hace amar a Dios por encima de todo, como a un amigo que nos ha amado primero. A Él ordena los actos de las demás virtudes que ella vivifica y hace meritorias. Ella es nuestra gran fuerza sobrenatural; la fuerza del amor que venció, durante siglos de persecución, todos los obstáculos, aun en débiles criaturas como Santa Inés y Santa Lucía.
El hombre esclarecido por la fe se dirige así hacia Dios, llevado en las alas de la esperanza y del amor. Pero en cuanto peca mortalmente, pierde la gracia santificante, ya que vuelve las espaldas a Dios, a quien deja de amar más que a sí mismo. La misericordia divina le conserva sin embargo la fe infusa y la esperanza infusa, mientras no hubiere pecado mortalmente contra .estas dos virtudes. Y aun conserva la luz que le señala la ruta que ha de seguir, y puede todavía confiar en la infinita misericordia y pedirle la gracia de la conversión.
De estas tres virtudes teologales, la caridad es la más elevada, y con la gracia santificante ha de durar eternamente.
"La caridad, dice San Pablo nunca morirá... Ahora estas tres cosas permanecen: la fe, la esperanza, la caridad; pero la mayor entre las tres es la caridad" (I Cor., XIII, 8, 13).
Durará siempre, eternamente, cuando ya la fe haya desaparecido para dar lugar a la visión, y cuando a la esperanza haya sucedido la posesión inamisible de Dios claramente conocido.
Tales son las funciones superiores del organismo espiritual;
las tres virtudes teologales que crecen a la vez, y con ellas las virtudes morales infusas que las acompañan.
(1) II, II, q. 141, a. i, 3: "Temperantiae etiam respondet aliquod donum, scilicet timoris, quo aliquis refraenatur a delectationibus carais, sec. illud Ps. CXVIII: Conftge timóte tuo carnes meas... Corresponder etiam virtuti spei."
( 2 ) II, II, q. 9, a. 4. C1 ) Cf. SANTO TOMÁS, I, II, q. 62, a. I y 2.
(2) Ad Romanos, iv, 1-25: Si Abraham fué justificado por las obras...; "lo cual le fué imputado a justicia". Nosotros sólo por la fe hallaremos la salvación, que es un don de Dios; por la fe en Jesucristo.
( 3 ) Cf. DENZINGER, Enchiridion, nv 178.
( 4 ) Cf. SANTO TOMÁS, II, II, q. 6, .a. 1 y 2. Así como las virtudes se especifican por su objeto formal, esta sobrenaturalidad de la fe infusa depende de su objeto primario y de su motivo formal, que son inaccesibles a cualquier conocimiento natural. El objeto primario de la fe es, en efecto, el mismo Dios en su vida íntima, y el motivo formal de la fe infusa es la autoridad de Dios revelante. Y nos es posible conocer por sola la razón la autoridad de Dios autor de la naturaleza, y aun del milagro sensible; pero no podemos por sola C1) P. LACORDAÍRE, Conférences á Notre-Dame, conf. 17.
(1) Cf. DENZINGER, Enchiridion, n' 179. La fe adquirida existe en los demonios que perdieron la fe infusa, pero que creen como contra su voluntad, por la evidencia de los milagros y otros signos de la revelación. Cf. SANTO TOMÁS, II, II, q. 5, a. 2; de Verit., q. 14, a. 9, ad 4. (2) Op. cit., conf. 17.
( s ) Santo Tomás dice asimismo, de Veritate, q. 14, a. 2: "Vita aeterna consistit in plena Dei cognitione. Unde oportet hujusmodi cognitionis supernaturalis aliquam inchoationem in nobis fieri; et haec est per fidem, quae ea tenet ex infuso lumine quae naturaliter.
cognitionem excedunt." Item, II, II, q. 6, a. 1 y 2. Indudablemente la luz' de la fe es aún oscura, nías de una transparente oscuridad, es decir superior y no inferior a la evidencia de la razón.


lunes, 4 de septiembre de 2017

Al menos 50 000 terroristas potenciales en la Unión Europea



En entrevista publicada en el diario español El Mundo, el coordinador de la Unión Europea para la lucha antiterrorista, Gilles de Kerchove d’Ousselghem, revela que sus servicios estiman que hay actualmente un mínimo de 50 000 personas «radicalizadas» en los países miembros de la UE.
Kerchove subraya que sólo se clasifican como «radicalizados» los individuos de los que se piensa que pudieran llegar a cometer actos de terrorismo.
Sin embargo, la cifra de 50 000 pudiera ser inferior a la realidad ya que todos los países miembros de la Unión Europea no clasifican a los sospechosos de la misma manera.
«El Reino Unido ha identificado entre 20 000 y 35 000 radicalizados. De ellos, 3 000 son considerados inquietantes por el MI5 y 500 son objeto de una vigilancia policial particular y constante. Los franceses, por su parte, tienen una lista de 17 000 radicalizados, según sus propios criterios y normas», explica Kerchove.
Esas cifras sólo tienen en cuenta las personas presentes en el territorio de la Unión Europea. Pero habría que agregar los ciudadanos de la Unión Europea que se han ido a participar en la “yihad” en el Levante y que pudieran regresar a sus países en cualquier momento. El hecho es que, a pesar de las declaraciones de algunos políticos, no existen cifras confiables al respecto.
Resulta evidentemente imposible mantener bajo vigilancia a todos los individuos «radicalizados» en territorio de la Unión Europea y prevenir toda posibilidad de atentado.



«Vamos a tener ataques como el de Barcelona durante décadas»
PABLO R. SUANZES BRUSELAS Tras los atentados del 11 de marzo de 2004 en Madrid, la Unión Europea creó el puesto de coordinador de la lucha contra el terrorismo. En 2007, Javier Solana nombró a Gilles de Kerchove (Bruselas, 1956), que cumple en unos días una década en el cargo. En contacto permanece con gobiernos, servicios de seguridad y expertos de todo el continente, de Kerchove es realista. Entiende que atentados como los de Barcelona se repetirán durante décadas, que no se pueden evitar todas las matanzas. Pero también está seguro de que las democracias son sólidas y los asesinos no destruirán la convivencia. Pregunta.– Desde 2004, España ha sido el ejemplo de cómo combatir el yihadismo. ¿Qué lecciones saca del 17-A? Respuesta.– Es pronto para extraer conclusiones definitivas, pero sabemos que necesitamos mucho más esfuerzo en prevención. ¿Por qué 12 jovencísimos chavales, con nacionalidad española o viviendo allí toda la vida, causaron la masacre sin ningún signo claro de radicalismo que fuera detectado? Tenemos que ver qué podemos hacer en internet y contra la radicalización en las cárceles. Cómo detectar las primeras señales por débiles que sean. P.– Un fanático con un ordenador y un cuchillo no es lo mismo que una célula con líder, planes y explosivos. R.– Lograron preparar los ataques bajo el radar. Los yihadistas cada vez usan más la taqiyya, el disimulo para pasar desapercibidos. Hay que mejorar en la parte humana y la digital. Los servicios europeos cada vez usan más análisis de big data para prevenir cambios de comportamiento, pero no basta. P.– Los patrones han cambiado desde Charlie Hebdo. R.– Vamos a sufrir más ataques. La mayoría, salvo Bruselas y París, no fueron dirigidos desde Raqqa, sino inspirados, por decirlo así. Y después Estado Islámico reclama la autoría. La propaganda de la organización ya no pide tanto a la gente que vaya al Califato sino que ataque en sus lugares de residencia, incluso a pequeña escala con armas caseras. P.– ¿Eso es una pequeña victoria? R.– Sí, es una buena noticia en una historia triste. El hecho de que no fueran capaces de hacer explosivos ni de conseguir armas automáticas nos dice que quizás, con un gran interrogante, las medidas de los últimos años han tenido impacto. P.– ¿Se podría tener una lista europea clara de sospechosos como el imam Es Satty? R.– Al determinar cuándo alguien radical pasa a ser terrorista se cae en una zona gris. Ser radical no es un delito. Ser ortodoxo, agresivo hacia Occidente en tu retórica, no es un crimen. Hay que seleccionar quiénes son realmente preocupantes y los más peligrosos deben o deberían ser monitorizados 24 horas al día siete días por semana. P.– Pero no puedes seguirlos siempre a todos. R.– Es imposible y no sería útil. Reino Unido tiene identificados de 20.000 a 35.000 radicales. De esos, 3.000 son preocupantes para el MI5, y de ellos 500 están bajo atención especial y constante. Cuando los franceses hacen su lista de 17.000 radicales, usan sus propios criterios y estándares. En el Sistema de Información de Schengen hay una alerta, pero me temo que no todos los países usan el mismo sistema para catalogar. La respuesta a lo ocurrido en Barcelona debería ser alinear los criterios cuando sea posible. P.– ¿Hizo España un buen trabajo contra el terrorismo? R.– En lo que respecta a ETA es más que obvio, nadie puede discutirlo. España ha tenido un comportamiento impresionante. La sociedad española ha mostrado una resistencia asombrosa. Sin compromisos, manteniendo sus valores, destacando la importancia de las víctimas. Mejorando la forma en la que la Policía, la Guardia Civil y los servicios secretos trabajan conjuntamente. En el terrorismo yihadista, lo mismo. Si contra ETA se establecieron lazos fuertes con Francia, contra el yihadismo la cooperación con los marroquíes es crítica. Sin duda, la Policía española es un ejemplo impresionante. En términos de resistencia, me impresionó la reacción de la gente en Barcelona. Resistiendo lo que el terrorismo busca, que es dividir comunidades y provocar relaciones antagónicas. El abrazo del padre del niño asesinado y el imam es 1.000 veces más fuerte que cualquier programa contra el extremismo que podamos concebir en Bruselas. P.– Ha habido acusaciones mutuas sobre el acceso a datos entre diferentes cuerpos de Policía. R.– Vengo de un país que ha intentado transformarse en un Estado Federal y entiendo cuán sensible es este tema, pero como quiero conservar mi trabajo mejor no debería entrar. Lo primero porque no sé qué ocurrió exactamente. P.– En el resto del continente ese tipo de información sobre radicales o yihadistas, ¿se mantiene a nivel nacional, se comparte a nivel regional? R.– La mejor herramienta que tenemos, además de Europol, es el Sistema de Información de Schengen, y es una muy descentralizada. Los policías que patrullan por la calle pueden acceder desde su coche. La tecnología nos permite minimizar las especificidades de la estructura de un estado. Nunca había visto en Europa dudas sobre esto. Los Estados miembros son responsables de su organización interna y nunca he tenido que mirar esos datos. P.– ¿Los bolardos o el despliegue de soldados los ve como una concesión o como adaptación a las nuevas amenazas? R.– Hay que trabajar más la protección de los blancos fáciles. No soy nadie para dar consejos a la alcaldesa de Barcelona sobre cómo proteger sus calles, pero recientemente ha habido varios encuentros de expertos y sus conclusiones son que los dispositivos de detención, como los bolardos, el rediseño de las calles peatonales, son necesarios. Hay un efecto claro de imitación en el terrorismo y parece claro que volverá a pasar algo como lo de Barcelona. P.– ¿Tiene cifras de cuántos radicales y yihadistas están identificados en Europa? R.– Hace tres lustros era sencillo identificar a alguien radicalizado. Ahora, los más fanáticos disimulan sus convicciones. No tenemos cifras exactas, pero no es difí- cil hacer cálculos aproximados. Reino Unido tiene 25.000. Francia 17.000. España muchos menos, pero más de 5.000, supongo. En Bélgica, unos 2.000 o más. No me aventuraría a una cifra concreta, pero decenas de miles, más de 50.000. P.– Pero sí hay datos de los europeos que se han ido a Siria o Irak y los que han regresado. R.– La cifra de foreign fighters está en torno a 5.000. De ellos, un tercio ha regresado y algo menos de un tercio han muerto. P.– ¿Estamos ante la israelización de Europa? R.– No lo sé. In tempore non suspecto dije que íbamos a tener una ola de ataques por la desintegración del Califato. En España se han arrestado 51 yihadistas en lo que va de año. En 2016, 69. Estamos constantemente desintegrando células. Jonathan Evans, ex jefe del MI5 dijo recientemente que llevamos dos décadas y su predicción es que quedan otras tantas. P.– ¿Comparte la visión? R.– Sí, creo que es un problema generacional. Llevará tiempo, décadas, no va a resolverse en meses. P.– Si las medidas han hecho más difícil el uso de explosivos o la compra de armas, ¿los acuchillamientos son el último recurso? R.– Diría que no. No hay casos de ciberterrorismo en el sentido de penetrar en los sistemas de centrales nucleares, presas o espacio aéreo, pero no me sorprendería que en los próximos cinco años pasara.


JUANA TABOR 666. HUGO WAS



Sobre la mesa había cinco rollos en sus fundas, dispuestos como los rayos de una rueda, y en el centro una esplendorosa corona imperial rematada por la milenaria estrella de David.
Sonó un cuerno penetrante, se abrió la puerta, los rabinos se pusieron de pie y todos se inclinaron con aquel amor ansioso y triste que envenenaba sus almas.
Precedido por siete jenízaros y seguido de otras tantas hermosas muchachas, entró Ciro Dan.
Rasurada la barba juvenil, con lo que se advertía mejor la boca perfecta, caprichosa, arqueada por una soberbia y desdeñosa sonrisa.
Color de miel y undoso el cabello corto que devoraba la frente, la cual, aun siendo angosta era bellísima, resplandeciente de obstinación y de luz interior.
La tez como el trigo maduro; así la traen los soldados que vienen de lejanas campañas.
Sus ojos sombríos y soñadores, ligeramente ceñidos y como tirados hacia las sienes, eran en su rostro caucásico un rasgo del Extremo Oriente que daba más sabor a su belleza.
Su boca pura y nerviosa, lo mismo que el pliegue perpendicular entre las duras cejas, revelaban una pasión cruel y fanática.
Mas cuando Ciro Dan hizo el gesto que contuvo a los jenízaros y llenó de celos a las otras mujeres, desaparecieron pliegues y sombras, y sólo quedó sobre su persona el resplandor indescriptible de una belleza sin igual.
Sobre las brasas de su incensario se estaba calentando un utensilio de hierro con mango de marfil.
Poco a poco el aire de la sala, con el humo de los perfumes, fue tornándose ardiente y embriagador, propicio al éxtasis y a las alucinaciones.
Uno de los cinco maestros desenfundó el rollo sagrado, se aproximó calándose unos anteojos de carey y en alta y solemne voz leyó:
—Promesas de Jehová, por boca de Mezquil Etham Ezrahita, en el Libro de los Psalmos:
«Hallé a David mi siervo; ungido con el aceite de mi santidad.
«Mi mano será su auxilio; mi brazo su fuerza.
«Y quebrantaré delante de él a sus enemigos, y heriré a sus aborrecedores.
«Extenderé su mano sobre el mar y su diestra sobre los ríos.
«Y será mi primogénito el más excelso de los reyes de la tierra.
«Y haré que su raza subsista por los siglos de los siglos, y su trono durará eternamente.»
El viejo enrolló el pergamino, y levantando la mano derecha clamó:
—Los caminos del Señor están abiertos delante de ti, que reconstruirás su templo.
Pero no eres tú el primero que se presenta en nombre del Señor y engaña al pueblo.
Acuérdate de Jesús de Nazaret, cuyo nacimiento refiere el Talmud con palabras que horrorizan a los cristianos. Se hizo mago, se llamó rey y fue condenado como apóstata y muerto a pedradas en la ciudad de Lydda, la víspera de Pascua. Tú, el verdadero rey de los judíos, guárdate de parecerte al Nazareno.
El rabino calló, miró ansiosamente a su discípulo, que no se dignó mirarlo, y volvió a su lugar.
Y se levantó el que estaba a su lado.
La intrusa vestida de blanco arrojó sobre las brasas unos granos de Perfume.
—Promesas de Jehová por boca del profeta Ezequiel:
«He aquí que abriré vuestros sepulcros y os sacaré de vuestras sepulturas, pueblo mío. Y pondré mi espíritu con vosotros, y viviréis y os haré reposar sobre vuestra tierra...
«He aquí que yo tomaré a los hijos de Israel de en medio de las naciones adonde fueron, los recogeré de todas partes y los conduciré a su tierra.
«Y los haré una nación sola en la tierra, en los montes de Israel, y habrá un rey que los mande a todos...«Y mi siervo David será rey sobre ellos...»
—Tú, Ciro Dan, el ungido del Señor, serás ese rey y reconstruirás ese templo.
Pero acuérdate que otros se dijeron enviados del Señor y mintieron. Acuérdate del impostor Bar-Kosibá, que sesenta años después de la ruina del templo se proclamó Mesías, hijo de David, y arrastró consigo a 200.000 soldados que se dejaron cortar un dedo en señal de valor, y reinó tres años y medio. El emperador romano envió contra él a sus mejores generales, que asolaron cincuenta fortalezas, destruyeron 985 ciudades y mataron 580.000 judíos. La sangre corrió al mar formando un río de cuatro millas de largo, y allí pereció Bar-Kosibá, que se decía la estrella de Jacob. Tú, que vienes en nombre del Señor, guárdate de llevar a mi pueblo a la matanza.
Los labios de Ciro Dan se estremecieron un instante como si fuera a responder, pero guardó silencio.
Levantóse el tercer rabino y leyó:
—Promesas del Señor por boca del profeta Miqueas:
«Acontecerá en los últimos tiempos que el monte de la casa de Jehová será levantado sobre todos los montes, y los pueblos correrán a él.
«Y acudirá mucha gente y dirá: Venid, subamos al monte del Señor y a la casa del Dios de Jacob, y nos enseñará sus caminos y andaremos por sus veredas. Porque de Sión saldrá la ley y de Jerusalén la palabra de Jehová.
«Y juzgará entre muchos pueblos y castigará a naciones poderosas hasta muy lejos.
«Y convertirán sus espadas en rejas de arados, sus lanzas en azadones.»
—Y tú, Ciro Dan, hijo de David, que reconstruirás el templo, serás rey de los montes de Judea, que estarán por arriba de todos los montes. Pero guárdate de ser como Salomón Malkho que se llamó a sí mismo la Espada de Dios, y engaño a los pueblos y causó la ruina de millares y fue quemado vivo quince siglos después del Nazareno.
Se levantó el cuarto rabino, con la decepción pintada en el semblante al ver el desdén con que Ciro Dan escuchaba las profecías y los consejos.
Era un anciano de pequeña estatura y de miembros poderosos. Cuando alzaba el brazo, corríasele la manga y se descubría su piel velluda como la de Esaú.
—Esta es la sagrada Thora, donde están escritas las palabras del mal profeta Balaam, hijo de Beor, el varón de los ojos cerrados. Su boca, comprada para maldecir por el rey de Moab, se enternece al ver los campamentos de Israel, y estalla en bendiciones:
«¡Cuán hermosos son tus pabellones, oh Jacob; tus tiendas, oh, Israel! Como valles con bosques; como huertas junto al río; como lináloes plantados por Jehová; como cedros de las aguas.
«Una estrella saldrá de Jacob; un cedro se elevará de Israel, herirá a los caudillos de Moab y destruirá a todos los hijos de Seth.
«Vendrán navíos desde las costas de Citthin y oprimirán a Assur, y oprimirán a Heber, y él también perecerá para siempre.»
El rabino se detuvo un instante al ver resplandecientes de curiosidad los ojos de Ciro Dan y comentó el pasaje con estas palabras —Las costas de Citthin son en el lenguaje de los libros santos las de Italia. Una poderosa escuadra imperial arribará a las tierras orientales y conquistará el país con todos los pueblos que contiene, asirios y hebreos, árabes y egipcios, y tú, hijo de David, desaparecerás después de reconstruir el templo, mas tu reino subsistirá por todos los siglos.
Se levantó el quinto rabino, alto, flaco, hirsuto, y a grito herido anunció:
—Promesas de Jehová por boca del profeta Isaías:
«Yo, el Señor, he dicho a Ciro, que es mi ungido y a quien yo conduzco por la mano para sujetarle todas las naciones, para poner en fuga a los reyes, para abrir delante de él todas las puertas sin que ninguna permanezca cerrada: Yo marcharé delante de ti y humillaré a los grandes de la tierra; yo romperé las puertas de bronce y quebraré sus bisagras de hierro. Yo te daré tesoros ocultos y riquezas secretas y desconocidas, a fin de que sepas que soy el Señor, el Dios de Israel, que te he llamado por tu nombre.»
—Y yo, Jehudá Ben Gamaliel, que te hablo —prosiguió el rabino, golpeándose con la huesuda mano el hundido pecho—, yo que he sido hasta ayer tu maestro y desde ahora tu siervo, te digo: tú, que eres el Ciro del profeta a quien el Señor llamó por su propio nombre hace 27 siglos para que en ti se cumpliera la grandeza de Israel, coloca tú mismo la corona de la ley sobre tus sienes. Pero si no vienes en nombre de Dios, acuérdate de Sabbatai-Ceví, que nació en Esmirna en el año 5386 de la Creación y fue engañado por una hermosa aventurera, y un día en la sinagoga de Esmirna se proclamó Mesías y rey, y con sus artificios cabalísticos enloqueció a los judíos de toda Europa y corrompió sus costumbres. El gran visir lo aprisionó y Sabbatai, por salvar su vida, apostató de su religión, se hizo musulmán y desacreditó en millones de almas las palabras del Señor. ¡Acuérdate de Sabbatai-Ceví, si has de reconstruir el templo! El quinto rabino se sentó yerto y pasmado, al ver la indiferencia de Ciro Dan, que parecía no haberlo escuchado.
En el aire exterior sentíase el zumbido de los aviones que volaban entre las nubes.
La noche iba cayendo sobre la Ciudad de las Siete Colinas.
Adelantóse Hillel, padre del mancebo; subió al estrado, se desprendió del precioso Dragón de las siete cabezas, y con gran reverencia lo puso en el pecho de su hijo, y arrodillándose besó la fimbria de oro de su manto.
Como si la intrusa aguardara ese instante, no bien la suprema insignia cambió de dueño se levantó, impetuosa y audaz, y habló así, con gran escándalo de los rabinos:

—Escúchame, Ciro Dan: yo, Jezabel, reencarnación del espíritu de una reina fenicia y de una profetisa hebrea, te diré la palabra que llegará a tu corazón.
«Tú no vienes al mundo en nombre del que quiso llamarse hasta el fin de los siglos el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, sino en tu propio nombre.
«El mundo ya no cree en aquel Dios, envejecido y destronado, porque te aguarda a ti, su enemigo.
«Serás rey del mundo porque tu verdadero padre, el Dragón bermejo de las siete cabezas, te condujo a la más alta montaña donde un día llevó al Nazareno, y te mostró, como a él, los reinos de la tierra, y te dijo la misma palabra: ‘Te daré todo lo que ves, si te postras en tierra y me adoras’. El Nazareno se negó a adorarle, pero tú consentiste, y toda la tierra será tuya, por un tiempo, dos tiempos y medio tiempo.»
Los fríos labios de Ciro Dan se animaron con una sonrisa. Llamó a la intrusa, le tomó las dos manos y le dijo al oído:
—No es la primera vez que te veo.
— ¡No...!
— ¿Dónde te vi antes? ¿Cómo has entrado hasta aquí? ¿Cómo sabes que yo he subido en las alas negras de mi padre hasta la cumbre del monte...?
—Del monte Apadno —añadió ella.
—Sí, del monte Apadno. ¿Cómo sabes que allí lo he adorado?
—Porque en sueños me ha hablado Henoch, el primer maestro de la Cábala, y porque he visto tu gloria en el humo de las violetas regadas con sangre de cuervo.
Los rabinos presenciaban, celosos y amargados, sin percibir las palabras, el diálogo de Ciro Dan con la intrusa. Uno de ellos, el kohen o sacrificador, estimó llegado el momento de ceñir la frente del nuevo rey con la corona de David, signo de un imperio tan vasto como nunca lo conoció la humanidad. Mas apenas hizo un ademán, Jezabel arrebató la magnífica joya y coronó la más hermosa cabeza del mundo.
Ciro Dan se levantó, y todos temieron que la invitase a ocupar el trono de la derecha, que él mandó poner sin decir para quién. Mas no fue así, y ella humildemente volvió a sentarse en un ángulo del estrado.
Entonces él se dirigió a los barbudos personajes:
—Jezabel ha hablado mejor que vosotros, mis maestros. Yo no vengo en nombre de Jehová.
Yo vengo en mi nombre a destruir el reino del que no quiso adorar a mi padre en la cumbre del monte Apadno.
En él no se cumplieron las profecías, porque su reino no es de este mundo. En mí se cumplirán, pues yo soy el que Isaías llamó por su propio nombre, Ciro, el ungido de Dios, de la raza de David. Pero mi dios no es el vuestro, israelitas; ni el vuestro, cristianos; ni el vuestro, musulmanes. Mi dios y mi padre es el enemigo eterno de Jehová que creó a los ángeles y a los hombres, y tuvo celos de su obra; y llenó el universo de trampas, y vendó los ojos a sus criaturas, y las empujó para que marchasen y cayeran. Y puso detrás de cada placer un pecado, y en los corazones una ansiedad de placeres, a fin de que se multiplicaran los pecados y los habitantes de su infierno.
El negro Arcángel cuya caída lloraron las estrellas; mi padre, que tiene en la frente un letrero que dice: ¡No me arrodillo!, ha soplado en mí su inteligencia y su soberbia de tal modo que me siento más seguro yo en la tierra que vuestro Jehová en su cielo.
Yo soy el vengador de los traidores y de los asesinos, de los ladrones y de los impúdicos: de Caín, de Judas, de Nerón, de Lenín, cuyas carnes envenenadas por el odio no hubieran podido comer las águilas sin morir; y vengo al mundo para fecundar la raza de los soberbios y de los envidiosos, a fin de poblar la creación de inmortales blasfemias, estopas inflamadas que eternamente arderán en los oídos del Creador.
¡Cómo se arre-pentirá de haber creado nuestro libre albedrío y de no atreverse a destruirlo ni a encadenarlo! En ese momento sonaron precipitados golpes en la puerta.
Apenas entreabrieron, penetró la vieja mendiga que diariamente, desde sesenta años atrás, veían los fieles limosneando en una de las entradas de San Pedro, en la Roma Vaticana. Todos sintieron correr por sus espaldas el frío pavor de los sacrilegios.
A una señal de los rabinos, los criados se llevaron la mesa y los rollos sagrados.
La pordiosera venía envuelta en un manto color carmesí, desflecado pero limpio.
Tenía la cara redonda y arrebolada, los ojos pequeños y picantes de malicia y una dentadura perfecta, insultante de blancura, que contrastaba con los amarillentos mechones de cabello que se escapaban del rebozo.
Si los ojos humanos pudieran ver las cosas divinas, habrían visto un friso de ángeles prosternados alrededor de tan odiosa figura y como fondo, a pocos pasos en el aire, mil demonios entregados a la más frenética zarabanda.
— ¿Ya no me esperabas? —preguntó la mendiga, dirigiéndose a Hillel, padre de Ciro Dan.
Hillel, sin hablar, señaló a su hijo.
Ella se volvió a Ciro Dan, a quien nunca había visto; y quedó extasiada. Él le dijo:
—Ellos podían dudar de que llegarías a tiempo; yo no, porque los diez sefirots negros del Arcángel te acompañan.
—Si tú eres el que viene en su propio nombre, debes saber lo que traigo —dijo ella, aproximándosele.
—Lo que otras veces has traído —respondió Ciro.
—Sí, pero hoy la mano que consagró mi hostia es la mano del papa. He comulgado en su capilla, y te traigo el propio Cuerpo de Cristo que él puso en mi boca.
Por habituados que estuviesen aquellos hombres y mujeres a presenciar los sacrilegios del satanismo que se celebraban entre ritos blasfemos y cabalísticos, las palabras de la mendiga hicieron gran impresión.
Pocas figuras había en la Roma Vaticana tan conocidas como la de la Pannota, aquella pordiosera del rebozo carmesí que permanecía durante horas quietecita en el umbral, aguardando una limosna.
En las misas del alba muchos la habían visto acercarse a la mesa eucarística, y teníanla por santa.
La miserable criatura sabía por su catecismo que en el milagro de la transubstanciación, al convertirse mediante las palabras del sacerdote el pan y el vino en el sacrosanto Cuerpo de Cristo, no permanecen sino mientras duren los accidentes de las especies y que no bien la saliva los altera el milagro desaparece y aquello vuelve a ser un poco de harina o un sorbo de vino en proceso de transformación.
Por eso, no bien comulgaba retirábase al rincón más oscura, y aprovechándose del rebozo quitábase de la lengua la sacratísima Forma y la ponía entre algodones, para entregarla a los ministros del satánico culto.
Había logrado por fin, con muchas mañas, asistir a una misa de Pío XII y recibir de su mano la comunión.
Desde ese instante quiso tener alas para llevar su tesoro hasta el piso 144 del Banco Internacional de Compensaciones. Pero tuvo que aguardar hasta que el viejo pontífice terminó su acción de gracias después de la misa. Nunca le había parecido tan larga la distancia ni tropezado con tantos obstáculos.
Mas llegó en el solemne momento de la coronación de Ciro Dan. De entre las ropas del seno extrajo la redondela blanca, en la que por milagro o fenómeno había una viviente gota de sangre. Instintivamente se echaron todos atrás, y fue necesario un acto de fría resolución para que se atrevieran a acercarse a aquel pan que hacía prosternarse a los ángeles invisibles.
Ciro Dan tomó la hostia y la puso en un platillo de oro, parodia de patena.
— ¿Qué significa esa mancha roja? —preguntó en italiano, para que no le comprendieran los otros.
La vieja respondió temblando:
—Allí está Cristo vivo... Tal vez sea su Sangre. Ciro Dan se encogió de hombros y mandó a los criados:
— ¡Aprontad la cruz!
Y a su madre:
— ¡Traed al niño!

Las brasas íbanse adormeciendo en los incensarios, bajo las cenizas de los perfumes. Pero el aire estaba lleno de visiones. Solamente alrededor de la hostia había un lugar libre de aquel humo cabalístico. Parecía que un fanal de vidrio defendía de in jurias a la sagrada Forma. Afuera sentíase el formidable aliento de Babilonia.
Uno de los soldados descolgó la cruz y la puso arriba de un lienzo tendido en el piso, a manera de tapiz, Y trajeron al niño, un pálido chicuelo de seis o siete años cuyo rostro habían popularizado aquellos días los periódicos y la televisión universal.
La noble y secular familia de los Torloni, tan allegada al Vaticano y emparentada con la emperatriz, ofrecía un millón de marxes a quien le diera noticias de su heredero principal, desaparecido misteriosamente.
Desde el primer instante se pensó en un secuestro por venganza, pues el padre del niño, como prefecto de la policía romana, había perseguido a la masonería.



sábado, 2 de septiembre de 2017

EL CORAZÓN ADMIRABLE DE LA MADRE DE DIOS



ESCULTURA SACRÍLEGA DE LA MADRE DE DIOS SANTA MARÍA DE GUADALUPE

TODO BUEN CATÓLICO Y MARIANO ESTA OBLIGADO A DEFENDER A NUESTRA SEÑORA DE GUADALUPE DE LOS AGRAVIOS QUE RECIBE AUN HOY DÍA MAS QUE NUNCA DE LOS ENEMIGOS DE LA IGLESIA, OTRA RAZÓN POR LA QUE DEBE DEFENDERLA ES PORQUE LOS CRISTEROS DE UN SIGLO ATRÁS EN NUESTRA PATRIA DIERON SU VIDA POR ELLA. POR SUPUESTO QUEDAN EXCLUIDOS LOS “CATÓLICOS” TIBIOS, LIBERALES, MODERNISTAS Y ANEXAS CUYA OPINIÓN ES EXECRABLE A LOS OJOS DEL HIJO DE DIOS Y MARÍA DE GUADALUPE.
NO ES UN FANATISMO LOS QUE NOS MUEVE A DEFENDERLA PORQUE ESO SE DA EN OTRAS RELIGIONES QUE NO FUERON FUNDADAS POR NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, POR LO TANTO QUIENES ESTO OPINAN SON SIMPLEMENTE IGNORANTES DIGNOS DE VITUPERIO PORQUE SU IGNORANCIA EN PLENO SIGLO DE LAS “LUCES” DEMUESTRA SU BAJEZA EN EL CONOCIMIENTO HUMANO.
POR ULTIMO SON TAMBIEN REPROBABLES LOS QUE, GUIADOS POR EL RESPETO HUMANO, SE AVERGUENZAN DE SU MADRE SANTISIMA SIN TENER EN CUENTA LA FRASE LAPIDARIA DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO: TODO EL QUE ME NEGARE EL LA TIERRA, YO LE NEGARE EN EL CIELO Y, TODO EL QUE ME DEFENDIERE EN LA TIERRA YO LE DEFENDERE EN EL CIELO” ATENTAR Y NEGAR A LA MADRE DE DIOS ES NEGAR A DIOS MISMO HECHO HOMBRE, O SI SE QUIERE, AL HOMBRE DIOS.
POR LO TANTO PROTESTAMOS ENERGICAMENTE CONTRA EL MAMARRACHO QUE SE HA LEVANTADO EN LA CALLE FEDERALISMO UTILIZANDO PARA ELLO EL DEBER DE GUADALUPANOS, LA CONSTITUCION MEXICANA APELANDO AL LA DEMOCRACIA QUE TANTO CACAREAN LOS POLITICOS DEL PAIS Y A NUESTRO DERECHO DE LIBRE EXPRESION.
VER EL ARTE DONDE NO EXISTE ES INSULTAR TAMBIÉN A LOS GRANDES PINTORES Y ESCULTORES COMO MIGUEL ÁNGEL, RAFAEL, DONATELO, EL GRECO Y OTROS TANTOS CUYO NOMBRE QUEDA MANCHADO POR LOS IGNORANTES EN EL VERDADERO ARTE DE LA ESCULTURA Y LA PINTURA.
ESCRITO POR UN SACERDOTE DR. EN TEOLOGÍA ESCOLÁSTICA
LA RAZÓN TEOLÓGICA DE MI DEFENSA ESTA EN ESTE ARTICULO TEOLÓGICO DE SAN JUAN EUDES:

Todas estas cosas nos manifiestan claramente que, así como el amabilísimo Corazón de la Madre del Salvador coopera con El de varias formas al comienzo y al desarrollo de la obra de nuestra salvación, coopera también de diversas maneras a su cumplimiento. Por esto, lo que San Juan Damasceno dice del vientre sagrado de la Reina de las Vírgenes, se puede decir con mayor razón de su corazón virginal, llamándole: "Comienzo, medio y fin de toda clase de bienes" (12).
De ahí que San Agustín, San Jerónimo, San Juan Damasceno, San Efrén, San Germán, Patriarca de Constantinopla, San Bernardo y varios otros santos Padres y señalados Doctores la llamen ayuda y cooperadora, con su Hijo, de nuestra Redención, la fuente de nuestra Salvación, la esperanza de los pecadores, la mediadora de nuestra reconciliación y nuestra paz con Dios, redención de los cautivos, alegría y salud del mundo; y aseguran que en Ella, de Ella, y por Ella, Dios ha rehecho y reparado todas las cosas; que nadie se salva sino por ella y que Dios no otorga ninguna gracia a nadie sino por ella. He aquí sus propias palabras. Dice San Agustín: "La Madre del género humano llenó el mundo de pena y de miseria: la Madre de nuestro Señor ha traído la salud al mundo. Eva es la madre y el origen del pecado: María es el manantial, la madre de la gracia. Eva nos causó la muerte: María nos dio la vida. Aquélla nos h i r i ó , ésta nos curó" (13.)
Y, otra vez: "Vos sois después de Dios, la única esperanza de los pecadores. Por Vos esperemos obtener de Dios, Virgen bienaventurada, el perdón de nuestros pecados; por vuestra mediación esperamos recibir los dones y favores de su Divina Bondad" (14).
Y San Jerónimo: "Tengamos grande veneración a aquella que es la fuente de nuestra salvación" (1 5).
Y San Juan Damasceno: "Vos habéis venido a este inundo, oh Virgen Santa, para trabajar y cooperar con vuestro Hijo a la salvación de todo el universo" (16). Escuchemos a San Efrén: "Por ti somos reconciliados con Dios; tú eres la redención de los cautivos; la salvación de todos. Dios te salve, paz, gozo y salud del mundo. Dios te salve mediadora nuestra gloriosisima" (17).
He aquí ahora a San Germán, Patriarca de Constantinopla, que habla de esta manera a la Reina del cielo: "Nadie se salva, sino por ti, ¡oh Madre de Dios! Nadie es librado de ningún peligro, sino por ti, ¡oh Virgen María! Nadie ¡oh amadísima de Dios! recibe un don de su mano que no pase antes por las vuestras" (18).
Y el Beato Amadeo: "As como todos los hombres están muertos en Eva, así todos serán vivificados en María; y como el crimen de Eva perdió al mundo, la fe de María lo reparó" (19).
Con razón, dice San Bernardo, todas las criaturas vuelven sus ojos hacia ti: pues en ti, de ti y por ti la dulce mano del todopoderoso ha rehecho y reparado la obra, que el pecado había arruinado (20).
Por cuya causa este mismo santo la llama: "Inventora de la gracia, mediadora de la salvación, restauradora de los Siglos » (21).
"Lo que fue perdido y condenado por Eva fue salvado por María", dice Inocencio III (22).
ENTRE EL TEMPLO EL REFUGIO Y...

Y Ricardo de San Victor: "María deseó, buscó y obtuvo la salvación de todos; hasta por ella fue obrada la salvación de todos: por esto es llamada la salvación del mundo" (23).
No es que el Salvador, dice San Bernardo, no fuese solo más que suficiente para realizar la obra de nuestra salvación: "Mas como el hombre y la mujer habían sido causa de nuestra ruina, as! era también conveniente que el hombre y la mujer cooperasen a nuestra reparación (24). Lo cual se realizó, sin embargo, de una manera infinitamente distinta: operando el Hombre-Dios nuestra redención como causa primera y soberana y por sus propios méritos; y cooperando su santa Madre como causa segunda y dependiente de la primera, y por los méritos de su Hijo, y de la manera dicha.
Podría hacer hablar aquí sobre este tema a muchos otros Santos Padres e ilustres Doctores.
Mas basta lo dicho para mostrar cómo ha obrado Dios nuestra salvación, no solamente in medio terrae, en medio de esta tierra santa de que aquí hablamos, es decir, en el Sagrado Corazón de María, Madre de Jesús; sino también por este mismo Corazón, que cooperó con su divina bondad en todas las maneras susodichas, habiendo recibido una tal plenitud de gracia, dice el Doctor Angélico Santo Tomás, que fué suficiente para cooperar con su hijo a la salvación de todos los hombres (25). Por lo cual San Buenaventura asegura que su Corazón es la fuente de la salud universal (26).
Entremos en los sentimientos del Santísimo Corazón de Jesús y de María, con respecto a este negocio. Entreguemos nuestro corazón al espíritu de amor, de caridad, de celo, que anima y abrasa a este Divino Corazón para el cumplimiento de esta obra, a fin de cooperar con él por el fervor de nuestras reaciones, por la santidad de nuestras obras y por todas las maneras que nos sea posible, a la salvación de las almas que le son queridas, y especialmente a la salvación y santificación de la nuestra, no omitiendo ninguna diligencia que podamos nosotros poner para hacerla agradable a los ojos de la Divina Majestad. De este modo imitaremos al amante Corazón de nuestra Santa Madre, en el cual y por el cual la todopoderosa mano de Dios ha obrado nuestra salvación.
...EL SANTUARIO DE GUADALUPE

§ 4. LOS MODOS DE LA COOPERACIÓN
Habiendo determinado el Padre Eterno, enviar a su Hijo a este mundo y hacerle hombre, no sólo para salvar a todos los hombres, sino también para hacerlos dioses, pudo no hacerle nacer de una Madre, dándole un cuerpo, desde el momento de la Encarnación, tan perfecto corno el que dio al primer hombre, y uniendo este cuerpo hipostáticamente a la persona de su Hijo. Mas el deseo infinito que tiene de manifestarnos las maravillas de su amor, hace que él no se contente con que su Hijo sea hombre; quiere también que sea Hijo del hombre y que tenga una Madre sin padre en la plenitud de los tiempos, así como tiene un Padre sin Madre desde la eternidad.
Quiere no solamente elevar la naturaleza humana al más alto trono de la gloria, uniéndole a la naturaleza divina con una unión tan estrecha, que sea igualmente verdadero decir que Dios es Hombre y el Hombre es Dios; sino que la quiso enriquecer de los tesoros incomprensibles, dándoles un Hombre-Dios, y una Madre, de Dios. Quiere, ¡oh Bondad inconcebible!, que tengamos un Dios por Padre, un Hombre-Dios por hermano, y una Madre de Dios por Madre nuestra. A este fin escogió una Virgen toda inmaculada y toda santa de la raza de Adán, que ,se llama María, hija de Joaquín y Ana, para asociarla con El a su divina Paternidad, y hacerla Madre del mismo Hijo del que El es Padre. La ha hecho participante de su divina virtud, por la cual El produce este mismo hijo desde toda la eternidad en su seno adorable, dándole el poder de engendrarle en su seno virginal de ¿una manera tan maravillosa y tan verdadera, ,que, lo mismo que este Padre Divino dice a su -Hijo en el día de la eternidad: "Tú eres mi hijo, hoy te he engendrado yo' (27), esta Divina Madre lo puede decir también en el día de su Encarnación: "Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy dentro de mí"; tu Padre adorable te hace nacer de su Divina Substancia en tu generación eterna, y yo te he hecho nacer de mi propia substancia en tu generación temporal. No tienes nada en tu divinidad que no lo hayas recibido de tu Padre; y no tienes nada en tu humanidad según el cuerpo, que no lo tengas de mí. Toda tu divinidad es de tu Padre, y toda tu humanidad según la carne es mía.
Sí, dice San Agustín: "La carne de Jesucristo es la carne de María" (28). ¿Qué se sigue de aquí? Escuchad: he aquí maravillosas consecuencias: Si la carne de Jesús es la carne de María, ¿quién puede negar que la herida de la lanza que hirió el sagrado costado del Divino Corazón de Jesús, a fin de sacar de él hasta la última gota de su sangre para rescatarnos y para manifestarnos los excesos de su amor, no será la herida del Corazón de María? Si la carne de Jesús es carne de María, ¿quién podrá negar que todas las llagas de que está llena esta santa carne, desde la cabeza hasta los pies, todos los dolores que sufrió, toda la sangre que derramó, y la muerte cruelísima que padeció, no serán las llagas, los dolores, la sangre y la muerte de María? ¿Y quién podrá dudar que esta divina María que no forma más que un solo Corazón y una voluntad con su Hijo Jesús, no habrá ofrecido con El todas estas cosas a Dios, por el mismo fin que El las ofreció, es decir, por nuestra redención, y que así, de este modo, no haya Ella cooperado con El de una manera muy excelente a la obra de nuestra salvación? Es verdad que los méritos infinitos de las lágrimas, de las acciones, de las llagas, de los dolores, de la sangre, y de la muerte del Salvador, por los cuales satisfizo a Dios en rigor de justicia por nuestros pecados, y por los cuales nos adquirió la felicidad eterna, tienen su precio y su valor por la unión hipostática de su carne divina con su Persona adorable; mas también es verdad, que la Bienaventurada Virgen, no solamente nos ha dado esta Santísima Carne, formada de su substancia virginal, sino que también según varios grandes teólogos cooperó con las Tres Divinas Personas en la unión íntima que se realizó entre esta misma carne con la Persona del Verbo en el momento de la Encarnación (29).
ESTA EXPRESIÓN DEL "ARTE" ATENTA CONTRA LA VERDADERA NOCIÓN DE ARTE Y LA CONTRADICE



viernes, 1 de septiembre de 2017

LA VIDA DE MONSEÑOR LEFEBVRE



En esa ocasión, el Padre Marcel fue enviado junto con las tropas a Bangui y allí, más que esperar en vano a los italianos, o pusieron, junto con sus compañeros, a eliminar las hormigas que habían invadido el cafetal del Obispado. Las mordeduras de esos bichitos no eran nada agradables. Después de eso, fue enviado de regreso a Gabón, y sus compañeros a Camerún, En manos de la Francia Libre, Gabón se encontraba desconectado de la metrópolis, de modo que los nuevos misioneros jóvenes no podían llegar a la colonia, Tanto por necesidad como por convicción, la Casa General era fiel al Mariscal Pétain. El 8 de diciembre de 1942 Monseñor Le Hunsec escribía a sus misioneros: He tenido, en compañía de Monseñor Grimault y del Padre Gay; una audiencia interesante con el Mariscal Pétain, cuya frescura, lucidez y presencia de espíritu extraordinarios he podido admirar".
Desde Gabón, Monseñor Tardy escribía el 10 de septiembre de 1941 a la Casa General: “No se preocupen por nosotros; por lo que a recursos se refiere, el Gobierno" nos ayuda y los misioneros se las ingenian.
La moral de todos está más allá de toda ponderación.
Por su parte, el Padre Fauret escribía: Trabajo normal, hay un solo movilizado. No nos falta nada de lo que es esencial; si no fuese por la separación, viviríamos relativamente tranquilos".
Misionero constructor
Aunque simple Superior interino, el Padre Lefebvre no podía dejar de tomar ciertas iniciativas para el bien evidente de la misión: la edificación de la iglesia de Kango y la construcción del embarcadero se le deben atribuir también a él.
En Kango, donde la población aumentaba a causa del emplazamiento del pueblo en la confluencia del río Como con el bosque Bokoué, y sobre todo debido a la ruta principal de Libreville a Lambaréné, que atravesaba el como por barcaza, se hacía necesario no solamente establecer una escuela anexa, sino construir una iglesia con materiales duraderos.
Reagrupar a todos alrededor del altar -comentaría posteriormente Monseñor Lefebvre-, tal es el objetivo del sacerdote.
Por eso, en una misión, lo primero que hay que hacer en el sector es construir una iglesia para celebrar el Santo Sacrificio, y luego atraer a ella a la gente y administrarle los sacramentos. Y la gente no pide nada más que esto. [ ... ] ¡Hay que ver lo felices que se sienten los indígenas con la belleza y grandiosidad de su iglesia, aun cuando ellos mismos vivan en la mayor miseria!.
El Padre Marcel eligió el emplazamiento de la iglesia y diseñó los planos. Los sillares fueron fabricados allí mismo, o traídos de Donguila en chalanas. La estructura, preparada totalmente en el taller de la misión, se montó en el lugar. Así nació la iglesia San Marcelo de Kango.
Ahora bien, también había que pensar en Donguila, donde el comercio sufría por la acumulación de arena en el estuario, queimpedía que los barcos llegaran al embarcadero. Un día Monseñor Tardy, transportado como de costumbre del barco a la tierra en piragua, y luego en brazos de alumnos fuertes, se cayó en el lodo. Por eso, el Padre Marcel decidió construir un verdadero muelle, largo espigón que llegara hasta las aguas profundas, para que piraguas, chalanas y barcos pudiesen atracar sin problemas.
Los Hermanos y sus aprendices trabajaron en ello. Los pilares, hechos ingeniosamente con toneles superpuestos en los que se vaciaba hormigón cuando la marea estaba baja, eran luego unidos entre sí con maderos cubiertos de planchas. Se avanzaba lentamente: dos pilares por día, al ritmo de las mareas. El Padre Marcel trabajó personalmente en la obra: se le pudo ver inmerso en el cieno hasta la cintura!" para colocar correctamente los toneles. La obra ya terminada medía 300 metros de largo. Mucho después un barco, al chocar contra el muelle, lo rompió, y se renunció a repararlo; pero durante mucho tiempo ese muelle fue el orgullo de Donguila.
Los últimos consejos y la partida de Donguila En las Navidades de 1942 se adoptó en Donguila, en presencia de más de setenta jefes de poblado de las sub divisiones de Libreville, Kango y Chinchoua, el Proyecto de reglamentación de los matrimonios entre indígenas de raza fangll9 El Padre Marcel había participado en su elaboración. Ese documento, a instigación del propio Parant", exigía el reconocimiento de la monogamia entre los cristianos, impedía el tráfico de las chicas impúberes y reconocía la utilidad de la dote, estableciendo que «hay que reprobar el matrimonio sin dote porque pone tanto al marido como a la mujer bajo una tutela que se parece demasiado a una esclavitud» (respecto al padre o al tutor de la mujer), pero limitando el monto de la dote a mil francos. Finalmente, se reconocían ciertos impedimentos de matrimonio. Tal reglamentación ilustraba las excelentes relaciones establecidas entre la Iglesia y el nuevo Gobierno de Gabón.
El día en que los mayores dejaban el internado, recibían del Padre Lefebvre el último consejo, bien práctico, que se resumía en dos palabras: “Volvéis a vuestras casas. Vais a seguir siendo pobres. Tenéis que aprender un oficio".
No obstante, pronto le tocó al Padre Marcel despedirse de Donguila. En efecto, en marzo de 1943, el Padre Defranould, agotado, tuvo que ir a recuperarse a Mouila; y entonces Monseñor Tardy llamó al Padre Fauret a Libreville para que lo sucediera en el cargo de Vicario General. Por ello, la Misión de Lambaréné requería un nuevo Superior.
El Padre Fauret, sin ambición, lamentando tener que dejar su querida selva, no dudó en objetar filialmente a Monseñor Tardy:
-Monseñor, usted ya sabe que yo no tengo ningún diploma, y usted mismo, cuando era mi Superior en Chevilly, me reprochó que no le dedicara al trabajo intelectual todo el esfuerzo que hubiera podido consagrarle':".
-Es verdad, pero sin embargo lo elijo a usted.
-Pero, Monseñor, ¿por qué no elige al Padre Marcel Lefebvre? Ha estudiado en Roma y tiene títulos.
Entonces replicó Monseñor Tardy:
-No quiero como colaborador a un testarudo como una mula.
Sin embargo, el Padre Fauret no era tampoco una persona de trato fácil; pero era un misionero más experimentado que el Padre Marcel y, por tanto, más merecedor de convertirse en el brazo derecho del Obispo. Así fue como el Padre Marcel fue nombrado Superior, no interino sino titular, en Lambaréné.
Tuvo que abandonar, pues, su querida Donguila, a la que las pruebas lo había hecho encariñarse mucho. Ofreció generosamente el sacrificio exigido y, con sus pocos enseres, tomó el camino de Lambaréné.
Superior de la misión de Lambaréné, abril 1943-octubre 1945. Aunque bien situada geográficamente en un punto donde convergían las poblaciones myené del Ougooué, fang procedente del norte, y eshira del sur, cerca de la confluencia del gran río y de su afluente el Ngounié, sólidamente asentada sobre su promontorio entre los dos brazos del río, con sus importantes construcciones de ladrillos, la Misión San Francisco Javier no era sin embargo una misión tranquila: tenía enfrente tres misiones protestantes, algunas más antiguas que ella, y a dos de las cuales (Ngómo y Samkita) se les sumaba una empresa industrial o agrícola. Las «misiones evangélicas» hacían pocos prosélitos, pero el número de sus adeptos no era despreciable: sobre una población de 14.000 almas, había 3.800 católicos, 1.200 catecúmenos y 2.500 protestantes. Esos «misioneros» propagaban entre los indígenas una mentalidad detestable, que el Padre Le Bloch, Superior en 1930, describía así: Odio al catolicismo, espíritu de orgullo y de libre examen, e indisciplina.
Ahora bien, ¿qué era eso en comparación con la masa de 6.500 paganos que había que convertir a la gracia de Nuestro Señor Jesucristo? ¿Cómo hacer retroceder el reino de Satanás? La Misión sólo contaba con dos sacerdotes: el Padre Lefebvre y el Padre Théodore Kwaou, que se repartían el ministerio como sigue: al Padre Marcel le correspondía la administración y las giras apostólicas, y al Padre indígena el internado de los 213 chicos, mientras que el de las chicas estaba a cargo de las Hermanas: Madre Marie-Agnes (dirección, catecismo y conferencias), Sor Gonzague (lavado, planchado y arreglo de la ropa), Sor Saint-Roger (enfermería, sacristía y clase de primaria), Sor Praxede (cocina y corrales) y Sor Julia, gabonesa (clase, trabajo manual y plantaciones".
El perímetro de las Hermanas y de las chicas estaba bien separado del de los Padres y los chicos; los edificios estaban bien dispuestos en amplios cuadriláteros formando grandes patios con numerosos árboles; a la bonita y antigua capilla de las hermanas hacía juego, del lado de los Padres, la amplia y coqueta iglesia románica de la misión, cuyo campanario fue totalmente construido de ladrillo poco después de la partida del Padre Lefebvre.
Junto con la obra de los catequistas (cerca de setenta, repartidos en cinco regiones bajo la dirección de cinco jefes catequistas, tales como Thomas Arondo-Dyano, que reinó sobre la Petite-Riviere y el lago Onangué de 1936 a 1962), el Padre Marcel veía claramente que nuestras escuelas son el gran medio de cristianización total del país. Sin ellas no podemos tener la esperanza de conservar la gran influencia que las misiones católicas tienen en la actualidad. Es esencial para nosotros". Un Superior para hacer de todo Cuando el Padre Marcel estaba en un lugar, cumplía, como en Ndjolé, sus deberes espirituales de Superior, predicando alternativamente con el Padre en las Misas dominicales.
En Lambaréné -contaba-, cuando tenía un poco de tiempo, leía a San Juan Crisóstomo, y me sorprendía al pensar que casi habría podido traducir en lengua indígena los sermones de San Juan Crisóstomo y darlos tal cual. Y la gente los habría comprendido".
También predicaba retiros de bautismo y de primera comunión, presidía el examen oral de admisión de chicos y chicas a los sacramentos, y escuchaba las confesiones en las horas señaladas, tomándose el tiempo necesario para amonestar y aconsejar. «Era demasiado... largo», decía uno de sus penitentes de entonces; y la penitencia no era menos larga: tres misterios, o el rosario entero «cuando era algo demasiado gordo». También llevaba la extremaunción o el bautismo a los enfermos hospitalizados en el hospital del Doctor Schweitzer, y siempre le divertía el ambiente aldeano que reinaba allí. En efecto, Albert Schweitzer (que llegó a Lambaréné en marzo de 1913) había introducido en su hospital el ambiente de pueblo: Hay que hacer vivir al enfermo -decía- como si estuviese en su entorno habitual; de ahí la presencia de parientes, cerdos, aves de corral..., que tiene como efecto levantar la moral del enfermo. Además, los parientes pueden pagar así los cuidados médicos en especie o realizando las faenas del hospital: barrer, limpiar, traer el agua, etc.
El Padre Lefebvre admiraba el sentido práctico del Doctor, aunque no compartía su filosofía, que se inclinaba al panteísmo: si en cierto modo todo es Dios, hay que respetar incluso a los mosquitos.
«No mate a ese mosquito -le dijo un día al Padre-, tiene derecho a vivir». El acento alsaciano hacía aún más graciosa la frase. Sin embargo, la misión católica y el protestante Schweitzer mantenían muy buenas relaciones. La misión había ayudado en su tiempo a la construcción del hospital, prestando embarcaciones y a los chicos mayores para extraer y llevar las piedras. El Doctor, por su parte, iba personalmente a la misión para cuidar a los sacerdotes enfermos. Schweitzer, que era un buen organista, venía incluso en las grandes solemnidades para tocar el armonio en la tribuna de la iglesia de San Francisco javier".
El Padre Marcel se reservaba los ensayos litúrgicos que se daban a la tropa numerosa y jerarquizada de sus acólitos. Cuando los movimientos no eran perfectos, tenaz como era, decía: «No! ¡Empecemos otra vez!». «Él nos enseñaba el respeto por la santa piedra» (el altar), recordaba uno de esos acólitos. Menos afortunado en el canto, el Padre Superior confiaba al Padre Kwaou la dirección de la schola, y la selección y formación de solistas. El gregoriano entusiasmaba a los indígenas, que conocían de memoria el kyriale y un buen número de las Misas de los domingos y de las fiestas, gracias a su «Gaschy». Cuando por fin pudo adquirir este célebre misal con notación musical, un corista gritaba de alegría: «¡Ya tengo mi Gaschy! ¡Qué bien! Ya sé cuál será mi cielo: seré solista eterno en el cielo».
Bajo la dirección de las Hermanas, el internado de chicas formaba a las alumnas mayores en las labores hogareñas antes de procurarles, a su salida, un joven esposo cristiano o catecúmeno".
El Padre Lefebvre era paternal con los chicos del internado; les conseguía pelotas para sus juegos y machetes para desmalezar".
Cuando tenía que negar un permiso, decía que no: «y cuando él decía que no... ¡Era no!» El Padre Théodore era el encargado de la disciplina y de los castigos, y fácilmente se armaba de su vara, a la que llamaban Azougamé: «No me busques las cosquillas; no me provoques».
Ese bastón o fusta de piel de hipopótamo retorcida causaba mucho dolor, pero no era peligroso. No era nada en comparación con los castigos irracionales que les infligían sus padres en el poblado, como ponerles pimienta en los párpados o bajo las axilas. La Misión iniciaba un orden de justicia y de trabajo formativo. Cuando el propio Padre Marcel tenía que castigar, lo que hacía raras veces, «pegaba con muchas reservas, porque tenía la costumbre de perdonar demasiado».
«Tenía el rostro siempre sonriente», recordaban los ancianos.
Era muy dulce -decía uno de ellos-o Todos los chicos estaban contentos con él; e incluso los aldeanos lo llamaban también «el buen Padre», «es un buen Padre».
El Padre Lefebvre abastecía a la sacristía con nuevos artículos litúrgicos':". Como en Ndjolé estableció al lado de ésta, una oficina