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lunes, 15 de febrero de 2021

EL SERCRETO ADMIRABLE DEL SANTÍSIMO ROSARIO. SAN LUIS MARIA GRIGNION DE MONTFORT

 


44a Rosa

 126) Después de invocar al Espíritu Santo para rezar bien el Santo Rosario, poneos un momento en la presencia de Dios y ofreced las decenas, del modo que veréis más adelante.

Antes de empezar la decena, deteneos un momento, más o menos prolongado, según el tiempo de que dispongáis, para considerar el misterio que celebréis en la decena, y pedid siempre, por ese misterio y por la intercesión de la Santísima Virgen, una de las virtudes que más sobresalgan en el misterio o aquélla de que os encontréis más necesitados.

Tened cuidado, sobre todo, con las dos faltas que ordinariamente cometen todos los que rezan el Santo Rosario.

La primera es no formar intención alguna al rezar el Rosario, de manera que si les preguntáis por qué lo rezan, no sabrían responderos. Por eso debéis tener siempre presente al rezar el

Rosario alguna gracia que pedir, alguna virtud que deseáis practicar o algún pecado de que queréis veros libres.

La segunda falta que comúnmente se comete al rezar el Rosario es no tener otra intención, después de empezado, si no es la de acabarlo pronto. Esto proviene de considerar el Rosario como algo oneroso, que pesa mucho cuando no se ha rezado, sobre todo si se ha hecho ya de ello, así como un deber de conciencia o cuando se nos ha impuesto por penitencia o como a nuestro pesar.

127) Da compasión el ver cómo reza el Rosario la mayor parte de las gentes; lo dicen con precipitación vertiginosa y aun omiten parte de las palabras. No osarían cumplimentar de tal modo al último de los hombres, y no obstante se llega a creer que Jesús y María estarán con ello muy honrados...

Después de esto, ¿cabe asombrarse si las más santas oraciones de la Religión Cristiana quedan casi sin fruto alguno; y si después de rezar mil y diez mil Rosarios no es uno más santo?

Detén, querido cofrade del Rosario, tu precipitación natural al rezarlo y haz algunas pausas en medio del padrenuestro y del avemaría, y una pausa más breve después de las palabras del padrenuestro y del avemaría que señalo aquí con una cruz.

Padre Nuestro, que estás en el cielo + santificado sea tu nombre + venga a nosotros tu reino + hágase tu voluntad + en la tierra como en el cielo +. Danos hoy + nuestro pan de cada día + perdona nuestras deudas+ como también nosotros perdonamos a nuestros deudores+ no nos dejes caer en la tentación + y líbranos del mal. Amén +.

Dios te salve, María, llena eres de gracia + el Señor es contigo + bendita tú eres entre todas las mujeres + y bendito es el fruto de tu vientre, Jesús +.

Santa María, Madre de Dios + ruega por nosotros, pecadores, ahora + y en la hora de nuestra muerte. Amén +.

Te costará trabajo al principio hacer estas paradas por la mala costumbre contraída de rezar precipitadamente, pero un decenario dicho con pausa te será más meritorio que miles de

Rosarios sin detención, sin reflexionar.

128) El Beato Alano de la Roche y otros autores, entre ellos Belarmino, cuentan que un buen sacerdote aconsejó a tres hermanas, penitentes suyas, que rezasen diaria y devotamente el Rosario, durante un año, sin faltar ningún día, para tejer un hermoso vestido de gloria a la Santísima Virgen; y que éste era un secreto que el cielo le había comunicado. Las tres hermanas

lo hicieron así durante un año, y el día de la Purificación, al atardecer, cuando ya estaban retiradas, entró en su habitación la Santísima Virgen, acompañada de Santa Catalina y de Santa

Inés, llevando la Santísima Virgen un vestido resplandeciente de luz, sobre el cual se leía, escrito por todas partes con caracteres de oro: "Ave María gratia plena." La Santísima Virgen aproximóse a la cama de la primogénita y le dijo: "Yo te saludo, hija mía, que tan bien y tan frecuentemente me saludaste. Vengo a agradecerte los hermosos vestidos que me hiciste."

Diéronle también las gracias las dos santas vírgenes que la acompañaban y las tres desaparecieron.

Una hora después, la Santísima Virgen volvió con sus dos compañeras a la misma habitación, vestida con un traje verde, pero sin oro y sin luminosidad, se acercó al lecho de la segunda

hermana y le dio gracias por el traje que le había hecho rezando su Rosario; pero como ella había visto a la Santísima Virgen aparecerse a su hermana mayor con mucha mayor brillantez, pidióle la razón de ello. "Es -respondió María- que me hizo mejor vestido, rezando el Rosario mejor que tú."

Una hora más tarde, aproximadamente, aparecióse la Santísima Virgen por tercera vez a la más joven de las hermanas, vestida con un harapo sucio y roto, diciéndole: "¡Oh hija mía!, así me vestiste; yo te lo agradezco."

La joven, cubierta de confusión, exclamó: "¡Oh Señora mía! Perdón os pido por haberos vestido tan mal, dadme tiempo para haceros un hermoso traje rezando bien el Rosario."

Desaparecida la visión, contó la afligida joven a su confesor cuánto le había ocurrido, y éste la animó a rezar durante un año el Rosario con más perfección que nunca, cosa que ella hizo. Al

cabo del año, el mismo día de la Purificación, la Santísima Virgen, también acompañada de Santa Catalina y Santa Inés, que llevaban coronas, y vestida con hermosísimo traje, se les

apareció al atardecer y les dijo: "Estad seguras, hijas mías, del reino de los cielos, donde entraréis mañana con gran alegría." A lo que respondieron las tres: "Preparado está nuestro corazón, amadísima Señora, nuestro corazón está preparado." La visión desapareció. Aquella misma noche se sintieron enfermas, llamaron a su confesor, recibieron los últimos sacramentos y dieron las gracias a su director por la santa práctica que les había enseñado. Después de Completas se les apareció de nuevo la Santísima Virgen acompañada de un gran número de vírgenes, e hizo vestirse con túnicas blancas a las tres hermanas, que, luego de esto, fueron al cielo, mientras cantaban los ángeles: "Venid, esposas de Jesucristo, recibid las coronas que os están preparadas desde la eternidad."

Aprended de esta historia varias verdades: 1) cuán importante es tener buenos directores que inspiren santas prácticas de piedad y particularmente el Santo Rosario; 2) cuán importante es rezar el Santo Rosario con atención y devoción; 3) cuán benigna y misericordiosa es la Santísima Virgen con los que se arrepienten del pasado y proponen enmendarse; 4) cuán liberal

es en recompensar durante la vida, en la hora de la muerte y en la eternidad los pequeños servicios que con fidelidad se le hacen.

45a Rosa

129) Añado que es preciso rezar el Santo Rosario con modestia; es decir, en cuanto se pueda, de rodillas, con las manos juntas y entre ellas el Rosario. No obstante, en caso de enfermedad puede rezarse en la cama; de viaje, puede rezarse caminando, y si por alguna enfermedad no se puede estar de rodillas, puede rezarse en pie o sentado. Puede también rezarse trabajando, cuando no es posible dejar el trabajo, para satisfacer los deberes de la profesión, porque el trabajo manual no siempre es contrario a la oración vocal.

Confieso que nuestra alma, por su limitación, cuando está atenta al trabajo de las manos, lo está menos a las operaciones del espíritu, tales como la oración; pero, sin embargo, de imponerlo la necesidad, tiene también su precio esta oración ante la Santísima Virgen, que recompensa más el buen deseo del corazón que el acto exterior.

130) Os aconsejo dividir el Rosario en tres partes y tres tiempos diferentes del día, es preferible dividirlo así a rezarlo todo de una vez.

Si no podéis encontrar tiempo suficiente para rezar el tercio seguido, rezad una decena aquí y la otra allá y podréis arreglaros de modo que, a pesar de vuestras ocupaciones y negocios, antes de acostaros, hayáis rezado el Rosario completo.

Imitad en eso la fidelidad de San Francisco de Sales, quien, cierto día que se hallaba muy cansado por las visitas que había hecho, cuando eran ya muy cerca de las doce de la noche, recordó que le faltaba por rezar algunas decenas del Rosario, e inmediatamente se puso de rodillas y las rezó antes de acostarse, a pesar de todas las respetuosas reconvenciones que su capellán, viéndole tan cansado, le hizo para que aplazase hasta la mañana siguiente lo que quedaba por rezar.

Imitad la fidelidad, modestia y devoción de aquel santo religioso que, según refieren las crónicas de San Francisco, tenía por costumbre rezar un Rosario con mucha devoción y modestia antes de comer, como más arriba contamos (5).

46a Rosa

 131) De cuantos modos hay de rezar el Rosario, el más glorioso para Dios y saludable para el alma, como también el más terrible para el diablo, es salmodiarlo o rezarlo públicamente a dos coros.

Dios se complace en las asambleas. Todos los ángeles y santos reunidos en el cielo le cantan incesantemente alabanzas. Los justos de la tierra, reunidos en varias comunidades, le ruegan

colectivamente día y noche. Nuestro Señor aconsejó expresamente tal práctica a sus Apóstoles y discípulos, prometiéndoles que cuantas veces se reuniesen dos o tres en su nombre se encontraría en medio de ellos (6). ¡Qué dicha estar en compañía de Jesús! Sin embargo, para poseerle basta con reunirse a rezar el Rosario. ¡Estar en compañía de Jesucristo! He ahí la razón por la que los primeros cristianos se reunían tan a menudo, a despecho de las persecuciones de los emperadores, que les prohibían congregarse. Preferían exponerse a la muerte a faltar a sus asambleas, en las que estaban ciertos de tener en su compañía a Jesús.

132) Este modo de oración es más saludable al alma:

1) Porque el espíritu está ordinariamente más atento en la oración pública que en la oración en privado.

2) Cuando se reza en comunidad, las oraciones de cada individuo se hacen comunes a toda la asamblea y no forman todas juntas más que una sola oración; de suerte que si algún particular no reza tan bien, otro que lo hace mejor compensa su falta; el fuerte sostiene al débil, el fervoroso enardece al tibio, el rico enriquece al pobre, el malo pasa entre los buenos. ¿Cómo

vender una medida de cizaña? Basta mezclarla con cuatro o cinco fanegas de trigo bueno.

3) Una persona que reza el Rosario sola tiene solamente el mérito de un Rosario; pero si lo reza con treinta personas, adquiere el mérito de treinta Rosarios. Tales son las leyes de la

oración pública. ¡Qué ganancia! ¡Qué ventaja!

4) Urbano VIII, muy satisfecho de la devoción del Rosario, que se rezaba a dos coros en muchos lugares de Roma, especialmente en el convento de la Minerva, concedió cien días de indulgencia cuantas veces se rezara a dos coros: Toties quoties. Éstos son los términos de su breve que empieza: Ad perpetuam rei memoriam, año 1626. Así que todas las veces que se reza el Rosario en comunidad se ganan cien días de indulgencia.

5) Esta oración pública es más poderosa para apaciguar la ira de Dios y alcanzar su misericordia que la oración particular, y la Iglesia, dirigida por el Espíritu Santo, se sirvió de esa forma de oración en los tiempos de miserias y calamidades públicas.

El Papa Gregorio XIII declara en una bula que es forzoso creer piadosamente que las oraciones públicas y las procesiones de los cofrades del Santo Rosario habían contribuido mucho a obtener de Dios la gran victoria que los cristianos ganaron en el golfo de Lepanto sobre la armada de los turcos el primer domingo de octubre del año 1571.

 

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