utfidelesinveniatur

martes, 25 de julio de 2017

EL KAHAL-ORO. HUGO WAST


PROLOGO
BUENOS AIRES, FUTURA BABILONIA

1. Hace 30 años no había antisemitismo en la Argentina.
-Primeros antisemitas, los Faraones de Egipto.-El ntisemitismo no es producto del cristianismo

Hace muchos años, en mi mocedad, escribí una novelita con el título de "El Judío" para no recuerdo qué revista española.
Excusáronse de publicada, porque en el relato aparecía injusto el común recelo de las gentes contra la raza judía.
Es posible que esta explicación no fuese más que un pretexto para devolverme la historieta, que, ahora lo veo, era muy malucha. Pero es seguro también que tal excusa no se le hubiera ocurrido en aquel tiempo a ninguna revista argentina. Entonces no sabíamos aquí de los judíos más que lo que nos contaba los libros de Europa.
El episodio sólo sirvió para enardecer en mi joven corazón. Una romántica simpatía hacia el pueblo más perseguido de la historia.
No se me ocurrió pensar que aquella prevención, a mi juicio señal de intolerancia y de atraso. Podía tener motivos ignorados en la tierra argentina.
El judío era para nosotros uno de los tantos extranjeros, que la excelencia del clima, la fecundidad del suelo, la dulzura de las costumbres y la generosidad de las leyes, atraen a nuestras playas indefensas.
Ni más ni menos que el francés, el alemán, el italiano o el español.
Nos vanagloriábamos de nuestros doscientos o trescientos mil inmigrantes anuales.
Teníamos confianza ilimitada en la poderosa pepsina de esta tierra capaz de asimilar los alimentos más heterogéneos. y con pueril satisfacción comprobábamos que nuestra literatura era francesa; nuestra filosofía, alemana; nuestra finanza, inglesa; nuestras costumbres, españolas; nuestra música, italiana; nuestra cocina, de "todos los países de la tierra", como dice la Constitución.
En suma, no se advertía aquí malquerencia al extranjero; más bien lo contrario, una debilidad por las ideas y los gustos de afuera. Y el judío era un extranjero como los demás.
Han pasado treinta años. Seguimos creyendo que aquí no existe un problema inglés, ni francés, ni alemán, ni español, ni italiano. Pero ya no pensamos igual respecto de los judíos.
A nadie se le ocurre fundar periódicos para atacar, ni defender, por ejemplo, a los vascos o a los irlandeses.
Pero todos los días vemos diarios y revistas cuyo principal propósito, disimulado o no, es atacar o defender al judío.
¿Qué significa eso? Significa que este país, a pesar de que no tiene prejuicios de raza, ni prevenciones xenófobas, no ha podido comprar la paz interior, ni con su hospitalidad sin tasa, ni con la generosidad hasta el despilfarro de su riqueza, y de sus puestos públicos aún de su ciudadanía, y ha visto nacer el conflicto de que no se ha librado ningún pueblo, en ningún siglo: la cuestión judía.
Efectivamente, releyendo las historias, penetrando hasta en los tiempos más remotos, observamos este hecho singular: en todas partes el judío aparece en lucha con la nación en cuyo seno alta.
Mil novecientos años antes de la era cristiana los israelitas se establecen en, Egipto, conducidos por Jacob.
Siglos después, el Faraón se alarma y dice: "He aquí que los hijos de Israel forman un pueblo más numeroso y fuerte que nosotros. ¡Vamos! Tomemos precauciones contra él, porque si sobreviene una guerra, se podrían unir con nuestros enemigos y combatirnos." (Exodo, 1,9-10).
Ni la hospitalidad de cuatrocientos años, ni la multitud de generaciones nacidas en el propio Egipto, habían convertido a los israelitas en ciudadanos de la nación. Seguían siendo extranjeros, y el Faraón temía, que en caso de guerra se aliasen con los enemigos del suelo donde habían nacido.
Esto desencadenó la primera persecución antisemita dé que habla la historia.
Se impuso a los hebreos las más rudas tareas y toda clase de servidumbres, y como no bastara a disminuidos, el Faraón llamó a las parteras y les ordenó que mataran a los niños recién nacidos, y discurrió otras iniquidades, que provocaron
la cólera de Dios.
Sobrevinieron las diez plagas de Egipto, y los hebreos emigraron en masa, conducidos por Moisés, hacia la tierra prometida.
En el quinto siglo antes de nuestra era, los vemos en Persia, bajo el reinado de Jerjes I, que es el Asuero de la Biblia, conforme al libro de Esther.
El decreto en que el rey manda a los sátrapas y gobernadores de sus ciento veintisiete provincias, pasar a degüello a todos los hebreos, hombres y mujeres, viejos y niños, desde la India hasta la Etiopía, se fundó en una acción que honra a Mardoqueo, el judío que no quiso doblar su rodilla delante de Amán, primer ministro.
Pero la terrible carta de Asuero merece transcribirse: “Hay un pueblo malintencionado, mezclado a todas las tribus que existen sobre la tierra, en oposición con todos los pueblos en virtud de sus leyes, que desprecia continuamente el mandato de los reyes, e impide la perfecta armonía del imperio que dirigimos. Habiendo, pues, sabido que este único pueblo, en contradicción completa con todo el género humano, del cual lo aparta el carácter extraño de sus leyes, mal dispuesto hacia nuestros intereses, comete los peores excesos e impide la prosperidad del reino, hemos ordenado… que sean todos, con mujeres e hijos, radicalmente exterminados por la espada de sus enemigos, sin ninguna misericordia, el decimocuarto día del mes de Ader, del presente año." (Esther, 13,4-7.)
Es sabido cómo la reina Esther, que era judía, consiguió de su esposo el rey Asuero, la anulación del espantoso mandato.
Mil años antes de Cristo, bajo el reinado de Salomón, hallamos israelitas hasta en España (Tarsis), encargados de proveerle de oro y de plata. (I Reyes, 10-22.) (1)
Y Estrabón, en el primer siglo de nuestra era, afirma: “que sería difícil señalar un solo sitio en la tierra, donde los judíos no se hayan establecido poderosamente.”
En todas partes proceden igual, forman un estado dentro del Estado, se infiltran en las leyes y en las costumbres y acaban por provocar el odio y la persecución.
"Los romanos-exclama Séneca-han adoptado el sábado'" Y en otro lugar: "Esta nación abominable (Israel), ha llegado a difundir sus costumbres en el mundo entero; los vencidos han dictado la ley a los vencedores".
El antisemitismo, o el odio al judío, no es, pues, un producto del cristianismo.
Ha existido mucho antes de Cristo V también en pueblos como los árabes, enemigos a muerte de la Cruz.
---------
(1) Actualmente España después de treinta siglos de colonización judaica, no tiene sino tres mil israelitas en su territorio; y el gobierno de la Generalidad de Cataluña acaba de negar permiso para instalarse allí a un grupo de judíos expulsados del Saar alemán y no admitidos en Francia.
La Argentina, con sólo medio siglo de colonización judaica, ya contiene seiscientos mil judíos, de los cuales hay trescientos mil en Buenos Aires.
2. Israel ha sobrevivido a la persecución.-Doble enigma: su vitalidad y el odio universal que lo persigue.-El judío es patriota y nómade.-Añora la patria, pero no quiere volver a ella.-"Esdras se llevó el afrecho", dice el Tal mud.so de la restauración de Palestina.-La patria real del judío es el mundo.-Está cómodo en todas partes, pero no es asimilado en ninguna.
Tan encarnizada persecución habría exterminado a cualquiera otra nación. El pueblo de Israel, sin territorio y sin gobierno aparente ha sobrevivido a muchos de sus perseguidores, y ofrece al historiador un doble problema: 1° Razón de su vitalidad. 2° Causas del odio universal que lo persigue.
Conviene dejar la explicación a libros de autores judíos.
Ciertas cualidades de ese pueblo aunque fuesen una gloria para él, suenan como injurias si son dichas por cristianos; y es mejor que sean autores de su raza, quienes repitan en nuestra época, con otras palabras, lo que dijeron un Faraón y el rey Asuero, muchos siglos antes de Cristo.
Llamo la atención de quienes me leen hacia el hecho muy simple, pero muy significativo de que no cito aquí sino escritores judíos y de los mejores.
Teodoro Herzl, gran apóstol de la restauración de la patria israelita dice: "La cuestión judía existe dondequiera que habitan judíos en cierta cantidad. No es ni una cuestión eco· nómica, ni una cuestión religiosa, aunque a veces tenga el color de una y otra. Es una cuestión nacional, y para resolverla tenemos que hacer de ella una cuestión mundial." (1)
El judío según Kadmi Cohen, en su libro Nómades, pertenece a una raza distinta de las otras, física y moralmente.
"La sangre que corre por sus venas ha conservado su fuerza primitiva, y la sucesión de los siglos no hará más que reforzar el valor de la raza. La historia de este pueblo, tal como está consignada en la Biblia, insiste en todo instante en (1) Th. Herzl: "L'Etat Juif", París, Librairie Lipschutz. 1926, p. 17.
La prohibición de aliarse con extranjeros... y en nuestros días, como hace treinta siglos, la vivacidad de este particularismo de raza se justifica y se mide con la escasez de los matrimonios entre judíos y no judíos.
«El pueblo es una entidad autónoma y autógena, que no depende de un territorio, ni acepta el estatuto real de los países donde reside.
"Y es igualmente ese formidable valor, así conferido a la raza, el que explica este fenómeno único y exclusivo: de entre todos los pueblos, uno solo, el pueblo judío, sobreviviéndose a sí mismo, prolonga una existencia paradójica, continúa una duración ilógica y, para decido todo, impone la fulgurante claridad de la unidad, el signo resplandeciente de la eternidad y la supremacía de la idea, a pesar de todos los asaltos, de todas las desmembraciones y de todas las persecuciones ordenadas. Un pueblo ha sobrevivido a pesar de todo." (1)
Tal aislamiento es una fuerza, pero al mismo tiempo es un fenómeno, tal vez una monstruosidad.
Escuchemos aún a Kadmi Cohen.
Desde la dispersión, la historia judía es una paradoja y un reto al buen sentido.
“Es una monstruosidad vivir durante dos mil años en rebelión permanente contra todas las poblaciones donde se vive, e insultar a sus costumbres, y a su lengua, y a su religión por un separatismo intransigente.” (2) En suma, a ese sentimiento separatista, de que el Talmud (su código civil, penal y religioso) ha hecho un dogma de fe; a ese horror por la mezcla de sangre debe Israel el no haberse disuelto en la marea cristiana, que lo ha envuelto y oprimido, como las aguas del diluvio al Arca de Noé.
--------------
(1) Kadmi Cohen: “Nómades”, p. 26, cit. Poncins: “Las fuerzas secretas de l·a revolución”. Fax,
Madrid, 1932, p. 202.
(2) Id.: "ibíd.", p. 26, cit. Poncins: "Op. cit.," p. 203.
Admiremos este patriotismo forjado como una coraza con metales indestructibles: la nacionalidad y la religión.
Todos los pueblos desterrados del suelo que los viera nacer: lloran un tiempo la patria perdida, pero acaban por refundirse  en la nueva patria y olvidar su propia lengua y su historia y su religión.
El judío no. Lo hallamos en todos los siglos y en todos los climas; en Europa, en Asia y en América. Siempre está de paso, como un peregrino, con el bordón en la mano, cumpliendo las palabras del Éxodo, que prescribe la forma de comer el cordero pascua1: "Lo comeréis así: la cintura ceñida, las sandalias en los pies, el bastón en la mano, y lo comeréis de prisa." (Exodo, 12-11.)
En vano las leyes de los países que habitan intentan asimilarlos y les atribuyen talo cual nacionalidad y hasta los obligan a batirse por una bandera. Su corazón está preso por las tradiciones de la ciudad santa, inspiradora de salmos exquisitos "A la orilla de los ríos de Babilonia nos sentábamos a llorar acordándonos de Sión.
"En las ramas de los sauces habíamos colgado nuestras arpas. Y allí los que nos tenían cautivos, nos pedían que cantásemos; y los que nos habían oprimido, nos pedían alegría diciéndonos: "¡Cantadnos un cántico de Sión!" "¿Cómo cantaríamos canción de Jehovah en tierra de extranjeros?”Si me olvidara de tí, ¡oh Jerusalén!, que mi mano derecha se olvide de moverse; y que mi lengua se pegue a mi paladar."
La dulce y melancólica canción del desterrado, termina en una tremenda imprecación contra los hijos del extranjero: "Hija de Babilonia, bienaventurado el que te diera el pago de lo que tú nos hiciste.
"Bienaventurado el que tomase tus niños y los estrellare contra las piedras." (Salm. 137.)
Esta fidelidad feroz a su nacionalidad, hace del judío un ser insaciable e inasimilable en país extraño.
En cualquier nación que habite, y aunque detrás de él tenga veinte generaciones nacidas en esa tierra, el judío se siente cautivo, como sus antepasados a la orilla de los ríos de Babilonia.
Pero su adhesión a la tierra santa es de un carácter singular. Las nostalgias que tiene de' su patria son puramente imaginativas. Cuando Ciro, rey de Persia, conquistó el imperio caldeo: permitió a los israelitas que lloraban el cautiverio de Babilonia, la vuelta a Palestina.
Más no fueron muchos los que aprovecharon el permiso, y siguieron a Esdras y Nehemías, los jefes de la nación judía restaurada. La mayoría, especialmente los ricos e importantes, permanecieron en Asiria y Babilonia.
"Esdras se 'llevó el afrecho y dejó la flor de harina en Babel", dicen la tradición y el Talmud. (Kíduschin, fol. 70.) Después de la guerra mundial se restauró en Palestina, grao ¿as al apoyo inglés-declaración Balfour-la patria israelita, que otros conquistadores habían destruido de nuevo.
Se entregó a Sión un territorio de veintitrés mil kilómetros para que lo gobernase bajo la protección de Inglaterra y se hizo grande y costosa propaganda invitando a los judíos de todo el mundo a volver a la tierra prometida. El gobierno inglés la ponía en sus manos, soldados ingleses los defenderían, si a los quinientos mil árabes, habitantes del suelo, se les ocurría discutir a los recién llegados el derecho de ser sus señores.
De los quince o veinte millones de israelitas que viven desterrados sobre el globo, ni cien mil acudieron al 'llamado de las dulces colinas de Judea.
Los otros siguen cantando el salmo: "que mi mano derecha se olvide de moverse, si te olvido, ¡oh Jerusalén!; que mi lengua se pegue"... Pero no van, porque el judío sólo puede prosperar entre los cristianos. (1)
No nos asombremos de esta contradicción. Desde los tiempos de la Biblia, las más rudas contradicciones son frecuentes en el carácter del pueblo escogido, que era, a la vez, según palabras de Jehovah, el pueblo pérfido hasta cuando manifestaba el arrepentimiento: "El pérfido Judá no ha vuelto a mí de todo corazón: lo ha hecho con falsía." (Jeremías, 3-10.)
Nadie ha perfeccionado tanto el sistema capitalista, como los banqueros judíos, Rothschild, etc.
Y nadie lo ha condenado con más acerbidad que los economistas judíos, Marx, etc.
El judío es conservador y es revolucionario. Conserva con tenacidad sus instituciones, pero tiende a destruir las de los otros.
Es patriota, como ningún otro pueblo, y al mismo tiempo fácil para abandonar la patria. Se le encuentra en todas partes, pero no es asimilado por ninguna.
Y la razón es simple: la patria real del judío moderno, no es la vieja Palestina; es todo el mundo, que un día u otro espera ver sometido al cetro de un rey de la sangre de David, que será el Anticristo.
Tal esperanza de un pueblo escaso y disperso, parecía ridícula, si no fuera un dogma de su religión, una promesa de “Hijo mío-ordena el Talmud- atiende más a las palabras de los rabinos, que a las palabras de la ley." (Tratado Erubin, fol. 21 b.) "Las palabras de los antiguos (léase rabinos) son más importantes que las palabras de los Profetas" (Tratado Bera· chot 7. 4.)
El gran rabino Miguel Weill, en una obra fundamental dice: “Israel debe a la moral del Talmud en buena parte su conservación, su identidad y el mantenimiento de su individualidad en el seno de la dispersión y de sus terribles pruebas." (1)

----------
(1) En el año 1928 llegaron a Palestina 3.086 inmigrantes, pero emigraron 3.122, de los cuales 2.168 eran judíos. Se trata de un año normal.
Dios, por la boca de los profetas que le hablan desde hace miles de años, en las sinagogas.
En la fiesta del año nuevo (Rosch Hassanah), primer día del mes de Tizri
(septiembre), entre los aullidos del cuerno que toca treinta veces, leen siete la profecía de David: "Batid palmas y aclamad a Dios con júbilo. Porque Jehovah, el altísimo y terrible, someterá a todas las naciones y las arrojará a vuestros pies." (Salm. 47.)
Hay en ese orgullo judaico una mezcla de patriotismo y de religiosidad, que amasada por dieciocho siglos de Talmud, han hecho el carácter del judío actual.
El más miserable de ellos, se considera cien codos arriba del más noble y poderoso de los goyim (cristianos), pues forma parte del pueblo escogido.
"El mundo ---afirma el Talmud- no ha .sido creado sino a causa de Israel.
(Bereschith Rabba, seco 1.)
"Si Israel se hubiera negado a aceptar la ley del Sinaí, el mundo habría vuelto a la nada." (Sabbath, fol. 88.)
Ya el salmista lo proclamaba: "El (Jehovah), ha revelado su palabra a Jacob, sus leyes a Israel. Y no ha hecho 10 mismo con las otras naciones". (Salm. 147.
19-20.)
¿Cuál fue el motivo de esta predilección divina? El cumplimiento de las promesas a los patriarcas Abraham, Isaac y Jacob.
"Vosotros sois un pueblo santo para Jehovah, dice uno de los libros de
Moisés, que constituyen la sagrada Thora judía. Jehovah os ha elegido para ser su pueblo predilecto, más que todos los pueblos que están sobre la faz de la tierra.
No porque vosotros sobrepaséis en número a los otros, puesto que sois el más pequeño de todos los pueblos, sino porque Jehovah os ama y quiere cumplir las promesas hechas a vuestros padres." (Deuter., 7. 6. 8.) ¿Y de qué manera ha correspondido Israel? Muy conocida es aquella amarga expresión del Eterno, repetida no menos de diez veces en los libros santos: "Pueblo de cerviz durísima eres tú." (Exodo, 33. 5.)
Si el orgulloso aislamiento en que le gusta vivir, fundado en la tradición y en la sangre, explica la supervivencia del pueblo judío, es al mismo tiempo la razón del odio universal que ha provocado.
Bernardo Lazare, uno de los escritores judíos que mejor han disecado el
espíritu de Israel, en su excelente libro L' Antisemitisme, plantea la cuestión: "¿Qué virtudes o qué vicios valieron al judío esta universal enemistad? ¿Por qué fue a su tiempo igualmente odiado y maltratado por los alejandrinos y por los romanos, por 106 persas y por los árabes, por los turcos y por las naciones cristianas? "Porque en todas partes y hasta en nuestros días, el judío fue un ser insociable.
"Porque jamás entraron en las ciudades como ciudadanos sino como privilegiados. Querían ante todo, habiendo abano donado la Palestina, permanecer judíos, y su patria era siempre Jerusalén.
"Consideraban impuro el suelo extranjero y se creaban en cada ciudad una especie de territorio sagrado. Se casaban entre ellos; no recibían a nadie... El misterio de que se rodeaban excitaba la curiosidad y a la vez la aversión." (1) Es posible que si los judíos no se hubieran regido por otras leyes que las de la Biblia, habrían acabado por confundirse con los pueblos cristianos. Mas se aferraron al Talmud, su código religioso y social, selva inextricable de prescripciones rigurosas que conferían a los rabinos, sus únicos intérpretes: una autoridad superior a la de Moisés y de los profetas.
---------
(1) B. Lazare: "L'Antisemitisme". Jean Crés. París, 1934. t. I. pp. 43 Y 74.

La misma idea en Bernardo Lazare:

LOS DOCE GRADOS DE HUMILDAD SEGÚN SAN BERNARDO



Venid, dice. ¿A dónde? A mí, la verdad. ¿Por dónde? Por la humildad. ¿Provecho? Yo os daré respiro. ¿Qué respiro promete la verdad al que sube, y lo otorga al que llega? ¿La caridad, quizá? Sí, pues según San Benito, una vez subidos todos los grados de la humildad, se llega en seguida a la caridad. La caridad es un alimento dulce y agradable que reanima a los cansados, robustece a los débiles, alegra a los tristes y hace soportable el yugo y ligera la carga de la verdad.
               4. La caridad es un manjar excelente. Es el plato principal en la mesa del rey Salomón. Exhala el aroma de las distintas virtudes, semejante a la fragancia de las especias más sorprendentes. Sacia a los hambrientos, alegra a los comensales. Con ella se sirven también la paz, la paciencia, la bondad, la entereza de ánimo, el gozo en el Espíritu Santo y todos los demás frutos y virtudes que tienen por raíz la verdad o la sabiduría.
                La humildad tiene también sus complementos en esta misma mesa. El pan del dolor y el vino de la compunción es lo primero que la verdad ofrece a los incipientes, y les dice: Los que coméis el pan del dolor, levantaos después de haberos sentado.
                 Tampoco a la contemplación le falta el sólido alimento de la sabiduría, amasado con flor de harina, y el vino que alimenta el corazón del hombre; con él, la verdad obsequia a los perfectos, y les dice: Comed, amigos míos, bebed y embriagaos, carísimos. La caridad, nos dice, es el plato principal de las hijas de Jerusalén; Las almas imperfectas, por ser todavía incapaces de digerir aquel sólido manjar, tienen que alimentarse de leche en vez de pan, y de aceite en lugar de vino. Y con toda razón se sirve hacia la mitad del banquete, pues su suavidad no aprovecha a los incipientes, que viven en el temor; ni es suficiente a los perfectos, que gustan la intensa dulzura de la contemplación.
Los incipientes, mientras no se curen de las malas pasiones de los deleites carnales con la purga amarga del temor, no pueden experimentar la dulzura de la leche. Los perfectos ya han sido destetados; ahora, eufóricos se alegran de comer ese otro manjar, anticipo de la gloria. Solo aprovecha a los que están en el centro, a los proficientes, quienes ya han experimentado su agradable paladar en algunos sorbos. Y se quedan contentos sin más, por causa de su tierna edad.
                     
EN QUÉ ORDEN SE LOGRA EL FIN PROPUESTO

              Como el conocimiento de la verdad tiene  a su vez grados, voy a tratar de explicarlos brevemente. Así se verá con mayor claridad a qué grado de verdad corresponde el decimosegundo grado de humildad. Buscamos la verdad en nosotros, en el prójimo y en sí misma. En nosotros, por la autocrítica; en el prójimo, por la compasión en sus desgracias; y en sí misma, por la contemplación de un corazón puro.
               Te he indicado el número de los grados; ahora observa su orden. En primer lugar quisiera que la misma verdad te enseñara por qué debe buscarse antes en los prójimos que en sí misma. Después entenderás por qué debes buscarla en ti antes que en el prójimo. Al predicar las bienaventuranzas, el Señor antepuso los misericordiosos a los limpios de corazón. Y es que los misericordiosos descubren en seguida la verdad en sus prójimos. Proyectan hacia ellos sus afectos, y se adaptan de tal manera, que sienten como propios los bienes y los males de los demás. Con los enfermos, enferman; se abrazan con los que sufren escándalos; se alegran con los que están alegres, y lloran con los que lloran. Purificados ya en lo íntimo de sus corazones con esta misma caridad fraterna, se deleitan en contemplar la verdad en sí misma, por cuyo amor sufren las desgracias de los demás
                 En cambio, los que no sintonizan así con sus hermanos, sino que ofenden a los que lloran, menosprecian a los que se alegran, o no sienten en sí mismos lo que hay en los demás, por no sintonizar con sus sentimientos, jamás podrán descubrir en sus prójimos la verdad.
                 A todos estos, les viene bien aquel dicho tan conocido: “Ni el sano siente lo que siente el enfermo, ni el harto lo que siente el hambriento”. El enfermo y el hambriento son los que mejor se compadecen de los enfermos y los hambrientos, porque lo viven, la verdad pura, únicamente la comprende el corazón puro; y nadie siente tan al vivo la miseria del hermano como el corazón que asume su propia miseria. Para que sientas tu propio corazón de miseria en la miseria de tu hermano, necesitas conocer primero tu propia miseria. Así podrás vivir en ti sus problemas, y se te despertarán iniciativas de ayuda fraterna. Este fue el programa de acción de nuestro Salvador; quiso sufrir para saber compadecerse; se hizo miserable para aprender a tener misericordia. Y así como se ha escrito de él: Aprendió por sus padecimientos la obediencia, también supo lo que era la misericordia. No quiere decir que Aquel cuya misericordia es eterna ignorara la práctica de la misericordia, sino que aprendió en el tiempo por la experiencia lo que sabía desde la eternidad por su naturaleza.
              7. Quizá te parezca exagerado lo que acabo de afirmar; que Cristo, Sabiduría de Dios, haya tenido que aprender a ser misericordioso, como si Aquel por quien fueron hechas todas las cosas hubiese ignorado algún tiempo algo de lo que fue hecho; sobre todo teniendo en cuenta que esas citas de la carta a los Hebreos pueden entenderse en otro sentido. No es absurdo que el término aprendió no haga referencia a la Cabeza, la persona de Cristo, sino a su cuerpo, la Iglesia. En tal caso, el sentido completo de de la frase aprendió por sus padecimientos la obediencia, sería este: Aprendió en su cuerpo la obediencia por lo que padeció en la cabeza.
               Aquella muerte, aquella cruz, aquellos oprobios, salivazos y azotes que soportó nuestra cabeza, Cristo, ¿qué otra cosa fueron para su cuerpo, para nosotros, sino preclaros ejemplos de obediencia? Cristo, dice San Pablo, se hizo obediente al Padre hasta la muerte, y muerte de Cruz. ¿Por qué? Nos lo dice el apóstol Pedro: Cristo padeció por nosotros, dejándoos ejemplo, para que sigáis sus pasos; esto es, para que imitéis su obediencia.
                 De todo lo que él padeció por nosotros, puros hombres, aprendemos cuánto nos conviene padecer por la obediencia; ya que él siendo Dios, no dudó en morir. “Según esta interpretación”, dices tú, “ya no hay inconveniente alguno en decir que Cristo aprendió en su cuerpo la obediencia, la misericordia o cualquier otra cosa; con tal que no se crea que el Señor en su persona pudiese aprender en el transcurso de su vida temporal algo que antes ignorase. Y así, él mismo aprende  enseña a la vez la misericordia y la obediencia; porque la cabeza y el cuerpo son un mismo Cristo”.
               8. No niego que esta interpretación pueda ser aceptable. Sin embargo, existe otro pasaje de la misma carta que parece apoyar la anterior. No es a los ángeles a quienes tiende la mano, sino a los hijos de Abrahán. Por eso tiene que parecerse tanto a sus hermanos para ser misericordioso. Creo que este párrafo debe referirse exclusivamente a la cabeza, no al cuerpo. Se dice de la Palabra de Dios que no tiende la mano a los ángeles, es decir, que no se unió personalmente a ellos, sino a la descendencia de Abrahán. Tampoco hemos leído: La Palabra se hizo ángel; sino la palabra se hizo carne, y carne de Abrahán, según la promesa que se le hizo. De aquí, es decir, por hacerse hijo de Abrahán, tuvo que parecerse en todo a sus hermanos. Esto es, convino y fue necesario que, débil como nosotros, pasara por todas nuestras miserias, excluido el pecado.
                 Preguntas: “¿Por qué fue necesario?” Ahí mismo tienes la respuesta: Para ser misericordioso. Y si insistes: “¿Por qué esto no puede referirse al cuerpo?” Escucha lo que sigue: En cuanto que pasó la prueba del dolor, puede auxiliar a los que ahora la están pasando. No veo interpretación mejor de estas palabras que la referencia a una voluntad de sufrir, de ser probado y de pasar por todas las miserias humanas, excluido el pecado. Es la única forma de parecerse en todo a sus hermanos. Así aprendió por su propia experiencia a tener misericordia y compadecerse de los que sufren y de los que son probados.


domingo, 23 de julio de 2017

DOMINGO VII DESPUÉS DE PENTECOSTES





INTROITO I Salmo 46.2-3
BATID palmas todas las gentes; vitoread a Dios con voces de júbilo: SI. Porque el Señor es el Altísimo, el terrible; es el rey grande de toda la tierra. Gloria al Padre.

COLECTA
iOh Dios!, cuya providencia no se engaña en sus disposiciones; te suplicamos apartes de nosotros todo 10 dañoso, y nos concedas todo 10 saludable. Por nuestro Señor Jesucristo.

EPISTOLA. Romanos 6.19-23

Hermanos: Hablaré a lo humano en atención a la flaqueza de vuestra carne. Como habéis entregado vuestros miembros a la esclavitud de la impureza y la iniquidad, emplead los ahora para que sirvan a la justicia para la santificación. Cuando erais esclavos del pecado. Sacudisteis el yugo de la justicia. ¿Qué fruto sacasteis entonces de ello? Ahora os avergonzáis. Porque el fin de todo esto es la muerte.
Mas ahora que estáis libres del pecado y habéis sido hechos siervos de Dios, cogéis por fruto vuestro la santificación, que tiene como fin la vida eterna.
Porque la paga del pecado es la muerte; y el galardón de la virtud, la vida eterna en Jesucristo nuestro Señor.

GRADUAL. Salmo 33.12.6

Venid, hijos y oídme; os enseñaré el temor del Señor, Acercaos a él y seréis iluminados, y vuestros rostros no serán confundidos.
Aleluya, aleluya. , Batid palmas todas las gentes; vitoread a Dios con voces de júbilo. Aleluya.

EVANGELIO S. Mateo 7.15-21

En aquel tiempo: Dijo Jesús a sus discípulos: Cuidaos de los falsos profetas que vienen a vosotros vestidos con piel de oveja, mas por dentro son lobos rapaces. Por sus frutos los conoceréis. ¿Por ventura se cogen uvas de los espinos, o higos de los zarzales? Así, todo árbol bueno da buenos frutos, y todo árbol malo produce frutos malos.
No puede el árbol bueno dar malos frutos, ni el árbol malo darlos buenos. Todo árbol que no da buen fruto será cortado y echado al fuego. Así, pues, por sus frutos los conoceréis.
No todo el que me dice: ¡Señor, Señor!, entrará en el reino de los cielos; sino el que hiciere la voluntad de mi Padre celestial, ése es el que entrará en el reino de los cielos.

OFERTORIO. Daniel 3.40

Como el holocausto de carneros  y de toros, y los sacrificios de millares de corderos gordales, así sea hoy grato nuestro sacrificio en tu acatamiento, pues no son confundidos los que en ti confían; Señor.

SECRETA

[Oh Dios], que quisiste reemplazar las diferentes hostias de la antigua ley por un solo perfecto sacrificio; recibe el que te  ofrecen tus devotos siervos y santifícalo con la misma bendición con que bendijiste el de Abel; y lo que cada cual ha ofrecido en honor de tu majestad, aproveche a todos para su  salvación. Por nuestro Señor…

COMUNIÓN I Salmo 30.3

Inclina a mí tu oído; apresúrate a salvarme.

POSCOMUNIÓN

¡Señor!, que tu acción curativa nos libre de nuestras perversas tendencias y nos guíe a obrar lo que es recto. Por nuestro Señor Jesucristo...

COMENTARIO.
Así, todo árbol bueno da buenos frutos, y todo árbol malo produce frutos malos.
El sello divino esta puesto en estas lapidarias palabras de nuestro salvador y lo reafirma dos veces más cuando dice: Por sus frutos los conoceréis. Y más abajo: Así, pues, por sus frutos los conoceréis. Uno podría suponer que la reafirmación sobre el tema que nos ocupa es una redundancia e innecesaria y por lo tanto es un error o de Dios o del Evangelista.
En principio Dios no se puede equivocar pues dejaría de ser lo que es, según se lo dijo a Moisés en el Sinaí en la zarza ardiente: “Yo soy, el que soy”  y si el que es se equivoca, en donde está su perfección divina? Quitado este obstáculo podría decirse que es un error del Evangelista, pero si aceptamos que ellos escribieron los Evangelios por inspiración divina entonces nos encontramos con la misma respuesta anterior. Entonces porque quiso el Señor atraer nuestra atención repitiendo dos veces lo mismo? Considero que fue por nosotros porque, por este medio, nos quiere hacer entender que si en la naturaleza se produce esta realidad del árbol bueno y del malo, con mayor razón en el alma humana. Aprendamos como nuestro Señor nos enseña a discernir lo bueno de lo malo con este pequeño ejemplo del discernimiento de espíritus pues todo apunta al conocimiento que todo católico debe tener para distinguir el bien del mal, porque Él nos da las normas para ello. Discernimiento que nos es necesario para practicar el verdadero catolicismo aquí en la tierra y, por medio de el, llegar a la vida eterna.
Hoy por hoy nos es necesario saber con certeza que árbol produce el fruto malo y cual los buenos, a groso modo se podría decir; los que obran el mal son el árbol malo y el árbol bueno todos aquellos que obran el bien. Pero la cosa es más compleja porque el mal parece imperar en todos los ámbitos e incluso donde menos se lo esperaba en el interior de la Iglesia y aquí cabe preguntarse: “Señor no sembraste trigo en tu campo, entonces porque hay cizaña en el? Por donde comprenderás estimado lector como aun en el campo divino el enemigo se atrevió a sembrar su cizaña y si eso hizo, acaso no hizo lo mismo con los arboles? Claro que sí. Ahora comprendes o entiendes como este buen Pastor nos quiere advertir sobre estos dos arboles y sus correspondientes frutos. Pero sucede que el alma superficial, mundana e ignorante no distinguirá lo bueno de lo malo porque su paladar espiritual esta atrofiado por su misma culpa y esto es una terrible desgracia porque creyendo comer los frutos buenos encontrara al final de su vida todo lo contrario por eso también Nuestro Señor nos advierte al final de este evangelio: “No todo el que dice Señor, Señor entrara en el reino de los cielos”. Medita caro lector sobre este Evangelio en esta vida y como dice el Apóstol: “De todo lo que recibáis comed lo bueno y desechad lo malo”, es decir toma lo que es bueno para tu salud espiritual aquí en la tierra y desecha lo nocivo para la misma.


sábado, 22 de julio de 2017

DIOS BAJA AL INFIERNO DEL CRIMEN


PRÓLOGO
JUSTIFICACIÓN DEL AUTOR
Lo imposible ha sucedido: he llegado a ser lo que siempre desprecié…y exalto la actualidad. Yo, que he detestado toda la vida la literatura de fantasmas, escribo ahora acerca de un fantasma en el sentido estricto de esta palabra en relación con la literatura, pues el hombre de quien me propongo hablar exhaló su último suspiro en Eddyville, Kentucky, exactamente a la una y veintidós minutos de mañana del 26 de febrero de 1943, sobre la silla eléctrica de la prisión del Estado de Kentucky.
Aquel día, muchos periódicos de los Estados Unidos, y todos los del Estado de Kentucky, cometieron una grave equivocación al decir que Tom Penney, asesino convicto de Marion Miley y de su anciana madre, había pagado con su vida tal crimen, cometido el 28 de septiembre de 1941.
Semejante afirmaron distaba mucho de la verdad, pues el hombre que se sentó en la silla eléctrica aquella glacial mañana de febrero no era Tom Penney, el asesino.
No trato de alarmar a nadie. Intento, sencillamente, establecer los hechos. Tom Penney, el asesino, había muerto catorce meses antes en la tarde del domingo 21 de diciembre de 1941, en la cárcel del Condado de
Fayette, en Lexington, Kentucky, y allí había sido enterrado. Digo esto, porque el cuerpo al que el verdugo hizo llegar cuatro violentísimas descargas eléctricas el 26 de febrero de 1943 pertenecía a un hombre totalmente distinto del bandido Tom Penney, que, con Bob Anderson, había entrado en la adrugada del último domingo de septiembre de 1941 en el Club de Campo, de Lexington, del que salieron con las pistolas casi descargadas y un mísero botín de 130 dólares en sus bolsillos, después de matar a una mujer y herir gravemente a otra Decir a quién se aplicó la máxima pena del Estado en aquella mañana de febrero es una de las causas por las que escribo este reportaje. Aunque sólo esta revelación sería motivo suficiente para saltar de alegría, para cambiar de parecer y hasta para quebrantar el silencio trapense. Tom Penney, el asesino, había dicho una vez que para él Dios era tan sólo una palabra compuesta de cuatro letras que para nada afectaban a su vida, como si fueran sencillamente la v, la x, la y y la z. Pero el hombre que entró en la Cámara de la Muerte de Eddyville acompañado del grueso alcaide de la prisión, Jess Buchanam, había escrito pocos días antes: Para mí, la paz sólo está en Dios y con Dios. Hasta que no esté con El, con su Madre y con sus Santos, seré un miserable. El hombre que ataron con las correas a la silla eléctrica aquella mañana de febrero había dicho repetidas veces: Yo sé bien que la muerte es el único camino hacia Dios, y siento la impaciencia de encontrar mi camino.
Además de hablar de un hombre que ansiaba la muerte, quiero contar aquí la milagrosa historia de su segundo nacimiento, empleando en gran parte sus propias palabras. Palabras que tengo ante mí en doscientas veintiuna cartas, dos poemas, dos tercios de una autobiografía y un testamento autógrafo. De las cartas, casi cincuenta fueron escritas en aquellos catorce meses transcurridos entre el día en que el asesino Tom Penney Murió y la sombría madrugada en que cuatro fuertes descargas cortaron la vida del cuerpo del hombre sentado en la silla eléctrica de Eddyville. Aunque todas ellas llevan la firma de Tom Penney, espero que el lector decida si una sola de sus líneas fue escrita por Tom Penney el criminal.
Este, pues, es el profundo sentido de mi reportaje. Lo escribo no sólo para referir la grandeza del alma de aquel que murió en la silla eléctrica, sino para demostrar al lector que su propia alma, como las de todos los seres humanos, tiene un altísimo valor. He considerado necesario escribir este libro del mundo de nuestros días, porque aun cuando sobre todos mis libros pesen testimonios irrecusables de la gracia de Dios, la mayar parte de ellos son más o menos eruditos: biografías, autobiografías, artículos para revistas y expertas glosas relatando brillantemente la conversión de algún personaje.
En ellos he recorrido toda la gama: desde las Confesiones de San Agustín y la Apología del Cardenal Newman hasta el Ahora veo de Arnold Lunn y La montaña de los siete círculos de Thomas Merton. Pero aunque esos testimonios sean maravillosos, pueden llevarnos a olvidar que cada alma es tan infinitamente preciosa para Nuestro Señor Todopoderoso, que El no ahorrará esfuerzos para salvar al más insignificante o al peor de todos nosotros, haciéndonos llegar hasta las puertas de la muerte, para tendernos en ella Su mano y librarnos del infierno. Pero para que esta ayuda de Dios sea eficaz, debemos fijarnos en la conducta del hombre de Eddyville.
Este libro, pues, está escrito para aquellos que desean la revelación de las verdades más hondas del alma y de las almas sumergidas en la Verdad.
Quienes busquen otra cosa, harán bien en no leerlo y dedicarse a las historietas cómicas y los crucigramas de los suplementos dominicales de los periódicos.
Puesto que mi libro es una revelación de Dios, permítaseme hacer como nuestro Padre San Bernardo, quien recordaba siempre cómo en la tarde del Viernes que ahora llamamos Santo, un hombre —sólo uno— se salvó en lo alto del Calvario. Uno —decía—, así que ninguno de nosotros debe nunca perder la esperanza; uno solamente, que podíamos haber sido uno cualquiera de nosotros. Este milagro del Calvario se repitió en Eddyville la noche a la que me refiero. Murieron tres hombres, pero sólo uno de ellos... Dejo que Miriam Crouse hable por mí en sus versos: Tres hombres compartieron la muerte sobre una colina, pero solamente murió uno.
Los otros dos
—un ladrón y el propio Dios se habían encontrado.
Tres cruces inmóviles había clavadas en el Calvario donde los delincuentes eras condenados.
Sobre una de ellas, un hombre roto, tronchado, moría maldiciendo.
De otra colgaba un ladrón implorante, que, como los penitentes arrepentidos, encontraba a Cristo próximo a él sobre el patíbulo.
Tres hombres compartieron la muerte en Eddyville, pero uno solamente... Bueno, permítaseme empezar la historia de la salvación de su alma donde comienza la historia de la salvación de todas las almas, incluso la de la Madre de Dios: en Getsemaní: Es del Getsemaní de América y no del de Palestina del que hablo. Pero ambos están tan estrechamente unidos en el Tiempo y para la Eternidad, que el hombre vacilante entre dos caminos aquella tarde de octubre de 1941 podía muy bien haber sido lo mismo el Padre Jorge Donnelly, el apóstol San Juan o uno de sus sucesores del siglo XX. Estaba a punto de tomar la decisión de volver por Covington, y, sin embargo, por una razón inexplicable, casi una extravagancia, decidió regresar a su casa pasando por Lexington. Esta decisión fue la que mató a Tom Penney el asesino y condujo a la silla eléctrica en Eddyville a otro hombre distinto. El que el Padre Jorge tomara aquella dirección era, sin duda, la voluntad de Dios. Si es verdad que las manos del Padre Jorge empuñaban el volante y su pie apretaba el acelerador, todavía es más verdad que quien realmente conducía su coche aquella tarde era Jesucristo.
Mientras el sacerdote corría a través de la tarde de octubre, se sentía envuelto en una sensación de paz y de bienestar. Su breve retiro entre los muros grises de esa Ciudad de Dios que es el Convento de Getsemaní, le había tenido apartado de las fuentes de belleza que ahora volvía a ver a su alrededor. Su cigarro ardía perfectamente; el motor ronroneaba devorando las millas; nada puede extrañar que se sintiera satisfecho al considerar que la vida es bella. Los árboles, a un lado y a otro del camino, estaban pletóricos de color; el cielo y la tierra, recién lavados por la lluvia del día anterior, y el grato aroma del otoño embalsamaba el aire. El Padre Jorge conducía su coche, sin imaginar, ni por lo más remoto, que muy pronto iba a encabezar el reparto de un drama, que terminaría, no en la sombría cámara de la muerte en la prisión del Estado de Kentucky, sino en la antecámara del Cielo, deslumbrante de vivísima luz.
¡Qué hondo misterio!... Pero en la vida humana todo es profundamente misterioso. Mientras el Padre Jorge atravesaba la campiña fragante del otoño, hacia Lexington, el jefe de Policía de esta ciudad, Austin Price, y Guy Maupin, jefe del departamento de Identificación, trataban de esclarecer otro misterio: el de Tom Penney el asesino.


EL CORAZÓN ADMIRABLE DE LA MADRE DE DIOS


§ 1. LA VIRGEN PRE-FIGURADA
El primer fundamento y la primera fuente de la devoción al santísimo ¡Corazón de la bienaventurada Virgen, es el Corazón adorable del Padre eterno, y el amor incomparable de que está lleno este corazón inmenso para con la amabilísima Madre de su Hijo bien-amado. Amor que le ha llevado a darnos muchísimas bellas figuras y excelentes representaciones del dignísimo Corazón de esta divina Madre.
Este Padre Todopoderoso, a quien le son atribuidas especialmente la creación del mundo y la institución y gobierno de la Ley antigua, le ha agradado darnos a conocer con variedad de figuras y expresiones en todas las partes del universo y en todos los misterios, sacrificios y ceremonias de la antigua ley, a Aquél por el que ha hecho y ha querido rehacer y reparar todas las cosas, que es el fin y la perfección de la misma ley; esto es lo que le hace llevar en la Escritura los nombres y las cualidades de cielo, de sol, de lluvia, de rocío, de fuente, de río, de mar, de tierra, de águila, de león, de cordero, de piedra, de lirio, de viña, de vino, de trigo, y otras muchas cosas semejantes; puesto que todas estas cosas son representaciones y figuras de este Hombre-Dios, y de sus diversas cualidades y perfecciones; como el maná, el cordero pascual, todas las víctimas y todas las otras cosas de la ley mosaica eran también sombras de El mismo y de los misterios que debió obrar en la tierra.
También este Padre divino ha tenido un singular contento en pintarnos a aquélla que ha elegido desde toda la eternidad para ser la Madre de este adorable Reparador, tanto en el estado de este mundo visible como en el de la ley de Moisés. Es aquélla, dice San Jerónimo (1), que los profetas han predicho largo tiempo antes de su nacimiento, la que han designado los patriarcas por muchas figuras, y la que los Evangelistas nos han anunciado. Es aquélla, dice San Ildefonso (2), en la cual se terminan todas las predicciones de los profetas y todos los enigmas de las Escrituras: "El Espíritu Santo, dice el mismo Santo Doctor, la ha predicho por los profetas, la ha anunciado por los divinos oráculos, la dio a conocer, la ha manifestado por medio de las figuras, la ha prometido por las cosas que le han precedido, la ha perfeccionado por las que la han seguido" (3) .
San Juan Damasceno dice que el paraíso terrestre, el arca de Noé, la zarza ardiendo, las tablas de la Ley, el Arca del Testamento, el vaso de oro que conservaba una porción del maná, el candelero de oro que estaba en el Tabernáculo, la mesa de los panes de la proposición, la vara de Airón, el horno de Babilonia, eran también figuras de esta Virgen incomparable (4).
Hugo de San Victor la encarecía hablando de esta manera: "Ciertamente, dice, todo lo que hay de laudable y de excelente en las Escrituras y en todas las criaturas, puede ser empleado en alabanzas de María, Madre de Dios. Como es, pues, una aurora que precede a la venida del verdadero sol, es también una flor en belleza, un panal de miel en dulzura, una violeta en humildad, una rosa en caridad, un lirio en pureza, una viña que llena la tierra y el cielo de su fruto delicioso, un perfume compuesto de todas clases de olores aromáticos, cuyo dulcísimo olor se extiende por todo el universo, una fortaleza inconquistable, una muralla y una torre inexpugnable, un escudo impenetrable, una columna inquebrantable, una esposa cuya fidelidad es inviolable, una amiga cuyo amor no tiene igual, una madre cuya fecundidad es toda divina, una virgen cuya integridad es inmaculada, una señora en poder y dignidad, una reina en majestad, una oveja en inocencia, un cordero en candor y pureza, una paloma en sencillez, una tórtola en castidad" ( 5 ) .
San Bernardo avanza todavía más. He aquí sus pensamientos: "La soberana ¡Señora de todas las cosas, dice, no es solamente un cielo y un firmamento, más firme que todos los firmamentos; sino que tiene muchos otros nombres y es designada y significada por muchas otras cosas. Es el tabernáculo de Dios, su templo, su mansión, su cámara, su lecho nupcial, el arca del diluvio, la paloma que lleva el ramo de paz, el arca de la alianza, la vara milagrosa de Moisés, el vaso de oro lleno de maná, la vara floreciente de Aarón, el vellocino de lana de Gedeón, la puerta de Ezequiel. Es la Estrella de la mañana, la aurora que nos anuncia la venida del sol, es una lámpara ardiente y luciente, la trompeta que anima a los soldados de Jesucristo al combate y que llena de terror a sus enemigos, una montaña que está por encima de todas las otras montañas, es la fuente de los jardines, es el lirio de los valles, es un desierto lleno de misterios y de prodigios, es la columna de nube y de fuego, es la tierra prometida de donde mana leche y miel. Es la estrella del mar, es un navío que Dios nos ha dado para pasar con seguridad el mar peligrosísimo de este mundo, el camino que es necesario seguir para llegar felizmente al puerto, una divina red de la cual Dios se sirve para pescar las almas, la viña del Señor, su campo, su granja.
Es el establo sagrado de Belén, el santo pesebre del niño Jesús. Es el palacio del gran Rey, su gabinete, su fortaleza, su ejército, su pueblo, su reino, su sacerdote. Es la queridísima oveja del soberano Pastor, la Madre y la nodriza de sus otras ovejas y de sus corderos. Es el verdadero paraíso terrestre, el árbol que lleva el fruto de vida. Es una bellísima y preciosísima túnica de la cual Dios está revestido, es una perla de precio inestimable. Es el candelabro de oro de la casa de Dios, la mesa de los panes de la proposición. Es la corona del Rey eterno, su cetro, el pan que alimenta a sus hijos, el vino que llena sus corazones de alegría, el aceite que los ilumina, que los repara, que los fortifica.
Es el cedro de Líbano, el ciprés de la montaña de Sión, la palma de Cades, la rosa de Jericó, la hermosa oliva de los campos, el plátano que está plantado a las orillas de las aguas, el cinamomo y el bálsamo, cuyo olor es tan dulce, la mirra exquisita y elegida cuyo olor es tan agradable, el incienso que esparce su perfume por todos los lados. Es el nardo, el azafrán y el azúcar de quien el Espíritu Santo hace mención en el Capítulo cuarto de los Cantares. Es la hermana y la esposa, la hija y la Madre a un mismo tiempo.
Y para concluir, en una palabra, es de ella, por causa de ella, para ella, para quien está hecha toda la Escritura Santa. Por ella ha sido, hecho todo el mundo. Es la que está llena de la gracia de Dios, por su mediación el mundo. ha sido rescatado, el Verbo divino se ha hecho, carne, Dios se ha humillado hasta lo infinito, y el hombre ha sido exaltado tanto como puede serlo»(6).
2. TIPOLOGÍA MARIANA
Ricardo de San Lorenzo (7) se extiende todavía más lejos, haciéndonos ver más de cuatrocientas cosas sacadas de la Escritura Santa y de otras partes, que nos representan a la persona de la sacratísima Madre de Dios, con sus misterios, sus cualidades y sus virtudes.
Porque advertid, si os place, cómo el Padre eterno, no contentándose con representarnos la persona de su Hijo Jesús en la de Abel, de Noé, de Melquisedeq, de Isaac, de Jacob, de José, de Moisés, de Aarón, de Josué, de Sansón, de Job, de David y de muchos otros santos que han precedido al tiempo
de su venida a la tierra, nos ha querido dar todavía muchas bellas representaciones en detalle de sus misterios, como el de su divino matrimonio con la naturaleza humana por el misterio de la Encarnación, de ¿su Pasión, de su Muerte, de su Resurrección, de su Ascensión: as¡ tampoco no le bastó figurar y representar a la persona de la queridísima Madre de este amadísimo Hijo, en la de María, hermana de Moisés y de Aarón, en la de la profetisa Débora, de la sabia Abigail, de la prudente Thecuita, de la casta y generosa Judit, de la bella y santa Esther, y de muchas otras parecidas: sino que además de esto, nos ha querido dar retratos e imágenes singulares de sus misterios, de sus cualidades, de sus virtudes y también de las demás nobles facultades de su cuerpo virginal. Lo que se ve en muchos lugares de las Santas Escrituras, especialmente en el capítulo veinticuatro del Eclesiástico y en el libro de los Cantares: donde su concepción inmaculada está representada por el lirio que nace en medio de las espinas sin ser herido; su nacimiento, por el de la aurora, que señala el fin de la noche y el comienzo del día; su Asunción al cielo por el arca de la alianza que San Juan vio en el cielo como el testimonio al capítulo once de su Apocalipsis; la eminencia sublimísima de su dignidad, de su poder y de su santidad, por la altura de los cedros del Líbano; su caridad, por la rosa; su humildad por el nardo; su paciencia por la palmera; su misericordia por el olivo; su virginidad, por la puerta cerrada del templo que Dios hizo ver al profeta Ezequiel; su cabeza, por el monte Carmelo; sus cabellos, por la púrpura del rey; sus ojos por los ojos de palomas y por las piscinas de Hesebon; sus mejillas, por las de la tórtola; su cuello, por la torre de marfil.



viernes, 21 de julio de 2017

¿Beneficiaría la paz en Siria a Israel y Turquía?


El fin de la guerra contra Siria se acerca sin que los anglosajones hayan podido completar ninguno de los objetivos que se habían trazado. La Hermandad Musulmana no sólo fracasó con las primaveras árabes sino que hoy aparece como perdedora en todos los países de la región, con excepción de Qatar y Turquía. Como país, Siria ha sufrido una destrucción tremenda pero la sociedad siria y su modelo multiconfesional han resistido. Y todo indica que por fin se va a restablecer la «ruta de la seda». En cuanto a Israel y Turquía, esos dos países parecen estar a punto de lograr sacar las castañas del fuego y beneficiarse, a su manera, con la agresión contra Siria.
odos preveían que la crisis surgida entre Arabia Saudita y Qatar facilitaría el resurgimiento del eje Riad-Damasco-El Cairo, que dominó la vida política del mundo árabe hasta el inicio de las «primaveras árabes». Pero no ha sido así.

Es posible que el príncipe Mohammed ben Salman conserve aún la esperanza de lograr la victoria en Yemen y que por eso crea inútil intentar un acercamiento a Siria. También es posible que los sauditas, que en el pasado encabezaron la rebelión árabe contra los otomanos, consideren que hoy resulta demasiado peligroso ponerse del lado de Siria, en contra de Turquía. Lo cierto es que la semana pasada, en las negociaciones de Crans-Montana, la ONU, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Unión Europea de hecho respaldaron la ocupación militar turca en el norte de Chipre, a pesar de ser esta totalmente ilegal. Aunque en Occidente se ha puesto de moda criticar la dictadura de Erdogan, es evidente que la OTAN apoya sin reservas el despliegue militar turco en Chipre, en Siria y en Qatar.
Según la sabiduría popular, «a la Naturaleza le horroriza el vacío» y parece ser cierto porque fue Qatar el que acabó por ponerse en contacto con Damasco. Para el presidente sirio Bachar al Assad, el acercamiento de Qatar es menos importante que si hubiese sido Arabia Saudita… pero aún así es un logro porque siempre será un Estado menos en contra de Siria, cuando en realidad en este momento ya sólo se mantienen en guerra contra Siria –además de algunas transnacionales estadounidenses– el Reino Unido, Turquía e Israel.
El encuentro del 7 de julio de 2017, en la cumbre del G20 realizada en Hamburgo, entre los presidentes Vladimir Putin y Donald Trump parece haber cambiado muchas cosas. La reunión entre Trump y Putin, que debía durar sólo media hora, finalmente duró 4 veces ese tiempo, obligando a los demás jefes de Estado y de gobierno a esperar a que Putin y Trump terminaran su conversación. Todavía no se conocen las decisiones que tomaron los dos presidentes y sus respectivos ministros de Relaciones Exteriores… pero sí se sabe lo que negociaron.
Israel, Egipto y los Emiratos Árabes Unidos han propuesto poner fin a la guerra contra Siria, lo cual corrobora la victoria de Tel Aviv sobre la resistencia palestina. Esta última se ve actualmente dividida entre al Fatah, que gobierna Ramalah, y el Hamas, al mando en Gaza.
Pero al Fatah, hoy encabezado por Mahmud Abbas, ha ido hundiéndose en la corrupción y está colaborando abiertamente con Israel, mientras que el Hamas, creado por la Hermandad Musulmana, con la bendición inicial de los servicios secretos israelíes para debilitar a al-Fatah, se ha desacreditado, primeramente por sus actos de terrorismo contra los civiles, así como por su increíble comportamiento en la guerra contra Siria. De hecho, sólo Turquía e Irán mantienen su apoyo al Hamas, ahora rechazado por todos los demas Estados.
Sin ningún pudor, el Hamas, que ya en 2012 se alió a los servicios secretos israelíes y a al-Qaeda para masacrar a los dirigentes del Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) en el campamento palestino de Yarmuk, en Damasco, ha implorado nuevamente el perdón de Tel Aviv.
Es ese el origen del increíble plan que consiste en reunir a las dos principales facciones palestinas, quitar el mando al viejo Mahmud Abbas –de 82 años–, reconocer un Estado palestino títere y ponerlo bajo la dirección… del general Mohammed Dahlan.
Mohammed Dahlan, es el líder de al-Fatah que se convirtió secretamente en agente de Israel, luchó contra el Hamas de forma salvaje y luego envenenó a Yasser Arafat. Al ser descubierto, Dahlan fue excluido de al-Fatah, huyó a Montenegro y la justicia palestina lo condenó en ausencia. Durante los últimos años, Dahlan residió en los Emiratos Árabes Unidos, donde administraba una fortuna de 120 millones de dólares malversados de los fondos de la Autoridad Palestina. En Gaza, ahora lo recibirían sus enemigos históricos miembros del Hamas, como Yahya Sinwar, el nuevo «primer ministro» de esa organización, un amigo de la infancia del propio Dhalan. Olvidando el pasado, el Hamas pondría a Dhalan, para empezar, a la cabeza de la lucha contra el Ejército del Islam, la rama palestina del Emirato Islámico (Daesh).
Si realmente llega a ponerse en práctica, ese plan marcaría la liquidación definitiva de la resistencia palestina, al cabo de 70 años de lucha.
Es en ese contexto que tenemos que ver el anuncio del acuerdo entre Putin y Trump sobre 3 regiones del sur de Siria. Se autorizaría en ellas el despliegue de tropas estadounidenses, supuestamente para mantener la paz, pero sería en realidad para crear una zona desmilitarizada entre el Golán sirio y el resto del país. Las tropas iraníes no estarían autorizadas a acercarse a Israel. De esa manera, el Golán, territorio sirio que Israel ocupa ilegalmente desde hace 40 años, sería considerado de hecho, y aunque nadie pronuncie esa palabra, como territorio anexado por la potencia ocupante. En octubre de 2018, se eligirían allí los consejos locales de las poblaciones, según la legislación de Israel. Rusia no se opondría… a cambio de que Estados Unidos olvide su actual obsesión con la cuestión de Crimea.
En el resto de Siria podría concluirse la paz, exceptuando la franja que los kurdos han arrebatado al Emirato Islámico y la que ocupan los turcos. Washington y Moscú permitirían que los turcos ajustaran cuentas a los kurdos, lo cual implica que estos últimos serían masacrados. Sucedería entonces exactamente lo mismo que cuando Henry Kissinger apoyó a los kurdos iraquíes contra Saddam Hussein… para acabar abandonándolos de la noche a la mañana, echando por tierra el sueño de creación de un Kurdistán. En definitiva, el ejército turco mantendría la ocupación de la región siria de Al-Bab, como ya ocupa el norte de Chipre y la región de Baachiqa en Irak.
Palestinos y kurdos pagarían así el error de haber luchado por obtener territorios que están fuera de sus tierras históricas –en Jordania y en Líbano, en vez de Palestina, y en Irak y Siria, en vez del Kurdistán.

Israel y Turquía serían así los dos únicos países en sacar alguna ganancia de los 6 años de guerra contra el pueblo sirio.