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sábado, 29 de abril de 2017

DEL MODO DE CONOCER DE LOS ÁNGELES (Q. LVIII)


II.-EXPOSICIÓN TEOLÓGICA DE SANTO
TOMAS

Con los siete artículos de la cuestión, cuyo orden acabamos de indicar, queda bien perfilado cuanto se refiere al modo de conocer propio de los ángeles, y Santo Tomás determina ampliamente en ellos, lo que pudiéramos llamar cualidades del conocimiento angélico, tanto en el- orden natural como sobrenatural, que son las siguientes:

1. ACTUALIDAD y POTENCIALIDAD EN EL CONOCIMIENTO
ANGÉLICO. (a. 1)

Esta es la respuesta del doctor angélico:
Dice San Agustín que los ángeles desde que fueron creados gozan en la misma eternidad del Verbo de una santa y piadosa contemplación. Pero el entendimiento que contempla no está en potencia, sino en acto. Luego el entendimiento del ángel no está en potencia.

RESPUESTA. Según el Filósofo, de dos maneras está en potencia el entendimiento: una, como está antes de aprender o hallar esto es, antes de adquirir el hábito de la ciencia; y otra, como esta cuando ya tiene el habito pero no piensa su, objeto [72]. Si, pues, se trata del primer modo, el entendimiento del ángel nunca está en potencia respecto a las cosas que puede entender con conocimiento natural. La razón es porque así como los cuerpos superiores, o sea los celestes, no tienen potencia alguna para el ser que no esté completada por el acto, ,así tampoco los entendimientos celestes, es decir, los ángeles, tienen potencia inteligible alguna que no esté totalmente completada por las especies inteligibles que les son connaturales,  no obstante lo cual, no hay inconveniente en que su entendimiento esté en potencia respecto a las cosas que les son reveladas por Dios, como asimismo los cuerpos celestes están a veces en potencia para ser iluminados por el sol. 

Si, en cambio, se trata del segundo modo, el entendimiento del ángel puede estar en potencia respecto a las cosas de que tiene conocimiento natural, puesto que no siempre está de hecho pensando en todo lo que naturalmente conoce. Pero en cuanto al conocimiento del Verbo y de las cosas que ve en el Verbo, nunca puede estar en potencia, porque de hecho siempre está contemplando al Verbo y lo que en el Verbo conoce, ya que esta visión constituye su bienaventuranza, y la bienaventuranza no consiste en un hábito, sino en un acto, como dice el Filosofo.
Aunque el ángel está de suyo en pura potencia respecto a las cosas que conoce por revelación, su conocimiento nunca es puramente potencial ni tampoco es siempre actual respecto a todas las cosas que naturalmente conoce, respecto a las cuales está en acto próximo por las especies inteligibles infusas; pero su operación intelectiva es siempre actual y perenne en cuanto al conocimiento de sí mismo y todo lo que por la visión beatífica conoce en el Verbo.
Aplicando aquí cuanto se ha dicho anteriormente de la distinción real entre la potencia intelectiva y la esencia del ángel (q, 54, a. 3), del medio en que entiende (q. 55) y del objeto propio y extensivo de su entendimiento (qq, 56 y 57), y teniendo en cuenta el doble conocimiento, natural y sobrenatural, en el ángel, así como la doble potencialidad del entendimiento humano, queda manifiesta en cada caso la actualidad y potencialidad del entendimiento, angélico en su operación,     el entendimiento puede suponerse en potencia esencial, es decir, en orden a la adquisición de las especies inteligibles como medio determinante del conocimiento : y en potencia accidental, es decir, para el acto segundo de entender.
La primera potencialidad no puede darse en el ángel con respecto al conocimiento natural, ya que, por ser esencial y específicamente completo en el orden intelectivo y está naturalmente desde su creación en posesión de las especies inteligibles que le son connaturales. Puede, en cambio, darse, y se da de hecho en él, tal potencialidad esencial en orden al conocimiento sobrenatural de lo que conoce por revelación, pues respecto al orden sobrenatural no se da en el ángel ni en natura alguna verdadera exigencia natural, sino simple capacidad o potencia obediencial pasiva (a. 10 ad 2).
La segunda potencialidad sí seda en el ángel respecto al conocimiento de las cosas; pues, siendo finita la facultad  intelectiva y, por ende, limitado su poder, "no siempre está de hecho pensando en todo lo que naturalmente puede conocer" por el uso actual de las especies innatas que de las cosas tiene, sino que libremente aplica dichas especies al conocimiento actual de los objetos, porque, "teniendo también voluntad la substancia intelectual y siendo por ello dueña de sus actos, en su arbitrio está, después que tiene la especie inteligible, hacer uso de ella, produciendo el acto de entender, o usar sólo una de las varías que tenga" (Cant.Gent. lib. rr, ca-p. 101).
Hay, no obstante, en el conocimiento natural de los ángeles algún objeto respecto al cual está, sin duda alguna, permanentemente en acto, como; insinúa el Angélico Maestro en la respuesta ad 3. Este objeto es su propia esencia, que, siendo siempre actualmente inteligible y estando permanentemente presente a su entendimiento, íntimamente unida a él por identidad radical, respecto a ella el entendimiento angélico está siempre en acto y nunca en potencia.
Este conocimiento intuitivo perenne de sí mismo en el ángel lo afirma expresamente Santo Tomás en otros lugares. "El entendimiento del ángeles dice no está en potencia respecto a su esencia, sino que respecto a ella siempre está en, acto, aunque respecto a las otras cosas inteligibles puede estar en potencia" (De veritate, q. 8, a. 6 ad 7). Y asignando la razón añade: "La mente del ángel se entiende siempre a sí misma.; lo cual acaece precisamente porque se conoce a si misma por su propia esencia, que la está informando siempre" (ibíd, a... 14 ad 6).
Además, siendo comprensivo el conocimiento natural intuitivo que el ángel por Su esencia tiene de sí mismo, no puede dejar de ver en ella también, aunque de modo abstractiva, la imagen de Dios, autor de su naturaleza, del cual depende como causa primera de su ser.
En el orden sobrenatural está también siempre en acto segundo el entendimiento de los ángeles buenos respecto al conocimiento del Verbo y de das cosas que ven en él formalmente, es decir, en la esencia divina por la visión beatífica, la cual, una vez conseguida, no puede perderse (1-2, q. 5, a. 4):