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sábado, 18 de marzo de 2017

DEL CONOCIMIENTO QUE LOS ÁNGELES TIENEN DE LAS COSAS MATERIALES.


III. EXPOSICION TEOLOGICA DE
SANTO TOMAS

2._ Los ángeles por medio de las especies infundidas por Dios conocen las cosas naturales, no solo en cuanto a su naturaleza universal, sino también en cuanto a su singularidad, por cuanto estas especies son representaciones múltiples de la simple y única esencia divina. (continuación)

Sabido es que en las cosas materiales difieren realmente la naturaleza específica del individuo y del supuesto; por donde podría imaginarse que los ángeles, aun conociendo aquélla, no conociesen éstos, pues su conocimiento propio entraña el que se conozca la singularidad de las cosas. De ahí que… probado que los ángeles conocen la naturaleza de los seres materiales es necesario averiguar si ese conocimiento angélico se extiende hasta la singularidad misma de las cosas, que nosotros conocemos por los sentidos, de que carecen los ángeles, y al mismo tiempo ver cómo y en qué medio puedan conocerla.
Es éste el problema ya planteado antes para la ciencia divina (1." p., q. 14, a. 11). Recuérdese el paralelismo, que afecta de modo relativo tanto al planteamiento cuanto a las soluciones que pueden darse.
Probada ya también en la cuestión 55 la necesidad de las especies, en contra de lo que opinaron Durando, O. P.; Gabriel Riel y Vázquez, S. I. AL, al afirmar que bastaba la presencia del objeto, ya que no es posible conocimiento sin unión entre el objeto y la facultad, quedan otras posiciones frente al problema que nos ocupa, que Santo Tomás examina aquí y que más en detalle refiere y refuta en otro lugar (De »erdaie, q. 8, a. 11). Pueden reducirse a cinco.
a) La primera posición niega absolutamente a los ángeles el conocimiento de los singulares. Santo Tomás la rechaza como contraria a la fe católica, pues la Sagrada Escritura pone intervención de los ángeles en las cosas singulares; siendo, además, contraria a la razón, pues si los ángeles son más perfectos que el hombre, ¿ignorarán lo que éste puede conocer; (Cf.: también II Sent., dist.3, p. 2.", q. 3, a. 3.)
b) La segunda posición dice que los ángeles conocen los, singulares abstrayendo directamente por sí mismos las especies inteligibles de los objetos. Santo Tomás rechaza esta sentencia siempre por la misma razón: porque los ángeles no pueden abstraer (a. 1 ad 3); Y aun suponiendo que pudiesen tener entendimiento agente, lo que ha negado ya antes (1." p., q. 54, a. 4), no teniendo sentidos, no podrían tener conocimiento directo del singular.
A esta sentencia la llama el Angélico completamente irracional, omnino irratiorlis (De veritat,e) 1. c.). Es, sin embargo, la que más tarde seguirá Escoto , O. F. M. (II Sent ; dist. 9, q. 2, nn. 8-11), por creer que la especie universal infusa no contiene lo que es propio del singular, sino sólo lo que es genérico y especifico (II sent. dist. 3, q. 10); por donde, aunque pudiese bastar para el conocimiento abstracto del singular, no basta para el intuitivo del mismo, necesitando para éste adquirirla de los mismos singulares (II Sent. dist. 3, q. 11, n. 439). La seguirá también Toledo, S. l. (en este lugar), diciendo que las especies infusas angélicas bastan para el conocimiento de lo necesario, pero no de lo contingente. Y entre los modernos acepta la doctrina de Escoto en este punto, aunque sin aprobar todas sus razones, el P. Janssens, O. S. B. (De angelis, p. 3. Sect, 1, membr. 2 cap,3 p. 649)
e) Según la tercera opinión, los ángeles no conocerían los singulares más que de una forma general, representados en cuanto a lo común en las ideas universales. Opinión fue ésta de Avicena, que Santo Tomás rechaza, porque en último término es negarles el conocimiento de los singulares,       pues no conocerían la singularidad de lo singular.

d) La cuarta opinión afirma que conocen los singulares por la aplicación de las especies infusas universales a los particulares. Tal fue la sentencia de San Buenaventura, O. F. M., que sabido -es admite además que los ángeles pueden abstraer 1as especies de las cosas, aunque las tienen infusas (II Sent., dist. 3, p. 2.", a. 2, q. 1, ed. Quaracchi, t. II, p. 120). "Pero esto-dice Santo Tomás-no es decir nada, porque nadie puede aplicar una cosa a otra si no conoce esta otra de antemano, y, por consiguiente, la tal aplicación no puede ser medio para conocer lo particular, sino que presupone su conocimiento" (I p., q. 14, a. 11). "No habiendo, pues, en los ángeles más conocimiento que el intelectivo..., es evidente -añade el Angélico-que la aplicación del universal al particular exigiría en los ángeles conocimiento intelectivo previo de los singulares y no sería causa del mismo" (De veritate        - te) 1. c.).       
e) No queda, por lo tanto, más que afirmar que "los ángeles conocen las cosas singulares por formas universales, que, esto no obstante, son la semejanza de las cosas en cuanto a sus principios universales y en cuanto a los individuales" (a. 2 ad 3).
Como pueda esto ser así, fácilmente se comprende por el paralelismo con la manera como Dios conoce el singular (l." p., q. 14, a. 11). Dios en tanto conoce el singular en cuanto que es causa del mismo y por su ciencia y voluntad causa la singularidad; y el ángel en tanto lo conoce en cuanto que Dios, al crearlo e infundirle las especies, ha causado en la mente angélica una semejanza de la idea por la cual El ha causado la singularidad de las cosas. Por donde, en último término, la razón está en la causalidad, no del ángel, sino de Dios, que causa cuanto hay en los seres y las especies inteligibles angélicas.
Los ángeles, pues, no conocen los singulares por especies singulares, sino por especies universales, que son semejantes a las cosas tanto en cuanto a los principios universales como a los particulares (Cont. Gent., lib. II, cap. 100, y Quodlib. VII) q. 1, a. 3 ad 1), a diferencia de nuestras especies universales, que no pueden darnos más que un conocimiento indirecto del singular (1: p., q. 86, a. 1) precisamente por estar formadas por abstracción, dejando lo que es Singular.

3.°_Los ángeles pueden conocer naturalmente en las causas: a) “conciencia cierta de los futuros que provienen necesariamente de sus causas; b) en cuanto a los que provienen de sus causas solo en la mayoría de los casos, no los conocen con certeza, sino solo de un modo conjetural; c) si provienen de sus causas en los menos casos, son del todo desconocidos: d) pero ni en el entendimiento del ángel ni cualquier otro entendimiento creado puede conocer los futuros tal como son en si mismos. (a. 3)

La verdad de la proposición en todas sus partes aparece en el proceso del artículo de un modo claro y queda patente con sola la exposición de los términos.
Una cosa en tanto es cognoscible en cuanto existe, y el futuro es algo que no tiene existencia actual en sí, pero que la tendrá después. Por ello no puede ser conocido en sí mismo antes que exista más que por Dios. Antes de tener existencia en sí no la tiene más que en la causa que ha de producirlo, y en ella podrá, por lo tanto, ser conocido según ella sea: con absoluta certeza si la causa es necesaria y no puede ser impedida por otra; y conjeturalmente, con mayor o menor probabilidad si la causa no es necesaria, aunque produzca las más de las veces tal efecto. Mas en manera alguna podrá, conocerse el futuro en 'la causa si ésta es totalmente casual y fortuita, máxime si es causa libre. Conocer el futuro con certeza en tal caso, equivaldría a conocerlo en sí mismo antes que tuviese existencia alguna determinada en su causa.
El conocimiento del futuro que de tal causa depende, según hemos indicado con la Sagrada Escritura, aquí invocada por el Angélico Maestro (arg. Sed contra) es propio y exclusivo de Dios, que por su divina causalidad y por su eterna presencialidad tiene ante su mirada todas las cosas en cuanto al mismísimo ser que han tenido, tienen o tendrán en cualquier diferencia del tiempo (1. p., q. 14, a. 13).
La dificultad para todo otro entendimiento que no sea el divino está, en que los futuros de esta clase no pueden ser representados antes que existan. Y si los ángeles tienen desde su creación especies impresas de todo lo que han de conocer después, y han de conocer también estos futuros cuando existan, parece que por dichas especies infusas podrían conocerlos antes de que tengan existencia en sí mismos.