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sábado, 8 de octubre de 2016

Los Novísimos o postrimerías del hombre - TEMAS DE MEDITACIÓN - Fr. Antonio Royo Marín, O.P.

Las lecciones de la muerte
A los hombres les está establecido morir una vez
(Heb. 9 ,7)


INTRODUCCIÓN.


1. La muerte es el tema obligado de los teólogos y filósofos. Es evidente que caminamos hacia la muerte. ¿Qué sentido tiene la muerte? ¿Es el fin absoluto de la vida o el medio para una vida mejor?

2. Nuestra actitud fundamental ante la vida depende de la solución que demos a estos problemas. Si la muerte es un fin absoluto, "comamos y bebamos que mañana moriremos". Pero si es un medio obligado para entrar en la eternidad, vivamos conscientes de esta verdad fundamental. Aprovechemos esta vida fugaz para labrarnos una felicidad eterna.
I. EL HECHO DE LA MUERTE

A) Aprendamos de los demás

1. Moriremos una sola vez. No podemos esperar repeticiones. La suerte será echada definitivamente una sola vez. Es como un examen con una sola convocatoria. 

2. No sabemos en qué circunstancias. Sobrevendrá quizá repentinamente, cuando menos lo esperemos. Y en cualquier caso, no sabemos si estaremos entonces capacitados como lo estamos ahora. Es la segunda lección que debemos aprender en los demás: estar siempre preparados para la muerte, porque si lo descuidamos puede que luego sea demasiado tarde.

B) ¿Qué será mi muerte?

1. En el orden físico: separación del alma y el cuerpo: fin de la mutua colaboración de ambos.

a) El cuerpo se corromperá, los miembros se desintegrarán.

b) Cesarán todos los actos humanos.

2. En el orden jurídico: fin de todas las relaciones con el mundo y las cosas.

a) Dejaremos de ser dueños, jefes o subditos... Ni más derechos ni más deberes en este mundo.

b) Perderemos todo cuanto hayamos conseguido en este mundo. Nuestros bienes quedarán en este mundo, repartidos quizá entre nuestros enemigos.

3. En el orden moral: término de toda posibilidad de merecer.

a) Habrá llegado la noche, "cuando ya nadie puede trabajar" (Jn.9,4).

b) Después no será posible el arrepentimiento, ni llevar a cabo obras meritorias. Recibiremos el premio eterno o el castigo según nuestras obras de esta vida. Recuerda al rico Epulón (Le. 16, 19 31).

C. ¿Por qué moriré?

1. Causas físicas. ¿Quién sabe? Enfermedad repentina o crónica, vejez, un accidente....

2. Causas morales:

a) Castigo del pecado original. "Por un hombre entró el pecado en el mundo, y por el pecado la muerte" (Rom. 5, 12: cf. Gen. 2, 17).  

b) Y de nuestros pecados personales. Un solo pecado grave merece la muerte, pues por un solo pecado decretó Dios la muerte para el género humano y la condenación para los ángeles.

c) Por el pecado de Adán hemos perdido el don gratuito de la inmortalidad. Adán prefirió —y en él todos nosotros— un bien transitorio, un placer que se esfuma y pulveriza en las manos.

D) Consecuencias de la muerte

1. El comienzo de una nueva vida.
a) Es un cambio, no una destrucción: "vita mutatur, non tollitur".

b) El alma es juzgada inmediatamente después de morir y comienza una nueva existencia de felicidad o condenación.

2. Condicionada por la vida presente.

a) La muerte fosiliza nuestra existencia en un momento
dado. 

b) La otra vida no es un don caprichoso de Dios, sino la continuación de nuestras relaciones con El tal como era en el momento de la muerte: o ruptura voluntaria y definitiva con Dios, o paz permanecedera para siempre.

3. Estas son las consecuencias teológicas de la muerte, más importantes que las físicas, morales o jurídicas. ¿Pensamos que la muerte es ante todo infierno o gloria?

II. LAS LECCIONES DE LA MUERTE

A) Debemos aceptarla. Es un fenómeno natural inevitable.
a) Queramos o no, hemos de morir algún día no muy lejano.
b) Debemos, pues, aceptarla con resignación.

2. Es la voluntad de Dios.

a) Dios ha dispuesto con su voluntad amorosa que todos los hombres mueran.

b) Aceptémosla con amor, como algo que Dios ha dispuesto como medio para pasar a una vida mejor que será feliz si nosotros verdaderamente lo queremos.

3. Es castigo del pecado.

a) "El estipendio del pecado es la muerte" (Rom. 6, 23).

b) Aceptémosla en su valor expiatorio, como reparación de nuestras culpas.

B) Es el hecho decisivo de nuestro tránsito por este mundo

1. Es incierta.

a) No sabemos cuándo moriremos, ni cómo hemos de
morir.

b) ¿Tendremos el aceite preparado y la lámpara encendida como las vírgenes prudentes (Mt. 25, 1) para cuando llegue ese momento decisivo? De nosotros depende.

2. Es única.

a) Se muere una sola vez: "Statutum est hominibus semel morí" 
(Heb. 9, 27).

b) Pero tendrá consecuencias para toda la eternidad. De nosotros depende.

3. La muerte no suele rectificar la dirección de nuestro camino, sino que la ratifica. a) "Talis vita, finis ita": como es la vida, así será nuestro fin.

b) ¿Caminamos hacia Dios o hacia el infierno? De nosotros depende.

CONCLUSIÓN

1. Vivamos alerta, en perpetua preparación. Nuestra vida es una peregrinación. Lo importante es llegar al término del viaje. Está en juego nuestro destino eterno...


2. Pero tengamos una inmensa confianza en Dios, que no quiere la muerte del pecador sino que se arrepienta y viva. Jesucristo fue el rescate pagado por nosotros, y ese rescate valía por encima de toda deuda. Sólo es preciso que nos apliquemos ese rescate. "Yo soy la resurrección y la vida" (Jn. 11,25)