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jueves, 29 de septiembre de 2016

TRATADO DE LOS ANGELES - SANTO TOMAS DE AQUINO

Continuación punto 3°, del art. 3 (para entender esto ir primero a art. 3 expuesta en la entrega anterior del 23 de Septiembre)


La doctrina de Santo Tomás, aquí sencilla y claramente expuesta, es consecuencia del principio general de que las substancias no son inmediatamente operativas, sino que obran mediante accidentes, que en este caso son las facultades. Consecuentemente a esto, afirma aquí el Angélico que la facultad o potencia intelectiva y la esencia del ángel se distinguen realmente, es decir, que el ángel no entiende inmediatamente por la esencia, sino por una facultad realmente distinta de ella, que se llama entendimiento. En la prueba de esta proposición, que supone la distinción real entre la facultad y el ejercicio de la misma, y que es corolario de la distinción real entre el acto de entender y el ser del que entiende, se limita Santo Tomás a aplicar la doctrina general de la especificación intrínseca de las potencias por los actos adecuados de las mismas formalmente distintos entre sí. La esencia y la potencia o facultad tienen actos adecuados formalmente distintos: el acto de la esencia es la existencia; el acto de la facultad intelectiva es el entender, que, como se ha dicho, difiere realmente del ser o existencia actual en el ángel y en toda cosa creada (a. 2).

La esencia no es, por lo tanto, principio inmediato electivo de la intelección, sino solamente principio fundamental, mediato remoto o radical. "La esencia del que obra es principio inmediato de la operación cuando la operación se identifica con el ser de la cosa. Pues así como la potencia se ordena a la operación como a su acto propio, así también la esencia se ordena a la existencia. Pero solamente en Dios es una misma cosa el acto de entender y el de existir. Por consiguiente, solamente en Dios la facultad intelectiva es su misma esencia. En cambio, en todas las criaturas intelectuales el entendimiento es una facultad del que entiende" (1." p., q. 79, a. 1).

Tratando el Doctor Angélico de esta misma cuestión con respecto al alma humana, propone este argumento en otros términos: La potencia y el acto a que aquélla se ordena esencialmente deben estar en el mismo orden. La facultad se ordena a la operación, que es accidente: luego la facultad lo será también. En cambio, la esencia y la existencia han de estar por esto mismo en el orden o género substancial. y así como se distinguen realmente la substancia y el accidente, así se han de distinguir también la facultad y la esencia (1.° p., q. 77, a. 1). Véase así que mientras "en Dios el entendimiento, lo que entiende, la especie inteligible y el acto de entender son una y la misma cosa" (1." p., q. 14, a. 4), idéntica con su esencia, en el ángel, en cambio, y en toda criatura intelectual, hay que distinguir realmente entre sí estas cinco cosas: la esencia, la existencia, la operación de entender, la facultad intelectiva (entendimiento) y, además, la especie inteligible, de la que se tratará en la cuestión siguiente.              

Es tal la fuerza de la argumentación empleada por el Doctor Angélico en este articulo 3, que casi todos los escolásticos, incluso aquellos que no admiten la distinción real de la esencia y existencia actual en las cosas creadas, tienen en este punto la misma doctrina, El propio Suárez, S. L, nada propenso a admitir la doctrina de Santo Tomás comúnmente, sostiene aquí la real distinción entitativa entre la esencia y la operación de entender en el ángel y asimismo entre la esencia y la facultad intelectiva, afirmando con los tomistas, contra Valencia, S. 1. (In I P. dísp. 4, q. 5, p. 2), la imposibilidad absoluta de que Dios pueda crear un ángel en el que se identifiquen la facultad intelectiva y la operación de entender can su esencia (De ángelis) lib. II, cap. 1, n. 2; Disput. Metaphys., dísp, 18, sect. 4, n. 10).

Con la doctrina expuesta en éstos tres primeros artículos queda patente cuánto dista la simplicidad y perfección angélicas de la divina y cómo "no hay que creer que, por no ser los ángeles corpóreos, ni compuestos de materia y forma, ni estar unidos a la materia, como formas inmateriales que son igualen por esto a la simplicidad divina" (Cont. gent., lib. II, cap. 52). El ángel es ciertamente substancia espiritual completa subsistente, pero no es el mismo ser subsistente. Esto es privativo de Dios. En el ángel, aun siendo perfectamente espiritual, y excluida de él toda composición de materia y forma (1." p., q. 50, a. 1 y 2), se da, según Santo Tomás, una múltiple composición real, a saber: 1°, de género y diferencia (1.p., q. 50, a. 2 ad 1); 2° de esencia y existencia (Contr, Gent, lib. II, cap. 52, y 1." p., q. 54, a. 1, Sed contra); 3. °, de naturaleza y persona (1." p., q. 50, a. 2 ad3); 4. °, de substancia y accidente (1." p., .q. 54, aa. 1, 2 y3); Y 5. °, de potencia y de acto (ibíd. y Cont."Gent.,lib. n, II, cap. 53).

La Sagrada Congregación de Estudios ha compendiado así esta doctrina en la 7. De las 24 tesis tomistas: “La criatura espiritual es totalmente simple en su esencia. Pero queda en ella una doble composición; la de la esencia con la existencia y la de la substancia con los accidentes” (Acta Apost. Sedis, VI. 383)

En los ángeles "no puede haber entendimiento agente
ni posible como no sea en sentido metafórico" (a. 4).

Está basada esta proposición en la superioridad de la naturaleza angélica sobre la humana por razón de su más perfecta inmaterialidad y por ser los ángeles substancias completas en razón de especie, así como también en la naturaleza del entendimiento agente y posible y en la carencia del motivo por el cual se ponen en el hombre… Llámase entendimiento agente la facultad que en el hombre produce las especies inteligibles que informan el entendimiento posible, siendo éste a su vez la facultad receptiva y cognoscitiva de esas mismas especies inteligibles y el que produce el acto de entender (un árbol, una montaña etc). Para Santo Tomás son estas dos facultades realmente distintas: "El entendimiento agente y posible-dice en la 1." p., q, 79, .a, 10-son dos potencias distintas, corno en todas las cosas una es la potencia activa y otra la pasiva”…

Supuesta esta doctrina, que el Doctor Angélico desarrollará ampliamente en la citada cuestión del tratado del hombre, se plantea el problema en el ángel, resolviéndolo de una manera sencillísima. La razón de ser de estas dos facultades en el hombre está en que nuestra alma intelectiva es forma substancial del cuerpo y que, por consiguiente, en el estado de unión no puede estar siempre en acto de conocer su propio objeto, y en que esos objetos materiales, el conocimiento de cuya esencia constituya el objeto propio del entendimiento humano, ni en su ser físico ni en su ser intencional o representativo, tal como lo proporcionan los sentidos externos e internos, son actualmente inteligibles, y necesitan ser despojados de su materialidad y elevados al orden de inteligibles. . . El ángel no recibe las especies de las cosas materiales, ya que el objeto propio de su entendimiento es lo inmaterial actualmente cognoscible, y además nunca está en pura potencia para entender lo que naturalmente entiende. Luego no hay en él propiamente entendimiento agente y posible.

Sin embargo, dándose en el ángel, como se ha dicho, composición de acto y potencia en su ser y en sus operaciones, sólo de una manera muy impropia; metafórica, y equívoca puede decirse que se den en él estás dos facultades, pero nunca como dos cosas distintas o también puede tomarse como fundamento para usar este lenguaje, aplicado a los ángeles impropiamente, el hecho de Ia iluminación angélica (a.4 ad 2).


P. D. La respuesta de Santo Tomas a este articulo no la incluí aquí por considerar que ya es demasiado lo que debe entenderse sobre el este escrito. En la próxima entrega terminare con la cuestión 54. Por favor si no entienden algo, a quien tenga la bondad de leer sobre los Ángeles, pregunte por medio de nuestros comentarios, hoy más que nunca nos es necesario conocerlos cuanto podamos por su gran actuación en el mundo me refiero sobre todo a los ángeles malos. Esto no quita que a los  buenos, Dios les tenga prohibido actuar lejos de nosotros de afirmar esa barbaridad.

R.P. Arturo Vargas