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viernes, 1 de julio de 2016

TRATADO DE LOS ANGELES - SANTO TOMAS DE AQUINO

INTRODUCCION A LA CUESTION LI

DE LOS ANGELES CON RELACION A LOS
CUERPOS

LA CONEXION CON LAS OTRAS CUESTIONES y
ORDEN dE LOS ARTICULOS.


Los ángeles son perfectamente inmateriales, corno queda demostrado en el artículo 2 de la cuestión anterior; pero la razón de ser de su existencia es la perfección del universo, del que forman parte. Por eso, aun dejando para su lugar el estudio del ministerio de los ángeles y su acción en el mundo sensible (qq. 110-115), completase en esta cuestión 51 y las dos siguientes el concepto de la naturaleza angélica, llegando a un conocimiento más pleno y perfecto por la consideración de la relación que tienen con el mundo corpóreo. Y así como en el estudio de los cuerpos se consideran tres de sus aspectos principales, a saber, la misma substancia corpórea, el lugar que los cuerpos ocupan y el movimiento local de los cuerpos, así también se estudia en los ángeles su relación a los cuerpos (q, 51), al lugar corpóreo (q. 5,2) y al movimiento local propio de los cuerpos (q. 53).

Es, por otra parte, natural y propio de nuestro entendimiento en esta vida, cuyo objeto formal es la esencia, de las cosas sensibles (1." p., q. 84, a. 8; q. 85, a. 1 y a. 5 ad 3, aa. 6 y 8; q. 86, a. 2; q. 87, a. 3; q. 88, aa.1 y 3, etc.), conocerlo todo con alguna relación y dependencia de las cosas materiales. De ahí que aun las cosas más perfectas, como son los ángeles y Dios mismo, precisamente por razón de su misma perfección, simplicidad e inmaterialidad, no son objeto directo de nuestro conocimiento, y en tanto los conocemos naturalmente en cuanto los comparamos con las cosas sensibles (l.P., q.-84, a. 6 ad 3, etc.)

Por ello, si bien en la cuestión 50 queda suficientemente determinada la naturaleza de los ángeles en sí misma, se precisa ésta ahora con el estudio de las relaciones que unen el mundo angélico al mundo material, y en primer lugar a los cuerpos, excluyendo en la cuestión presente dos posiciones totalmente opuestas: la de los que afirmaron que los ángeles, aun siendo intrínsecamente inmateriales, tienen naturalmente cuerpo, al que se unen como forma (a. 1), y la contraria, que niega que los ángeles tomen cuerpo alguno real en sus apariciones (a. 2). La doctrina verdadera afirma que toman cuerpo algunas veces y explica qué operaciones pueden ejercer mediante esos cuerpos en que aparecen (a. 3).
II. ERRORES

Sin ir tan lejos como los materialistas y cuantos afirmaron que la naturaleza de los ángeles era corpórea o compuesta de materia y forma, algunos afirmaron que los ángeles, aunque intrínsecamente inmateriales y espirituales, tienen cuerpos, a los que naturalmente se unen, del mismo modo que el alma humana se une al cuerpo del hombre. Quizá en este sentido han de entenderse las expresiones de muchos autores eclesiásticos (cf. ad 3), de quienes se ha hecho mención en la introducción a la cuestión que precede. Especialmente afirmó esto Orígenes, bajo el influjo de la doctrina de los platónicos, renovada en cierto modo por los espiritistas en los tiempos modernos. Otros, a quienes Santo Tomás se refiere en el artículo 2, afirmaron, en cambio, con Maimónides, que los ángeles no toman nunca cuerpo real, sino solamente aparente, y así, cuantas apariciones se narran en las sagradas letras habrían de entenderse a modo de, sueños proféticos o Imaginarios.

Niegan también las apariciones reales de los ángeles, llegando hasta la negación de su misma existencia, los racionalistas, que tratan de explicar naturalmente cuanto en la Sagrada Escritura se refiere que de alguna manera trascienda el mundo sensible.

III. - ENSEÑANZA DE LA DIVINA REVELACION

a) DOCTRINA DE LA SAGRADA ESCRITURA.-De ella nos dice San Agustín: "La Sagrada Escritura, siempre voracísima, atestigua que los ángeles han aparecido a los hombres en tales cuerpos, que no sólo podían ser vistos, sino también tocados" (De civ. Dei, lib. XV, cap. 23, n. 1: ML 41. 468). Así, pues, tenemos:

a) Que los ángeles algunas veces toman cuerpo visible es una verdad reiteradamente expresada en los libros sagrados cuantas veces se habla de sus apariciones Y no se hace constar expresamente que se trate de una visión imaginaria venida en sueños. Han aparecido en diversas formas, bien de querubín con cuerpos de animales (en Ezequiel), de nube en el desierto, de viajeros, de guerreros, de sacerdotes en traje de lino y frecuentemente sin alas y algunas veces con ellas. Se cree que los cuerpos eran verdaderos, pues se distinguen de las apariciones en sueños, como la de Jacob (Gen. 2'8, .12-13) yla de San José (Mt. 1,20; 2, 19). No hemos de repetir las citas de la introducción al artículo 1.0 de la cuestión precedente. Pero sí ha de hacerse resaltar el pasaje del libro de Tobías donde el arcángel Rafael acompaña al joven, conviviendo con él durante el viaje y su permanencia en casa de Ragüel, en cuyo relato no se trata de un sueño (Tob. 5 s. Real también y no aparente fue la liberación de los jóvenes del foso de los leones, por un ángel (Dan, 3, 49), así como el socorro prestado por Habacuc, a quien el ángel lleva de los cabellos allí para dar de comer a Daniel (Dan; 14, 33. 35 Y 38). Ni soñaban tampoco la Magdalena y demás mujeres que fueron al sepulcro, viendo un ángel que les habló, dándoles cuenta de la resurrección del Salvador (Mt, 28, 5; Mc. 16, 5; Lc.: 24, 4; Ioan. 20, 11-13).

Expresivo a este respecto, con su conjunto de rasgos realistas, que imposibilitan toda apelación a la fantasía, es el pasaje de la liberación de San Pedro por el ángel; sacándolo de la cárcel y, rotas las cadenas conque estaba ligado, conduciéndole por medió de los centinelas de la primera y segunda guardia hasta el lugar donde los discípulos estaban reunido (Act, 12, 6-15). Que no fue esto un sueño ni algo imaginario, sino muy real, lo pone de manifiesto el relato mismo y las, consecuencias nada imaginarias que para los guardianes tuvo el suceso, pues cuando se hizo de día se produjo entre los soldados no pequeño alboroto por lo que habría sido de Pedro. Herodes le hizo buscar, y, no hallándole, interrogó a los guardias y los mandó conducir al suplicio (Act. 2; 18-19). Por donde con razón se ha dicho que "todo el pasaje es de un subidísimo realismo y de una verdad psicológica, con sus ribetes cómicos, deliciosísimos, que excluyen toda ficción literaria. Otra vez, la belleza literaria es garantía de verdad histórica" (El Nuevo Testamento, trad. Castellana BOVE'R-CANTERA, ed, de la B. A. C.).

2.° Que el cuerpo con que han aparecido los ángeles no les es connatural y propio, lo dan bien claramente a entender los mismos relatos bíblicos, presentándolo como superiores al hombre, aunque sin precisar las distinciones propias de cada uno. Ya se hizo notar anteriormente, tratando de su espiritualidad, cómo, aunque para hacerse visibles y cumplir su misión se narren sus apariciones bajo forma corporal, nunca se les atribuye el cuerpo en que aparecen como algo propio, ni se habla del alma o espíritu de los mismos, como si fuesen compuestos, de cuerpo y espíritu, sino que simplemente se les llama espíritus.