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martes, 5 de julio de 2016

LA EXISTENCIA DE DIOS - ROYO MARÍN

Quinta vía:
la finalidad y orden del universo
(CUARTA parte)
 





4. La finalidad en la correlación de las funciones fisiológicas.

23. l. Hechos de experiencia. Función para nosotros ahora es lo mismo que actividad o dinamismo de los órganos y aparatos que constituyen el elemento somático de un ser vivo.La función es el fin del órgano; el órgano es para la función, que no existe sin el órgano; y la función a que el órgano está destinado da razón de su estructura macroscópica y microscópica. Correlación es la conspiración armónica de varios órganos y aparatos a una actividad más compleja del ser VIVO. Esta correlación funcional nos ofrece bellos ejemplos de la existencia de Dios.

Pongamos uno. 

a) LA FUNCIÓN GLUCOGÉNICA. Tenemos en nuestro organismo una glándula, la mayor, llamada el hígado. Su complicación, como la de cualquier otro órgano, trasciende la ciencia humana; y la variedad de sus funciones indica su rica contribución a la economía orgánica. Una de ellas es la función glucogénica. Los alimentos hidrocarbonados se transforman, por la digestión, en glucosa, que por la vena porta el hígado acapara. Esta glucosa es fácilmente alterable; y como si el hígado lo supiera, la transforma en otra sustancia misteriosa que llamamos glucógeno. y así la guarda hasta que llegue el momento de dársela a la sangre, convertida de nuevo en glucosa; pues la glucosa se quema en los tejidos como principio energético de nuestras actividades vitales.

Aclarémoslo con un ejemplo. Una tonelada de petróleo es capaz de producir un trabajo, o sea, tiene energía potencial: la acumuló allí el sol, fuente máxima de energía para toda la tierra, cuando se formaron, en los períodos geológicos, aquellos seres orgánicos que dieron origen al petróleo. Esa energía potencial del petróleo, movilizada por el motor de explosión de una máquina, se convierte en energía actual y la máquina trabaja. Lo mismo pasa con nuestro organismo: la energía que el sol almacenó en la glucosa cuando ésta se formó en las hojas de la planta, es movilizada por las células y con- vertida en energía actual, que utilizamos para movemos, para andar, para trabajar...

b) EL PISO DEL CUARTO VENTRÍCULO. La sangre lleva constantemente Esta glucosa a nuestras células; pero la sangre no debe contener sino 1,24 gramos de glucosa por litro, aproximadamente. También lo sabe el hígado; y ésa es, ni más ni menos, la cantidad que le va dando, como si la pesara en una balanza de precisión. No hace sino obedecer órdenes que recibe de un centro nervioso situado en el piso del cuarto ventrículo del bulbo raquídeo. A este centro, con el fin de que pueda regir el proceso glucogénico de nuestro organismo, afluyen todas las impresiones oportunas de la periferia: y de él parten después todas las órdenes. Dispone, para ello, de otros centros asociados y de un gran número de vías nerviosas y motoras de distintas procedencias y de muy variadas funciones, y rige una porción de procesos secretos y vaso-motores.



La función es muy complicada y oscura, pero maravillosa.

Si el fisiologismo del hígado se altera, por una u otra causa, y hay exceso de glucosa en la sangre, el centro del bulbo avisa en seguida, por medio del gran simpático, al páncreas. Este, alarmado, segrega una hormona y la envía, o a la sangre o al hígado (que no se sabe), para que, detenido el exceso, se restablezca la glucemia normal.

Si esto no basta, entonces el centro del cuarto ventrículo pone en juego a otras glándulas de secreción interna, y al fin se comunica con los riñones, que, como un filtro, retienen y eliminan la parte nociva de ese hidrato de
carbono, tan peligroso, entonces para nuestro organismo.

Si la glucemia fuera inferior a la normal, el cuarto ventrículo avisa a otro centro del sistema simpático; éste excita a las glándulas suprarrenales, que vierten en la sangre un exceso de adrenalina, sustancia que fuerza al
hígado a elevar la producción de glucosa.




c) ATENCIONES QUE EXIGE LA ACTIVIDAD MUSCULAR.

Supongamos un trabajo muscular intenso: un hombre corre, por ejemplo. Mientras más veloz vaya un automóvil o mientras más active una máquina su trabajo, más combustible necesita. Así nuestro organismo. Veamos el proceso:

1 ° Las células de la pierna y del pie necesitan combustible, es decir, energía potencial, que ellas, con su bioquismo, movilizan para convertirla en energía actual.

2° Por medio de los nervios de la pierna, que hacen el oficio de un tendido telefónico, las células piden glucosa al centro nervioso del bulbo, que cursa inmediatamente una orden al hígado para que envíe más.

3° El hígado responde exigiendo vehículo para transportarla, pues la sangre no admite sino una cantidad fija por litro; y el único medio de mandar más glucosa a un tejido es hacer pasar por allí más sangre en el mismo tiempo.

Otra orden del bulbo al centro que rige todo el sistema circulatorio, y que está también en la médula oblongada, para que dilate los vasos de la pierna y cierre los del aparato digestivo, por ejemplo, que entonces no necesitan tanta irrigación sanguínea.

5° El centro circulatorio ejecuta la orden y van saliendo del hígado más saquitos, glóbulos rojos, que se dirigen, repletos de glucosa, hacia las numerosas poblaciones de células de la pierna y del pie.

6° Pero el ejercicio muscular fuerte produce un aumento de sangre venosa que va a parar al corazón. Los nervios de la aurícula derecha dan la voz de alarma. Por eso el sistema nervioso central provoca en seguida la aceleración de los latidos cardíacos, y así se elimina el exceso peligroso de sangre venosa.

7° Nueva llamada de las células de la pierna; hay glucosa combustible en abundancia; ahora hace falta comburente y a la vez refrigerante. Mientras más carbón se le echa a una máquina, más tiro de aire necesita y más refrigeración. Las células piden más oxigeno frío para quemar la glucosa y contener la elevación de temperatura.

8° El cuarto ventrículo recibe el aviso ya su vez transmite otro al centro respiratorio, que se halla también en el bulbo.

9° Este se comunica con otros centros auxiliares del eje gris de la médula, en relación directa con los órganos de la respiración: envía oxígeno a las extremidades inferiores.

10° En efecto, los pulmones empiezan a dilatarse y contraerse con más frecuencia y, a través del epitelio pavimentoso de sus lobulillos, pasa el aire a los glóbulos rojos de la sangre, que en menos de un segundo descargan el bióxido de carbono caliente que traen como residuo de la combustión de la glucosa, cargan oxígeno frío y se van.

2. La inteligencia que preside; Este es el sorprendente proceso glucogénico de nuestro organismo, descrito en términos vulgares y prescindiendo de otros pormenores y funciones secundarios. Aquí vemos:

1. Un orden complejísimo y dinámico.

2. Con una finalidad objetiva innegable.

Algo se busca, y para conseguirlo se ponen en juego los sistemas y aparatos más distintos del organismo, con una habilidad, seguridad y rapidez impresionantes. Cada órgano, cada centro, cada nervio y cada célula:

1° Parecen conocer las necesidades presentes y futuras de todo el conjunto.

2° Actuar de acuerdo con ellas.

 y movilizar todas las piezas que se necesiten a fin de asegurar el éxito de la función, Para que todas ellas actúen y se combinen tan maravillosa y oportunamente, es absolutamente necesario que sean presididas por una inteligencia; que no es la del hombre, ya que éste ignoró durante mucho tiempo la existencia del hígado,

Luego es la de Dios. Es decir, que existe Dios.

5. Otros casos de finalidad sapientísima

24. l. El ojo y la luz. Suele citarse, como maravilloso caso de correlación entra las causas para conseguir un fin, la armonía del ojo con la luz, armonía que denota un designio, y, por tanto, un pensamiento. El Dr. Barraque, famoso oftalmólogo de Barcelona, halló la misma longitud para las estrías de los bastoncitos retinianos y para las ondas estacionarias luminosas transmitidas al cerebro. Esta capacidad misteriosa entre el ojo y la luz indica que el ojo no ve por una casualidad de las fuerzas ciegas, sino que está hecho para ver, y precisamente para ver con estas radiaciones luminosas y no con otras.