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viernes, 17 de junio de 2016

RUSIA Y LA IGLESIA UNIVERSAL - Vladimir Soloviev

Campana de la torre de la catedral sumergida de San Nicolás en la ciudad Kalyazin en el reservior de Rybinskoye en el río Volga

RUSIA Y LA IGLESIA UNIVERSAL

Si se puede hablar de una idea directriz del libro que abordamos, ella hay que buscarla en la misión mesiánica, política y eclesial, de Rusia. Soloviev la propone en la Introducción, a manera de tesis: "El carácter profundamente religioso y monárquico del pueblo ruso, ciertos hechos proféticos de su pasado, la masa enorme y compacta de su Imperio, la gran fuerza latente del espíritu nacional, en contraste con la pobreza y el vacío de su existencia actual, todo esto parece indicar que el destino histórico de Rusia es suministrar a la Iglesia universal, el poder político que le es necesario para salvar y regenerar a Europa y al mundo", y la retoma, en forma de oración, al final del mismo: "Espíritu inmortal del bienaventurado apóstol San Pedro, ministro invisible del Señor en el gobierno de su Iglesia visible, tú sabes que ella ha menester de un cuerpo terrestre para manifestarse. Tú le has dado ya, por dos veces, un cuerpo social: en el mundo greco-romano primero, y luego en el mundo romano-germánico, sometiéndole el imperio de Constantino y el imperio de Carlomagno. Después de estas dos provisorias encarnaciones, ella espera su tercera y última encarnación. Todo un mundo lleno de fuerzas y deseos, pero sin conciencia clara de su destino, llama a la puerta de la historia universal. ¿Cuál es vuestra palabra, pueblos de la palabra? Vuestra masa no lo sabe todavía, pero potentes voces, salidas de entre vosotros, lo han revelado ya. Hace dos siglos, un sacerdote croata lo anunció proféticamente y, en nuestros días, un obispo de igual nación, lo ha proclamado varias veces con elocuencia admirable. Lo que dijeron los representantes de los Eslavos occidentales, el gran Krizanic y el gran Strossmayer, sólo necesitaba el simple amén de parte de los Eslavos orientales. Este amén vengo a decirlo en nombre de cien millones de cristianos rusos, en la firme y plena confianza de que no me desautorizarán... ¡Ábreles, pues, portero de Cristo, y que la puerta de la historia sea para ellos, y para el mundo entero, la puerta del Reino de Dios"

Juraj Krizanic, sacerdote católico croata, fue uno de los primeros pan eslavófilos. Por su obra sobre el estado: "Política", escrita entre 1663-1665, es el primer gran proclamador de, la nacionalidad de los eslavos.  José Jorge Strossmayer, (4, Feb. 1815-8, Ab. 1905). Obispo católico de Diakorar (1850-1905), y desde 1851, simultáneamente administrador apostólico de Belgrado, fue uno de los principales promotores del movimiento nacional de los eslavos occidentales.

Eclesiásticamente estuvo en estrecha relación con los orientales ortodoxos, procurando su unión con Roma. En el Vaticano I, fue, un vehemente enemigo de la definición de la infalibilidad papal. En 1885, le escribía a Soloviev: "Dios quiere, evidentemente, que los eslavos de la Iglesia de Oriente, en una alianza fraternal con la Iglesia de Occidente, sean la salvación de Europa, y la regeneración del Asia. Esta gloria y este honor le pertenecen a la excelente, muy pelillosa y muy generosa nación de los Eslavos rusos, es decir, a vuestro muy augusto y cristiano emperador, quien, convertido en el iniciador y el autor de la reconciliación de las dos Iglesias separadas, será el verdadero defensor y el procurador de Cristo Señor y de su Santa Iglesia sobre la tierra”.

Pero la idea de Soloviev viene envuelta, sostenida y elaborada con tal cantidad de datos históricos, aserciones dogmáticas, reflexiones teológicas y filosóficas, que, a la postre, resulta empobreciente, cuando no desvirtuante, el ensayo de una síntesis valorizadora de la obra de Soloviev.

Rusia y la Iglesia universal es un libro que tuvo -tiene hoy- una enorme repercusión, tanto en la Ortodoxia corno en, el Catolicismo. Dentro de los ambientes rusos, se le reprochó a Soloviev su occidentalismo; en el campo católico, se lo saludó como el que indicaba el camino de retorno. En la clase anterior, ya me ocupé de la posición del gran pensador ruso, sobre la que no volveremos en esta exposición, que se limitará, fundamentalmente, a presentar un resumen del libro.

La leyenda rusa de San Nicolás y dé San Casiano No puede dejar de transcribirse esta leyenda, pues no sólo comienza el libro de Soloviev, sí que también da una clave para su inteligencia. "San Nicolás y San Casiano, dice una leyenda popular rusa, enviados del Paraíso para visitar la tierra, vieron un día por et camino a un pobre paisano cuya carreta, cargada de heno, había quedado atascada en el cieno, y que hacía infructuosos fuerzas para hacer adelantar su caballo.

"-Vamos a echar una mano a ese buen hombre, dijo San Nicolás.

"-Me cuidaré bien de hacerlo, respondió San Casiano; temo ensuciar mi clámide.

"-En ese caso espérame o bien sigue tu camino sin mí, dijo San Nicolás, y metiéndose sin miedo en el barro, ayudó animosamente al paisano a sacar su carreta del pantano. Cuando hubo terminado y se reunió con su compañero, San Nicolás estaba cubierto de lodo y su clámide sucia y desgarrada parecía vestimenta de pobre. Grande fue la sorpresa de San Pedro cuando le vio llegar en ese estado a la puerta del Paraíso.

-iEh! ¿Quién te ha puesto así?, le preguntó.

San Nicolás contó lo sucedido.

-y tú, preguntó San Pedro a San Casiano, ¿no estabas con él en esa coyuntura?

-Sí, pero no tengo costumbre de mezclarme en lo que no me importa, y ante todo he pensado no alterar la blancura inmaculada de mi clámide.

-Pues bien, dijo San Pedro, tú, San Nicolás, a causa de no haber temido ensuciarte con tal de librar de contrariedades a tu prójimo, serás festejado en adelante dos veces por año, y serás considerado como el más grande santo después de mí, por todos los campesinos de la santa Rusia. Y tú, San Casi ano, conténtate con el placer de tener una clámide inmaculada: tu fiesta será sólo los años bisiestos, una vez cada cuatro años".

Soloviev ve una imagen, respectivamente, de la! Iglesia occidental, en San Nicolás, y de la oriental, en San Casiano. "Desde hace mil años, la cristiandad oriental ha identificado la religión con la piedad personal, y considerado la oración como !a obra religiosa única. La Iglesia occidental, sin desconocer la piedad individual como el verdadero germen de toda religión, quiere que, este germen se desarrolle y produzca frutos en una actividad social, organizada para la gloria de Dios y para el bien universal de la humanidad. El Oriental ora, el Occidental ora y trabaja. ¿Quién de los dos tiene razón?"

Soloviev les dice a los rusos: "No se nos pide que cambiemos nuestra naturaleza oriental, o reneguemos, de nuestro espíritu religioso. Debe, únicamente, reconocerse sin reservas, esta simple verdad: que nosotros, el Oriente, no somos más que una parte de la Iglesia universal, y una parte que no tiene el centro en sí misma, y que, por consiguiente, nos es necesario reunir nuestras fuerzas particulares y periféricas, con el gran centro universal que la Providencia ha colocado en Occidente".

En suma, no dejar de ser Casiano, y aceptar a San Nicolás. La misión de Rusia Aquí introduce Soloviev la gran cuestión: "¿Qué debe hacer la Rusia reformada por Pedro el Grande y sus sucesores; cuál es el objeto de la Rusia actual? ¿Cuál es la razón de ser de Rusia en el mundo?"

continuara...