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lunes, 30 de mayo de 2016

La Santa Rusia

San Cirilo y San Metodio

Las lenguas


Para Khomiakov, la filología es el complemento de la historia. Ella debe contribuir a restituir a los Eslavos, el lugar al que tienen derecho en la evolución de la humanidad.  La palabra es el patrimonio de los lranios: de éstos es dominio del pensamiento, de la poesía, de la plegaria viviente y libre, mientras que el patrimonio de los Cusitas era la lucha silenciosa con la naturaleza, y la grandeza de la arquitectura colontal.  De manera particular, la palabra (slavo) parece pertenecer a los eslavos (eslovenos). La palabra de verdad, despertando la actividad interior del alma: y restaurando su armoniosa belleza, contiene en sí un carácter de universal actividad, ennoblece el ser moral de sus discípulos, La palabra es esencialmente viviente. Su estudio, la filología, será, por tanto, una ciencia viviente, Tendrá en cuenta las condiciones en que han vivido los pueblos, las vicisitudes que han sufrido, las mezclas de razas, que producen lenguas nuevas.  "Todo se refleja en el lenguaje", y uno puede, en la vida del pensamiento, leer la historia de la humanidad. "La filología comparada tendrá por objeto reconstruir la historia de esos siglos que no nos han dejado monumentos escritos, y determinar la edad en la que el gran árbol de la humanidad ha echado sus potentes ramas". Aquí, como en otras cosas" a los Alemanes les falta el sentido de la vida. "Se lanzan a la anatomía de las palabras".

Los Eslavos deben crear la filología viviente que, abandonando "el antiguo punto de vista puramente material", tomará en consideración el desarrollo orgánico del pensamiento. Para el tiempo de Khomiakov, la filología daba sus primeros pasos. El los seguía atentamente, conocía tanto los trabajos de los Eslavos como los de los alemanes Bopp y Grimm; pero no ha ensayado constituir un sistema de filología o lingüística.  Sin duda, se daba cuenta que estas ciencias eran todavía demasiado nuevas para sacar conclusiones sólidas, Procedía más bien por intuiciones, sobre todo en el dominio de la etimología, en la que, gustaba espigar ecos de tradición íranía y restos de la vida eslava, mezclando ingeniosas primeras miradas con numerosas suposiciones arriesgadas. Sobre todo se ayudaba de la filología, para buscar en la mitología griega, los rastros de leyendas eslavas, y trataba de leer en inscripciones liceanas los más antiguos testimonios de la escritura eslava.

Un terreno filológico más firme, lo encontraba Alexis en la comparación del eslavo con el latín y el sánscrito. Así, enumera sus afinidades: ausencia de artículo, comunidad de raíces, identidad de las leyes del desarrollo de las palabras. Cita en el vocabulario y la morfología del latín, entidad de semejanzas con el eslavo y concluye: "el fundamento lingüístico del dialecto latino, pertenece plenamente al sistema eslavo, y da deducciones que confirman la verdad de los relatos sobre la fundación de Alba y el eslavismo de los pueblos troyano y lyciano". "Más estrecho aún parece el parentesco entre el eslavo y el sánscrito. El filólogo que tenga el sentimiento de la verdad de los sanes, notará que la lengua eslava, por la plenitud de sonidos y el carácter del timbre, es la única que reproduce en el oído la impresión producida por el sánscrito".

En apoyo de su tesis, compuso el Léxico, al que antes aludimos, en el que “comparaba más de mil palabras sánscritas con palabras rusas". De sus estudios, Khomiakov concluía que "no se puede hacer la filología comparada de las lenguas indoeuropeas, sin tener como base el eslavo, que es el anillo intermediario que une a Europa con el Irán". Alexis no amaba al eslavo sólo por su importancia filológica, sino también por su belleza. "Nuestra palabra, única en el globo terráqueo, es sólida como el granito, límpida y fluida como el agua de la fuente. Los Eslavos son, de todas las razas humanas, la raza por excelencia de la palabra", y haciendo el elogio del ruso escribe: "Nuestra lengua, en su exterior material y en sus sonidos, es una envoltura tan transparente, que se ve, a través de ella, brillar constantemente, el movimiento intelectual que la crea. Ella es, aún hoy día, para el pensamiento, un cuerpo orgánico enteramente sometido al espíritu, y no una caparazón artificial...Cada palabra, en particular, tiene su fisonomía, su movimiento propio, que testimonia su contenido interior. Cambia el pensamiento, cambia también la inflexión. No hay, o casi no hay, en la lengua rusa, depósitos ni cristalizaciones; todo se agita, respira y vive". Dice Gratieux: "Es difícil dar, incluso en compendio, una idea completa de un conjunto tan frondoso como es la obra histórica de Khomiakov, y de apreciar y verificar todos los detalles”.

Sería un milagro que, entre tantos hechos e hipótesis, no se hubieran deslizado errores, exageraciones, aserciones, no verificadas o quizás inverificables. Pero lo que permanece verdadero, pese a todo, es la belleza de esa concepción de la historia viva, tanto en su objeto cuanto en el espíritu de su autor.

Una curiosidad universal, guiada por una simpatía no menos universal por todo lo que es ruso, por todo lo que es eslavo, y más aún, por todo lo que es humano, en vistas a justificar el espíritu libre y preparar su triunfo sobre la materia: tal es el alma de la historia para Khomiakov, y se puede decir que, tratada así, la historia es, verdaderamente, una justificación del Eslavofilismo".


EL IDEAL ESLAVOFILO

El ideal espiritual: la Iglesia El Eslavofilismo miraba hacia el pasado para encontrar allí sus raíces; miraba hacia el porvenir, para preparar la expansión de su ideal. Su ideal era, en primer lugar, espiritual, sin desconocer la necesidad de ciertas realizaciones temporales.

Este ideal tenía una idea central, que era su alma, su luz y su vida: la Iglesia. Igualmente, está presente siempre en el horizonte intelectual de Khomiakov. Su ideal era una humanidad penetrada del ideal de verdad, de justicia y de amor, que debe realizar la Iglesia. Miraba a la Iglesia más como Cuerpo místico que como sociedad eclesiástica. Insistía mucho en lo segundo, le parecía una desviación, y señalaba en ello la "herejía occidental". Posteriormente hará más justicia a las contingencias históricas de la Iglesia.

Debido en los Santos Padres, y en una profunda vida cristiana, el misterio de la Iglesia apasionaba a Khomiakov. "Ella es un organismo viviente, el organismo de la verdad y del amor, o más exactamente, la verdad y el amor como organismo", escribía. Todo, en la Iglesia, está en función del amor, repite, sobre todo en su opúsculo sobre la misma, que fue el primer trabajo teológico de Alexis, "Por encima de todo, está el amor y la unión"; "por encima de todo está la unión de la santidad y del amor". "El amor es la corona y la gloria de la Iglesia".

Este organismo viviente tiene su alma: el Espíritu divino. La Iglesia contiene en sí la plenitud de las manifestaciones de la vida divina: la Tradición y la Escritura, la fe y las obras. Abraza a todos los hijos de Dios, pasados, presentes y futuros. "El que vive sobre la tierra, el que ha terminado la carrera terrenal, el que ha sido creado para la vida terrenal, todos, están unidos en una sola Iglesia, en una sola gracia divina" …El primer carácter de la Iglesia es la unidad, que fluye de la unidad divina, de la acción íntima del Espíritu Santo.


A la unidad se agregan, como otros caracteres, "la santidad interior, que no permite ninguna mezcla de mentira, porque ella vive del Espíritu de verdad; y la inmutabilidad exterior, porque su guardián y cabeza, Cristo, no cambia". La Iglesia es visible, pero no Fa es verdaderamente más que a los ojos de la fe. "Para el incrédulo el sacramento no es sino un rito, y la Iglesia no es sino una sociedad. El creyente, con los ojos del cuerpo y de la razón, no ve la Iglesia más que en sus manifestaciones exteriores, pero el espíritu la reconoce en los sacramentos, en las plegarias yen las buenas obras. Así, no la confunde con la sociedad que lleva el nombre de los cristianos. “A las miradas carnales, al espíritu que razona según la carne, la Iglesia permanece invisible, en la visible sociedad de los cristianos". La fe es, esencialmente, viviente; por lo tanto, está unida necesariamente al amor; una fe puramente exterior es una fe muerta, a la cual se sustrae el conocimiento de los misterios.