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miércoles, 25 de mayo de 2016

LA EXISTENCIA DE DIOS - ROYO MARÍN

Quinta vía:
la finalidad y orden del universo
(segunda parte)



LA CONSTANCIA DE LA MEZCLA ATMOSFÉRICA

Otro caso maravilloso de teleología, de orden físico- químico, nos lo ofrece la proporción constante, tan adecuada a los pulmones y traquea de los animales y a la fisiología vegetal, que en el aire guardan siempre sus componentes; a pesar de que no sólo el oxígeno, por la respiración, fermentaciones, etc., sino también el nitrógeno, fijado por las bacterias del suelo labrantío y sustraído por las descargas eléctricas... está en continuo proceso evolutivo. Con todo, la composición del aire siempre es la misma y la única apta para que respiren los seres vivos.

3. La finalidad en la vida vegetal y animal

a) LA FOTOSÍNTESIS VEGETAL

21. l. Hechos de experiencia. El mundo está poblado de seres vivos; se conocen casi tres millones de especies vegetales y animales; y como cada especie tiene, en general, millones de individuos, el número de seres vivos
en el mundo es de muchos billones.

a) PURIFICACIÓN DE LA ATMÓSFERA. Todos los seres vivos respiran, es decir, toman del aire el oxígeno y devuelven al aire bióxido de carbono. Naturalmente que, si el aire quedara así, a los pocos días se haría irrespirable, como el aire de un salón cerrado con muchas personas dentro, y todos los seres vivos morirían por asfixia. ¿Cómo renovar este aire? El de un salón se renueva abriendo las ventanas. Pero nuestra atmósfera es un sistema cerrado sin intercambio gaseoso con el exterior; imposible renovarla; hay que proceder más bien a purificaria. ¿Y es posible estar purificando todos los días masas considerables de aire? En efecto, esos seres que nos parecen tan triviales y de los que nadie se cuida, ni poco ni mucho, las hojas y, en general, las partes verdes de las plantas, toman por su cuenta esta función de tanto interés para el presente y el futuro de la vida en nuestro planeta. Las hojas, estructura tan complicada que ningún biólogo es capaz de fabricarlas en su laboratorio, ni siquiera de entenderlas, absorben por los estomas del envés el aire  cargado de bióxido de carbono; y, bajo el influjo de la luz solar, que es absolutamente necesaria, por un proceso misterioso que la ciencia todavía no ha podido averiguar y que quizá nunca averigüe, lo descomponen; se quedan con el carbono para fabricar sus compuestos ternario, indispensables para la vida vegetal, y devuelven el oxígeno a la atmósfera, que así queda purificada.

b) MISTERIOS EN EL SILENCIO Y SOLEDAD DE LOS CAMPOS. Notemos que, siendo el bióxido de carbono, lo mismo que el agua absorvida por la raíz y que se encuentra con aquél en el espesor de la hoja, de gran equilibrio estático:

No se ha podido descomponer en los laboratorios sino después de muchos siglos de progreso.

Con aparatos apropiados.

y mediante un gran consumo de energía, equivalente a la que desarrollaron al formarse.

Con todo esto, la hoja

Sin otras máquinas ni instalaciones que sus parénquimas y sus diminutos cloroplastos.

Sin más energía que la luz solar.

A la temperatura y presión ordinarias.

En medio de ese silencio y soledad impresionantes de los campos.

y desde que hay hojas en el mundo, se encarga de esta operación, tan trascendental que de ella depende el aliento vital de todos los seres vegetales y animales. Ni sólo esto, sino que con el carbono sobrante y el hidrógeno del agua que sube por las raíces, los granos de clorofila fabrican las sustancias orgánicas que, conducidas por la savia a las células, son transformadas en los elementos constitutivos de la planta, suben al piso orgánico y adquieren así esa intríncadísima y armónica complicación que sólo los sabios, a fuerza de estudio y técnica, y en los últimos siglos, han podido, a medias, descubrir y aún no han llegado a entender.

Tal es la actividad de los cloroplastos, que, en una hora de trabajo y por el influjo de la luz solar, fabrican sustancia orgánica para treinta horas de consumo. y así resulta que esos minúsculos granos de clorofila no sólo suministran respiración a todos los seres vivos, sino también alimento.

Por eso, ni el mundo vegetal ni el animal podrían subsistir si se declararan en huelga, por sólo unos días, esas incontables fábricas de fotosíntesis, como son las hojas que forman los bosques, los valles, las praderas, las huertas y las avenidas y jardines de pueblo y ciudades.

2. El autor de los granos de clorofila.
Sobre este hecho podemos, como antes argüir, con este orden admirable y dinámico:

Algo se busca: aquí resplandece un plan, una tendencia teleológica.

Que coordina y pone en juego muchos elementos, lo mismo la partícula de aire que el rayo de luz, como medios para asegurar la respiración y nutrición de los seres vivos.

Por intentar un fin y disponer los medios para conseguirlo supone un entendimiento, y en nuestro caso no es el del hombre, que comenzó a existir mucho después que los granos de clorofila. Luego ese entendimiento es el de Dios. Es decir, que existe Dios.


3. Absurdos materialistas. Si no existiera un entendimiento y poder superior, la hoja debería su estructura y mecanismo a la tierra, al agua, al sol... No digo el germen de la planta porque nuestro planeta fue, un tiempo, astro incandescente incapaz de albergar cualquier germen vital. De modo que éstos, si no fueron creados, proceden, en definitiva, del suelo. Y, como decíamos antes, se sigue entonces, con férrea consecuencia, que un terrón de tierra tiene, desde el principio del mundo, más talento y espíritu de observación que Linneo, porque produce protoplasmas vivos, cuya constitución, que nadie entiende, el sabio sueco se limitó
a descubrir.