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sábado, 28 de octubre de 2017

EL CORAZÓN ADMIRABLE DE LA MADRE DE DIOS. SAN JUAN EUDES





¡Oh humildad maravillosa del Corazón de María! ¡Oh humildad santa, que podría decir cuán agradable eres al que ama tanto los corazones humildes y odia tanto los soberbios! Tú eres, humildad divina, la que proporcionaste un paraíso de delicias a mi Jesús en el Corazón de su sacratísima Madre.
Tú eres también la que haces que él habite y tenga sus delicias en todos los corazones que son verdaderamente humildes: como por el contrario, el demonio habita en los corazones soberbios.
Sí, querido hermano, tú que lees esto, sabes que si la verdadera humildad está en tu corazón, éste es un paraíso para Jesús que pone en él su deliciosa morada. Pero si en él hay orgullo, es un infierno Heno de horror y de maldición donde residen los diablos. Y por tanto, teme, detesta, huye de la vanidad y la arrogancia: ama, desea, practica la humildad en todas las maneras posibles y graba en tu corazón estas palabras del Espíritu Santo: "Humíllate en todas las cosas, y hallarás gracia ante Dios, ya que él es honrado por los humildes" (5).
§ 3. LA NUEVA EVA Y EL ARBOL DE LA VIDA
Veo allí en primer lugar el árbol de la vida y el árbol de la ciencia del bien y del mal, que están plantados en el centro, y muchos otros árboles que producen toda clase de frutos agradables a la vista y deleitables al gusto. Pero vernos otros árboles incomparablemente mejores en nuestro segundo Jardín, de los cuales, los primeros no son más que sombras.
Allí no vemos el verdadero Árbol de la vida, que es Jesús, el Hijo único de Dios, a quien su Padre plantó en el centro de este divino Paraíso, es decir, en el Corazón virginal de su santísima Madre, cuando el Ángel le dijo: Dominus tecum: "El Señor es contigo": Lo cual explica San Agustín de esta manera: "El Señor es contigo, para estar en tu Corazón primeramente, después para estar en tu vientre virginal; para llenar  el seno de tu alma, y después para llenar tus entrañas purísimas" (6).
¿No es el fruto de este Árbol de la vida quien nos devolvió la vida y la vida eterna, el que hablamos perdido al comer otro fruto que nos había sido presentado por una mujer que se llamaba Eva? Y este fruto de vida ¿no nos fue dado por manos de otra mujer, toda divina que se llama María? Habla San Bernardo: «¿Qué decías, Adán?». "La mujer que me hablas dado, me dio el fruto del árbol, y comí". "Esas palabras más bien que disminuir, aumentan tu falta". "Cambia, pues, esa mala excusa en un grito, de acción de gracias, y di": "Señor, la mujer que me diste me dio el fruto del árbol de la vida, y comí, y mi boca la halló más dulce que la miel, porque tú me has dado la vida con este precioso fruto Y a continuación, el mismo santo exclama: "Oh Virgen maravillosa y dignísima de todo honor! ¡Oh mujer, que merece una veneración singularísima! ¡Oh mujer admirable, más que todas las mujeres, que reparaste la falta de tus padres, y diste la vida a aquellos de tu raza que vendrían después de ti» (7).
Ese es el primer árbol que vemos en nuestro segundo Paraíso, más celestial que terreno.
Tampoco vemos allí al árbol de la ciencia del bien y del mal, puesto que el Corazón luminosísimo y esclarecidísimo de la Madre de Dios, que es la casa del Sol, como se ha dicho, y que llevó siempre en si a aquel en el que están escondidos todos los tesoros de la ciencia y de la sabiduría de Dios, fue henchido de la ciencia de los Santos, de la ciencia y de la sabiduría del Santo de los santos, que le hizo conocer perfectamente el bien que es Dios y le dio un conocimiento clarísimo del sumo mal que es el pecado. Mas porque ella no conoció el pecado como lo conocieron Adán y Eva, trasgrediendo el mandato de Dios, sino que lo conoció en la luz de Dios y como Dios lo conoce, aborreciéndolo como Dios lo aborrece, el fruto de este árbol no fué para ella funesto y mortal, como lo fue para el primer hombre y la primera mujer, el del árbol de la ciencia del bien y del mal que había en el primer paraíso.
De suerte que, como Dios dijo a Adán después de su pecado, pero en un sentido que se dirigía a
su confusión y condenación: He aquí a Adán que ha llegado a ser uno de nosotros, que sabe el bien y el mal: lo mismo se podría decir de nuestra preciosísima Virgen, pero en un sentido que redunda en su alabanza y gloria: He aquí a María que ha llegado a ser semejante a nosotros, que conoce el bien y el mal como nosotros lo conocemos, que usa de este conocimiento como nosotros usamos, y que por este medio es santa y perfecta como nosotros somos santos y perfectos.
Vemos todavía otros muchos árboles en nuestro nuevo Jardín, es decir, en el Corazón de nuestra divina María, totalmente cargados de excelentes frutos agradabilísimos a la vista y deliciosísimos al gusto del que los plantó. ¿No son éstos los frutos de que habla a su Predilecto, cuando le dice: "Venga mi Predilecto a su jardín y coma el fruto de sus manzanos"? Su fe, su esperanza, su caridad, su sumisión a la divina Voluntad, son otros tantos árboles plantados en su - Corazón, que produjeron una infinidad de hermosos frutos. Su pureza virginal, ¿no es un árbol celestial que dio el fruto de los frutos, el Rey de las Vírgenes, y después tantos millones de santas Vírgenes como ha habido, hay y habrá en la Iglesia de Dios? Su celo ardentísimo por la gloria de Dios y la salvación de las almas, ¿no es un árbol divino que dió tantos frutos cuantas son las almas a cuya salvación ella ha cooperado?
§ 4. EXHORTACIÓN
Como conclusión de este capítulo, después de haberte puesto ante los ojos al Corazón bienaventurado de la Madre de Dios como el Paraíso de las delicias del Hombre-Dios, te diré. Querido hermano, que es absolutamente necesario que tú corazón sea o un infierno dé suplicios para ti, o un paraíso de delicias para ti y para Jesús.
Escoge, pues, hermano; porque en tu mano está hacer de tu corazón un paraíso o un infierno.
Si deseas hacer de él no un infierno, sino un paraíso, tienes que practicar tres cosas:
La primera, es echar fuera de él a la serpiente y al hombre viejo, es decir, a todos los enemigos de Dios.
La segunda, considerar al Corazón virginal de tu dignísima Madre, como al primer Paraíso de las delicias de Jesús, y como al modelo y ejemplar de muchos otros paraísos que él quiere tener en los corazones de sus verdaderos hijos, y especialmente en el tuyo; y por consiguiente, examinar cuidadosamente la forma y el estado de este sagrado Jardín, para preparar tú uno semejante en tu corazón; volver a ver y a estudiar lo que se dijo antes, tocante a lo que esta santísima Virgen hizo con las tres potencias de su alma, con) sus sentidos interiores y exteriores y con sus pasiones, a fin de hacer tú lo mismo con las tuyas, en cuanto te sea posible con la gracia de su Hijo; plantar en el centro de tu jardín el árbol de la vida que es Jesús, y hacer de tal suerte por la fidelidad y la perseverancia, que quede allí arraigado tan profundamente que jamás pueda ser separado de allí; plantar también allí el árbol de la ciencia del bien y del mal, ejercitándote en el conocimiento de Dios que te lleve a amarle, y en el conocimiento del pecado que te lleve a odiarlo; y plantar además los santos árboles de la fe, de la esperanza y de la caridad, de la sumisión a la voluntad de Dios, del celo por su gloria y por la salvación de las almas, que producen abundantemente frutos de toda suerte de
buenas obras. También plantar allí las flores de todas las demás virtudes, especialmente el cultivo del temor de Dios, sólo el cual es capaz de cambiar tu corazón en un paraíso de bendición (8), la violeta de la humildad, el lirio de la pureza, la rosa de la caridad y el clavel de la misericordia: "La gracia, dice el Espíritu Santo (9), es decir, la misericordia y compasión de las miserias del prójimo, es un paraíso de bendiciones para los que la ejercitan". Más, regar todos estos árboles y todas estas flores con las aguas vivas de la gracia y de la devoción, que debes sacar de la fuente de los santos Sacramentos, de la oración y de la lectura de libros de piedad.
La tercera cosa que tienes que hacer, después de todo eso, te lo declara Dios en estas palabras: "Guarda tu corazón con todo el cuidado y la diligencia posibles, porque él es el principio de la vida" (10).
Para ello, ponlo confiadamente en las manos de Dios; porque si lo guardas en las tuyas, seguro que lo perderás; y pídele que ponga a la puerta de este paraíso un querubín, con una espada resplandeciente en su mano, es decir: la ciencia y el conocimiento de ti mismo, verdadera madre de la humildad, que es el guardián de todos los tesoros del cielo en un corazón-, con el verdadero amor de Dios, que es una espada cortante de dos filos, que corta la cabeza del amor propio y del amor al mundo, que son dos fuentes envenenadas con todas las aguas pestíferas del infierno, que harían morir todos los árboles y todas las flores de tu jardín, si entrasen en él.
Si procuras hacer estas tres cosas, que son fáciles con la gracia de Dios, que no la niega a los que se la piden, tu corazón será un paraíso delicioso para Jesús, el cual nos asegura que sus delicias son estar con los hijos de los hombres; y para ti un paraíso de paz, de reposo y de dulzura increíble.

LIBRO TERCERO
QUE CONTIENE OTRAS SEIS IMÁGENES
DEL CORAZÓN VIRGINAL DE LA REINA
DEL CIELO

CAPÍTULO 1
Séptima imagen de¡ Corazón sagrado de la Madre de Dios, que es la Zarza ardiente que vio Moisés sobre el monte Horeb
§ 1. ARBUSTO DE DIOS
Orígenes, San Gregorio de Nisa, San Bernardo y muchos otros santos Padres están de acuerdo en que esta Zarza ardiente, de la que habla el capítulo tercero del Éxodo, es una figura de la santísima Virgen, la cual llevó, dice San Germán, patriarca de Constantinopla, en una naturaleza mortal y corruptible, el fuego consumidor de la Divinidad, sin ser consumida. Pero el doctísimo y piadosísimo Juan Gersón canciller de la célebre Universidad de París, y uno de los más ilustres Doctores de esta famosísima Academia de ciencias divinas y humanas, escribiendo sobre el divino Cántico de la bienaventurada Virgen, y hablando de su Corazón sagrado, dice que estaba figurado en esta misma zarza ardiente que Moisés vid sobre el monte Horeb. Y no habla de este modo sin razón: porque en efecto, este prodigio extraordinario de una zarza que se quema en medio de un fuego ardentísimo, y que no se consume, es una bellísima imagen de este mismo Corazón, que se encuentra allí perfectísimamente descrito en muchas cosas.
No debemos menospreciar esta zarza porque no es sino una zarza, un miserable arbusto, el último de todos los arbustos. Por el contrario, le debemos respetar, ya que Dios le honró hasta el punto de escogerle, a despecho de los altísimos cedros del Líbano, para hacer brillar en él el esplendor de su gloria en medio del fuego y de las llamas en que se estaba abrasando. ¿Quieres saber por qué? Escucha al Espíritu Santo: "El Señor, aunque infinitamente elevado ,sobre todas las cosas y altísimo, sin embargo se complace en mirar de cerca y con mirada benigna y amorosa, las cosas pequeñas y humildes; mientras que las cosas grandes y elevadas no las conoce más que de lejos, como desdeñándolas y despreciándolas"(1).
He ahí por qué miró la humildad de su sierva: Respexit humilitatem ancillae suae ( 2), l a profundísima humildad del Corazón de María, de la que dice San Bernardo: Con razón, la que se tenía a si misma en su espíritu y en su Corazón por la última de todas las creaturas, fue constituida la primera, porque, no obstante de ser como era, la primera, sin embargo se trataba como si fuera la últimas. Pues bien, es esta humildad del Corazón de la Reina del cielo, lo que se representa en la pequeñez de la zarza misteriosa del monte Horeb.
No debemos tener aversión ni horror hacia esta zarza por causa de las espinas punzantes con que está por todas partes defendida, por dentro y por fuera. Al contrario, debemos amarla por este motivo, ya que Dios la ama por esta consideración. He aquí dos causas, además de la que ya dije referente a la pequeñez y humildad:
La primera es porque el Corazón de Dios está donde está el odio al pecado, el Corazón de Dios ama todos los corazones que odian el pecado, el Corazón de Dios se complace en todos los corazones a los que desagrada la iniquidad; tanto cuanto se le asemejan en el odio a lo que él odia infinitamente. De donde resulta que este Corazón adorable tiene un amor mucho mayor al Corazón amabilísimo de la bienaventurada Virgen, que a todos los corazones de los hombres, y de los Ángeles; porque como nunca jamás ha habido un corazón que amara tanto a Dios, tampoco ha habido jamás quien tuviera tanto horror a lo que es contrario a Dios. Y he aquí por qué ama Dios a esta zarza ardiente, tanto, que, como el fuego que la quema representa el fuego del amor divino que abrasa el Corazón de María, así las espinas, de las que está totalmente lleno, significan el odio casi infinito que llena absolutamente este Corazón frente al pecado.
La segunda causa es porque estas espinas representan los dolores agudísimos y las aflicciones sutilísimas que afligieron, traspasaron y desgarraron mil y mil veces el Corazón de la preciosísima Virgen y que él sufrió con un grandisimo amor a Dios y una ardentísima caridad hacia los hombres.
Por lo cual puso Dios en él sus complacencias y estableció allí el trono de su gloria, porque no hay nada que le sea tan agradable ni en que sea glorificado tanto, como un corazón angustiado y lleno de tribulaciones y que se porta en ellas como debe. Si sufrís alguna injuria, dice el Príncipe de los Apóstoles, y la sufrís por el nombre de Jesucristo, es decir, según su espíritu y como él la sufrió, bienaventurados sois, porque el honor, la gloria, la virtud y el espíritu de Dios reposan en vosotros ( 4) .
§ 2. FUEGO QUE NO CONSUME
Pero lo principal que tenemos que considerar en esta zarza, es lo que significan estas palabras de Moisés: "Iré y veré esta grande cosa que aparece a mis ojos, por qué esta zarza arde y no se consume" (5). Porque él veía, dice el texto sagrado, que la zarza estaba en medio de un fuego ardentisimo que sin embargo no la consumía.
Gran prodigio, en verdad; pero que no es más que la pintura de un milagro mucho mayor que tuvo lugar en el Corazón de nuestra Madre admirable; el cual es un abismo de toda suerte de maravillas, entre las que una de las principales es ésta: que, mientras esta Madre del amor hermoso vivió en este mundo, su Corazón estuvo de tal modo abrasado en el amor de su Dios, que las llamas de este fuego sagrado habrían consumido su vida corporal, si no hubiese sido conservada milagrosamente en medio de estos celestes abrasamientos. De suerte que era un milagro mucho mayor verla subsistir en medio de estos divinos incendios sin ser en ellos aniquilada, que el milagro de la zarza de Moisés, y que el de la conservación de los tres jóvenes en el horno de Babilonia, de que hablaremos más ampliamente después.
Ya ves por todo esto cómo la zarza ardiente del monte Horeb no es la menor imagen del Corazón santísimo de la Madre del amor.
§ 3. EX EXHORTACIÓN
Pero, ¿sabes tú bien, querido hermano, que es absolutamente necesario que tu corazón arda en este fuego que inflamó el Corazón virginal, en este fuego que el Hijo de Dios, según él nos dijo, vino a traer a la tierra para prenderlo por todas partes, o bien que arda eternamente en el fuego eterno, preparado para el diablo y sus ángeles? ¡Oh Dios! ¡Qué diferencia entre estos dos fuegos! Cómo puede uno durar siempre en medio de estos fuegos devoradores y de estos incendios eternos, sobre los cuales Dios dice a todos los hombres: "¿Quién de vosotros podrá habitar con el fuego devorador? ¿Quién de vosotros podrá habitar con los ardores eternos? (6). Pero ¿cuáles serán las dulzuras, los gozos, los encantos de los que ardan para siempre con los Serafines y con todos los celestiales amantes del amabilísimo Jesús, en los fuegos deliciosos de su divino amor? Oh, ¿qué no se deberá hacer para preservarse de una tan espantosa desgracia, y para poseer una dicha tan apetecible? Alégrate, tú que lees o escuchas estas cosas, y da gracias a Dios porque eso todavía está en tu mano, ya que todavía estás en este mundo, y porque hasta te es más fácil ser del número de los que se verán embriagados por toda una eternidad, en las delicias inconcebibles del amor eterno, que perderte con los que han de sufrir para siempre los horribles suplicios de los fuegos del infierno. Si deseas evitar esto y gozar aquello, trabaja por extinguir enteramente en tu corazón el fuego del amor al mundo y del amor a ti mismo, el fuego infernal de la concupiscencia, el fuego de la ambición, el fuego de la ira, el fuego de la envidia.
Entrega tu corazón a Jesús, y pídele que encienda en ti este fuego que él vino a traer a la tierra; y para esto, dile frecuentemente con San Agustín: "Oh fuego que siempre ardes y nunca te extingues; oh amor siempre férvido y que nunca disminuyes, quémame y abrásame totalmente, para que yo sea todo fuego y todo llama de amor a ti".


viernes, 27 de octubre de 2017

Más peligroso que una bomba de hidrógeno: ¿puede Pyongyang detonar su supervolcán?

El monte Paektu,
Ruinas de viviendas, calles vacías y un horizonte cubierto de cenizas. Y no se trata de los resultados de una guerra nuclear en la península de Corea, sino las posibles consecuencias de una erupción del volcán Paektu, ubicado en la frontera entre Corea del Norte y China.
La previsible erupción del 'supervolcán norcoreano' ha estado preocupando a los científicos de diferentes partes del mundo desde hace muchos años. El monte Paektu, que es considerado un lugar sagrado por muchos coreanos, podría entrar en erupción. Dicha circunstancia tendría un efecto mucho más destructivo que la explosión de la bomba termonuclear más potente jamás probada por el ser humano.
A lo largo de los últimos 2.000 años ha habido solo cuatro erupciones de semejante escala, y es posible que la quinta suceda muy pronto, agrega Ólfert.
Según los datos de científicos chinos, a partir de principios de la década del 2000, el área cerca del monte Paektu ha mostrado indicios de una actividad sísmica de menor escala. Además, en la zona hay señales del aumento de las temperaturas en las fuentes térmicas y de alta concentración de helio.

Todo esto podría indicar que el volcán está entrando en fase activa. Los vulcanólogos suponen que a una profundidad de 10 kilómetros bajo el monte hay un foco de magma que se recarga de manera regular por medio de focos subyacentes a él. En consecuencia, concluyen que el volcán puede entrar en erupción.


EL MONTE PAEKTU HACIENDO ERUPCION
Los volcanes semejantes al monte Paektu entran en erupción aproximadamente una vez cada 1.000 años. Teniendo en cuenta que la última explosión de este supervolcán tuvo lugar en el año 946, es posible que el monte esté concentrando energía para estallar de nuevo.
Las consecuencias de tal erupción pueden ser catastróficas, sobre todo para más de un millón de chinos y norcoreanos que viven en la región adyacente a la región.
Una erupción de magnitud de siete grados provocaría la eyección de una cantidad enorme de cenizas, piedras y gas extremadamente caliente, que, volando a una velocidad grande, destrozarían todo lo vivo que encuentren a su paso, apunta Ólfert.
Asimismo, no se puede excluir la posibilidad de que unos 2.000 millones de toneladas de agua del lago Chongji, que se formó en el cráter del 'supervolcán norcoreano', provoquen inundaciones al desbordar los ríos Yalu y Tumen —el último forma una frontera natural entre Rusia y Corea del Norte—.
EL MONTE PAEKTU Y SU LAGO
"La interacción con el agua podría desembocar en la formación de aún más cenizas, que pueden cubrir el sol durante varios meses causando un efecto parecido al 'invierno nuclear'. Como resultado, la temperatura media en el noreste asiático caería dos grados", señala el autor del artículo.
Los científicos subrayan que es muy difícil predecir la magnitud de la erupción en la etapa actual. No obstante, incluso en caso de que el acontecimiento sea de menor escala, las nubes de ceniza alcanzarían los territorios de países vecinos.
Si la erupción ocurriera en verano, afectaría mayormente a la parte noreste de China y Corea del Norte, así como la parte sur de la región rusa de Primorie. En caso de que tuviera lugar en invierno, cuando soplan los vientos occidentales, las cenizas se dirigirían hacia Japón y la parte sur de la península de Corea.
Factor juche
El campo de pruebas nucleares de Punggye-ri está situado solo a 115 kilómetros del monte Paektu. En consecuencia, varios especialistas opinan que, en caso de que Pyongyang siga con sus ensayos en esta zona, esto podría provocar una erupción del 'supervolcán durmiente'.
De acuerdo con los cálculos de los científicos surcoreanos, una prueba nuclear de una potencia superior a un megatón, que es capaz de provocar un sismo de siete grados de magnitud, crearía una presión sobre los focos de magma que desembocarían en una erupción.
Estados Unidos también lleva a cabo pruebas nucleares en polígonos localizados solo a varios cientos de kilómetros de supervolcanes durmientes, pero estas no han causado ninguna erupción.
Los especialistas norteamericanos creen que los 'terremotos artificiales' son de alta frecuencia, mientras que los naturales, que de verdad tienen el potencial de provocar una erupción nuclear, son de baja frecuencia.
Ólfert concluye que los vulcanólogos están seguros de una sola cosa: la erupción es inevitable.
La situación parece extremadamente grave, dado que los ensayos nucleares de Corea del Norte tienen lugar cada vez con mayor frecuencia y, por consiguiente, se hace casi imposible vaticinar la fecha de la próxima erupción del Paektu.


JUANA TABOR 666. HUGO WAST

LA GRAN RAMERA

Esta frase exquisita, sacada del Cantar de los cantares, no estaba escrita en esperanto sino en latín, lo que hizo sonreír a fray Simón.
En ningún momento pensó que las rosas sobre la cruz son un signo cabalístico y significan la dominación judía sobre los cristianos.
Llevó al altar las rosas de Juana Tabor, antojándosele que eran ofrenda gratísima para su Dios.
Al callarse la radio, fray Simón hojeó el cuaderno y leyó en la página siguiente de la segunda semana de tischri: “Hemos vuelto a pasearnos bajo los árboles centenarios de Martínez.
“No hemos hablado de religión. Casi no hemos hablado de nada. El sol se iba entrando en una calma llena de majestad y de misterio, y su luz a través de la ramazón trazaba figuras diversas de color púrpura, que palidecían entre las hojas y sobre los troncos.
“Esta avenida estupenda parecía la nave de una catedral gótica.
“Las primeras golondrinas de la primavera piaban alegremente.
“Ante un paisaje así y cerca de tal alma, ¿por qué sufría yo tanto como gozaba?” Fray Simón abandonó el diario y no escribió lo que pensaba escribir, invadido por una extraña fatiga de la imaginación.

CAPÍTULO VII
Visión del Porvenir

Apenas fray Plácido de la Virgen había recorrido algunas páginas de su breviario sentado en el jardín, cuando sintió los golpecitos del bastón de su viejo contertulio Ernesto Padilla, que ese día llegaba antes de la hora habitual.
Fray Plácido se santiguó, cerró el libro y aguardó. Padilla, algo menor que él, conservaba la alta y airosa figura que antaño le diera fama de buen mozo.
No se casó. Por lo piadoso de sus costumbres se dijo que tenía vocación religiosa, pero los hechos demostraron que no era así. Continuó llevando en el mundo una vida austera y llegó en buena salud mental y física hasta el final del siglo.
Todos los días visitaba a fray Plácido, con quien mantenía largas y sabrosas pláticas. Solía reunírseles otro personaje: el doctor Ángel Greco, que llegaba en un antiquísimo automóvil Chevrolet conducido por él mismo desde hacía cincuenta años.
Probablemente no existía en el mundo un coche igual. Ya hacía varios lustros que había desaparecido la fábrica. Otras marcas, otros tipos, fueron desplazando los antiguos modelos. todos o casi todos los automóviles fin del mundo eran al mismo tiempo pequeños aviones que además de correr podían volar, mas Ángel Greco permaneció fiel a su coche, regalo que le hiciera su padre cuando recibió cierto diploma allá por el año 30. Y hasta le complacía ser un motivo original en la ciudad y provocar la algazara de los chiquillos en las calles.
Padilla y Greco conocían muy bien el esperanto pero jamás lo hablaban en su tertulia, no sólo porque fray Plácido nunca lo aprendió, sino por practicar su hermoso castellano, lengua tan muerta a fines del siglo como el sánscrito o el griego de
Homero.
—Conservemos el español —decía Padilla— que será la lengua de N. S. Jesucristo en su segundo advenimiento.
— ¿Por qué no ha de ser el latín, que es la lengua de la Iglesia?—objetaba fray Plácido.
—Porque el español tiene el raro privilegio de ser la única entre las grandes lenguas del mundo que no haya sido hablada por ningún insigne heresiarca o enemigo de la Iglesia. El latín lo hablaron Nerón y Juliano; el griego, Arrio; el árabe, Mahoma; el inglés, Enrique VIII; el francés, Voltaire; el italiano, Garibaldi; el alemán, Lutero; el ruso, Lenín.
Esa mañana llegó Padilla solo y antes de lo acostumbrado, deseoso de conversar de dos asuntos que le preocupaban. El uno eran sus inquietudes con respecto al reino de Chile, en donde se levantaban voces reclamando el resto de la Patagonia argentina El otro eran ciertas habladurías sobre la frecuencia con que Juana Tabor recibía al superior de los gregorianos en su quinta de Martínez.
Padilla besó la mano derecha del fraile y se sentó a su lado, en el banco de piedra enmohecido.
El besar la mano de los sacerdotes a manera de saludo, era una de las prácticas que recomendaba la Iglesia para avivar en las gentes la antigua veneración hacia los religiosos. En todos los países los prelados habían enriquecido con indulgencias ese humilde gesto.
LOS CUATRO JINETES DEL APOCALIPSIS
— ¿Ha dormido bien V. R. esta noche?
—Como un tronco, hasta media hora antes de la misa.
—Eso quiere decir que no ha sentido la manifestación de la plaza Stalin. Medio millón de hombres, dicen.
— ¿Y qué querían? ¿Qué pedían?
—Se habían congregado para echarle flores a nuestra presidenta, misia Hilda, porque ha disuelto los últimos restos del ejército de línea que nos quedaban: la gendarmería de la Patagonia.
— ¿Y eso lo aplaude el pueblo? ¿Qué puede importarle?
—Directamente, nada. Pero el pueblo, mejor dicho los politiqueros que lo agitan, tienen instintiva aversión a todo lo militar, porque un gobernante apoyado en unas cuantas divisiones no se deja manejar.
— ¡Comprendo! ¿Y por qué le preocupa a usted la disolución del ejército?
—Porque tenemos vecinos fuertes, que codician desde hace siglos algunas de nuestras provincias, y pueden aprovechar la ocasión al ver indefensas nuestras fronteras.
Por el claustro solitario pasó el lego sacristán haciendo sonar sus llaves. Como a esa hora la iglesia estaba cerrada, él tenía un vagar para echar su sueñito.
Casi en seguida, por el mismo claustro, donde las pisadas adquirían una extraña sonoridad, pasó fray Simón. Iba leyendo un libro. Padilla preguntó en voz baja:
—En confianza, fray Plácido, ¿su superior conserva los dos puntales? ¿Reza siempre su breviario?
—Indudablemente —respondió el viejo con sequedad, no queriendo abrirse a aquella clase de confidencias.
—Me pareció que ese libro que iba leyendo no era...
—No, no era un breviario —respondió presto fray Plácido—. Lo rezará a otra hora... —Y para cambiar de conversación, dijo: —He estado cavilando sobre quién será aquella mujer vestida de púrpura con una copa de oro en que beben todos los reyes...
— ¿La que pinta San Juan en el Apocalipsis? —preguntó Padilla.
—Sí, esa misma, que se presenta montada en una bestia roja con siete cabezas y diez cuernos. No hay que confundir a ésta con la otra bestia que aparece en el capítulo 13, símbolo del Anticristo. La bestia roja es un imperio.
— ¿Cuál?
—A mi entender es el Imperio Romano Germánico, y la mujer vestida de púrpura es Roma.
— ¿De qué lo deduce?
—De que lleva en la frente el nombre de Babilonia con que San Pedro designa a Roma, y que esa mujer es una gran ciudad que tiene señorío sobre los reyes de la tierra, y las siete cabezas de la bestia en que cabalga son siete montes sobre los que ella está sentada.
—Roma, en efecto, es la ciudad de las siete colinas.
—Hay otros motivos que me hacen interpretar así esta profecía. En uno de sus pasajes dice: “La bestia que has visto fue y no es; y saldrá del abismo y vendrá a perecer”, con lo que el profeta alude a un imperio que desapareció totalmente como ocurrió con el romano; y se levantó de nuevo y otra vez perecerá.
—Me place su interpretación porque se ajusta a la historia.
—Las siete cabezas de la bestia que está llena de nombres de blasfemia son también, según el texto sagrado, siete reyes, de los cuales cinco cayeron ya, uno existe y el otro no ha venido aún, y cuando venga durará poco.
—Esos reyes —observó Padilla— podrían serlo también en el sentido espiritual, a juzgar por los nombres de blasfemia.
—En efecto, pueden ser siete personajes o siete doctrinas. Cinco de ellos pasaron y fueron quizás Arrio, Mahoma, Lutero, Voltaire y Lenín. Uno existe y otro vendrá.
¿Cuáles son éstos, a quienes estamos ya tocando?
— ¿Quiénes cree V. R. que sean?
—Uno de ellos, el que existe —dijo el fraile— preparará los caminos del Anticristo, provocando el gran cisma anunciado por San Pablo.
— ¿Será tal vez un religioso? —Así lo creo, y por lo tanto será el falso profeta del Anti-cristo. El otro que ha de venir, alguna vez he pensado que fuese una mujer.
— ¿Por qué, padre?
—No sabría decirlo. Tal vez me haya acordado de esa misteriosa profetisa que aparece en el Apocalipsis...
— ¿Jezabel?
— ¡Esa misma! ¿Es un símbolo? ¿Se trata de una mujer considerada individualmente, o de una secta o herejía?
—No recuerdo ahora —dijo Padilla— las palabras exactas del texto apocalíptico.
—Yo sí —respondió prestamente fray Plácido, que sabía de memoria casi toda la Sagrada Biblia— pero esas palabras son oscurísimas, y aunque alguna vez serán claras para la inteligencia de los fieles, hoy me sumen en perplejidad.
— ¿Cómo dicen?
—El profeta envía al mensajero de Cristo a cada una de las siete iglesias de su tiempo, y a una de ellas —la de Thyatira, ciudad muy comercial de la época— le dice: “Yo conozco tus obras, tu fe, tu caridad, tus servicios... Pero tengo contra ti que permites a Jezabel, mujer que se dice profetisa, engañar a mis siervos...
—Por esas palabras se advierte —observó Padilla— que se trata de una persona que se ha introducido en la comunidad cristiana.
—O que piensa introducirse —dijo fray Plácido— porque el mensaje agrega: “Le he dado tiempo para que hiciera penitencia, y ella no quiere arrepentirse... ” Como usted ve, mi amigo, la idea que a veces me viene de que la séptima cabeza de la bestia sea esa mujer es una simple intuición, y apenas me atrevo a formularla.
Larga pausa llena de pensamientos interrumpió la plática, hasta que fray Plácido retomó el hilo de sus conjeturas.
—Más clara me parece la alusión al imperio musulmán, que descubro en la otra bestia que sale del mar, en el capítulo tercero. Este monstruo, que vencerá a los santos y será adorado por todos los moradores de la tierra cuyos nombres no están escritos en el libro del Cordero, es, según los intérpretes, el Anticristo, y tiene también siete cabezas y diez cuernos. De una de esas cabezas se dice que estaba “como herida de muerte”, pero que esa herida se curó y la tierra quedó maravillada de aquel aparente milagro.
EL CRISTO REDENTOR DE RIO DE JANEIRO
— ¿Vuestra reverencia descubre en eso una ilusión a la historia actual?
—En efecto. ¿Qué imperio, de los que han de existir en los últimos tiempos, está simbolizado por esa cabeza que casi murió y cuya milagrosa curación valió para la Bestia el asombro y la devoción del orbe? —preguntó el fraile.
Padilla reflexionó un momento, y en vez de contestar interrogó a su amigo:
— ¿Pero será un imperio? ¿No será más bien una herejía?
—Fue y será las dos cosas a la vez respondió fray Plácido—. Fue y será un imperio y a la vez una religión corruptora y terrible, que otrora dominó la cuarta parte del mundo y ahora lo infeccionará todo, según el texto sagrado.
— ¿Dice V. R. que se trata de un imperio que estuvo herido de muerte y que resurgió sano y salvo?
—Efectivamente —confirmó el fraile—. Sólo hay uno en la historia con esas características, uno que es justamente un poder político y una religión...
— ¡La Media Luna! ¡Mahoma! —exclamó Padilla.
—Así es —explicó el viejo—. La segunda cabeza, herida de muerte, la hemos visto curarse y renacer ante nuestros ojos por obra de los estadistas modernos, que han fomentado el panislamismo. El imperio musulmán llegó a su apogeo en el siglo XV, cuando las banderas negras del Profeta cubrían el sur de Asia y el norte de África, y sus caballos bebían en el Danubio y en el Tajo... Después de Lepanto, por obra de España, empezó su decadencia. En la gran guerra de 1914 Turquía fue casi aniquilada. Los estadistas no la borraron del mapa solamente porque no supieron a quién entregar su capital.
—Así es —dijo Padilla—. El haber fomentado el panislamismo se nos muestra ahora como la más terrible equivocación de los hombres en la historia. Hoy forman una sola nación enemiga de Cristo veinte naciones, desde los montes Atlas hasta el golfo de Tonkín: Marruecos, Libia, Egipto, Arabia, Persia, Irak, Afganistán y casi toda la India; cien grados de latitud con 700 millones de hombres que perseguirán a Cristo hasta la muerte, soberbios y sin contrición.
—La soberbia del hombre tiene a veces rasgos sobrehumanos, absolutamente diabólicos —murmuró Padilla.
—Así es —prosiguió fray Plácido— no se olvide usted de que vamos aproximándonos a los tiempos en que reinará el Anticristo.
— ¿Los tiempos ya o solamente las vísperas? La voz del fraile fue un susurro bajísimo.
—Yo le voy a contar lo que he referido a mi confesor; él me dice que es un sueño, pero yo creo que fue una visión.
Fray Plácido contó las dos visitas de Voltaire en 1978 y 1988, y el anuncio que éste le hiciera acerca del Anticristo.
Padilla lo escuchaba absorto, pero temiendo que aquello fuera un desvarío del viejo, se limitó a decir:
—Si el imperio del Anticristo ha de ser musulmán, ¿cómo pensar entonces que el propio Anticristo nacerá en Roma, capital del mundo católico?
—No nacerá; ha nacido ya —respondió fray Plácido—, en Babilonia, nombre que San Pedro da a Roma; los caminos por donde conquistará su grandeza nos son enteramente ignorados.
—De cierto, ¿qué sabemos del Anticristo?
—Sabemos por el profeta Daniel que sus comienzos serán...
—Es decir, “han sido”, pues según V. R. ya estamos en esa época —apuntó Padilla sonriente y por complacencia.
—Efectivamente —dijo el fraile sin inmutarse— sus comienzos han sido humildes. Pero la victoria lo acompañará; se adueñará de Constantinopla y se ungirá emperador de la Media Luna. Congregará en los campos del Asia millones de jinetes —tal vez de aviadores— y los arrojará sobre Roma, su patria de nacimiento, la más gloriosa y magnífica de las ciudades del mundo. Hollará a los príncipes como un alfarero pisa el barro. Y para hacerse adorar de hombres y mujeres usará de toda suerte de embaucamientos.
— ¿Será hermoso?
—Hermosísimo como un arcángel. Poseerá todas las seducciones de la iniquidad.
Conocerá todas las ciencias que se aprenden y todas las ocultas que le habrá enseñado el Demonio. Estará dotado de una elocuencia irresistible. Será, según Daniel, “impudente y entendido en dudas”, es decir, sofista, descarado y seductor.
— ¿Hará milagros?
—Sí, falsos milagros. Los inventos modernos le servirán para presentarse y hablar a la vez en todas partes. Los aparatos de radio transmiten todas las sensaciones, no sólo las auditivas y visuales —como en 1940— sino también las que impresionan el olfato, el tacto y el gusto, y permiten que el orador vea y escuche al público que lo oye y lo ve. Así el Anticristo gozará de una aparente ubicuidad, sus imágenes podrán contestar a quienes las interroguen y se cumplirá el anuncio del Apocalipsis: “Y le fue dado que comunicase espíritu a la figura de la Bestia, de manera que hablase.”
— ¿Nunca sus ejércitos serán vencidos?
—Sí; su escuadra será vencida en el Mediterráneo por otra escuadra, tal vez la inglesa o la romana.
— ¿De dónde saca V. R. esa curiosa interpretación?
—Del siguiente pasaje de Daniel, que en mi opinión describe las conquistas del Anticristo.
Volvió fray Plácido a abrir su manoseada Biblia y leyó:
“Llegará, en el tiempo marcado, hacia el sur; pero esta última campaña no será como la primera. Los navíos de Cethim vendrán contra él, y él perderá valor. Se entenderá una vez más con los que hayan abandonado la alianza.” En este punto sigo la versión tan acreditada que hizo Crampon.
— ¿Los navíos de Cethim? —interrogó Padilla.
—Kitthim es la palabra hebrea —explicó el fraile—. La Vulgata la traduce por romanos. Materialmente Kitthim o Cethim es la isla de Chipre. Por metáfora, se designa así en los libros antiguos a las islas occidentales con relación a la Palestina.
— ¿Qué más?
—El Anticristo, furioso de su derrota, se arreglará con esos que viven en Cethim, después de haber abandonado su patria. El Anticristo se servirá de ellos, y derrotará a toda la nación y aniquilará a sus defensores por la espada y el fuego. Hará cesar las misas y ordenará la adoración de su imagen... Voy a leer textualmente, siguiendo en esto la famosa versión del padre Scio: “Quitará el sacrificio perpetuo y pondrá la abominación para desolación... No tendrá respeto al Dios de sus padres y será codiciador de mujeres; no se cuidará de ningún dios, porque se levantará contra todas las cosas. Mas honrará al dios Maozim (dios de la guerra)... y repartirá las tierras gratuitamente.”
—Curiosa profecía, de la que ya hemos visto ejemplos: toda revolución anticristiana ha anunciado el reparto de las tierras de los ricos entre el pueblo.
—A mi juicio, la caída del imperio británico sería la señal de haberse roto el sexto sello del Apocalipsis y de que el mundo habrá llegado a sus postrimerías.
— ¿En qué funda V. R. esta idea?
—He leído en el Apocalipsis que “a la apertura del sexto sello... las islas serán movidas de su sitio.”
— ¿Cómo se llamará el Anticristo?
—Nadie puede saberlo. Pero me inclino a pensar que llevará el nombre de Mahoma, aunque sea rey de Israel, Su reinado será breve: tres años y medio. De pronto, en medio de una grandeza que no ha conocido ningún otro hombre, lo turbará un rumor de Oriente y del Norte, y saldrá con numerosas tropas para quebrantar y matar a muchos.”
— ¿Qué conjeturas hace V. R. sobre ese texto?
—Que se alzarán dos de sus grandes aliados: al norte Satania y al oriente Mongolia. La invasión de los mongoles, como en los tiempos de Gengis-Khan, será arrolladora. Explotarán el descontento de los musulmanes, porque el Anticristo en el fondo es judío. El Anticristo volará desde Roma hacia la Palestina, sentará sus reales en Jerusalén y levantará su tienda en la montaña santa; allí lo sorprenderá la rebelión de su propio ejército. Nadie le prestará auxilio, pero su derrota no será por mano de los hombres. “El Señor Jesús”, dice San Pablo, “lo matará con el aliento de su boca y lo destruirá con el resplandor de su venida.”
— ¡Visión tremenda y maravillosa! ¿La alcanzaremos nosotros?
— ¡Secreto de Dios! Se ennegrecerá el sol, se enrojecerá la luna, se descuajarán los montes, se moverán las islas y cambiarán de sitio los mares.
— ¿Cómo se realizará ese descuajamiento de los montes y las islas, el ennegrecimiento del sol y el enrojecerse de la luna, sin una catástrofe universal del cosmos? —Pienso —explica fray Plácido— que no será menester que el cosmos entero se trastorne. Los fenómenos pueden ocurrir, como ya ocurrieron cuando la tierra por impulso material y cambió su eje de rotación, inclinándose 23 ½ grados. Se alteró el nivel de los mares y se produjeron las estaciones, que antes no existían. Si la tierra se enderezara, mares y ríos cobrarían otros niveles y hasta los cielos parecerían trastornados. ¿Pero sabe de todos los signos apocalípticos cuál es el que más me espanta?
— ¿Cuál?
—Ése que se describe así: “Y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra como la higuera deja caer sus higos cuando es movida de grande viento.”
—Anuncio de innumerables apostasías, ¿no es así?
—Así es, y este signo concuerda con un pasaje del capítulo 8: “Cayó una estrella, y la tercera parte de las aguas del mar se tornaron acíbar.” El sacramento del orden, el sacerdocio, es un aceite divino que penetra el alma por toda la eternidad. La apostasía, que reniega de esa gracia, saca de su quicio al mundo. La apostasía de un sacerdote es peor que la caída de la estrella de la mañana.
Con estas lúgubres palabras separáronse los dos amigos ese día. Era tarde.
La campana del convento llamaba al coro, y Padilla dejó para otra vez la segunda parte de sus confidencias, que se referían a Juana Tabor.






jueves, 26 de octubre de 2017

Trump retoma la lucha contra el establishment estadounidense


Desde finales de julio, el presidente de Estados Unidos ha estado dando la impresión de ser un bravucón que pone la paz mundial en peligro con sus declaraciones imprudentes. Este artículo muestra que, mientras hace esas intervenciones perentorias, Donald Trump, mantiene discretamente sus objetivos en materia de política exterior, a pesar de la oposición casi unánime del Congreso. Según el autor, Trump recurre a lo que hoy se designa como un «un recurso de comunicación»... lo que antes se llamaba un «doble juego». En todo caso, el presidente está tratando de hacer que sus amigos logren el control del Partido Republicano, lo cual le permitiría ser más racional en materia de comunicación y concretar más rápidamente su política anti-establishement.
Donald Trump concibió la idea de subir a la escena política a raíz de los acontecimientos del 11 de septiembre de 2001, cuya versión oficial pone en tela de juicio. Sólo después de conocer a Steve Bannon, Trump decide participar en la carrera por la presidencia. Lo puso a la cabeza de su equipo de campaña y, después de ganar la elección, lo convirtió en su consejero especial. Los miembros del Congreso obligaron a Trump a sacarlo de la Casa Blanca, pero el presidente sigue apoyándolo por debajo de la mesa para hacerse del control del Partido Republicano. El objetivo de Trump y Bannon es convertir Estados Unidos en una República.
Trump ante el establishment.
a crisis que enfrenta a Donald Trump con la clase dirigente estadounidense ha seguido agravándose a lo largo de los últimos 3 meses. Traicionando sin escrúpulos al presidente que antes respaldó como candidato, el Partido Republicano ha hecho alianza con su adversario –el Partido Demócrata– en contra de la Casa Blanca. Esas dos formaciones políticas adoptaron en el Congreso, el 27 y el 28 de julio, la “Ley de Actuación Contra los Adversarios de América A Través de Sanciones” (Countering America’s Adversaries Through Sanctions Act). Se trataba, ni más ni menos, que de despojar al presidente de sus prerrogativas en materia de política exterior [1].

En este artículo no tomaremos posición en ese conflicto. Lo que haremos será analizarlo para comprender las contradicciones permanentes entre las declaraciones y los actos así como las incoherencias de la política exterior de Estados Unidos.

Barack Obama gozaba del respaldo de su administración y por tanto utilizaba su comunicación para lograr que el pueblo de Estados Unidos y el mundo admitieran sus decisiones. Así desarrolló el arsenal nuclear mientras afirmaba que iba a desmantelarlo. Así incendió y ensangrentó el Medio Oriente ampliado después de anunciar un reset con el mundo musulmán, etc.

Donald Trump, por el contrario, está tratando de recuperar las instituciones de su país de manos de la clase dirigente para ponerlas al servicio del pueblo. Y para ello hace declaraciones en las que parece cambiar de opinión constantemente, sembrando así la confusión. Distrae a sus adversarios con sus gestos desordenados mientras que él prosigue pacientemente su política fuera de sus miradas.

Aunque ya lo hemos olvidado, en el momento de su llegada a la Casa Blanca, Donald Trump expresó posiciones que contradecían algunos de sus discursos electorales. Se le acusaba, entonces, de apartarse sistemáticamente de la política de su predecesor y de ser, en la práctica, demasiado favorable a Corea del Norte, Irán, Rusia y Venezuela.

Los comentaristas lo acusaban en aquel momento de ser incapaz de recurrir al uso de la fuerza y, en definitiva, de ser un aislacionista por debilidad, interpretación que abandonaron el 7 de abril, a raíz del bombardeo estadounidense contra la base siria de Shayrat con 59 misiles Tomahawk. Volviendo posteriormente a la carga, los mismos comentaristas volvieron a acusarlo de debilidad, pero ya para entonces lo hacían poniendo de relieve un relativismo moral que supuestamente impedía a Trump percibir lo peligrosos que eran los enemigos de Estados Unidos.

En el momento del voto casi unánime del Congreso en su contra, pareció que el presidente estaba derrotado. Se separó abruptamente de su consejero especial Steve Bannon y, en lo que pareció una reconciliación con el establishment, arremetió sucesivamente contra Corea del Norte, Venezuela, Rusia e Irán.

El 8 de agosto lanzó una diatriba contra Pyongyang, anunciando que las «amenazas» norcoreanas se verían frente al «fuego, el furor y la fuerza como nunca los había visto el mundo». Aquello desencadenó entre ambas partes una escalada verbal que hacía pensar en la inminencia de una guerra nuclear, al extremo que los japoneses bajaron a desempolvar los refugios antiatómicos y algunos habitantes de Guam, posesión estadounidense, prefirieron abandonar la isla.

El 11 de agosto, el presidente Trump declaró que no excluía la posibilidad de recurrir a «la opción militar» ante la «dictadura» del presidente venezolano Nicolás Maduro. Caracas respondió con la publicación en el New York Times de una página publicitaria completa donde lo acusaba de estar preparando un cambio de régimen en Venezuela, conforme al esquema de golpe de Estado utilizado en Chile contra Salvador Allende, y solicitaba la solidaridad del pueblo estadounidense frente a la política golpista [2].

El 31 de agosto, el Departamento de Estado inició una crisis diplomática con Rusia al ordenar el cierre de numerosos locales de la misión diplomática rusa en Estados Unidos y el recorte de la cantidad de diplomáticos rusos en suelo estadounidense. Aplicando el principio de reciprocidad, el ministerio ruso de Relaciones Exteriores cerró locales de la misión estadounidense en Rusia y redujo igualmente el personal diplomático estadounidense en su país.
El 13 de octubre, Donald Trump pronunció un discurso donde acusaba a Irán de ser el financista mundial del terrorismo y cuestionaba el acuerdo sobre el programa nuclear iraní que había negociado su predecesor, Barack Obama. Antes de ese discurso, el Departamento de Estado había emitido toda una serie de acusaciones del mismo corte contra el Hezbollah [3].
Para los comentaristas, Donald Trump está ¡por fin! siguiendo el camino correcto… pero va demasiado lejos y lo hace mal. Otros lo consideran simplemente como un enfermo mental y otros más dicen abrigar la esperanza de que esté aplicando la estrategia del «perro loco», como hizo Richard Nixon, consistente en asustar al enemigo haciéndole creer que uno es capaz de todo.
Pero, en la práctica, nada ha cambiado. Ni ante Corea del Norte, ni ante Venezuela, ni ante Rusia. Y tampoco en relación con Irán. Por el contrario, sigue adelante –en la medida de lo posible– la política de Trump contra la creación de Estados yihadistas. Los países del Golfo han abandonado la política de apoyo al Emirato Islámico (Daesh), que ha sido derrotado en Mosul y Raqqa. El yihadismo está descendiendo nuevamente a la categoría de sub-estado. Todo transcurre como si el presidente no hubiese hecho otra cosa que “hacer teatro” y ganar tiempo.

Bannon, el as en la manga.
Del 13 al 15 de octubre tuvo lugar el encuentro Values Voter, en el Omni Shoreham Hotel de Washington. Un grupo de asociaciones de familias cristianas que la prensa dominante califica de racistas y homófobas organiza cada año esa conferencia. Esta vez numerosos oradores hicieron uso de la palabra, después del presidente de Estados Unidos, ante una audiencia eminentemente anti-establishment y Steve Bannon figuraba en el programa –a pedido del presidente Trump– a pesar de las protestas de algunos organizadores efectivamente homófobos que le guardan rencor a Bannon por haber popularizado al conferencista Milo Yiannopoulos, un joven homosexual que lucha contra la manipulación de los gays por parte de los demócratas.
Al hacer uso de la palabra, el ex consejero especial de la Casa Blanca arremetió de lleno contra los intereses de los multimillonarios de la globalización. Bannon, a pesar de que se le describe como un individuo de extrema derecha, milita a favor de que se le cobre a los súper-ricos un impuesto sobre el 44% de sus ingresos.
Bannon fustigó duramente a las élites, simultáneamente «corruptas e incompetentes», representadas por Hillary Clinton; gente que –subrayó Bannon– ha encontrado un interés personal en la destrucción de empleos en suelo estadounidense y en el traslado de esos puestos de trabajo hacia China. Bannon acusó a esas élites de tratar de destruir al presidente Trump, así como a su familia y amigos. Cuestionó al senador Bob Corker, por haberse burlado del comandante en jefe afirmando que es incapaz de dirigir el país sin provocar una Tercera Guerra Mundial, y al líder de la mayoría senatorial, Mitch McConnell, por organizar el sabotaje contra Trump. Bannon recordó además su visión del nacionalismo económico al servicio de la República estadounidense, igualitaria independientemente de la raza, la religión y la preferencia sexual de cada cual. Y concluyó diciendo que ya que el Partido Republicano ha declarado la guerra al pueblo estadounidense, este último le hará la guerra.
Los amigos de Bannon se pronunciaron de inmediato contra los caciques del Partido Republicano para arrebatarles las investiduras partidistas en todas las elecciones locales. Por ser esta una situación inédita, nadie sabe si lograrán alcanzar ese objetivo, pero es evidente que el éxito de Bannon en esta conferencia es para ellos un buen augurio.

El doble juego de la Casa Blanca

En una reunión del gabinete, el presidente Trump dijo entender la frustración de su ex consejero especial porque «el Congreso no está haciendo su trabajo», a pesar de que los republicanos son mayoritarios. Y después fue a exhibirse junto al senador McConnell asegurando que calmará a Bannon… sobre algunas cosas.
O sea, el presidente sigue con sus declaraciones extravagantes, para contentar al Congreso, mientras que utiliza a su ex consejero para deshacerse de los dirigentes del Partido Republicano.
Estamos siendo testigos de una lucha que ya no es de carácter político sino cultural. En ella se enfrentan el pensamiento puritano y las ideas de la República –o sea, del Bien Común [4].
Visto desde el exterior, nosotros constatamos que tras sus declaraciones extremas, Donald Trump prosigue discretamente su accionar contra Daesh. Cerró el flujo de fondos al Emirato Islámico y favoreció la recuperación de las ciudades que ese grupo yihadista consideraba como sus capitales. Convirtió la OTAN en una organización anti-yihadista. No podemos saber, por el momento, si continuará, después de la destrucción de Daesh, la lucha contra los demás grupos yihadistas ni cómo reaccionará ante las iniciativas del Pentágono tendientes a acabar con las estructuras de los Estados del noroeste de Latinoamérica y del sudeste asiático. Queda mucho camino por recorrer antes de lograr convertir el imperio decante en una República.
T. M.