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sábado, 31 de octubre de 2015

Carta Abierta a los católicos perplejos



III


Tengo  ante  mí, publicadas en los diarios católicos, unas fotografías que representan  la misa tal como se   dice ahora con bastante frecuencia. En la primera fotografía me cuesta  trabajo  comprender  de  qué  momento  del  Santo  Sacrificio  se  trata.  Detrás  de  una  mesa ordinaria de  madera, que  no parece  muy  limpia y que  no está cubierta por  mantel alguno,  dos personajes de traje y corbata elevan o presentan uno de ellos un cáliz, el otro un copón. Por el texto  me entero de que son sacerdotes,  uno de  los cuales es capellán  general de  la Acción Católica. Del mismo lado de la mesa, cerca del primer celebra n te, dos muchachas en pantalones, cerca del segundo dos muchachos en pulóver. Una guitarra está apoyada contra un taburete. En otra fotografía la escena representa el rincón de una habitación que podría ser la  sala de un hogar de jóvenes. El sacerdote está de pie, ataviad o con alba de Taizé delante de  un escabel corriente que sirve de altar- , sobre él se ve una gran vasija de gres y un vaso más pequeño del mismo material, así como dos cabos de vela encendidos. Cinco jóvenes están sentados en cuclillas en el suelo y uno de ellos toca la guitarra. La  tercera  fotografía  se  refiere  a  un  acontecimiento  que  se  verificó  hace  algunos  años:  el  crucero  marítimo  de  algunos  ecologistas  que  querían  impedir  las  experiencias  atómicas francesas en el islote de Mururoa. Entre ellos hay un sacerdote que celebra la misa  en el puente del velero en compañía de otros dos hombres. Los tres están en  short  y además  uno de ellos exhibe el torso desnudo. El sacerdote levanta la hostia, sin duda es el momento  de  la  elevación.  No  está  ni  de  pie  ni  de  rodillas,  sino  que  está  sentado  o,  mejor  dicho, recostado contra la superestructura del barco. Estas  fotografías  escandalosas  presentan  un  rasgo  común:  por  la  vulgaridad  de  la decoración, por los instrumentos utilizados, por las actitudes y las vestimentas la Eucaristía queda  rebajada  a  la  co n dición  de  un  acto  cotidiano.  Ahora  bien,  las  revistas  llamadas católicas que se venden en los escaparates de las iglesias no presentan estas fotografías para criticar semejantes modos de obrar sino, por el contrario, para recomendarlos.  La  Vie  hasta considera que todo esto no es suficiente.  Utilizando como costumbre  trozos de cartas de lectores para decir lo que piensa sin comprometerse, la revista declara:  "La reforma litúrgica debería ir más lejos... Las repeticiones,  las fórmulas que son siempre  iguales,  toda  esa  reglamentación  frena  una  verdadera  creatividad".   ¿Que  debería  ser  la  misa? Esto: “Nuestros problemas son múltiples, nuestras dificultades aumentan y la Iglesia  parece mantenerse al margen de ellas. A menudo sale uno de la misa agobiado; hay una especie de desfasaje entre nuestra vida, nuestras preocupaciones del momento y lo que se  nos propone vivir el domingo." Seguramente uno sale agobiado de  una  misa que trata de descender el  nivel de  los  hombres, en lugar de elevarlos hacia Dios y que, mal comprendida, no permite superar los  "problemas". Ese deseo de  ir aún  más  lejos traduce una deliberada voluntad de destruir  lo  sagrado. De esta   manera se despoja al cristiano de algo que  le es  necesario  y a  lo que él  aspira, pues el cristiano se siente impulsado a honrar y a reverenciar todo aquello que tiene  una relación con Dios. ¡Y cuantas más materias del Sacrificio destinadas a convertirse en su  cuerpo y en su sangre! ¿Por qué se hacen hostias grises o morenas dejándoles una parte de  salvado?  ¿Se  quiere  hacer  olvidar  la  expresión  suprimida  en  el  nuevo  ofertorio  hanc  imm aculatam hostiam, esa hostia sin mancha? Y sin embargo no es ésta una innovación menor. Con frecuencia se oye hablar de la  consagración de  trozos de pan ordinario en  lugar del que se  hace con puro  trigo candeal como  está  prescrito  y  cuyo  uso  exclusivo  fue  recordado  recientemente  en  la  instrucción Inaestimabile Donun.  Como se han sobrepasado todos los límites, hemos llegado a ver que  un  obispo  norteamericano  recomendaba  que  se  hicieran  unas  tortitas  con  leche,  huevos, levadura, miel y margarina. La desacralización se extiende a las personas consagradas al servicio de Dios y así se  registra  la desaparición del hábito eclesiástico de sacerdotes  y religiosas, e l empleo de  los nombres de pila, el tuteo, el modo de vida secularizado en nombre de un nuevo principio y  no, como se  trata de  hacer creer, por necesidades prácticas. Detesto a esas religiosas que  habiendo abandonado el monasterio van a vivir a departamentos alquilados en la ciudad, con  lo  cual  hacen  doble  gasto  pues  al  haber  abandonado  también  el  velo  deben  acudir  regular mente a la peluquería. La pérdida de  lo sagrado conduce también al sacrilegio. Un periódico del oeste de  Francia nos informa sobre el concurso nacional de muchachas adolescentes que se realizó en  1980 en la Vendée. Se celebró una misa durante la cual las muchachas bailaron y algunas de  ellas  distribuyeron  la  comunión  .Y  esto  no  fue  todo,  la  ceremonia  fue  coronada  por  una ronda en la cual tomo parte el celebrante con sus ornamentos sacerdotales.  No tengo la intención de presentar aquí un catálogo de los excesos que se producen;  quiero  tan  sólo  dar  algunos  ejemplos  que  muestran  porqué  los  católicos  de  hoy  tienen  motivos  para  estar  perplejos  y   hasta  escandalizados.  No  revelo  ningún  secreto,  la  propia  televisión se encarga de difundir en todos los hogares, en la edición de los domingos por la  mañana, la inadmisible desenvoltura que exhiben públicamente obispos respecto del Cuerpo  de Cristo, como  por ejemplo en la misa televisada del 22 de noviembre de 1981, en la cual  el copón fue reemplazado por cestos que los fieles se pasaban unos a otros y que terminaron  por dejar en el suelo con lo que quedaba de las Santas Especies. En  Poitiers,  el Jueves Santo del mismo año, una concelebración de gran espectáculo  consistió  en  consagrar  panes  y  jarros  de  vino  sobre  unas  mesas  a  las  que  cada  uno  se acercaba para servirse él mismo. Los  conciertos  de  música  profana  organizados  en  las  iglesias  son  ahora  una costumbre  generalizada. Hasta  se  acepta  prestar  los  lugares  de  culto  para  audiciones  de  música rock con todos los excesos que habitualmente implican. Iglesias y catedrales fueron  entregadas al  libertinaje, a  la droga, a  las  manchas de todo  género  y  no  fue el clero  local  quien  procedió luego a realizar  ceremonias  expiatorias,  sino  que  fueron  grupos  de  fieles  justamente  sublevados  por  tales  escándalos.¿Cómo  los  obispos  y  los  sacerdotes  que  favorecieron estas cosas no temen atraerse sobre ellos  y sobre el conjunto de su pueblo  la  maldición  divina?  Esa  maldición  ya  se  manifiesta  en  la  esterilidad  que  muestran  en sus  obras.  Todo se pierde, todo se desorganiza porque el Santo Sacrificio de la misa, profanado como esta, ya no difunde la gracia, ya no la acuerda.  El  desprecio por la presencia real de Cristo en la Eucaristía es el hecho más flagrante por el cual se expresa el nuevo espíritu, que  ya no es católico.  Sin llegar a los ruidosos excesos a que acabo de referirme, todos los días puede uno  comprobar ese  nuevo espíritu.  El concilio de  Trento  manifestó de  manera explícita  y sin  ninguna duda posible que Nuestro Señor está presente en las menores partículas de la hostia  consagrada.  Entonces,  ¿qué  hemos  de  pensar  sobre  la  comunión  tomada  con  la  mano?  Cuando  se  utiliza  una  bandeja,  aun  cuando  las  comuniones  sean  pocas,  siempre  quedan  partículas,  en  consecuencia,  esas  partículas  quedan  en  las  manos  de  los  fieles.  De  esta  manera la fe se quebranta en muchos, sobre todo en los niños. El nuevo estilo de hacer las, cosas só lo puede tener una explicación: si uno va a misa  para compartir el pan de la amistad, la comida comunitaria, la fe común, entonces es natural  que no se tomen excesivas precauciones. Si la Eucaristía es sólo un símbolo que materializa el simple recuerdo de  un hecho pasado, la presencia espiritual de Nuestro Señor, es lógico que uno se preocupe poco por las migajas que puedan caer al suelo.  Pero si  se trata de  la presencia  real del propio  Dios, de  nuestro Creador, como  lo  quiere la fe de la Iglesia, ¿cómo comprender que se admita semejante práctica y hasta que se  la  fomente  a  pesar  de  documentos  romanos  todavía  recientes?  La  idea  que  se  pretende  infi ltrar  así  es  una  idea  protestante  contra  la  cual  los  católicos  aún  no  contaminados  se  rebelan. Para imponerla mejor, hoy se obliga a los fieles a comulgar de pie. ¿Es  conveniente  que  vaya  uno  a  recibir,  sin  el  menor  signo  de  respeto  o  recogimiento, a Cristo ante quien, según dice san Pablo, se dobla toda rodilla en el cielo, , en  la tierra y en los infiernos? Muchos sacerdotes ya no se arrodillan ante la Santa Eucaristía; el nuevo rito de la  misa los alienta a esa actitud. No veo sino dos razones posibles, o un inmenso orgullo que  los hace tratar a Dios como si fuéramos sus iguales o la certeza de que Dios no está  en la  Eucaristía. ¿Me  propongo  enjuiciar  a  la  presunta  "Iglesia  Conciliar"?  No,  no  invento  nada.  Véase cómo se expresa el decano de la facultad de teología de Estrasburgo: "También se habla de la presencia de un orador, de un actor para designar así una cualidad que no es un 'estar allí' topográfico. En definitiva, alguien puede estar presente por  un  acto  simbólico  que  él  mismo  no  cumple físicamente,  sino  que  otros  cumplen  por fidelidad creadora en su honor. Por ejemplo, el festival de Bayreuth realiza sin duda una presencia de Richard Wagner, presencia que es muy superior en intensidad a la que pueden  manifestar libros o conciertos ocasionales dedicados al músico. Me parece que es en esta última perspectiva cómo conviene situar la presencia eucarística de Cristo." ¡Compara  la  misa  con  el  festival  de  Bayreuth!  No,  decididamente  no  estamos  de  acuerdo ni sobre las palabras, ni sobre la música.



Continua...

viernes, 30 de octubre de 2015

EL FUNDAMENTO DE NUESTRA POSICIÓN



EL FUNDAMENTO DE NUESTRA POSICIÓN 


La verdadera oposición fundamental es el reinado de Nuestro Señor Jesucristo. Opportet Illum regnare, nos dice San Pablo. Ellos dicen, no, nosotros decimos, sí, con todos los Papas. Nuestro Señor no vino para estar escondido en el interior de las casas sin salir de éstas. ¿Por qué se han hecho masacrar los misioneros? Para predicar que Nuestro Señor Jesucristo es el único Dios verdadero, para decir a los paganos que se conviertan. Entonces los paganos han querido hacerlos desaparecer, pero ellos no han dudado en dar su vida para continuar predicando a Nuestro Señor Jesucristo.
¿Habrá que hacer ahora lo contrario, decir a los paganos: "vuestra religión es buena, conservadla siempre que seáis buenos budistas, buenos musulmanes, o buenos paganos"? ¡He aquí la razón de nuestra desinteligencia! Nosotros obedecemos a Nuestro Señor que dijo a los Apóstoles "Id a enseñar el Evangelio hasta los confines de la tierra".
No hay que extrañarse que no lleguemos a entendernos con Roma. Esto no será posible hasta que Roma no vuelva a la fe en el reino de Nuestro Señor Jesucristo, hasta que deje de dar la impresión de que todas las religiones son buenas. Nos enfrentamos con ellos sobre un punto de la Fe católica, como se han enfrentado el cardenal Bea y el cardenal Ottaviani, y como se han enfrentado todo los Papas contra el liberalismo. Es la misma cosa, la misma corriente, las mismas ideas y las mismas divisiones en el interior de la Iglesia.
Antes del Concilio los Papas y Roma sostenían la Tradición contra el liberalismo, mientras ahora los liberales ocuparon el lugar. Evidentemente éstos están contra los tradicionalistas y, por consiguiente, somos perseguidos. Pero estamos tranquilos porque estamos en comunión con todos los Papas desde Nuestro Señor y los Apóstoles. Guardamos su Fe y no vamos a pasarnos ahora a la fe revolucionaria en la Declaración de los derechos del hombre. No queremos ser hijos de 1789, sino hijos de Nuestro Señor e hijos del Evangelio.
Los representantes de la Iglesia católica dicen: cada uno es libre y se puede colocar a todas las religiones juntas para rezar como en Asís. ¡Eso es una abominación! El día en el que el Señor se enoje no será cosa de risa. Pues si Nuestro Señor castigó a los judíos, como lo hizo, es porque estos habían rehusado creen en Él. Anunció que Jerusalén sería destruida y lo fue, y el templo nunca fue reconstruido desde aquel entonces. Bien podría decir lo mismo ahora cuando todos sus pastores están contra Él, ya que no quieren creer más en su realeza universal. Hay que seguir apegado a la doctrina de la Iglesia. Permaneced apegados a Nuestro Señor que es todo para nosotros. Él es el Amo que nos juzgará como juzgará a todo el mundo. Luego, hay que rezar para que su reino llegue, aún cuando se deba ser perseguido. Por más extraordinario que pueda parecer, he aquí la situación de hoy. No soy yo quien la inventé. ¿Por qué me he hallado casi sólo contra ese liberalismo al que son favorables la mayoría de los obispos, hasta de Roma? Es un gran misterio. Siendo, como antes, fiel a todo lo que han dicho los Papas, uno se halla casi solo.
Lo principal es estar con Nuestro Señor, aún cuando haya que estar solo. Si se está con toda la enseñanza de la Iglesia de veinte siglos, no se tiene miedo. ¿No hay que hacerse problemas, verdad? ¡Confiad en la Providencia! Dios que conoce el futuro, restablecerá todas las cosas un día, dado que la iglesia no puede quedar indefinidamente en esta situación.

Confiemos en la Santísima Virgen y en Nuestro Señor y no nos acobardemos ni nos deprimamos, ya que continuamos la Iglesia. Permanezcamos en paz. ¡Que Dios os bendiga!

+ Mons. MARCEL LEFEBVRE
Arzobispo
De su conferencia en Sierre, Suiza, 27 de noviembre de 1988


(Nuevamente y, con mas claridad, la posiciòn de este blog es la de una firme adhésion a lo enseñado por Mons. Lefebvre, gracias por su comprenciòn y Dios les muestre la verdad a unos y a otros los fundmente en ella.)

EL PRINCIPIO DEL FIN DE LA OBRA DE MONS, MARCEL LEFEBVRE.


EL PRINCIPIO DEL FIN DE LA OBRA DE MONS, MARCEL LEFEBVRE.


¡No lo olvidemos!

Mucho se ha dicho y escrito en tiempos recientes sobre la Declaración Doctrinal (DD) presentada a Roma por el Obispo Bernard Fellay el 15 de Abril del 2012 en nombre de la Sociedad San Pío X. Sin embargo, nos parece importante hacer un estudio detallado del texto mismo y las circunstancias que lo rodean. También lo compararemos con textos similares.

El siguiente estudio del documento no pretende ser exhaustivo. Su único objetivo es el contribuir a la búsqueda de la verdad y el abrir un honesto y franco debate en las consecuencias del texto.
Además, este estudio se ha vuelto necesario para responder a todos aquellos quienes  han tomado recientemente la defensa de esta Declaración, -no sólo el mismo Monseñor Fellay, sino los otros obispos, sacerdotes y laicos de la Sociedad San Pío X. Para comprender de mejor manera la evolución de las circunstancias que rodean la composición de la Declaración Doctrinal.


PARTE I: DECLARACIÓN DOCTRINAL DEL 15 DE ABRIL DE 2012 

Parte I: Antes de la Declaración;

Parte II: Análisis de la Declaración;

Parte III: Respuesta a las Objeciones.


La Parte I no debe ser descuidada, porque sirve para situar las diferentes etapas a través de las cuales pasó Monseñor Fellay antes de escribir su Declaración Doctrinal.


La Parte II, que es más larga, analizará la Declaración en sí y las circunstancias que   inmediatamente la precedieron.


La Parte III expondrá principalmente las consecuencias y las reacciones que siguieron a la publicación de la DD y responderá a los argumentos de quienes toman la defensa de su autor.



PARTE I: ANTES DE LA DECLARACIÓN DOCTRINAL


I.- ¿Por qué hablar de esto?

II.- La situación antes del Preámbulo del 15 de Abril de 2012 


1) Monseñor Fellay empezó por ignorar lo que Monseñor Lefebvre siempre había mantenido. 

2) Después, Monseñor Fellay decide ignorar lo que el Capítulo General del 2006 claramente había decidido.

3) La carta de los tres Obispos de la Sociedad, Monseñores Williamson, Tissier de Mallerais y de Galarreta.

4) Finalmente, Monseñor Fellay se contradijo a sí mismo.


III.- El Primer Preámbulo Doctrinal (DP1) de Roma, 14 de Septiembre 2011.

1.- La “Nota Preliminar.”
   
2.- El Preámbulo Doctrinal (DP1) del 14 de Septiembre de 2011.

A. El Preámbulo Doctrinal del 14 de Septiembre de 2011 en general.

B.- El Preámbulo Doctrinal del 14 de Septiembre de 2011 en particular.



IV. La Doble Respuesta dela Sociedad (30 de Noviembre 2011 y 12 de Enero)


1.  La primer respuesta, fechada el 30 de Noviembre de 2011, con una propuesta para un nuevo Preámbulo Doctrinal (DP2).


A.  Nota Preliminar.

B.  El Preámbulo Doctrinal 2 (DP2)


2.  La segunda respuesta, fechada el 12 de Enero 2012 al Cardenal Levada (apéndice DP2, fechada el 30 de Noviembre 2011)


A.  Sobre el tema del Preámbulo en general.

B.  Sobre el tema del Preámbulo en particular.

a.   Sobre el tema de “criterio de interpretación”:
b.  Sobre el tema de “progreso de la Tradición”
c.   Sobre el tema de una aplicación práctica.


Entremos en materia.  




1. ¿Por qué hablar de esto? 


La reciente publicación del Preámbulo Doctrinal (o Declaración Doctrinal) firmada por Monseñor Fellay y presentada al Cardenal William Levada el 15 de Abril de 2012, continúa provocando una gran controversia  entre los sacerdotes y fieles de la Sociedad San Pío X junto con el mundo Católico Tradicional. Quienes han tomado la defensa de Monseñor Fellay han intentado demostrar que este Preámbulo o Declaración es “ortodoxa” y ofrecen como prueba el hecho de que Roma lo rechazó el 13 de junio de 2012. De cualquier manera, ellos dicen que Monseñor Fellay  la ha “retirado” y por otra parte, que ha prometido no referirse a este documento en  futuras conversaciones con Roma, (Parte III: Respuestas a las objeciones).
Pero otros afirman lo contrario, diciendo que un estudio atento del documento mismo, revela que ha habido un cambio serio en las posiciones doctrinales que el Arzobispo Lefebvre, la Sociedad de San Pío X y, anteriormente, el mismo Monseñor Fellay, tuvieron en relación al Concilio Vaticano II, la Nueva Misa y el nuevo Código de Derecho Canónico.

Hay mucho en juego, porque este documento doctrinal se supone va a delinear la posición doctrinal de la Sociedad San Pío X frente a frente  las novedades conciliares,  antes de avanzar hacia un posible acuerdo práctico con la Iglesia oficial, similar a lo prometido por Roma y deseado por Monseñor Fellay.

Es por esto que durante la redacción de este documento, cada palabra debe ser cuidadosamente pesada a fin de verificar si está conforme con la Teología Católica de todos los tiempos. Además, este documento debe corresponder con la realidad de la crisis, situación en la cual la Iglesia ha estado sufriendo durante los últimos cincuenta años; y su posible solución.

Debemos tener en mente que hansido 24 años desde que la Sociedad ha presentado a Roma un documento de tal importancia, un documento en el fundamento doctrinal para una regularización canónica. En efecto,  desde el 5 de Mayo de 1988, fecha en la que el Arzobispo Lefebvre firmó el Protocolo de acuerdo del Cardenal Ratzinger, mismo que retractó al día siguiente, la Sociedad nunca había estado tan cerca de entrar a un acuerdo doctrinal y práctico de consecuencias incalculables, un acuerdo que decidiría su futuro, si continuar o  no el trabajo de condenar los errores modernistas, defendiendo la Tradición y la restauración de la Iglesia.

Sobre todo, los sacerdotes (a quienes este estudio está destinado principalmente) no deben descuidar el estudio de las preguntas doctrinales subyacentes a este documento, a través de la pereza intelectual o bajo el pretexto de que es sólo el  trabajo “pastoral” lo que cuenta. Desafortunadamente, bien sabemos cómo después del Concilio estas mismas actitudes negligentes condujeron a la mayoría del clero y obispos a aceptar los errores conciliares, de una manera lenta pero segura. Por lo tanto, no debemos repetir estas mismas  acciones y errores.

Me gustaría invitar especialmente a mis hermanos sacerdotes de la Sociedad San Pío X, quienes están ya sea perplejos  o desorientados, o incluso presentan una disposición favorable hacia este documento, que miren este grave problema, porque de esto depende si mantenemos o no los principios siempre mantenidos por el Arzobispo Lefebvre, y hasta no hace mucho, por Monseñor Fellay.

En estas circunstancias particulares, si queremos ser fieles a nuestro trabajo sacerdotal y producir fruto espiritual en las almas, debemos primero que nada defender la pureza doctrinal. Pero la defensa de la doctrina requiere la refutación de y el combate a los errores modernos que han estado devastando la Iglesia por 50 años; hacerlo de otro modo sería cometer pecado de omisiónAsí que los puntos principales son: si la continuación de nuestra pelea por la Tradición está comprometida  por textos oficiales ambiguos firmados por nuestros superiores, el bien común de la Sociedad se pondría en peligro por traición a la verdad y un grave compromiso con las autoridades conciliares. 

CONTINUA...

jueves, 29 de octubre de 2015

Carta abierta a los Católicos perplejos - II



II



                                                                                  


Ante todo debo disipar un malentendido, para no tener luego que volver a él: no soy  un jefe de movimiento  y aún  menos el jefe de una  iglesia en particular. No soy, como no  dejan de escribir, "el jefe de los tradicionalistas".  Hasta se  ha  llegado  a  decir que ciertas  personas son "lefebvristas", como si se tratara de un partido o de una escuela. Aquí hay un  equívoco verbal. No tengo doctrina personal en materia religiosa. Toda mi vida me atuve a lo que me  enseñaron  en  el  seminario  francés  de  Roma,  es  decir,  la  doctrina  católica  según  la  transmisión  que  de  ella  hizo  el  magisterio  de  siglo  en  siglo  desde  la  muerte  del  último  apóstol, que marca el fin de la Revelación. En  esto  no  debería  haber  un  alimento  apropiado  para  satisfacer  el  apetito  de  lo  sensacional  que  sienten  los  periodistas  y  a  través  de  ellos  la  actual  opinión  pública.  Sin embargo, toda Francia se conmovió el 29 de agosto de 1976 al  enterarse de que  yo  iba a  decir misa en Lille. ¿Qué había de extraordinario en el hecho de que un obispo celebrara el  Santo Sacrificio? Tuve que predicar ante una gran cantidad de micrófonos y cada una de mis  palabras  era  saludada  con  estrépito.  Pero,  ¿decía  yo  algo  que  no  hubiera  podido  decir  cualquier otro obispo? ¡Ah! Aquí está la clave del enigma: desde hace varios años los otros obispos ya no  dicen las mismas cosas. ¿Se los ha oído hablar acaso a menudo del reino social de Nuestro Señor Jesucristo,  por ejemplo?  Mi  aventura  personal  no  cesa  de  asombrarme:  esos  obispos,  en  su  mayor  parte,  fueron  mis condiscípulos  en  Roma, se  formaron de  la  misma  manera. Y de pronto  yo  me encontraba  completamente solo. Ellos habían cambiado, ellos renunciaban a lo que habían  aprendido. Yo no había inventado nada nuevo, continuaba en la línea de siempre.  El cardenal  Garrone  llegó a  decirme  un día- .  "Nos  han engañado  en el seminario  francés de Roma". Engañado, ¿en qué? ¿No hizo él  mismo recitar  millares de  veces a  los  niños de su catecismo el acto de fe antes del concilio- . "Dios mío, creo firmemente en todas  las verdades que habéis  revelado y que nos enseñáis por medio de vuestra Iglesia, porque  vos no podéis engañaros ni engañamos" ¿Cómo  pudieron  metamorfosearse  de  semejante  manera  todos  esos  obispos? Encuentro una explicación: vellos se quedaron en Francia y se dejaron infectar lentamente.  En África, yo estaba protegido. Regresé a Francia justamente en el año del concilio; el mal  ya estaba hecho. El concilio Vaticano  II  no hizo sino abrir las compuertas que contenían la  marea destructora. En un santiamén y aun antes de que quedara clausurada la cuarta sesión, el desastre  era evidente. Todo o casi todo iba a quedar eliminado y, en primer término, la oración. El cristiano que tiene el sentido y el respeto de Dios se siente chocado por la manera  en que se  lo  hace rezar  hoy. Se  ha tildado de  "machaqueo" a  las  fórmulas aprendidas de  memoria que ya no se enseñan a los niños y que ya No  figuran  en  los  catecismos  con  la  excepción  del  Padre  nuestro,  en  una  nueva  versión  de  inspiración  protestante  que  obliga  al  tuteo.  Tutear  a  Dios  de  una  manera  sistemática no es señal de gran reverencia ni procede del espíritu de nuestra lengua que nos  ofrece un registro diferente según nos dirijamos a un superior, a un padre, a un camarada. En  ese mismo Padrenuestro posconciliar, se le pide a Dios que no nos  " someta a la tentación", expresión  equívoca  puesto  que  nuestra  traducción  francesa  tradicional  representa  un  mejoramiento por comparación con  la  fórmula  latina calcada bastante torpe mente sobre el  hebreo. ¿Qué progreso  hay aquí?  El  tuteo  invadió el  conjunto   de  la  liturgia  vernácula: el  Nuevo Misal de los domingos  emplea el tuteo de manera exclusiva y obligatoria sin que se  vean  las  razones  de  semejante  cambio,  tan  contrario  a  las  costumbres  y  a  la  cultura  francesas. En  escuelas  católicas  se  hicieron  test  a  niños  de  doce  y  trece  años.  Sólo  algunos conocían de memoria el padrenuestro, en francés naturalmente, algunos sabían el Avemaría.  Con una o dos excepciones, esos niños ignoraban el Símbolo de los Apóstoles, el Confíteor,  los Actos de fe, de esperanza, de caridad y de contrición, el Ángelus. .. ¿Cómo habrían de saber estas  cosas  si  la  mayor parte de ellos  nunca oyeron  ni  siquiera  hablar de ellas? La oración debe ser "espontánea", hay que hablar a Dios improvisando, se dice ahora, y no se  hace ningún caso de  la maravillosa pedagogía de la Iglesia que cinceló todas esas oraciones  a las que hubieron de recurrir los mayores santos. ¿Qué  alienta  todavía  a  los  cristianos  a  decir  la  oración  matinal  y  vespertina  en  familia, a  recitar el  Benedícite  y  la acción de  gracias? Me  he enterado de que en  muchas  escuelas católicas  ya  no se quiere decir  la oración al comenzar  las clases tomando como  pretexto que  hay alumnos  no creyentes o  miembros de otras religiones  y que  no  hay que  chocar su conciencia ni hacer uno alarde de sentimientos triunfalistas.  Las autoridades escolares se felicitan de admitir en esas escuelas a una gran mayoría  de no católicos y hasta de no cristianos y de no hacer nada para conducirlos a Dios. Niños  católicos de esas escuelas deben ocultar su credo bajo el pretexto de respetar las opiniones  de sus camaradas. La genuflexión ya no es practicada más que por un número muy restringido de fieles;  se  la  reemplazó  por  una  inclinación  de  cabeza  o  más  frecuentemente  por  absolutamente  nada. La gente entra en una  iglesia y se sienta.  El mobiliario ha sido reemplazado, los bancos con reclinatorio se transformaron en  leña para calefacción; en muchos lugares se han colocado en su lugar butacas idénticas a las  de salas de espectáculos, lo cual por lo demás permite instalar más cómodamente al público  cuando las iglesias se utilizan para dar conciertos.  Me han citado el caso de  una capilla del Santo Sacramento en  una gran parroquia  parisiense a la que acudían a hacer una visita a la hora del almuerzo muchas  personas que  trabajaban en los alrededores; un  día esa capilla se cerró  a  causa de  los  trabajos que debían  realizarse;  cuando  reabrió  sus  puertas  los  reclinatorios  habían  desaparecido,  sobre  una  gruesa  y  cómoda  alfombra  se  habían  instalado  asientos  acolchados  y  profundos,  de  un  precio  ciertamente  elevado  y  comparables  a  los  que  se  pueden  encontrar  en  la  sala  de  recepción de las grandes sociedades o de las compañías aéreas.  El comportamiento de los fieles cambió completamente; unos pocos se arrodillaban en  la alfombra, pero  la  mayor parte  se  instalaba cómodamente  y con  las piernas cruzadas  meditaba  frente  al  tabernáculo.  Es  seguro  que  en  el  espíritu  de  esa  parroquia  había  una  intención;  no se procede a realizar disposiciones tan costosas sin  reflexionar en  lo que se  hace, se comprueba aquí una voluntad de modificar las relaciones del hombre con Dios en la  dirección de la familiaridad, de la desenvoltura, como si se tratara con Dios de igual a igual.  Si se suprimen los gestos que materializan la "virtud de religión" ¿cómo puede uno  estar persuadido de que se encuentra en presencia del Creador y soberano, Señor de todas  las cosas? ¿No se corre así el riesgo de disminuir el sentimiento de Su Presencia real en el tabernáculo? Los católicos están también desorientados por la  trivialidad y hasta por la vulgaridad  que se  les  impone en  los  lugares de culto de  manera sistemática. Se tildó de  triunfalismo  todo aquello que contribuía a la belleza de los edificios y al esplendor de la ceremonia. Hoy  la decoración debe aproximarse a  la decoración cotidiana, a lo "vivido".  En los siglos de fe, se ofrecía a Dios lo que el hombre poseía de más precioso- , en las iglesias de aldea se podía ver precisamente aquello que no pertenecía al universo cotidiano: piezas  de  orfebrería,  obras  de  art e,  ricos  tejidos,  encajes,  bordados,  estatuas  de  la  Santa  Virgen  coronada de joyas. Los  cristianos  hacían  sacrificios  financieros  para  honrar  lo  mejor  que  podían  al  Altísimo.  Todo  eso  contribuía  a  la  oración,  ayudaba  al  alma  a  elevarse,  y  éste  es  un  fenómeno  natural  en  el  hombre:  cuando  los  reyes  magos  acudieron  al  pobre  pesebre  de  Belén, llevaban oro, incienso y mirra. Hoy se embrutece a los católicos haciéndolos rezar  en  un  ambiente  trivial,  en  "salas  polivalentes"  que  no  se  dis tinguen  de  ningún  otro  lugar  público y a veces son incluso peores que los lugares públicos. Aquí y allá se abandona una  magnífica iglesia gótica o románica para construir al lado una especie de cobertizo pe lado y  triste,  o  bien se organizan 'eucaristías  domesticas en  comedores y hasta en cocinas. Me han  hablado de una de ellas celebrada en el domicilio de un difunto en presencia de su familia y  de amigos; después de la ceremonia se retiró el cáliz y sobre la misma mesa cubierta por el  mismo  mantel se  instaló el  refrigerio. Durante  todo ese tiempo  y a algunos centenares de  metros,  los pájaros eran  los únicos que cantaban al Señor alrededor de  la  iglesia del  siglo  XIII provista de magníficos vitrales. Aquellos  lectores que hayan conocido  la época anterior a  la  guerra seguramente se  acuerdan del  fervor de  las procesiones de Corpus Christi, con  las  múltiples estaciones,  los  cantos,  los  incensarios,  la  custodia  resplandeciente  a  los  rayos  del  sol,  llevada  por  el  sacerdote bajo el dosel bordado de oro, las banderas y las flores, las campanas.  El sentido de  la adoración  nacía así en el alma de  los  niños  y  les quedaba  grabado  para toda la vida. Este aspecto primordial de la oración parece muy descuidado. ¿Se podrá  aducir  el  motivo  de  la  evolución  necesaria,  de  los  nuevos  hábitos  de  vida?  Las  complicaciones del tránsito de automóviles no impiden las manifestaciones callejeras, y los  que  participan  de  ellas  no  sienten  ningún  respeto  humano  para  expresar  sus  opiniones  políticas o sus reivindicaciones justas o injustas. ¿Por qué tendría que ser Dios el único en  quedar  descartado  y  por  qué  sólo  los  cristianos  deberían  abstenerse  de  rendirle  el  culto  público que le corresponde? La desaparición casi total de las procesiones no tiene por origen un desafecto de los  fieles.  La  procesión  está  prescrita  po r  la  nueva  pastoral  que  sin  embargo  insiste incesantemente en  la busca de  una  "participación activa del pueblo de Dios".  En 1969 un  cura de Oise era destituido por su obispo después de haber recibido la prohibición de realizar  la tradicional procesión de Corpus, pero esa  procesión se realizó así y todo y atrajo a diez  veces más personas que los propios habitantes de la aldea.  ¿Se podrá decir que la nueva pastoral, por lo demás, en contradicción en este punto con  la contribución conciliar sobre  la Santa Liturgia, está de acuerdo con  las aspiraciones  profundas de los cristianos que permanecen aferrados a esas formas de piedad? ¿Qué les proponen en cambio? Muy poco, pues el servicio del culto se redujo muy rápidamente. Los sacerdotes ya no celebran todos los dí as el Santo Sacrificio y concelebran  el resto del tiempo; el número de misas disminuyó en grandes proporciones.    En  la  campaña  es  prácticamente  imposible  asistir  a  misa  en  los  días  hábiles;  los  domingos es necesario usar algún vehículo para llegar a la localidad a la que le toca recibir  al  sacerdote  del  "sector".  Numerosas  iglesias  de  Francia  han  quedado  definitivamente  cerradas,  otras  se  abren  algunas  veces  en  el  año.  Si  se  agrega  a  esto  la  crisis  de  las  vocaciones, el resultado es que  la práctica religiosa  se  hace año tras año  más difícil.  Las  grandes ciudades están en general mejor servidas, pero la mayoría de las veces es imposible  comulgar, por ejemplo, los primeros viernes o los primeros sábados del mes.  Naturalmente  ya  no hay que pensar en  la  misa cotidiana; en  muchas parroquias de  ciudades  las  misas  se  celebran  por  encargo,  para  un  grupo  dado  de  personas  a  una  hora convenida y de manera tal que el que entra por casualidad donde se dice la misa se siente extraño a una celebración salpicada de alusiones a las actividades especiales y a la vida del grupo. Se ha tratado de desacreditar lo que se ha dado en llamar celebraciones individuales por oposición a  las  celebraciones comunitarias; en  realidad,  la comunidad  se disgregó en pequeñas  células;  no  es  raro  ver  a  sacerdotes  celebrar  misa  en  casa,  de  un  cristiano entregado a actividades de la acción católica y en presencia de algunos militantes. También se comprueba que el horario del domingo a la mañana está distribuido entre  las diferentes comunidades lingüísticas y entonces hay misa en francés, misa en portugués,  misa en español... En una época en la que los viajes al exterior se han difundido tanto, los católicos deben asistir a  misas en  las que  no comprenden  una palabra, aunque se  les da a entender que n o es posible orar sin "participar". ¿Cómo podrían participar? Ya no hay misas o hay muy pocas, ya no hay procesiones, ya no hay bendiciones del  Santo Sacramento,  ya  no  hay  vísperas...  La oración en común  ha quedado reducida a su  expresión  más  simple. Pero  cuando  el  fiel  logró superar  las dificultades de  horarios  y de  traslado, ¿qué encuentra para apagar su sed espiritual?  Más adelante hablaré de la liturgia y de las graves alteraciones que sufre.  Por el momento observemos el exterior de la cuestión, observemos la forma de esta oración común. Con harta frecuencia el clima de las "celebraciones" resulta chocante para el sentido religioso de los católicos. Se ha producido la intrusión de ritmos profanos con toda clase de instrumentos de percusión, guitarras,  saxofones. Un músico responsable de música sagrada de una diócesis del norte de Francia escribía con el apoyo de eminentes y numerosas personalidades del mundo musical: "A pesar de las designaciones corrientes, la música de  esos  cantos  no  es  moderna:  ese  estilo  musical  no  es  nuevo,  sino  que  se  practicaba  en  lugares y medios muy profanos (cabarets,  music-halls,  a menudo para bailar danzas más o  menos lascivas con nombres extranjeros)... y sus ritmos impulsan a menearse o al  swing:  todo el mundo tiene ganas de agitarse. Esta es ciertamente una expresión corporal extraña  a nuestra cultura occidental, poco favorable al recogimiento y cuyos orígenes son bastante turbios...  La mayor parte del tiempo nuestros conjuntos a los que les cuesta ya tanto trabajo no igualar las negras y las corcheas en una medida de 6/8 no respetan el ritmo exacto y el conjunto falla: entonces uno ya no siente ganas de menearse pues el ritmo se hace informe y muestra tanto más la pobreza habitual de la línea melódica." ¿En qué se convierte  la oración  en  medio de todo esto? Felizmente parece que en  más de un lugar la gente ha retornado a costumbres menos bárbaras. Entonces, si uno quiere  cantar,  está  sujeto  a  las  producciones  de  los  organismos  oficiales  especializados  en  la  música de iglesia, pues ya a nadie se le ocurre utilizar la maravillosa herencia de los siglos pasados.   Las melodías habituales, siempre las mismas, son de una inspiración muy mediocre.  Los  trozos  más elaborados, ejecutados  por coros, se  resienten por  la  influencia profana  y  excitan la sensibilidad en lugar de penetrar en el alma como el canto llano; la letra inventada  con un vocabulario nuevo, como si un diluvio hubiera destruido unos veinte años atrás todos  los libros antifonarios en los cuales se p odría haber buscado inspiración aun queriendo hacer  algo  nuevo,  adopta  el  estilo  del  momento  y  pasa  rápidamente  de  moda;  al  cabo  de  muy  breve tiempo ya no es comprensible.  Innumerables  discos  destinados  a  la  "animación"  de  las  parroquias  difunden  paráfrasis de salmos que se dan como si fueran salmos y que suplantan el texto sagrado de  inspiración divina. ¿Por qué no cantar los salmos mismos? No hace  mucho tiempo apareció una  novedad; en  la entrada de  las  iglesias podían  leerse  unos  letreros  que  decían:  "Para  alabar  a  Dios,  batid  palmas".  Así,  durante  la celebración y a una señal del animador los concurrentes levantan los brazos por encima de la cabeza  y  golpean  las  manos cadenciosamente con entusiasmo, de suerte que producen  un  insólito estrépito en el recinto del santuario.  Este  tipo  de  innovaciones,  que  ni  siquiera  tiene  relación  con  nuestros  hábitos  profanos,  intenta  implantar  una  actitud  artificial  en  la  liturgia  y  sin  duda  no  tendrá  gran  futuro; sin embargo contribuye a desalentar a los católicos y a aumentar su perplejidad. Uno  puede abstenerse de frecuentar las  Gospel  Nights  pero ¿qué hace cuando las raras misas del  domingo están invadidas por estas desoladoras prácticas? La pastoral de conjunto, según  la expresión adoptada, obliga al  fiel a  hacer  nuevos  gestos, cuya utilidad él no comprende y van contra su naturaleza. Ante todo es menester que  las cosas ocurran de  una  manera colectiva, con  intercambios de palabras,  intercambios de  evangelio,  intercambios  de  miradas,  apretones  de  manos.  El  pueblo  sigue  estas  prácticas  refunfuñando  y  a  regañadientes,  como  lo  de muestran  las  cifras  estadísticas:  las  últimas estadísticas registran entre 1977  y 1983  una  nueva disminución en  la  frecuentación de  la Eucaristía en tanto que la oración personal registra un ligero aumento. La pastora l de conjunto  no  logró pues conquistar a  la población católica. Véase  lo  que puede leerse en un boletín parroquial de la región parisiense: " Desde hace dos años la misa de las nueve y media tenía de vez en cuando un estilo  un poco particular por cuanto a la proclamación del Evangelio seguía un intercambio en el  cual los fieles se reunían por grupos de a diez. En realidad, la primera vez que se intentó  semejante celebración, sólo sesenta y nueve personas constituyeron grupos de intercambio  y  ciento  treinta  y  ocho  permanecieron  al  margen  de  la  ceremonia.  Se  podía  pensar  que  corriendo el tiempo se modificaría ese estado de cosas, pero nada de eso ha ocurrido." Entonces el equipo parroquial organizó una reunión para establecer si continuarían o  no las "misas con intercambios". Se comprende que las dos terceras partes de los asistentes  que  se  resistieron  hasta  entonces  a  las  novedades  posconciliares  no  se  hayan  sentido encantados con esas chácharas improvisadas en plena misa. ¡Qué difícil es hoy ser católico!  La  liturgia francesa, aun sin "intercambios", aturde a los asistentes con oleadas de palabras, Sondeo  Madame Figaro-Sofres,  septiembre de 1983.  La primera pregunta formulada era:  ¿Comulga usted  una  vez  por semana o mas; alrededor de una vez por mes? Lo cual corresponde más o menos a la asistenc ia a  misa, puesto que hoy todo el mundo comulga.  Las respuestas afirmativas pasaron de un dieciséis a un nueve  por ciento. de  suerte  que  muchos  se  quejan  de  que  ya  no  pueden  rezar  durante  la  misa.  Entonces,  ¿cuándo rezarán?  Los cristianos desconcertados comprueban que se les proponen recetas admitidas por  la jerarquía siempre que se alejen de la espiritualidad católica. El yoga y el zen son las más  extrañas. ¡Desastroso orientalismo que conduce a la piedad por falsos caminos al pretender  realizar una  "higiene del alma"!   ¿Quién podrá exag erar, por otro lado, los efectos nefastos  de la expresión corporal, degradación de la persona y al mismo tiempo exaltación del cuerpo  que es contraria a la elevación hacia Dios? Estas nuevas prácticas introducidas hasta en los  monasterios de monjes contemplativos, como muchas otras, son extremadamente peligrosas  y dan la razón a aquellos a quienes oímos decir: "Nos están cambiando nuestra religión".  


CONTINUA...

La iglesia que resurgió de las aguas en México





            Iglesia de Santiago de Quechula






Las caudalosas aguas del sureste mexicano encierran valiosos
tesoros. La falta de lluvia dejó al descubierto lo que queda en pie de la Iglesia de Santiago de Quechula,construido en el siglo XVI por monjes dominicos en el norte de lo que hoy es el Estado de Chiapas. La iglesia, de 61 metros de largo, se encuentra sumergida desde 1966, cuando se terminó la construcción de la presa de Malpaso, en el cauce del río Grijalva, el segundo más grande de México. El Grijalva, de 600 kilómetros de longitud, fue afectado este año por el fenómeno El Niño, que provocó que llueva menos de la mitad de lo que se acostumbra en una zona del país de frondosa vegetación y habituada a generosas tormentas tropicales. 





























( lamentamos que tan valiosa joya y este valioso vídeo esté ilustrado con una pequeña parte de la nueva misa. No es nuestra intención dar publicidad a ella.)