III. EXPOSICIÓN TEOLÓGICA DE
SANTO TOMAS (continuación)
¿Habrá de sostenerse la doctrina general del conocimiento angélico
por medio de las
especies impresas connaturales, o, para obviar la dificultad, será ¡preciso
poner que los ángeles han de recibir nuevas especies o modificar las que ya
tienen, desde un principio, y en las cuales no los conocían antes de que los
futuros tuviesen realidad en sí? El Angélico Doctor sigue manteniendo
firmemente la tesis de que, aunque los ángeles puedan conocer tales futuros por
revelación antes que existan (ad 1), no los pueden conocer en modo alguno
naturalmente. Cuando los futuros existan, los ángeles los conocerán mediante
las especies infusas connaturales, pues entonces será cuando tengan en sí una
naturaleza por la cual se asemejen a las especies, precisamente en esto pone
Santo Tomás la diferencia entre el conocimiento que los ángeles pueden tener de
las cosas pretéritas o presentes y las futuras (ad 3, y De veritate, q. 8, a.
12 ad 1).
No
necesita, pues, el ángel nuevas especies, ya que las que tiene son desde un
principio aptas para representar todos los futuros cuando ellos existan y se asemejen
a ellas y esto sin modificación alguna por parte de las especies, pues así lo
afirma el Santo expresamente en otro lugar, diciendo: "Cuando algo
comienza a existir, el ángel empieza a conocerlo, no por algún cambio en el
ángel, sino en la cosa cognoscible, en la cual hay algo que antes no
había" (Quodlib, VlI, q. 1, a. 3 ad 2). Recuérdese
también lo afirmado en la respuesta a la cuarta dificultad del artículo 2 de la
cuestión anterior.
y
más explícito, indicando el modo como el ángel conoce el futuro al tener éste
existencia, afirma en la respuesta ad 1 en el lugar citado del Quodlib.
VlI." "Las especies que el ángel tiene
concreadas en sí bastan para conocer todas las cosas cognoscibles, pero en
cuanto el entendimiento del ángel es elevado por una luz superior para
prorrumpir en más elevados conceptos; así como el profeta, por las mismas
especies de los fantasmas, ayudado por la luz profética, recibe un nuevo
conocimiento para el cual no bastaba la luz natural del entendimiento
agente".
4°_Los ángeles no
pueden conocer naturalmente los pensamientos ni los afectos de la voluntad,
pues esto es propio de Dios, a no ser que se manifiesten por sus efectos o en
algún signo exterior. (a. 4)
Santo
tomas a la proposición de “Si los ángeles
conocen los pensamientos de los corazones, contesta”:
Lo que es propio de
Dios no conviene a los ángeles. Pero conocer los pensamientos de los corazones
es propio de Dios, según aquellas palabras del profeta Jeremías: perverso es el
corazón del hombre e inescrutable ¿quién lo conocerá? Yo, el Señor, que penetro
los corazones.
Luego el ángel no
conoce el secreto de los corazones [65].
El pensamiento del
corazón puede ser conocido de dos maneras, La primera, en su efecto, y de este
modo puede ser conocida no solamente por el ángel, sino también por el hombre,
y tanta mayor ventaja lleva el ángel cuanto más recóndito sea el efecto. Un
pensamiento, por ejemplo, es conocido a veces no sólo por algún acto externo, sino
también por la alteración de las facciones, y los médicos pueden conocer
algunas afecciones del alma por el pulso. Los ángeles, pues, y los mismo los
demonios, le conocerán tanto más cuanto con mayor penetración escudriñan esta
clase de alteraciones corporales ocultas; y por esto dijo San Agustín, hablando
de los demonios, que a veces descubren con toda facilidad las disposiciones de
los hombres, y no solo las que manifiestan de palabra, sino también las
concebidas en los pensamiento, si en el cuerpo se reflejan cualesquiera signos
procedentes del alma si bien en el libro de las retractaciones dice que no se
puede asegurar cómo esto sucede.
El otro modo es el
de conocer los pensamientos conforme están en el entendimiento, y los afectos
como están en la voluntad, y de esta modo solamente Dios puede conocer los
pensamientos de los corazones y los afectos de la voluntad. La razón es porque
la voluntad de la criatura racional no está sujeta más que a Dios, y en ella,
corno más adelante veremos, sólo puede obrar el que es su objeto principal y su
último fin; de donde se sigue que lo que está en la voluntad, o la que no
depende más que de la voluntad, solamente es conocido de Dios. En efecto, no
cabe duda de que de la voluntad sola depende el que alguien piense de hecho
alguna cosa, porque cuando alguno tiene el hábito de la ciencia posee especies
inteligibles, usa de ello cuando quiere, y por esto dijo el Apóstol: Lo que hay
en el hombre nadie lo conoce si no es el espíritu del hombre, que está en él
[66].
Si,
como se ha dicho en el artículo anterior, en tanto una cosa es cognoscible en
cuanto tiene actualidad, parece qué podrá conocer el ángel los pensamientos y
afectos actuales de los hombres y de ,los otros ángeles mediante las especies
que de unos y otros tiene el entendimiento angélico, que los representan tal
como son actualmente.
La
sentencia de Santo Tomás queda expresada en la proposición que antecede,
conforme en todo con lo qué la Sagradas Escritura nos dice del poder de penetrar
los secretos, de los corazones. Por pensamientos de los corazones entiéndese en
primer lugar los actos inmanentes libres del entendimiento y la voluntad; y
secundariamente, también los actos de cualquier potencia que de algún modo
participa de la libertad, v. gr., la
fantasía y apetito sensitivo cuando sus actos son imperados por la libre
voluntad.
Todos
estos secretos de los, corazones pueden manifestarse por sus efectos o signos
exteriores, como son el acto externo, alteración de las facciones, cambios
internos del organismo, etc.
En tales casos pueden sin duda, ser conocidos
naturalmente por el hombre y por el ángel, y por éste tanto más perfectamente
cuanto su naturaleza sea superior, sus especies inteligibles más perfectas y su
entendimiento más penetrante.
Mas,
considerados en sí mismos, en cuanto que son inmanentes al entendimiento y la
voluntad, sin manifestación alguna, sólo Dios puede conocerlos, En este
sentido, los testimonios escríturísticos ya aducidos son numerosos y
explícitos.
La
razón, para Santo Tomás está en la misma naturaleza íntima de la voluntad y del
entendimiento; libres Y contingentes e indeterminados absoluta e
intrínsecamente, independientes en su determinación de toda otra criatura Y
dependientes sólo de Dios (a. 2; cf. también 1-2, q. 9, a. 6; 1." p., q.
105, a. 4, Y 106, a. 2), de quien reciben el ser.
Al
no depender el entendimiento Y la voluntad en su determinación de causa alguna,
no tienen sus actos conexión necesaria con ninguna cosa natural, y, por
consiguiente, tampoco con las especies infusas connaturales dé los ángeles (De
veritate, q. 8, a. 13), que sólo representan de modo actualmente cognoscible
las cosas que actualmente existen en el universo.
La
voluntad Y el entendimiento son, pues, un sagrario sólido e impenetrable, en el
cual riada ni nadie puede entrar sino sólo Dios, Y aquello a lo cual la misma
voluntad abra sus puertas. Y de esa misma Impenetrabilidad participan en parte
la imaginación Y el apetito sensitivo, en cuanto movidos por la libre voluntad
(ad 3; cf. De veritate) q. 8, a. 13 ad 4).
5. "Los ángeles
con conocimiento natural no pueden
conocer los misterios de la gracia; con el conocimiento que, los hace
bienaventurados, por el cual ven al Verbo y las cosas en el Verbo conocen los
misterios de la gracia, aunque no todos los misterios, ni todos los ángeles por
igual sino en la medida que Dios haya querido revelárselos" (a. 5).
Se
pregunta en este artículo, “Si los
ángeles conocen los misterios de la gracia” y contesta el angélico:
POR OTRA PARTE,
nadie aprende lo que sabe. Pero los ángeles, incluso los supremos, investigan
los misterios de la gracia y los aprenden, puesto que dice Dionisio que la
Sagrada Escritura habla de ciertas esencias celestes que proponían cuestiones
al mismo Jesús y aprendían la ciencia de su obra divina en favor nuestro, y
Jesús les enseño; sin intermediario; y esto concuerda con aquel pasaje de
Isaías, cuando preguntan los ángeles: ¿ Quién es este que viene de Edom?, y
responde Jesús: Yo, el que hablo justicia. Luego los ángeles no conocen los
misterios de la gracia los ángeles no
conocen los misterios de la gracia en los ángeles hay dos clases de
conocimiento. Uno natural; por el que conocen las cosas, bien por su esencia o
también por especies innatas, y con esta clase de conocimiento no pueden
conocer los misterios de la gracia, porque éstos dependen de la sola voluntad
de Dios; y si un ángel no puede conocer los pensamientos que dependen de la
voluntad de otro, mucho menos conocerá los que solamente dependen de la' voluntad divina. Y esto es lo que enseña, el Apóstol cuando dice: Lo que hay en
el hombre nadie lo conoce sino el espíritu del hombre) que en él está.
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