SOBRE LA EPISTOLA
A LOS ROMANOS
PRESENTACIÓN.
«Los
tesoros de la sabiduría del sabio Juan (Crisóstomo) son especialmente
abundantes en su exposición de la Epístola a los Romanos. Yo pienso —y no se
puede decir que escriba para adular a nadie— que, si el divino Pablo hubiera
querido explicar en lengua ática sus propios escritos, no hubiera hablado de
distinta manera que este famoso maestro; tan notable es la exposición de éste
por su contenido, su belleza de forma y por su propiedad de expresión».
Este
juicio elogioso, de la pluma de Isidoro de Pelusio ( f 435), uno de los
primeros biógrafos del famoso patriarca de Constantinopla, acerca de las 32 —o,
si se cuenta también la homilía introductoria a todo el Corpus Paulinum, 33—
homilías del Crisóstomo sobre la Epístola a los Romanos, es válido no sólo en
cuanto a su indiscutible calidad literaria, sino también, y sobre todo, por lo
que se refiere a su valor exegético y doctrinal. Demostrar este doble valor —exegético
y doctrinal— constituye el objetivo de nuestra Tesis doctoral, y la estructura
en dos partes principales, además de una breve introducción y de las
conclusiones.
En la
primera parte estudiamos, una por una, las homilías I-XIX, en las que el
Crisóstomo comenta los capítulos I-XI de la Epístola a los Romanos2. El estudio
de cada una de ellas se divide, a su vez, en dos secciones: una, en la que
exponemos, resumidamente, su contenido, resaltando los puntos doctrinales en
los que nuestro autor insiste más. Esto nos da una idea, por un lado, de los
problemas doctrinales que un pastor de almas como lo era el Crisóstomo, tenía
planteados en su época, y por el otro, del desarrollo alcanzado en la
formulación del dogma católico, frente a las diversas herejías. Y otra sección,
en la que pretendemos valorar —a la luz de la exégesis patrística y moderna—
las aportaciones de nuestro autor para la interpretación de Romanos 3.
La
segunda parte de nuestro trabajo —y la que viene publicada en el presente
extracto— está dedicada a una exposición sistemática de las enseñanzas del
Crisóstomo acerca de uno de los temas principales —y más subrayados por él— de
la Epístola a los Romanos: la libertad humana. Como los herejes de su tiempo
—de tipo maniqueo, sobre todo— pretendieron apoyarse en algunos pasajes y
expresiones de San Pablo, para negar la libertad humana, nuestro exegeta les
sale continuamente al paso, interpretando el texto sagrado según la doctrina ortodoxa
y señalando las consecuencias absurdas que se derivan, para la responsabilidad
moral, de tal negación 4.
Dedicaremos
un primer capítulo al estudio de la libertad como obra de Dios. Procediendo,
como todo lo creado, de la bondad y la liberalidad de Dios, el hombre se
distingue del resto de las criaturas visibles por su libertad, colocado en un lugar
preferente del universo. Esa libertad, que se funda en el libre albedrío, es
consecuencia de la naturaleza racional del hombre, con sus dos potencias
espirituales: entendimiento y voluntad. Como cada una de esas potencias tiene
su objeto específico —la Verdad y el Bien— respecto del cual no son indiferentes,
tampoco lo es la libertad humana: el conocimiento natural de Dios y de la ley
moral natural le sirven al hombre —deben servirle— para el ejercicio
responsable de su libertad.
Finalmente
estudiaremos cuáles son las consecuencias que se derivan, para la libertad
humana, del hecho de ser el hombre compuesto de alma y cuerpo, así como la
situación de esa libertad antes del pecado original.
Un
segundo capítulo, La esclavitud del pecado, tiene la siguiente finalidad: hasta
ahora vimos que todo lo que el hombre tiene —y eso vale especialmente de la
libertad humana— es un don de Dios, concedido con absoluta gratuidad de parte
del Creador; vimos también que esa libertad le fue dada y, por tanto, le debe
servir para alcanzar su último fin que es el mismo Dios; además, en el estado
de justicia original, Dios había dado a nuestros primeros padres —más
gratuitamente aún— los dones preternaturales y, sobre todo, la gracia, que
redundaron en beneficio y ayuda para la libertad humana. Por consiguiente, se
trata de ver en este segundo capítulo cuáles son los enemigos de la libertad
humana, entre los que destaca como el mayor —y, en un sentido preciso, el
único— el pecado. Estudiaremos en primer lugar el pecado original que, tanto
por su influjo en todo el género humano como por la importancia que le da San
Pablo en Romanos, merece una mención especial. Después, trataremos del pecado
personal: sus causas, su naturaleza y sus efectos.
No
podemos, finalmente, dejar de expresar nuestro agradecimiento a cuantos nos han
prestado, de una u otra manera, su ayuda en este trabajo, muy especialmente al
Prof. Dr. José María Casciaro que con tanta paciencia y dedicación ha dirigido nuestro
estudio.
1.
Isidoro de Pelusio, Epístola 5,32; PG 78,1348; citado por J. QUASTEN, Patrología,
vol. II (Madrid 1973 2 ) , p.491.
2.
Esta limitación a los once primeros capítulos de Romanos se justifica por el hecho
de constituir éstos la parte dogmática de la Epístola.
3. Por
lo que se refiere a la exégesis patrística, nos ha servido mucho el trabajo de
K.H. SCHELKLE, Paulus, Lehrer der Väter. Die altkirchliche Auslegung von Römer
1-11 (Düsseldorf 1959 2 ) . El escaso espacio disponible en esta presentación
no nos permite siquiera esbozar el amplio abanico de conclusiones a las que
hemos llegado en esta sección de nuestro estudio.
4.
Para esta parte sistemática de nuestro trabajo hemos acudido también, siempre
que fuera necesario para completar algún aspecto, a otras obras del
I. L A LIBERTAD HUMANA: OBRA DE DlOS
Introducción
Uno de
los temas fundamentales de la Epístola a los Romanos es, sin duda alguna, el de
la libertad. Y eso no sólo por los pasajes que tratan más o menos expresamente
de ella: los cristianos, muertos y consepultados con Cristo en el bautismo,
están ya libres del pecado (cfr 6,18.22); igualmente, por la muerte de Cristo,
han quedado libres de la Ley (cfr 7, 2.3.4.6); la nueva vida de la gracia les
libera de la ley del pecado y de la muerte (cfr 8, 2); junto con ellos toda la
creación espera ser liberada un día de la servidumbre de la corrupción para
participar en la libertad de la gloría de los hijos de Dios (cfr 8, 21); etc.'.
Pero además, esa libertad subyace como trasfondo a toda una serie de conceptos
claves de la doctrina paulina, tal como viene expuesta en Rom: la fe se
presenta como un acto de obediencia (cfr 1, 5), pero de hecho no todos obedecen
(cfr 10, 16); la justificación es ciertamente un don gratuito (cfr 3, 24), pero
hay que aceptarla por la fe (cfr 3, 22.26), y de hecho los judíos, buscando
afirmar la propia justicia, no se sometieron a la justicia de Dios (cfr 10,3);
por otra parte, tanto gentiles como judíos son responsables de sus pecados y por
eso inexcusables (cfr 1, 20; 2, 1).
No
faltan, sin embargo, en esta Epístola frases de difícil interpretación que
podrían ser malentendidas —y de hecho lo han sido—, Crisóstomo, sobre todo a
sus dos series de comentarios sobre el Génesis.
como
si el Apóstol negara la libertad del hombre, bien frente al pecado, bien frente
a la gracia 2: «Así que (Dios) tiene misericordia de quien quiere y a quien
quiere le endurece»(9, 18), y a continuación las expresiones: vas in honorem,
vas in contumeliam, y vasa irae, vasa misericordiae (9, 21ss); «Dios los entregó
(a los gentiles) a los deseos de su corazón, (...) a las pasiones vergonzosas,
(...) a su reprobo sentir» (1, 24.26.28); «Dios les dio (a los judíos) un
espíritu de aturdimiento» (11, 8); «se introdujo la ley para que abundase el
pecado» (5, 20); «las pasiones pecaminosas, vigorizadas por la ley, obraban en nuestros
miembros y daban frutos de muerte» (7, 5); «el apetito de la carne es muerte»
(8, 6); «el pecado, con ocasión del precepto, me sedujo y por él me mató» (7,
11); etc 3.
Estas
y muchas otras frases, sacadas de su contexto e interpretadas al margen y en
contra del conjunto de las enseñanzas de San Pablo, servían ya en los primeros
siglos del cristianismo de apoyo escriturístico para doctrinas heréticas, sobre
todo de tipo maniqueo. De ahí que la exégesis patrística tenía que salir al
paso de estos errores, buscando una interpretación recta de esos pasajes para
defender el libre albedrío del hombre y señalar su responsabilidad personal4.
Puesto
que las homilías de San Juan Crisóstomo sobre Romanos 5 se consideran como «el
comentario patrístico más importante a esta Epístola» 6, expondremos a continuación,
de manera sistemática, los rasgos fundamentales de su enseñanza acerca de la libertad
humana, tal como Dios se la dio al hombre en el mismo acto creador y tal como
sigue perteneciendo, aunque debilitada, a su misma naturaleza, incluso después
del pecado original7.
1.
Estos aspectos han sido estudiados por A . GÜEMES VILLANUEVA, La libertad en
San Pablo. Un estudio sobre la éX.ei>8eoía paulina (Pamplona 1971).
2.
Para un caso ejemplar e históricamente importante, véase el trabajo de L.F. MATEO-SECO,
Martín Lutero: Sobre la libertad esclava, en Crítica Filosófica 19 (Madrid
1978).
3.
Cfr. nuesto estudio La esclavitud del pecado, en Reconciliación y Penitencia.
V
Simposio Internacional de Teología (Pamplona 1983), p. 459-479.
4. Cfr. K.H. SCHELKLE, Paulus, Lehrer der Väter. Die
altkirchliche Auslegung von Römer 1-11 (Dflsseidorf 1959 2 ) , passim.
5. PG
60, 392-682.
6. J.
QUASTEN, Patrología, vol.II (Madrid 1973 2 ) . p. 491. Son de su época antioquena
y pronunciadas probablemente después del año 391.
7.
Prescindimos, por tanto, de las relaciones especificas entre libertad humana y gracia
de Dios. Para este aspecto se puede consultar: A. MOULARD, Le libre arbitre et
la gráce chez saint Jean Chrysostome, en L'Année Théologique 10 (1949), p. 151-179.
Es una pena que este excelente estudio no traiga las oportunas referencias ni a
las obras del Crisóstomo ni a la bibliografía.
La Creación
El
primer dato que nos ofrece la Sagrada Escritura al abrir la primera página del
Génesis, es la creación del universo por Dios, a partir de la nada 8. La
tradición cristiana ha visto siempre la creación como un acto de pura bondad y
libertad divinas, ya que Dios no obró, al crear, impulsado por ninguna necesidad
ni tampoco por el deseo de aumentar su propia felicidad, siendo El por sí solo
sumamente feliz 9.
Esta
misma es la enseñanza del Crisóstomo que, además de recordar con frecuencia los
beneficios que hemos recibido de Dios 10, resalta en concreto la libertad
divina al crearnos: “todo lo que el hombre es y tiene
es un don gratuito de Dios, un regalo inmerecido: alma, cuerpo y vida”. Por
otra parte, Dios, al crearnos, no gana nada para sí, ya que no necesita de la
glorificación que las criaturas le podemos dar; si quiere necesitar de ella,
eso mismo es también para provecho nuestro 12.
Si
toda la creación refleja la grandeza de Dios —al Crisóstomo, como griego que
era, le conmovía sobre todo la armonía del universo, su ordenación bien
ponderada dentro de una maravillosa variedad 13 — , el hombre ocupa un lugar
destacado y singular. Creado ad imaginem Dei, se distingue de las demás
criaturas visibles por su dignidad. El universo entero está puesto a su
servicio; él habita todo el orbe de la tierra y goza de todas las criaturas 15.
En
efecto, al comentar Rom 8,20, el Crisóstomo señala la estrecha relación que,
por voluntad divina, existe entre el hombre y las demás criaturas visibles.
Todas ellas han sido creadas en función del hombre. Así se explica tanto el castigo
actual que sufren a causa del pecado del hombre, la maldición que cayó sobre la
tierra, como también la incorruptibilidad futura de la que gozarán una vez que
el hombre la haya adquirido en la resurrección de los cuerpos 6.
El
título por el que el hombre ha recibido, de la bondad de Dios, esa nobleza que
le eleva por encima de los animales es la libertad de un ser dotado de razón”. Dios quiso que el hombre se dirigiese libremente a su fin,
que le alcanzase a El mediante el ejercicio de la virtud: por eso le creó libre
18.
8. El
Crisóstomo enseña explícitamente esta doctrina: «Porque
decir que las cosas fueron hechas de una materia preexistente y no confesar que
el creador de todas las cosas las sacó de la nada, sería señal de una estupidez
extrema» (In Gen. hom. 2, 2; PG 53, 28).
Nuestro
autor tiene dos series de comentarios sobre el Génesis: durante la cuaresma del
año 386 predicó los Sermones octo in Genesim (PG 54, 581-630), abarcando sólo
Gen 1-3; dos años más tarde, durante la cuaresma del 388, volvió a comentar el
Génesis, esta vez el libro entero, a lo largo de 67 homilías (PG 53 y 54,
385-580).
La
expresión se encuentra ya en Eusebio de Cesárea, De ecclesiastica theologia I,
9 (PG 24, 840). Es sabido que el concepto de creatio ex nihilo era desconocido
por la antigüedad pagana. De ahí que el término XTÍOII; en griego clásico
—aparte de servir como sinónimo de jigotlii; — se refería originariamente a la
fundación de ciudades o casas (cfr. H.G. LIDDELL-R.SCOTT, A Greek-English
Lexicón, Oxford 1961, s.v.), mientras que en los Padres y escritores
eclesiásticos, siguiendo el uso de los LXX y del NT significa habitualmente
bien el acto de la creación bien el universo creado (cfr. G.W.H. LAMPE, A
Patristic Greek Lexicón, Oxford 1961, Í.V.).
Los
padres de la Iglesia, aunque con respecto a muchos términos e incluso conceptos
filosóficos que utilizan, eran tributarios de convicciones filosóficos venidas
de Platón, Aristóteles o de los estoicos, en este punto de la creación del
universo por Dios no podrían ser menos que «originales». «Contra la idea de un mundo eterno, o de una materia
preexistente, que Dios solamente habría ordenado, los Padres afirman que el
mundo es verdaderamente creado, que Dios ha hecho todo de la nada, que el mundo
ha comenzado, que la materia misma es creada, que Dios no es semejante a un
artesano que necesita una materia preexistente» (Y.M.J. CONGAR, Le théme
de Dieu-Creatur et les explications de V Hexaméron dans la tradition
chrétienne, en L' homme devant Dieu. Mélanges offerts au Pére Henri de Lubac,
París 1963, t. I, p. 203 s).
9. Cfr. Conc. Vat. I, Const. dogm. De fide catholica, cap.l (Dz 1783).
Acerca
de la creación, vista por los Padres como un acto de la libertad y filantropía de
Dios, cfr. Y.M.J. CONGAR, O.C, p. 204.
10. El
tema de la (píXavGowJua y tvzQytaía divinas, tanto en el orden natural como en
la economía de la gracia, aflora constantemente en la predicación del
Crisóstomo: cfr. PG 60, 437s con respecto a la Ley antigua; ibid. 492 expone
que Dios, en su filantropía y a pesar de nuestros pecados, deja intacto el orden
establecido de la naturaleza, de que la creación entera nos sirva. Una página
espléndida sobre la filantropía divina, tal como se muestra en la creación del
hombre y no cesa de favorecerle a pesar de su ingratitud, se encuentra en un pequeño
excurso sobre los primeros capítulos del Génesis, insertado en la hom 23 ad Rom
(PG 60, 619s).
11. P
G 60, 453: «Antes de que tú hubieras hecho algo, El te había dado el alma,
había formado tu cuerpo y te había regalado la vida»; ibid. 493: «¿No sabes que
El ha formado tu cuerpo, que te ha regalado el alma, y ha puesto a tu disposición
el mundo entero?»
12.
Cfr. PG 60, 462.
13.
Cfr. PG 60, 412 y abajo nota 46.
14. El
Crisóstomo utiliza en las homilías sobre Romanos expresamente este término ó
хат' ctxóva xov Qzob уеуЕчтщеуо?, para distinguir al hombre de los animales
(cfr. PG 60,492). Preguntándose en qué consiste más en concreto esta imagen de
Dios en el hombre, la opinión de los Padres griegos se divide fundamentalmente en
dos: los alejandrinos la ven prevalentemente en el alma o la parte racional del
hombre, mientras que los antioquenos suelen subrayar el dominio del hombre
sobre la creación (cfr. LAMPE, S.V. e£xóv). Esta última postura —que supone la
racionalidad del hombre (cfr. nota 17)— es también la del Crisóstomo: хата TÓV т%
áexñ5 Xóyov (In Gen hom. 9, 2; PG 53, 78) (Cfr. J.N.D. KELLY, Initiation a la
doctrine des Peres de Г Eglise, París 1968, p. 359 s).
15. PG
60, 492: 5taxoveto6ai f|uív tf|v xxíoiv fijtaoav; ibid. 493: rf|v xtíoiv axrroü
itaoav xaojroú(ievos, xal xóouov TOOOÜTOV otxwv . Más extensamente trata del
dominio del hombre sobre toda la tierra, al comentar Gen 1,28 (cfr. In Gen hom.
10; PG 53, 86 y 97). Como señala Pohlenz, ese antropocentrismo, ajeno originariamente
al espíritu helénico y tan familiar al A T , entró en el mundo grecoromano a
través del fundador de la escuela estoica, Zenón, de raza fenicia, y quien lo
importó de su patria. Más tarde, los autores cristianos encontraron aquí un
punto más de contacto entre sus propias convicciones, fundadas en la BitSia, y
los desarrollos filosóficos, elaborados por los estoicos (cfr. M. POHLENZ, Die
Stoa. Geschichte einer geistigen Bewegung, Bd. I, Góttingen Í959 2 , p. 99 s).
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