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viernes, 4 de enero de 2019

EL MISTERIO DEL TERCER SECRETO DE FATIMA




EL TERCER SECRETO DESCUBIERTO

Primeramente, podemos establecer cuatro datos ciertos, objetivos, concernientes a este Secreto, y que nos va a permitir progresar a grandes pasos en el descubrimiento del misterio:
I
Un primer hecho capital: conocemos el contexto del tercer Secreto.
No hay en efecto, propiamente hablando, más que un sólo Secreto revelado por entero el 13 de julio de 1917. Ahora bien, a este todos  conocemos ahora tres partes sobre cuatro: conocemos el principio las dos primeras partes del Secreto- y el fin que constituye seguramente la confusión: "AI fin, nos promete Nuestra Señora, mi Corazón Inmaculado  triunfará, el Santo Padre me consagrará 'Rusia, que se convertirá, y será dado al mundo un tiempo de paz", Es en este contexto ya conocido, marcado por la misma Sor Lucía al fin de la segunda parte, que el tercer Secreto se inserta.    .,
Tal es el primer hecho que es para nosotros un criterio importante: él contenido de la parte inédita debe cuadrar con su contexto inmediato y encajar armoniosamente con el conjunto del mensaje de Fátima, cuya         coherencia es por otra parte totalmente notable.
Segundo hecho importante: Si las circunstancias en las cuales fue revelado nos prueban su unidad profunda, las circunstancias dramáticas de su redacción nos descubren ellas solas su gravedad trágica.

Tercer .hecho muy esclarecedor: es a causa de su contenido y solamente por este motivo, es por el cual desde 1960 los Papas sucesivos han rehusado divulgarlo, Juan XXIII en primer lugar, como lo hemos visto, a pesar de la espera ansiosa, verdaderamente sobrenatural, de las muchedumbres católicas.
Fue él el primero que decide "enterrar el Secreto". Él lo deposita, contaba el cardenal Ottaviani, "en uno de esos archivos que son como un profundo pozo negro, negro, al fondo del cual los papeles caen, y nadie ve ya nada".
De hecho, se sabe muy bien que el manuscrito de Sor Lucía fue colocado por el Papa en el escritorio de su mesa de trabajo y que allí permaneció hasta su muerte.
Pablo VI adopta de golpe la misma actitud. Elegido el 21 de junio de 1963, algún tiempo después reclama el texto del Secreto. Prueba de su viva preocupación a este respecto. Como no sabía lo que Juan XXIII había hecho de ello, hizo interrogar a Monseñor Capovilla, quien indica el lugar donde el manuscrito había sido colocado. El Papa Pablo VI seguramente lo ha leído en ese momento, pero no habla de ello. Sabéis sin embargo que el 11 de febrero de 1967, al aproximarse el jubileo de las apariciones de Fátima, el cardenal Ottaviani hizo, a nombre del Papa, una larga declaración sobre el tercer Secreto, para explicar que no sería aún divulgado.
Analizando este texto, siguiendo a los expertos portugueses, estoy obligado a constatar que, para justificar a toda costa la no divulgación del Secreto, el prefecto del Santo Oficio, defensor supremo de la verdad en la Iglesia, es obligado a acumular inexactitudes graves, distinciones sin fundamento, afirmaciones contradictorias?  
El Papa Juan Pablo I era muy devoto de Nuestra Señora de Fátima.
Había ido en peregrinación a la Cova de Iría en julio de 1977. Y, hecho muy curioso, Sor Lucía misma pide encontrarse con él. El cardenal Luciani fue, pues, al Carmelo de Coímbra y tuvo una larga entrevista con la vidente.
Estoy en condiciones de afirmar que Sor Lucía le habló del tercer Secreto.
Quedó muy impresionado e hizo partícipes de su emoción y de la gravedad del mensaje a los que le rodeaban, después de su vuelta a Italia. Entonces habló y escribió sobre Fátima en términos vigorosos, expresando su admiración y su confianza total en Sor Lucía, que él consideraba visiblemente como una santa. Llegado a ser Papa, sin duda quiso preparar a la opinión pública antes de hacer algo. Desgraciadamente, nos fue trágicamente arrebatado antes de haber podido hablar.
El Papa Juan Pablo 11, después del atentado del 13 de mayo de 1981 y antes de su peregrinación de acción de gracias del 13 de mayo siguiente, ha pedido la ayuda de un traductor portugués de la Curia para tener el sentido de "ciertas expresiones del Secreto propias de la lengua portuguesa".
El ha leído también el tercer Secreto. Pero no ha querido divulgarlo.
En fin, sabemos que el cardenal Ratzinger ha tenido conocimiento del mismo; Lo ha declarado al periodista italiano Vittorio Messori. Habló de él dos veces más, en octubre de 1984 y en junio de 1985, evocando su contenido en términos muy diferentes de una a otra vez, lo que es para nosotros muy significativos. Pero siempre para esforzarse, -muy vanamente- en justificar su no divulgación.
En pocas palabras, después de veinticinco años, de Juan XXIII a Juan Pablo 11, es siempre el mismo rechazo implacable; Roma permanece sorda, obstinadamente, a todas las demandas, vengan de donde vengan-: de la Jerarquía Portuguesa o de los responsables del Ejército azul, del P. Alonso o del Reverendo Laurentin. Nuestro Padre, el abate de Nantes, ha multiplicado las súplicas, en nombre de todos los miembros de la "Liga de Contrarreforma Católica» abril de 1973, en noviembre de 1974, el13 de mayo de 1975, el 25 de noviembre de 1978, el 13 de mayo de 1983, en enero de 1985... ¡Todas estas demandas han quedado sin respuesta! Un silencio tan obstinado debe tener sus razones. Ahora bien, se encuentra que todas las que han sido adelantadas en 1960 no eran más que argumentos inconsistentes. Todo justo para formar una espesa cortina de humo para ocultar una verdad demasiado molesta". Las razones del cardenal Ottaviani en 1967 no eran más serias. Y pasa lo mismo hoy con las que adelanta su sucesor, el cardenal Ratzinger.
El verdadero motivo del silencio de Roma, la verdadera razón que todos los otros intentan disimular vanamente, es evidentemente el contenido del famoso Secreto. También es éste un nuevo dato muy esclarecedor para progresar en el descubrimiento del último mensaje de Nuestra Señora.
IV
Cuarto hecho capital: la profecía del tercer Secreto se realiza actualmente, bajo nuestros ojos, desde 1960. Hay en efecto un calendario, una referencia es posible en la realización de las profecías de de Fátima.
De una parte, es seguro que nosotros no hemos aún llegado al tiempo anunciado por la conclusión del secreto. ¿Por qué? Porque Rusia no ha sido aún consagrada al Inmaculado Corazón de María, como debe serio, y como lo será un día. Sor Lucía lo ha hecho saber claramente, aun después del acto del 25 de marzo de 1984. Rusia no se ha convertido aún y el mundo no está en paz, ¡lejos de esto! Por tanto no estamos al término de la profecía.
Por otra parte, los sucesos anunciados en el tercer Secreto no conciernen solamente a nuestro porvenir. Pues nosotros tenemos otra señal: 1960.
La Virgen había pedido que el Secreto fuera divulgado en 1960, porque, decía Lucía al cardenal Ottaviani, "en 1960, el mensaje aparecerá más claro", Ahora bien, la sola razón que puede hacer una profecía más clara a partir de una fecha determinada es sin ninguna duda el principio de su realización. Y nosotros tenemos otras declaraciones de Lucía diciendo que "el castigo predicho por Nuestra Señora en el tercer Secreto había ya comenzado".
Podemos estar seguros de que actualmente estamos en los límites extremos de la época relacionada en la profecía. Vivimos pues el tercer Secreto y asistimos a los sucesos que anuncia.

Falsos secretos y falsas hipótesis.

Falsos secretos que han sido publicados sucesivamente desde hace veinticinco años. E I más famoso de todos ha sido difundido en 1963 por la revista alemana "Neues Europa", y vuelto a publicar en diversas revistas.
Hay en ese texto varios errores monstruosos que prueban suficientemente que se trata de una falsedad. Y, además, aun cuando nos afirman que el texto publicado está formado de "extractos" del Secreto verdadero, esos "extractos" son al menos cuatro veces más largos que para estar contenidos en la hoja de papel sobre la cual Lucía ha redactado el conjunto del auténtico tercer Secreto Se pueden descartar también un buen número de falsas hipótesis. Por supuesto, no se trata -como osa pretenderlo el P. Caprile -de una simple invitación a la oración y a la penitencia. iLa Virgen María no hubiera pedido a Lucía esperar a 1944 ó 1960 para divulgar un mensaje que repetiría palabra por palabra su mensaje público del 13 de octubre de 1917! Tampoco se trata de profecías de felicidad: el tercer Secreto de Fátima no reúne seguramente las miras llenas de optimismo del Papa Juan XXIII anunciando que el Concilio sería "un nuevo Pentecostés", "una nueva primavera de la Iglesia". Si esto fuera así, El mismo o sus sucesores nos lo habrían revelado. ¡"Si era alegre, decía muy justamente el cardenal Cerejeira, nos lo dirían. Puesto que no nos dicen nada, es que es triste"! Sí, es evidentemente grave y trágico.
No es tampoco el anuncio del fin del mundo, puesto que la profecía de Fátima termina con una promesa maravillosa e incondicional, que se la debería predicar a tiempo y a destiempo, porque es la fuente de una inconfundible esperanza:
"AL FIN MI CORAZON INMACULADO TRIUNFARA,
EL SANTO PADRE ME CONSAGRARA A RUSIA, QUE
SE CON VER TIRA, y SE DARA AL MUNDO UN TIEMPO
DEPAZ”.
 ¿Sería éste el anuncio de una tercera guerra mundial? ¿De una guerra atómica? Sería juicioso pensarlo, pues aquí la profecía no haría más que confirmar los más lúcidos análisis políticos... ¿La Virgen María no hubiera predicho esta guerra futura, horrible, que nos amenaza tan trágicamente?
Siguiendo al P. Alonso, se puede demostrar que esto no es sin duda lo esencial del tercer Secreto. Por una sólida razón: y es que este anuncio de castigos materiales, de nuevas guerras y de persecuciones contra la Iglesia, constituye el contenido específico del segundo Secreto. ¿Hemos reflexionado sobre el alcance terrible de esas simples palabras: "los buenos serán martirizados, el Santo Padre tendrá que sufrir mucho, varias naciones serán aniquiladas"? "La Santa Virgen, nos ha dicho, confiaba Sor Lucía al P. Fuente, que muchas naciones desaparecerían de la superficie de la tierra, que Rusia será instrumento del castigo del Cielo para el mundo si no obtenemos antes la conversión de esta pobre nación". Es por esto que es de temer que la palabra ''aniquiladas'' se deba tomar al pie de la letra, en su sentido obvio: aniquiladas, destruidas a fondo, enteramente.
Inverosímil en 1917, esta trágica amenaza no lo es para nosotros hoy, en la era atómica.
Es pues claro: todos los castigos materiales que aún nos amenazan, inclusive los más espantosos, como la guerra nuclear, o la expansión del comunismo sobre todo el planeta, estaban ya anunciados por Nuestra Señora en su segundo Secreto, y conocíamos también los medios sobrenaturales para conjurarlos, antes de que sea demasiado tarde. Podemos estar seguros que nada de todo esto vendrá en la tercera parte del Secreto, afirma el P. Alonso. O al menos, añadiría yo, si allí se hace de él nueva alusión -como es del todo posible- éste no será el tema esencial de este tercer Secreto. En efecto, puesto que el Secreto está compuesto de tres partes coherentes, pero distintas, y cuyas fechas de divulgación fijadas por el Cielo no eran las mismas, se puede estar seguro que la tercera parte del Secreto no va a repetir la misma cosa que el segundo, a algunas líneas de intervalo.


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