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viernes, 20 de julio de 2018

LA VIDA DE MONSEÑOR MARCEL LEFEBVRE



2. El Vicariato de Senegal


El territorio confiado a la solicitud del joven Obispo comprendía la extensión de Senegal salvo el distrito de Casamance, al sur, Atlántico en que se adentra Cabo Verde, y el macizo de Fouta-Djalon en Guinea, se extendía Senegal con sus 199.000 km2 de arenas. ¡Qué diferencia con Gabón! Sin embargo, el Prelado no tardaría en encariñarse con aquellos paisajes, con esa estepa semidesértica sembrada de baobabs gigantes, de palmeras y de matorrales espinosos; con esos senderos arenosos que serpenteaban a través de los campos de mijo o de maní, esos estanques de donde se elevaban, con rápido vuelo, los patos salvajes; esos «tannsv" que atravesaban los antílopes con brincos ágiles y graciosos; esos estuarios indolentes que abrazaban pintorescos islotes en los que se acurrucaban encantadores pueblos de pescadores.
Los 2.500.000 habitantes de Senegal, a los que había que restar los 300.000 de Casamance, no contaban más que con 55.000 católicos (mitad senegaleses y caboverdianos, y mitad europeos y sirio-libaneses) enfrentados a un mundo de 1.500.000 musulmanes y de 250.000 animistas", estos últimos enfrentados a su vez a un Islam conquistador.

El Islam, el tráfico de hombres y la cruz"

La historia de Senegal está, en efecto, dominada por las guerras islámicas. Los moros del bajo Senegal, islamizados en el siglo VIII, se apropiaron, en el siglo XI, del reino sarakolé de Ghana, que se extendía desde el Atlántico hasta Níger, y luego conquistaron Marruecos y España. En el siglo XIII Sundiata Keita, el niño tullido que logró recuperarse de sus piernas, sometió las regiones vecinas y fundó el imperio mandinga de Malí; su epopeya, transmitida por tradición oral, recuerda las virtudes guerreras de los malinké, su sentido del honor y la antigüedad de su civilización. Ahora bien, Sundiata se hizo musulmán, y arrastró al Islam a Malí, y luego al vecino reino songay. En el siglo XVI, los songay y los peul continuaron por su cuenta la guerra santa; el centro de su poder era Tombuctú, capital de un Islam comercial y urbano.
Pero, en 1660, los bambara animistas se apoderaron de Tombuctú, y los Estados que Malí había reagrupado lograron, poco a poco, recuperar su independencia. Sobre el río Senegal, el mismo reino de Tekrur, donde se había fundado la raza de los tukolor, perdió su señorío sobre las provincias wolof meridionales, que se dividieron entre sí.

Los peul prosiguieron la islamización por medio de las cofradías turup, creadoras de un Islam popular mezclado de animismo.
Finalmente, en el siglo XVIII, llegaron al Sine los príncipes guelouar, procedentes del noroeste; prefirieron el exilio a la adopción del Islam, y se llamaron «sererabe», «los que se separaron», o serer.
Donde los musulmanes dominaban, se dedicaban al tráfico de hombres; pronto se unieron al negocio los portugueses, que descubrieron en 1445 la desembocadura del Senegal, y luego los franceses, que fundaron en 1663 la Compañía Comercial de Cabo Verde, tras haber construido en la isla de Ndar un fuerte llamado «San Luis».El Padre Alexis, capuchino de Saint-Ló, implantó las primeras misiones en la costa de Rufisque a partir de 1635; luego se confió a la Congregación del Espíritu Santo la prefectura apostólica de Senegal, fundada por Roma en San Luis. No obstante, los holandeses en el siglo XVII, y los ingleses en el siglo XVIII, interrumpieron frecuentemente la evangelización. La cruz de Cristo volvió a San Luis y a Gorée con los Espiritanos (1818) y las Hermanas de San José de Cluny, que llegaron con la Madre Javouhey (1820); ésta envió a Francia a algunos jóvenes negros, de los cuales tres, ordenados sacerdotes, regresaron al país: Moussa, Fridoil y Boilat.
En 1845 el Gobernador Bouet-Willaumez convocó a los Padres de Libermann y a los Hermanos de Ploérrnel. Así fue como, tras la tragedia del Cabo Palmas en Liberia, un segundo grupo de misioneros del Corazón de María desembarcó en la isla de Gorée en junio de 1845. Llamaron a la puerta del presbiterio. Desde arriba el Padre Moussa preguntó:
-¿Qué desean, Señores?
-Nos han enviado para establecemos en estos lugares -respondió el ardiente Padre Arragon.
La expresión no podía ser más desafortunada; el sacerdote indígena protestó:

-¡Establecerse! ¡Ni lo sueñen! Aquí todo depende del Seminario del Espíritu Santo y de la Prefectura Apostólica de San Luis.

Todo se arregló al final, porque los hijos de Libermann establecieron su misión en la península de Cabo Verde.

La Misión y la administración

Hasta 1854 los franceses sólo ocuparon las zonas costeras. A partir de esa fecha Faidherbe, Gobernador de Senegal, emprendió la conquista territorial del país. En 1857 el marino Protét fundó Dakar, y el puerto, construido por Pinet- Laprade, se inauguró en 1866. En 1876 los habitantes de las «viejas comunas» de la costa, muy mestizados, recibieron el título de ciudadanos franceses. Un decreto de 1855 creó el AOF y le asignó Dakar como capital. Sin embargo, al no predicar la ley de Cristo, con sus escuelas laicas, la laicidad republicana favoreció el Islam, la oficialización de la justicia islámica y la imposición de jefes musulmanes a los animistas.
Muy pronto los misioneros se vieron enfrentados a esa alianza entre la administración y la islamización. Por lo demás, la moral cristiana parecía difícil, porque rechazaba la poligamia que el Islam, en cambio, aceptaba. El africano islamizado tenía la impresión de entrar en una familia espiritual africana, antigua, gloriosa y eficaz.
El comerciante musulmán, el dioula, era su propagandista infatigable. El morabito, por su parte, estaba por todos lados; conocía algo del Corán, organizaba la oración y la escuela coránica, en la que se repetían los suras en árabe. Hada también de hechicero: obraba sobre las fuerzas ocultas para curar enfermedades, hacer llover y conjurar las potencias maléficas.
Se entiende la dosis de fe que debieron tener los pioneros de la evangelización en esta tierra doblemente árida. El primer Superior nombrado por Libermann, Eugene Tisserant, uno de sus dos primeros compañeros, ni siquiera llegó a Dakar, pues murió en el naufragio del Papin en noviembre de 1846. En mayo de 1847 llegó a la Misión otro hijo de Libermann, el Padre Benoit Truffet, nombrado Vicario Apostólico de las Dos Guineas. No le fue mejor: su solicitud por la indigenización de la alimentación lo mató a los dos años, y su desconfianza de las «intrornisiones» de la administración civil casi mató también a la Misión", Su sucesor, Monseñor Bessieux, se instaló en Gabón, y en 1849 Monseñor Aloys Kobes (1820-1872), consagrado Obispo después de sólo tres años de sacerdocio, se le unió para residir en Dakar.
«La Boca del León»
Conquistas de la cruz.

El plan de Monseñor Kobes era ocupar la mayor cantidad posible de lugares, incluso arriesgándose a algunos fracasos, con el fin de progresar rápidamente dentro de las poblaciones dispuestas a recibir el Evangelio, es decir, los animistas serer del Sine y los de Gambia o de algunas regiones wolof del interior. Así, los misioneros se instalaron en la Pequeña Costa de Joal, a petición del Rey de Sine, y en Ngazobil (los pozos de piedra»), donde los misioneros invitaron a las familias cristianas a establecerse alrededor de la Misión, de sus plantaciones y de sus escuelas, para formar un verdadero poblado cristiano. En el interior, las Misiones de Fatick y Kaolack fueron creadas de 1859 a 1861.
En 1874 se fundó una Misión en la isla de Fadiout, cerca de la desembocadura del Sine. La isla se convirtió en un bastión cristiano de dos mil católicos, a pesar de algunos paganos refractarios.
La cruz se implantó en Thies y en Popenguine, Misión que, por desgracia, debió ser abandonada en 1914 a causa de la movilización de los sacerdotes, y que fue luego islamizada por una propaganda encarnizada. En julio de 1921, tras la trágica muerte en el mar de Monseñor jalabert, Monseñor Louis Le Hunsec se convirtió en Vicario Apostólico de «Senegambia», entidad que agrupaba a Senegal y Gambia. Fundó la Misión de Kaolack y varias otras en Gambia y en Casamance.