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martes, 24 de julio de 2018

LA VIDA DE MONS, MARCEL LEFEBVRE




Tras la elección de Monseñor Le Hunsec como Superior General, Monseñor Auguste Grimault fue nombrado en 1927 Vicario Apostólico y administrador de la Prefectura Apostólica de Senegal (San Luis). El 31 de marzo de 1929 inauguró la futura catedral llamada «el Recuerdo africano», concebida, según la idea del Gobernador general Merleau- Ponry, como un monumento a los soldados africanos muertos por Francia. El Padre Daniel Brottier, Vicario Delegado de Monsefí.orJalabert, había tratado de recolectar en París desde 1911 los fondos necesarios para su construcción. El edificio fue consagrado en marzo de 1936 por el Cardenal Verdier, Legado.
No se descuidó la obra escolar de la Iglesia, indispensable para proteger la fe de los chicos católicos, tan amenazada en la escuela laica a causa de la enorme cantidad de chicos musulmanes. En Dakar, además de las instituciones femeninas, existía la escuela elemental de chicos que, después de la expulsión de los Hermanos de Ploérmel por las «leyes inicuas», se convirtió en escuela primaria parroquial. Le siguió un instituto secundario, también denominado «Colegio Seminario Libermann», que acogió, a partir de 1924, a los seminaristas menores. Léopold Sédar Senghor fue alumno suyo de 1922 a 1926.
En vísperas de la guerra, Pío XI cambió el nombre del vicariato de «Senegambia» por el de «Dakar», y el de la Prefectura de Senegal por el de Prefectura de San Luis de Senegal. Gambia se convirtió en prefectura apostólica, y también Casamance, con el título de Prefectura Apostólica de Ziguinchor, cuya dirección asumió en 1939 el espiritano mestizo Joseph Faye, que en 1946 se retiró para hacerse cisterciense en Aiguebelle. Lo sucedió el 13 de junio de 1947 un sanluisino, Prosper Dodds, sobrino del General Dodds, conquistador de Dahomey.
Monsefí.or Grimault, que había desarrollado Casamance, fundó en Senegalla Misión de Diohine en el Sine, consagró en 1945 la magnífica iglesia de Thies, y creó en Dakar la segunda parroquia, la de la catedral, por división de la del Sagrado Corazón. Por escasez de personal tuvo que cerrar Foundiougne y renunciar a fundar Fatick.
Preocupado por la falta de recursos, prohibió cualquier actividad nueva que pudiera agravar su presupuesto. Después de enfermarse gravemente en 1940 y 1941, en 1945 se vio «fichado por el General de Gaullev", por lo que tuvo que presentar su dimisión al Visitador Apostólico y retirarse en octubre de 1946. Así pues, muchas cosas habían quedado en el aire, y por eso tanto los misioneros como la solemnemente la cordial avenencia con el nuevo Prelado, quien estaba resuelto a sacar de las disposiciones favorables del gobierno el mejor provecho para la Iglesia.
Por lo demás, el Padre Libermann había recomendado a sus misioneros: «Llévense bien con las autoridades; así lo exigen la voluntad de Dios y el bien de las almasv". Aunque los jefes civiles de Dakar fueran representantes de un régimen muy débil de ideas y muy liberal, y aunque incluso fueran masones, Monseñor Lefebvre quiso y logró obtener de ellos, mediante relaciones personales y cordiales, lo que no hubieran conseguido unas frías relaciones administrativas. «La caridad no tiene en cuenta el mal-dice San Pablo-, todo lo cree, todo lo espera» (1 Corintios, 13, 5-7).
El joven Obispo expresaba esta caridad el 16 de noviembre de 1947 en su catedral, frente a la cual estaba formada la Guardia Roja, y hasta la cual la policía montada había escoltado al Alto Comisario. Tomando la palabra en la iglesia, Monseñor Lefebvre se dirigió primero al Comisario, cuya presencia le parecía «particularmente significativa», y luego a todos los fieles, a quienes exhortó a «tomar parte en la importante labor común a base de caridad, de caridad por el amor, y de don de sí». «Me doy a ustedes -dijo-, dense ustedes a mí, vengan a mí».
La voz era clara, siempre igual, con una fuerza persuasiva y una autoridad suave que impresionaban y conquistaban. Confirmó inmediatamente, entre los funcionarios franceses, la reputación de «hombre excepcional» y de persona «de primer orden» de que ya gozaba entre ellos el joven Prelado". El clero, por su parte, veía por primera vez en lustros la Iglesia de Senegal regida por un pastor que no había salido de las filas de sus misioneros". Ahora bien, el Obispo superó esa desventaja emprendiendo una visita de todo su vicariato (al que se le sumaría el 9 de enero de 1948 la administración apostólica de la Prefectura de San Luis), lo que le permitió conocer personalmente a sus 42 sacerdotes, de los que 37 eran espiritanos.
Monseñor Lefebvre expresó más tarde cuáles eran sus sentimientos al tomar posesión de su cargo: “Me di cuenta entonces de que había quedado comprometido para siempre a dirigir, a ser jefe, con todas esas almas que estaban bajo mi responsabilidad. Resultaba agotador, porque así sería hasta el fin de mis días; llevaba un anillo que en todo momento me lo recordaba ... Ya no había ninguna posibilidad de dar vuelta arras".
Así pues, resolvió seguir adelante, siempre hacia lo mejor, movilizando sus energías y desplegando sus dones de actividad organizadora.

Se percató de las necesidades desde un principio y se fijó un plan de acción, no al tuntún de las urgencias diarias, sino en función del futuro a largo plazo de la Iglesia y del país: fundar un colegio secundario para varones y una escuela de monitores (maestros de escuela elemental); reorganizar la formación sacerdotal, crear nuevas parroquias urbanas, coordinar la Acción Católica y reactivar las misiones en tierra infiel. Para cada uno de estos fines, escogió al hombre adecuado, le entregó su confianza y no quedó decepcionado. No obstante, como su Congregación no bastaba para proporcionarle el número necesario de misioneros, decidió buscar sacerdotes, hermanos y religiosas en otras partes'". En febrero de 1948 volvió a Francia y consiguió, en algunas semanas, establecer una red de bienhechores, asegurarse un fuerte apoyo económico de las Obras Pontificias Misioneras, cuyo Director en París, Monseñor Henri Chappoulie, de marzo Pío XII lo recibió en audiencia durante un cuarto de hora. El Papa le preguntó sobre su formación romana y exclamó con amabilidad: «¡Ah! El querido Padre Le Floch». Luego le confió su inquietud por las persecuciones desencadenadas por los comunistas. Marcel Lefebvre grabó en su alma esa preocupación del Santo Padre".

3. Sus obras más queridas.
Las obras que Monseñor Lefebvre más quería fueron, sin duda alguna, su Colegio, su Seminario y su Congregación indígena.

El Colegio Santa María de Hann

Desde la llegada del nuevo Obispo, los padres cristianos fueron a pedirle la fundación de un colegio secundario para varones'", En efecto, había cuatro instituciones para muchachas bajo la dirección de las Hermanas de San José de Cluny y de la Inmaculada Concepción de Castres, pero ya no había nada para varones desde que el «colegio seminario» se había convertido exclusivamente en seminario menor", Convencido de que la formación de una elite católica, indispensable en Senegal y en el AOF, dependía por completo de la existencia de un colegio de varones, Monseñor Lefebvre se dirigió a Monseñor Le Hunsec, quien le confesó no poder ofrecerle a nadie que tuviese las cualidades necesarias para esa empresa. Esto hizo que el vicario apostólico se decidiera a pedir ayuda a otras congregaciones.
Solicitó la de los Hermanos maristas, cuyo Provincial de Francia, el Padre Thomas, residía en Saint-Brieuc. Éste aceptó audazmente enviar al Padre Chieze que, ayudado por otros dos sacerdotes y un seminarista, instauró las primeras clases de educación secundaria en los locales provisionales que le cedieron, en la calle Malenfant, los Hermanos del Sagrado Corazón. Luego el Obispo construyó para ellos una escuela totalmente nueva, la escuela Saint-Michel".

Ahora bien, Monseñor Lefebvre ya había encontrado, a seis kilómetros de Dakar, en las dunas de Hann, el emplazamiento del futuro Colegio Sainte-Marie: un terreno de cinco hectáreas. Ideó los planos del mismo para recibir en él a setecientos alumnos, de los que doscientos cuarenta serían internos. Lo bendijo el 14 de enero de 1950 en presencia del Alto Comisario Paul Béchard, que lo inauguró, dando una muestra de las excelentes relaciones que el Obispo mantenía con la administración'".

El colegio recibía a negros y blancos y era de pago, como los que entonces edificaron Monseñor Graffin en Mvolyé y Monseñor Bonneau en Douala. Los musulmanes podían acceder a él, pero sólo hasta una proporción de uno a cinco por cada cien alumnos, como era norma en todas las escuelas del vicariato. Al ser una minoría, los chicos musulmanes aceptaban aprender el catecismo. A veces, alguno de ellos llegaba a ser el primero de la clase en esta materia y lloraba el día de la primera comunión, porque no podía recibir el Pan de los ángeles como sus compañeros'".

El éxito respondió a la expectativa: en 1960, quinientos alumnos frecuentaban el colegio. Por mucho que el gobierno rechazara los subsidios y prohibiese la apertura de nuevas clases", Monseñor Lefebvre (que nombró enseguida un director de enseñanza) pudo desarrollar de manera considerable una enseñanza católica multiforme, primaria, secundaria y profesional'", cuyos resultados fueron enseñanza primaria pasó, de 1947 a 1962, de dos mil alumnos repartidos en nueve escuelas a doce mil alumnos estudiando en cincuenta y una escuelas. La enseñanza secundaria contaba en 1947 sólo con ciento cincuenta alumnos, pertenecientes a cuatro establecimientos; en 1962 había mil seiscientos alumnos repartidos en once establecimientos'"; y un alumno de cada 5,6 estudiaba en una escuela católica. Se podrá decir que sesenta y dos escuelas es poca cosa en comparación con las trescientas veinticinco de Yaoundé o las ochocientas noventa de Onitsha, en Nigeria. Seguro, pero estas sesenta y dos flores en el desierto suponían un prodigio mucho mayor que aquéllas.

La niña de sus ojos: el Seminario

Sobre esta sólida base escolar, Monseñor Lefebvre pudo apoyar firmemente sus seminarios. San Pío X había exhortado a los obispos a «encaminar lo principal de sus trabajos a organizar y gobernar con acierto los sagrados seminarios» y a hacer de ellos «las delicias de su corazón». Así lo hizo. Desde la clausura del «Seminario Menor Libermann» en 1930, las jóvenes vocaciones habían sido enviadas a la Escuela Apostólica de Allex, en Francia, y luego al Seminario Menor de Oussouye, en Casamance, de donde Monseñor Grimault las había hecho volver a Ngazobil.
Pero Monseñor Lefebvre, considerando que la instalación era deficiente, decidió en 1948 que sus once seminaristas menores se unieran a los veinticuatro de Casamance, en Oussouye, bajo la excelente dirección del Padre Michel. En su lugar, Ngazobil se transformó, según el gran deseo del Obispo, en una escuela preparatoria para conseguir el diploma elemental, que fuese a la vez una escuela de instructores y un preseminario, y que contaba con cuarenta y un alumnos en 1950. Luego, en 1952, los «dakarianos» volvieron de Oussouye al Vicariato Las clases secundarias inferiores se establecieron en Ngazobil, donde se construyeron edificios totalmente nuevos, mientras que las clases superiores fueron a parar al Colegio de Hann, cerca del cual, gracias a un Prelado de Friburgo, Monseñor Delatena'", se construyó para ellos un edificio de internado dirigido por un Padre marista. Dios bendijo esta solución, pues al inicio del curso de 1961 había ochenta seis seminaristas menores repartidos entre Ziguinchor, Ngazobil y Hann.