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jueves, 12 de julio de 2018

LA VIDA DE MONS. MARCEL LEFEBVRE


CONSAGRACIÓN EPISCOPAL DE MONS. LEFEVBRE

A veces, su juicio sobre tal o cual, cuando les tocaba pasar de Mortain a Chevilly, era más severo, se según una reflexión del Padre Cóme Jaffré en Chevilly:

“Si tuviésemos en cuenta las observaciones que nos hace el Padre Lefebvre... tendríamos que poner a muchos de ellos de patitas en la calle.

Seguramente que algunos sujetos lo inquietaban, sobre todo porque sabía que Chevilly era bastante acogedor de las novedades En fin, daba lo que tenía para dar, y la mayoría de los alumnos respondían a los esfuerzos que hada para convertirlos en hombres de principios.
Han pasado cincuenta años; los testigos guardan el recuerdo de un Padre amante y amado, sin poder, no obstante, captar la profunda unidad de un personaje tan afable y al mismo tiempo tan fuerte. Es verdad que, entretanto, tuvo lugar el Concilio Vaticano II.
La «vocecita tan suave» de su superior no les parece concordar con el «vivir fuertemente de principios» que él les inculcaba.
Los recuerdos que tengo del Padre Lefebvre son muy contrastados -decía uno de ellos- “Me acuerdo de un personaje que tenía grandes cualidades a la vez espirituales y humanas, de ardor, de organización y de inteligencia, y al mismo tiempo un hombre que tenía una visión muy destacada tanto en el plano político como en el plano eclesial".
¡Dichosos los que comprendieron en Marcel Lefebvre la alianza del amor paternal más atento con la firmeza doctrinal más consecuente! Fecit illud caritas": la caridad fue la que hizo eso, una caridad llevada hasta el final de sus exigencias.
Queridos exalumnos del Padre Lefebvre: lejos de ser una falta de caridad o de urbanidad, la fidelidad imperturbable de su Padre a «la verdad de la Iglesia» con todas sus consecuencias era una muestra del mayor amor y de la mayor caridad.

6. Un nombramiento inesperado

Ahora bien, se le iba a dar la ocasión de probar esa majorem caritatem, esa mayor caridad.
A mediados de junio de 1947 el Padre Lefebvre pensaba en las vacaciones de verano que le permitirían hacer su retiro del 20 de julio al 17 de agosto y dedicar algunos días libres a anotar ciertos aspectos de la vida de su madre «para dar a conocer un poco más su alma santa» Una llamada de teléfono cambió esos planes.
El 25 de junio su asistente, el Padre Macher, llamó a su puerta y le dijo simplemente:

-¡Padre, lo acaban de nombrar Vicario Apostólico de Dakar!

Enseguida, el Padre Lefebvre llamó a París a Monseñor Le Hunsec.

-¿Diga?
-Sí, oiga, Padre, precisamente con usted quería hablar.
¡Agárrese bien! ¡Usted ha sido... usted ha sido nombrado Vicario Apostólico de Dakar! (Silencio).
-¿Sí? ¿Padre?
-¡Oh, en Dakar! ¡Vaya! ¡Dios mío!
y el Padre Lefebvre pensaba: Me esperaba algo... me habían hablado de Gabón; pero ¡Dakar en pleno mundo musulmán, donde no conozco a nadie!

-¡Usted es religioso, tiene que obedecer! No le queda otra, tiene que responder que sí.

Arzobispo de Dakar (1947-1962)

LA CONSAGRACION ESPISCOPAL
Sobre el tablero de la Propaganda Fide

Mientras se dirigía a París, el Padre Lefebvre tenía sus dudas: ¿No debería más bien hacerme trapense? ¿No se estarán equivocando sobre mí? Además, ¿por qué Dakar? ¿No me habían hablado de Gabón? Sí, el nombre de Maree! Lefebvre figuraba en la terna de Libreville para sustituir a Monseñor Tardy, fallecido en Chevilly en enero de 1947.
Por otra parte, desde diciembre de 1946 se había propuesto, para suceder en Dakar a Monseñor Grimault que había presentado su dimisión, el nombre de René Graffin, Vicario Apostólico de Yaoundé, mal visto por su clero indígena. Este cambio sería una solución para ambos problemas.
y para regir la sede de Yaoundé, mucho más poblada que Gabón, se pensó que la elección del Padre Lefebvre sería lo más acertado, mientras que el Padre Jéróme Adam encajaría muy bien en Libreville.
Fue entonces cuando Monseñor Graffin no quiso aceptar su cambio. Se quedó, pues, en Yaoundé, y sobre el tablero de la Congregación de Propaganda Fide, Marcel Lefebvre fue a parar finalmente a Dakar.
Era algo significativo que Roma hubiese elegido para la capital del África Occidental Francesa, cuyo futuro eclesial empezaba a manifestarse, a este antiguo misionero de cuarenta y un años.
Hay que pensar que se había encontrado en él «la talla requerida», según la expresión del Cardenal Liénart".
El elegido presentaba, además de las cualidades exigidas por el canon 331, el don de organización y la audacia para emplear todos los medios materiales. Tenía un solo punto en contra: su tendencia a la terquedad, y aunque este punto fue planteado, lo fue sólo para señalar que la tenacidad es una virtud si se pone al servicio de la sana doctrina, y que parecía que ése era el caso.
En París Monseñor Le Hunsec recibió fraternalmente al elegido, disipó sus dudas citándole la consigna de San Juan Bosco: «No pedir nada, no rechazar nada», y le regaló una hermosa amatista para animarlo" Como Dakar no era sede residencial, el Vicario Apostólico sólo ejercía allí la jurisdicción en nombre y por mandato del Papa. Sin embargo, tenía todos los poderes de un obispo residencial e incluso más, dados los imprevistos de los países de misión. Debía recibir la consagración episcopal, como lo precisaba la bula de Pío XII Dilecto filio Marcelo Lefebvre, fechada el 12 de junio y expedida el 23 de julio. Recibió, además, el título de un obispado in partibus infidelium, convirtiéndose así en Obispo titular de Anthedon 10 (El Blakiyeh, cerca de Gaza, en Palestina). Era el mismo título que había tenido Monseñor Charles-Louis Gay, Auxiliar del Cardenal Pie en Poitiers de 1877 a 1880.

La consagración episcopal

Como el Cardenal Liénart era el Obispo de su diócesis de origen y además un gran amigo de las misiones, Monseñor Lefebvre le rogó que fuera su Obispo consagrante. Eligió como Obispos coconsagrantes a Monseñor Alfred Ancel, auxiliar de Lyon, su compañero mayor en Santa Chiara, y a su amigo Monseñor Fauret. Se decidió al final que la consagración tendría lugar en su parroquia familiar, en Tourcoing. En Tourcoing, al igual que en Mortain, donde lo agasajaron el 6 de julio, comenzó a sentir, por las muestras de respeto de que era objeto, la distancia que a partir de entonces lo separaría de sus amigos.
Él, sin embargo, no había cambiado, y seguía gustándole como antes la sencillez y la buena amistad, como decía su hermana Christiane. En Lophem-lez-Bruges, donde fue a hacer un retiro de unos días junto al célebre liturgista -su primo lejano-, Dom Gaspar Lefebvre, los monjes insistían en colocarlo en un trono bien manifiesto. Él objetó: -¡Todavía no me han consagrado Obispo!
-Sí, sí, usted ya es «Obispo designado», y eso basta.
Tuvo más suerte en Solesmes, del 7 al 9 de septiembre, donde los monjes respetaron sus deseos.
Meditó sobre esta expresión de San Juan, que le era muy querida y había escogido como su divisa episcopal: «Et nos credidimus caritatis". Sí -decía-, hemos creído en la gran caridad que Dios, que Nuestro Señor, tiene hacia nosotros". Eco de la espiritualidad del difunto Padre Liagre, estas palabras eran también el reflejo del alma de Santa Teresita del Niño Jesús, que había basado su santidad en la fe en ese amor misericordioso e infinito de Dios'", En el blasón de armas del elegido figuraba: en la siniestra, un león rampante, símbolo de Senegal y del «Recuerdo africano» (la futura catedral de Dakar), coronado por el emblema de la Congregación; y en la diestra, un fondo «de oro con una cruz de gules recargada con una estrella dorada de seis rayos y rodeada de cuatro quinquefolios de azur», que eran las armas declaradas hacia el año 1690 por su tío abuelo, Pierre Lefebvre, burgués de Loumai". Sí, es verdad, pero el Obispo veía en ella sobre todo la cruz de sangre de Nuestro Señor y la de la cruzada por su Reino, sobre el oro de la caridad de Dios y rodeada de la mediación universal de Nuestra Señora.
Sobre los Evangelios prestó por quinta vez el juramento antimodernista, afirmando con convicción:

“Mantengo firmísimamente la fe de los Padres y la mantendré hasta el postrer aliento de mi vida, sobre el carisma cierto de la verdad, que está, estuvo y estará siempre en la sucesión del episcopado desde los Apóstoles [...], para que nunca se crea de otro modo, nunca de otro modo se entienda la verdad absoluta e inmutable, predicada desde el principio por los Apóstoles".

Recibió la plenitud del sacerdocio en la iglesia de Nuestra Señora de Tourcoing el jueves 18 de septiembre de 1947, en presencia de Monseñor Le Hunsec, de otros seis Obispos misioneros, de Monseñor Dutoit, Obispo de Arras, del Párroco de Mortain y de muchos sacerdotes de Francia, de Senegal y de representantes del Seminario Francés. El Padre René Lefebvre y el Padre Jean Watine, S.J., hermano y primo del elegido, fueron el sub-diácono y el diácono de la Misa pontifical de consagración episcopal.
Durante la comida, presidida en el Colegio del Sagrado Corazón por el Cardenal, el joven Obispo confesó en términos muy sencillos su fidelidad a los principios recibidos del Padre Le Floch en Roma: «Le estoy muy agradecido, desde lo más íntimo de mi corazón, porque nos mostró verdaderamente el camino de la verdad». Luego, dirigiéndose al representante del Gobernador general del AOF, definió con mucho tino la misión de Francia en el Mrica:

Los africanos -dijo- aman profundamente la cultura y la civilización cristiana de Francia. En Francia hay algo que no se encuentra en otras partes; digamos que la Francia cristiana, casi a su pesar, lleva consigo esa caridad, esa comprensión de las almas y esa psicología profunda de las necesidades del prójimo que proviene directamente de su catolicidad'", Con miras a su apostolado senegalés, le regalaron al Obispo un «4 CV», que era aún muy raro en aquel entonces y resultó ser todo un éxito!", De un amigo de Lille recibió una mesa de dibujo con todo lo necesario para crear cualquier tipo de plano. Ya se adivinaba al Obispo constructor.
El 5 de octubre, Monseñor Lefebvre se despidió de Mortain por última vez; todo el clero amigo estaba allí y, por la noche, con su tono de voz siempre igual y un aire de bondad sobrenatural, el amado Padre repitió las palabras de Jesús en la noche de la última Cena: «Hijitos míos, amaos los unos a los otros». Un mes más tarde, el 11 de noviembre, listo al fin, volaba hacia Dakar.
Atanasius. ¡Dichosos los que comprendieron en Marcel Lefebvre la alianza del amor paternal más atento con la firmeza doctrinal más consecuente! “lejos de ser una falta de caridad o de urbanidad, la fidelidad imperturbable de su Padre a «la verdad de la Iglesia». Fue una gracia muy grande haberle conocido y una desgracia haberle perdido lamentando profundamente que sus actuales “discípulos” les haya importado mas “el que dirán” de los modernistas que ser fieles al fundador. Dice Nuestro Redentor: “El que persevere hasta el fin, ese triunfara”. Mi eterno agradecimiento a Nuestro Señor y a su fiel servidor que prefirió seguir en el “anonimato” antes de ser reconocido por los enemigos de Dios y su Cristo. Esto va dirigido al P. Pagliani nuevo superior de lo que fue la Fraternidad.

2. El Vicariato de Senegal