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miércoles, 6 de junio de 2018

PRECISIONES NECESARIAS A LOS QUE RESISTEN A LA FURIA CONCILIAR Y SUS ERRORES




Por el Padre Hugo Ruiz Vallejo
(4 de febrero 2017)


Los sacerdotes que tratamos de conservar la herencia autentica de la Iglesia Católica, es decir, de su Tradición bimilenaria, y que intentamos de ser fieles a las enseñanzas y a las directivas que Monseñor Lefebvre nos dejó con este preciso objeto, nos vemos cada día en la necesidad de hacer nuevas alertas y precisiones.
Vivimos una época de desorientación diabólica, de crisis profunda en la Iglesia, una crisis de sus miembros. Pero no basta de ninguna manera de solo saber esto. No debemos olvidar que el mal es también seductor, y que es capaz de adoptar nuevas apariencias para mejor lograr sus fines, de ahí la necesidad en los verdaderos católicos de ser precavidos (“Velad y orad para que no caigáis en la tentación” Mc. XIV, 38). Dada la desorientación cada vez mayor en razón de la crisis de autoridad en la Iglesia (“Heriré al pastor y se dispersarán las ovejas” Mc. XIV, 27) sucede que aún en los que tienen la intención sincera de salvar la Tradición de la Iglesia haya lagunas sobre la actitud a tomar respecto a ciertos temas y particularmente respecto a ciertas situaciones.
El mundo moderno, de naturaleza liberal, no tiene reparo en que haya mesclas, es más, él ama las mesclas. Nuestra Santa Religión nos pide, al contrario, de huir del mal, del pecado y de las ocasiones de pecado, las cuales pueden ser muy variadas.
En lo que a mí me concierne, trato como decía antes, de conformarme a las directivas que nos dejó nuestro obispo católico y santo que fue Mons. Marcel Lefebvre, así como a las directivas de la Fraternidad San Pio X, fundada por él, es decir las enseñanzas y actitudes auténticamente católicas que ésta tubo mientras no comenzó gradualmente a separarse del espíritu de su fundador.
En algunos medios de la hoy llamada “resistencia” se comienza ya a dar consejos a los fieles que no corresponden más a las directivas del obispo fiel. Por ello quisiera tocar varios puntos particulares, pero de todos modos de importancia mayor, y que hoy parecen ser menos claros para algunos. Y finalmente añado un comentario al anuncio reciente dado por Mons. Fellay sobre la inminencia de un acuerdo oficial de la FSSPX con la Roma conciliar:


1er punto: sobre la moralidad de la Nueva Misa y de la asistencia a ella




Todos sabemos que el Papa Paulo VI siguió en la elaboración de la Nueva Misa unos criterios tan ecuménicos que llego hasta el colmo de llamar a participar en ésta elaboración a 6 pastores protestantes. Por esta y otras razones se fabricó artificialmente una “Nueva Misa”, calcada en la misa protestante y sin embargo lo suficientemente ambigua como para no ser ni formalmente herética ni formalmente católica. Se creó un rito ambiguo pero no por ello menos irremediablemente envenenado de espíritu protestante.
La conclusión es que: la Nueva Misa en razón de su ambigüedad no es formalmente herética, pero sin embargo en razón de sus equívocos sí es favorable a la herejía. Es por ésta razón que no se la puede llamar un rito católico, ni tampoco bueno en sí mismo, características que le son intrínsecas.

De todo esto se deduce que:
-La asistencia a la Nueva Misa no es lícita (los que estamos al corriente de lo que es la Nueva Misa ya no podemos asistir moralmente a ella).
-No se puede aconsejar nunca directamente a nadie de ir a ésta misa. Aunque por razones graves de prudencia se pueda simplemente dejar a alguien en su ignorancia o buena voluntad.
-La comunión es la forma más perfecta de participar a la Misa. Por ello no se debe comulgar de hostias consagradas en la Nueva Misa.

Esto es en resumen el pensamiento y la actitud que nos enseñó a tener Mons. Lefebvre respecto a la Nueva Misa.


2º punto: Sobre la asistencia a las Misas del indulto


La Roma conciliar ha siempre tratado de recuperar a los católicos que por defender su Fe se han alejado (sin intención de cisma) de los ambientes eclesiásticos infectados por el modernismo y por los errores del Concilio Vaticano II. Pero en su afán de ponerlos bajo su control, la iglesia conciliar les ha propuesto nuevas “soluciones” e “indultos” que darían la aparente oportunidad de seguir conservando sus convicciones pero dentro de la estructura oficial. Aquellos que han caído en estas redes se han visto cruelmente desengañados por las presiones e incluso por las medidas drásticas que vienen a limitar siempre más y más la Tradición y la práctica de ésta. En efecto, es una terrible contradicción el hecho de querer poner la Tradición bajo la tutela y la “protección” de aquellos que son los mismos enemigos de la Tradición…
En su tiempo Mons. Lefebvre nos hizo comprender que la Misa Tradicional no es toda la Tradición sino que también existe la enseñanza de la Fe y la práctica de ésta. No es suficiente tener la Santa Misa Tradicional cuando a lado de ella la predicación y la práctica de la Fe no son coherentes. Cuando a lado de la Misa Tradicional ya no se enseña toda la Fe y además se trata, directamente o indirectamente, de hacer aceptar el Concilio Vat. II (por ejemplo al omitir la denunciación clara y firme de los errores del concilio). En este caso el alma de los fieles está ya en peligro y es mejor renunciar a estas Misas en razón del peligro de contagio más o menos camuflado que está alrededor de ellas. El Santo Cura de Ars en su juventud prefería quedarse sin Santa Misa antes que de asistir a las Misas dichas por sacerdotes juramentados con el gobierno liberal de la época.

La actitud que antes se pedía a los fieles en la FSSPX respecto a las Misas del “indulto” era:
-No asistir nunca a estas Misas (mejor recitar el rosario en casa e ir, cuando se pueda, a Misas de sacerdotes no comprometidos con la iglesia conciliar).
-No frecuentar ninguno de los medios pastorales de la Misa del indulto (ni conferencias, peregrinaciones, etc.). En efecto, es mejor quedarse sin Misa que verse expuestos al peligro de dejarse influenciar gradualmente por esta mentalidad de compromiso con la iglesia conciliar.


3er punto: Sobre la asistencia hoy a las Misas de la nueva FSSPX


¿Acaso los hoy superiores de la FSSPX, en su afán de acercarse a la Roma conciliar, han puesto ya, a ésta misma FSSPX en una situación semejante o igual a la que antes reprochábamos a los grupos acuerdistas como la Fraternidad San Pedro? Y en éste caso, ¿las antiguas consignas que se nos dieron respecto a los acuerdistas valdrían ya también respecto a la FSSPX?
El espíritu que hoy reina dentro de la FSSPX es el del acercamiento y el de hacer un acuerdo con Roma, es innegable, Mons. Fellay ya lo afirma abierta y públicamente. Además, no es necesario siempre, para que haya un verdadero acuerdo, que éste sea escrito y oficial, pues pueden también existir los acuerdos tácitos… basados en “coloquios amistosos” y “hechos” significativos.
¿El que el Papa Francisco haya dado recientemente la jurisdicción para confesar a los sacerdotes de la FSSPX no es acaso un hecho real? De hecho, en la Iglesia no se puede tener jurisdicción si no se está precedentemente incardinado (aunque fuera directamente al Papa). Es cierto, como lo ha dicho sin pudor Mons. Fellay en una entrevista acordada este 29 de enero “solo falta el sello”…
¿Las presiones y persecuciones que se han hecho desde ya hace tiempo, no solo a los sacerdotes sino también a los fieles, para plegarlos a esta nueva política entreguista no son suficientes para afirmar que ya la FSSPX está en una actitud francamente acuerdista? ¿Y la timidez cada vez más marcada en el no querer denunciar abiertamente los errores del concilio y concretamente los escándalos ruidosos del Papa Francisco, no son un signo inquietante?
Es evidente que todo ese ambiente peligroso que nosotros denunciábamos en las sociedades “Ecclesia Dei” (y contra el cual los mismos superiores antes nos ponían insistentemente en guardia), ahora ya está presente dentro de la FSSPX.
Es por todo lo esto que de hecho se han vuelto peligrosos actualmente los ambientes de la nueva FSSPX. Esta insistencia constante a la obediencia ciega, aún cuando existen motivos más que legítimos para inquietarse. La Fe pasa a un segundo plano respecto a la obediencia, cuando debería ser lo contrario.
En lo que concierne a mi experiencia personal tanto los sacerdotes como los fieles que no han querido desligarse de la nueva FSSPX han ido doblado las manos uno tras otro, y no solo han abandonado la lucha sino que por esas presiones morales intolerables que ellos sufren han ido también cambiando su pensamiento…

Es por todo esto, que yo aconsejo tanto a sacerdotes como a fieles, el alejarse definitivamente de todos los medios de la nueva FSSPX. Esto conformemente al espíritu de la actitud prudencial que Mons. Lefebvre nos había aconsejado antes respecto a las sociedades “Ecclesia Dei” y que hoy se aplica ya, perfectamente, a la nueva FSSPX.


4º punto: Sobre la asistencia a las Misas sedevacante

En cuanto a los que hoy afirman la vacancia de la Sede Apostólica no dudo que muchos de ellos tengan un sincero apego y gran veneración por la persona de Mons. Lefebvre, sin embargo, no quieren aceptar siempre todas las recomendaciones y directivas que él nos dejó. De hecho, él mismo hablo claramente de la posibilidad de proponerse ésta interrogante. Lo que sí, y siempre rotundamente, él se negó hacer es de zanjar definitivamente esta cuestión.
No se puede hacer de un hecho histórico una doctrina, un punto estrictamente doctrinal… las verdades de la Fe son necesarias para la salvación, un hecho histórico puede ser controvertido. El peligro está en que si un día Dios quiere suscitar un Papa verdaderamente católico que entonces ya no se quiera reconocer la legitimidad de su sucesión apostólica.

En un artículo de la revista tradicionalista “Roma” (no. 67 del año 1981) Mons. Lefebvre escribía: "Nuestra Fraternidad rechaza absolutamente compartir estos razonamientos. Queremos permanecer adheridos a Roma, al sucesor de Pedro, pero rechazamos su liberalismo por fidelidad a sus Antecesores. No tenemos miedo de decirlo respetuosa pero firmemente, como San Pablo frente a San Pedro.
Por eso, lejos de rechazar las oraciones por el Papa, aumentamos nuestros rezos y suplicamos para que el Espíritu Santo lo ilumine y lo fortalezca en el sostén y defensa de la fe".
“En consecuencia, no se puede tolerar en los miembros, sacerdotes, hermanos, hermanas, oblatas de la Fraternidad Sacerdotal San Pío X que rehúsen rezar por el Papa y que afirmen que todas las Misas del Novus Ordo Missae son inválidas.”
Y en otra ocasión, comentando este artículo, añadía:
"Quise escribir este artículo para que todos sepan, incluso los fieles, cuál es la posición de la Fraternidad. Que los fieles sepan que si alguno de nuestros sacerdotes predica que no hay Papa, no predica en conformidad con lo que piensa la Fraternidad".
En la revista “Fideliter” (no.79, Enero-febrero 1991) decía:
“Yo siempre he puesto en guardia a los feligreses, por ejemplo respecto a los sedevacantistas, Entonces ellos dicen: si la Misa está bien entonces nosotros podemos asistir a ella.
Sí claro, está la Misa. Esta es una cosa buena, sin embargo hay que tomar en cuenta que está también el sermón; está también el ambiente, las conversaciones, los contactos antes y después, todo lo cual hace que uno suavemente cambie de pensamiento. Esto constituye entonces un peligro y es por ello que de una manera general yo estimo que todo esto hace una sola cosa. Uno no va solo a una Misa, en realidad lo que se frecuenta es un ambiente”.

En un blog muy conocido de la “resistencia” últimamente (éste 12 de enero) se publicó un artículo en el cual se dice: “Es lícito para los fieles ir a toda Misa tradicional (celebrada también “non una cum”) porque es el Ministro que responde a Dios de sus decisiones, mientras que el fiel debe sólo responder de si ha observado el 3º Mandamiento: “Santificarás las fiestas”. ” (La expresión “Non una cum” quiere decir que se trata de una Misa donde no se reconoce la legitimidad del Papa actual)
Según este principio se justificaría entonces asistir no solo a las Misas sedevacante sino también a aquellas del indulto y sin lugar a dudas a las de la nueva FSSPX!


5º punto: La “OPERACIÓN SUICIDIO” o los “acuerdos” de la FSSPX


Numerosas son las veces que Mons Fellay afirmo con vehemencia, y no hace mucho tiempo, que no quería hacer acuerdos. Y ahora este 29 de enero en una entrevista televisiva comento tan despreocupadamente que “solo falta el sello” para que el acuerdo con Roma esté consumado. Reconociendo entonces él mismo la existencia de todo ese trabajo de preparación y de coqueteo con Roma (del cual él es responsable) que era de hecho ya un acuerdo practico al cual solo le faltaba esta “pequeña” formalidad: “el sello”.
Con su lenguaje sinuoso lleno de sugestiones inverificadas e inverificables Mons Fellay ha venido tejiendo su telaraña alrededor de los incautos, preparando desde hace ya años los espíritus de sacerdotes y de los feligreses a éste acuerdo. Siempre, en sus “conferencias” y sermones ha sugerido “bellos horizontes” y la “seria probabilidad” de que Roma “ya” se está convirtiendo. Él está arrastrando de hecho el rebaño que le había sido confiado por Mons Lefebre (sacerdotes, feligreses, seminarios, prioratos, escuelas, etc. etc.) a la marmita conciliar... ¡Sí!, ¡toda la gran obra de rescate de la Tradición hecha por Mons. Lefebvre está hoy cayendo en la marmita conciliar!
¿Acaso todas las declaraciones y gestos indecentes del Papa Francisco no son una declaración de su intención?, ¿Acaso el ponerse bajo su jurisdicción no implica el obedecerlo?, ¿Acaso “Francisco”, como hoy le llaman, no intenta gobernar a la Iglesia según la intención que él mismo ha manifestado precedentemente? Y si esa es su intención, ¿no están cayendo los que ahora dirigen la FSSPX en una trampa colosal que ellos mismos se han buscado!? Poco importa el lenguaje rebuscado, afectado y falsamente docto de Mons. Fellay, de hecho él está tratando de justificar no solo una gran impostura sino también un error de dimensiones históricas.


En su sermón de las consagraciones episcopales Mons. Lefebvre declaraba en 1988 que si él hubiera proseguido los acuerdos con Roma se hubiera tratado de una “operación suicidio”. Pero los hechos terminaron convenciendo al obispo fiel que estos acuerdos eran una quimera dada la falta de honestidad de los conciliares. Es por ello que él mismo, después del acercamiento fallido con Roma, dejo claro el nuevo perfil de la que sería en el futuro la posición de la Fraternidad respecto a la Roma ocupada por los modernistas:
“Si yo fui a discutir a Roma, fue porque yo quería probar si podíamos hacer un acuerdo con las autoridades eclesiásticas, tratando al mismo tiempo de ponernos al abrigo de su liberalismo y de proteger la Tradición. Pero la fuerza de los hechos me ha obligado a constatar que ningún acuerdo podía ser realizado el cual nos pudiera dar a la vez toda garantía y al mismo tiempo la convicción de que Roma quisiera concurrir sinceramente a la conservación de la Tradición” Mons. Lefebvre, revista “Fideliter” no. 68 1988.
“Nuestros verdaderos feligreses, aquellos que de verdad han comprendido el problema y que nos han ayudado a continuar la línea recta y firme de la Tradición y de la Fe, temían antes las gestiones que yo hacía en Roma. Ellos me decían que era algo peligroso y que yo perdía mi tiempo en ello. Sí, claro, yo espere hasta el último momento que en Roma mostraran un poco de honestidad. No se me podrá reprochar de no haber hecho todo lo posible. Pero ahora sin embargo, a aquellos que vienen a decirme: usted debe entenderse con Roma, yo creo poder decir con seguridad que fui más lejos de lo que debería haber ido.” “Fideliter, no.79 1991
Y refiriéndose a los romanos decía en otra ocasión: “Si ustedes no aceptan la doctrina de vuestros predecesores, es inútil de hablar. Mientras ustedes no hayan aceptado de reformar el concilio tomando en cuenta la doctrina de los Papas que os han precedido, no hay dialogo posible. Es inútil.” “Fideliter” no.66 nov. 1988. Y en la misma ocasión hablando a propósito de los “tradicionalistas” que ya habían hecho acuerdos con Roma decía: “Cuando ellos afirman que no han cedido en nada, es falso. Ellos han cedido en la posibilidad de contradecir a Roma. Ellos ya no pueden ahora decir nada. Deben callarse en razón de los favores que han recibido. Les es ahora ya imposible el denunciar los errores de la iglesia conciliar. Muy lentamente ellos aceptan, aunque solo fuera por la sola profesión de fe que les es exigida por el cardenal Ratzinger... De punto de vista de las ideas. Ellos giran muy suavemente y terminan admitiendo las ideas falsas del concilio, esto porque Roma les ha acordado algunos favores para la Tradición. Se trata de una situación muy peligrosa”
Y en el libro “Itinerario espiritual” el cual Mons. Lefebvre consideraba como su testamento espiritual dirigido a sus propios sacerdotes decía: “Es luego un deber estricto para todo sacerdote que quiera permanecer católico el separarse de ésta iglesia conciliar, mientras ésta no haya vuelto a encontrar la Tradición del Magisterio de la Iglesia y de la Fe católica.

Hay un “olvido” supino en la nueva FSSPX de las ultimas enseñanzas de Mons. Lefebvre sobre el tema de los acuerdos…
El “apostolado de penetración”, o sea, la táctica de tratar de convertir “desde adentro” a los ambientes errados es un error activista que siempre ha llevado a muchos desastres (es una mala táctica la de entrar al partido comunista para convertir al partido comunista; la de entrar a la cueva de Alibabá y los 40 ladrones para convertir a Alibabá y los 40 ladrones, etc.). De lo en que en realidad tienen necesidad los católicos conciliares es ante todo del ejemplo que la Tradición les puede brindar. Las mezclas desvirtúan la naturaleza de las cosas.
El proceso de silenciamiento (de las críticas a Roma, al concilio y a sus errores, a las actitudes y palabras escandalosas del Papa Francisco, etc. etc.) desde hace tiempo ya había comenzado dentro de la FSSPX, desde que se comenzó a intentar el agradar a la Roma conciliar, era un gesto inevitable... ¿Pues acaso se puede agradar a los destructores de la Iglesia de otra manera?
En cuestiones de Fe para aquellos que como pastores tienen una función pública, es necesaria una profesión publica, no bastan los sobreentendidos (que de hecho no todos los entienden…) en una sociedad pública como lo es la Iglesia, lo no dicho públicamente generalmente no tiene vigencia práctica. Al silencio sigue la pusilanimidad, el temor, el compromiso, y el compromiso en las cosas de Fe es pecado…



Conclusión:

Este año que se cumple el 100o aniversario de las apariciones de Nuestra Señora en Fátima. La crisis de la Fe de la que hablaba el tercer secreto dado por Nuestra Señora no ha querido ser tomada en cuenta por los hombres de Iglesia. Y considerando esta corrupción cada vez más profunda de la Fe no tenemos más que confiarnos a la protección fiel del Corazón Inmaculado de María, para que nos conserve, siempre, igualmente fieles a la Fe de la verdadera Iglesia de Cristo.

OAMDG