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martes, 29 de mayo de 2018

EJERCICIO DE PERFECCION Y VIRTUDES CRISTIANAS



TRATADO CUARTO
CAPÍTULO PRIMERO *
Que en esta vida no han de faltar-tentaciones.
Fili, accedens ad servitutem Dei, sta injustitia, et timore, et prepara animam tuam ad tentationem (1), dice el Sabio: Hijo, si quieres servir á Dios, consérvate en justicia y e n temor y prepárale para la tentación. El bienaventurado San Jerónimo, sobre aquello del Eclesiastés: Hay tiempo de guerra y tiempo de paz (1), dice que mientras estamos en este siglo, es tiempo de guerra, y cuando pasemos al otro, será tiempo de paz (2). Y de ahí tomó aquella nuestra ciudad celestial el nombre de Jerusalén, que quiere decir «visión de paz.» Por tanto, dice (3), ninguno se tenga ahora por seguro, porque es tiempo de guerra; ahora ha de ser el pelear, para que saliendo vencedores, descansemos  después en aquella bienaventurada paz. San Agustín sobre aquello de San Pablo: “No hago el bien que quiero (4),* dice (5) que aquí la vida del hombre justo es pelea y no triunfo; y así oímos ahora voces de guerra, cuales son estas que da el Apóstol, sintiendo la repugnancia y contradicción que  la carne tiene á lo bueno y la inclinación tan grande que tiene á lo malo, y deseando verse ya libre de eso : “Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que aborrezco.” Siento otra ley en mis miembros, que contradice a la ley de mi espíritu y que me arrastra cautivo en seguimiento de la ley del pecado que en mis miembros tiene asiento (6) Pero la voz de triunfo oiráse después, cuando, como dice el mismo Apóstol, este cuerpo corruptible y mortal se vista de incorrupción  e inmortalidad. Y la voz de triunfo, que entonces se oirá, será la que dice ahí San Pablo: ¿Dónde está, muerto, tu victoria? ¿Dónde tu aguijón (1)? Todo esto dijo muy bien el santo Job en aquellas breves palabras: “La vida del hombre sobre la tierra es una continua guerra, y como el día del jornalero (2). Porque así como el oficio del jornalero es tra- bajar y cansarse todo el día, y después se sigue el premio y el descanso; así también en nosotros el día de esta vida es lleno de trabajos y tentaciones y d e s piies s e nos dará el premio y el descanso, conforme a como hubiéremos trabajado.

(1) Tempus belli, ettempus pacis. Eccle»., Ill, 8.—(2) Et factus est in pace locus ejus. Ps. LXXV, 3.—(3) Nemo ergo se nunc putet esse securum in tempore belli, ubi certandum est, et apostolic arma tractanda, ut victores quondam requiescamus in pace.
Hieron. loc. sup. cit.—(4) Non enim quod volo bonum,hoc facio. Ad Rom., VII, 19.—(5) Aug. serm. 45 de tempore—(6) Non enim quod vóto bonum, hoc facio; sed  quod nolo malum, hoc ago...Video autem aliam legem in membris meis repugnantem legi mentis mea2, et captivantem me in lege peccati, quse est in membris meis. Ad Rom., VII, 19, 23.
Descendiendo en particular á examinar la causa de esta continua guerra, el Apóstol Santiago la pone en su Canónica: “¿De dónde esa guerra? ¿de dónde sino de vuestras concupiscencias y apetitos que guerrean en vuestros miembros (3)? Dentro de nosotros mismos tenemos la causa y la raíz, que e s la rebeldía y contradicción para todo lo bueno que quedó en nuestra carne después del pecado. Quedó también maldita la tierra de nuestra carne, y así brota cardos y espinas que nos punzan y atormentan continuamente.
Traen los Santos a este propósito la comparación de la navecilla, que dice el sagrado Evangelio, que en comenzando a dar a la vela, se alborotó el mar y se levantó una tempestad y olas tan grandes, que la cubrían y querían anegar. Así nuestra ánima va en esta barquilla del cuerpo, rota, agujereada, que por una parte hace agua y por otra se levantan olas y tempestades de muchos movimientos y apetitos desordenados que la quieren anegar y hundir: “Este cuerpo corruptible apesga el ánima y la lleva tras sí “.
(1) Absorta est mors in victoria. Ubi est mors victoria lua? Ubi est mors stimulus tuus? I ad Cor., XV, 5 4 . - ( 2 ) Militia est vita hominis super terram etsicul dies mercenarn dies ejus. Job, v II, 1.
—(3) Unde bella, et lites in vobis? nonne hinc? ex concupiscentiis
vestris, qufe militant in membris vestris? Jacob, IV, 1.—Matth., c. VIII, 24.—(3) Corpus quod corrumpitur aggravat animam. Sapient., IX, 15.
De manera, que la causa de nuestras continuas tentaciones es la corrupción de nuestra naturaleza, aquel fomes peccati, incentivo del pecado, e inclinación mala que nos quedó despus del pecado. Quedósenos el mayor enemigo dentro de casa, y ese es el que nos hace continua guerra. Y así no tiene el hombre de que espantarse, cuando se ve molestado de tentación es , porque al fin es hijo de Adán, concebido y nacido en pecado (1), y no puede dejar de tener tentaciones e inclinaciones y apetitos malos que le hagan guerra . Y así nota San Jerónimo, que en la oración del Pater noster, que Cristo nuestro Señor nos enseñó (2), no nos dice que pidamos a Dios no tener tentaciones, porque eso, dice, es imposible (3); sino que no nos deje caer en la tentación. Y eso e s también lo que el mismo Cristo en otra parte dijo á sus discípulos: Velad y orad, porque no entréis en la tentación (4). Dice San Jerónimo: Entrar e n la tentación, no es ser tentado, sino ser vencido de la tentación (5). El santo patriarca José, tentado fue de adulterio; pero no fue vencido de la tentación. La santa Susana, tentada fue también de lo mismo; pero ayudóla el Señor para que no cayese en la tentación. Pues eso es lo que nosotros pedimos al Señor en la oración del Pater noster, que nos dé gracia y fortaleza (6) para que no caigamos ni seamos vencidos de la tentación. Y e n la epístola a Heliodoro dice: “Yerras, hermano, yerras y engañaste mucho si piensas que el cristiano ha de estar sin tentaciones” (1). Esa es, dice (2), mayor tentación, cuando te parece que no tienes tentación. Entonces os hace el demonio mayor guerra, cuando ya os parece que no hay guerra. Nuestro adversario el demonio, como dice el Apóstol San Pedro (3], anda bramando y dando vueltas como león a ver si halla a quien tragar, ¿y tú piensas que hay paz? Esta escondido, acechando por matar al inocente, y fijos los ojos en el pobre acecha desde la emboscada como león desde la cueva (4),* ¿y te tienes por seguro? Es engaño ese, porque esta vida es tiempo de guerra y de pelea; y espantarse de las tentaciones, es como si el soldado se espantase del sonido del tiro y del arcabuz y se quisiese por eso volver de la guerra; o como el que quisiese dejar de navegar, y salirse de la nave, por ver que se le revuelve el estómago.
(11 Ecce enim in i n i q u i t a t i b u s conceptus sum; et in peccatis concepii me mater mea. Ps. L, 7 . - ( 2 ) Matlh., XI, 13.—(3> Impossibile enim est humanam animam non tentari. Hieron.—li) Vigilate, et orate, ut non i n t r e t i s in tentationem. Matth., XXVI, 41 _ ( 5 ) In tentationem i n t r a r e , non est tentari, sed vinci. Hieron. —Idem notat Aug. de serra. Domini in monte, lib. 2, c. 14 —(6) Non tentationem penitus refutantes; sed vires sustinendi in tentationibus deprecantcs.
Dice San Gregorio (5) ser engaño de algunos en teniendo alguna grave tentación, parecerles luego que es todo perdido, y que les ha ya olvidado Dios, y están en desgracia suya. Muy engañado andáis; antes es menester que entendáis que el tener tentaciones, no sólo es cosa ordinaria de hombres, sino muy propia de hombres espirituales y que tratan de virtud y perfección, como nos lo da a entender el Sabio en las palabras propuestas. Y lo mismo nos ensena el Apóstol San Pablo (6). Los que quieren vivir bien y tratan de su aprovechamiento y de adelantarse en el servicio de Dios, esos son los perseguidos y combatidos con tentaciones; que otros que muchas veces no saben qué cosa es tentación, ni echan de ver la rebelión y guerra que la carne hace al espíritu; antes hacen de eso golosina. Nota esto muy bien San Agustín, sobre aquellas palabras de San Pablo: “La carne desea y apetece contra el espíritu” (1). En los buenos, dice (2), que tratan de espíritu, de virtud y perfección, apetece la carne contra el espíritu; pero en los malos que no tratan de eso, no tiene la carne contra quien apetecer y así estos no sienten la lucha de la carne contra el espíritu, porque no hay espíritu que la contradiga y pelee contra  ella. Y así el demonio tampoco ha menester gastar tiempo en tentar a estos tales, porque sin nada de eso ellos de su voluntad le siguen y se le rinden sin dificultad ni contradicción. No andan los cazadores a caza de jumentos, sino á caza de ciervos y gamos que corren con ligereza y se suben á los montes.

(11 Erras, frater, erras, si putas unquam Christianum persecut i o n m non pati. Hieran. loo. sup. cif - ( 2 ) Tune max.me oppugnaris, si te impugnar! nescis. / 6 . - ( 3) quam leo rugiens, aliquem devorare q u a r e n s , c rcumit (/ Peti.,
T T L paeem putas? Ib.-(i) Scdet in ins.dus cum d.v.Ubus in occullis, tu interficiat innocentcm; occul. ejus >n pauperem resniciunt insidiatur in abscondito quasi leo íu spelunca sua. Ps. IX, 29.—(5) Greg. lib. 24, Mor. c. 13.-& , Omnes qm P . e volunt vivere in Christo Jesu persecut.onem patientur. II ad Tim. III, 1¿.
A los q u e con ligereza de ciervos y de gamos (3) corren á lo alto de la perfección, á esos anda por cazar el demonio con sus lazos y tentaciones; que a nosotros, que viven como jumentos  en casas e los tiene; no ha menester él andar á caza de ellos: A menos tiene el inquietar á los que en pacífica posesión señorea,* dice San Gregorio (4). Y así, no sólo no nos habernos de espantar de tener tentaciones, antes las habernos de tener por buena señal, como lo advirtió San Juan Clímaco. No hay, dice (1), más cierta señal de que los demonios han sido vencidos de nosotros, que ver que nos hacen mucha guerra. Porque por eso os la hacen, porque os habéis rebelado contra ellos y os habéis salido de su jurisdicción: por eso os persigue el demonio, porque tiene envidia de vos; que si no, no os persiguiera tanto.
(1) Caro concupisci ad versus spiri turn. Ad Galat V 17 — (~2) In bonis concupisci! adversus spiritum, nam in mal is non habet contra quem concupiscere: ibi enim concupisci adversus spiritum ubi est spintus. Aug. de verbis Domini in Evanq. Joan semi. 43.—(31 Qui perfecit pedes meos tamquam servorum et super excelsa statuens me. Psal. XVII, 3 4. - ( 4 ) E o s enim pulsare negligi!, quos quieto j u r e possidere se sentii. Greg. 1.14 Mor c 12
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