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sábado, 25 de noviembre de 2017

EL CORAZÓN ADMIRABLE DE LA MADRE DE DIOS. SAN JUAN EUDES.



§ 4. ALTAR
La tercera cosa importante que veo en el templo de Salomón, es el célebre Altar de los perfumes.
Encuentro a muchos santos Intérpretes de las divinas Escrituras que dicen que este Altar de los inciensos representa los corazones de los fieles, que son otros tantos altares en los que debe ofrecerse a Dios un sacrificio perpetuo de alabanza y de oración. Pues si los corazones de los hijos estaban figurados en este altar, ¿cuánto más el Corazón de la Madre, que, después del Corazón de Jesús, es el primero y el más santo de todos los altares? Este es el altar de oro que hay delante del trono de Dios, del que se habla en el capitulo octavo del Apocalipsis. En este altar la Madre del Salvador ofreció a Dios un sacrificio de amor, de adoración, de alabanza, de acción de gracias y de oraciones, más agradable a su Divina Majestad, que todos los sacrificios que le fueron o serán jamás ofrecidos en todos los demás altares.
¿Qué significan esos cuatro olores de que está compuesto el timiama perpetuo? Es la práctica eminentísima de cuatro virtudes principales, que estuvieron siempre en sumo grado en el Corazón de la Reina de las virtudes, con cuyo ejercicio continuo ofreció a Dios un sacrificio perpetuo de alabanza, de honor y de gloria, que le fue infinitamente agradable.
La primera de estas cuatro virtudes, es su fe vivísima y perfectísima, significada, dice Orígenes, por la caracola o concha, que despide un olor muy agradable; porque la caracola tiene en algún modo la forma de un escudo, y la fe tiene este nombre en las santas Escrituras, siendo el verdadero escudo de nuestras almas, que las cubre y las defiende contra las flechas envenenadas de los enemigos de su salvación; como también porque la fe esparce dondequiera que se encuentra el buen olor de Jesucristo.
La segunda de las cuatro virtudes antedichas, es la pureza y la fuerza de su oración, representada por el incienso.
La tercera, es su incomparable misericordia y su caridad inestimable, señalada por el gálbano, que la impulsó a darnos a su Hijo único para que fuera nuestra redención.
La cuarta, es la mortificación sensibilísima y dolorosísima, figurada por la primera mirra, con la que ofreció a este mismo Hijo en sacrificio a su eterno Padre, para nuestra salvación.
He ahí el timiama perpetuo y el sacrificio continuo que la Madre del Salvador ofreció durante todo el curso de su vida en el altar de su Corazón, con tanto amor y tanta caridad, que mereció ser asociada a su Hijo en el gran sacrificio que él hizo de sí mismo para la salvación del universo.
"Oh gloriosa Virgen, tú eres totalmente fuego de amor y de caridad", dice San Amadeo, Obispo de Lausana (11), que vivió hace más de quinientos años. "Tú hiciste un sacrificio a Dios de todo lo que tenías y de todo lo que eras, que le fué agradabilísimo. ¡Oh admirable fénix!, tú acumulaste toda suerte de maderas aromáticas (es decir, todas las prácticas de las virtudes más extraordinarias), después, habiendo prendido allí el fuego del amor divino, llenaste todo el cielo y a todos los habitantes del cielo, de un olor maravilloso. Este es el dulcísimo perfume y el excelentísimo timiama que sale del incensario del Corazón de María, y que excede incomparablemente a todos los olores más agradables.
Incensario que, estando en las manos del sumo Sacerdote, no sólo envió su incienso hasta lo más alto de los cielos, sino que él mismo fué elevado hasta el trono del Rey eterno".
Te importa infinitamente, queridísimo hermano, participar de los frutos del sacrificio del Hijo y de la Madre; porque si no participas de ellos, jamás tendrás parte con ellos. Si deseas tener parte en ellos, haz de tu corazón un altar, y ofrece en ese altar un sacrificio semejante al sacrificio de tu Padre y de tu Madre, con una cuidadosa y fiel imitación de su amor, de su fidelidad, de su caridad, de su paciencia, de su humildad y de sus demás virtudes.
¡Oh Madre de Jesús!, yo te doy mi corazón: usa de él como del tuyo; haz de él un altar, como lo hiciste del tuyo; adorna este altar con todos los ornatos que tú sabes le son conformes; y ofrece en este altar el mismo sacrificio que ofreciste en el altar de tu Corazón a la santísima Trinidad.

§ 5. ARCA DE LA ALIANZA

La cuarta cosa importantísima que veo en el templo de Salomón, es esta Arca de la alianza, ilustre y celebérrima, que los israelitas tenían en tanta veneración, y que hizo hacer Moisés por mandato expresísimo que recibió de la boca misma de Dios.
Si consultamos a los santos Padres, aprenderemos de San Ambrosio y de muchos otros, que esta arca es figura de la bienaventurada Virgen, y por consiguiente, de su santísimo Corazón, que es la parte principal y más noble de ella. Sí, dice el Doctor Seráfico San Buenaventura, el arca de Moisés no era más que una sombra del Corazón de la Virgen, el cual es la verdadera arca que contiene en si los secretos de las divinas Palabras y los tesoros de la ley de Dios. Es el arca de santificación, dice un santo Abad de la Orden cisterciense, que encierra en sí lo que fue escrito por la mano de Dios. Es la santa arca de la alianza, por la que Dios nos reconcilió consigo y entró en alianza con nosotros.
¿Sabéis por qué el arca del Antiguo Testamento está totalmente cubierta de oro por dentro y por fuera? Para entenderlo bien, advertid previamente que el interior de esta arca indica los afectos interiores del más puro amor de que está lleno el Corazón de la Madre del Amor Hermoso para con su Dios; y que el exterior de la misma arca significa los actos exteriores de su caridad hacia el Prójimo: o también que el interior del arca significa la vida interior de la Madre de Dios, lo que está oculto en su Corazón (12); lo que sólo es visto por Dios; y que el exterior del arca significa su vida exterior: y que la vida exterior del hombre es como el exterior de su Corazón, porque el Corazón se descubre y se manifiesta al exterior en los sentidos exteriores, en el rostro, en los ojos, en las palabras y en las acciones.
Admitid en segundo lugar, que el oro, según el sentido de los Intérpretes de la Sagrada Escritura, representa tres cosas: primero el amor y la caridad; en segundo lugar, la perfección y la excelencia de una cosa, porque es éste el más noble y más excelente de los metales; en tercer lugar, la sabiduría divina y la misma divinidad.
Esto supuesto, sabed ahora que el Corazón admirable de la Reina del Cielo, está todo cubierto de oro por dentro y por fuera; primero porque este sagrado Corazón está totalmente lleno y rodeado de amor de Dios y de caridad para con los hombres y porque toda la vida interior y exterior de la Reina de los Corazones está plenamente transformada en amor y en caridad, En segundo lugar, porque nada tiene en su interior y exterior que no sea oro, es decir, perfectísimo y muy excelente, y que no esté lleno de esplendor y radiante por las luces de la divina Sabiduría, y que no esté totalmente lleno, poseído y penetrado de la misma Divinidad, totalmente transformado en sus divinas perfecciones.
¿Qué más diremos del arca de Moisés? Podemos añadir mirándola siempre como una imagen del Corazón de la Bienaventurada Virgen, que, as¡ como esta arca era el tesoro, la gloria y la alegría del pueblo judío, el principal misterio de su religión, su escudo y su defensa contra los que le atacaban, y el terror de todos sus enemigos: as¡ el venerable Corazón de nuestra Reina es la gloria, el tesoro y la alegría del cristianismo. Este es el primer objeto (punto) que debemos mirar después de Dios en nuestras devociones, Esta es una fortaleza inexpugnable para todos los verdaderos hijos de esta divina Madre. Una torre tan fuerte y tan municionada de armas ofensivas y defensivas, que, no sólo los soldados que combaten bajo las insignias de esta Generala de las armas del Gran Dios, encuentran aquí una fuerte defensa contra los asaltos del infierno; sino que además ella es más fuerte contra sus enemigos que un ejército en orden de batalla (13).

Recojámonos en esta invencible fortaleza, encerrémonos en esta torre inexpugnable; vivamos siempre aquí y no salgamos más...