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sábado, 11 de noviembre de 2017

EL CORAZÓN ADMIRABLE DE LA MADRE DE DIOS. SAN JUAN EUDES






CAPÍTULO IV
Décima imagen del santísimo Corazón de la bienaventurado Virgen, que es el Templo maravilloso de Jerusalén
§ 1. FIGURA Y REALIDAD
Una de las mayores maravillas que hubo en este inundo, durante el tiempo de la Ley mosaica, fue el Templo de Salomón, obra en verdad admirable por todos los conceptos.
Pero ese templo tan admirable no era más que una figura y una sombra de muchas clases de templos que hay en la religión cristiana. Era figura de la humanidad sagrada del Hijo de Dios:
Destruid este templo, decía él a los judíos, hablando de su cuerpo, y yo lo reedificaré en tres días (1). Era figura de la santa Iglesia. Era figura de todo cristiano. Era figura de nuestros templos materiales.
Era también figura y una imagen más de otro templo más santo y más augusto que todos los precedentes, excepto el primero. ¿Qué templo es éste?; es el Corazón sagrado de la santísima Madre de Dios. Porque lo que la Iglesia dice de su persona, que la llama templum Domini, sacrarium Spiritus Sancti: "El templo del Señor, el sagrario del Espíritu Santo", bien se puede decir con mucha mayor razón de su Corazón; ya que, como antes demostramos, este divino Corazón es la fuente de todas las cualidades y excelencias de que está adornada. Y si, según la divina Palabra, el cuerpo de un cristiano es el templo de Dios, ¿quién se atreverá a disputar esta cualidad al dignísimo Corazón de la Madre de todos los cristianos? Digo, pues, que este santo Corazón es el verdadero templo de la Divinidad, el sagrario del Espíritu Santo, el santuario de la santísima Trinidad.
Es un templo que fue edificado, no ya por una gran multitud de obreros, como el de Salomón, sino por la mano todopoderosa de Dios, que puede hacer cosas infinitamente mayores en un momento, que todos los poderes del cielo y de la tierra en una eternidad.
Es un templo que fue consagrado por el sumo Pontífice Jesucristo, Nuestro Señor.
Es un templo que jamás fue profanado con ningún pecado.
Es un templo adornado de toda suerte de gracias ordinarias y extraordinarias, y de todas las virtudes cristianas en sumo grado.
Es un templo que no sólo está todo cubierto de oro, sino que es todo él de finísimo y purísimo oro, y de un oro infinitamente más precioso que todo el oro material que hay en el universo. Porque este Corazón amabilísimo de la Madre del amor hermoso está todo lleno de amor a Dios y de caridad para con nosotros, todo él transformado en amor y en caridad, todo amor y todo caridad, y todo amor purísimo y caridad perfectísima: amor más abrasado, más divino y más puro, y caridad más inflamada, más santa y más excelente que el amor y la caridad de todos los Serafines.
Es un templo que contiene en si todas las riquezas de Dios y todos los tesoros del cielo y de la tierra: porque guarda en sí todos los misterios de la vida del Hijo de Dios: Conservabat omnia verba haec in Corde suo; y posee al Hijo del mismo Dios, que es el tesoro del Padre eterno, y que encierra en sí todo lo que hay de rico y de precioso en la santísima Trinidad.
Es un templo en el que el sumo Sacerdote ofreció su primer sacrificio, en el momento de su Encarnación.
Es un templo en el que el Doctor de los doctores y el Predicador de los predicadores, es decir, el mismo Jesús que enseñó y predicó tantas veces en el templo de Jerusalén, nos da tantas instrucciones santas y tantas predicaciones divinas cuantos son los ejemplos en la práctica de todas las virtudes que nos ofrece este Corazón virginal.
Es un templo en el que Dios es adorado más santamente, alabado más dignamente y glorificado más perfectamente, después del templo de la humanidad sagrada de Jesús, que en todos los demás templos materiales y espirituales que ha habido, hay y habrá en el cielo y en la tierra. Porque los más pequeños actos de virtud, y hasta los pensamientos piadosos de este santo Corazón, son más agradables a su Divina Majestad y le tributan más honor y gloria que las mayores acciones de los mayores Santos. Es lo que el Espíritu Santo nos quiere dar a entender, cuando habla a esta incomparable Virgen de la manera que verás, la cual, aunque llena de misterios muy encumbrados, sin embargo parece baja al sentido humano. Porque, como Dios se complace en esconder sus tesoros en nuestros Sacramentos, bajo un poco de agua, unas gotas de aceite y las apariencias de un poco de pan y de vino: también se complace ordinariamente en exponernos altísimos misterios y verdades subidísimas con expresiones vulgares y comparaciones bajas, para confundir el orgullo y la vanidad del espíritu humano, que es grande y magnífico en palabras, pero muy débil y muy mezquino en los efectos.
Es, pues, un templo el Corazón de nuestra divina María, y un templo tan lleno de singularidades y de maravillas, que Dios, que dio al rey David la descripción de todas las partes del templo de Jerusalén escrita de su propia mano, quiso poner los grandes y maravillosos misterios que hay en este Corazón admirable.
§ 2. ANTORCHA VIRGINAL
La primera cosa importante que observo en el templo de Salomón es el Candelabro de oro que Moisés hizo hacer, por mandato de Dios, no echándolo en molde, sino a fuerza de martillazos, para servir primeramente en el tabernáculo, y mucho tiempo después para que fuera puesto en el templo de Salomón. Este candelabro, en el que había siete lámparas, representa muchas y muy sublimes cosas.
San Epifanio (2), San Juan Damasceno (3), y muchos otros santos doctores nos manifiestan que es figura de la sacrosanta Madre de Dios, que, después de su Hijo Jesús, es el candelabro más luminoso y la antorcha más brillante de la casa de Dios. "¡Oh candelabro virginal, dice San Epifanio, que hizo ver el día a los que estaban en las sombras de la noche! ¡Oh candelabro virginal que disipa las tinieblas del infierno, y que hace brillar en nuestras almas la luz del cielo! ¡Oh candelabro virginal, que siempre ha estado lleno del aceite de la gracia, y que ha conservado siempre el fuego del amor divino con el que ha iluminado nuestros espíritus e inflamado nuestros corazones? ¡Oh candelabro virginal, que ha extendido sus divinos resplandores por toda la tierra!»
Verdaderamente, sacratísima Virgen, tú eres el verdadero Candelabro de oro del verdadero templo de Dios, que es su Iglesia, y con grande razón ella te saluda y reconoce como la puerta por la que la luz entró en el mundo: Salve, porta, ex qua mundo lux est orta. Más ello pertenece propiamente y de manera particular a tu santísimo Corazón, especialmente a tu Corazón espiritual que comprende las tres facultades de la parte superior de tu alma. Porque este Corazón es el asiento de la luz: de la luz de la razón, de la luz de la fe, de la luz de la gracia. Es el trono del Sol eterno, y aun es un sol que llena el cielo y la tierra con sus luces. En este sol puso el Espíritu Santo su tabernáculo, y derramó sus dones con plenitud: el don de sabiduría y de entendimiento, el don de consejo y de fortaleza, el don de ciencia y de piedad, y el don del temor del Señor. En este candelabro colocó él sus siete lámparas ardientes y brillantes. Es un candelabro que es todo de oro puro, para significar la excelencia incomparable del amor y de la caridad del Corazón de la Madre de Dios. Es un candelabro que fue hecho a fuerza de martillazos, para mostrar que este Corazón virginal fue formado y perfeccionado con los martillos de mil y mil tribulaciones. En fin, es un candelabro admirable que ilumina divinamente y regocija maravillosamente a los que moran en la casa de Dios.
¡Alabanzas eternas al que hizo este hermoso candelabro y nos le dio! ¡Oh divino candelabro!, disipa nuestras tinieblas, ilumina nuestros espíritus, derrama tus luces por todo el universo, para que Dios sea conocido y amado de todos los hombres.


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