utfidelesinveniatur

martes, 26 de septiembre de 2017

INICIO,GRANDEZA,DECADENCIA Y RUINA DE LA CACION MEJICANA




Las aspiraciones del gobierno y del pueblo de los Estados Unidos que forzosamente tenían que ser contrarias al Catolicismo en Méjico, dado que el conglomerado yanqui es pagano, medularmente anticristiano en su mayoría, y su gobierno ateo, pero de espíritu protestante, naturalmente anticatólico ideando la creación de un supe partido político denominado.
'Unión Nacional', que tenía por fin acabar con la Epopeya Cristera y eliminar de hecho a la Liga apoderándose de sus fuerzas, "idea que acogió desde luego e hizo suya el Sr. Ortiz Monasterio, por lo cual pidieron al Sr. Bustos que la estudiara y si la aprobaba, se procediera a organizar dicha agrupación
en la inteligencia de que la idea había sido aceptada con entusiasmo por el Obispo Pascual Díaz.
"El representante del Comité Directivo de la Liga, Sr. Bustos, aceptó la idea y se comprometió solemnemente en su carácter de tal representante a aportar al nuevo partido toda su organización actual -la de la liga-, con el propósito de que ella sirva para desarrollar todos los trabajos de índole electoral o de propaganda política que sea necesaria, para obtener el éxito que se desea aun sabiendo que eso iba directamente contra la Epopeya Cristera, contra la Liga, contra los ideales del pueblo católico mejicano y contra sus propias convicciones personales, como claramente lo indicó en su informe al Comité Directivo de la Liga, al comunicarle la determinación que había tomado ...
"Eso debió haber bastado para que, ni el Sr. Bustos hubiera aceptado el proyecto de la Unión Nacional, ni lo hubiera propuesto al Comité Directivo de la Liga, ni éste lo hubiera prohijado. Pero fue todo lo contrario explicándose sólo la actitud de los miembros de dicho Comité, que ciertamente admitió la propuesta con repugnancia, por el deseo de sus miembros de acertar, de no poner trabas a una gestión que se les aseguró lograría, sin duda, la reconquista de la libertad para el Catolicismo en Méjico, siendo necesario precisar que no se dieron cuenta de que todo se enderezaba contra la Epopeya Cristera, a cuya cabeza estaban, y que nunca hubieran consentido que terminara esa Cruzada sin haber logrado previamente aquella reconquista ...

"Cuando los Sres. Bustos, Bravo -seudónimo este del Pro Carreño y Ortiz Monasterio habían hecho los arreglos que les parecieron oportunos, (decía Mons. Díaz en circular a los Prelados que representaban la Jerarquía Católica en Méjico) hablaron conmigo, pidiéndome que les ayudara, y me encontré entonces en condición singular. No podía tomar parte activa alguna sin faltar a las resoluciones del Episcopado de no mezclarse en política directa o indirectamente, pero encontraba en cambio tanta seriedad, tanto juicio y  tanto patriotismo en los proyectos delineados finalmente por los Sres. Bustos, Monasterio y Bravo, que me parecia contrario a la Iglesia y antipatriótico negarles toda ayuda. Entonces acudí a la Delegación Apostólica que era la sola capacitada para resolver la dificultad; le expuse el caso, les mostré los proyectos y de tal modo le parecieron también justos, serenos y bien meditados, que inmediatamente designó a ciertas personas para que presentaran dichos proyectos al departamento de estado en Washington y averiguaran si no entorpecería con la fuerza de su oposición los trabajos que aquellos pensaban realizar ... Tal Departamento, igual que la Delegación Apostólica y yo mismo, juzgó por extremo interesantes los propósitos de aquellos tres caballeros y aun llegó a declarar, según se me afirmó, que en los múltiples planes que había conocido para reorganizar nuestro país, no había visto uno tan completo y bien meditado. Así también lo afirmaron los intermediarios a los Sres. Bustos, Ortiz Monasterio y Bravo." 40
"Los directores de la Liga aceptaron este proyecto del todo ajeno a las necesidades y motivos por los cuales luchaban, en el campo y en la ciudad, los católicos de la nación, y coincidieron esta vez con Mons. Díaz, quien acudió a La Delegación Apostólica para que ésta sometiera al Departamento de Estado en Washington dicho proyecto, para averiguar 'si no entorpecería, con la fuerza de su oposición, los trabajos que aquellos pensaban realizar. Y el Departamento de estado, La Delegación Apostólica en Washington y Mons. Pascual Díaz juzgaron en extremo interesante que un liberal y un revolucionario gobernasen a Méjico, con un católico a su lado.
"Para vencer definitivamente los escollos que le cerraban el paso, Mons. Díaz se trasladó en el mes de octubre a Roma y, pocos días después, el cardenal secretario de Estado leyó a los obispos mejicanos que formaban la Comisión, una acusación contra ellos, porque estaban informando mal a la Santa Sede. Sin que hubiera en tal acusación puntos concretos que pudieran rebatirse y como quince días más tarde, antes de que partiera de nuevo el señor Díaz y Barreta para Nueva York, la Secretaría de Estado nos llamó de nuevo (a la Comisión de Obispos) para decimos que la Santa Sede creía conveniente que se desintegrara la Comisión y que los prelados que la componían no residieran en ella ... El señor Díaz partió dos días después de esto a Nueva York, para continuar trabajando de acuerdo con Mons. Fumassoni  Biondi, delegado apostólico en Washington, y Dios quiera que no en combinación de la Casa Blanca, en los arreglos con el gobierno de Calles." 
Corno se desprende de las últimas palabras que corresponden
a Mons. José Maria González y Valencia, egregio Arzobispo de Durango y Presidente de la Comisión de Obispos Mejicanos Residentes en Roma, al disolverse o desintegrarse dicha Comisión creada por el Comité Episcopal, se apartaba de la Santa Sede a los prelados que por su firmeza en la defensa de los principios que animaban a la cruzada cristera, eran considerados como intransigentes, y se daba preponderancia a los partidarios de la conciliación o del entendimiento a todo precio con la Revolución, y que de acuerdo con la Delegación Apostólica en Washington, la Casa Blanca y la tiranía callista, estaban fraguando la maniobra que terminó en los llamados Arreglos de 1929.
Esta indigna y descabellada idea fraguada por Mons. Díaz y socios, fracasó en primer lugar porque el Departamento de Estado, aunque la alentaba para dividir y confundir, nunca la tomó en serio, porque resueltamente sostenía a Calles, el pelele incondicional que mejor servía a sus intereses y fines. Pero también recibió la repulsa de otras personas más sensatas, y la enérgica oposición de la heroica AC.J.M. integrada por quienes no habían vivido la indigna quimera del catolicismo liberal y de la democracia porfirista y maderista, y sido testigos de su consecuencia, la revolución socialista, radical y anárquica. Gracias a Dios fracasó la maniobra del partido de Unión Nacional que fue desechada y la Liga rectificó y reconoció su error.
"Con la lucidez que en sus largos años de preparación en la A. C. J.M. había alcanzado, Fernando Diez de Urdanivia expuso a su compañero, Juan Latapí en una carta fechada el 20 de septiembre de 1927, la síntesis precisa de la cuestión.
"Es inútil seguir esforzándose hasta dar vida y sangre en la lucha mientras los directores -prelados inclusive- sean no sólo tan miopes, sino tan desprovistos de unidad de criterio. Mientras exista entre ellos además de sus muchos defectos, esa horrenda anarquía todo está de más. Vale muchísimo más un grupo pequeño, pero unido y acostumbrado a trabajar
al unísono, que ese mosaico donde el que no intriga, yerra y el que no, vende la causa por un plato de lentejas." 42
Y un grupo de ellos redactó y dirigió a la Liga un memorial  del cual son los siguientes párrafos: "Algunas personas han concebido e intentan hacer triunfar un nuevo plan de campaña que consiste fundamentalmente en una política de acomodamiento y renunciaciones y trae como consecuencia inmediata el confiar los intereses de la libertad, del pueblo y de la justicia, a enemigos nuestros, y el alzar como bandera la agresiva y decrépita Constitución de 1857 ...
"Hace setenta años nuestros padres combatían y derramaban su sangre en defensa de la libertad y de la justicia, contra la Constitución de 1857 y contra los que a su sombra y en nombre de ella destruían y saqueaban templos, disolvían comunidades religiosas, desterraban obispos y asesinaban sacerdotes y ciudadanos intachables. Ahora, vencidos, nosotros alzamos contra los verdugos de hoy la bandera de los verdugos de ayer, contra los que hoy nos azotan nos acogemos al azote mismo que flageló las espaldas de nuestros padres y nuestras propias espaldas.
"¿Hasta donde nos llevará esa tendencia derrotista, ese descenso fatídico y monstruoso? ¿Van nuestros hijos, dentro de setenta años a proclamar contra los tiranos de entonces, como bandera, la Constitución de 1917? ... No podemos echarnos por ese despeñadero." 43

El proyecto del partido de Unión Nacional, anticatólico y antipatriótico, que aunque con repugnancia había sido aceptado por la Liga, aunque después rectificó, de haber seguido adelante y ser conocido, hubiera causado mayor y más profundo y clamoroso disgusto y rechazo de los heroicos combatientes, quienes parecían ser los que obraban con más sentido común y pensamiento íntegramente católico y mejicano.
Los dirigentes jugaban a la política y a la diplomacia no teniendo idea de ellas. La política es una ciencia y un arte basado en hechos y realidades. Pero contrariamente a 10 que se piensa, la experiencia demuestra que la política que se basa en los eternos principios de la ley natural y divina, es la única valedera y la más realista, y la única que cumple con su fin de conducir a los pueblos. La política y la diplomacia no deben prescindir, ni ceder en los principios.
Ajenos a todas esas indignas y descabelladas maquinaciones, los cristeros continuaban combatiendo denodadamente, muy firmes en sus irrenunciables ideales magníficamente significados en su doble aclamación de ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva nuestra Señora de Guadalupe!
"Los Cristeros combatían a un mismo tiempo, como ya lo hemos dicho y demostrado y vamos a proseguir probándolo porque es necesario dejar este punto bien claro, por Jesucristo, cuyo Reinado Temporal pugnaban por reimplantar, y por la Nación Mejicana... “Los Cristeros, decíamos, combatían por reimplantar el reinado temporal de Cristo, y una prueba más de ello es este párrafo final del manifiesto lanzado el 15 de octubre de 1928, desde Coalcomán, Michoacán, por el jefe de las operaciones militares cristeras, general Luis Guizar Morfín: