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domingo, 13 de agosto de 2017

DOMINGO X DESPUES DE PENTECOSTES

                                            



INTROITO Salmo 54.17-23,2-3
YO LLAMO al Señor, y él oye mi voz; me libra de los que marchan contra mí ; él, que reina desde toda la eternidad, los humilla. Pon tu suerte en las manos del Señor; él te sustentará. SI. Da oídos, Señor, a mis ruegos y no te escondas ante mis plegarias; atiéndeme y escúchame. '/1 Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.

COLECTA
[Oh Dios!, que haces brillar sobre todo tu omnipotencia por el perdón y la clemencia, multiplica sobre nosotros tu gracia para que, corriendo tras de tus promesas, nos hagas participar de los bienes celestiales. Por nuestro Señor Jesucristo.

EPISTOLA  Corintios 12.2-II
Hermanos: Bien sabéis que cuando .erais paganos, marchabais sin reflexionar tras de los ídolos mudos. Ahora, pues, yo os declaro: nadie que hable inspirado de Dios maldice de Jesús y nadie puede decir que Jesús es el Señor, sino por moción del Espíritu Santo. Hay, sí, diversidad de dones espirituales, mas es el mismo Espíritu; diversidad de ministerios, pero un solo Señor; diversidad de operaciones, mas el mismo Dios obra todo en todos. La manifestación del Espíritu se da a cada cual con miras al bien común. Así uno recibe del Espíritu una palabra de sabiduría; otro recibe del mismo Espíritu una palabra de ciencia; a éste le da el mismo Espíritu fe; al otro, el don de curación por el mismo Espíritu; a quién, el don de hacer milagros; a quién, la profecía; a éste, discreción de espíritus; a uno, diversidad de lenguas; a otro, el don de interpretación. Mas todo esto lo obra el mismo y único Espíritu, repartiéndolo a cada cual según le place.

GRADUAL / Salmo 16.8,2
Guárdame, Señor, como a la niña de tus ojos; al abrigo de tus alas ampárame. Tu boca falle en mi favor y vean tus ojos mi rectitud.
Aleluya, aleluya.  A ti, i oh n: et tibi Dios!, se deben himnos de alabanza en Sión, ya ti se ofrecerán votos en Jerusalén. Aleluya.
EVANGELIO San Lucas 18, 9-14
En aquel tiempo: Dijo Jesús a ciertos hombres qué presumían de justos y despreciaban a los demás esta parábola: Dos hombres subieron al templo para orar, uno fariseo y otro publicano. El fariseo, en pie, oraba en su interior de esta manera: ¡Dios!, gracias te doy porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; o corno este publicano. Ayuno dos veces por semana; pago los diezmos de cuanto poseo. El publicano, puesto allá lejos, ni se atrevía a levantar los ojos al a cielo; se golpeaba el pecho diciendo: ¡Dios mío, ten piedad de mí, que soy un pecador! Os digo que éste volvió justificado a su casa, más no el otro; porque todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado.
OFERTORIO / Salmo 24.1-3
A ti, Señor, levanto mi espíritu; Ad te, en ti, Dios mío, busco mi refugio, no quede avergonzado, ni se burlen de mí mis enemigos; nadie que espere en ti será confundido.

SECRETA
A ti, Señor, se debe rendir el tributo de estos sacrificios; tú eres también el que nos permites ofrecerlos en tu honor y también para nuestra propia curación. Por nuestro Señor.
Prefacio de la Santísima la semana, prefacio común, pág.

COMUNIÓN / Salmo 50.21
Aceptarás, Señor, los sacrificios santos, el holocausto y la oblación perfecta sobre tu altar.

POSCOMUNIÓN
Te rogamos, Señor y Dios nuestro, no prives de tus auxilios a los que te dignas, benigno, reparar con tus divinos sacramentos. Por nuestro Señor.

BREVE COMENTARIO
Porque todo el que se ensalza será humillado, y el que se humilla será ensalzado…
A todos nos es conocido este pasaje evangélico del publicano y del fariseo y muchos comentarios se han hecho sobre este tema tan importante cuyo mensaje parece resumirse en las palabras finales de dicho evangelio. Creo ver en estas dos actitudes los dos tipos de oración y su consecuente resultado; el uno recibe en premio otro pecado y no es descargado de lo que ya traía, el otro todo lo contrario no solo le son perdonados sus pecados sino que obtiene la gracia propia del sacramento de la penitencia.
Es importante en reparar como debemos preparar nuestra alma en la oración con el fin de obtener lo que pedimos y no salir avergonzados de la presencia del Señor, porque en este asunto tan importante para nosotros nos es necesario recibir las gracias divinas para nuestra unión con Dios. Por lo tanto deben ser consideradas las disposiciones de nuestra oración para recibir de Dios lo que su voluntad infinita tenga a bien concedernos: la humildad es el fundamento necesario de ella, la constancia, la perseverancia y, finalmente, el contenido de nuestra petición que debe estar en conformidad con la voluntad divina que ante todo busca nuestra salvación. Dios Nuestro Señor es el ser omnipotente y omnisciente es el conocedor por excelencia de la verdadera necesidad de nuestra alma pretender y querer que Él acceda a nuestras suplicas incondicionalmente conlleva una osadía presuntuosa y la presunción es parte de la soberbia, por donde despacha nuestras suplicas vacías y lo peor con confusión y vergüenza de nuestra alma.

Procuremos con toda humildad y sencillez orar al Señor y ante todo que su voluntad se cumpla en nosotros.