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miércoles, 12 de julio de 2017

RESUMEN DE LOS ERRORES DEL CONCILIO VATICANO II


LOS ERRORES EN LA PASTORAL.
En simbiosis permanente con herejes y cismáticos.
Los errores en la pastoral estriban esencialmente en proponer una mala pastoral; mala porque pone por obra los errores doctrinales del concilio, o se opone de alguna manera, en todo o en parte, a la pastoral tradicional de la Iglesia, o la altera, o resulta ser intrínsecamente contradictoria.
Desde un punto de vista general, toda la pastoral propuesta, por el Vaticano II está corrompida, porque se funda en la puesta al día, o sea en el principio del diálogo con el error, en lugar de dialogar con el que yerra para convertirlo, según se dijo más arriba. 
Expondremos los errores pastorales del siguiente modo: primero haremos (en la secc. 12) un análisis sintético de las apreciaciones fantasiosas relativas al hombre y al mundo, algunas de cualquier referencia efectiva a la enseñanza de la Iglesia y al pensamiento católico, desarrolladas principalmente en la Gaudium et Spes, las cuales constituyen como el fundamento teórico de gran parte de la pastoral conciliar; después daremos algunos ejemplos de la mala pastoral propuesta, cuando sigamos el planteamiento contenido en la Gaudium et Spes y en los documentos doctrinales.
Gracias a tales ejemplos se echará de ver (sec. 13 y ss.) que la pastoral del Vaticano II se articula siempre en función de dos directrices fundamentales, vinculadas entre sí:
1. La "puesta al día" del clero, sin perdonar a ninguno de sus integrantes, respecto de la cultura moderna y contemporánea en todas sus formas: humanísticas, científicas, técnicas, artísticas.
2. La "colaboración ecuménica" de sacerdotes y fieles con los denominados "hermanos separados", con los seguidores de las religiones acristianas, con todos los hombres; pero no para convertirlos a la fe única y verdadera, sino para concurrir con ellos al progreso y a la unidad del género humano.
Por lo demás, en el art. 24 de la Unitatis Redintegratio se proclama al ecumenismo "principio general" verdadero y propio de la pastoral, entendido, obviamente, en el sentido del art. 8 de la Lumen Gentium y de los arts. la 4 de la Unitatis Redintegratio: «Este sagrado concilio desea ardientemente [instanter exoptat] que los proyectos [incepta] de los fieles católicos progresen en unión [coniuncta progrediantur] con los proyectos de los hermanos separados».
Como era de esperar, se aceptó y llevó a efecto esta invitación a la simbiosis permanente con los herejes y los cismáticos, lo que nos autoriza a afirmar que las degeneraciones ecuménicas en la celebración del culto y en la pastoral, tan difundidas hoy, se encepan en el concilio (no en el llamado "postconcilio").
Los errores en la pastoral atañen a:
12.La interpretación del significado del mundo contemporáneo.
13.Aspectos de la sagrada liturgia.
14.Aspectos del estudio y de la enseñanza de la doctrina.
15.La formación de los religiosos y seminaristas; el ministerio de los obispos y de los sacerdotes.
16.La formación y las directrices impartidas a los misioneros.
17.Las directrices impartidas para el apostolado a los seglares.
18.La puesta al día en la educación.
1. Errores sobre la noción de Tradición y
de verdad católica
1. Errores sobre la noción de Tradición y de verdad católica
1.1 Un concepto erróneo de la sagrada tradición, entendida como conjunto de enseñanzas gracias a las cuales la Iglesia «tiende constantemente, en el decurso de los siglos, a la plenitud de la verdad divina [ad plenitudinem divinae veritatis iugiter tendit], hasta que en ella se cumplan las palabras de Dios» (DV §. 8). ¡Como si la tradición, que custodia el depósito de la fe desde el tiempo de la predicación apostólica, no poseyera ya "la plenitud de la verdad divina"! [Como si pudiera haber algo que añadirle o que modificar en ella! Esta noción de una "tensión incesante" de la Iglesia hacia la "plenitud de la verdad" contradice abiertamente a la del "deposito de
la fe"
(1 Tim 6, 20), Y se vincula al subjetivismo característico del pensamiento moderno, profesado por la Nouvelle Théologfe, para el cual todo está siempre en movimiento, en progreso continuo, y no existe una verdad absoluta, sino tan sólo la tensión incesante del sujeto hacia una verdad que, en última instancia, él mismo se da.
1.2 La increíble afirmación, contraria al sentido común y también a toda la tradición, según la cual «Cristo llama a la Iglesia peregrinante hacia una reforma perenne, de la cual tiene siempre necesidad la propia Iglesia, en cuanto institución humana y terrena [vocatur a Christo ad hanc perennem reformatlOneID: ,quae ipsa ... perpetuo indiget]»; reforma que debe comprender también «la manera de exponer la doctrina, que debe distinguirse cuidadosamente del mismo depósito de la fe [qui ab ipso deposito fidei sedulo distmgui debet]» (UR § 6; también GS § 62). Se trata de un principio ya proclamado en las versiones en lengua vernácula del discurso inaugural de Juan XXIII del 11/10/1962,y ratificado después al pie de la letra por dicho Papa (un principio, empero, que ya condenaron San Pío X  Y Pío XII) 3.
1.3 La proposición «la verdad no se impone de otra manera sino por la fuerza de la misma verdad [nisi vi ipsius veritatis], que penetra suave y fuertemente en las almas» (DH § 1), profesada por el concilio para justificar la libertad religiosa, es absolutamente falsa en relación con las verdades del catolicismo, puesto que ellas, en cuanto verdades divinitus reveladas, sobrepujan la capacidad de nuestra inteligencia y no puede creerse en ellas sin la ayuda de la gracia (por eso se ha enseñado siempre que "la fe es un don de Dios". Además, dicha aserción niega de hecho las consecuencias el pecado original sobre la inteligencia y la voluntad, heridas y debilitadas por aquél y, por ende, propensas al error y fascinadas por el engaño.

2. Errores sobre la santa Iglesia y la santísima Virgen

2.1 Una idea equivocada sobre la santa Iglesia (conocida como error de subsistit in): a la Iglesia no se la concibe ya como la Iglesia única y verdadera de Cristo (como se ha enseñado siempre), puesto que se osa escribir que la "Iglesia de Cristo" ( ... ) «subsiste en la Iglesia católica», igual que subsisten «fuera de ella muchos elementos de santificación y de verdad», a título de «dones propios de la Iglesia de Cristo» (J-G § 8; también: DH § 1; UR § 3); lo que equivale a sostener, contra el dogma de la fe, que las almas se salvan también fuera de la Iglesia católica -la cual, por lo tanto, no constituye ya el único "medio de salvación"- y que también las comunidades heréticas y cismáticas son "medios de salvación" (UR § 3), a pesar de sus "defectos", porque «el Espíritu de Cristo no rehuyó servirse de ellas como de medios de salvación, cuya virtud deriva de la misma plenitud de gracia y de verdad que se confió a la Iglesia católica» (UR § 3 cit.).        
A la Iglesia católica se le deja aún "la plenitud total de los medios salvíficos", puesto que es «auxilio general de la salvación [generale auxilium salutis]» (ibid.). Pero al proceder así se la rebaja de medio único de salvación, a mero "auxilio general" (expresión oscura), que posee "la plenitud total de los medios salvíficos" (aunque sólo la "plenitud" de ellos, no la unicidad de los mismos, como antes). Lo que significa que, in mente Concilii, hay medios menos plenos de salvación, por decirlo así, pero que, con eso y todo, la confieren (salvación que no puede ser menos plena de suyo, dado que es imposible concebir una salvación a medias); medios que se hallan también, según parece, en los denominados "hermanos separados", visto que éstos gozan asimismo de la asistencia del Espíritu Santo, no a título de individuos, sino cabalmente en cuanto comunidades herejes y cismáticas.
Tenemos que habrnoslas con un error teológico manifiesto, ya que las comunidades "separadas" son tales precisamente porque rechazaron la asistencia del Espíritu Santo a fin de correr tras los propios errores que las condujeron a la separación. Esta nueva doctrina del concilio resulta ser, además, inconsistente en el plano lógico, porque no se comprende cómo unos medios de salvación "defectuosos" y, por ende, menos plenos que los de la Iglesia católica, pueden conferir la misma salvación brindada por esta última: a medios desiguales deberían corresponder resultados desiguales, no idéntico resultado.

NOTA SOBRE LA DOMUNUS IESUS

Muchos católicos se alegraron de la Declaratio Dominus Iesus (año 2001), que repitió el subsistit de la Iglesia de Cristo en la Iglesia católica, así como el principio según el cual la Iglesia católica es la única que goza de la "plenitud" de los medios de salvación. Sin embargo, para ser conforme con el depósito de la fe, la Declaratio habría debido decir que la Iglesia de Cristo subsiste sólo en la Iglesia católica, en lugar de decir -en sintonía perfecta con Lumen Gentium y Unitatis Redintegratio- que la «Iglesia de Cristo, a pesar de las divisiones de los cristianos, continúa existiendo plenamente sólo en la Iglesia católica» (DI § 16). El adverbio "plenamente" es el que no cuadra bien, puesto que se quiere significar con él que la Iglesia de Cristo continuó y continúa existiendo, bien que no plenamente, en "elementos" que, pese a hallarse fuera de la Iglesia católica, con todo, confieren salvación. Precisamente tal concepto es el que contradice al dogma bimilenario Extra Ecclesiam nulla salus. En efecto, la verdad proclamada en este dogma (nulla salus: ninguna salvación) es la siguiente: fuera de la Iglesia católica, Iglesia única y legítima de Cristo por los siglos de los siglos, no hay ni puede haber "medios de salvación", sean más plenos o menos, es decir, "medios" que puedan procurar la salvación porque existen gracias a "iglesias" o "comunidades" heréticas y cismáticas en cuanto tales. Fuera de la Iglesia no hay nada más que la posibilidad de una salvación individual del hereje o cismático material, esto es, del hereje de buena fe, que comparte las doctrinas de su secta por ignorancia inculpable de la doctrina católica, y que busca sinceramente cumplir en todo la voluntad de Dios. Esta es la doctrina del bautismo de deseo implícito, que se aplica también a los acristianos: si el infiel o el hereje de ánimo pío y devoto hubiese conocido a la iglesia o la auténtica doctrina de ésta, se habría adherido a ellas. Extra Ecclesiam (visible) no existe, pues, nada más que la posibilidad de una salvación individual, que puede tener lugar por obra del Espíritu Santo, no obstante la pertenencia material del hereje, del cismático, del infiel, a su secta, comunidad o religión, y no porque tal secta o comunidad represente un elemento de la Iglesia de Cristo en el que obre, aunque resida en él de manera imperfecta, la «misma plenitud de gracia y de verdad que se confió a la Iglesia católica» (UR cit.).
Hay más. Tanto el Vaticano II como la Dominus Iesus tienden a aplicar este gravísimo error doctrinal incluso a todas las religiones acristianas, las paganas inclusive, porque ambos llevan el sello de la falsa doctrina según la cual «las semillas del Verbo [seminaVerbi]» (de la Verdad Revelada) aparecieron de algún modo en tales religiones y allí siguen los "elementos" de verdad y santificación supuestamente existentes en las comunidades de los herejes y cismáticos tienen, pues, su paralelo en las "semillas del Verbo" que se quiere imaginar presentes en el paganismo antiguo y moderno y en las religiones que se autoproclaman reveladas.
La falsa doctrina de los semina Verbi deriva de una manipulación del pensamiento de los Padres de la Iglesia (San Justino y Clemente de Alejandría), quienes habían visto «una como simiente del  Verbo divino» en las intuiciones de ciertas verdades especulativas y éticas, próximas al orden establecido por el Dios verdadero en el mundo y en el hombre, que alcanzaron algunos filósofos (Platón y Aristóteles) y poetas griegos. Dicho reconocimiento se limitaba nada más que a las justas intuiciones de tales filósofos y poetas, y, por ende, no se extendía a la religión pagana, a la que nunca dejaron de considerar, en armonía con la Escritura, como «culto al demonio» (Salmo 95; ICor 10,20). Fue la neoteología la que incluyó arbitrariamente a la religión pagana en el testimonio de los Padres 2.
Así, pues, el error del Vaticano II ha pasado a la Dominus Iesus.

Se continúa enseñando que las comunidades heréticas y cismáticas forman parte de la "Iglesia de Cristo", aunque gocen ex sese de (presuntos) medios de salvación "defectuosos" y, por ende, menos plenos,
y aunque se hallen por tal motivo en una posición de inferioridad en comparación con la Iglesia católica; inferioridad, por otra parte, ausente de influencia en orden a la consecución de la salvación, lo que la convierte en algo puramente académico.