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martes, 30 de mayo de 2017

NACIMIENTO, GRANDEZA, DECADENCIA Y RUINA DE LA NACION MEJICANA






LOS CRISTEROS

El 29 de septiembre, los vecinos de Santiago Bayacora, Durango, encabezados por Trinidad Mora, se opusieron a la orden de que el templo parroquial fuese inventariado y retiradas las imágenes, atacando a pedradas a quienes trataban de hacerla cumplir. En Cerrito Verde esperaron a las fuerzas federales enviadas posteriormente, derrotándolas y obteniendo una considerable cantidad de armas y municiones. Reforzado el enemigo, nuevamente es derrotado en Mesa de Piedra. El mes de noviembre el general revolucionario Lares es exterminado.

Francisco Campos, un vecino del lugar narra con sencillez los acontecimientos:

"Sucede que en el mes de julio de 1926 apareció un manifiesto en la puerta del templo de este lugar, en el cual decía así: El31 de Julio de 1926, tenían que ser cerrados todos los templos de la República Mejicana y los sacerdotes tienen que ser expulsados a otros países.

"Luego que vimos dicho manifiesto, dijimos: pues ciertamente el gobierno espera que se respete, pero en tales y cuales cosas esto no nos conviene, y primero saltan pedazos de gente que se haga lo que el gobierno diga.

"Inmediatamente nos reunimos para ver cómo le hacíamos y opinar cómo le podríamos hacer, y tomamos el parecer a toda la gente, si eran de conformidad de defender la religión, y dijimos que sí, que estábamos dispuestos a pelear hasta morir. Luego nombramos un jefe para que se hiciera cargo y dispusiera lo que se debía hacer.

"El jefe que se nombró se llamaba Trinidad Mora y luego se procedió a darse cuenta de cuántas armas podría haber. Resulta que podría contarse con 150, y dijo Trinidad que eran pocas. La gente dijo que no le hacía. Que pelearíamos con piedras, palos, reatas y quien sabe con qué más. Otros decían que era bueno que ya se hubiera llagado el día...

"El número de gente en ese tiempo éramos 400 hombres y todos con el mismo gusto ...

" ... Serían más o menos las ocho de la mañana del día 29 de septiembre cuando llega un auto. En él tres individuos. Llegaron cerca del templo y echaron pie a tierra... preguntando por el encargado del templo... ¿Para qué lo quieren? ... 'para que nos preste la llave del templo. Venimos a hacer el inventario que se le ha ordenado, ya que ustedes no lo han querido
hacer...
y los agarraron a pedradas y golpes y los desarmaron. Antes no les hicieron otra cosa y los despacharon bien golpeados.

"Luego manda Trinidad Mora juntar la gente porque dijo: Lucha ya no hay. No dilata la federación en venir. Júntense todos los que tengan armas. Pues nos juntamos los que, teníamos armas pero todas las armas que había no servían para nada. Unas eran carabinas 30-30. Otras eran 44.

Otras eran Máuser. Yo tenía un riflecito 25-35, pero todos con muy poco parque, Unos con 20 cartuchos, otros con cinco, otros con los otros con 40 o 50, y así sucesivamente. Yo tenía 10 cartuchitos y, en fin, con los que teníamos cada uno.

"Nos juntamos más o menos unos 140 armados y otros que no tenían arma, pero dijeron que en el combate se harían de armas y parque y que nos podrían ayudar. Lo más cierto fue que nos juntamos unos 285 hombres dispuestos a la batalla.

"Y dice Trinidad: Vamos a esperarlos al Cerrito Verde. Ese Cerrito Verde está cerca del Pilar hacia el poniente, y enseguida emprendimos la marcha. Ahí vamos muy contentos como si fuéramos a recibir dinero.
Llegamos al punto indicado nos posicionamos y listos para la batalla.

"Sería como la una de la tarde del día 29 de septiembre cuando allá viene. ¡Listos muchachos! No tengan miedo. Por supuesto que los soldados no nos habían visto, y cuando llegaron allí donde estábamos: ¡ viva Cristo Rey! y tras, tras y más tras, y ahí están cayendo (changos) soldados hasta que corrieron y ahí vamos detrás de ellos gritándoles: Párense aquí, allá y más allá .... Hasta que los corrimos lejos. Nos venimos a recoger armas y parque que nos dejaron, Hoy estamos muy contentos porque les ganamos, dando gracias a Dios que nos ayudó a ganar. Ya nos venimos muy contentos porque nos dejaron muchas armas y parque por primera vez.                               


"E130 de septiembre, volvió el ejercito en gran número, pero no pudo vencer. Ello de octubre, llegaron los refuerzos, ahora en tal cantidad que todos los habitantes de pueblo tuvieron que huir a la montaña con mujeres y niños, abandonándolo todo. La guerra de Durango que iba a costar cinco regimientos y varios generales al ejército federal, había comenzado, "En aquel mismo mes de octubre, el ejército pudo darse cuenta de que las cosas no iban a ser tan fáciles como lo creían el general Amaro y el presidente Calles. Los cristeros de Santiago Bayacora, que andaban errantes con sus familias por la sierra, alimentándose de miel silvestre y de maíz verde, derrotaron al general en jefe Enrique León y a las tropas del 26° batallón y del 76° regimiento, .. Y cuando el gobierno sufrió de nuevo graves pérdidas en una emboscada, decidió acabar de una vez, Un general llegó de Chihuahua para dirigir la campaña, 'dijo que nos iba a traer lazadas y salió'. El en exceso confiado general Ismael Lares, a pesar de los consejos del coronel que lo acompañaba, cayó en una emboscada en la que murió en compañía de 250 soldados. ".

Carlos Díez de Sollano y el ex general revolucionario Rodolfo Gallegos, quien se había separado del servicio por estar en absoluto desacuerdo con la tiranía, desde el mes de agosto preparaban un levantamiento armado en el Norte de Guanajuato, el cual se precipitó por el levantamiento de Luis Navarro Origel en Pénjamo. Desde entonces, Diez de Sollano alistaba gente en Guanajuato, San Miguel y Dolores llegando a contar con unos cinco mil hombres, unos mil trescientos fusiles y diez mil cartuchos. En los primeros días de octubre se inició la insurrección y el día ocho con cincuenta hombres sorprendió y derrotó a un destacamento federal. El día 31 tornó San José Iturbide. Operaba por toda la sierra y en ocasiones aparecía en las inmediaciones de la ciudad de Guanajuato "En Chilapa, Guerrero, se levantó para defender a sus sacerdotes, de una manera espontánea y masiva       dirigidos por un hombre muy popular, Antonio Vargas, llamado Canfur   Era el fin del movimiento de Chilapa, cuando se supo que los canónigos habían sido detenidos e iban a ser llevados a Méjico. Temiendo que les aplicaran la ley fuga, 400 hombres se reagruparon en Nexapa, con 150 armas de fuego, garrotes y machetes para atacar a la columna federal a dos leguas de Chilapa en los primeros días de octubre.
La emboscada de la cañada de los Pajaritos fue seguida del ataque a Chilapa, que cayó después de
4 horas de combate. Los 150 federales tuvieron 22 muertes (después el gobierno habría de fusilar a 22 prisioneros en la plaza mayor de Chilpancingo), pero Canfur murió también. Durante la batalla no cesaron de tocar las campanas para llamar a los habitantes de los caseríos y pueblos de los alrededores, en tanto que la población ayudaba a los atacantes. El gobierno movilizó a todo el agrarismo de Guerrero, que sirvió de auxiliar a una columna de 3,000 soldados. Los cristeros huyeron por las montañas y se dispersaron en Teocuitlapa para escapar a esta batida terrible ... "


Porfirio Díaz
En Jalisco había tenido poca respuesta y escasa extensión la resistencia armada, por la oposición a la misma de Mons. Orozco y Jiménez y Anacleto González Flores, Jefe de la Unión Popular. Sin embargo, los primeros días de noviembre se combatía en Tepatitlán, Zapotlanejo y Tlacolulco. El siete de noviembre se celebraba en la Colegiata de San Juan de los Lagos la fiesta de la Santísima Virgen venerada con el nombre de Virgen de San Juan de los Lagos. Los vecinos y campesinos de los alrededores paseaban llevando en los sombreros la imagen de la Santísima Virgen y la leyenda de ¡Viva Cristo Rey! La fuerza federal los increpó y les ordenó que se quitaran las imágenes y letreros de los sombreros, a lo cual se negaron provocando un zafarrancho. Un jovencito mató de un tiro al teniente y los soldados huyeron. La policía disparó contra el pueblo matando a cuatro personas. Por la tarde se presentó el 740 Regimiento de Caballería y declaró a la población en estado de sitio, saqueándola y fusilando a cuatro personas. Cuarenta hombres al mando de Miguel Hernández se echaron al campo y el dos de enero de 1927 atacaron a San Miguel el Alto.

"En Jalisco, la exaltación crecía al acercarse las fiestas de la Virgen: en Tenamaxtlán 5,000 peregrinos, de los cuales iban 1,000 a caballo, desfilaron por las calles. En Guadalajara la multitud delirante gritaba: ¡Viva la Virgen de Guadalupe! ¡Viva el Papa! ¡Viva el Arzobispo!, en tanto que la tropa ocupaba por la noche el santuario y que la UP, aprovechando la afluencia de peregrinos, preparaba una convención general de todos los delegados para decidir entre la guerra y la paz. En Tequila, unas procesiones dispersadas a tiros provocaron un levantamiento, lo mismo que en Ayutla.
Pedro Sandoval entró en acción en Florencia.

"Cuando en octubre se sublevaba Gallegos en Guanajuato, Carlos Díez de Sollano consignaba que Guadalajara aún insistía en no llegar a la defensa armada", y sólo a fines del mes de diciembre fue cuando Anacleto González Flores aceptó el recurso a la fuerza decidido por la Liga y leyó a la convención de la UP., reunida en Guadalajara para las elecciones internas: "La L.ND.L.R. ordena a sus delegaciones que ... organicen inmediatamente un movimiento armado para derrocar al gobierno de la República y salvaguardar por medio de la fuerza las libertades populares."

"Se resignó, sin entusiasmo, a transmitir la consigna de la Liga de un levantamiento general para ello de enero, porque la presión popular era irresistible. Porque la multiplicación de los levantamientos espontáneos y desordenados volvía inútil el debate, una vez que las masas se habían decidido por la guerra, porque era peligroso y trágico dejar que el gobierno aplastara, uno tras otro, aquellos focos de insurrección."

Anacleto González Flores, gran católico y gran organizador y conductor de hombres, de brillante inteligencia y vastísima cultura, escribía: "El espectáculo que ofrecen los defensores de la Iglesia es sencillamente sublime.

El cielo lo bendice. El mundo lo admira. El infierno lo ve lleno de rabia y asombro. Los verdugos tiemblan." Cambiando constantemente de casa para escapar a la enconada persecución y continuar dirigiendo a sus cruzados, fue aprehendido el día primero de abril de 1927 en unión de los hermanos Vargas González, cuya madre se despidió de ellos diciéndoles: "¡Hijos míos, hasta el cielo!" En la prisión se encontraron con Luis Padilla Gómez, presidente de Comité Arquidiocesano de la A.C.J.M. de Guadalajara. Los cuatro fueron bárbaramente martirizados y fusilados.

El pueblo, con más energía y sentido de la realidad que la clase dirigente, había decidido afrontar la responsabilidad de una empresa llena de dificultades y peligros, y espontáneamente, sin previo acuerdo, se lanzó a ella en diversos lugares, sólo pensando en el ineludible deber de hacer frente a la Revolución en defensa de la Religión, de la Patria y del mismo pueblo. Los jefes surgieron, y las armas y municiones le fueron arrebatadas al enemigo.

Esos espontáneos levantamientos armados, precipitados y aislados, tenían grandes inconvenientes y permitían a la tiranía reunir fuerzas y concentrarías contra cada uno de ellos. El mal no estaba en el ardor del pueblo, sino en la incapacidad y timidez de la clase dirigente en general que no estaba a la altura de la situación, por no haber sido capaz de prever y preparar con decisión y energía el desde hacía ya mucho tiempo inevitable enfrentamiento.

En septiembre de 1926 tomó la L.N.D.L.R. la resolución de promover la insurrección armada, y de dirigir, coordinar y organizar los levantamientos armados que ya habían aparecido y operaban en diversas regiones, creando para ello un Comité Especial o de Guerra, a cuyo frente se puso en forma provisional a Bartolomé Ontiveros

El problema consistía en derrocar, o al menos obligar a la tiranía que detentaba la autoridad, a derogar o reformar la legislación opresora y perseguidora de la Religión Católica. Por tanto se trataba de un problema de orden político y militar cuya solución competía fundamental y primordialmente a los seglares. Siendo en el fondo el mismo problema, un problema teológico o religioso, no podía prescindirse o ser indiferente a la Iglesia, con la cual se tenía que contar para obtener cuando meros su apoyo moral.

Se notaba la decadencia de las instituciones y de los hombres, producida principalmente desde el definitivo establecimiento de la República Democrática Federal y durante la ignominiosa tiraría porfiriana, en la cual los católicos abandonaron la política y sus rectos principios y se entregaron a la acción social. Los principales dirigentes de la L.N.D.L.R. y de la D.P. heroicos y de muy buena fe, pertenecían todavía a la generación que a la zaga de los acontecimientos.