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viernes, 12 de mayo de 2017

NACIMIENTO , GRANDEZA, DECADENCIA Y RUINA DE LA NACIÓN MEJICANA



El padre Bátiz se arrodilló ante el teniente y los soldados y les dijo: "Mátenme a mí si quieren, pero por amor de Dios no hagan mal a estos jóvenes. Recuerden que éste, Manuel Morales, es Casado y tiene esposa y tres hijos pequeñitos. Estos otros dos jóvenes son el único sostén de su familia y por su muerte dejarían a sus dos ancianas madres privadas de todo apoyo en el mundo.
"Manuel Morales, irguiéndose gallardamente, exclamó dirigiéndose al sacerdote: Señor cura: yo doy gustoso mi vida, o mejor dicho, la devuelvo a Dios. Yo muero. Dios no muere. Él velará amorosamente por mi esposa y por mis hijos. Hágase en todo su santa voluntad.
"Salvador Lara y David Roldán añadieron: Señor cura: usted sabe que queremos morir con usted porque vamos a morir por Cristo. "Entonces el padre Luis G. Batís, dando un ejemplo de valor cristiano, exclamó gozoso: ¡Muramos por la causa de Dios. Nuestra muerte no importa. Otros verán el triunfo de la Iglesia. ¡Viva Cristo Rey! "La sangre que había empezado a correr formaría torrentes incontenibles en casi toda la República. La consigna de muerte había sido dictada por el jefe de Estado, y sus secuaces fieles hasta la ignominia a sus tenebrosos designios, la cumplirían ciega y apasionadamente."  
Cuando don Pedro Quintanar, comerciante de ganado, llegó a Chalchihuites y fue informado de las aprehensiones, les reprochó el que las hubieran permitido y les propuso salir a rescatar a los prisioneros. Como así lo hicieron, batiéndose a tiros con los aprehensores, sólo pudieron rescatar los cadáveres de los mártires, volviendo a Chalchihuites en son de guerra.
Aurelio Acevedo Robles, quien preparaba un movimiento armado en Valparaíso, que se precipitó por los sucesos de Chalchihuites, fue a buscar a Quintanar y le propuso encabezar el movimiento. Aceptó Quintanar y propuso a Acevedo que "mientras ustedes se levantan allá (en Valparaíso), yo levanto aquí a dos o trescientos hombres y le pegamos a Huejuquilla y después nos vamos al Valle".
Pero el 22 de agosto, veinte hombres armados encabezados por Trinidad Castañón se levantaron en armas en los caseríos de Peñitas y Peñas Blancas, sembrando algún desconcierto. Quintanar y Acevedo decidieron el 29 atacar a Huejuquilla.
"Mientras tanto, Quintanar aceptaba la dirección del movimiento haciendo callar a su mujer que quería disuadirlo con estas palabras: Tengo un compromiso con la Virgen de Guadalupe. El domingo 29 de agosto, entraba Quintanar con un centenar de nombres en Huejuquilla el Alto (Jalisco) en medio de clamores de entusiasmo y los gritos de ¡Viva Cristo Rey!, en tanto que las campanas eran echadas a vuelo. A las dos de la tarde llegó un grupo de 50 soldados y dio comienzo el primer combate. A las once de la noche todos esos soldados estaban muertos o prisioneros. Quintanar confortó, dio de comer y visitó a los prisioneros, a los que luego puso en libertad, incluso a los oficiales. La guerra de Zacatecas comenzó en agosto."
Se organizó la defensa de la plaza de Huejuquilla que fue atacada por fuerzas del 6° y 59 Regimientos que quisieron recobrarla.
Después de dos horas de combate la plaza, quedó en poder de los cristeros, causando 26 bajas a los atacantes. Enterado de la derrota Eulogio Ortiz, Jefe de Operaciones de Zacatecas, marchó con numerosas fuerzas contra Huejuquilla, la cual tuvieron que abandonar los cristeros siendo entregada a un terrible saqueo.
"El mes de agosto estuvo señalado por seis levantamientos, algunos de escasa importancia como el de los hermanos Yáñez, cerca de Ecatzongo, el del estado de Puebla y el del estado de Oaxaca, cerca de Sayula. En cada uno de ellos dos docenas y media de hombres fueron dispersados rápidamente por el ejército. Los motines no se cuentan como verdaderos levantamientos, incluso los muy sangrientos como los de Acámbaro y Tlaxiaco. En todas partes el ejército estaba al acecho y las ejecuciones sumarias se multiplicaban. "
La sorprendente y viril reacción y heroica manifestación de la pureza y el vigor de la Fe del pueblo mejicano en general, con motivo de la suspensión del culto público y del intento de la tiranía de intervenir, cerrar o apoderarse de los templos, demuestra lo acertado de la medida decretada por el Episcopado en esa situación de excepción y con los fines que se proponía, así como también lo infundado del temor de quienes pensaban que por ella pudiera el pueblo apartarse o perder la Fe.
En esa situación de bloqueo económico social y el pueblo en pie de guerra, por mediación del Procurador de Justicia, del Secretario de Hacienda y algunos prominentes hombres de negocios, Monseñor Ruiz y Flores y Monseñor
Díaz Barreta, tuvieron el 21 de agosto de 1926 una entrevista con Plutarco Elías Calles, buscando un arreglo que permitiera la reanudación del culto público.
En dicha entrevista sugirió Mons. Díaz que si el presidente declaraba que la inscripción de los sacerdotes era puramente administrativa, podría reanudarse el culto, a lo cual se negó Calles, quien dio por terminada la entrevista diciéndoles: "Pues ya lo saben ustedes. No les queda más remedio que las Cámaras o las armas.
Sin embargo, esa misma tarde volvió el Procurador de Justicia a ver a los Obispos para decides, mostrándolo por escrito, que el presidente le había declarado que el aviso que tenían que dar los encargados de los templos era una medida puramente administrativa, sin
querer mezclarse con ello en asuntos de dogma y de religión, y que había esperanzas de que pronto se reanudara el culto en los templos.
Ya por la noche volvió a vedas diciéndoles que el Presidente quería que ese texto se publicara en los diarios El Universal y El Excélsior, a lo cual accedieron con la condición de que se agregara que los obispos habrían de aguardar la decisión de Roma.
Pero el 23 de agosto Calles publicó otro texto diciendo que después de la reanudación del culto, los sacerdotes se someterían a la ley. Y el Episcopado reafirmó su posición: El culto público no se reanudaría mientras siguieran vigentes, no sólo los últimos decretos de Calles, sino los Artículos persecutorios de la Constitución.
Las gestiones y las condiciones que habían sido aceptadas por Mons. Ruiz y Flores y por Mons. Díaz Barreta, fueron reprobadas y reformadas tanto por el Comité Episcopal, como por la Santa Sede.
Por orden de su Santidad Pío XI, la Secretaria de Estado publicó el 24 de agosto en L'Osservatore Romano la siguiente nota oficial referente a lo publicado en los periódicos italianos:
"Los diarios publican relatos de las negociaciones y acuerdos entre el Presidente Calles y ciertos miembros del Episcopado Mejicano. Deseamos prevenir a los lectores contra noticias que pueden pecar contra la verdad, ya que el Episcopado Mejicano no ha recibido del Papa ninguna comunicación, ni la Santa Sede ha enviado instrucciones a dicho Episcopado, que permitan cambiar los puntos de vista ya enunciados."
El mismo día 24 cursó la Secretaria de Estado el siguiente cablegrama al Arzobispo Primado de Méjico y Presidente del Comité Episcopal:




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