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miércoles, 10 de mayo de 2017

EL CORAZÓN ADMIRABLE DE LA MADRE DE DIOS



LIBRO PRIMERO
Donde se declara qué cosa sea el Corazón
de la Bienaventurado Virgen María
CAPÍTULO 1

San Basilio, Obispo de Seleucia, habla de este modo: "Jamás vi -dice- sobre la tierra un prodigio que haya tenido algún parecido: un Hijo que es Padre de su Madre, un Hijo que es infinitamente de más edad que la Madre que lo dio a luz" (22).
Están resonando en mis oídos las palabras de San Juan Damasceno, cuando nos declara que la Madre del Salvador es "El milagro de los milagros” "tesoro y fuente de milagros"; "abismo de prodigios"; y que si el divino Poder ha hecho infinidad de obras maravillosas anteriormente a la Virgen, no venían a ser, por así decirlo, más que pequeños ensayos y preparativos hasta llegar al milagro de los milagros que se ha cumplido en esta divina Virgen. Era menester que se sucediesen todos estos milagros para llegar a la maravilla de las maravillas (23).
Y por fin San Andrés, Arzobispo de Candía, nos asevera que, después de Dios, María es el hontanar de todas las maravillas que han venido verificándose en el universo (24); y que Dios ha hecho en ella tales y tan numerosas maravillas, que sólo El es capaz de conocerlas perfectamente y alabarlas como se merecen (25).

§ 2. CORAZÓN ADMIRABLE

Pero entre todas las maravillas, hay una que supera a las demás: el Corazón incomparable de esta gran Reina; que es lo que más cabe admirar en ella. Porque es un mundo de maravillas; un océano de prodigios; un abismo de milagros; principio y fuente de cuantas raras y extraordinarias cosas se admiran en esta gloriosa Princesa (26). Ha sido la humildad, la pureza y el amor de su Santísimo Corazón lo que en definitiva la ha elevado a la tan sublime dignidad de Madre de Dios; lo que la ha hecho digna en consecuencia de cuantos favores, gracias y privilegios de que la ha colmado Dios sobre la tierra; de cuantas glorias, gozos, felicidades y grandezas ha sido colmada en el cielo, y de cuantas cosas grandes y maravillosas Dios ha operado y operará por toda la eternidad en ella y por ella.
No os maravilléis, por consiguiente, de que os diga que el Corazón virginal de esta Madre de amor es un Corazón admirable. Cierto que es admirable en su Maternidad, pues ser Madre de Dios dice SAN BERNARDO es "el milagro de los milagros". Pero es asimismo incuestionable que su augustísimo Corazón es un Corazón admirable, por ser principio de su dignísima Maternidad y de cuantas maravillas la acompañan.
¡Oh admirable Corazón de Madre tan incomparable!, ¡qué pena que las criaturas todas del universo no sean otros tantos corazones que os admiren, os amen y eternamente os glorifiquen De este corazón admirable vamos a tratar en este libro. Pero sería preciso ser todo corazón para hablar y escribir como es debido del Corazón divinísimo de la Madre de Dios. Convendría tener los espíritus todos y los corazones de los Querubines y los Serafines para conocer perfectamente las perfecciones, y para anunciar dignamente las excelencias del novílisimo Corazón de la Reina de los Ángeles. Pero ¿qué estoy diciendo? No basta esto. Sería necesario tener la mente, el corazón, la lengua y la mano de Jesús, Rey de los corazones, para poder comprender, honrar y anunciar, y consignar por escrito las inefables maravillas encerradas en este sagrado Corazón, el más digno, real y maravilloso de todos los corazones, después del adorable Corazón del Salvador.
Por eso no he de ser yo tan temerario que pretenda encerrar en este libro los inmensos tesoros y numerosos milagros que se encierran en este Corazón incomparable, que es y será eternamente motivo de embeleso para todos los habitantes del cielo.
Porque si los Ángeles, al contemplar a su Reina y nuestra Reina, en el momento de la Concepción inmaculada, y verla tan llena de gracia, hermosura y majestad, quedan en completo arrobamiento y se preguntan entre sí maravillados: ¿Quién es ésta que avanza y sube como el alba del día, hermosa como la luna, elegida como el sol, terrible como un ejército en formación?" (27), dejo a vuestra consideración imaginar cuáles sean sus transportes y arrobamiento cuando ven en el cielo el sin número de maravillas realizadas en su virginal Corazón, a partir de su aparición en la tierra hasta el último instante de su vida.
Si el Dios de los Ángeles, halla tan santos y agradables a su divina Majestad, los pasos y andares de esta gran Princesa, que llega a expresarse en estos términos: i Oh, qué bellos son tus pies, Hija del soberano Príncipe! (28). Y Si invita a la Iglesia triunfante y militante por igual, a celebrar a lo largo de los siglos en la tierra, y por toda la eternidad en el cielo, los pasos que dio María en su visita a su prima Santa Isabel, ya podéis deducir de qué forma la admira y la honra El, y de qué
manera quiere que nosotros admiremos y honremos con El los movimientos y afectos de su amabilísimo Corazón.
Si el menor acto de virtud de esta divina Virgen, representado por uno de sus cabellos, es tan agradable a Dios, hasta el punto de declarar El mismo, que ha sido herido por ella en su Corazón y que le ha cautivado con uno de sus cabellos (29), ¿qué cabe pensar de tantos millones de actos de amor que, cual llamas sagradas, brotaban dé continuo del. horno ardiente de su virginal Corazón totalmente incendiado de amor divino, lanzándose sin cesar hacia el cielo, hacia el Corazón adorable de la Santísima Trinidad? Si la Santa Iglesia, guiada en todo lo que hace por el Espíritu Santo, viene celebrando por tanto tiempo en la tierra y celebrará por toda la eternidad en el cielo, tanta variedad de fiestas en honor de algunas acciones particulares de la Madre de Dios, de tan corta duración muchas de ellas, como la fiesta de la presentación, en honra de la acción que realiza presentándose a Dios en el templo de Jerusalén; la fiesta de la Purificación, en honor de su acto de obediencia a una ley de la que estaba
exenta; la fiesta de nuestra Señora de las Nieves, en memoria de la dedicación del primer templo construido en su honor y por indicación suya; si algunas iglesias particulares dedican especiales fiestas -como veremos en otro lugar- a honrar los vestidos que cubrieron su santo cuerpo: ¿qué honras, qué loas, qué solemnidades no merece su divino Corazón, que durante setenta y dos años o setenta y tres, cuando menos, ha hecho tantos y tales actos de fe, de esperanza y de caridad a Dios, de amor a los hombres, de humildad, de obediencia y de toda especie de virtud; que es el principio y hontanar, como dentro de poco, declararemos, de todos los santos pensamientos, afectos, palabras y acciones de su vida?' ¿Qué entendimiento podría comprender, y qué lengua explicar las inestimables riquezas y prodigiosos privilegios encerrados en ese sin par Corazón, Rey de todos los corazones consagrados a Jesús? Es un mar de gracias, sin fondo ni riberas; un océano de perfecciones sin barrunto de límites; una hoguera inmensa de amor. ¡Oh! Quién me diera que como una gota de agua me perdiese dentro de este mar; que me consumiese como una pajita en esta hoguera, a fin de que nada mío quedase en él , sino que él lo sea todo,. Pues es único principio de todo bien!
Ha sido vuestro Hijo Jesús, divina Virgen, el autor de este océano: y nadie como él puede conocer los tesoros infinitos en él escondidos... El fue quien prendió el fuego que arde en esta hoguera: y sólo él puede ver la altura que alcanzan las llamas que de ella brotan; nadie como él para medir las perfecciones inmensas con que ha enriquecido esta obra maestra de su omnipotente bondad; ningún otro puede contar las innúmeras gracias por El volcadas en este abismo de gracia (3O). Sólo él, por tanto, es competente para hablar de este Corazón como, es debido.
Virgen santa, por vuestro bondadosísimo corazón razón y para honra de este mismo Corazón, os ruego encarecidamente que, a fin de que no trate de buscarme a mí mismo, en los discursos sobre este tema, y de que en ellos no se deje oír mi voz, me ofrezcáis, me presentéis a vuestro amadísimo Hijo y le roguéis que me aniquile totalmente y que se digne establecerse en esta nada mía: que sólo él sea autor de este libro, y yo no sea más que el instrumento de su incomprensible amor hacia vos y del ardentísimo celo con que procura el honor de vuestro dignísimo Corazón; que me sugiera El las cosas de que desea vaya compuesto este libro; y me inspire las expresiones y la forma en que quiere vayan expuestas; y bendiga abundantemente a ,sus lectores; que convierta todas las palabras en carbones ígneos y relucientes, para purificar, esclarecer y abrasar sus corazones en el sagrado fuego de amor, para que se hagan dignos de conformarse con el Corazón de Dios y de ser contados entre los Hijos del Corazón maternal de la Madre de Dios.

CAPÍTULO II
Qué entendemos por Corazón
de la Santísima Virgen

Siendo mi intención hablar de las prodigiosas excelencias y de las incomparables maravillas del Corazón admirable de la Santísima Madre de Dios conforme a las luces que plazca comunicarme el que es luz esencial y fuente de toda luz, a través de las divinas Escrituras y textos de los Santos Padres, comenzaré diciendo en primer término que la palabra CORAZÓN goza de numerosas significaciones en la Sagrada Escritura.
En la Sagrada Escritura tiene la acepción del corazón material y corporal que llevamos en el pecho, y que es la parte más noble del cuerpo humano, el principio de la vida, el primero en vivir y el último que muere, la sede del amor, del odio, de la alegría, de la tristeza, de la ira, del temor y demás pasiones del alma. A este corazón hace alusión el Espíritu Santo cuando
dice: "Guarda tu corazón con toda cautela porque es manantial de vida"', como si dijese: Pon sumo cuidado en dominar y regir las pasiones de tu corazón, porque si las tienes bien sometidas a la razón y al espíritu de Dios, gozarás de una larga y tranquila vida en el cuerpo, y honrosa y santa vida en el alma; pero, al contrario, si ellas dominan y gobiernan tu corazón a su placer, te conducirán a la muerte temporal y eterna por sus desarreglos.
2.- La palabra corazón se emplea en las Sagradas Escrituras para significar la memoria. En este sentido puede verse aplicada en la expresión del Señor a sus Apóstoles: "Tened presente en vuestros corazones" -es decir- acordaos cuando se os conduzca por mi causa delante de los reyes y de los jueces "de no preocuparos de vuestra defensa» (2).
3.- Denota también el entendimiento, por medio del cual se hace la meditación, que consiste en un discurso y razonamiento de nuestra mente sobre las cosas de Dios, para tratar de persuadirnos y convencernos a nosotros mismos de las verdades cristianas. Es el corazón lo que se indica con estas palabras: "Mi corazón, es decir, mi mente está de continuo aplicada a meditar y considerar vuestras grandezas, vuestros misterios y vuestras obras" (3).