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miércoles, 15 de marzo de 2017

“Non est Deus”, nueva encíclica del Papa Francisco

Cardenal Jhon Henry Newman

Ha caído en mis manos un articulo donde se comenta la actual “encíclica” “NON ES DEUS” que es consecuencia de un modernismo coherente con su forma de pensar y ser, un pensamiento del Cardenal Jhon Henry Newman nos recuerda esto cuando dice:
“Doy gracias a Dios que vivo en un tiempo en que el enemigo  está fuera de la Iglesia, y yo sé donde esta, y lo que él está haciendo. Pero, preveo el día en que el enemigo ya va a estar a la vez fuera y dentro de la Iglesia…y rezo por los pobres fieles que estarán atrapados en este combate.” Sin duda el Cardenal beato más que nunca está ofreciendo sus oraciones al eterno Padre por nosotros porque su profesa se cumplió al pie de la letra, Dios, en su infinita misericordia, nos proteja con su diestra en estas horas aciagas de la Iglesia militante a la que indignamente pertenecemos quienes en estos avatares tratamos de conservar la doctrina enseñada por Nuestro Señor Jesucristo y tramitada a ellos por el mismo Señor quienes a su vez nos la trasmitieron a nosotros.
Ahora viene el comentario, pero luego vendrán las palabras consoladoras del P. A Hillaire


NON EST DEUS

La semana pasada fue publicada la nueva encíclica del Papa Francisco, “Non est Deus” (“Dios no existe”). Este nuevo documento papal afirma que el ateísmo es el corazón del Evangelio de Jesucristo. Según Francisco, este Evangelio necesita ser “redescubierto”, porque durante muchos siglos ha estado oculto; al principio se distorsionó por la incomprensión de los primeros discípulos y luego se manipuló deliberadamente por hombres fanáticos sin misericordia. El Papa insta a todos los creyentes a “liberarse de sus ataduras mentales” y abrazar el verdadero mensaje de Jesús: no hay Dios.
El título de la encíclica, tal y como explica Francisco, es una referencia a la frase del Padre de la Iglesia, san Agustín de Hipona: “Si comprehendéis, non est Deus”. (“Si piensas que los has comprendido, no es Dios”.) El San Agustín usa esta cita para enseñar que en realidad no podemos saber nada sobre el mundo sobrenatural y que la religión es un invento del ser humano. Así escribió el intelectual polaco del siglo XVII, Casimir Liszinski, al que hace referencia la encíclica y quien, según Francisco, es “un mártir del ateísmo”. Liszinski fue ejecutado por su tratado “De non existencia dei” (“Acerca de la no existencia de Dios”), pero está previsto que sea beatificado en Roma el próximo mes de abril, para coincidir con la apertura del nuevo “Año de la Incredulidad”, en la misma ceremonia en que se canonizará a Karl Marx y Joseph Stalin.
Las reacciones a la encíclica, no se han hecho esperar. La práctica totalidad de los jefes de estado del planeta se han congratulado por esta nueva enseñanza de Francisco. El secretario general de las Naciones Unidas emitió el siguiente comunicado:

“Las palabras tan sabias y profundas del Santo Padre Francisco dan motivos para la esperanza y contribuyen al progreso de la Humanidad.”

El Presidente de la Unión Europea dijo que Europa lucharía codo con codo con el Papa Francisco para erradicar actitudes religiosas anticuadas, y que la raíces ateas del viejo continente eran un orgullo para todos los europeos. El rey de Arabia Saudí también felicitó al Papa por su nueva encíclica, diciendo:

“Los musulmanes estamos encantados con el Papa Francisco. Es el mejor amigo que podría tener el Islam en este momento de expansión por Europa. Le deseamos una larga vida y muchos éxitos en su combate contra el cristianismo.”

La única nota discordante entre los mandatarios mundiales la puso Donald Trump, presidente de los EEUU, quien le instó a Francisco a meter su ateísmo por donde le cupiese.

Los líderes de las distintas confesiones religiosas también han hablado sobre “Non est Deus”. El primero en hacerlo fue el Dalai Lama:

“Gracias a hombres como Francisco, creo que estamos entrando en una era dorada de conciencia colectiva, en que la superstición y el oscurantismo religioso dan paso a la iluminación espiritual.”

El Arzobispo de Canterbury, líder de la Iglesia Anglicana, felicitó al Papa por su encíclica con las siguientes palabras:

“Nosotros los anglicanos ya llegamos a esta conclusión hace algún tiempo, pero más vale tarde que nunca. Francisco ha dado un paso muy valiente.”

La presidenta de la Federación Luterana Mundial dijo sentirse especialmente reconfortada por las “maravillosas palabras” de Francisco. Según ella, esta nueva enseñanza sobre el ateísmo es el fruto de tantos años de diálogo ecuménico.
Aquí en España los obispos han emitido un comunicado oficial para los medios, que dice lo siguiente:
“La Conferencia Episcopal Española quiere felicitar al Santo Padre por su nueva encíclica. En ella vemos la marca de un hombre profundamente espiritual.  (que se podía esperar de los gallegos) Animamos a todos los fieles católicos a leer este documento y reflexionar largamente sobre él. En aras de la obediencia al Papa, todos debemos hacer un gran esfuerzo para liberarnos de la fe en Dios, igual que otros hábitos mentales malsanos. Deseamos que el ateísmo del pueblo español contribuya a construir un futuro de paz y concordia.”

El obispo de San Sebastián, Monseñor José Ignacio Munilla, del ala más conservadora de la CEE, ha criticado a los detractores de “Non est Deus”, recordando que la obediencia a Roma no es negociable. Ha dicho que el ateísmo de Francisco es perfectamente compatible con las enseñanzas tradicionales de la Iglesia, (este es un gallego al cuadrado) y los que se empeñan en no verlo es por pura soberbia. “¿Quiénes son para llevarle la contra al Santo Padre?” se pregunta Monseñor Munilla.
En Medjugorje, el pueblo bosnio donde, según millones de católicos, desde hace más de 35 años aparece la Virgen María, ésta ha ratificado la nueva enseñanza de Francisco. Una de las videntes ha transmitido este mensaje de “Nuestra Señora, Reina de la Paz”:

“Queridos hijos, el Santo Padre Francisco ha logrado penetrar en el núcleo del mensaje de mi Hijo. Seguidle por el camino del ateísmo y seréis personas llenas de serenidad y de amor. Gracias por responder a mi llamada.”

Una de las reacciones más negativas a la encíclica ha sido la del Cardenal Burke, quien ha dicho que ya está trabajando en una carta con una serie de “dubbia”. Según fuentes cercanas al cardenal, las dubbia serían las siguientes:
1. Si Dios no existe, ¿podemos seguir diciendo que Jesucristo es el Hijo de Dios?
2. Si Dios no existe, ¿podemos seguir llamando a la Virgen María “Madre de Dios”?
3. Si Dios no existe, ¿significa que el universo se creó solo?
Según estas mismas fuentes, si el Papa no contesta en breve a las dubbia, el Cardenal Burke publicará una “corrección de un error grave”. Dice Burke que no es su intención contradecir al sucesor de san Pedro, sino advertir a los fieles de los peligros que supone una enseñanza errónea.
Monseñor Fellay, el líder del grupo ultra-conservador, la Fraternidad Sacerdotal de San Pío X, ha dicho que esta encíclica es otra “metedura de pata” de Francisco. Sin embargo, el prelado piensa que no tiene porque entorpecer las negociaciones en curso con el Vaticano para lograr la plena comunión con Roma. Ha anunciado que piensa introducir en el hipotético acuerdo una clausula que permitirá a los miembros de la Fraternidad seguir creyendo en Dios. Varios cardenales progresistas han objetado a esta posible excepción, alegando que en la nueva Iglesia atea de Francisco no caben los creyentes.

Las persecuciones prueban la divinidad de la Iglesia. No se persigue a las falsas religiones protestantes o cismáticas. Los revolucionarios del 93 dejaron tranquilos a los rabinos y a los pastores protestantes para descargar su odio impío contra los sacerdotes católicos.
En nuestros días, la táctica de los francmasones es idéntica...
Nuestro Señor ha predicho estas persecuciones. Decía Él a sus apóstoles: “Así como me han perseguido a Mí, os perseguirán también a vosotros. . . Pero tened confianza, Yo he vencido al mundo: CONFIDITE, EGO VICI MUNDUM”.
Sí; tengamos confianza: Satanás no prevalecerán; ¡Non praevalebunt!
El pasado nos abona el porvenir: los perseguidores pasaron, defuncti sunt!, pasan, y a Iglesia queda. Stat crux dum volvitur orbis!
Sí; las promesas divinas nos autorizan a mirar el porvenir sin temor. La Iglesia puede ser perseguida como su divino Fundador. ¿No es acaso Iglesia militante? Pueden apartarse de ella naciones enteras y perder la fe; pero lo que pierde por una parte, la Providencia se lo devuelve por otra, y con creces.
La Iglesia queda siempre victoriosa: Portae inferí non praevalebunt!
Y si no, ¿qué sucede en el día de hoy? Mientras la persecución suscitada por las sectas masónicas  (hoy dentro de la misma)  se ha desencadenado en todas partes contra ella, la Iglesia católica ve cómo se fortalecen los lazos de su unidad indestructible: la voz del Papa es escuchada con más veneración y amor que nunca por los pastores y los fieles.
El Evangelio extiende sus conquistas por todo el mundo. La obra de las misiones, interrumpida por los trastornos del siglo XVIII, (a ellas agreguemos las de nuestros tiempos, ya no hay misiones por el famoso ecumenismomodernista) ha recibido, en nuestros tiempos, nuevo y poderoso impulso. Aquí están los Anales de la Propagación de la, Fe para testificar las maravillas del apostolado contemporáneo.
Por otra parte, los sufrimientos de la Iglesia son un motivo más para asegurar su triunfo en lo por venir; la Iglesia es la viva imagen de Jesucristo. Y el Salvador tuvo que pasar por la agonía de Getsemaní, pero era para llegar a la gloria de su resurrección: Oportuit pati Christum et ita intrare in gloriam.
La vida de la Iglesia será, pues, en lo por venir, como en lo pasado, una perpetua alternativa de combates y de triunfos, hasta que brille el día en que, abandonando por fin la arena, testigo de tantas luchas gloriosas, introduzca a los últimos elegidos en la celestial Jerusalén.
En ese gran día de gloria y de regocijo, ¿estaremos nosotros entre los hijos de la Iglesia triunfante? Sí, con tal que durante esta breve peregrinación hayamos permanecido fieles a la Iglesia, nuestra Madre, por la fe y por las obras; sí, con tal que podamos decir con el apóstol San Pablo: “He peleado el buen combate, he terminado mi carrera, no me queda más que recibir del justo Juez el premio que ti