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miércoles, 8 de marzo de 2017

NACIMIENTO, GRANDEZA, DECADENCIA Y RUINA DE LA NACIÓN MEXICANA




Los acontecimientos se precipitaban en toda la extensión del territorio nacional. Continuaban los cierres de seminarios, conventos, colegios y asilos. Detención y expulsión de cientos de sacerdotes, religiosos y religiosas mejicanos y extranjeros. Arbitraria limitación del número de sacerdotes que podían ejercer su ministerio. Los comités diocesanos de la A. C. J. M. de las ciudades de Méjico y Guadalajara fueron asaltados. En Nayarit resultaron muertos o heridos los encargados de cerrar templos. El cierre de colegios católicos y la protección oficial a colegios y templos protestantes en Oaxaca, motivó la indignación popular que aclamando a Cristo Rey y a María Santísima, lapidó una escuela metodista y un templo evangélico. En el templo de la Sagrada Familia de la Ciudad de Méjico, la fuerza pública y los bomberos tuvieron que ser reforzados para imponerse a una multitud de tres a cuatro mil personas, en su mayoría mujeres, que se oponían a su clausura. Los ánimos estaban exacerbados ocasionando airadas protestas, motines y sangrientas refriegas entre el pueblo inerme y las fuerzas armadas de la tiranía.
En esas terribles circunstancias, el egregio y valiente Obispo de HuejutIa, Ilmo. Sr. D. José de Jesús Manríquez y Zárate, gloria del Episcopado Nacional, publicó su Sexta Carta Pastoral, de la cual son los siguientes párrafos: "¡La Civilización está de luto! El Jacobinismo mejicano ha decretado dar muerte a la iglesia Católica en nuestro País, arrancar de cuajo, si posible fuera, de la sociedad mejicana toda idea católica, el sólo nombre de catolicismo le horroriza. El espectro de la Iglesia, escuálido, descarnado y casi sin vida material, le llena de espanto como una horrenda aparición nocturna, al que tiene la conciencia desgarrada por los remordimientos del crimen ...
"Podrá alguno pensar que nos exponemos imprudencialmente a las iras de los tiranos. Sea en buena hora. Vale más incurrir en la indignación de los hombres que en la indignación de Dios. Vale más confesar a Jesucristo valientemente en la presencia de los hombres y no ser desconocido por Él en el último día. No tememos las mazmorras ni los rifles asesinos. Tememos sólo el Juicio de Dios, que puede arrojamos al infierno el día de la cuenta.
"Reprobamos, condenamos y anatematizamos todos y cada uno de los crímenes y atentados cometidos por el Gobierno Mejicano en contra de la Iglesia Católica en los últimos días, sobre todo su no bien disimulada intención de acabar de una vez para siempre con la Religión Católica en Méjico.
"Nós, no nos limitamos únicamente a rechazar indignados los artículos 3, 5, 27 Y 130 de la llamada Constitución queretana, sino que extendemos nuestra reprobación y anatema a todas y cada una de las leyes, y a todos y cada uno de los preceptos violatorios del Derecho Divino, del Derecho Natural y de las Sacrosantas Disposiciones de la Iglesia.
"Para Nos, nada significan las leyes, sean fundamentales, sean orgánicas o de cualquiera otra denominación presentes pasadas y futuras que violenten de alguna manera los mencionados Derechos. Que en cuanto a las disposiciones violatorias de la dignidad humana, como son muchas de las que ha dictado el Gobierno en estos últimos días de rabia y de terror infernales contra el catolicismo, las rechazamos indignados, no ya solamente como Pastores de la Iglesia de Jesucristo que somos, aunque indignos, sino aun simplemente por tener plena conciencia de nuestra dignidad de hombres libres.
"Nunca es tarde, VV. HH. Y amados hijos, para proclamar la verdad y la justicia frente a los que osan conculcarlas, pero acaso no existe momento psicológico más oportuno para proclamarlas que cuando los enemigos de la cristiana civilización se glorían de los triunfos alcanzados sobre la Religión Católica. El Syllabus de Pío IX, de feliz recordación, hizo temblar a los estadistas liberales de mediados del siglo pasado, porque cayó sobre ellos en los momentos en que más engreídos estaban con sus sonados triunfos sobre la idea católica. Por eso Nos, no creemos fuera de propósito decir a todos los mejicanos la verdad católica íntegra, pura y sin mancha de humanos acomodos y contemporizaciones. De esta manera aparecerá la persecución religiosa actual con toda su fealdad y fiereza como aparece una mancha repugnante y asquerosa en un espejo tersísimo.
"Ha declarado también últimamente el señor Presidente de la República que considera que de la aplicación de los artículos atentatorios de la Constitución, en materia religiosa, no ha surgido ningún problema de importancia en el país y que todo se ha reducido a protestas más o menos escandalosas en que actúan solamente mujeres, sin tener los individuos del sexo masculino el valor suficiente para presidirlas y capitanearlas en sus heroicas empresas. Miente el señor Presidente de la República al asentar tal afirmación.
"Debe saber que acá, en estas lejanas tierras... existe un hombre, un cristiano, que tendrá el valor, con la gracia divina, de sufrir el martirio, si es necesario, por la causa sacrosanta de Jesucristo y de su Iglesia. Sólo pide una gracia al jacobinismo, si es que el jacobinismo puede conceder favores: de que no se le asesine por la espalda. Si el gobierno jacobino exige a los católicos mejicanos el verdadero valor cristiano, nosotros tenemos derecho de exigir de nuestros verdugos siquiera el valor y la osadía de los Césares de la Roma pagana.
Mons. Manríquez y Zárate fue consignado al Procurador General de la Nación, quien turnó el asunto a un juzgado de Distrito, cuyo juez le ordenó presentarse. Mons. se negó a comparecer exponiendo que no reconocía "a los magistrados civiles el derecho de conocer de los asuntos puramente eclesiásticos". Fue aprehendido como un vulgar delincuente y expulsado del país.
La apátrida secta masónica, de la cual sólo era un instrumento la tiranía que detentaba el poder publico en Méjico, declaró: "El Consejo Supremo de la Masonería celebrado en Ginebra, acepta la responsabilidad de todo lo que está pasando en Méjico y se dispone a movilizar a todas sus fuerzas para la ejecución completa, total, del programa que se ha fijado para ese País. " 'El Arzobispo de Baltimore, Primado de los Estados Unidos, uno de los principales puntos de apoyo de la judaica y masónica secta, declaró en su Pastoral del 11 de abril de 1926: "Nuestro gobierno no ha hecho otra cosa, durante los últimos doce años (estaba mal informado su Excelencia, pudo decir en los últimos ciento veinte años), que intervenir en los asuntos de Méjico... Calles está ahora en el poder y continúa la persecución contra la Iglesia porque sabe que está de acuerdo con Washington... Nosotros, mediante nuestro gobierno armamos a los bandidos asalariados de Calles. Nuestra amistad lo alienta en su nefasta empresa de destruir la idea de Dios en el corazón de millares de mejicanos."
En la nueva legislación de colima, regida por el mas anciano de los prelados, quiso la revolución hacer un ensayo o prueba de la aplicación de la legislación haciendo efectiva la imposición de la obligatoriedad de la determinación del número de sacerdotes y su registro, para después hacerla extensiva a todo el país.
La legislatura local expidió el 24 de marzo de 1926 un decreto reduciendo a veinte el número de sacerdotes para toda la diócesis, quienes debían además registrarse en las oficinas municipales para poder ejercer su ministerio, dando diez días de plazo para efectuar el registro.
"En el Estado de Calima se asistía al ensayo general de lo que iba a ser la crisis nacional en julio. El 24 de marzo, la legislatura limitó a 20 el número de los sacerdotes y los obligó a inscribirse ante las autoridades…
Las condiciones podían parecer propicias a su tentativa: pequeño estado aislado, obispo enfermo, anciano y de carácter dulce, población pacífica, gobierno omnipotente. Para la ciudad de Méjico, el asunto valía la pena: si el clero de Calima cedía, creábase un precedente, y las demás diócesis irían cayendo en cadena."  
"Fue entonces cuando el venerable clero, encabezado por Mons. Francisco Anaya y el Padre Don J. Jesús Ursúa, en cuerpo colegiado y con gesto de sublime heroísmo, se presentó a su anciano Obispo para decirle: Estamos todos dispuestos a sufrir y aun a morir si es necesario, antes que claudicar. Estamos prontos a echar sobre nosotros la ira de los hombres antes que entregar en manos impías los Derechos de Dios y de las almas.
Será Vuestra Señoría Ilma., quien iluminado por Dios, acuerde lo conducente. Contará, ayudándonos Dios, con todo su clero. Y fue también cuando, Obispo y Sacerdotes colimenses, en viril documento, manifestaron que no podían ser traidores a Cristo poniendo en manos de los hombres de la Revolución impía a su Santa Iglesia."
El día uno de abril contestó el prelado a los tiranos manifestando su absoluta inconformidad con el decreto expedido el 24 de febrero, por el cual osaban legislar sobre el gobierno eclesiástico de su diócesis.
"Delante de Dios y de todos mis amados diocesanos declaro también, que antes quiero ser juzgado con dureza por aquellos que sobre este delicadísimo asunto han provocado mi actitud, que aparecer lleno de oprobio y de vergüenza en el tribunal del Juez Divino, y merecer la reprobación del Supremo Jerarca de la Iglesia."
El clero y el pueblo se solidarizaron con su Obispo animándole a la justa resistencia. El día cinco, una gigantesca manifestación de prácticamente toda la ciudad y delegaciones de las poblaciones vecinas llegó hasta el Palacio de Gobierno exigiendo la derogación del decreto. La policía y civiles armados se apostaron en los tejados de la plaza y balcones de Palacio. Cuando desde el balcón principal el gobernador desafió al pueblo, afirmando que nada ni nadie le harían cambiar su decisión, fue abucheado y se inició un tiroteo sobre la multitud, corriendo la sangre y cayendo los primeros héroes y los primeros mártires colimenses.